[EVENTO CAMBIO ZONA] El camino para ser alguien; Parte 3 [BARCO COMERCIAL]
#1
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Hubo quienes decidieron replegarse, bien por precaución, bien por preocupación, o bien por sus propias heridas o las de los suyos. Aquellos que decidieron emprender su camino de vuelta hacia sus navíos, podrían llegar a ellos después de cruzar los escombros de roca y barco que se entremezclaban sobre el mar, bañado por la pálida luz de la luna.

El barco comercial tenía el casco arañado, alguna vela rasgada, y astillas en diversas partes de los mástiles o las barandas, pero era operativo. Alguien con el suficiente manejo podría mover aquel barco sin dificultad, o al menos hacerlo hasta la primera isla del Grand Line, donde poder encontrar reemplazos, repuestos, reparaciones... o un sustituto. Las criaturas que habitaban en la bodega se liberaron y esperaban en la cubierta a sus tutores, sabiendo que tarde o temprano regresarían y al verse incapaces de alcanzarlos hasta ahora.

El crujir de la madera presagiaba que un fuerte movimiento podía provocar el desplazamiento del barco, y hacerlo, podría implicar que el barco se fracturase o partiese de alguna forma, así que no convenía hacer nada brusco si se quería mantener la integridad del navío. Que hubiera sobrevivido a aquella caída, sin nadie al timón y chocando contra los naufragios... ya había sido un milagro. Un milagro que dictaminaba que aquel barco aun tenía un cometido mayor que conseguir para las personas que lo abordaban. Un destino distinto.
Pero por el momento, parecía más conveniente esperar, al menos a la luz del día, para poder ver cómo sacar los barcos de ahí sin que se destruyesen.




Información

Orden de llegada

Tiempo de posteo
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#2
Atributos Personaje

Los pasos y saltos del gigante son suficientes para que llegue al barco con cierta velocidad, aunque aparentemente no es el primero, teniendo en cuenta su velocidad, no le extraña, es alguien lento, su fuerte no es la velocidad, sino la potencia y destreza en el uso de su arma, quizás deba mejorar un poco su capacidad de reacción,  pero por ahora parece que le va bastante bien ha podido lidiar con dos enemigos en el west, ahora ha podido vencer, junto a los demás, a un cazador que buscaba su cabeza, y la de otro, por el mero hecho de ser gigante y que lo han contratado para pelear con ese grupo, pero su inquina hacia los grandullones era demasiado personal como para que fuera solamente un contrato, tenía algo en contra de los gigantes, aunque a estas alturas eso ya no importa demasiado. Lo importante es que sigue vivo, malherido y magullado, pero vivo.

Con la vista observa todo a su alrededor, su pequeño amigo ya subiéndose por sus piernas y escondiéndose entre sus ropas, en  uno de los muchos bolsillos que esconde el rebelde en sus vestimentas, pues eso le ayuda a tener algunas cosas a mano, y que su amigo tenga diversos lugares en los cuales resguardarse cuando quiera esconderse.

En el barco puede ver caras conocidas, otras no tan conocidas, pero por ahora tienen que encontrar la forma de avanzar, y seguir adelante. Quizás deban forjar una alianza, aunque sea temporal, mediante la cual puedan sacar los barcos de la zona con cuidado, aunque quizás convenga pensarlo bien antes de hacer nada, un paso en falso y el entorno, y la vía de escape de muchos, se vería truncada.

▻ Espero que Einarr consiga regresar a salvo de la torre, aunque quizás deba ir para allá, pero está lejos, no creo que llegue lo suficientemente rápido como para ser de ayuda… ◅ La mente del gigante es un mar de preguntas sin respuesta, dudas e incógnitas que hacen que su mente esté en un vértice de caminos, un sinfín de posibilidades y le está costando trabajo tomar una decisión.

Quizás deba esperar a ver si puede mover el barco cuando tenga más claridad de como está todo, en la noche, por mucho que esté llena la luna, no es posible ver con mucho detalle el estado real del barco. Si logran moverlo, y sobretodo, el gigante logra ser el que queda a cargo del barco, quizás pueda ahorrarse comprar uno nuevo y tenga solamente que arreglarlo, aunque por el momento tiene que llegar a la siguiente isla.

El joven se percata de que el que fuera navegante del barco no se encuentra, al menos no vivo, así que ir a la siguiente zona será un problema, pues él apenas comenzó a investigar sobre la navegación, y no sabe si será viable llegar a una isla con sus conocimientos actuales, tendrá que aprender más de ahí en adelante, pero el joven se coloca cerca de la zona del timón y los mapas, listo para tomar el mando de la navegación si no hay nadie más que pueda hacerlo. Pero como se ha dicho, moverá el barco cuando tenga una idea más clara de su estado y si es seguro.

Resumen
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#3
Atributos Personaje




El cielo se estaba cayendo, o al menos esa impresión tenia Jensen Valentine ante los derrumbes que estaban azotando la zona donde estaba junto a su hermana juramentada y el resto de gente con quienes habían enfrentado al degenerado gyojin.
 
Jensen corrió, detrás de su hermana, rumbo a los barcos. El pistolero de la capucha roja pudo ver como su, ahora, ex capitán corría con alguien encima y se metía en el barco llamado Last Whisper, sentía que debía ir a darle explicaciones sobre su partida de la tripulación, pero no podía dejar sola a MM, además de que habían llamado a Cherry quien se había metido a otro de los barcos. ¿El medico no los habría escuchado? No encontraba otro sentido a que los hubiera ignorado. ¿Tal vez estaba en problemas? Definitivamente debía investigar toda la situación.
 
Entro al barco detrás de MM y el mink que tenía su hermana en sus brazos. Jensen miro atrás y vio como aparecía otro sujeto al barco seguido por el gigante Thrym. –Cherry te llamamos y nos ignoraste, ¿estás bien? – dijo el pistolero fijándose en que su amigo de rosa cabello estaba muy pálido, se veía el sudor bajando por sus sienes además de tener los ojos desorbitados. Claramente algo le había sucedido.
 
Antes de poder preguntar más el gigante abrazo a Cherry, MM y el inconsciente mink. Jensen los observo sintiéndose excluido además de preocupado por que hiciera demasiada presión en el cuerpo del mink. Antes de que pudiera decir nada un animal enorme se acercó a ellos, Jensen lo observo preguntándose cuál sería su nombre antes de voltearse hacia el gigante Thrym. - ¿Y para mí no hay abrazo? ¿Qué acaso te olvidaste de mí? Que feos modales – dijo suspirando cuando soltó al grupo. Jensen siguió a Cherry con su mirada, estaba errático murmurando algo que no podía entender, algo le sucedía.
 
-Cherry, háblame – dijo preocupado, podía ver como el cuerpo de su amigo temblaba. Jensen se acercó a él y lo abrazo fuertemente sintiendo el frio sudor en su espalda. –Estoy aquí amigo mío, seguro viviste algo feo, nosotros mismos con MM vivimos un enfrentamiento estresante, pero ya no estás solo. Déjame apoyarte – dijo tratando de calmarlo, esperando que le explicara qué era lo que lo acomplejaba.



RESUMEN


Stats Actuales


Vitalidad
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Cambios en estadísticas
Vitalidad: 1723 - 1010 = 713
Energia: 1487 + 0 = 1487
Espiritu: 333 + 0 = 333
#4
Atributos Personaje


Narrador / María Merlot
……………………………….

Un parpadeo.
Un suspiro.
Vida.
Muerte.
Esperanza.

Su cabeza solo pensaba en correr hacia el mar, tirarse y nadar hacía la libertad que el agua representaba en su vida; y más luego de la serie de eventos catastróficos que habían asolado esa noche, cuyas horas se sintieron eternas. Con el mink hurón cargado como un muñeco sin voluntad, la capa caída dejando ver parte de su hermoso cabello celeste, la mujer corrió con todas sus fuerzas hacía cualquier lugar lejos del foso que la mantuvo prisionera. No le molestaba ser cautiva, era su lugar seguro en el mundo, lo que la inquietaba era que fuera un cautiverio bélico que terminará con su vida o la de otros, si iba a matar sería por una causa justificada en su cabeza, no por "quien sabe qué motivos".

Al llegar al barco, dónde había visto ir a Algodón de Azúcar, su adorado hombre de cabellera pastel, lo busco con la mirada. Todo en ese lugar se veía… dañado, pero que iba a saber ella de barcos, ni que fuera Thrym-sama. Viendo a su hermano que venía detrás, solo pudo suspirar aliviada mientras soltaba las piernas del mink para sujetarlo contra su pecho en forma de abrazo, como si retuviera algo muy importante, y para ella ese peluche lo era… ¿por qué? Porque era un indefenso ser que desde el primer momento del cautiverio demostró que no era un guerrero, que no estaba ahí para pelear, sino que fue arrastrado por el gestor de aquel juego del terror… a tal punto que termino asustado y casi muerto por culpa del hermoso ser dorado de malvado corazón.

“Cherry te llamamos y nos ignoraste, ¿estás bien?”

María estaba de un lado, buscando con desesperación al objeto de su fanatismo cuando escucho la voz de su hermano… al voltearse, observo el estado de Hyakinthos, lo que la llevo a acortar la distancia con el médico, deteniéndose justo a medio metro de él y abrazando con fuerza (pero sin hacer daño) el cuerpo del mink. Hyakinthos estaba pálido pero no parecía herido ¡Qué alivio! El sudor en su nívea piel indicaba el esfuerzo de la carrera — Algodón de Azúcar…  — lo llamo para que la viera pero ella nunca supo si lo hizo porque decir su nombre la hizo recordar como sus manos se soltaron en la catástrofe y naufragio del navío. María bajo la mirada, encontrándose con la cara ladeada del peludo amigo marrón, sus ojos ambarinos por un momento se llenaron de tristeza, tristeza por no haber sido capaz de aferrarse a su adorado masculino, y decepcionarlo en algo tan simple como sujetarlo.

Antes de poder decir algo, llegaron más personas, entre ellas el gigante Thrym-sama, quien al verlos los sujeto como muñecas y les abrazo sin pudor transmitiéndoles todo el amor y desesperación de perder y reencontrar a sus nakamas — Thrym-sama. Mi corazón se alegra mucho verlo pero no me apriete tanto, mi amigo puede resultar herido...  — le correspondió con cariño su afecto, moviendo su cara contra la parte del cuerpo del gigante que la toco, como si fuera un cachorro con su dueño, pero también le reitero la presencia del desmayado y herido mink — ¿Esta Cara Melo con usted?  — le pregunto volviendo a quedar en el suelo, ahora sabia como se sentía su Peluche al ser jaloneado por ella de un lado a otro. También pudo ver a Cara Cortada, el tipo a quien acuso con su hermano.

Al quedar en el suelo, la celeste se quito por completo la capa, colocándosela como pudo al mink desmayado, no quería miradas curiosas sobre su durmiente amigo. Así pues, se revelo su vestimenta: Unas botas altas, que le llegaban a la altura de la pantorrilla. Un pantalón corto de jean, que dejaba al descubierto sus preciosas y níveas piernas. Cómo camisa llevaba su posesión más valiosa, con la frase a la altura de sus pechos que decía: “TENGO UN HERMANO LOCO, Y NO ME DA MIEDO USARLO”. Sobre esa camisa, otra de color rojo, estilo overside y con estampados florales playeros, que quedaba holgada y larga. Su cabello celeste, caía suelto hasta la mitad de sus rodillas. Debajo de su camisa overside, llevaba un bolso de medio lado, cerrado con cierre y lengüeta, color marrón oscuro. En sus manos llevaba puestos sus guantes de cuero.

MM



“Déjame apoyarte”

La voz de su hermano volvió a resonar, María se mantuvo en el perímetro de Hyakinthos, ella nunca invadía su espacio personal… aunque quisiera abrazarlo y consolarlo, y menos ahora que se sentía culpable por haber soltado su mano. La semi sirena camino y se dejo caer al suelo, con su mink hurón, a quien continuaba abrazando como si de un peluche se tratase, quizás, y solo quizás, estaba proyectando en él lo que quería hacer con el hombre rosado pero que nunca se atrevería: buscando y recibiendo consuelo en el calor de otro — ¿Dónde está Fantasma? ¿Dónde está bonita? — pregunto viendo como otro gigante, llegaba al barco… a él lo recordaba, era quien había estado diez puestos por delante de la fila en el muelle… cuando el pequeño niño pregunto por su altura…

¿Pequeño niño?
¿Muchas personas?
¿Dónde estaban todos?
…
…

Y ahí, la joven, entendió el nivel de la masacre, el genocidio que ocurrió en aquellas aguas. Habían partido miles, ahora eran unos pocos… sobrevivientes. ¿Qué demonio había pasado ahí? ¿Por qué habían jugado con tantas vidas? Nada de esto podía ser una cruel casualidad… — Están todos muertos… ¿están todos muertos? El niño y su madre, en el muelle, querían escapar de su miseria, yo los ayude… yo los condene…  — murmuro siendo el mink dormido el único que podría escucharla mientras entendía la profundidad de todo lo que ya no veían sus ojos. María había visto muchas cosas en su corta vida como prisionera y como prostituta, sabía que los bajos instintos de muchos individuos eran incuantificables por lo que un exterminio así no sería nada para quien tuviera poder y recursos… su corazón se apretó con dolor, y por primera vez en mucho tiempo, dejo de lado a los grillos en su cabeza, para sentir… sentir como la realidad la golpeaba recordándole la barbarie del mundo, del hombre y su propia humanidad.

Abrazando al mink, busco consuelo en su peludo cuerpo… por lo menos a él lo salvaría, él no moriría, él… y sus sueños, no quedarían ahí. María se recluyo en si misma, quedando callada por el resto de las intervenciones y llegadas. Sentada en el suelo del barco, justo al lado derecho, reposando su espalda contra una de las barandas/muros del navio, con Varoganchin entre sus brazos como un peluche inerte y sin voluntad, envuelto en su capa negra con capucha que solo dejaba ver el cuerpo de alguien más no su identidad.

[Imagen: chica-t%C3%ADmida-de-anime-abrazando-un-...035239.jpg]

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Karma Fanático: Hyakinthos. 
[Imagen: mmocheja.png]
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Cambios en estadísticas
Vitalidad: 1885 - 531 = 1354
Energia: 1546 - 230 = 1316
Espiritu: 315 + 0 = 315
#5
Atributos Personaje


 
Rocas.

Golpes.

Olvido.

Soledad.

No hay nadie en el barco más que él, aunque… ¿Realmente importa? Si alguien más hubiera llegado al mismo tiempo que él no lo habría notado ni aunque quisiera.

Sus dientes se clavaron con fuerza en la piel del interior de su boca y se abrazó aún más fuerte a su mochila negra. Aún el ruido de atronador de las rocas desmoronándose hacía eco en sus oídos, recordándole lo cerca que estuvo del peligro, lo cerca que estuvo de que su memoria se debilitara aún más.

Tomar grandes bocanadas de aire es lo único que podía hacer por el momento, de hecho, en ese preciso instante, en la soledad de aquel barco, es una presa fácil si alguien quisiera hacerle daño, pero la suerte se ha inclinado a su favor, pues la soledad momentánea le ha brindado un refugio que él mismo no sabía que necesitaba.

Y; sin embargo, esa soledad duró poco.

Se escucharon pasos, incluso voces.

Debería levantar la cabeza, debería prestarles atención, pero no es capaz de hacer eso, no ahora, no cuando solo quiere cerrar sus ojos y pensar en que todo ese derrumbe fue un simple sueño…un sueño…sí, tal vez es lo que necesita en ese momento: soñar…pero eso no es posible ahora.

El aire frío empieza a tranquilizarlo, no solo eso, hay algo más: una voz conocida. El sonido de unas botas pisando cerca de su sitio, luego más voces, gritos, también está el sonido de las olas, ese que hasta ahora ha decidido ignorar.

“Cherry te llamamos y nos ignoraste, ¿estás bien?”

—¿Eh? —Su mirada se mantuvo en el piso al escuchar la pregunta, solo pudo observar las botas negras de su interlocutor antes de que alguien más también llegara y, por la voz, dedujo que se trataba de una chica. Eran voces conocidas. Por fin se animó a alzar la cabeza.

Frente a él, la figura de Jensen y, más atrás, la de María Merlot, lo trajeron de regreso a la realidad. Eso no quería decir que su pulso se hubiera regulado, tampoco le quitó el color pálido del rostro ni evaporó el sudor frío, pero lo hicieron suavizar el agarre de su bolsa, siendo consciente de la presión que estaba ejerciendo con sus brazos, llegando a marcarse en su piel con el material de su propia mochila. Aflojó también los músculos tensos de su cuerpo, no demasiado, pues seguía en alerta, pero al menos no se veía tan terrible como al inicio.

—¡Jensen! ¿Qué…qué haces aquí? —No fue sorpresivo para él recordar el nombre del pistolero, pues había compartido lo suficiente con él como para hacerle un hueco en su memoria. —¡Merlot! ¡Ver tus escamas sanas y salvas hace que pueda respirar aliviado! —¿Y cómo no hacerlo? La semi-sirena, junto con Jensen y un par de miembros más de su tripulación, eran de las pocas personas a quienes podía recordar.

Alguien más se unió a la ecuación, un hombre de cabellos y esmoquin negro también mencionó su nombre, pero antes de que pudiera evaluar de quien se trataba, unas manos colosales lo alzaron de su sitio, haciéndolo sentir demasiado pequeño, como si fuera un muñeco de trapo. Ni siquiera tuvo que mirar hacia arriba para saber de quien se trataba.

Contuvo la respiración y volvió a palidecer cuando se sintió atrapado entre los brazos del gigante pelirrojo.

—Tomato —. Lo llamó por el apodo que le había dado tiempo antes. —No puedo creer que hayamos perdido a alguien de tu tamaño, verte es bueno, podré estudiarte por más tiempo, pero… ¿Podrías soltarme? No…no puedo respirar —. Algo bueno había salido del reencuentro con estas personas y es que al menos ya era capaz de formular frases y oraciones completas, aunque eso no le quitaba el dolor de cabeza que aún tenía por culpa del temor que le causó imaginarse golpeado por una de esas enormes rocas que se desmoronaron antes.

Cuando el gigante lo soltó y regresó a la cubierta del barco, sus piernas flaquearon y tuvo que apoyarse en una de las barandillas del barco para no caer, en ese instante, volvió a escuchar el eco imaginario de las rocas, algo que provocó que su mirada se volviera a perder y que su cuerpo volviera a tensarse…ni siquiera se molestó en intentar moverse hacia otro sitio del barco y apenas y prestó atención a las palabras que pronunciaban los que estaban a su alrededor.

No fue hasta sentir como los brazos de alguien más lo envolvían que pudo reaccionar de nuevo. Tomó aire…ni siquiera sabía que lo necesitaba, pues no notó cuando dejó de respirar, pero esa bocanada de aire fresco lo había hecho recobrar un poco el sentido.

—No…no…no es nada, estoy bien, Rojo —No abrazó de regreso, pues no estaba acostumbrado a ese tipo de gestos, pero le dio una palmada en la espalda al pistolero e interpuso una de sus manos para alejarse un par de pasos. —De verdad es…estoy bien…solo…debemos salir de aquí —. Al decir eso notó que alguien casi tan grande como el gigante pelirrojo entró al barco. Volvió a tensarse… ¿Quién era ese?, ¿podían confiar? Bueno, si miraba a su alrededor no es que quedaran muchas personas vivas, solo podía deducir que quizá, al igual que ellos, era un sobreviviente que deseaba que la noche terminara y, con ella, toda esta pesadilla.

Apretó sus puños. ¿Qué estaba haciendo? No podía darse el lujo de seguir temblando de miedo, no cuando se supone que debían salir de ahí. Sí, podía ser una persona que prefería sentarse en la cubierta del barco a ver las nubes, un hábito más que común en él, pero no habría nada que observar si no se ponían de acuerdo para salir de ese lugar…pero ¿Podían hacerlo solos? Estaba seguro de que faltaban personas.

Con los ojos cerrados, respiró lentamente al menos hasta que sintió su corazón tranquilizarse y, luego de ello, intentó ordenar sus pensamientos. Necesitaba ahora el mejor plan para salir de ese lugar.

—¡Tomato! —Se refería a Thrym, por supuesto. —Deberíamos hablar con el otro gigante… ¿Puedes hacer eso por nosotros? No vi como estaba el barco en el exterior, pero tal vez necesitemos ayuda para moverlo y si es así, dos gigantes serían mejor que uno —. ¿Podía confiar en el otro gigante? No lo sabía, pero debía intentarlo.

Luego de esa instrucción se acercó a la chica sobre el suelo y se sentó al lado de ella y del ser que parecía un oso de peluche… ¿Era real? ¿Podría estudiarlo? Sacudió su cabeza, no era tiempo de pensar en eso. —Merlot… ¿Estas bien? Si necesitas que te ayude a curar tus heridas, puedo hacerlo y…por cierto…—Miró ahora a Jensen y a Jin. —¿Alguno de ustedes ha visto a Ash? Y sé que alguien más viajaba con nosotros…pero…no puedo recordar quien…

No fue capaz de esperar la respuesta de alguno de los dos hombres, pues recordó que para eso tenía un den den mushi. Rebuscó entre sus cosas y encontró al caracol.

Sus manos temblaron al marcar el número, a fin de cuentas, aunque intentara mostrarse tranquilo, aun no se había recuperado del todo del tremendo susto que sufrió antes. Tomó aire de nuevo y logró marcarle a Ashveil, pero no se sentía capaz de seguir sosteniendo al pobre caracol.

—Tsk…¿Alguno podría…ayudarme? Marqué a Ashveil…si responde…deben preguntar…dó…dónde está —. Se tragó su orgullo al pedir ayuda con algo tan simple, pero no podía más, su voz empezaba a salir entrecortada de nuevo y sus brazos, los cuales extendió para pasarle a Jin o a Jensen su den den mushi, estaban demasiado temblorosos para seguir fingiendo que tenía todo bajo control.

Resumen

 
Karmas

 
Stats actuales
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Cambios en estadísticas
Vitalidad: 1983 + 0 = 1983
Energia: 1590 + 10 = 1600
Espiritu: 270 + 0 = 270
#6
Atributos Personaje


Sus pasos acelerados estaban alcanzando la zona donde veía varios barcos. El encuentro con Hyak, desde la lejanía, veía también a la sirena de paso y... Un desconocido. Alguien que parecía acercarse a un Hyákinthos asustado. ¿Peligro, quizás? No podía verlo de otra forma, no recordaba aquella figura de cabellera larga y oscura, mucho menos de espaldas. Sus heridas no le permitían tampoco poder acelerar más de lo debido y, aún así, tomó el sobre esfuerzo necesario para acelerar. No podía permitirse perder al cirujano cualificado de una forma tan patética. Su mano se posicionó en la katana, ignorando la inutilidad de la híbrida, lentamente desenvainándola a espaldas del hombre. Sus ojos se concentraban, cargados del silencioso aire asesino que lo caracterizaba, un aire sombrío, silencioso, pero veloz que se iba acercando a ellos. El pensamiento era claro, el método, también; corte limpio, degollarlo de ser necesario. No había llegado tan lejos por nada. Sus heridas se apreciaban todavía, pero no importaba la sangre que lo estaba cubriendo, en ese momento solo funcionaba por puro instinto.

[Imagen: fV88DxB.png]
Solo debía terminarlo todo en un momento…

—¡Jensen! ¿Qué…qué haces aquí?

Su mano apretó con firmeza la katana, ya a la mitad de desenvainar. Los músculos se relajaron, sin embargo, no bajó la guardia hasta que apreció cómo el terror parecía relajarse en el rostro del pelirrosa. Los pasos, sin embargo, no cesaron. Se mantenían sigilosos, igual que el método de volver a envainar el arma. Si no fuera por su experiencia, habría habido un enfrentamiento seguro, quién sabe quién era ese tipo, pero parecía relajar a Hyákinthos de algún modo. Sus ojos fulminaron con la mirada a la híbrida sirena, quien le resulto de lo más inútil. ¿Qué pasaba si existía peligro? Poco conocía de la conexión que existía entre el varón de cabello largo y ella. Tenía que acelerar el proceso, encargarse de ella antes de lo previsto. Ya buscaría algún método más adelante.

[Imagen: 2qjbvJ4.jpg]
—Tú. ¿Qué ha pasado con Hyákinthos?

Hablaba con el pelinegro. Su voz, firme, cargada de la amenaza silenciosa que tanto le caracterizaba. Incluso cuando él mirase, a menos que tuviera una percepción demasiado aguda, probablemente ni siquiera se habría dado cuenta de que estuvo de terminar de desenvainar el arma, la cual ahora se encontraba en perfecto estado, como si no hubiera sido tocado en ningún momento. Sabía que además Thrym lo estaría siguiendo a sus espaldas. Solo esperaba que no realizara una nueva estupi-…

[Imagen: KxJPwiM.png]
¿Por qué diantres tenía que pasarle a él?

Sí, ahora se encontraba en los brazos del gigante una vez más, siendo aplastado en un extraño abrazo grupal, siendo incluido el individuo que no conocía. Solo lo dejó hacer, deseando que aquello terminara pronto hasta que finalmente fue soltado gracias a las peticiones de Hyákinthos. Por supuesto en esa ocasión se quedó cerca del pelirrosa y el resto de los nuevos compañeros. Arqueó una ceja al ver al hombre abrazarlo. No sabía si realmente estaba siendo buena idea que en un estado de estrés hubiera un contacto directo. Si fuera necesario intervenir para ayudar a su socio y compañero, no dudaría en hacerlo. Poco duró el gesto, y aprovechó para retirar el metal de sus propios cigarrillos de su bolsillo a medida que retomaban la conversación. Retiró uno de ellos, acomodándolo entre sus labios y lo encendió, dando una larga calada, cerrando sus ojos al sentir la nicotina reavivarlo nuevamente, haciendo que la tensión que había padecido desde el combate contra Uoichi y el estrés repentino al creer a su compañero en peligro se fueran desvaneciendo en forma de humo saliendo de sus pulmones.

[Imagen: QIN3V8b.png]
—El otro gigante decía llamarse Kelvin Smash o algo así. Es de fiar… por ahora.

Lo decía precisamente porque el propio pelirroso le mencionaba, volteando la mirada hacia el gigante que no hacía mucho era su compañero de combate, solo para volver la atención poco después al que se había dirigido a él. Una vez más, recordando lo que siempre ocurría y ya se había comenzado a acostumbrar. Se agachó a la altura del pelirrosa, siempre manteniendo una distancia para evitar un agobio que pudiera alterarlo todavía más. Elevó su mirada para encontrarse con la asustada del propio joven e intentó mantener un semblante calmado. No fue difícil para él, ya estaba acostumbrado. Por supuesto, en voz baja, siempre procurando que solo el pelirrosa lo escuchara.

[Imagen: CJKWWyl.png]
—Soy Jin. Trabajamos juntos.

Negó finalmente con la cabeza. No, no había visto a ese capitán, no recordaba tampoco habérselo encontrado ni de casualidad. Finalmente elevó los hombros con despreocupación. —Seguro que estará bien. — Sus ojos descendieron ante la petición de ayuda del propio Hyákinthos. No sabía si sentir decepción, o si lo que fuera que había ocurrido fuera algo tan grave. Por el momento solo buscaría analizarlo con la misma paciencia de siempre. Si embargo, no podía evitar preguntarse qué pudo haber ocurrido y su mirada se volvió nuevamente fría, cargada de análisis.

[Imagen: 1EDdPLy.png]

Lo que sabía era que tenía que calmarlo, o sería peor. Miró el Den-Den Mushi en las temblorosas manos del hombre. Buscó un tacto suave, poco habitual, uno que solo recordaba la noche de su encuentro y que sabía bien que el contrario había olvidado claramente. El cigarrillo se mantenía entre sus labios, ahora con una expresión más tranquila.

[Imagen: 8yNtC4w.png]
—Déjame, yo hablaré con Ashveil. Puedes estar tranquilo.

Su voz sonaba más suave, tomando finalmente el Den-Den Mushi, usando un tacto suave en las manos ajenas, sintiendo él mismo el temor que parecía estar padeciendo. —No estás solo, Cherry. — Sí, primera vez que pronunciaba ese nombre fuera de la intimidad, en un nuevo intento de calmarlo. —Respira despacio, inhala y exhala. — al fin separó sus manos, con cuidado, y se acomodó justo a su lado, para que él pudiera escuchar también en caso de que Ashveil contestara al Den-Den Mushi. Si era así, preguntaría directamente dónde estaba, sin rodeos. No perdió de vista en ningún momento a ninguno de sus otros acompañantes, todavía alerta en caso de que el nuevo integrante hiciera algo más. Esta vez procuró evitar un agobio ya que, en caso de que intentaran acercarse de nuevo, obligarles a darles el espacio que el pelirrosa claramente necesitaba.


OFF
[Imagen: bTjgVIr.png]
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Cambios en estadísticas
Vitalidad: 1803 - 1544 = 259
Energia: 1426 - 121 = 1305
Espiritu: 423 + 0 = 423
#7
Atributos Personaje
Sentía el aire golpear mi rostro, un aire lleno de salitre. Debía estar montando a caballo junto al mar, a juzgar por las sacudidas que sentía mi cuerpo. No recordaba haber adquirido ningún caballo, ni siquiera había tenido trato con ninguno más allá de las apuestas del hipódromo. Si pudiese volver a ver correr a mi querido Faraón... el más rápido, el que más me hizo ganar. Seguro que estaba subido sobre él, pues no creo que haya otro que se pueda mover a esta velocidad. Una lástima no poder verlo mientras me lleva hasta la meta.

Mi cuerpo avanzaba por el aire, como si de un río de sal y viento se tratara, arrastrada sin remos, sin mapa. Nada a mi alrededor estaba definido, solo se que me desplazaba, o al menos mi consciencia. No había dolor, ni pena, solo un vértigo suave, como el de un niño al que recuestan en la cuna y la gravedad le recuerda el orden de las cosas. Creía que flotaba. No el el agua, pues no estaba mojado, pero sí empujado por un haz azul que me guiaba hasta mi siguiente visión. No era un azul cualquiera; un azul limpio, que parecía traer consigo la memoria del cielo.

El empuje se detuvo, pero no así el movimiento de mi cuerpo. Ya no avanzaba, ni si quiera sentía el paso del caballo. Sin embargo, mi ser se mecía en un suave vaivén, como si estuviera disfrutando de un día de playa en mi hamaca. Sentía el calor rodear mi cuerpo, como si el propio sol hubiese decidido abrazarme. Para nada era una opresión que me lastimase, sino una compresión que ordenaba mis piezas sueltas. Experimenté una sensación reconfortante en el pecho, como si pudiese notar los mismos latidos del mundo que me rodeaba, apretándose contra mi ser. La playa parecía cobrar vida, pues pronto dejó de estar desierta para dejar paso a la voz de un vendedor que gritaba ofreciendo su producto estrella.

¿Algodón de azúcar en una playa?,  pensé al oír lo que debía ser una llamada a los clientes. Giré mi consciencia hacía allí, para ver cómo la playa terminaba en lo que parecía ser un parque de atracciones. Una noria gigante, un espectáculo de fuegos artificiales, un tiovivo al cuál debió ir a parar mi caballo y una enorme bola de algodón de azúcar. Debía ser la más grande que había visto o vería en mi vida, pues podía percibir que era más alta que yo mismo. Las nubes parecían hilos de azúcar estirados y el arcoíris una piruleta, lo que hizo que me chocase aún más el intenso olor a whisky que inundaba la feria. Me proponía a investigar la feria, en un alarde de olvido ante la incapacidad de moverme a placer, cuando todo cambió. Las risas se fundieron en las sombras, los puestos se encogieron y la noria se hizo montaña. 

No parecía más un accidente geográfico, sino más bien un ser con vida propia. Se dobló sobre mi y me rodeó con sus faldas, dejándome sin escapatoria. Nos elevó, tan alto que sentí ir más allá de las nubes, hasta alcanzar las estrellas. Noté el peso del universo mismo plegándose sobre mi, cubriendo cada parte de mi cuerpo. Sin duda, no debía estar vivo. ¿O se trataría más bien de un sueño? El caso es que no había lógica en que una montaña te aplastara y alzase sin dolor ninguno. 

Mi consciencia se trasladó de nuevo. Parecía haber sido absorbida por la misma montaña, atravesando pasadizos de humo y luz. El movimiento me llevó dentro; no al vientre de la montaña, sino a un latido enorme que debía ser su corazón. Entramos en el pulso mismo de la montaña, descendiendo a la base de nuevo. Las paredes eran brillantes y me conducían hacia el suelo, soltando al fin el abrazo de la roca. En ese momento pude verlo. Un caramelo, fabricado posiblemente por el mismo confitero que aquel algodón de azúcar al ver el tamaño del mismo. Con un envoltorio que declaraba su sabor a chocolate. Una figura dulce y absurda colgando entre unas membranas de roca. Quise alcanzarlo. Mi ambición se transformó en unos brazos que se alargaban buscando atraparlo, que trepaban hacia ese dulce redentor. Sentía que allí estaba todo lo que deseaba: viajar para encontrar a mis padres, volverme más fuerte para no volver a ser como una hoja arrastrada por el viento. Ese hambre, tan mío, me empujaba. Mis dedos casi rozaron la superficie brillante y, justo antes de poder palparla, la escena se volvió más oscura. La montaña retumbó llevándose consigo toda la luz, como si alguien apagase una vela con un soplido firme.

 
Un eco llenó la estancia. Reverberó en cada esquina y rebotó en cada pared, de haberlas. Algo ininteligible, carente de sentido, más propio de un ser de otro mundo que de una persona. El temblor se sentía como una sacudida a mi alrededor. Todo parecía dar vueltas, pese a estar en la más profunda oscuridad. Giros, giros y más giros, cada uno a más velocidad que el anterior. De haber sabido donde estaba, habría perdido sin dudarlo el sentido de la orientación. Hasta que el mundo paró y un extraño ente apareció ante mis ojos. Sin cuerpo, ni forma. Algo difícil de percibir, pero que sin duda estaba ahí. Un fantasma.

Corrí para huir de él, pues comenzó a seguirme mientras el eco de su voz se hacía cada vez más palpable. Corría sin rumbo ni fatiga, pero parecía no avanzar en aquella infinita oscuridad. Tampoco parecía aumentar la distancia entre mi ser y el fantasma, que no cesaba en su empeño por darme alcance. Continué durante unos instantes que parecieron ser siglos hasta que percibí una pequeña luz más allá. No era una luz titilante como la de una antorcha, pero tampoco algo fijo como el sol. Corrí cuanto pude en su dirección, sin pensar en lo que me perseguía, con toda la esperanza de que aquello me diese la posibilidad de huir de allí. La luz se separó en dos haces según me fui aproximando. Reposaban en el suelo, como dos cuerpos sin vida a la espera de ser encontrados. Y eso es lo que resultaron ser. La escena cambió levemente. En mitad de la noche, un niño y su madre yacían sobre el muelle. Continué aproximándome a ellos con calma, mientras observaba los humildes harapos con los que iban vestidos. Me acerqué al chico, lo tomé de la solapa para ver su cara, y el terror se apoderó de mi.

Eran Aosaba y su madre. Aquel chico gyojin de ojos grandes al que intenté sacar de la miseria de Samba y acabé dejando a merced de aquellos desgraciados. Di un salto hacia atrás y caí sobre mi espalda. El eco se hacía cada vez más claro. No paraba de repetirse, torturándome una y otra vez: "Yo los ayudé, yo los condené".

Llevé mis manos hacia donde se suponía que debían estar mis oídos, con la intención de bloquear aquellas voces. Sin embargo, fue en vano. La frase se instalaba dentro de mi a cada repetición, como si fuera mi propia voz castigándome. Una inscripción repetida que martilleaba el mismo clavo. El chico y su madre se alzaron, como si pretendiesen erguirse sobre un par de piernas de las que carecían. Sus rostros comenzaron a virar, en extraños movimientos que los deformaban a placer. Sus formas ya no eran las mismas, habían variado a algo aún más terrorífico; los fantasmas de mis padres venían a atormentarme.

Yo los ayudé, yo los condené.

Era lo único que repetían. Me giré para huir de aquella escena, pero el fantasma me cortaba el paso. Cada vez más cerca de mi. No había casi hueco entre lo que me perseguía y mi consciencia. Y entonces, tomó forma. Un hombre, horondo y envejecido, con aires del que sabe que el tiempo es suyo, pues posee todo el dinero que otros no se atreven ni a soñar. Una cara conocida, que sujetaba un puro entre los labios, y que acababa en una papada rolliza. El peor monstruo de mis pesadillas; Destrutore Reena.

Llevé mis manos a mi rostro y grité como si tratase de sacar algo desde lo más profundo de mi, como si tratase de acallar aquellas voces que aún se repetían. Puse todo mi empeño, todas mis energías en acallarlo, en alejar a aquel monstruo de mi. Quería ir lejos del jefe. Todo a mi alrededor comenzó a temblar con fuerza. Hasta que una potente luz lo inundó todo, arrastrando la oscuridad. Levanté la vista para encontrar el foco de aquella luz. Una nueva visión estaba ante mi. Mi colgante, aquel que me había entregado mi madre la noche que los perdí. El mismo que supuso mi huida de Samba tras recuperarlo. Siempre había sido el faro que iluminaba mi camino, y una vez más, volvió para hacerlo. Los dos seres que se habían convertido en mis padres comenzaron a susurrar algunas palabras: Sirenas, Gigantes, Samurái. Voces sueltas, sin contexto, como las migas de pan que marcan un camino a seguir. La luz del collar se debilitó un poco, no tanto como para dejar paso de nuevo a la oscuridad, pero si lo suficiente como para dejarme ver lo que nos rodeaba. Imágenes de mis padres preparando sus viajes, pidiéndome que no me metiera en líos y comentando acerca de los pueblos en los que iban en busca.

Todo tembló de nuevo. El suelo bajo mis pies se desvaneció y sentí que mi ser volvía a descender. Sin embargo, esta vez no pude ver a donde iba. Tan solo de nuevo un haz de luz azul que me rodeaba. Me sentía protegido e incluso sentí la agradable sensación de acostarte bajo unas mantas en una noche fría de invierno. Un abrazo cálido que no se pregunta por méritos ni culpas, sino que simplemente cubre y sostiene. Y mientras el calor me abrazaba, pensé que si volvía a despertar, no me bastaría con dejarme llevar como una hoja caída. Sería la semilla que arraigase con fortaleza. Movería la tierra que hiciera falta para encontrar un lugar para mis raíces.



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Energia: 1182 - 296 = 886
Espiritu: 108 + 0 = 108
#8
Atributos Personaje


Afortunadamente, pude llegar a salvo hasta el barco, subir rápidamente y llegar a cubierta. Suspiré sintiendo un efímero alivio antes de ir corriendo hasta el almacén, levantando la escotilla y saltando directamente adentro. En cuanto entré pude escuchar un aullido particular, y al avanzar entre varios animales pude ver al lagarto rosado de tres metros de alto, echado en una esquina aullando bajo y triste. Sobre él, mi amada compañera, Coatl estaba enroscada, una señal de que decidió guardar energía en lugar de alertarse por estar encerrada.

—¡Mis pequeños hermanitos! —exclamé, corriendo hasta Larry mientras mi hermana siseaba, levantando la cabeza y bajando en un santiamén hasta mis hombros. A la par, yo rascaba la cabeza de Larry, y él me daba lengüetazos. —¡Me alegro tanto de que estén a salvo! —dije, tomando las riendas de Larry y subiendo a Coatl de nuevo a su lomo. Caminé de regreso a cubierta y saqué el Den Den Mushi de la piel de lobo que ahora se sentía mucho más ligera sin el botiquín. —Por favor, que funcione —susurré.

El Den Den Mushi sonó. Un par de perepere perepere me hicieron pensar que nadie contestaría del otro lado. Estaba llamando a Han, por primera vez rogaba a todos los dioses que estuviera vivo. —Alguien, por favor, conteste —supliqué, sintiendo un nudo en la garganta y otro en el estomago.
No podía creer que el tiempo que había pasado con estas personas hubiera sido capaz de hacer que mi corazón se volcara hacia ellos, preocupándome por su seguridad y bienestar.

Justo cuando iba a colgar la llamada... Gatcha
Alguien descolgó. Abrí los ojos en grande, escuchando la voz del otro lado. —¡HAN! Oh, Han, qué alegría, estás vivo... —El pecho se me llenó de una sensación de dolor que se aliviaba sutilmente. Mi corazón contenido no lo soportó más. Desde que intenté comunicarme antes de pelear con el Gyojin, llegué a pensar que había muerto. Me desplomé en el suelo con los ojos vidriosos a punto de soltar una lagrima. —Sí, soy yo. Kay está a salvo también, ¡estuvimos juntas este tiempo! —dije, limpiandome los ojos antes de dejarlas caer.
—¿Estás bien? ¿Estás herido? —le pregunté, atenta a lo que respondía la caracola que simulaba tener su cabello y sus ojos. Mi voz salió con un tono de preocupación incluso mayor que antes, casi quebrada, expectante.

—Gracias a los dioses de la forja, Han. Me alegro de que estén bien —al fin sentí que pude respirar, dejando salir todo el humo mientras escuchaba su voz. —Yo estoy bien. Vine por Larry y Coatl al barco en el que llegamos hasta aquí, puedo ir hasta donde sea siempre y cuando pueda pisar suelo. —Me puse de pie, moviéndome de nuevo y mirando a mi alrededor. La gente comenzaba a subir a los barcos para refugiarse y, más allá, podía ver la bandera del Lucky. —Sí, los dos están bien, están conmigo —avisé, subiendo a la espalda de Larry casi de un salto. —Fácilmente puedo llegar al Lucky sin problemas desde aquí, ¿dónde estás? —Escuchar los nombres de los demás me hizo sonreír, ahora sin preocupación, aunque faltaba saber dónde estaba Dong, el gato malhablado. —Voy para allá. Paciencia en la forja.

Y colgando por fin, me incliné para hablar a Larry. —¿Podrías llevarnos hasta el Lucky, precioso? —pregunté, usando la voz más dulce que pude mientras rascaba su cuello, estirando mi cuerpo. No faltó decir más. Con un ligero empujoncito, Larry se echó a correr, saltando sobre cada barco hasta llegar al Lucky.

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Hablo #e82a1f | Pienso #E86E04 | Narro
Karmas
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Cambios en estadísticas
Vitalidad: 1044 - 416 = 628
Energia: 1016 - 22 = 994
Espiritu: 285 + 0 = 285
#9
El barco comercial varado se convirtió rápidamente en un hervidero de personas.
El gigante Kelvin entró buscando a su mascota y tomando la decisión de tratar de manejar el barco él mismo. María, Jensen y Hyákinthos se reúnen en cubierta pero debido al estrés del momento sufren la alucinación de estar viendo a Thrym, quien aun seguía sobre las plataformas de combate previas y era perfectamente visible dado su enorme tamaño. Respiraba agitado con una de sus manos puesta en sus rodillas y la otra rascándose la cabeza con la que acababa de partir una roca enorme. Parecía a salvo, pero desde luego, estaba muy lejos para poder abrazar o hablar con sus compañeros.
Mientras tanto, Jin, que estuvo a punto de hacer una escabechina, consigue entender la situación a tiempo y dialogar con sus compañeros y nuevos acompañantes por igual, optando por la comunicación telemática con los Den Den Mushi con el resto de ambos grupos. El pobre de Varo seguía inconsciente debido a sus heridas y a la crudeza de la batalla que acababan de vivir, y en contra parte a su estado desvanecido, la fiereza rugiente y ardiente de Lan entró en escena y se centró sólo en sus mascotas y las de sus amigos, saliendo del lugar a lomos de aquel lagarto enorme extraño con un nombre estupendo.

Pareciera que cada cual tenía sus planes. La tripulación de los Olvidados y la tripulación de Dead Man Hand parecían dispuestos a colaborar, y aun teniendo su propio barco parecían interesados en mantener este. Claro que aun les quedaban miembros que reunir... Kiyoshi, Owen, Maki, Odeth, Thrym, Uker y Ashveil... aun siete personas por ubicar y reencontrar.
Kelvin aun preocupado por su compañero tratar de movilizar el navío. Varo ajeno a todo sigue inconsciente y Lan trata de llegar hasta su propio barco, con sus compañeros.

Todas las personas a bordo del barco y tras un emotivo encuentro, comprobaron que finalmente todos estaban a salvo. Deberían empezar a prepararlo todo para poder escapar del lugar. Revisar las bodegas, los mástiles, las velas y los aparejos, buscar daños en el casco y en la superficie del barco que puedan ser importantes... y terminar una evaluación completa de la situación en la que estaban: Explorar el barco la superficie sobre la que estaba.

Ya quedaba menos para poder proseguir con su viaje cargado de sueños y promesas.





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#10
Atributos Personaje

El joven gigante parece ser el más interesado en comprobar el estado del barco, en comprobar que puedan usar el barco para moverse de allí, aunque en su mente la primera parada sería recoger a su compañero birkaniano, Einarr, pues este fue a la torre. Ahora que sus pequeña mascota está a salvo el joven se centra en todo lo que le rodea, viendo caras que conoce de haber compartido ese mal rato con ellos, como Jin, que tiene un fetiche un tanto extraño, al menos a ojos del rebelde, no ha visto a nadie como él, o Lan, que disfrutan de sentir dolor, de ser golpeados y sufrir.

⏵ Kelvin Smash ⏴ El tic del rebelde le da con suerte en una zona donde no le escuchen y piensen que hará alguna estupidez, pues lo que le faltaba, vencer la batalla contra aquél bastardo racista para matarse solito al destruir el barco que puede llevarlo a salvo hasta la siguiente isla, donde ya vería que hacer, si tenía como reunir un barco o qué haría. Por ahora debe de encontrarse con Einarr y llevarlo a la siguiente zona de mar donde seguiría su aventura.

⏵ Sería ideal que nos separáramos para comprobar daños en el barco, al menos los que necesitemos del barco comercial para seguir. Yo sé algo de navegación, así que quizás pueda conseguir llevar el barco a buen puerto con algo más de éxito que no disponer de uno. ⏴ La voz del gigante algo fuerte, pero es debido a su tamaño y lo que resuena su voz antes de ser emitida. Quizás si logran investigar con presteza, puedan reunirse con los demás y sacarlos a todos de aquel lugar y ya en la siguiente zona separarse, cada uno por su camino, cada quien buscando su propia meta.

El joven por su parte, comenzaría a investigar las velas, ya que tenía cierta facilidad por su altura para ver el estado de las mismas que están en lo alto de los mástiles, también el estado de estos en las zonas más elevadas.


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