[Presente relativo] La basura genera más basura II
#1
Venimos de este tema


Las palabras de Cola no podían pasar sin pena ni gloria. ¿Cómo que cuerpo pequeño? Las venas de mi cuello y mi sien comenzaban su marabunta habitual, mientras apretaba los dientes y crujía mi cuello llevando la oreja izquierda a su respectivo hombro — y cuando acabe con ellos me voy a cagar en tus putos muertos — dije en un murmullo malhumorado y fruto de la ira que sentía por aquel tipo. No sabía bien qué se creía, olía a whisky, tenía la cara llena de cicatrices - lo que dejaba claro que o no era precisamente bueno defendiéndose, o acostumbraba a llevarse palizas - y tenía un peinado la mar de hortera. Eso sumado a que solía decir frases en idiomas extraños de cuando en cuando y que acostumbraba a perder su arma... me indicaba que o bien era un bocazas con suerte de seguir vivo, o un bravucón con un as bajo la manga para poderse permitir ser tan subnormal.

— Apártate Kakashi — sentencié firmemente — Si un hombre necesita de la ayuda de otro para enfrentar a esta calaña, no es digno de recibir mi ayuda — añadí mientras alzaba a Ein Hauch por encima de mi cabeza, en clásica posición de bateo, mientras me separaba de Moba por varios pasos largos, hasta un total de cinco metros, estando a otros cinco del grueso principal de aquellos vagabundos, mirándolos desafiante desde la comodidad del anonimato de mi casco.
Chaqueé la lengua con desaprobación. Separé un poco los pies arrastrando algo de tierra y polvo en el proceso, poca cosa, apenas llegaba a los tobillos. Apreté las manos entorno al delgado y firme cuerpo de mi arma. Sentía su tacto aun a través de los guantes. Sentía como por cada dedo que estiraba de dicho agarre el leve viento ambiente lo mecía con suavidad y sutileza. Sentía sus ansias de romper algunos huesos.

Escuché como alguien de entre el montón gritaba que estábamos rodeados. Eran algo menos de treinta personas, a ojo de buen cubero, y estaban seguros de estar realizando una estrategia militar perfecta para hacer una formación de pinza... que no habría tenido éxito si Koca, o Kavosi o como se llamase, no hubiera derrumbado la entrada. Fuera como fuere, sólo quedaba una cosa por hacer: sobrevivir. Y si para sobrevivir había que matar a toda esta escoria marginal, bueno, al menos ya estaban en un lugar de descanso a su altura. De este modo, tras escuchar la amenaza, inhalé con calma sin variar mi postura y exhalé todo el aire en un sólo grito, agravando aun más la voz de ser posible, en un alarido desagradable e intimidante — ¡TODO LO QUE ME RODEA ES EL MIEDO Y HOMBRES MUERTOS! — exclamé, haciendo que mis palabras resonasen entre los recovecos del metal de la chatarra más próxima, fruto de la reverberación y el eco que se producían en sitios como este.

Tras varios segundos, se escucharon ciertas quejas, replicares de metal cayendo al suelo y voces que tímidamente se alejaban. Pareciera que sólo unos pocos habían entendido el aviso en forma de amenaza, de modo que los que se quedaban sabían perfectamente a qué se exponían y contra qué tendrían que enfrentarse. Era una apuesta directamente contra el tiempo: O nos mataban y seguían con su curso natural de vida, o verían reducido drásticamente el contador de los segundos que les quedaban, encontrando en este pozo infecto a la propia muerte, bajo el peso de mis golpes. Al final había que ser positivo... quizá alguna de estas mierdas parecidas a personas tenía algo de recompensa por su cabeza por algún atraco o alguna minucia así.





Aclaraciones
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#D86700
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#2
Allí estaban, rodeados de enemigos, sin salida. Aún y así las acciones de Kovashi tenían un porqué, pues podría haber tomado otra decisión, un camino distinto, pero acabó encerrado en un callejón sin salida con Sohem a su lado. Algo le decía que aquel hombre podía serle útil. Los hombres como aquel solían gustarle a Kovashi, eran aparentemente fáciles de manipular, de ideas directas (lo que colindaba con la fácil manipulación). Personajes así se convertían rápido en muñecos que utilizar, sirviendo finalmente para los planes de un lince como lo era el peli blanco.

Primero insultó a Kovashi, después alzó la voz, acojonando a muchos de los presentes. Para sorpresa de nadie, varios darían un paso atrás, aunque otros sintonizaron más con la valentía, adelantándose. Alguno tenía que hacerlo, supongo, no dejaban de ser tropecientos.
— ¿Y si es una mujer? —  Respondió con ironía.
— ¡Un enano a mí no me grita! —  Sonó entre el grupo. Varios se dieron la vuelta, buscando el origen de la provocación, pero nadie parecía encontrarlo. Capaz serían de entregar al bocazas, pues las amenazas de Sohem estaban calando en la gente.
— ¿Vamos a tomarlo en serio? — De aspecto desgarbado, dos metros de altura, cabello negro y liso, bate en hombro, Duxon "El Jinete". Nadie sabía por qué se apodaba el jinete, ni tampoco quién le había puesto el mote, pero la gente lo escuchaba al parecer. Solo al parecer.
— ¡Calla, caballo!
— ¿QUIÉN HA DICHO ESO? — Varios se rieron, Kovashi también. Lanzó su bate contra el primero que tenía delante, clavando el arma entre los dientes del tipo, apagando así su risotada. — ¿Alguien más quiere reirse? —  Todos se callaron, una tras otra, las risas fueron sentenciadas, menos una. Dos metros de costado y varios pasos por detrás con relación a Sohem posicionaban a Kovashi, que reía ante la situación que se estaba dando. Realmente aquella gente era penosa, no tenían jerarquía más allá de seguir a los que les pagaban, como un cazador de tres al cuarto. Por lo tanto, cuando se juntaban varios no sabían a quién hacer caso para tomar las riendas de una situación compleja. Podrían actuar por cuenta propia, sí, pero es que no lo estaban haciendo, así que tener una referencia era clave.

Duxon "El Jinete" mostraba un claro cabreo, varias venas cruzaban su rostro, desde las mejillas hasta unos ojos que estaban a punto de explotar. Tenía un bate grande, bastante grande a decir verdad, pero lo que uno no esperaba es lo que estaba a punto de pasar. El tipo se lo colocó entre las piernas, accionó un botón marrón del mando y el arma comenzó a transformarse en un pequeño caballo que mezclaba una tecnología más o menos apañada con madera cutre. Lo elevó cinco centimetros del suelo.

Duxon "El jinete". 

Kovashi estalló en risas, cayéndose al suelo.
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#3
Pareciera que mis intenciones no surtían efecto en la totalidad de los presentes, pero sirvieron para diezmar a unos pocos y reducir sus ánimos y sus ganas de pelear. Lo siguiente no supe definirlo de una forma correcta ninguna de las veces que intenté contarlo. Un tipo con un arma parecida a la mía apareció en el lugar e intentó intimidar al resto, acabando por montarse en la misma que se convirtió en una especie de montura extraña y bizarra. Nada habitual, pero tampoco nada raro si le preguntabas a cualquiera por su experiencia más loca.

El problema vino después, cuando un hombre muy delgado de dos metros, con el pelo corto y muy rizado y que cargaba una caja, se hizo paso entre la multitud hasta ponerse al lado del tipo que "cabalgaba" un caballo de madera — Al fin te dejas ver Duxon — dijo con la voz claramente afectada por el vicio, lanzando una botella de alcohol al suelo, que empezó a gotear ligeramente mientras él permanecía mirando al jinete muy extrañamente y con remilgos, dando algunos golpes a su caja y haciendo que esta, de la misma forma que aquel kanabo se transformó en un caballo, empezase a doblar su tamaño adoptando una forma extraña similar a una gran rata. Cuando terminó, escupió al suelo — Me debes dos mil berries de whisky — y tras eso se subió a la rata de madera improvisada — Prepárate a morir — y adoptó una postura marcial la mar de extraña, como si de una grulla se tratase.
Por aquellos que allí frecuentaban era fácil saber que dos viejos enemigos se habían encontrado. Duxon el Jinete y como los susurros y las voces decían, Noxud, el hombre del nexo, el maestro de las alcantarillas. Domador de ratas.

No pude por menos que observar la bizarra escena con incredulidad. Lo que antaño pareciera un problema se estaba tornando un espectáculo dantesco y bochornoso. Dos vagabundos con armas raras con tecnología extraña iban a saldar sus cuentas pendientes en el mejor lugar y el mejor momento posible, pero algo dentro de mi hizo que me fuera imposible centrarme en aprovechar la situación para escapar, prefiriendo esperar a que el jaleo se hubiera desarrollado por si solo entre ellos para intentar regresar sobre mis pasos y lograr otra salida junto con Kakashi, aquí a mi lado.
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#4
Todos alrededor de los dos hombres se separaron. El monstruo rata imponía, todo lo contrario a Duxon, que daba más bien pena subido a su arma como si fuera un niño encima de un caballo de madera en una feria de pueblo. Kovashi se acomodó entre la basura, ahí en el suelo. Apoyo su brazo derecho sobre un montículo de bolsas, dejando la katana sobre su su pecho, también cruzó sus piernas.
—  ¿A cuánto das? — Le dijo a su “compañero”. — Es decir, por quién apuestas. — Sacó del interior de su bolsillo una moneda de oro, lo único de valor que tenía enicma. — Yo creo que el gilipollas del caballo nos sorprende y gana. — Lo comentó con relativa fuerza, para que todo el mundo pudiera escuchar sus palabras. Por suerte para el espectáculo, Duxon era un imbécil fácil de provocar.

Se lanzó al ataque. Aunque viajara sobre su propia arma, no iba más rápido, es más, necesitaba estar sujetandola constantemente para que no se desmoronara. Una inutilidad legendaria. El tipo rata le daría fácilmente un golpe en los morros que lo mandó a volar unos metros, chocando contra los demás bandidos. Se pudo escuchar un "uhhh" ajeno.

— ¡No seas cagón, ataca! — Se levantó al escuchar las palabras de Kovashi, era su púgil, debía hacerlo. Gritó, miró y ataco de nuevo. Otra vez esa velocidad ridícula. La rata reía, aunque ponto maldeciría. Llevado por la inercia de coger impulso para su brazo, daría un paso atrás, topándose con un cuadrado de tierra que le hico trastabillar. Era un cubo, super artificial, pues desenotaba con el terreno, pero que nadie vería como se colocaba allí debido a la intensa pela. Era el momento. Ahora. AHORA. — ¡AHORAAA! —  Pum. Golpeó con su mano libre la cabeza de la rata, enviándolo al suelo. Ni si quiera lejos, solo cayó como una pieza de dominó.
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#5
Atónito ante los sucesos acontecidos, no podía por menos que permanecer estático, sólo observando. El tío que montaba el garrote-caballo intentaba pelear contra el tío que montaba la caja-rata gigante, y viceversa. Los matones que los acompañaban se habían tornado en público de este extraño suceso y Boba y yo estábamos ahí, como el que no quiere la cosa. Ciertamente era una muy buena oportunidad no solo para aprovechar el caos y el ajetreo para escapar, si no para hacerlo inmediatamente, y mientras mi inesperado y momentáneamente compañero me mostraba una moneda de oro ofreciéndome a apostar por ver quien vencería la contienda de los dos presentes, ellos seguían golpeándose y retozando por el suelo, la mugre y la decrepitud más absoluta.
— Oye... — dije relajando mi postura y girándole ligeramente hacia él, buscando su rostro con la mirada, y dudando de su nombre, como siempre — ... Bombastic — me atreví a enunciar finalmente. Creo que era algo así, o relativamente parecido.  — Es el momento perfecto para que no tengamos que asociarnos ni pagarnos ningún tipo de porcentaje — espeté cargando el kanabo al hombro con un simple movimiento de arco del brazo izquierdo, metiendo la otra mano en el bolsillo  — Salgamos de aquí, dejemos que se sigan golpeando entre ellos, y no volvamos a cruzarnos nunca — le ofrecí mirando en derredor, encontrando un ligero camino "pseudo-despejado" entre la chatarra y la inmundicia que poder seguir caminando mientras todos los parias y deshechos humanos del lugar optaban por destruirse y destrozarse entre ellos o las migajas que quedasen después de vivir el espectáculo de sus vidas, completamente ajenos a nosotros.

No sabía si el peliblanco decidiría hacerme caso o por el contrario el prefiriera quedarse ahí a que terminasen de querer cobrar sus deudas, pero tenía la oportunidad de salir de este vertedero y marcharse a costas más prometedoras y con mayor proyección de futuro, perdiéndolos de vista por completo. Fuera lo que fuera lo que le había llevado ahí, o le había llevado a toparse con esta gente o tener alguna deuda o relación con ellos, estaba en sus manos dejarlo ahí o enfrentarse sólo a lo que quisiera que tuviera que afrontar. Yo no trabajaba gratis, no me gustaba ensuciarme y no quería perder más tiempo en un basurero cuando debería estar deteniendo a un criminal famoso en un pueblo lleno de ricos y ganándome el respeto de los hombres, el corazón de las mujeres y la admiración de los niños.
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#6
No se equivocaba, era un gran momento para escapar, que es lo que buscaban desde hacía ya un buen rato. Allí tirado tan solo le faltaba el café y unas palomitas, que espectáculo dantesco, pero divertido. Los que estaban alrededor les alentaban a seguir. En el fondo daban un poco de pena, contemplar la diversidad social, siempre escalada en rangos de poder/clases, curiosamente afectaba mucho más a los hombres, que terminaban delinquiendo o simplemente convirtiéndose en potenciales criminales.

Las mujeres también, en la isla de donde venía Kovashi había un gran número de mujeres que debían buscarse la vida, en su mayoría gracias a vender sus cuerpos, que podría ser un equivalente a ser una escoria de hombre. En la mente del espadachín se mezclaban ideas contrarias, por un lado; El sistema actual les ha llevado ahí y por otro; Son hombres, ¿por qué no pelean? ¿por qué no aprovechan sus situaciones? un hombre que no es capaz de seguir adelante, no es un hombre. Sin él saberlo, su odioso padre había afectado mucho a su manera de ver el mundo, desgraciadamente.

— Bombastic ... — Le generó una pequeña carcajada. — Me recuerdas a alguien. — Khruner siempre estaba con esas mierdas, no con él, por suerte, pero sí con todos los demás, se terminaba haciendo insufrible. ¿Sería una epidemia? Kovashi cada vez conocía más gente con ese problema. — Empezaba a olvidar como sonaba tu voz sin que estuvieras histérico, Sohem. — Lentamente, se levantó, dejando la katana sujeta con su zurda, por el mango, pues no tenía envaine. — No sé si decir que ha sido un placer, pero da igual lo que diga, ¿verdad? — Extendió su mano, nuevamente. Desconocía si Sohem era como Khruner con su problema, si era consciente de que lo tenía, de ahí que dejara el comentario en el aire. — Yo me quedaré un poco más. — Miró al grupo peleándose. — Alguno de esos tendrá los bolsillos llenos y me serán de ayuda para vivir un día más. — Volvió la vista al pequeño hombre. No sabía bien donde mirarlo con aquel casco lleno de agujeros, apenas se le podían ver bien los ojos.
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