![[Imagen: rvCfBMF.png]](https://imgur.com/rvCfBMF.png)
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[EVENTO FASE] Billete a las nubes.
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20-02-2024, 03:04 PM
La presencia de aquel rio era de lo más peculiar, teniendo en cuenta que nos encontrábamos a decenas de metros por encima del habitual nivel del mar. Tenía sentido pues que una sociedad hubiese podido prosperar aquí arriba, más alteraba totalmente la percepción que había tenido hasta entonces de las nubes; no eran simples acumulaciones de vapor de agua, en el reino del cielo poseían una consistencia mayor, como si se tratase de una perfecta simbiosis entre tierra y algodón. No obstante, desconfiaba de la naturaleza del lecho del río puesto que, si era demasiado profundo, no podría atravesarlo por mi condición de usuario, y si no lo era, pero el lecho era “débil”, podía caer de la nube y poner punto final a mi existencia con una caída magistral.
Libreta y pluma en mano, decidí realizar un rápido bosquejo de la posible distribución y del relieve de la zona, tanto del trayecto boscoso como de lo que era capaz de abarcar en aquel momento mi visión, a la orilla del traicionero rio. Confiaba plenamente en mi memoria, más la profesión requería de consistencia y metodología. Fue en plena delimitación de una curva de nivel cuando un profundo y gutural sonido me extrajo de mi flujo de pensamiento. Tal fue el sobresalto que fui incapaz de mantener la pluma recta, haciendo que me saliese del trazado perfecto que hasta entonces había efectuado. - Agh, maldita sea, que rabia me da cuando ocurre esto, casi peor que cuando no me sale la raya...del ojo.
Al finalizar el grave sonido, dejando tras de si un silencio incómodo en el que incluso la fauna no parecía atreverse a pronunciarse, un fuerte flash me obligó a cerrar los ojos y girar la cabeza hacia el costado, cubriendo en un acto reflejo mi rostro con la libreta que sujetaba con la zurda. En la oscuridad me asaltaban motas púrpuras y amarillentas, que flotaban a su antojo y se desvanecían lentamente. Durante el pasado, había estado muy acostumbrado a los flashes cegadores de las cámaras, pero aquel shooting me había pillado totalmente de improvisto. - Fotos no, ¡FOTOS NO! -alerté mientras sacudía la libreta por delante de mí, como espantando moscas. Ya no trabajaba en el mundo de la moda, pero mi pulcra y hermosa imagen tenía un alto precio en el mercado.
Abrí los ojos lentamente, temeroso de un segundo resplandor, cuando frente a mí, a escasos metros, una figura imperiosa y alada se alzaba imperturbable. – Ay mi madre, llévame contigo al paraiso -pensé al recrearme en sus fuertes pectorales, su enorme en verga dura envergadura y las poco convencionales esferas incrustadas en su apolíneo cuerpo. Su voz era etérea, celestial, incluso un tanto automática y robótica, y nos informaba sobre el evento que había atraído la atención de tanta gente en el reino “inferior”. Exigía autenticación, y me daba la impresión de que no valía la pena jugársela con aquel tipo de largos mechones rojizos. Miré de refilón a mi improvisado compañero, el gañan del oro, para luego volver a enfocar los supuestos ojos del ángel, que intentaba ubicar bajo el casco que portaba sobre su cabeza. - Me llamo Aspros y formo parte de los Alas Negras como su navegante y cartógrafo. Soy okama y acuario, así que te puedes imaginar el resto, uuuhuhuhuhu.- reí delicadamente, apartando un imaginario mechón de pelo y recogiéndolo tras mi oreja.
Miré sutilmente por encima del hombro de aquella criatura para volver a enfocar la ciudad de Shandora y me aseguré de guardar bien aquel nombre, junto al de Zarutsuki, en mi memoria. Tenía claro cómo cruzaría el rio, pero no estaba del todo seguro de que aquel ser fuese a dejarme por las buenas, por lo que decidí esperar a tener el camino libre para atravesar la masa de agua y reunirme con mis compañeros. - Que, por cierto, no se han dignado a llamarme. -pensé recordando el DenDen Mushi que portaba en uno de los bolsillos de mi pantalón cargo.
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![]() ¿Mi objetivo? Deslumbrar al mundo,
El ambiente comenzaba a animarse. No pasó demasiado hasta que pudimos observar como, desde diferentes entradas al lugar, aparecieron grupos de diversas facciones que habían acudido a la llamada de los juegos de Zarutsuki. Me preguntaba cómo funcionaría bien esta especie de torneo satírico en el que, realmente, éramos los peones de un emperador autoproclamado a la vez que Sichibukai. No presagiaba nada bueno que mi jefe pretendiera robar y saquear a un hombre así, aquí éramos minoría y, además, había marines en la entrada. No era descabellado que ellos también participaran. De vernos hacer algo ilegal, podrían echar por tierra nuestro gremio y no era la mejor de las ideas. Habría que ser inteligente y cauto. Mantuve mi vista en la arena y en las gradas, así como en los puestos que parecían establecerse en el recinto. Desde luego, los juegos de Zarutsuki eran un evento aclamado por los habitantes de Shandora y existía toda una cultura y comercio a su alrededor. Casi parecía que la atracción éramos nosotros. Como gladiadores caminando al coliseo a morir para que el pueblo disfrute. No iba a ser el caso. No para nosotros.
Antes de que pudiera darme cuenta, un profundo sonido de baja frecuencia emanó desde el palacio frente a nosotros. El sonido, que pareciera ser un cuerno guerrero, resonaba por toda la escena, invadiendo nuestros pechos y haciéndolos retumbar con su frecuencia. Un largo minuto duró, parando en seco a todo el mundo y llamando a la atención de los presentes. Tras esto, un potente destello emanó frente a nosotros y, con él, un hombre alado entró en escena. Con él, otros cuatro parecían haber aparecido frente a los caminos de los demás participantes. El hombre, de mínimo tres metros, vestía unos ropajes blancos muy simples, adornados con telas rojizas y algunos parches metálicos, destacando tres encajes o esferas sobre su torso, que, quizá por el destello o la velocidad de la interacción, parecían estar incrustadas en su propio cuerpo. Su pelo rojo y largo caía tras él desde su cráneo, el cual estaba oculto con un casco metálico que lo cubría desde la nuca hasta la nariz. El hombre alado portaba un bastón que blandía con firmeza mientras daban de manera casi sincronizada la bienvenida a los participantes. Tras esto, solicitaron los nombres de los presentes y su organización. Visto que mis compañeros parecían seguir analizando la escena, me adelanté. Dando un paso hacia el angelical, me presenté — Viktor Evans. Magna. — dije con orgullo mientras barría al hombre de arriba a abajo con la vista. Hasta ahora, todo estaba siendo relativamente tranquilo, pero mi intuición me decía que las cosas se iban a poner intensas pronto. — Huele rarísimo. — pensaba mientras centraba mi vista en las esferas, de una en una, repetidas veces.
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20-02-2024, 09:26 PM
Un inesperado y potente estruendo resonó frente a ellos, Tobías giró rápidamente la cabeza hacia el origen, fruto del susto. Era un sonido profundo y grave que provenía del alto edificio dorado. Parecía emitido por un cuerno por el timbre del ruido, pero tenía que ser de un tamaño descomunal por el volumen y por lo grave que era. Duró más de lo que el carpintero hubiera deseado. Toda la tención de los presentes se centró en aquel zumbido, Daba a entender que era una señal de aviso, como si indicara que el espectáculo fuera a dar comienzo. Tras finalizar, un intenso destello cegó momentáneamente al joven barba turquesa, que tardó unos segundos en volver a ver con claridad. Delante del grupo había aparecido un peculiar ser más alto que él pero menos que Sasha y Kuraku, más o menos como Don Bambú. El individuo alado, tenía una melena larga y anaranjada, portaba un casco negro que le cubría hasta la nariz, vestía ceñido con una especie de traje blanco, adornado con detalles dorados y alhajas, además de una telas rojas. Portaba una especie de báculo o cetro dorado bastante más largo que su propia altura y algo que llamaba mucho la atención eran cuatro esferas negras que tenía incrustadas en el pecho, una en cada pectoral y las otras dos en ambos lados de la zona abdominal. Era como un híbrido de todas las razas aladas.
No tardó en dirigirse a ellos, dándoles la bienvenida a la ciudad de Shandora, capital del reino de ese tal Zarutsuki. Señalando el terreno rodeado de gradas, advirtió que los participantes de los juegos debían identificarse con su nombre completo y tenían que decir a que grupo pertenecían, de ser así, y que lo hicieran de forma clara y ordenada. El angelical sujeto era realmente educado. Los jóvenes piratas habían consensuado hacerse pasar por quienes no eran en realidad, para así poder pasar desapercibidos. Tobías se alegraba de haber planeado eso con antelación, aunque una parte de él le decía que no era buena idea del todo tratar de engañar a aquel tipo, el cual era un subordinado de un Shichibukai. Aún así decidió seguir con el plan establecido por evitar la descoordinación con sus compañeros. Fue la inocente semioni la que que se adelantó al resto y se presentó con su nombre real, presa de la sinceridad y espontaneidad que tanto la caracterizaban. "Bueno, quizás sea mejor así. De todas formas ya esta hecho." Sasha no mintió al decir que habían llegado hasta allí bajo las velas de Nozama y que habían descargado la mercancía como se les había indicado. "¡Buena esa!" Garnet se dio cuenta rápido del giro que había dado el plan y también dijo su nombre real y que era el músico de los piratas Shogun Gari. Ambos parecían emocionados y con ganas de comenzar los juegos. Muy a su pesar, pues el color que había tomado su premeditada falacia le encantaba al carpintero, Tobías no quiso jugársela tampoco. - Buenas, me llamo Tobías Murray y soy miembro de los piratas Shogun Gari, un placer. - El joven barba turquesa se quitó el sombrero en señal de saludo y se lo recolocó alineándolo a la perfección. Solo quedaba esperar que la verdad no complicara las cosas, ser piratas con renombre cerca de la marina y los cazarrecompensas era un gran handicap. "Para una vez que podría haber sido diferente... Bueno, ya está, ya no hay vuelta atrás. A ver que nos deparan los juegos." Tobías también estaba emocionado pese a no haber podido urdir su plan hasta el final, pero también lo inundaban los nervios, no sabía que tipo de competición iban a realizar, pero si sabía que los rivales eran duros de pelar. Solo le consolaba que sus compañeros también lo eran.
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![]() ❝Para. Respira. Ordena. Apuesta.
20-02-2024, 10:15 PM
Aún no había asimilado el hecho de estar en una isla encima de las nubes, frente a una ciudad dorada, rodeado de gente como yo y ya estaban sucediendo más cosas. Mi mente retomó su rumbo al escuchar un profundo, solemne y potente sonido que parecía venir del palacio y, lo que parecía en un principio un tono corto y potente para llamar la atención de todos, se alargó hasta que se hizo el silencio más absoluto… aquí arriba les gustaba llamar la atención con sonidos de todo tipo, tampoco tenían vecinos que se fueran a quejar así que… Aquel estruendoso sonido duró un poco más de lo que esperaba y, cuando creíamos que todo había terminado, surgió ante nosotros un destello y tras él una especie de ángel de más o menos mi altura, que portaba un ostentoso palo dorado y unas ropas que, francamente, parecían muy cómodas.
Aquel ser que se encontraba frente a nosotros, acompañado de otros cuatro iguales que se encontraban repartidos a lo largo de aquel lugar, parecía lo contrario a mí. Sus alas eran blancas, su pelo era de un color muy potente y llevaba muchos abalorios feos y ridículos. Pero, aunque su presencia era notoria hubo algo que me llamó la atención, tenía clavado en el pecho izquierdo una esfera metálica, como si le hubieran disparado con algún tipo de balín de gran tamaño. El ángel nos dio la bienvenida a la ciudad, Shandora, por lo visto capital del imperio del tipo que nos dio la bienvenida al principio, aunque no de forma personal. Saber que era señor de un imperio tan chulo me dio más ganas de conocerlo, hacerme su amigo íntimo, y comerme toda su comida… me rugía el estómago sólo de pensarlo. El tipejo que teníamos delante nos pidió que nos identificáramos y que dijéramos nuestro nombre completo y si pertenecíamos a alguna organización para participar en los juegos. Seguramente Cornell le hubiera mordido la cabeza con furia y hubiera sorbido sus sesos en un festival de sangre y muerte, trayendo la guerra a la ciudad de Shandora… siendo el caballo guerrero del fin de los días… ¡PERO! Seguía siendo… -Yojimbo Lemarcus Cornell Yamamura Tercero, futuro Rey de los Piratas y capitán de la tripulación Alas Negras. Ups, lo había dicho, a fin de cuentas, mi padre tenía razón… al menos no me había quitado la máscara de caballo, pero ya era tarde. Giré mi rostro y miré a través de aquella cabeza animal a Triana, y luego a Jolyne. -Lo siento… kikiki -susurré preocupado justo antes de reír con timidez, al darme cuenta de que la había cagado. Seguro que si Peixe hubiera estado aquí se habría tirado una hora presentándose, habría dicho hasta el nombre de sus padres y eso nos hubiera dado tiempo para huir. Esperaba que Jolyne hiciera algo que llamase la atención, o que apareciera Aspros del cielo con una triple patada con tirabuzón de la muerte y derrotara al ángel para sacarnos de este entuerto.
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Inventario
Máscara de Yojimbo
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![]() - Cronología - Tripulación -
20-02-2024, 10:36 PM
Aquel lugar era un tesoro, literalmente, pero Jolyne y Yamamura solo sabían delirar y fascinarse por cosas absurdas, como el gran coliseo o la gente con alas. ¿A quién le importaba eso? ¡Estábamos en una maldita ciudad de oro! Aunque suponía que tenía cierto sentido que se obsesionasen con los seres alados. Por lo que ambos habían contado, estaban un poco confusos respecto a sus orígenes y era probable que en este lugar pudiesen hallar alguna respuesta. Aun así, tampoco me parecía algo excesivamente relevante. Si habían vivido toda su vida sin saber de dónde venían ni conocer a sus padres no les hacía ninguna falta a estas alturas. El pasado, pasado estaba. Pero el presente requería toda nuestra atención para que pudiésemos forjarnos un futuro brillante.
Yamamura parecía confuso, pero eso no le impidió tomar las riendas y proferir cuatro órdenes bien claras: encontrar a Aspros, robar el oro, participar en los juegos y averiguar algo sobre sus orígenes. Me sobraban las dos últimas, especialmente la de los juegos. No quería contrariar a Yamamura, pero no podían importarme menos. —¿Lo de los juegos es opcional o…? —antes de que pudiese terminar la frase un sonido atronador retumbó con fuerza. Parecía que provenía del palacio y que anunciaba el inicio de un evento de gran relevancia, seguramente aquellos juegos. Cuando el sonido cesó, un destello cegador me forzó a entrecerrar los ojos. De la nada apareció un ser que se asemejaba a los ángeles, un hombre alto, de pelo largo, alas blancas y ataviado con prendas solemnes se erigía ante nosotros. Llevaba un cetro que no sabía si tenía un uso bélico o ceremonial y su casco impedía ver por completo su rostro, tan solo la mitad de él. Pero lo que más llamaba la atención era una esfera plateada que parecía que estaba incrustada en su pecho izquierdo. Al igual que las caracolas, nos dio la bienvenida en nombre de ese tal Zarutsuki y nos pidió que nos identificásemos. Seguía sin querer participar en lo que fuera eso, estaba a tiempo de retirarme, pero no me fiaba de dejar solos a Yamamura y a Jolyne, así que no me quedaba más remedio. Era sencillo, lo teníamos ya pensado, solo teníamos que dar nuestros nombres falsos. Sin embargo, Yamamura no titubeó al decir su nombre real. Apreté los labios intentando contenerme. Algún día nos matarían por alguna gilipollez así. De perdidos, al río. No tenía sentido mentir si ya tenían el nombre de nuestro capitán y de la banda. —Triana Tempesta. Parte de la tripulación de los Alas Negras —respondí de forma clara y concisa. Sentía que estábamos yendo directos al matadero. Mientras tanto, el mundo continuaba girando a nuestro alrededor. Los habitantes del lugar no parecían prestarnos atención, estaban enfrascados en sus tareas. Me daban bastante envidia. Yo solo quería comer, pasear por aquellas calles entre edificios dorados, tal vez ver los juegos desde la grada mientras bebía algo y me fumaba un puro, descansar en sus camas que tal vez también fuesen de oro y, por último, largarme de allí con un buen souvenir. Me conformaba con un pedrusco de la pared de una de las casas. Sin embargo, me tocaba estar delante de un ángel con una pinta no muy amistosa identificándome para participar en un absurdo juego. Si es que llegábamos a participar y no nos mandaban un pelotón de marines para detenernos o matarnos.
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![]() ❝Con cada movimiento de mis espadas, escribo mi leyenda en las páginas del tiempo, cada paso que doy es un trueno en el estruendo de la batalla. Aparta de mi camino, o lo lamentarás.
21-02-2024, 12:01 AM
Kuraku siguió observando las gradas llenas de hombres y mujeres alados. < ¿Será entonces de aquí de donde vengo? > cayó en la cuenta, de que entonces, probablemente Garnet también procedía de esas majestuosas islas del cielo. < Lunarians, Skypeans... ¿Todos venimos de aquí?>
El peliblanco siguió absorto en sus pensamientos, hasta que un estruendo sin igual le hizo salirse de sus pensamientos. Un sonido proveniente del palacio, como jamás había oído antes. Un solemne minuto donde lo único que pudo escuchar era ese sonido, grave, como si de un cuerno de guerra se tratase. Tras terminar el sonido, Kuraku pudo ver como delante de él y de sus compañeros, un destello de luz les cegaba y aparecía un ser majestuoso justo delante de sus narices. Lo primero que llamó la atención del Lunarian fueron sus dos grandes alas blancas, pues eran vistosamente más grandes que las de un Skypeano, pero no tanto como las del propio Kuraku o de cualquier otro Lunarian. < Otro más con alas... > Se sentía ciertamente descolocado, pues no entendía qué o quién era, ni siquiera le quedaba muy claro nada de todo aquello, ver a tantos lunarians y skypeans juntos le seguía pareciendo extraño. Cuando dejó de fijarse en sus alas, pasó a mirar su aspecto de forma más general, observando sus ropajes y su bastón, además de las 4 esferas que tenía incrustadas en el cuerpo. Era un ser ciertamente atractivo, pues su porte y su aspecto, llamaban bastante la atención del peliblanco. El Angelical ser les dio la bienvenida a lo que nombró como "Shandora", capital del imperio del que parecía ser el Shichibukai que regentaba todo aquello. Don Bambú les había dado esa información, y Kuraku no tenía por qué dudar de él. El ser les pidió de una forma muy seria que se identificasen, y si querían participar o ver los juegos que iban a tener lugar allí mismo. Sasha fue la primera que se acercó a él, y con bastante naturalidad le empezó a hablar. < Recuerda, eres Sarah... > entonces la muchacha soltó sin más su nombre real, dejando atrás cualquier tipo de anonimato que pudieran tener, la chica intento arreglarlo rápidamente explicando que habían llegado portando las velas de nozama y que habían hecho lo que se les pidió al llegar, habían descargado la mercancía en la playa. < Bueno, pues se acabó el esconderse.> Tras ella, fueron Garnet y Tobías los que se presentaron como tripulantes de los Shogun Gari, así que Kuraku no iba a ser menos. Cuando el resto se descubrió al completo, Kuraku tomó la decisión de quitarse la capa y las lentes que llevaba, dejando ver claramente su cara y sus alas, y entonces fue a presentarse. Se acercó levemente al majestuoso ser, intentando quedar por delante del resto, por si sus respuestas provocaban al ser y dijo su nombre - Kuraku Natta. Formo parte de la tripulación de los Shogun Gari. Tras esa pequeña interacción se quedó mirando al ser y a sus imponentes alas, esperando alguna reacción por su parte. El lunarian de todas formas podía escuchar y ver como la gente en las gradas estaba como si nada, además de que había algunos comerciantes montando sus puestos justo delante de las gradas. Seguía alucinando al ver a tantos de los suyos estar por ahí como si fuera lo más normal del mundo. < Cuando termine todo esto buscaré información, quizá encuentre una biblioteca o algo similar... >
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21-02-2024, 01:33 AM
En medio de mis cavilaciones, podía escuchar a Yojimbo emocionado por haber encontrado a más de los suyos. Desde que le vi en mi pueblo con sus grandes alas negras, siempre supe que nos uniría un fuerte lazo, pero nunca me imaginé que vendríamos del mismo lugar o que tuviéramos alguna especie de parentesco (o al menos eso me gustaría pensar). A pesar de todo, estaba convencida de que fue la suerte la que me llevó hasta mi granja, y es que en ningún sitio podría haber sido tan feliz como lo fui allí, ni me habrían enseñado mejor a escupir en lata.
Según las instrucciones de Yojimbo, tendríamos que reencontrarnos con Aspros, ganar los juegos, tomar prestado algo de oro y descubrir cosas acerca de su origen. Para mi gusto eran demasiadas cosas que hacer en un bonito día de verbena. Además, robar pedruscos o metal, por muy valioso que fuese, no era precisamente mi idea de diversión. Ya puestos, sería mucho mejor llevarnos algo más útil como las caracolas, pero nunca me hacían caso. Lo que sí que añadiría, si se me permitiera, sería un pequeño tiempo para echarle un vistazo a los puestos de por aquí.
Antes de que pudiera hacer cualquier petición, Triana se aventuró a preguntar si participar en los juegos era opcional. Giré la cabeza bruscamente hacia ella. - ¿Es que no hemos venido aquí para eso? Cuando estaba a punto de negarme, se escuchó un fuerte sonido que cortó nuestra conversación durante un largo minuto. Miré confusa a mis compañeros, esperando que ellos supieran qué es lo que iba a pasar ahora. El ruido resonaba en mí y cuando por fin se quedó en silencio, apareció una luz que me cegó por un instante. – Qué harta estoy de estas lucecitas. Con mis manos abiertas para disminuir esa luminosidad, apareció ante nosotros una persona alada con un bastón dorado casi tan largo como Yojimbo. Usaba un casco que tapaba la mitad de su cara y sus ropas tenían adornos que parecían de oro. En la parte izquierda de su pecho, había una especie de esfera plateada incrustada. No quería estar tan acostumbrada a estas situaciones, pero cualquiera pensaría que nos habían descubierto y que este ser había venido a detenernos sin siquiera haber probado una bocanada de aire festivo. Pero para mi sorpresa, solo nos volvía a dar la bienvenida a Shandora, la ciudad en la que nos encontrábamos. Los protocolos y formalidades solían aburrirme profundamente, pero había que admitir que ser agasajado así era halagador.
El tipo nos pidió que nos identificáramos para poder participar en los juegos. Siguiendo el plan, solo tendría que decir que era J.J. y que venía de mi humilde granja para pasármelo bien. El problema era que Yojimbo no era precisamente un zorro en estos asuntos, y acabó revelando su identidad bajo mi completa estupefacción. Él mismo había tenido la idea de ponernos apodos y ahora nos había expuesto. Miré a Triana de reojo por si continuábamos con la farsa, pero teniendo en cuenta que ella también reveló su nombre no me quedó más remedio que hacer lo mismo. Tras un suspiro de resignación, procedí a presentarme. -Yo soy Jolyne Jones. También de los Alas Negras – contesté. Entendía que solo fuera un requisito para poder participar, pero nos podría acabar saliendo muy caro.
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RESUMEN
❝¿Yo escribo aquí y cualquiera puede leerlo? ¿Cómo es eso posible? ¿Y tengo que decir lo que yo quiera? En ese caso, juraría que una vez vi a la legendaria vaca marina. ¿Cuánto has dicho que me queda para poder expli
21-02-2024, 01:40 AM
Tras mis palabras hacia el resto de la división, Sephiroth se acercó a Joe susurrándole algo que no alcancé a escuchar. Cruzaron un par de frases mientras yo seguía inspeccionando el lugar y poco después Joe aceptó mi idea de acercarnos a la zona rodeada por las gradas. Me alegraba comprobar como mis compañeros aceptaban mis ideas y propuestas una tras otra. Tal vez aún no estaban acostumbrados a ello, pues aún no me habían visto en acción, pero siempre me gustaba planificarlo todo en detalle. Además, se me daba fantásticamente, como todo en la vida. Pero había algo que me urgía por encima de todo lo demás en aquel momento; demostrar mi valía. Yo sabía perfectamente lo capaz que era, pero los demás todavía no. Mi físico era un arma poderosa, aunque a veces jugaba en mi contra pues la gente pensaba que era todo lo que tenía, y nada más lejos de la realidad. Así que daría lo mejor de mí para que todo saliese bien en aquella misión y así demostrar a todos mis increíbles capacidades analíticas y mi fuerza si se daba la ocasión.
Una vez hablado nuestro próximo objetivo, estábamos a punto de avanzar cuando se escuchó un fortísimo y grave sonido de lo que parecía un cuerno de guerra. El zumbido era tal que dejé de avanzar y de prestar atención a lo demás, pues era tan estruendoso que ni siquiera me permitiría hablar ni escuchar nada que no fuese eso. “¿Será algún tipo de advertencia? ¿O tal vez, sea simplemente una forma de bienvenida?” me pregunté mientras el sonido se sostenía durante aproximadamente un minuto aunque realmente en aquella situación tan tensa se hizo mucho más largo a mi parecer. Cuando finalmente volvió el silencio, un brillante destello frente a nosotros me dejó cegada por un instante, obligándome a cubrirme los ojos con el brazo derecho. Cuando aparté el brazo esperando que aquella luz se hubiese disipado, ante nosotros se erguía una figura alada de una altura imponente. Vestía ropas ajustadas blancas y un casco negro que tapaba parte de su rostro del cual salía una larga melena anaranjada, pero lo más llamativo de él era que llevaba algo así como un cetro dorado de unos cinco metros y dos extrañas esferas plateadas incrustadas en su pecho izquierdo y más abajo en el lado derecho de su abdomen. Quedé algo asombrada al ver que sus enormes alas blancas no encajaban con ninguna de las razas que poblaban aquella ciudad, lo que me generó bastante curiosidad. Tras haber recordado que Zarutsuki era un Shichibukai, mi cuerpo estaba en alerta y estuve a punto de ponerme en guardia cuando la figura angelical habló para darnos la bienvenida. Aunque fuese poco, aquello me tranquilizó, prefería no tener que luchar y menos sabiendo a quién nos enfrentaríamos si lo hacíamos. Además, los ciudadanos a lo lejos parecían no reaccionar a aquello de ninguna forma llamativa, como si fuese algo habitual allí. Aquel “hombre” prosiguió pidiendo que nos identificásemos, solicitando nuestro nombre y afiliación. “Al fin alguien nos recibe. Espero que pueda indicarnos a dónde debemos ir” pensé aliviada por encontrar a alguien que pudiese revelarnos un poco más de información. Como un rayo, Karl respondió por todos nosotros sin darnos tiempo a los demás, lo cual en primera instancia no me pareció mal. El problema fue que después de aquella cortés y rápida presentación, la terminó gritándole de forma soez. Me llevé una mano a la cara, tapándome los ojos mientras aguantaba el disgusto y la vergüenza ajena por aquella reacción que no entendía para nada a que se debía. Joe fue veloz y la reprendió al instante, cosa que agradecí enormemente. “Espero que no nos cause problemas por esto” pensé algo preocupada. Joe se presentó a sí mismo y nos indicó a los demás que lo hiciésemos también, siendo Sephiroth el primero en responder. —Ikirami Kuroichi, Teniente de la Marina y miembro de la división 21. —respondí tranquilamente con la voz suave y calmada— Perdone a mi superior, el viaje ha sido muy largo y el ascenso turbulento la ha dejado algo trastocada. Hemos sido enviados oficialmente para ayudar con el evento y estamos deseosos de ponernos con la labor. Sonreí amablemente al guardia alado, esperando mantener la situación tranquila por el momento.
Aclaraciones
21-02-2024, 02:07 AM
Toda conversación que pudiera haber nacido en aquel breve lapso de tiempo murió antes de ver la luz cuando el poderoso y grave sonido de un cuerno alertó a todos los presentes de que algo iba a ocurrir. Durante un inmenso minuto, el panda trató de ver algo a su alrededor o en el propio palacio, aunque estuviera lejos, que le indicase qué iba a ocurrir. Se ajustó las gafas de sol y se aseguró de no hacer contacto visual con los otros individuos presentes, no fuera a ser que alguno le reconociese. No sabía si los marines eran su mayor problema, porque los revolucionarios eran un grupo odiado no solo por la justicia, sino por los nobles contra los que atentaban. En el caso de Zarutsuki, él era noble y la justicia al mismo tiempo. Sin duda, era el que menos le interesaba que le reconociese.
Cuando el sonido del cuerno terminó, ante todas las rutas se produjo un destello de luz brillante y cegadora que atravesó sin remedio las gafas de sol del panda y lo dejó ciego durante unos instantes. De aquella luz surgió una figura angelical de más o menos tres metros de alto. Había una para cada ruta y Don Bambú pudo identificar que la de su ruta tenía 4 esferas de metal incrustadas en el frontal de su torso. Todas al unísono comenzaron a hablar. En un principio les dieron la bienvenida a Shandora, la sacra capital del imperio celestial de Zarutsuki. Ese nombre le sonaba al panda de algo, pero no fue capaz de recordar dónde lo había leído. También empezó a dar instrucciones acerca de lo que tenían que hacer ahora. Tenían que presentarse de uno en uno y decir a qué organización pertenecían. Eso podía ser un problema para el panda, que era posiblemente el mayor interesado en evitar que se conociese su condición de revolucionario. No sabía qué decir. Estaba seguro de que tenía que mentir, pero él no era un experto en eso, Kovashi lo era. Kovashi podría decirles a estos pazguatos alados que estaba lloviendo torrencialmente y tendrían que mirar al cielo para constatarlo. Don Bambú desearía tener ese piquito de oro para situaciones como aquella. La primera en hablar fue Sasha. La simpleza con la que dijo su nombre real fue increíble. Dijo que llegaron usando las velas de Nozama y que descargaron mercancía como se les había pedido. El siguiente fue Garnet, que como Sasha había delatado su identidad se vio obligado a seguirla inmediatamente con la suya. No tendría sentido que sólo una integrante de Shogun Gari estuviera allí y no el resto. Tobías fue el siguiente y finalmente Kuraku. Todos se habían presentado con su nombre real, desvelando sus identidades al ángel. Don Bambú percibió que era su turno. Tenía que decir algo sobre quién era y a qué grupo pertenecía. "Don Bambú, ejército revolucionario" Si decía eso podría quedarse vendido ante la voluntad de Zarutsuki... No. No era la decisión adecuada. No al menos según lo percibía el panda. Miró a sus compañeros y tuvo una idea. —Mi nombre es Chewbacca. Soy un nuevo miembro de Shogun Gari.—Se sintió medio orgulloso de lo fácil que le había resultado, pero sabía que había sido la última fruta de su pequeño manzano de las mentiras. Se lo estaba jugando todo a ocultar su identidad y solo restaba saber si había colado y por cuánto tiempo. —Garnet, préstame tu gorro —Le dijo en voz baja al músico. Ahora tocaba evitar que los demás participantes le reconociesen.
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Karmas
Off
Me encuentro frente a la orilla del río. Mi intención es superarlo de un brinco y adentrarme en la ciudad para saquear tanto como fuera posible. Todas esas casas brillantes y el flujo de personas, de un lado a otro, gastando dinero... Se me hace la boca agua al pensar en el pastizal que puedo sacar de la peña de aquí. También debía encontrar al maestro del Hassoken que, según Buttohetto, se encontraba en la tal Skypiea, aunque todavía debo averiguar dónde narices estoy.
Ya predispuesto a saltar, escucho unas palabras tras de mi que me dejan perplejo. -¿oro?¿Cómo que oro?- Me giro entonces y veo a mí perseguidor, que en vez de ser una hermosa y atractiva mujer con acento (como pensaba), es un tipo sin pechos, sin rubio y sin ningún tipo de deje extranjero. (muy guapo, por cierto). Sin vacilar ni un segundo, doy un paso atrás, confuso, y levanto los brazos en guardia, dispuesto a pelear. -¡ALTO, CAPULLO! ¿Que has hecho con la mujer que me seguía y... y se parece mucho a tí...?- bajo entonces los brazos, encajando las piezas. Mientras me rasco la barbilla con la diestra, cabizbajo, doy un respingo al retomar sus palabras. -Un... Un momento... ¿Has dicho que eso es oro?- señalo la ciudad mientras miro perplejo a mí acompañante. -Una polla...- me giro entonces bruscamente para observar la ciudad, con los más abiertos que nunca, las pupilas con la forma del Berry y una sonrisa tetrica de oreja a oreja. -Me cago en la leche, esto va a ser mi billete a las nubes, SHIHahaHAHaH- Mientras salivo imaginando todo el oro que iba a robar y en que me lo gastaría a futuro, mi acompañante se dedica a sacar una libreta y un cacharro de esos para pinar y se pone a hacer sus cosas. Lo miro entonces extrañado. Antes me sonaba su cara, pero ahora, sin tanta parafernalia, me suena todavía más. Justo cuando voy a preguntarle porque recuerdo de algún lado su careto, un ruido ensordecedor interrumpe el momento, dejándonos sordos por unos largos segundos. El silencio nos invade a ambos, hasta que un destello cegador surge frente a nosotros. Me cubro la vista con la capucha, que ya de por si me cubria medio rostro. Cuando el haz de luz desaparece, una criatura alada nos corta el paso. Una especie de lunarian caucásico, armado y con pintas de no haberse comido un rosco en su vida. Antes de que ninguno pueda responder, el tipo comienza a darnos la chapa. Afirma que estamos en Shandora, tierras de un tal Zaratsuki. -mierda, esto no es Skypiea... ¿Dónde cojones he caído?- Luego nos pide identificarnos para poder pasar o participar en una especie de juegos. Encima con rintintin pedante. Tengo la firme intención de abalanzarme sobre el interrogador y de hacerle mierda, pero entonces veo como mi compañero, tras mirarme con brevedad, se adelanta y accede a identificarse. -Vaaaya, vaya... Mira a quien tenemos aquí... Así que el mismísimo navegante de los Alas Negras.- miro a Aspros sorprendido y con una sonrisa leve tras revelar su identidad. -ya decía yo que me sonaba su cara...- doy paso al frente y miro al ángel mientras me retiro la capucha. -Yo soy Zarek, el Hereje. Y a diferencia de aquí, nuestro amigo el okama, viajo solo, SHIHahaHAHaH- me acerco un par de pasos a Aspros y me dirijo a él directamente. Es casi tan alto como yo, pero lo encaro con una sonrisa pícara, aunque con respeto por su cargo.-Aunque si no te importa, me gustaría que me acompañes. Quiero cruzar un par de palabras con tu capitán.- Los Alas negras. De la última ola de piratas que se han hecho un nombre en el mar, son sin duda los más aclamados. ¿Sobrevivir? No tengo dudas en que puedo sobrevivir solo en estos mares y superar a cualquiera que me toque los cojones. Pero nunca está de más tener contactos de calidad. Y nada mejor que Ylcy, capitán de los Alas negras. -Y respecto a tí, cabeza de lata.- me giro hacia el indagador -Aparta de nuestro camino y déjanos pasar o vamos a tener problemas.-
Visual de Zarek sin capucha
Aclaraciones y justificaciones
Personaje
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