[Social] Mazame returner
#1
Día 92 de otoño
Manglar número 13, Saint Fermín.

Mi viaje onírico por alguna razón me llevaba a los sitios más variopintos, desde fornidos hombres capaces de hacer explotar un cinturón de cuero con sus propios bíceps hasta contemplar las jugarretas más viles del destino al hacer que un hijo matase a su padre por intentar pasar por el mismo camino, de donde venían esas ideas era todo un misterio para el mestizo, pero ahí estaban.

Está vez sin embargo era de mis favoritos, estaba sobre una larga escalera que se bifurcaba, en el lado derecho me encontraba yo, vestido como todo un caballero con un traje de color azul y en la bifurcación de la izquierda estaba ella, pálida como la luna llena con sus labios pitados de negro, portando un vestido amarillo que contrastaba con su blanquecino ser, ambos bajamos lentamente hasta encontrarnos a los pies de la escalera, teniendo la inmensidad del salón para ambos, mientras admiraba el bello rostro de Maeve comenzó a sonar música, mi mano derecha se alzo pidiendo la suya y esta concediendome el baile.

Danzamos dando vueltas, podía ver a Kisuke y Panda a lo lejos, aunque por alguna razón eran un reloj y un candelabro, cosas de los sueños supongo, Maeve al notar que miraba hacia otro lado agarró mi rostro y lo giró hacia ella, reclamando mi atención como su propiedad, me besó un beso que hizo tiritar cada parte de mi cuerpo y al separarse habló en voz baja.

"Me ha gustado verte otra vez, te estaré esperando Zorak."

Todo comenzó a volverse negro y por fin desperté de mi letargo, me dolía horrores el cuerpo al incorporarme, pero lo peor era que no podía ver nada por el ojo izquierdo, agarré el espejo de mano que había en la mesita de noche de Kisuke y cuando vi mi reflejos me quedé mudo, una cicatriz nacía en mi pómulo izquierdo y cruzaba todo mi ojo izquierdo en diagonal, pasando por la nariz y muriendo sobre el comienzo de mi ceja derecha, podía notar la misma sin verla, así que quité el vendaje del mismo para comprobar el daño. Mi ojo se había perdido, estaba tuerto. No recordaba bien que había pasado y el shock me llevo a tumbarme mirando al techo del camarote, busque el mechón de pelo de Maeve en el bolsillo izquierdo y lo acaricié mientras me maldecía por haber perdido uno de los ojos que tanto le gustaban a mi mujer, debía recordar que pasó, quien fue el causante de esto para poder aplicar el ojo por ojo, nunca mejor dicho.

"Kisuke! Max! Alguien a bordo?!"

Me moría de hambre, tenía una sed bestial y encima no encontraba el tabaco, esperaba que alguno de mis compañeros pudiera explicarme que coño me había pasado.
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#2
Don Bambú, también conocido como Max D. Panda desde hacía unos meses, se encontraba en la cubierta del barco echando una siestecita de media mañana. La refrescante brisa del otoño le traía tranquilidad al panda. El otoño era la época del año en la que más a gusto se estaba en cama por las noches con un buen libro. Llovía a menudo, lo que favorecía tanto la lectura como un sueño reparador. Pero en aquel mediodía del 92 de otoño no llovía. No había una sola nube en el cielo y el sol brillaba sobre el maltrecho navío de los revolucionarios. El inusitado y reconfortante calor del sol se combinaba a la perfección con la refrescante brisa otoñal que venía del Grand Line. Don Bambú soñaba en aquel momento con su infancia. Las tardes de otoño en la biblioteca con su madre. Variopintos pueblerinos frecuentaban el local en busca de entretenimiento o libros sobre cuestiones que les preocupaban tales como almanaques de cultivo o guías de crianza de ganado. Una suave llovizna acariciaba el césped del exterior y el sonido del viento haciendo crujir la madera del tejado inundaba la estancia. Su madre le estaba pidiendo que le alcanzase un libro de la estantería más alta. Ya estaba mayor en aquel momento y Max había crecido tanto... Sin embargo, de repente su padre irrumpió en la biblioteca dando una patada a la puerta. Su cabeza era la de un toro y hablaba con la voz de Zorak. —Kisuke! Max! Alguien a bordo?! —Su voz se deshizo en un millar de ecos cada vez más ahogados, como si aquellas palabras estuviesen reverberando en las profundidades de alguna caverna submarina. Don Bambú abrió los ojos y se irguió sobresaltado. —¿Qué? —Le preguntó al aire. Para tranquilizarse, extendió su Kenbunshoku por todo el barco para echarle un ojo a Zorak. Se llevó una sorpresa cuando identificó que su aura estaba más alterada de lo normal. ¿Habría despertado su camarada? Sin pensárselo dos veces se levantó y fue corriendo hacia el camarote del peliverde. Allí se lo encontró, quizás confuso acerca de su paradero. —Estoy aquí compañero, no te preocupes. Has tenido... un percance con unos piratas. —Se apresuró a acercarle una bandeja con un vaso de agua y unas tostadas con embutido. Todas las mañanas le preparaban algo de comer por si despertaba y si no despertaba ese día se lo comían entre Kisuke y Don Bambú y repetían el proceso en otro momento. Don Bambú había sido lo bastante sensible como para añadir un paquete de tabaco al menú. Uno ya sabía cómo era su mariscal.

—Los Mushoku, comentó Kisuke. He estado leyendo periódicos antiguos y parecen ser una banda de criminales bastante peligrosa. —Se sentó a los pies de la cama de Zorak y cruzó sus piernas, apoyándose con el brazo derecho sobre el somier de madera. Tenía los wanted de Ashura y Rapax Gin guardados en el bolsillo interior de la chaqueta que llevaba los días de otoño. Los sacó y los sujetó con los dedos índice y pulgar, uno en cada mano. —Son los únicos dos que mencionaba el periódico como miembros de Mushoku. ¿Quién te ha hecho lo del ojo? —La pregunta había sido lanzada con un tono muy medido, dando quizás la sensación de que Don Bambú estaba tranquilo en aquel momento. Lo que en realidad estaba ocurriendo es que no quería sobresaltar a su compañero de forma innecesaria. —Kisuke le tiene ganas al Ashura este, según me ha comentado. Tiene cara de loco. —Con un suspiro volvió a guardar los wanteds en el bolsillo interior de su chaqueta. Siempre había tenido la costumbre de guardar los periódicos con todos sus suplementos para recordar cuestiones que hubiera pasado por alto en algún otro momento. No lo necesitaría para recordar las caras de aquellos dos individuos en el futuro. —Tómate tu tiempo y descansa, me toca vigilar el barco. El marrano gigante no hace un mal trabajo de vigilancia, pero es que es enorme y llama muchísimo la atención. Honhonhonhon —Se levantó de la cama y le dedicó una mirada amable a su camarada. —Descanse mariscal, y deje que sus capitanes hagan el trabajo esta vez. La Revolución le reposará sobre sus hombros en el futuro, pero ahora es usted el que necesita reposar sobre esa cama. —Y sin decir más el panda salió del camarote. Tal vez Kisuke quisiera pasar algo más de tiempo con él, pero Don Bambú se conformaba con que estuviera despierto y gozase de buena salud, aunque tuviera un ojo menos. Regresó a la cubierta del barco y se sentó en el bordillo del navío de cara al manglar al cual habían llegado con tantos percances. Su haki de percepción estaba completamente extendido y escaneaba todas las figuras que pasaban cerca del navío por si alguna fuera particularmente fuerte o emitiese emociones particularmente negativas. La verdad es que todo parecía tranquilo en aquel momento.

Resumen


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#3
Kisuke estaba regresando al barco después de su entrenamiento matutino. Ciertamente, desde su llegada a Sabaody y el primer órdago que habían tenido que enfrentar desde que desembarcaron, habían estado actuando por separado, quizá más de lo debido, pero había sido así. Había dejado a Zorak descansando después de darle unos primeros auxilios rudimentarios, puesto que no tenía conocimientos médicos, y, cuando regresó el mink, le puso al corriente de todo lo que había acontecido desde que saliese disparado persiguiendo a aquel encapuchado misterioso. Por otro lado, Comilon McBacon seguía allí con ellos, lo cual no dejó de sorprender a Kisuke. Aquel tipo debía sentirse muy solo si quería quedarse con aquel trío de extraños que iban y venían sin rendir cuentas con nadie y el antiguo pescador no sabía si es que no llegaba a comprender la situación en la que estaban o simplemente le daba igual.

"En verdad es un buen tipo, pero no me gustaría que se nos uniese sin entender perfectamente con quien está y a qué nos dedicamos."

Con esto en mente subió al barco y entró en el camarote, con lo que se quedó de piedra al ver a Zorak incorporado y sentado en la cama. Al verle la cara, su preocupación no había hecho sino aumentar por la expresión que mostraba. Panda estaba comentándole que tenía que descansar y luego salió de la habitación, seguramente a atender alguno de los asuntos que tenía por allí y que, normalmente hacía en solitario. Kisuke sacó un cigarro y le lanzó el paquete a la cama a Zorak. No sabía muy bien que decir, pero quizá lo mejor era intentar animar a su compañero.

-Buenos días, princesa Falconetti, ¿ha dormido usted bien? Kuhahaha.

En un torpe intento de quitarle hierro al asunto de que Zorak ahora estuviese tuerto, le asignó un nuevo apodo. Suponía que Panda le había comentado por encima lo que había sucedido, pero seguro que aún así tenía muchas preguntas que se le atoraban en la mente, después de tanto tiempo inconsciente. Aún no se acostumbraba al Kenbunshoku, y, además no le parecía correcto utilizarlo para ver como se sentía su compañero, prefería utilizar sus ojos e intentar leer el ambiente, porque usar el haki le parecía en cierto modo, hacer trampas, más aún teniendo en cuenta que su amigo no podía utilizarlo.

-Supongo que tienes una tonelada y media de preguntas, después de tanto tiempo fuera de combate así que no te preocupes, amigo, yo te contaré lo que quieras saber. Porque realmente hay mucho que contar, así que no quiero lloros si la conversación se alarga... kuhahahaha.

En realidad la última parte de lo que dijo era más para si mismo que para Zorak, puesto que el antiguo pescador detestaba las conversaciones largas, y más aún si no llevaban a ninguna parte, pero también entendía que su amigo acababa de despertar por lo que sería mejor que él mismo decidiese cuando había tenido suficiente información. Era más importante que primero se recuperase.

-Como aperitivo antes de que empieces a preguntar, te diré que el señor Marrano gigante sigue aquí con nosotros. Tendrías que haberle visto la cara que puso cuando le dije que le habías mentido y le puse un poco al corriente sobre nosotros, kuhahahaha.

Dando otra calada al cigarro se quedo mirando a su compañero esperando que por fin dijese algo, puesto que dado lo que había perdido, lo herido que tenía que estar su orgullo y que llevaba tanto tiempo en cama, Kisuke estaba preocupado por el estado mental de su compañero, ahora que su estado físico comenzaba a mejorar.
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#4
Los días se hicieron semanas, y las semanas, meses. Aunque parecía que el tiempo se ralentizaba a veces cuando vigilaba al durmiente Zorak lo achacaba a que, dentro de que era lo que quería hacer, era algo aburrido, cada día cuando despertaba se asomaba por la ventana del camarote del pelirrojo, solo para confirmar que seguía durmiendo, según el día veía a Simba pasar con una bandeja o a Kisuke haciendo lo mismo que hacía yo, comprobar el estado de su amigo. Me sentía responsable por su actual condición, no debí dejar que se separase de mí sin haber localizado a sus amigos primero, cuando Kisuke volvió con él, herido de gravedad en la cara, lo escuché después hablando con Simba, a quien llamaba Panda, supuse que a modo de apodo, del mismo modo que a mí me llamaba Mister Panceta. Acabó siendo víctima de unos piratas por mi culpa, y ahora se debatía entre la vida y la muerte, por mi culpa, siempre era mi culpa, las cosas no habían cambiado desde hace siete años, sigo siendo un amuleto de mala suerte, y sin embargo mi propio honor no me dejaba separarme del trío para poder ahorrarles más problemas, no podía marcharme sin disculparme personalmente con Zorak por lo ocurrido.

El día de entonar el mea culpa finalmente llegó y, aunque la mañana prometía ser igual que las demás los gritos del mink zorro cambiaron eso. Llamaba a sus compañeros, Kisuke y ¿Max? ¿Cuántos nombres tenía Simba? Eso no era importante. Me acerqué a la ventana del camarote y escuché a Max, Simba, Panda o cómo quiera que se llame hablando con Zorak, ofreciéndole una bandeja con comida y hablando de lo que escuché que Kisuke le dijo, poco después Kisuke hizo acto de presencia y cambió de lugar con el mink panda, empezó a hablar con Zorak de forma tranquilizadora y acabó por mencionarme, — ¡Así es! — exclamé, con tanta fuerza que mi nariz emitió un grave ronquido justo al acabar. — Sigo aquí, y noink me iré hasta haber saldado mi deuda. Zorak fue atacado porque yo no pude encontraros aún con mi gran altura, así que… — me alejé un poco de la ventana, tomé aire, desaté mi kimono y prescindí de él, lanzándolo a mi espalda, esperé a que ambos mirasen por la ventana y me pudieran ver, aunque Panda también podía verme desde la cubierta, lo que más me importaba era que Zorak me viera. — Por mi culpa Zorak ha sido herido y, si me dejáis, mi forma de disculparme por esto será acompañaros, para que nunca se vuelva a repetir. ¡Mi nombre es Comilón McBacon, y mi honor es testigo de esta promesa! — mientras que pronunciaba estas palabras hinqué las rodillas en el húmedo suelo de la isla, y al mencionar mi honor agaché la cabeza hasta que esta tocó el mismo suelo, con mis palmas acompañando el movimiento de mi testa y acabando también en el musgoso verdor que cubría las raíces del bosque que hacía las veces de archipiélago. Mantendría esta pose hasta saber la respuesta de Zorak, tanto si me permitía ser su escudo como si rechazaba mi oferta, cosa de la que no podría culparlo.

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#5
El primero en llegar fue Panda, el cual traía consigo una bandeja con tostadas y el ansiado tabaco, comí y bebí como si no lo hubiera hecho nunca mientras mi compañero seguía hablando, altercado con piratas, los Mushoku y me enseñó un par de wanteds. Al ver la cara del Oni Ashura comenzó a escocer la nueva cicatriz que portaba en el rostro, sin duda era el quien me había dejado en este estado, señale su wanted frente la pregunta de Panda sobre quien hizo lo de mi ojo y me encendí un cigarro de los que me había proporcionado, este me instó a descansar y dejar todo en manos de mis dos capitanes, no pude evitar sonreír al ver a Panda hablándome con tanta seguridad, casi parecía otra persona.

"Lo dejo en sus manos capitán."

Fue lo que alcancé a decir antes de que Kisuke llegase con sus bromas, aún no me había dado tiempo a asumir mi condición de tuerto cuando el cabron ya estaba haciendo bromas sobre ello, pero en fin, Kisuke es Kisuke y siempre ha sido así. Este comentó acerca de ponerme al día con cualquier cosa que quisiera saber, pero antes de dejar que preguntase me informo que el Mink gigante aún seguía con nosotros y el mismo se dejó notar de forma sonora.

Me levanté como pude de la cama, casi tropezando con el aire por lo débil que sentía el cuerpo y me acerque lentamente a la ventana para mirar por ella, el Mink cerdo gigante se arrodillaba mientras hablaba sin sentidos sobre que fui herido por su culpa, giré clavando mi ojo en Kisuke.

"Llévame a cubierta, quiero hablar con el."

Y me apoye en mi amigo y mano derecha para ser capaz de recorrer la distancia que nos separaba de la cubierta del barco, la luz del sol me hizo entrecerrar el ojo, pero pude llegar por fin a la cubierta y le indique a Kisuke para que me acompañe al lado del barco donde aún se podía ver al gigantesco Mink agachado.

"Levanta la cabeza, yo te engañe en primer lugar así que todo esto es innecesario. No fui herido por tu culpa Comilón, había un civil pidiendo ayuda y es nuestro deber protegerlos"

Tosí escupiendo algo de sangre, estaba claro que necesitaba mucha más recuperación de la que había tenido, pero se lo debía al gigante por haberle mentido, me incorpore mientras me limpiaba la sangre del labio con el brazo libre, el que no estaba apoyado en Kisuke y miré a Comilón directamente a los ojos.

"No te detendré en querer unirte a nosotros, pero has de saber qué pertenecemos al glorioso ejercito revolucionario y es nuestro deber proteger al débil, sea cual sea el precio a pagar, ya sea tú propia vida, si lo entiendes y aún así quieres continuar con nosotros luchando por el pueblo oprimido..."

Volví a toser escupiendo algo más de sangre.

"Aquí siempre tendrás un hogar y gente a la que llamar familia"

Giré mi cabeza hacia Kisuke mientras mis piernas flaqueaban.

"Creo que necesito volver a la cama viejo amigo. Tienes que ponerme al día de todo."
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#6
Sorpendido, Kisuke escuchó las palabras del gigantesco mink cerdo, conmovido en cierta medida de que se culpase del estado de Zorak. Como cabía esperar, Zorak le pidió llevarle hacia donde estaba el enorme marrano para hablar con él. Kisuke dudó por un instante, su recién adquirido poder de fruta del diablo podía ser un impedimento para cosas como aquella, pero rápidamente recordó que su amigo era capaz de utilizar el Busoshoku haki, por lo que acercándose a él para que se apoyase en su enorme corpachón, le advirtió.

-Mientras tú estabas de juerga me comí una akuma no mi, que resultó ser del tipo logia. Necesito que actives tu haki para poder llevarte, hermano. Luego te doy más detalles.

Y sujetando a su amigo, ambos se encaminaron lentamente a salir del barco e ir donde estaba Comilón McBacon. El gran mink estaba, aún, después de los casi diez minutos que tardaron en llegar hasta donde se encontraba, haciendo una reverencia de disculpa. Zorak tuvo unas palabras con él, acordes a su posición y le invitó formalmente a unirse a los revolucionarios, si estaba dispuesto a dar su vida, de ser necesario, por la causa. Kisuke vio preocupado que su compañero seguía con algo de hemorragia interna, pero ahora que estaba consciente, suponía que él mismo podría tratarse. El mestizo era perfectamente consciente de su propio estado y miró al antiguo pescador, pidiéndole que le llevase dentro para poder hablar.

-Claro, no te preocupes. Te contaré todo lo que quieras saber.

Se giró un momento hacia el marrano antes de emprender la marcha hacia el barco, para invitarle a que escuchase la conversación aunque fuese a través de la ventana del camarote de los dos revolucionarios e intervenir en lo que creyese conveniente que podía aportar el enorme mink.

-Míster Panceta, si quieres puedes unirte a la conversación, no hace falta que te invite y tampoco vamos a hablar de nada secreto. Es importante que vayas acostumbrándote a estas cosas.

Y sin más dilación, se encaminó con calma hacia el barco de nuevo, llevando a su amigo que estaba apoyado en él y el propio Kisuke le tenía sujeto de la camisa, agarrándolo de la mitad de la espalda, por si le fallaban las piernas al mestizo tras tantas semanas inconsciente. Entraron de nuevo al camarote y le ayudó a tenderse en la cama. Se asomó a la ventana llamando de nuevo a Comilón para que estuviese lo más cerca posible y no se perdiese nada de la conversación y volvió a los pies de la cama donde situó un taburete y se sentó con toda la calma del mundo, encendiéndose un pitillo. Le ofreció a Zorak un cigarro, y mirándole tranquilamente le dijo:

-¿Qué es lo que quiere saber, Mariscal?
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#7
Tras acabar con mi discurso sobre el honor y hablar al trío de la deuda autoimpuesta con Zorak por la herida que marcaba su rostro ahora y para siempre mantuve mi cabeza pegada al suelo, así como mis manos, y así me quedaría hasta escuchar una respuesta de parte del pelirrojo, que con dificultad consiguió llegar a la cubierta con la ayuda del corpulento Kisuke para comenzar a hablar en respuesta a mi juramento. Levanté la cabeza cuando me lo dijo, pero mantuve mi cuerpo curvado, quería mirarlo mientras hablaba pero no abandonaría mi posición de disculpa antes de saber que estaba excusado por mi pobre desempeño durante nuestro primer encuentro, pero él insistió en que yo no tenía culpa de nada, y, por ende, no tenía motivos para buscar su perdón, pues la herida la recibió defendiendo a un inocente que rogaba auxilio, eso no lo sabía, aunque juntando las piezas del puzzle tiene sentido, los piratas que le atacaron seguramente estaba atacando a ese civil inocente, y por intervenir fue que atacaron a Zorak. Fue tras esta explicación que llegó la respuesta a mi propuesta de unirme al trío revolucionario, no me detendrían si decidía unirme, pero querían estar seguros de que sabía a lo que me estaba comprometiendo. — Proteger al débil, sea cual sea el precio… — esas palabras retumbaron en mi corazón como el eco de un grito en una cueva, esa era la filosofía que Shupo me había enseñado, y esa era la voluntad que había heredado de él, de Cithria, de toda mi gente, si yo había vivido en su lugar tenía claro que mi vida sería un reflejo de sus voluntades, defendería a cualquiera que lo necesitase, poniendo mi vida en juego de ser necesario, porque eso es lo que diferencia a las personas de los guerreros.

Antes de que Zorak y Kisuke dieran media vuelta para encaminarse de nuevo al camarote del primero me alcé, con la mirada llena de pasión ardiente miré a ambos. — Acepto, oink. Poner mi vida al servicio del necesitado es lo que pensaba hacer desde que salí de mi isla, hacerlo con compañía solo hace que mejorar la perspectiva que tenía de cómo sería mi destino de ahora en adelante. Así que con gusto me uniré a vuestra causa. — y tras eso la invitación de Kisuke de unirme a la conversación, que seguiría en el camarote de, ahora mi mariscal, Zorak. Me asomé por la ventana tras recoger mi kimono y volver a ponermelo, atándolo para mantenerlo fijado a mi redondo cuerpo, y pude ver a Kisuke acomodando en la cama a Zorak, quien necesitaba más reposo aún a juzgar por su aspecto y su lenguaje corporal. — ¿Puedo hacer algo para ayudaros? Haré todo lo que esté en mis pezuñas para ayudar. — aunque no sabía qué podría hacer, no tenía ningún talento destacable más allá de mi fuerza y mi tamaño, pero gustosamente los pondría al servicio de mis nuevos compañeros.

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#8
La noticia de que mi fiel amigo Kisuke había consumido una Akuma no mi me tomo totalmente por sorpresa, aunque gracias al mismo era capaz de usar mi haki de armento, así que no tuvimos mucho problema en que me ayudase a moverme por el barco, por su parte el gran mink con sus palabras me hizo sonreír con debilidad, parecía realmente un buen tipo y su mirada me decía mucho mas que sus palabras, pues veía en sus ojos el dolor de haber perdido a alguien importante, así que Comilón era capaz de entender a su manera el ideal por el que nos movíamos los revolucionarios.

Mientras recorría la distancia que nos separaba a Kisuke y a mí del camarote no puse evitar reír por debajo de la nariz.

"¿Sabes? La verdad es que en cierta manera me recuerda a ti hermano mío, se le ve un hombre honorable"

Después de un rato lleguemos por fin al camarote y tras ayudarme a acomodarme en la cama y ofrecerme un cigarro el cual acepté, pase mis dedos por el antebrazo estirado de Kisuke sin tener el haki activo, mis dedos se hundieron en el mismo y al separarlos estaban de un color negro muy profundo.

"Comencemos sobre que coño es lo que te has comido"

Dije mientras le daba una profunda calada al cigarro y tosia mientras el humo salía por las agallas de mi cuello, Comilón se asomo por la ventana ofreciéndose a ayudar en lo que pudiera, Kisuke había comentado que el gran mink había hecho bien las labores de vigilancia, la verdad es que el tamaño del nuevo miembro del grupo era algo que facilitaba ese trabajo.

"Según me ha informado el capitán Kageyama, has hecho un buen trabajo en la vigilancia. Descansa hasta que el capitán Panda necesite un relevo."

Al mencionar a Panda volvió a mi cabeza el tema de los mushoku y las ganas que Kisuke le tenía a Ashura, si había alguien con quien pudiera ir de frente sin ocultar mis intenciones era el, pues confianza ciega era lo que había entre el antiguo pescador de Ballywood y este mestizo tuerto.

"Panda me ha dicho que le tienes ganas a Ashura por lo que me hizo, supongo."

Le di otra calada al cigarro mientras le miraba con el intenso ojo que me quedaba y la nueva cicatriz que el Oni me había plantado en el rostro, Kisuke lo sabía mejor que nadie, no dejaría esto así.

"Ese hijo de puta me debe un ojo y sabes bien como soy."

Aunque la mirada de Kisuke no dejaba lugar a dudas, realmente quería enfrentarse al Oni y entendía el porqué más allá de la acción que había tenido conmigo, así que suspiré mientras me acomodaba en la cama más relajado recordando la promesa a Panda de dejar esto en manos de mis capitanes.

"¿Quieres enfrentarte a el verdad? A fin de cuentas es un espadachín y tu sueño te lleva a quererlo... Así que lo dejaré en tus manos, pero con una promesa. Tráeme su ojo como precio por el mío."

Volví a mirar a Kisuke mientras le daba otra calada al cigarro y hablé mientras soltaba el aire y quitaba el den den mushi negro de mi muñeca para lanzárselo a Kisuke.

"Necesito saber si ha habido algún avance con la misión, una vez que me informes de ello..."

Señale el den den mushi que le había lanzado.

"Quedas al mando del escuadrón mientras me recupero, confío en tí más que en nadie, shin'yū"

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#9
Kisuke estaba sorprendido ante la resolución y la voluntad de Comilón, durante aquel tiempo ya había visto que el enorme marrano era una buena persona, y se notaba a leguas que había estado demasiado tiempo solo. No se había parado a pensarlo, pero durante todo aquel tiempo, mientras estaba en el barco y no de patrulla o entrenando, el gigantesco mink le había hecho mucha más compañía de la que estaba dispuesto a admitir. Fue entonces, cuando Zorak hizo una observación un tanto curiosa y que dejó sin palabras a Kisuke, diciendo que eran similares él y Comi.

-Don´t say blowjobs, Mary Jane. Que me tire pedos de resaca no me convierte en un cerdo, sólo soy de colón irritable... kuhahahaha.

Después de ese chascarrillo, Zorak preguntó por lo más evidente, la akuma no mi que el antiguo pescador se había comido el día que llegaron a Sabaody, mientras trataba de tocarlo sin haki y le atravesaba sin resistencia alguna tiñendo sus dedos de un color negro tizón. Kisuke le restó importancia a aquel hecho, no quería mostrar que su inseguridad le había llevado a comerse aquella fruta.

-Mientras perseguía a Panda chocaron unos comerciantes y se cayeron unas frutas entre las que estaba la fruta que me comí. Seguí un impulso instintivo y me comí la fruta, y ahora soy un hombre-hollín, ya que esta debe ser la fruta Susu susu no mi, del tipo logia.

No obstante, aún no era capaz de controlar su elemento a voluntad, y era un fastidio no poder hacer un uso práctico de aquella fruta, aunque esperaba no tardar mucho en hacerlo. No estaba seguro de si debía hablar con Zorak de su encuentro con la Gran Líder Kihira Takanami, porque suponía que si ella quería ver a Zorak, no habría nada que lo impidiese y se dejaría ver.

Después de felicitar a Comilón, y mandarle descansar, Zorak llegó a la parte más importante. Los Mushoku y Ashura. Como era de esperar, Zorak quería vengarse del pirata, puesto que él, que había crecido en los suburbios de East Ballywood, había mamado hasta la saciedad la ley del "ojo por ojo", nunca mejor dicho dadas las circunstancias. Pero parecía que Panda, había comentado que Kisuke quería hacerle pagar al temible pirata, y Zorak dejó el asunto en sus manos, dada la condición de espadachín del infame Ashura y del propio Kisuke. Aunque pidió un ojo como trofeo, esa parte macabra de Zorak no desaparecía del todo, al fin y al cabo.

-De todas maneras, no es sólo por lo que hizo contigo. Ese tipo tiene una ideología muy peligrosa y supone una amenaza para lo que busca el Ejército Revolucionario. Como espadachín debo hacer prevalecer mi camino de la espada sobre el suyo, pero también como revolucionario es mi deber proteger a la población tanto de su espada como de sus nocivas ideas.

Dicho esto, Zorak se quitó el Den den mushi negro de la muñeca y se lo lanzó a Kisuke que lo atrapó al vuelo y se lo puso en la otra muñeca, la derecha, puesto que en la izquierda llevaba el log pose. Quería saber si había habido algún progreso en la misión que les dijo hacía tanto Nilats. El antiguo pescador negó con la cabeza, apesadumbrado.

-Nada, no hay novedades, de momento. He escudriñado cada día los manglares próximos al barco, pero no me atrevía a alejarme demasiado, no fuese a pasar algo.

Kisuke creía que era el momento de hablarle a Zorak de Kihira.

-Por cierto, me encontré, o más bien ella me encontró, con una de los Grandes Líderes, Kihira Takanami, pero no caí en preguntarle sobre la misión, aunque quizá ella no estaba informada. Estuve con ella todo un día y consiguió hacerme despertar el kenbunshoku, aunque aún no soy capaz de utilizarlo bien.

Antes de seguir, hizo una pausa dando una calada más a su cigarro. No estaba seguro de si lo recordaría, pero era bueno que supiese lo que había descubierto él entrenando con Kihira.

-¿Recuerdas como la gorilona ponía sus brazos negros? Pues según Kihira eso es una forma más avanzada de la que conocemos del haki de armamento. Me dijo que estamos lejos aún de ese nivel, bueno, al menos yo, pero que debemos seguir practicando con el haki para poder lograrlo en el futuro.

No estaba seguro si había dado demasiada información a su compañero, por lo que, dicho esto guardó silencio, esperando a ver que decía Zorak o si Comilón se había enterado de algo de lo que habían hablado y quisiera aportar su propia experiencia en aquel tiempo con los revolucionarios.
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#10
La brisa proveniente del mar mecía con suavidad los pliegues de mi, ahora húmedo, kimono naranja mientras permanecía fuera del barco, justo frente a la ventana del camarote donde Zorak y Kisuke conversaban, me gustaría conversar con ellos en la misma habitación pero no era como si pudiera entrar con facilidad, mi tamaño siempre había sido un problema para espacios reducidos, y este navío no era la excepción, claramente no estaba pensado para alguien de mis proporciones. Desde mi posición, inclinado ligeramente hacia adelante para observar bien el interior, podía ver a Zorak acomodándose con la ayuda de Kisuke. El pelirrojo aún se veía débil, sus movimientos eran lentos y flojos, algo lógico pues su cuerpo todavía luchaba por recuperarse del estado comatoso en el que había estado durante semanas. Cuando habló, su tono fue firme pero relajado, me ordenó descansar, asegurándome que no había necesidad de que hiciera nada más por ahora. Aprecié su confianza en mí, pero sabía bien que la calma siempre precedía a la tormenta. Bajé un poco la cabeza en señal de respeto antes de responder. — A sus órdenes. — Sin embargo, los años como vigilante en mi aldea me habían enseñado que la tranquilidad rara vez duraba mucho, y si bien mi cuerpo podía estar en reposo, mis sentidos no bajarían la guardia, no otra vez. Siempre atento, siempre preparado. Desde la ventana, observé cómo Kisuke ayudaba a Zorak a recostarse. Sus movimientos eran cuidadosos, como si sintiera el peso del cansancio de su compañero, debían haber pasado por mucho juntos, incluso con detalles tan simples saltaba a la vista la complicidad de ambos.

La conversación no tardó en tomar un giro más serio, mis orejas se alzaron con interés. Ashura, los piratas Mushoku. Había oído esos nombres cuando Kisuke y Panda hablaron tras recuperar el primero a Zorak, la forma en la que siempre hablaban de él dejaba claro que se trataba de alguien peligroso, alguien que representaba una seria amenaza para todo lo que la Revolución defendía. Crucé los brazos sobre mi pecho, si había una misión preparada con respecto a él, quería saber más. — He oído lo que habéis mencionado sobre los Mushoku y el tal Ashura. — dije con voz firme, asegurándome de que mi tono se escuchara con claridad a través de la ventana — No conozco a ese pirata ni lo que ha hecho, pero si representa un peligro para los nuestros, quiero saber más. ¿Hay un plan contra a él? Si puedo aportar algo os aseguro que lo haré, oink. — Mi mirada se desvió momentáneamente hacia Kisuke, enfocándose en los restos de polvo negro que aún parecían envolver su cuerpo tras el momento en el que los dedos de Zorak lo atravesaron y se tiznaron del mismo negror que mi mano en el día que nos conocimos. Su cuerpo, antes sólido como la piedra, parecía haberse vuelto etéreo, era algo que me asombraba, según el propio Kisuke ahora era un hombre hollín por haber consumido una fruta logia, no entendí nada de lo que quiso decir, pero ya tendría la oportunidad de preguntarle luego que significaba aquél galimatías. También había mencionado a una tal Kihira Takanami y su posible papel en la misión que estaban llevando a cabo. Quizás ella tenía algo que ver con lo que Kisuke había despertado. — Por cierto, Kisuke. — dije tras un breve silencio, con la cabeza inclinada en señal de curiosidad, — Antes has mencionado algo llamado "kenbunshoinku", ¿Lo he dicho bien? — al mencionar la extraña palabra me tomé mi tiempo para intentar decirla bien, haciendo pausas entre las sílabas para ello — Nunca había oído hablar de eso, ¿Es el motivo de que te vuelvas ceniza? Oink. — Las palabras salieron con naturalidad, pero en mi mente ya se estaba formando un plan, si Kihira tenía respuestas, debía hablar con ella, no solo para aprender sobre este extraño poder, sino porque era una de los Grandes Líderes del ejército, si ahora formaba parte de sus filas, lo correcto era presentarme ante ella, pero más allá de la formalidad, había algo más que me hacía querer encontrarla, quería hacerme más fuerte. La simple idea de quedarse estancado resultaba inaceptable para un guerrero, no podía permitir que lo que ocurrió en mi aldea se repitiera en otro lugar. No permitiría que otros inocentes sufrieran lo que yo sufrí.

Cerré los puños con fuerza bajo las mangas de mi kimono, sintiendo la tensión en mis nudillos. Si la Revolución era el camino para proteger a los débiles, entonces debía aprovechar cada oportunidad para mejorar. Pero por ahora, esperaría las respuestas de Kisuke y Zorak. Había mucho que aprender, y yo apenas había dado el primer paso en el sendero que el destino tenía dispuesto frente a mi.

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