Al paraíso - Social pasado
#1
—¿Saldrás a comprar hoy? ¿Podrías traerme ese dulce que trajiste la última vez? — juntó sus manos en una plegaria y sonrió, porque Owen le ha traído regalos. Son pocos, pero para ella significa mucho. Es la primera vez que incluso solicita algo que no necesita, porque no son necesarios para vivir, pero ahí se encontró pidiéndolos detrás de una sonrisa tímida.

—Ten un buen viaje.

Cuando no está sale a los alrededores a explorar. Tocar las flores, la tierra y juguetear con esa nueva proeza que puede hacer. Porque el frío que despede sus manos provoca reacciones curiosas en las cosas. Aunque ha de tener cuidado de que no la vean.

Juntó flores en un cesto cuando unas pisadas llamaron su atención. Se quedó quieta escuchando como el pasto hace que las mismas sean más suaves y aunque es un ritmo que no conoce, solo hay una persona que ha ido ahí — ¡¿Owen ya volviste?! Qué alegría — se volteó y cuando se encontró con la figura que tapa el sol su rostro mostró confusión.

No es quien cree.

Porque no tiene un aroma que le guste, lo reconoce. Es tabaco, pero no le gusta — Oh… lamento, te confundí con alguien más — no sintió temor, simplemente volvió a bajar las manos a las flores, acariciándolas con suavidad — ¿Te has perdido?

Aunque hay una posibilidad más.

—¿Has venido por la casa? Seguro Rack se la prestó a alguien más, como lo hizo con Owen — es un pensamiento ingenuo, porque busca una explicación para que alguien aparezca en un sitio en donde no hay nada más — Puedes pasar. No hemos tocado nada — esa es la verdad a medias. Ella no lo ha hecho y a Owen no lo puede ver, así que ¿Es mentira? — Si necesitas algo más puedo ayudarte. — sus manos se posaron a los lados de la canasta y usó sus manos para levantarse, sintiendo un ligero balanceo por parte de su cuerpo.

—Es más, te acompaño. — permaneció con las flores cerca y algo alejada a la persona nueva, aunque seguro termina acostumbrándose a su aroma, hasta que no moleste a la nariz. Solo sea un recuerdo que se desvanece con la fragancia de las flores — ¿Eres amigo de Owen también? — permaneció sonriente, incluso se rió por lo bajo — Me imaginé que tenía muchos amigos.

Pero son sus imaginaciones, porque ni esta persona o Rack son sus amigos de verdad ¡Aunque no tiene cómo saberlo! Le cree a un mentiroso, en una ceguera nueva, que no tiene nombre, pero sí le da una sensación que nunca ha experimentado.

—¿Se conocen hace mucho? Seguro que si te esperas un rato te encuentras con él cuando vuelva de comprar — avanzó con una ligera confianza a pesar de estar ciega. No es porque crea que Dios le hará un camino sin obstáculos, sino más bien porque ha aprendido con los días que esa ruta no tiene nada para temer.

Cuando la hierva desapareció y llegó ese suelo más duro avanzó con cuidado. Incluso pasar de un sitio a otro lo hizo como si hubiese una barrera que separa las cosas — Lamento la tardanza — sonrió a pesar de mostrar vulnerabilidad, porque para ella nunca ha sido un problema — Creo que la entrada está por aquí ¿no?

Movió su mano con suavidad, dando pasos cortos hasta tocar la casa, aun así de recibir ayuda no hará más que dejarse llevar.

Como una hoja en un día de otoño, el problema es que al parecer ha llegado el invierno adelantado.
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#2
Semanas. Se había preparado durante semanas para aquel encuentro. No era algo planeado, tampoco planeaba demasiado, al menos por el momento. Estaba claro que Owen parecía estar apegado a aquella mujer. No lo hacía con malicia, tenía un trabajo que cumplir respecto al menor, asuntos que atender y, por supuesto, no podía permitirle ni por un segundo un atisbo de respiro. Moria ya le había comunicado los problemas que el joven sería capaz de ocasionar. En su caso tenía ojos por todas partes. Clientes, sus propios hombres, incluso algunos que sabían pasar desapercibidos. Algo inevitable teniendo en cuenta los contactos que ya movía y seguía moviendo.

El humo de su cigarro volaba en el aire mientras el den-den Mushi sonaba. Los gemidos resonaban por vete a saber qué otra habitación, siendo que al inicio lo ignoró por completo para poder, como mínimo, terminar y, después de varias más, tuvo que cesar su “acción desenfrenada” para tomarlo, chasqueando la lengua.

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—Más vale que merezca la pena.

Sus voz, profunda, seria y sin escrúpulos era capaz de hacer temblar al hombre que estaba al otro lado del Den-Den Mushi, quien carraspeó sonoramente y claramente aflojaba su propia corbata. —Señor… ehhrr… El joven Yang está con la señorita, pero parece que en breves se separarán. No está muy lejos. Dijo usted que le comunicáramos…

El hombre suspiró, levantándose desnudo de la cama, lanzando la sábana sobre el cuerpo de su acompañante, masando su mano por su cabello, soplando el humo del cigarro que acababa de encender.

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—Encárgate de avisarme cuando se separen. Voy para allá.

La cama se movió tras él, mientras se acercaba el cigarro entre los labios. Sus ojos fueron en dirección a la misma, apareciendo de entre ellas un rostro con el cabello despeinado, la desnudez fluyendo del mismo modo que él mismo.

—Una cosa más, jefe. Parece que conoce a… ya sabe. El señor Rackham. — la mirada de Jin se ensombreció en silencio, mirando su Den-Den Mushi. Respiró, inhalando el aire de sus pulmones.

—Buen trabajo. — y, tras esas palabras, colgó la llamada, sin más explicaciones y sin siquiera ver a la mujer desnuda tras sus espaldas. —Vístete y vete.

—Hmm… ¿tan pronto? Si apenas hemos…

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—Vístete. Y. Vete.

Las palabras no dieron para más discusión. Su voz, una vez más, profunda y grave, severa, daba a entender claramente que si no obedecía habría consecuencias graves. En esa ocasión obedeció sin dirigir una palabra más, solo corriendo a toda prisa y saliendo de la habitación. Aparentemente Rackham parecía haberse adelantado… O eso, o sencillamente Owen estaba cumpliendo con el pedido antes de lo que él mismo había pensado. Eso era buena señal.

[***]

Y allí se encontraba, de nuevo con el cigarro, esta vez nuevo, entre sus labios, y perfectamente vestido con su característico traje, el cabello bien peinado y su corbata perfectamente acomodada. Podía ver la distracción de un Owen sonriendo de oreja a oreja, sus mejillas sonrojadas, en la lejanía. Se había preocupado de no ser detectado por él, por supuesto, moviéndose entre las sombras, pasando desapercibido entre otras personas. Su oportunidad de acercarse ahora era de oro y, desde luego, no la desperdició. Sus pasos, firmes y seguros, fueron directamente hasta la muchacha quien lo confundió. ¿Ciega? Era un detalle que parece que omitieron o se olvidaron de mencionar. Sus ojos la analizaron de arriba abajo, analizándola. Su altura era mayor a la de Owen, pero estaba claro que si incluso “viéndolo” no apreció la diferencia en un inicio, no era lo que pensaba.

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—En absoluto, señorita, no me he perdido.

Sus palabras, cargadas de cálculo y calma, aunque era complicado por su timbre de voz, buscó que fuera lo más amable posible. Su sonrisa, cargada de maldad, se reflejaba cada vez más en su rostro. Irónico que también mencionara al ese Rackham. Ahora parecía que todo se iba uniendo, pieza por pieza. ¿Quizás fuera a servir más adelante? Apagó, de forma despreocupada, el cigarrillo en la cajetilla de metal que cargaba, enfocando sus ojos azul pálido en ella. —Los conozco a ambos, así que podría decirse que algo así puede ser. — ¿Amistad? Qué ironía. No mintió, pero sí que dejó que ella misma se creyera su propia historia. Inclinó su espalda, buscando ahora ponerse a su altura, con ambas manos acomodándose en los bolsillos. —Owen tiene unas amistades… podríamos decir que peculiares. Podríamos decir que conozco algún que otro familiar suyo. — hizo una pausa, irguiendo su cuerpo nuevamente, caminando hasta posicionarse a su lado.

—Señorita, permítame ayudarla. — tomó una de sus manos. —No dudo que estará acostumbrada en caminar, pero me gustaría que me permitiera ayudarla. Solo guíeme. — la forma en la que tomó su mano fue delicada. A diferencia de sus acompañantes nocturnos… bueno, sin contar el inicio, por supuesto. ¿Qué mejor que ganarse su confianza desde el principio? Parecía pura e inocente y, por experiencia, eran las primeras siempre en caer.

—Sí, estamos aquí. Permita que abra la puerta, señorita. — se adelantó, sin soltar su mano, abriendo la puerta por su cuenta y guiándola hasta el interior de una casa que ni conocía. —¿Entonces, Owen vive aquí temporalmente? Siento curiosidad por ver que alguien como usted lo esté acompañando.

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#3
—Huh, así que son amigos los tres — no hubo sospecha de nada, en realidad es natural que pueda pensar algo así. Aunque la amistad parece no ser la palabra correcta ahí. La ha puesto porque no conoce una más adecuada, porque no puede ver una realidad que se esconde, no solo para ella, sino la mayoría — Oh, nunca me ha hablado de su familia. — es un tema que no toca, como si no existiera y hay tantas cosas de las que hablar, que en realidad no le importa tocarlo, porque además… ella tampoco tiene una tradicional y cada vez le parece menos lo que debería ser una familia.

Tomó la mano ajena, está cálida, por eso es que no dudó en avanzar un poco más, desde la punta hasta la palma avanzó con sus dedos, en un cosquilleo suave para ambos — ¿No será al revés? Después de todo, no puedo ver — se rió de la situación, porque su ceguera no es causa de dolor o llanto, ya no existe arrepentimiento. Simplemente lo ha aceptado como su realidad, una que no va a cambiar — Pero dentro de la casa estaría bien — sostuvo la canasta con un brazo, no es tan grande como para que sea problema y carga con flores, que las mismas a penas dan peso.

Asintió, notando como la puerta lanza ese chillido suave, mientras la madera del piso produce otro sonido. Se movió con tranquilidad, porque ha aprendido por donde andar — Si, me dijo que se la habían prestado. — caminó sin tanto cuidado, contando los pasos hasta la mesa. Una vez se encontró enfrente dejó el recipiente hecho de madera y se volteó al hombre — ¿Es raro que tenga compañía? Siempre me pareció una persona que debe estar rodeado de gente — su rostro mostró duda, porque con ella ha sido amable, más de lo necesario, pero tanto como le gusta.

—Pasa, ponte cómodo… creo que en la cocina hay algo para beber. Quizás hay un desastre, porque bueno Owen está intentando aprender a cocinar — una risa se le escapó con suavidad ante ese comentario, porque le gusta probar cosas nuevas, incluso si el pelirrojo dicen que no le han quedado buena ¡Qué importa! Todo lo que hace lo come sin problema, agradeciendo la intención.

—No me dijo que tendría visitas ¿De dónde se conocen? ¿Son cercanos? — se mostró curiosa por el pasado de alguien que aprecia, quizás es la esperanza de saber más y conocer un lado que aún no se atreve a mostrar — ¡Qué torpe! No te he preguntado tu nombre, creo que sería bueno saber con quién hablo — juntó sus manos y avanzó con cuidado al sillón, usando su mano para trazar su silueta. Incluso si recuerda cosas de la casa, no la conoce de memoria.

—Mi nombre es…

Se sentó finalmente y pensó bien las palabras que dirá, porque es la primera vez que se lo dice a alguien más ¿Debería? ¿Y si piensa que es ridículo?

—Gwendolyn… — carraspeó luego de decir su nombre, porque es raro, pero si lo ha pedido es para usarlo — Yang…

Apretó de manera suave el vestido en la zona de los muslos para calmar el nerviosismo. Uno que no sabe por qué está ahí, si no ha hecho nada malo. Es lo normal cuando la gente se vuelve familia y quiere permanecer junta ¿No?

—M-Mucho gusto

¿Para mí o para tí?
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#4
Una vez más, dejó que creyera en las palabras que ella misma pronunciaba. No estaba allí por casualidad, desde luego que no. Su calma se mantenía, sus ojos se fijaban en ella, en su andar, en la casa incluso. —Bueno, no soy tampoco quién para meterme en sus asuntos privados, ni hablarle de la familia que tiene el joven Owen, como bien comprenderá. — eso solo podría ser otro asunto. La vida privada de Owen, igual que la suya propia, lo mejor era conservarlo, solo en caso de que guardara algún otro secreto de ella que él pudiera aprovechar a su favor. Las cosas irían despacio.

—Cierto, cierto, pero estoy seguro que incluso si no ves, conocerás mejor el lugar que yo, ¿me equivoco? — su voz, calmada, hablaba en un tono lento, sincronizándose con un intento de calma que intentaba no sonar amenazante. Aún así, los pasos iban con calma y seguridad hasta la zona, parecía que ella no lo rechazaba, al menos no del todo, así que solo la guió hasta donde asumió que debía hacerlo. La puerta terminó de abrirse por completo, mientras volvía a acomodar su mano en la ajena. Sus ojos aprovecharon para contemplar el exterior antes de cerrarla, en busca de cualquier atisbo que pudiera amenazarlo. No deseaba que Owen llegara tan pronto, aunque no lo rechazaría si lo hiciera. Sería divertido ver cómo iba a actuar cuando viera que conocía su pequeño secreto. Su sonrisa, cargada de malicia, se dibujó en su rostro de oreja a oreja a la vez que cerraba por completo la puerta. Jugar un poco a fingir ser un buen tipo podría ser divertido, y más si Owen se presentase por esa misma puerta.

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—Suele tener algo de compañía. Algo un poco… diferente.

Perseguido en otra isla, búsqueda de venganza, estaba claro que la inocencia de la mujer era mayor a la esperada. La siguió guiando hasta donde ella ya parecía conocer mejor, la zona de la cocina, sin dejar de contemplar a la mujer en absoluto silencio, estudiando sus andares, sus movimientos, analizando incluso su forma de respirar. Cualquier cosa que pudiera darle cualquier pista al respecto. —Si tanto interés tiene en el joven Yang, debería preguntarle usted misma. Soy una persona que respeta la intimidad de otros, como podrá apreciar.

Por fortuna, el aviso de la mujer ya lo había alertado del desastre que transcurría en la cocina. Estaba claro qué intentaba hacer, no solía poner tanto empeño en algo así. Sus ojos regresaron a la mujer, ahora sí, dejando que se moviera por sí misma. —Si lo desea, mientras espera a Owen, puedo ayudarla a ordenar un poco el desastre. — algo que no solía hacer realmente, quizás algo nuevo incluso para él, quien había vivido desde niño en la inmundicia, pero ahora solo deseaba pulcritud incluso en su propio físico, aunque mal habituado en secreto en no hacerlo él mismo. Inconscientemente, retiró una pequeña cajetita de metal, con una fila de cigarrillos perfectamente ordenados, un mal hábito que no parecía corregir ni le habían intentado corregir, omitiendo cierta persona.

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—Somos… más o menos cercanos. Nos conocimos digamos que de forma algo fortuita. Algo así.

Se acercó a la mujer de nuevo, esta vez a sus espaldas. Era más alto que Owen, algo que probablemente la mujer ya había apreciado. Sus manos, en ambos lados de la encimera, a la vez que la mujer se presentaba. La sonrisa no hizo más que ensancharse todavía más, sus labios ahora acercándose en el oído de la joven.

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—Por cómo parece ser tímida con su apellido, ¿puedo asumir que puedo llamarla solo por su nombre?

Se quedó así por algunos segundos, esperando cualquier tipo de reacción, desde el intentar empujarlo para mantener distancias, hasta el buscar una excusa para que se alejara. Eso estaba siendo divertido, más de lo esperado. —Pero vine sin avisarle, quería darle una pequeña sorpresa, aunque no esperaba encontrarla a usted, señorita. — Ahora sí, fuera cual fuese su respuesta, apartó su rostro del oído de la mujer, con el cigarrillo apagado entre sus dedos, sin dejar de verla directamente al rostro. Si fuera material para uno de sus negocios, una pureza como la suya desde luego sería digno por algunos meses, hasta que se rompiera… Y quizás, sus órganos, podría aprovecharlos, pero por el momento, no la tocaría, dado que solo daría una razón a Owen para romper el pacto. —El placer es todo mío, señorita Yang. ¿O prefiere que la llame señorita Gwendolyn? — su voz, profunda, lenta, casi sonaba a una amenaza silenciosa, algo involuntario, inconsciente, su propia voz solía ya de por sí provocar aquella sensación.

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—Soy Onizuka Jin. Puede llamarme solo Jin si le resulta más cómodo.

Hizo una nueva pausa, sus ojos ahora viendo de reojo el cigarrillo apagado de entre sus dedos. —¿Le molesta si fumo, o prefiere que el hogar sea libre del olor? Soy consciente de que a algunas personas puede resultarles desagradable y no me importará esperar hasta marcharme si se da el caso. 


Karmas activados
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#5
—No te preocupes, no es necesario — aunque ella no puede hacerlo, tampoco le molesta que el desorden exista. Supuso que es porque no puede verlo en realidad, además no debe ser muy terrible. Solo un par de platos tirados por ahí en la mesa — Ya quedará limpio cuando llegue Owen. Yo lo haría, pero aun no conozco la cocina y podría lastimarme al intentar tomar un cuchillo — ha ocurrido antes en la iglesia, en un intento de ayudar ha causado más problemas, por lo tanto ya no existe amago de aventurarse a ese sitio.

—Muchas de las reuniones son así — fortuitas, porque ella no ha planeado encontrarse con nadie en su camino, todos han aparecido en lo que en un principio han sido milagros que ha pedido — Pero me gustaría pensar que estaba planeado — no habló de Dios, pero lo pensó. Existió esa creencia de que todo ocurre por alguna razón, aun así ¿Por qué es este encuentro entre ambos? Si no la viene a ver a ella, sino a alguien más.

La cercanía entre ambos no la alertó, el contacto con otros nunca ha sido problema, sino parte de la cotidianidad. O así debería ser, el susurro cercano le provocó una sensación que la obligó a revolverse con suavidad, sus hombros subieron en un escalofrío que no escondió — Gwen está bien — habló con rapidez, como si le hubiese exigido que la respuesta llegue lo antes posible, aunque ninguna de esas palabras ha salido de los labios ajenos. — Mi apellido no lo uso mucho — bajó la voz al decir lo último, pero lo suficiente como para que lo pueda escuchar — Es nuevo.

Como si fuese un accesorio, algo que puede poner y sacar. Quizás no entiende el peso del mismo, tal vez la inocencia la ha cegado más de lo que debería ¡Hay muchas cosas que podrían ser! Pero ninguna es una advertencia de que no lo haga, de que es un juego el cual no está lista para jugar.

—Ah, preferiría que no, Jin. Pero si sientes que es necesario adelante — se deslizó con suavidad, alejándose de él, porque la interacción le ha traído una sensación tan extraña que ha llamado ligeramente al invierno, ese frío que no controla cuando los sentimientos se escapan. Seguramente puede sentir el frío que ella ya no vive, es una helada mañana de primavera, que amenaza con volverse un día gris de invierno de sentirse más incómoda. — Dejar los vicios es algo complejo — para el hombre que vive para ellos, lo es.

Quizás debería incitar a hacerlo, hablarle de lo que ha aprendido en la iglesia, pero es una sensación extraña la que le produce, que no ha sentido antes. Porque el temor a un hombre que no ha causado nada no tiene sentido — Uhm — se movió de manera torpe, porque se ha perdido en dónde está, su mano tocó lo que hay alrededor, encontrándose una vez más. — Si quieres puede sentarse en el sillón — un suspiro salió de sus labios sin saber qué más decir, seguramente por eso cuando encontró el canasto que está lleno de flores lo tomó y avanzó también al sitio que ha nombrado para descansar. — Así me haces compañía.

Tuvo cuidado en sus movimientos y no pidió ayuda para llegar a ningún lado. Todo habría sido más fácil con el bastón, pero ese sitio se ha vuelto un lugar tan cómodo que ya no lo necesita ¡Claro! Sin visitas de extraños que parecen alterar sus sentidos — ¿Vienes de un sitio muy lejano? — ya sentada en una esquina, tomó una de las flores y la giró. No puede verla, por lo tanto no tiene color, pero sí un aroma suave si se le presta atención.

—Lamento estar tan lejana… es solo que uhm — buscó la verdad disfrazada, pero solo queda la mentira ¡En un horrible pecado que no quiere cometer! Porque ha vivido siempre bajo la dulce honestidad — No me siento muy bien y no te quiero incomodar — eso es cierto, porque algo le ha producido que no es disgusto, pero sí le acelera el corazón ¡No como Owen! Es diferente, porque Jin llama al invierno, cuando el pelirrojo trae a la primavera.

Tomó las flores y no dudó en mover los tallos, enhebrándolos con lentitud para no lastimarlas demás — Si necesitas algo, puedes decírmelo. — un ofrecimiento típico, que viene de la inocencia y la amabilidad — Seguro que puedo ayudarle.

O quizás no, pero la oferta existió.
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#6
La sola idea del accidente no hizo más que llenarlo de pura satisfacción. Un pequeño susto, como advertencia a Owen, fingiendo un accidente de la propia ceguera de la mujer no era tan mala idea. Allí se agregaba su amor al sufrimiento, poder imaginar el rostro de Owen cargado de dolor era un deleite para su persona y viendo semejante inocencia en aquella mujer ya era más que suficiente.

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—Cierto, sería una verdadera lástima. Deje que recoja al menos los cuchillos.

Planeado. Oh, desde luego que lo estaba. Sus ojos la exploraron ahora de arriba abajo. ¿Siquiera sabría algo? Quién sabe, pero no importaba. —Gwen será entonces. — no pasó desapercibido el detalle. Era consciente de la presión que podía ejercer en la mujer solo con su presencia, y ya ni mencionar su voz, utensilios que usaba contra sus propios hombres para encontrar completa y absoluta obediencia. Podía sentirla, cómo ella ni lo podía fingir. Tomó distancia, dándole el espacio necesario para que pudiera respirar pese a que la había acorralado. —Disculpe, me cuesta un poco no intimidar a la gente. Ya ve que tengo una voz algo diferente, es inconsciente. No soy mala persona. — No era fortuito, había sido entrenado para ello —Sin embargo, siento curiosidad. ¿Por qué dice que su apellido es nuevo, señorita Gwen?

La negativa era clara, aunque educada. Abrió su pequeña caja de metal, reacomodando el cigarrillo en el interior del mismo. —No se preocupe, ante todo, tengo cierto respeto. Puedo fumar un poco más tarde. No sería de buena educación por mi parte y no quiero faltarle al respeto a una amiga de Owen. — Por un rato más dudaba que tuviera problema, solo era un fumador compulsivo y había fumado ya antes de estar allí, pero nunca se acostumbraba a no tener un cigarro entre sus labios. Sus ojos siguieron los pasos de la mujer, quien ahora tomaba distancias. Era fácil acercarse, pero debería tener cuidado con lo que iba diciendo.

—No se lo voy a negar. — cerró la cajetilla de metal, volviendo a acercarse a ella, aunque no al mismo nivel que anteriormente, sino con una distancia algo más larga. —Dejarlo es más difícil de lo que me gustaría admitir. — Tomó la misma confianza que cuando la conoció, tomándola con cuidado de la mano, luchando para mantener una voz más suave y agradable, aunque su tono profundo no ayudaba mucho. —Deje que la ayude. No vaya a ser que se haga daño con algún cuchillo, Gwen. — la soltó poco después, de ese modo procurando que no lo viera como amenaza, dejando que tomara su cesto.

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—Será un placer acompañarla.

Sus ojos volvieron al desastre de la cocina, ahora arqueando una ceja. Si parecía esforzarse tanto ese joven, estaba claro que esa mujer no era cualquiera. Eso… solo lo hacía todo más divertido. —Deje que la lleve, no quisiera que se golpeara contra algún mueble. — de nuevo, con una mano esta vez en su antebrazo, sin llegar a apretarla sino solo en un toque suave, la fue guiando hasta donde pudiera al verla tambalearse y la soltó una vez la vio sentarse, acomodándose ahora sí, a su lado. Mirara por donde la mirase, solo irradiaba pureza e inocencia, no le sorprendería si tuviera creencias demasiado puras. La pregunta lo tomó desprevenido, debatiendo mentalmente qué tanta información era buena idea mencionar.

—Vengo desde Sorbet por asuntos laborales, suelo viajar a menudo. — una pequeña pausa, ahora él mismo se sintió incómodo. Juntó ambas manos, frotándolas entre sí, evitando una mirada que irónicamente ella no vería. Agradecía aquel ligero y pequeño detalle.

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—Si me pregunta de dónde soy, ni siquiera yo mismo lo sé exactamente.

Evitó su mirada, volteándola en otra dirección, gesto que claramente ella no vería y fue un acto involuntario. Ni siquiera se había dado cuenta de que su mano se había posicionado entre sus labios, como si hubiera tratado de ocultar aquel detalle que podría resultar insignificante. Sin embargo, su voz no parecía verse alterada en lo absoluto, de nuevo, un entrenamiento mental diario al que se había habituado. —He viajado mucho. — volvió la mirada hacia la joven, juntando sus propios dedos, con los codos sobre sus propias rodillas. —¿Y usted, señorita? ¿Viene desde muy lejos? — apreciaba la flor, reconociéndola como un lirio blanco. Cualquiera que viera esa escena vería completa belleza y armonía en aquella figura y la flor, bueno, cualquiera… menos él mismo, a quien le pareció indiferente. Su mentira, además, era demasiado obvia. Escucharlas a diario lo había convertido en alguien capaz de captarlas prácticamente al instante.

—No se preocupe, Gwen. Soy consciente de que puedo dar algo de miedo. — fue sincero, directo, como siempre. —Quien no desea incomodarla soy yo, señorita. Siempre doy este tipo de impresión, y… — una vez más, regresó, aquella sonrisa confiada, cargada de maldad y malicia. —Nunca me dan la oportunidad de conocerme. Es un poco solitario. — un juego donde tanteaba el terreno, viendo qué tipo de inocencia tenía, o si era más lista de lo que aparentaba. —Me gustaría saber de usted, señorita Gwen. — se puso en pie, tomando uno de los lirios que observó de forma impasible. Nunca llegó a comprender qué era lo que les parecía “bonito” de una planta que moriría en poco tiempo. —No rechazaría un café… pero el estado de su cocina no creo que sea el mejor para poder pedírselo. Puedo hacerlo yo mismo si me lo permite.

Pensó en la oferta, era genuina, algo que por supuesto quería aprovechar. —Si necesitara algo en el futuro, ¿También me lo reservarías? — su voz sonó suave, con cierta provocación y, por una vez desde que se conocieron, había dejado de ser formal para volverse más directo.
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#7
Hace muchas preguntas y no tuvo miedo de responderlas, porque no ha dicho nada malo. No le pareció que exista una razón para esconderlo — Porque me lo dio Owen. Ahora somos familia y... ha dicho que nos vamos a casar — es una simple respuesta, para una pregunta que quizás espera otra cosa. Un secreto enorme, una razón especial, pero la simpleza de la honestidad salió tinturada de vergüenza. Sigue siendo extraño, una situación que no pensó que pasaría, pero que le gusta.

—No te preocupes, puedo hacerlo sola — no es un rechazo, es la ansiedad de querer la independencia, una que ha conseguido con trabajo y paciencia. — Conozco este hogar muy bien — pero eso no quiere decir que a veces no se equivoque, que la oscuridad que tintura cada cosa no la confunda. Porque es así, solo basta perturbar uno de los sentidos que le quedan para que las cosas se hagan más complejas.

—Entiendo, espero que tus viajes sean buenos. Pediré por ti, Jin — porque una persona más a la lista no le quitará más segundos, sino que podría alargar la vida de alguien más. — … Yo tampoco sé de dónde vengo. Me perdí en una tormenta — pero ha dejado de importar. No le interesa saber dónde está ese pasado que ya no quiere revivir, las paredes con aroma a incienso y el sonido de los pasos resonar. Es una vida vacía, mientras la que tiene ahora está llena, tanto que las horas del día no son suficientes.

—Pero ya no me interesa volver, estoy bien aquí con Owen — aunque no es para siempre, se sintió contenta de poder conocer la normalidad de un hogar, que se ha hecho con personas que no conocen uno de verdad ¡Qué irónico! — He probado un montón de cosas y he hecho cosas que no pensé que haría — trenzó los tallos con suavidad, no hay necesidad de ver, porque conoce el proceso de memoria, las manos se mueven sin necesidad de pensar siquiera, en un movimiento mecánico que la calmó.

—No te preocupes, las primeras impresiones no lo son todo  — ¿No le ha dado miedo?, ¿Va a mentir de esa manera? Se mordió la lengua con suavidad, porque ha aparecido la tentación de esconder la verdad, de que no se siente así ¡Es una mentira piadosa! Porque podría hacerlo sentir mal — A fin de cuentas lo importante son nuestras acciones e intenciones — no hay nada que la haga sospechar, solo una corazonada salida de la nada — Qué te gustaría saber de mi. La verdad es que soy una persona poco interesante — se rió al decir eso, es la vergüenza de no tener nada para ofrecer — Crecí en una iglesia humilde y hasta hace muy poco no conocía el mundo.

Finalmente terminó, paseó sus dedos por lo que ha hecho y se levantó. Caminó un par de pasos con cuidado, hasta que quedó frente a Jin, no dudó en ofrecerle el objeto. Lo alzó ligeramente, buscando las manos de quien la acompaña para asegurarse que la tenga  — Para te — es una corona, para un Rey que esconde un tirano quizás, pero no pudo ver lo que hay detrás. — Puedes preguntar lo que gustes, pero posiblemente no pueda responder la mayoría, no porque no quiera, sino porque no tengo la respuesta.

Avanzó a la cocina con cuidado, sintiendo el ligero aroma de las frutas que tienen — Claro que puedes preparártelo. Una pena que eso no pueda hacerlo yo — con su mano hizo una seña que pase primero a la zona, para luego ella posarse en la entrada. Permaneció recostada ligeramente en el marco, con ambas manos tocando la madera — Si hay algo más que quieras, puedes sacarlo sin problema. — osadas palabras, para alguien que no ha comprado nada, pero se mostró dispuesta a entregar todo lo que tienen, porque ¿Para qué aferrarse a lo material? — No creo que le moleste a Owen.

No se incluyó en la oración, porque si al pelirrojo no le causa conflicto, menos a ella.

—Hm sobre tu consulta… depende de lo que quieras, Jin — porque ha dejado para el final el tema. No existe razón para aplazarlo más que pensar en una respuesta — Si me pidieras algo imposible, creo que tendría que negarme. No puedo hacer milagros, lamentablemente — se volvió a reír, porque esa oración carga un secreto escondido. Porque en el pasado nunca pudo, pero se creyó que sí — Pero si es algo que esté en mis capacidades… no veo por qué no lo haría, me gusta ayudar a los demás.

Pero es difícil cuando no se conoce al mundo y no puede comprenderlo por la visión.

—Y si no es pecado, claro.

Porque solo se permite romper las reglas con una persona.

—Aunque no creo que le pida a una desconocida algo así. ¿No?

¿Pregunta o advertencia?
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#8
Su afilada mirada se deslizó lentamente en la mujer, a la que ahora contempló con mayor interés. —Con que “familia”, ¿eh? — su voz sonaba seria, ahora analizando con más ímpetu el rostro de la mujer, con la misma calma inicial.

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—Me pregunto si su madre sabrá algo.

Expulsó la bomba en una media sonrisa, cargada de orgullo, diversión. No la dañaba, no planeaba hacerlo, no de momento al menos y, aún así, quería tantear el terreno, lento, despacio, ver hasta dónde alcanzaba esa confianza. —Ya que menciona que se van a casar, estoy seguro de que Owen le habrá dicho un poco sobre… “su querida familia”. — su voz, grave, suave, ahora estaba más cargada de confianza que al inicio. Se puso en pie, brindándole de nuevo espacio a la muchacha para darle tiempo a pensar.

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—¿Aquí con Owen? Oh, ya veo que no se lo ha comentado todavía.

La vio de reojo, divertido. No pensó que conocerla directamente iba a resultar una experiencia tan… ¿Acogedora? No, desde luego que en su mente retenía toda esa información, la que ella brindaba, la que fuera a brindar y la que ya conocía de por sí. Su mente hacía nuevos cálculos, tenía mayores ideas… Todo con tal de conocer mejor la situación del joven pelirrojo. —Estoy seguro de que pese a la tormenta que la hizo perderse, siguió adelante. No la veo afectada, eso la hace una señorita bastante valiente. — halagos que aprovechaba con sus palabras, realizando en silencio una obediencia al ponerse en pie frente a ella. Tomó las manos de la muchacha, guiándola con aquella corona de flores por la parte superior de su cabeza. —Soy un poco alto, si quieres que me agache. — aún así, lo había hecho naturalmente con su propia cabeza. Incluso cuando las manos soltaron aquella corona de flores sobre su cabeza, no retiró las propias, pasándolas por su propio rostro. —Estoy seguro de que me podrás “ver” con las manos. No me parecería justo que no pudieras saber qué tipo de rostro tengo y solo reconocieras mi voz. ¿No estás curiosa? — sus manos sujetaron ahora con mayor delicadeza los dedos de la mujer, entrelazándolas entre sí, guiándola por sus rasgos afilados, su propia cicatriz en el lateral de su frente, la forma de sus ojos al cerrarlos él mismo para que los percibiera, sus cejas, nariz, labios. En el momento de alcanzar éste último mantenía una expresión neutral para que no sintiera la diversión por la que, en su interior, estaba sintiendo.

Poco tardó en apartar las manos de la mujer, soltando a propósito lentamente los dedos, descruzándolos de ellos. —Lo tendré en cuenta. Por ahora, estoy interesado en saber cómo conoció a Owen. — regresó a su tono más profesional, separándose de ella, caminando a su lado hasta la cocina.

Una vez obtuvo su permiso, se acercó a la cocina, buscando la cafetera y preparándola. —Gracias señorita. Me aseguraré de hacerle uno para usted también como agradecimiento, y lo que sobre, por supuesto, para Owen. — El sonido del agua, acompañado de un utensilio con el que llenó el café y el fuego encendiéndose, sonidos que la joven probablemente iba a escuchar. Pronto comenzó a buscar en su bolsillo algo, algo que abrió, el sonido metálico característico de su cajetilla de tabaco propio, el sonido de sus dedos y, pronto, el sonido de su propia voz. —Ah, cierto, le prometí no fumar. — El “clic” metálico volvió a sonar, al momento que la cafetera silbaba como aviso de que había terminado. —¿Lo prefiere solo o con leche? ¿Quizás prefiera azúcar, señorita?

Dos golpecitos, uno de una taza, el otro de la segunda taza, el líquido fluyendo de la propia cafetera, el sonido de la misma disminuyendo y, en su caso concreto, agregando leche. En caso de que la mujer hubiera aceptado, también agregaría el líquido en la segunda taza, dejando fluir los sonidos y acercar la taza hacia él, dando el primer sorbo y, en caso de que la mujer hubiera aceptado, entregarle la taza a ella.

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—Nunca pido imposibles a nadie, señorita.

Sus labios volvieron a dibujar una sonrisa cargada de malicia mientras pronunciaba dichas palabras, algo que sabía que la mujer no iba a poder ver, aprovechando ese mismo instante para dicho gesto. Su propio interior reía, imaginando el rostro de Owen. —¿Un pecado? ¿A usted? — su voz descendió de volumen a la vez que la propia taza que alejaba de entre sus labios. —¿Me crees capaz de algo así, Gwen? — de nuevo, variando de la formalidad a la informalidad, preparado para todas las preguntas. —Pensé que habías dicho que las primeras impresiones no lo eran todo, pero tu duda me hace cuestionarme si realmente piensas así de mí. — Su voz sonó ésta vez más baja, íntima, su rostro cerca del de ella, sin romper demasiado la distancia, pero sí lo suficiente para que ella sintiera el rostro de él.
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#9
—No me da miedo el mundo exterior — sonrió con suavidad, porque esa es la verdad. No le da miedo el exterior, porque siempre se ha encontrado amabilidad en él, gente que le presta ayudar — Decir que es valentía es mucho mérito — no es valentía, porque no existe temor, por lo tanto ¿Es valor o simple ignorancia?  — Me hago una idea de cómo eres si… me dejas… uhm — ¿Suena tocar muy mal? Inspeccionar muy frío — Palpar tu rostro — no es lo mejor, pero no supo cómo más decirlo. Con Owen es más simple, porque no le ha pedido nada, simplemente lo ha hecho un montón de veces sin darse cuenta, hasta que parece que se lo ha aprendido de memoria.

Se dejó guíar, aun así no es un tacto que quiera, hay algo en él que le crispa la piel. A pesar de sus instintos, siguió con suavidad avanzando por donde el le deje. Son rasgos más masculinos efectivamente. Se preguntó si podrá sentir lo fría que está, ese invierno que llega por la incomodidad. No está cómoda haciendo esto.

Que la dejara ir la hizo soltar un suspiro que no controló. Es soltar el aire que se quedó atrapado todo este tiempo, como si no quisiera hacer nada para no provocar algo más. Un resalto, una emoción que no pueda ver o controlar, pero nada ha ocurrido — Lo conocí de casualidad. Estaba atrapado… — no dijo por qué, incluso se rió incómoda al recordar su primer encuentro, aun así no le disgustó — Y se soltó para ayudarme, fue una situación curiosa — su gesto de felicidad de ensanchó, demostró que hablar de él parece traerle una dicha genuina que no escondió — Y de ahí hemos estado juntos todos estos meses.

Meses, no son pocos días. Es mucho más tiempo del que esperó y que habría deseado que fuese eterno. No le importó perder su rumbo y quedarse en un sitio si es seguir viviendo esa fantasía.

—Con leche y azúcar está bien. Gracias — juntó sus manos y esperó que llegue el objeto. No tardó en tomarlo con cuidado cuando apareció cerca — ¿Es bueno cocinando también?

Una pregunta que nace para rellenar el vacío, el encajar nuevas piezas para saber un poco más de él. Es parte del pasado, alguien que ha tocado la puerta cuando a quien busca no está ¿Una casualidad? Lo aceptó como tal, simplemente porque el pensar mal de los demás jamás ha sido parte de su naturaleza.

Su acusación la hizo detener el beber. Bajó la taza con cuidado y volteó el rostro de donde viene su voz — El hombre está acostumbrado a pecar según la iglesia en donde crecí — movió la taza con cuidado, hizo girar el contenido en un remolino que no puede ver, pero que ahí se encontró — Solo sigo las enseñanzas con las que aprendí… siempre me dijeron que el mundo exterior era un sitio… — no pudo terminar, incluso chasqueó la lengua como si quisiera encontrar la palabra correcta para la situación — Con tantos peligros que no debería salir.

Porque ciega no los puede ver, por lo tanto le asecharán de más cerca.

Lo sintió cerca y tragó saliva. Muy cerca, tanto que su mano dejó a la otra cargando la taza, en busca de interponerse entre ellos dos. Es un reflejo que no ha nacido nunca antes, pero que ahí apareció, volviéndose un muro entre ambos.

Es pequeño y frágil, pero es lo único que se encontró.

—¿Es importante lo que piense yo de ti, Jin? No soy nadie después de todo — una desconocida, una persona cualquiera que quizás se vuelva a encontrar por tener a alguien en común, nada más. — Pero tienes algo que… algo que me parece extraño — la honestidad salió finalmente, como si hubiese brotado de la presión. No son flores de primavera ¿Qué será entonces? — Pero no podría reconocerlo o entender la razón. No me había ocurrido antes.

No puede verlo, pero sí sentirlo ¿Y de dónde viene? ¿Dónde, dónde, dónde?

—Quizás si escucho lo que quiere, pueda saber si estoy equivocada o no. El instinto a veces juega malas pasadas — dio un paso atrás, se encontró aun así con la pared, indicando que el único escape es adelante, empujarlo, decir que se aleje — Hasta ahora no ha hecho nada para que tenga que dudar.

Hoy no, pero ¿Qué tal mañana qué tal?
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#10
Pareció pensárselo demasiado, aunque solo fuera una sola palabra. ¿Buscaba la formalidad que él le estaba ofreciendo? ¿Quizás el temor de que buscara algo más en ella pese a que le había aclarado sobre aquella extraña futura boda? No era relevante.

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—Señorita Gwendolyn, no hace falta que sea tan reservada conmigo. No busco incomodarla en lo absoluto.

Permitía que palpara sus rasgos faciales, su piel ya de costumbre más fría de lo normal, algo que su propia palidez ya gritaba, aunque no si, como la muchacha, no se le podía ver. No se llegó a apartar, ni siquiera a pestañear más que cuando los dedos de la mujer pudieran dar directamente en el ojo, ya que era un impulso instintivo.

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—Parece un poco tensa, señorita. ¿La incomodé? Quizás debí esperar un poco más.

Sus ojos, pese a las palabras pronunciadas, una vez la dejó ir, se clavaban fijamente en la mujer, analizándola como si fuera una especie de joya, y no precisamente por belleza, sino como la de un propio tasador. Había percibido demasiado claramente el suspiro de alivio, pero parecía que hacía bien su trabajo de mantenerla confundida respecto a qué tipo de persona era él.

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—El joven Owen siempre ha sido un poco… torpe a su manera. A veces parece un niño, ¿no le parece?

De nuevo, el sonido de la tela de la ropa, mano acomodándose en el bolsillo, rebuscando algo, de nuevo dando la sensación de que el mono de querer fumar lo pudiera estar afectando. Sin embargo, lo llevaba mejor de lo que aparentaba. —Leche y azúcar, desde luego, no se preocupe. — Sus ojos se enfocaron al café que estaba terminando de preparar, mirándolo con una mezcla de indiferencia pero interés.

Contenido Oculto

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—Dependiendo del plato, puedo hacer algunos exquisitos.

Sus ojos se elevaron, ahora contemplando a la mujer, con más atención. —No tengo el nivel de Uker, por supuesto. No soy un cocinero y quizás me mal acostumbré a que me prepararan los platos, aunque nunca rechazo comida. — un pasado que lo había dejado atrás, uno en que los alimentos escaseaban. Un silencio, de nuevo corto, pero más intenso que los previos. De todos modos, mantuvo la misma serenidad con la que había estado toda la conversación, dando un sorbo a su propio café, asegurándose de que ella lo escuchara beber para darle entender que, efectivamente, también se había hecho uno para sí mismo. —Quizás le pueda enseñar un par de cosas a Owen y a usted.

Oh, allí estaba, un poco de información. Una iglesia. Claro, tenía sentido si tenía unas creencias religiosas tan cerradas. Entrecerró ligeramente sus ojos, en una expresión concentrada. ¿Quién sabe? Poder conseguir algo de allí podría hasta resultar útil. ¿Lo malo? A saber cuántas islas e iglesias había por todos los mares. Por el momento, indagar un poco más sería buena idea. Apoyó ambas manos sobre la encimera, al menos en el espacio que todavía tenía, dejando la taza de café sobre ella. —¿Y usted cree que todos los hombres pecamos, y nunca las mujeres? Dudo que sea el caso, señorita. — y más conociendo su propia línea de trabajo, una que por el momento no iba a mencionar… o quizás nunca, dependería de las circunstancias. —Quizás en su isla tuvieran costumbres distintas. En Sorbet, en Kárate… Incluso en Samba las costumbres son distintas. ¿No ha oído hablar de una isla donde solo existen mujeres acaso? ¿Cree usted que ninguna de ellas habrá pecado?

Notó su tensión, y fingió que no era el caso, elevando su mano derecha, acomodando su índice bajo su mentón de forma que pudiera guiar su cabeza directamente a su rostro, sabía que no le vería, no le importaba, era suficiente. Ese gesto apenas duró unos segundos, con un solo pensamiento en mente. “Solo un poco más.” Era cuestión de mostrarse de confianza, nada más, para conseguir un poco más de información.

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—Por supuesto que es importante, Gwen.

Hizo una nueva pausa, sin dramatismos, retomando su taza, volviendo a mantener las distancias, suficientes para que respirase de nuevo si era el caso, dando un sorbo a su propio café, una vez más, con la mano hurgando en su propio bolsillo. —Eres la futura esposa de Owen, y conozco a su madre. — el sonido del sorbo de café lo hizo silenciarse por algunos segundos, sus ojos nunca abandonando a la mujer. La sinceridad era cuanto menos… interesante. —Suelo dar mucho este tipo de sensación, si le tranquiliza un poco, señorita Gwendolyn. — el sonido de su taza fue palpable a la distancia que había guardado, pese a que no había hecho ruido. —No me molesta, es algo a lo que estoy acostumbrado. Sí que me gustaría saber si, en caso de hacerle algo con lo que no se sienta cómoda, me lo diga sin rodeos. Quizás seré un poco diferente, pero sé respetar a una mujer y un no. — Otra cosa era que se diera la situación de que ese “no” se convirtiera en sí bajo sus propias reglas.

Vio a la mujer contra la pared, pero esta vez no se acercó, solo esperó, en silencio, tomando nuevamente el café, dando un nuevo sorbo. —Si se lo digo, ¿mantendrá el secreto? Es algo que no puede saber Owen. — sus ojos se entrecerraron, una vez más, preparado para cualquier tipo de respuesta. —Quizás pueda comprender así varias cosas, señorita Gwen. Pero debe jurar que no se lo dirá a nadie, ni siquiera a Owen. Quizás sí le permita a la persona involucrada.
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