Dia 23 de Verano, Año 17
I. Merecedor
Batch Kalão llegó al amanecer con una pila de tejas. Sin embargo no hacia falta ser muy avispado para contar que no habia cien. Kazan las contó desde donde estaba sentado junto a la fuente, tranquilo pero curioso con la pipa encendida y fumando mientras esperaba las indicaciones del maestro. Cuarenta y tres tejas de arcilla de barro naranja apiladas en una columna, cada una del grosor aproximado de dos dedos humanos que era algo mas que sorprendente sabiendo cual era el objetivo de esas tejas. El maestro las depositó en el suelo sin ningun tipo de introduccion ni ceremonia ni nada parecido, y se volvió hacia él con la expresión que llevaba usando desde el primer día, la de alguien que ya sabe el resultado de algo y solo está esperando que el tiempo lo acepte. -¿Cuarenta y tres?--Las cien llegan cuando demuestras que las mereces.-Por las profundidades, una forma eficiente de ahorrar en materiales.- comentaría en tono de ironia y jocosidad. Batch Kalão no respondió, no era muy dado a las bromas. Señaló el espacio abierto de la plataforma, el tramo de diez metros que separaba el punto de golpe de la pared de roca al fondo. "El Hyakumaigawara. Un puñetazo que manda al oponente volando. Suena simple dicho así. Todo lo que suena simple esconde lo que realmente cuesta."
Kazan se puso de pie. Sus diez metros se desplegaron sobre la plataforma y la sombra del amanecer se multiplicó exponencialmente con su presencia interponiendose en el sol. Ajustó el fajón rojo, tocó brevemente uno de sus cuernos con dos dedos mientras orientaba el cuerpo hacia el espacio vacío frente a él. El kanaboo descansaba apoyado contra la roca detrás, excluido deliberadamente de esta sesión puesto que el karate gyojin no entendia de armas, por ahora.-El error más común es confundir esta técnica con fuerza bruta. Cualquier idiot...- tosió- cualquier persona con músculo suficiente puede romper tejas. El Hyakumaigawara no es eso. Es algo mas-¿Qué es entonces?- -Es la conclusión de un argumento que el cuerpo lleva haciendo desde que empezaste a moverte. El golpe no empieza en el puño. Ni mucho menos acaba en el
Kazan esperó como siempre dudando de la forma de hablar que tenia el gyojin verde. Batch Kalão no continuó inmediatamente. Caminó hasta las tejas, tomó la de arriba de la pila, la sostuvo horizontalmente entre dos dedos y la soltó desde metro y medio de altura. Cayó al suelo de roca y no se rompió. -Golpea eso.
La teja estaba en el suelo, plana, a ocho metros de distancia. Kazan avanzó tres pasos, se detuvo a cinco metros, evaluó. Su puño derecho cerrado era aproximadamente del tamaño de un barril. La teja parecía una moneda vista desde su altura. Golpeó. Y el impacto hizo vibrar la plataforma entera. La teja no voló diez metros simplemente desapareció. Batch Kalão lo miró. -Eso es fuerza bruta. Eficiente. Inútil para lo que necesitas aprender. -¿Porque la pulverizé en lugar de proyectarla?- -Porque tu energía no estaba focalizada. Liberaste no condujiste. El Hyakumaigawara necesita que toda la energía converja en un punto y salga por el otro lado.
Kazan miró el polvo naranja en el suelo. "Conducir el golpe. Igual que el Uchimizu convence al agua de su trayecto..." Tocó un cuerno. Habia algo comun en aquellas dos tecnicas y eso le hacia ver que tenía razón el maestro en haberle enseñado antes el Uchimizu.
II. Destrucción
Las primeras horas produjeron como era de esperar una cantidad enorme de fracasos. Kazan golpeaba las tejas con la contención calculada de alguien que intenta no pulverizarlas y el resultado era tejas que salían disparadas en ángulos impredecibles o que salía parcialmente fracturadas, pero siempre era lo mismo. Se contenía y no hacia lo que tenia o se suponía que tenia que hacerse.-Tu cuerpo está acostumbrado a destruir en el momento no de acompañar en el movimiento. -Llevan cuarenta y cinco años diciendome que destruya y tu me pides que acompañe.- -Lo sé. Por eso te dije que eras un caso difícil desde el primer día. -Ga-ha-ha-ha-ha! Nunca dijiste eso.--Lo pensé. Practica.
Kazan se limpió el polvo de arcilla naranja de la mano derecha y miró la pila de tejas restantes. Quedaban veintiocho, habia perdido demasiadas oportunidades. Había consumido quince en variantes del mismo error y eso en todas las medidas de verlo no era eficiente. El patrón era siempre el mismo, en el momento del impacto algo en su sistema nervioso le decia que aplastara y rompiera en vez de simplemente trabajar el movimiento. Era un problema de memoria corporal a simple vista. Y eso se reescribe con repetición hasta que la nueva instrucción ocupa el espacio de la antigua. "El esclavo que murió por mí nunca tuvo tiempo de reescribir nada. Yo tengo tiempo. Eso es el privilegio de seguir vivo." Los dedos encontraron el collar de cuentas siempre siendo el ancla que lo señalaba al presente. Lo soltó, tomó una teja nueva, y golpeó con la atención depositada no en el punto de contacto sino en el metro de aire que había más allá de la teja, como si el objetivo real fuera ese espacio vacío y la teja fuera solo el primer obstáculo en el camino. Una focalización de que el verdadero golpe venia detrás.
La teja salió disparada en línea recta. Viajó siete metros antes de impactar contra la pared de roca al fondo y quebrarse en tres fragmentos limpios. No eran diez metros pero era una línea recta.
Batch Kalão que había estado meditando giró la cabeza. No dijo nada y simplemente puso una teja nueva en el suelo.
III. Descanso
A media mañana, Batch Kalão hizo algo inesperado lo mas inesperado que había visto hacer por parte del gyojin verde.-Descansa una hora. Baja al nivel de los arrozales y vuelve.-¿Parte del entrenamiento?--El cuerpo aprende durante el descanso, memoriza lo que es relajarse despues de un tipo de actividad a fin de cuentas es en el descanso cuando los musculos crecen, no solo durante el esfuerzo. Si sigues golpeando ahora solo reforzarás el error.
Era la primera vez que Batch Kalão ofrecía algo parecido a una pausa del entrenamiento, pero incluso en esa pausa parecia que habia enseñanza. Kazan lo anotó y se marchó, tomó la pipa la cargó y empezó el descenso por el camino de piedras planas que serpenteaba ladera abajo. La isla a media mañana tenía una luz diferente a la del amanecer en la plataforma, como era de esperar debido a la diferencia de altura y horario. Era mas verde y mas viva, Los arrozales que rodeaban la base de la montaña capturaban el sol de una forma bella y unica, casi como invitando a quedarte mirando todo lo que tu vista pudiera abarcar. Bajó cuatrocientos metros, suficiente para salir de la zona de los dojos y entrar en la red de senderos que conectaban los arrozales con el pequeño núcleo del pueblo. Campesinos trabajando con la postura reconocible de los habitantes de esta isla. Aquí la filosofía marcial no vivía solo en los dojos estaba instaurada en todo lugar. "Un lugar donde el entrenamiento y la vida cotidiana son lo mismo."
Tocó un cuerno mientras caminaba por el borde de un arrozal, la pipa produciendo humo pausado, sus diez metros proyectando una sombra desproporcionada sobre los cultivos. Algunos trabajadores lo miraban. Ninguno con miedo. Fue en el cruce entre dos senderos principales, a unos doscientos metros del muelle donde había desembarcado días antes, donde lo vio.
Primero lo oyó a decir verdad puesto que este tipo de encuentros siempre entran por el oído antes. Un paso pesado con una cadencia diferente a la humana, el sonido de algo duro contra la tierra compacta del sendero. Después vino la sombra, proyectada desde el sur, que llegó antes que su origen. Tres metros y algo. Un Gyojin tipo cangrejo. La piel de un rojo anaranjado que la luz de la mañana convertía casi en cobre, las pinzas proporcionalmente enormes en relación al torso. Llevaba puesto un uniforme marcial, pero la forma en la que se movía le hacia ver que aquel individuo tambien era un visitante de la isla.
Kazan se detuvo, no era como que estaba retando a aquel nuevo visitante ni nada parecido. Solo se detuvo, la pipa en la mano izquierda, y observó al cangrejo desde sus diez metros de altura."¿Habrá venido a lo mismo que yo?" Algo dentro del cuerpo de Kazan se activaba de la misma manera que se activó cuando tuvo el enfrentamiento con aquel marine que lanzaba rayos laser. No era hostilidad inmediata. Era como un aviso. -Por las profundidades, es un día interesante para pasear.- Lo dijo en volumen conversacional, sin proyectar amenaza ni retirarla, simplemente haciendo notar su presencia.
Sin embargo no hubo respuesta. Kazan lo registró todo, distancia entre ambos, aproximadamente doce metros, terreno, sendero de tierra compacta con arrozal a ambos lados que limitaba el movimiento lateral, altura del sol, que dejaba sombras cortas y visibilidad total, y el hecho de que este individuo que le causaba la misma incomidad que Shin estaba solo en una isla que tenía cincuenta luchadores como milicia ciudadana y tres maestros de artes marciales viviendo a menos de dos kilómetros. "No es mi problema hoy. Mi problema hoy tiene forma de cien tejas y está a mil trescientos metros de altitud." Kazan retomó el paso. Sin prisa ninguna. Aunque con toda la prisa que una persona de diez metros puede tener.
IV. Vuelta
Volvió a la plataforma con veinte minutos de margen sobre la hora indicada, quería entrenar ya y lo necesitaba sus músculos se estaban enfriando de mala manera. Batch Kalão ya estaba allí realizando la secuencia de calentamiento que abría cada una de sus sesiones, un conjunto de movimientos de brazos que describían espirales perfectas, idénticas cada vez y que terminaban con un rapido movimiento del brazo a modo de puñetazo, le recordaba en cierta manera a lo que habia visto el dia enterior en los entrenamientos del dojo de las vibraciones. Los seis estudiantes habían regresado de nuevo, parecía que las clases particulares habian acabado. Estaban en la zona lateral de la plataforma entrenando sus propias secuencias de movimientos, suficientemente lejos para no interferir con el trabajo principal pero suficientemente cerca para ver.
Kazan ocupó su posición frente a la nueva pila de tejas. Batch Kalão había reemplazado las consumidas durante la mañana, muy propio de el. Cuarenta tejas nuevas, ni una mas ni una menos. El maestro completó su calentamiento.-¿Qué encontraste abajo? -Arrozales. Un cangrejo solo en el sendero sur. Por las profundidades, nadie que me explicara lo que estoy haciendo mal esta mañana. Ga-ha-ha-ha-ha!- Batch Kalão ignoró tanto la risa como la mención del cangrejo con capacidad que tenia para acomodar lo realmente importante. -La dirección del golpe correcta es lo que requiere este golpe, transmite tu decision. -El brazo llega con la decisión tomada.- -Exacto. El contacto no es el momento de decisión, es el momento en el que le dices al golpe tus intenciones. Recuerda el agua Kazan procesó la distinción. ¿Acaso no era el golpe el climax de un movimiento donde acababa todo?. Lo que Batch Kalão describía invertía eso el contacto era unicamente un vertice mas en la ecuacion no el punto de llegada. Tomó posición. Cerró el puño derecho y orientó el cuerpo desde los pies, la rotación comenzando en el talón derecho, pasando por la cadera, el torso, el hombro, y llegando al brazo con la secuencia que Batch Kalão había mostrado. Sintió la diferencia al instante no era un brazo golpeando. Era todo su cuerpo. La teja salió disparada. Diez metros exactos. Impactó contra la pared de roca al fondo en un fragmento único, limpio, con la energía suficiente para dejar una marca blanca en la piedra. Kazan miró la marca. -Ga-ha-ha-ha-ha!- Uno de los estudiantes al fondo produjo un sonido que podría haber sido una inhalación y despues podria haber venido un aplauso. Batch Kalão caminó hasta la marca en la roca, la examinó durante tres segundos exactos.-Otra vez.
V. Variante
La tarde fue diferente a cualquier otra sesión. No porque el trabajo fuera menos exigente, al contrario ya que era más exigente y era porque ahora que el mecanismo básico funcionaba, Batch Kalão empezó a introducir variables. Mil y un formas de golpear una teja de distintos angulos, situaciones y desventuras. Y finalmente, después de que Kazan hubiera ejecutado la técnica con consistencia creciente durante dos horas, vino la variable mas importante. Los estudiantes trajeron la pila completa. Cien tejas apiladas en una columna de metro ochenta de altura. Kazan la contempló, una columna que ante un humano normal parecia enorme a sus manos le llegaba mas o menos por la mitad de la pierna. Matemáticamente un puñetazo a esa columna con la técnica correcta debía desplazar el impacto a través de todas las tejas en secuencia, la energía transmitida de una a otra sin absorberse en ningún punto intermedio hasta que la última teja saliera proyectada diez metros. Simple ¿verdad?
Batch Kalão tomó la primera teja de la pila y la colocó personalmente en la base. -Esta es la mía. Si me das un motivo para añadirla, lo hago. -Por las profundidades, qué generoso de tu parte.-"Cien tejas que representan cuarenta y cinco años de preguntas sobre si este cuerpo puede hacer algo más que destruir. Tambien puede acompañar y viajar"Los dedos rozaron el collar de cuentas, casi parecia un abaco siendo contando por millonesima vez. Soltó el collar y orientó el cuerpo hacia la columna de cien tejas.
Los seis estudiantes habían retrocedido hasta el borde de la plataforma, como hubieran sido preavisados. Batch Kalão se había posicionado a ocho metros a la derecha, brazos cruzados como era de esperar. Kazan cerró los ojos durante cuatro segundos respiró lentamente. No para concentrarse en el sentido dramático y hacer la escena mas especial, si no para escuchar la secuencia completa desde los pies antes de iniciarla talón, cadera, torso, hombro, puño. Abrió los ojos. Dio un paso. El puño llegó a la primera teja.
El sonido fue diferente a cualquier cosa que hubiera producido esa mañana y en todo su entrenamiento. No la explosión seca de algo que se pulveriza y se parte en mil pedazos. Un crack nítido y sostenido. La columna de cien tejas se desintegró hacia adelante. No en polvo, en fragmentos que viajaron juntos durante los primeros metros antes de separarse, la última teja llegando a impactar contra la pared de roca trasera con suficiente fuerza para incrustarse un centímetro en la piedra.
Kazan bajó el brazo despacio. "Cien." No hubo risa esta vez. La risa era para las verdades inesperadas que le pillaban fuera de juego. Esto era algo diferente, era una deuda pagada de una forma que la deuda misma no podría haber anticipado. Batch Kalão descruzó los brazos. Caminó hasta donde la última teja estaba incrustada en la roca. La examinó. Con un movimiento preciso de la mano abierta, la extrajo de la piedra y la sostuvo frente a él. Mirandola -La centésima primera. Y la colocó en el suelo a diez metros de Kazan. Kazan lo miró. El maestro había regresado a su posición, de pie, esperando. -Escucha bien, maestro. No hace falta..- -El protocolo es el protocolo.-Por las profundidades... Ga-ha-ha-ha-ha!- Fue una risa nerviosa. Kazan tomó posición. La teja de Batch Kalão era idéntica a las anteriores. La diferencia era lo que representaba, era la confianza del maestro que ante una teja igual ibas a recrear el mismo movimiento. Era significado no identidad, lo que siempre habia enseñado.
Talón. Cadera. Torso. Hombro. Puño.
La centésima primera teja viajó limpiamente diez metros y se incrustó en la roca junto a la marca que había dejado la primera prueba exitosa de la tarde.
VI. Pregunta
El sol tocaba el horizonte. Ambos estaban sentados junto a la fuente, cosa extraordinaria porque el maestro no se sentaba en los espacios compartidos habitualmente pero era un dia especial en cierta parte. Tenía una taza de té, a Kazan le había ofrecido la suya sin ceremonia y la taza era del tamaño de un cuenco mediano para sus dimensiones aceptó su proporción. Los estudiantes habían terminado su sesión propia y bajado por el camino de piedras planas hacia sus alojamientos en los niveles inferiores de la montaña.-Tengo una pregunta que no es técnica.-Batch Kalão bebió su té -¿Cuántos años llevas aquí?--Veintiocho.-¿Siempre solo en la montaña?--Tengo estudiantes.-No me lo compares, los estudiantes van y vienen. No es lo mismo-
Una pausa larga que solo fue llenada por el ruido de la fuente. Batch Kalão miró hacia el oeste casi parecia nostalgico. -Este arte es un arte que no coexiste bien con otras cosas. Una cosa es aprender Karate Gyojin y otra cosa es adoptar tu vida a el.-¿Eleccion o justificacion?- Los ojos del maestro se movieron hacia él rapidamente. Y la expresión fue la mas diferente del maestro que habia visto casi parecia sentir algo.-Practica.-Ga-ha-ha-ha-ha!- Esta vez la risa fue larga y completa saliendole del pecho y que retumbaba en todo el lugar. -Escucha bien, maestro. A veces tus respuestas escuetas confirman todo lo que supongo-El maestro bebió el último sorbo de té.-Te he enseñado todo lo que se, tendras que viajar a nuevas aguas para seguir avanzando en esto.-¿Sera dificil?--Lleva mucho tabaco. Vas a necesitar la paciencia. Entró al dojo antes de que Kazan pudiera responder."Más tabaco..."
Kazan se quedó junto a la fuente mientras el cielo se volvía completamente naranja. La pipa ardía con el ritmo lento. El collar de cuentas descansaba contra su pecho con el peso exacto de siempre.-Ciento una tejas.- Lo dijo para si mismo. "Dos técnicas. No está mal para un arma que intentaba aprender a ser otra cosa." La última luz del día convirtió su piel cerúlea en algo violeta. El kanaboo esperaba contra la roca con la paciencia de los objetos inertes. Kazan se puso de pie. Tomó el kanaboo y dio el primer paso del descenso. -Por las profundidades...-
Aquí tienes las secciones adicionales que se añaden a continuación del post existente, tras el descenso inicial:
VII. Descenso
El camino de piedras planas bajaba con un nivel que Kazan había aprendido a respetar en el tiempo que llevaba subiendo y bajando aquel lugar. No era un camino diseñado para personas de diez metros, a lo mejor siquiera para personas de cinco metros. Era un camino diseñado para cualquiera que queria ser subido y bajado pero que siempre iba a costar trabajo. Las piedras estaban espaciadas sus quince toneladas distribuidas con una precisión que nadie que lo viera desde lejos habría creído posible, parecia un artista circense. La pipa iba encendida, como no. "Veintiocho años..."
El número había quedado guardado en su mente desde que Batch Kalão lo pronunció junto a la fuente. Veintiocho años en esa plataforma de treinta metros cuadrados a mil trescientos de altitud con una fuente que nunca paraba, con unos alumnos que iban y venian en perpetuo movimiento mientras el permanecia sentado en el mismo lugar mirando al vacio con sus tejas y su granito. Tocó un cuerno con dos dedos mientras bajaba. "¿Es eso redención? ¿O es algo mucho mas complejo que eso?" No tenía respuesta y no iba a conjeturarla.
A los ochocientos metros de altitud pasó frente al dojo del Okama Kenpo. Esta hora, ya sin luz directa de sol en esa ladera, el dojo estaba oscuro y en silencio. Una sola antorcha ardía en el interior, suficiente para ver que había una figura haciendo algo que desde la perspectiva de Kazan parecía una secuencia de movimientos de danza más que de combate. Cada vez que lo pasaba le ocurría lo mismo, la primera reacción era el escepticismo de alguien criado en la lógica brutal de la arena, y la segunda reacción, unos segundos después, era el reconocimiento de que cualquier cosa que funcionara para quien la practicaba no necesitaba su aprobación para ser válida. Habia visto cosas increibles en la arena, que un bailarin te derrotara no era la mas sorprendente de ellas. -Por las profundidades...-
A los cuatrocientos metros el dojo del Hasshoken. Aquí sí había actividad nocturna. Cuatro estudiantes en el exterior, practicando en la oscuridad con movimientos ondulantes que Kazan había llegado a reconocerlo a la perfeccion. No era tan diferente de algunas de las cosas que Batch Kalão le había hecho hacer junto a la fuente antes del amanecer. "Tres estilos. Y los tres maestros empeñados en que su estilo domina el resto."
VIII. El pueblo de noche
El núcleo del pueblo a esta hora era diferente al que había visto durante el descanso de la mañana, quizas formaba parte de la enseñanza del maestro, que un mismo lugar son dos lugares en uno o incluso mas. La misma geometría de calles estrechas y edificios bajos con tejados de arcilla pero con la luz cambiadas. El olor a arroz hervido llegaba de varias casas tanto que le daba hambre a Kazan y era motivo para que su barriga rugiera.
Kazan avanzó por la calle principal con el cuidado habitual que había aprendido tantas veces. Sus diez metros hacían que los tejados le quedaran aproximadamente a la altura del pecho, algunos un poquito mas abajo, lo que requería mantener el torso ligeramente inclinado hacia adelante en los tramos más estrechos para no llevarse todo consigo. El kanaboo iba casi vertical en la espalda, para reducir al maximo su envergadura. Era algo que habia aprendido hacer para no derribar casas de manera accidental. Algunas personas lo miraban desde las puertas pero ninguna con la alarma que su presencia generaba en pueblos que no lo conocían. La gente casi ya parecia a entender que su presencia alli era derivada del entrenamiento en el karate gyojin.
Una anciana de no más de un metro sesenta, con la espalda recta característica de los habitantes de esta isla incluso en la vejez, estaba sentada en un banco de piedra frente a una casa. Cuando Kazan pasó frente a ella, levantó el cuenco levemente en una especie de saludo. -Buenas noches.-Ella inclinó la cabeza un centímetro y Kazan lo recibió como la respuesta en si misma. "Veintiocho años. Batch Kalão lleva veintiocho años subiendo y bajando este mismo camino pasando frente a esta misma mujer en este mismo banco probablemente recibiendo el mismo gesto de un centímetro. Y sin embargo vive sus enseñanzas me aventuro a decir como el primer dia."
Tocó un cuerno. La pipa había llegado a su fin. La golpeó suavemente contra la palma de la mano izquierda para vaciar el residuo y la guardó en el fajón. La plaza central del pueblo tenía una fuente de piedra más grande que la del dojo era como el punto de encuentro local, y aparte es que esta no contaba con la corriente continua de la montaña sino que era alimentada por un sistema de canales desde algún punto más alto. Alrededor de la fuente eso si habia cuatro personas jóvenes hacían algo que Kazan tardó tres segundos en identificar como entrenamiento de la postura básica del Hasshoken. A estas horas y sin maestro visible es decir por iniciativa propia.
Se detuvo junto a la fuente. Para descansar un poco de mantenerse contraido de no derruir casas. A fin de cuentas la plaza y por ende la fuente era la zona mas abierta del pueblo.
Las estrellas sobre Isla Karate eran las mismas estrellas que sobre cualquier otro punto del mar, por lo tanto Mizuki y Seraphine estarian viendo tambien esas estrellas. Kazan lo sabía porque había dormido bajo ellas en suficientes islas como para haberlo comprobado. "¿Habrán sido iguales estas estrellas durante los veintiocho años de Batch Kalão? ¿Las habrá mirado alguna vez desde la fuente de la plaza o siempre desde la plataforma del dojo?¿Como de solo puede sentirse una persona asi?" La pregunta no iba a responderse esta noche.
IX. El sendero sur
No tenía intención de volver al sendero sur. Su alojamiento temporal, una estructura de almacenamiento vaciada cuyos dueños habían aceptado su presencia a cambio de un pago razonable y el compromiso implícito de no apoyar el kanaboo contra ninguna pared interior ya que resultaria en demolicion. Pero la mente hace lo que quiere cuando el cuerpo está tranquilo, como esos momentos en los que rumias tus pensamientos constantemente, y sus pies lo llevaron dos calles hacia el sur. El sendero sur de noche era diferente, los arrozales a ambos lados eran superficies oscuras que susurraban con el viento bajo. No había nadie. Kazan se detuvo en el cruce donde lo había visto por la mañana. Doce metros de sendero vacío en cada dirección. Solo el sonido del arroz moviéndose y algún insecto de campo que bueno, hacia lo propio de los insectos de campo."Tres metros y algo. Uniforme marcial. Gyojin cangrejo solo en territorio con cincuenta luchadores ciudadanos." Cargó la pipa. El tabaco nuevo tardó dos caladas en agarrar bien y saber mejor, y cuando lo hizo el humo salió con la regularidad de siempre. Lo que le había activado ese encuentro matutino no era el uniforme exactamente. Era la sensación. La misma clase de señal de fondo que en la arena aprendías a no ignorar porque lo que ignorabas te mataba, que en la arena se manifestaba como la diferencia entre un oponente que está asustado y uno que está calculando las variables de aquel encuentro. Tal como Shin. -Por las profundidades, no voy a resolverlo esta noche de pie en un sendero de arroz.-Lo dijo solo para oírse decirlo. Giró el cuerpo hacia el norte y retomó el camino hacia el alojamiento.
X. Noche
El almacén convertido en alojamiento tenía el techo lo suficientemente alto para que pudiera estar de pie en el centro, aunque los extremos quedaban bajos. Por suerte habia acomodado todo para estar la mayor parte del tiempo en el centro. Había un catre que usaba como apoyo para el kanaboo porque como superficie para dormir era irrisorio para sus dimensiones, problemas de gigantes. Dormía en el suelo con la túnica amarilla doblada bajo la cabeza, que era exactamente como había dormido la mayor parte de su vida adulta. Puso el kanaboo en su lugar, se sentó en el suelo con la espalda contra la pared más sólida, la pipa en la mano izquierda y los ojos orientados hacia la ventana sin postigo por la que entraba el cielo nocturno en un rectángulo.
Ciento una tejas.
"El Uchimizu convence al agua de ser lo que es. El Hyakumaigawara convence al objetivo de continuar viajando después de que el puño ya no lo toca" Tocó un cuerno lentamente, los dedos recorriendo la curva hacia atrás. Habia demasiada similitud en las dos tecnicas, que el maestro lo hubiera enseñado ese orden no era casualidad. Era estructural. Y eso significaba que el Gyojin Karate tenía una lógica subyacente que conectaba todo su sistema, si dominabas la logica dominabas el Gyojin karate."Batch Kalão me enseñó el Uchimizu antes del Hyakumaigawara. No por orden de dificultad. Si no por orden de comprensión." El collar de cuentas cayó hacia adelante cuando inclinó la cabeza. Lo sostuvo en la palma unos segundos. "Tendras que viajar a nuevas aguas para seguir avanzando en esto. Eso dijo." Nuevas aguas. Que era la forma de Batch Kalão de decir que lo que podía enseñar en este dojo a mil trescientos metros tenía un límite, y que ese límite no era un fracaso del maestro si no la maduracion del alumno.-Por las profundidades, veintiocho años enseñando y sabe lo que no sabe. ¡Cuando alcanzare esa plenitud!-
Eso era más difícil de lo que parecía. La mayoría de los que Kazan había conocido en su vida, dentro y fuera de la arena, confundiar el no saber con la ineptitud. Batch Kalão no hacía eso. Enseñaba hasta donde podía y luego señalaba hacia donde él mismo no había llegado todavía o no iba a llegar, son dos cosas totalmente distintas. Eso era honestidad y la honestidad en un maestro valía más que la técnica. Cuando Kazan dominara el estilo, cuando Kazan creara el propio volvería a hablar con su maestro, el primero que tuvo y el que le condujo.
Afuera, la isla Karate continuaba siendo lo que era: una montaña de dos mil metros con tres dojos y cincuenta luchadores y arrozales que eran también entrenamiento y una filosofía marcial tan integrada en la vida cotidiana que no tenía nombre separado porque no necesitaba uno. Y en el dojo de granito perforado a mil trescientos metros, la fuente corría exactamente igual que durante el día. Y seguramente el cangrejo gyojin estuviera en algun lugar de la isla haciendo lo que quiera que sea que haya venido a hacer. ¿Por qué la importancia al cangrejo? Porque era ese tipo de encuentro que sabes que no va a ser el único, era ese tipo de encuentro que deja huella.
"Mañana bajo al puerto. Es hora de ver qué aguas siguen después de estas." La decisión no llegó como revelación. Llegó como algo que ya había estado tomado y solo necesitaba el momento adecuado de silencio para hacerse audible. Eso también lo había aprendido en estas dos semanas. El motivo de ir a nuevas aguas y haber viajado a estas era el mismo de siempre, pero habia aprendido que ser lo mismo no es algo negativo. Necesitaba proteger, necesitaba romper y para ello debia de juntarse nuevamente con su división. Corriente libre no iba a quedarse de brazos cruzados esperando que los esclavos fueran a por ella. Kazan, Seraphine y Mizuki debian de moverse como se movia el bloque de teja al ser golpeado, como el agua salia disparada.
El humo empezaba a acabarse y la pipa se acababa mientras era consumida en su mano. Las enubilaciones del revolucionario empezaban a emerger, siempre incesantes, siempre sin pausa. Era en estos momentos entre el sueño y la conciencia cuando su mente divagaba mas, cuando empezaba a pensar en su pasado y sobre todo en su futuro.
Cerró los ojos. El sueño finalmente lo llevó a su reino, y como cada noche, finalmente descansó.
