18-10-2025, 12:02 AM
(Última modificación: 18-10-2025, 12:11 AM por Stroud Nanashi.)
[Ciudad Gear, noche.
Día 35 de otoño,
año 16.]
La enorme calle que separaba Boilerpit del resto de distritos de Ciudad Gear, una incomprensible arteria de metal con vías de raíles oxidados, parecía fundirse con la bruma nocturna. Por todas partes abundaban lámparas de gas que irradiaban luces azules y verdosas, proyectando halos circulares que a duras penas eran capaces de cortar la niebla. Las fachadas de los edificios a un lado y otro de la calle estaban repletas de letreros mecánicos y neones en mal estado, algunos de los cuales parpadeaban y emitían chispazos súbditos en intervalos irregulares. Bajo los mismos, el ladrillo ennegrecido aún dejaba ver viejos carteles de fábricas armamentísticas: CALIBRE GEAR - Precisión garantizada y otros negocios que hacía tiempo que habían sucumbido a los imprevisibles caprichos de la industria. Aquí y allá, por los canalones metálicos escurría agua herrumbrosa, y, a modo de banda sonora, el sonido de forjas nocturnas, clandestinas, que teñían el cielo de naranja intermitentemente, y el constante zumbido de generadores y chirridos de máquinas, abandonadas o no. Boilerpit era uno de los distritos más antiguos de Ciudad Gear, aunque, desde luego, hacía tiempo que había visto sus mejores días. El aire, eso sí, se encontraba uniformemente impregnado del olor rancio del aceite industrial, del alcohol y de la carne asada. Eso no había cambiado.
En uno de los callejones que, como capilares, emanaban desordenada y caóticamente de la avenida principal, entre talles y almacenes amontonados, se encontraba inscrustada Steamjack's, la taberna de referencia de Boilerpit, bajo los centenares de cables que colgaban entre los edificios adyacentes. Aquel negocio, supuestamente fundado por una leyenda local, llevaba décadas en pie, y había visto el auge y caída del distrito al menos una vez. Bajo el letrero luminoso, la puerta de Steamjack's estaba, como todo a su alrededor, compuesta de metal corroído, a duras penas sujeta por bisagras chirriantes que habían necesitado un toque de aceite hacía diez o quince años, como mínimo. El interior, bañado en la iluminación tenue de las lámpas de aceite e inundado del humo de los cigarrillos, estaba poblado de mesas de hierro y taburetes cojos, todos, eso sí, cubiertos con cojines de color rojo, y todo recubierto por una película de polvo y grasa. Las pocas ventanas, por las que nadie miraba, estaban empañadas por el calor y el humo; los cristales vibraban con el paso de los trenes de carga cercanos. La numerosa clientela era mayormente gente tosca, con rostros frecuentemente grises por el hollín, de manos agrietadas. El dueño, un exsoldado con un brazo protésico, se sentaba tras la barra, cruzado de brazos y fumándose un enorme puro. De fondo, una gramola emitía más zumbidos y chasquidos que música, pero aquella llevaba años siendo la banda sonora de Steamjack's. Un perro con una pata metálica dormía junto al brasero, cuyo calor, por esas fechas, ya se apreciaba. Un borracho intentaba encender un cigarro con las chispas procedentes de un generador cercano.
El ambiente en Steamjack's era distendido, si bien con un toque de tensión que jamás desaparecía, y rutinario. Quienes no parecían ocupados con su propio silencio charlaban entre sí en tonos bajos, se invitaban mutuamente a una copa más o detallaban con cuánta intensidad se cagaban en sus jefes ante una audiencia de lo más agradecida. Tres figuras, sin embargo, destacaban en la taberna: tres piratas que ninguno de ellos había visto nunca, un mink, un lunarian y lo que parecía ser una enorme buccaneer. En Ciudad Gear se veía de todo, y no era el tipo de lugar en que alguien te fuese a mirar por encima del hombro si tenías un aspecto extraño, pero un local como aquel era un tesoro para los locales, que tendían a desconfiar de cualquiera que pudiese venir a arruinarles su método de evasión preferido. La gramola se atascó, nada raro, y empezó a petardear en plena canción: ...chery, weakening, sees the sheep are gathering, set the tr- ¡Bum! ¡Bum! ¡Bum! ¡Bum! Un parroquiano, sentado junto a la misma, suspirando con exasperación, aparcó su bebida por un momento y, dando una calada a su cigarrillo para aliviar tensiones, comenzó le dio un fuerte golpe a la castigada gramola. Sin embargo, esta continuó: ¡Bum! ¡Bum! ¡Bum! ¡Bum! Otro de los clientes, divertido, soltó una carcajada, haciendo un ademán hacia la máquina con la cabeza: "¡Venga, prueba otra vez, hombre, que igual ahora sí la arreglas!", afirmó. No se lo tuvo que decir dos veces, y el primer parroquiano volvió a golpearla: ¡Bum! ¡Bum! ¡Bum! ¡Bum! ¡Zsssk BUM!
Una risa se cortó de golpe. El perro levantó la cabeza, y todos los presentes giraron la cabeza hacia el exterior repentinamente. Aquello no había sido la gramola, aquello había venido del exterior. El dueño del bar, sin apenas inmutarse, suspiró, acomodándose en su asiento. En el callejón tras Steamjack's, un hombre vestido con un traje gris viejo y desgastado se desangraba sobre el pavimento. El cuchillo que llevaba oculto bajo la chaqueta de poco le había servido. Para cuando alguien saliese a ver qué había ocurrido, la vida ya lo habría abandonado, y el agresor ya estaría lejos de la escena del crimen.
Karmas sensoriales
Off

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