[EVENTO FASE] Billete a las nubes.
#11
Don Bambú esperó semanas la llegada de aquella promesa en forma de barco que pudiera sacarle del infierno lleno de gigantes y avispas en el que se había metido con sus camaradas. Tuvo una conversación seria sobre el tema con Caoba, superviviente de los sucesos de la isla aparte de él. Panda insistía en que Caoba le acompañase en el barco de Nozama hacia la isla del cielo y continuasen su aventura, pero elle se empeñaba en que la muerte de sus compañeros todavía no era una certeza y que alguien debía permanecer allí y cuidar del barco. —No doy a mis amigos por muertos, Caoba... —Mintió. Tal vez se mentía más a sí mismo que a Caoba. —...pero tenemos que continuar. Si te quedas aquí te capturarán tarde o temprano. —La advertencia del panda cayó en saco roto. Caoba no dio brazo a torcer y se negó a acompañar al revolucionario en su aventura. —No te obligaré a venir, pero más te vale que nos veamos en la segunda mitad del Grand Line. —Le dio la mano a una causa perdida y se despidieron, porque no había otra. Bambú echó una última mirada atrás desde la distancia selvática que ya había recorrido. Caoba ya no estaba allí.

Esperó durante horas en la playa sur de la isla por el barco de Nozama. Justo cuando estaba considerando volver al barco e intentarlo de nuevo mañana por la mañana, una sombra apareció en el horizonte. Se trataba de un barco comercial, sin lugar a dudas el transporte prometido. No tardaron demasiado en llegar y atracar el barco. De él desembarcaron seis botes diferentes llenos de gente lista para recoger materiales. Llevaban trajes especiales, como si fueran apicultores, y Don Bambú no pudo evitar preguntarse qué demonios planeaban hacer. Una vez llegaron con sus barcas a la costa, varias docenas de figuras encapsuladas en estrambóticos trajes se lanzaron hacia la selva con curiosas herramientas entre sus manos. Todos menos una persona que destacaba por su diminuta estatura, que recibió al panda con un traje de talla Mink y un portapapeles. —Intuyo que el que llamó fue usted. —La voz era inconfundiblemente de una mujer, tal vez humana. Ni siquiera dejó al panda terminar. —Protéjase con este traje, vamos a recoger cera de avispas. Sólo esta especie es capaz de generarla y tiene espectaculares propiedades como pegamento. Va a trabajar usted para ganarse su viaje. —Ya se lo esperaba, por supuesto. Nozama era una compañía apreciada en todo el mundo por su gran eficacia en el reparto de mercancías, pero también era conocida por sus implacables políticas. No regalaban nada. Al menos le habían dado trabajo y un traje que le permitía ocultar su presencia. Don Bambú se puso el traje, el cual le quedaba sorprendentemente como un guante y ayudó en la recolección de panales de avispas. Tardaron tan solo un día en recoger suficiente como para llenar una veintena de cajas del tamaño de una persona cada una. Durante ese periodo los gigantes ni siquiera asomaron su hocico para observar a los grupos de recolectores. Don Bambú, cumplida su parte, pudo embarcar con los demás trabajadores y fue empleado, con un nombre falso, eso sí, como mozo de carga en el barco.

Con el tiempo, Don Bambú apreció cuán afortunado había sido en el momento en el que embarcó en aquel navío. La mayor parte de los tripulantes no le habían visto la cara bien y la encargada que le contrató parecía mucho más interesada en obtener resultados satisfactorios para ascender en la empresa que en las noticias del mundo. Tuvo tiempo a solas en su camarote para agenciarse unas gafas de sol y argumentar que sus ojos eran muy sensibles a la luz. De esa manera pudo cubrirse la cicatriz del ojo izquierdo y dificultar que la gente pudiera reconocerle fácilmente. Nunca se relacionaba con nadie. Hacía su trabajo en silencio. Si alguien le hablaba, asentía en silencio y acataba órdenes si había que acatarlas, y si no, no hacía comentarios al respecto de nada. Con el tiempo el resto de sus compañeros asumieron que al panda no le gustaba la gente, pero como trabajaba como cinco personas juntas al mismo tiempo, le dejaron a lo suyo. Un día, mientras se tomaba un descanso en sentado en la proa del barco, cigarrillo en boca y café en mano, llegó como un regalo celeste el periódico de Intha. Al menos tendría algo para leer. Devoró la lectura en cuanto sus manos la alcanzaron. El café quedó a un lado mientras el panda pasaba páginas del periódico a toda velocidad, revisando los artíulos uno por uno. En primera plana estaba la noticia de que Beff Jezos autorizaba la entrega de distintivos a patrones de barco que colaborasen con Nozama en el transporte de mercancías para los juegos de Skypiea. Esperaba que el hecho de trabajar en aquel barco le sirviese como autorización, aunque estuviera ocultando su identidad allí. En la siguiente página, mirándole con aquella mirada de psicópata absoluto, estaba Finn. La noticia trataba del resultado de una pelea entre Finn y los Shogun Gari. ¡Los Shogun Gari habían derrotado y acabado con Finn! El rostro de Garnet, con una sonrisa muy propia de él, miraba al panda como un igual. —¿Cuán fuerte te has vuelto, Garnet? —Dos filas de puntiagudos dientes recorrieron el rostro del panda. Casi daba miedo verle sonreír de aquella forma. No duró mucho aquella sonrisa, sin embargo, porque inmediatamente debajo de aquella noticia estaba su cara. —Mierda. —Tuvo la buena idea de cubrirse su cicatriz desde el principio, pero no se sentía demasiado seguro en aquel barco. No había muchos mink panda. Las noticias sobre la revolución hablaban de cómo el grupo de Kovashi había sido exterminado. Todos menos Don Bambú, que estaba en paradero desconocido. Incluso las noticias daban por muertos a sus amigos. No sabía muy bien cómo sentirse al respecto. Intentó despejar su mente continuando con la lectura del periódico, aunque su pecho tamborileaba con fuerza ante la idea de que sus compañeros de trabajo estuvieran leyendo el periódico y atando cabos. ¿Tendría que haberse pintado todo de blanco y haberse hecho pasar por un oso polar? Quita quita, qué racista.

Las últimas noticias trataban sobre los Alas Negras capitaneados por el lunarian ese con un nombre tan largo y sobre una competición en Water Seven. A los Alas Negras los había visto tan solo en una ocasión de lejos y ocupaban su mente en muy contadas ocasiones. Quizás fueran personas interesantes para la revolución. No consideró muy interesante la última noticia, porque él no era carpintero, así que dobló el periódico y se lo guardó. Se terminó el café y tiró la colilla del cigarrillo ya consumida por la borda. Volvió al trabajo intentando aparentar tranquilidad y trató de evitar a sus compañeros como siempre. Se sentía observado por ellos, como si hubieran logrado sumar 2 y 2 con absoluto éxito y estuvieran meditando cómo proceder. Justo en el momento en el que uno de ellos se estaba acercando para decirle algo, un anuncio por la megafonía del barco les informó de que se agarrasen a lo que encontrasen en cubierta o entrasen en el barco inmediatamente. Don Bambú abrazó la oportunidad y se alejó del trabajador del barco para agarrarse al mástil mayor del barco. No entendía muy bien por qué tenía que hacerlo, pero todo con tal de alejarse de la tripulación del barco en aquel momento.

Una melodía comenzó a sonar en la lejanía. ¿Profetizaba tal vez la llegada de algo grande? Esta pregunta no duró mucho en la mente del panda, pues un brutal estallido elevó el barco hacia el cielo a toda velocidad. El panda sintió la presión de la gravedad y la velocidad trabajando juntas para lanzarle fuera del barco, pero sus músculos de acero habían formado una llave alrededor del palo mayor que le impedía salir despedido. Miró al cielo, hacia las nubes a las que se aproximaban a toda velocidad. —Finalmente... ¿¡Skypiea!? —No podía esperar a cruzar el gran umbral y admirar la verdad de Skypiea con sus propios ojos. Si sus amigos estuvieran allí...

Resumen


Inventario
#12
El destino mece las hojas de maneras extrañas.
Apenas había pasado un tiempo desde que me uní a Sohem y habíamos zarpado de Toko, pero tenía la sensación de que había sido mucho más. Habíamos partido con destino a Skypiea. No estaba seguro de qué encontraríamos realmente ahí. Unos supuestos juegos convocados por un filántropo eran la única excusa para aglomerar a una incontable cantidad de grupos de todos los gremios, facciones y divisiones. El objetivo real no estaba claro y ni siquiera un sobre-pensador como yo era capaz de ver la realidad detrás  por más vueltas que le daba. En la madrugada del 36 de Invierno, nos acercamos al punto marcado. Los barcos de la marina y el Gobierno Mundial custodiaban el perímetro que nos acercaría al famoso Knock Up Stream, la corriente ascendente que nos llevaría a las islas en el cielo. Aún faltaban unos minutos para alcanzar y pasar el bloqueo cuando, apoyado sobre el pasamanos del buque insignia de Magna; el Parabellum; con los codos, recitaba en voz muy baja un poema de mi libro. — ¿En qué profundidades distantes...? — sin embargo, cuando nos acercábamos cada vez más al espacio delimitado, una bandada enorme de gaviotas se arremolinaron sobre todos los barcos allí presentes y dejaron caer una lluvia de periódicos de la editorial del infame Intha.

Chloe atrapó uno de estos y lo comenzó a ojear hasta que llamó mi atención para que mirara algo en las hojas. Cerré el libro con la mano izquierda y lo guardé en mi bolsillo interno del abrigo, girando para observar lo que Chloe mencionaba, sentándome levemente sobre el pasamanos y cruzándome de brazos por encima. Chloe recalcó que un Revolucionario se había quedado solo. Solo y con una cuantiosa recompensa. Sugería que podría ser una presa fácil. Hasta cierto punto, puede ser. Si estaba en lo cierto y no había sobrestimado a mi compañero de armas, dudo que mucha gente pudiera rivalizar la fuerza de Mar Cruel junto a la mía, pero... un mink siempre es un problema, incluso en solitario. — El problema es el Sulong. — espeté serio — Si las historias son ciertas, pueden transformarse en una especie de monstruo que bien podría arrancarnos la cabeza. Yo no vendería la piel del oso antes de cazarlo. — concluí, lanzando una mirada a Sohem y volviéndome hacia el pasamanos. No podía evitar pensar si volvería a ver a Joe. Había pasado bastante y, en cierta parte, me alegraría. Sin embargo, mis pensamientos se vieron truncados porque, sin demasiado aviso, el mar comenzó a borbotear salvajemente, comenzando a hervir como si de una olla a presión se tratara hasta que, finalmente, la corriente vertical comenzó a empujar los barcos hacia el cielo. No pude evitar mirar a Chloe, que parecía bastante impactada por el suceso, aunque lo soportaba decentemente. Para mí, sería un paseo, pero ella parecía estar peleando con el equilibrio al borde de desplomarse o salir volando. — ¡Nos vamos de paseo, señores! — gritaba mientras ascendíamos a toda potencia. No mentiré, me lo estaba pasando bien.

toda la info
#13
Parabellum era un barco grande, robusto y acabaría por ser glorioso, en el futuro.
Ciertamente las aventuras en la isla Toko se tornaron caóticas y aleatorias hasta límites insospechados, y por tópico que sonase, ahora que salía de sus lindes, no era el mismo hombre que había entrado en ellos. Entré acompañado del escuadrón de Marines de Joe, el más viejo conocido que tenía... o al menos, el más antiguo que quería recordar. Luché contra gente que pareciera ser más fuerte de lo que realmente era en su primera impresión, como un gigante gordo y calvo, un lunarian de esos extraños, gyojines y humanos por igual. Tanto así que había cobrado una recompensa menor, migajas y minucias, pero hasta el momento la más alta que me había podido permitir echarme a la cara. Catorce millones de berries que tras la resta de impuestos me permitieron comprar la licencia para empezar a poner las piedras de mi nuevo imperio. Licencia en mano y confianza renovada, me encontré con lo que a día de hoy recordaba como una estrella en el firmamento: Mufasa, la niña cornuda lagarto. La primera persona en... ni sabía cuánto tiempo, que me había tratado amablemente. Esperaba que todo le fuera bien.

Pero aunque eso pudiera parecer suficiente aventura para una sola isla, no fue así. Conocí al estirado guaperas de Micbro, un tío que se transformaba en un perro gélido o algo así, pero que había mostrado interés en poner su barco a mi disposición para terminar de dar forma a este gremio, y como no hay dos sin tres, también está Boe, la mujer voluptuosa pelimorada que había terminado de hacernos pasar de un dúo a un grupo. Ambos viajaban a bordo del mismo barco que yo, y suponía que eran lo más cercano que podía tener a compañeros... o así serían en el futuro.
Micbro parecía capaz y fuerte, aunque algo fanfarrón y subidito, y a mi los chulopiscinas me producían urticaria genital al punto de volverse insoportables. Esperaba que pudiera atemperar su estoica y fría actitud y entendiese que, sin necesidad de menospreciar sus capacidades, aquí, simplemente por una cuestión de poder - poder económico - el jefe era yo. Estaba seguro de que en cuanto entendiese eso, podría ocupar un sitio a mi derecha como un oficial de primera en mi nuevo imperio. Boe era diferente. Parecía enclenque, débil, inútil y realmente poco preparada para la zona en la que nos encaminábamos. Pero sentía que gracias a ella estábamos los tres en el mismo barco, y no uno de los dos entre Micbro y yo - posiblemente él - tirado en el suelo con el cráneo reventado a golpes.
Boe había aparecido en un momento crucial, tenso, peligroso y con un desenlace posiblemente funesto, para poner sobre la mesa una oferta, buenas palabras y dinero. Sobretodo mucho dinero. Y ya se sabe que si el perro está bien alimentado, no buscará morder. Ella podía ser más débil que Micbro, pero parecía entender mejor los entresijos de la mente y el respeto por las jerarquías.

Nos dirigíamos a la isla del cielo, como fuera que se llamase, y la ruta había sido directa dentro de un viaje largo y sin descanso. Semanas de recorrido en los que mis interacciones con mis compañeros se limitaron a órdenes sencillas para la correcta navegación, escuchar sus conversaciones en las comidas y cenas e incluso participar ligeramente en ellas, y practicar varias técnicas y movimientos nuevos. Sabía que encontraría la forma de cubrir mis debilidades, y aunque quizá entrenar con Micbro hubiera ayudado, preferí no darle la oportunidad de tener en bandeja una situación en la que atacarme, quizá aliado con Boe, y robarme licencia y barco.
Si, se suponía que iban a ser mis compañeros... pero ¿como iba a confiar en ellos como si nada?. Había matado tres ratas a costa de despertarme emitiendo oleadas de calor al escuchar el mínimo ruido en las noches de este viaje, temiendo que quisieran acabar conmigo. Pero el pasar de los días, en aquellas semanas, hizo que la confianza no aflorase, pero si que empezase a remover la tierra amenazando con dejar emerger un pequeño brote próspero.

En otro orden de avances, mi pericia al timón había llegado a un nuevo nivel y sentía que podía manejar este barco mejor que nadie que hubiera conocido. Sentía que ahora mismo era más fuerte que nadie que hubiera conocido. Sabía que podía lograr lo que quisiera con más probabilidad de éxito, que nadie que hubiera conocido. Me sentía mejor que nunca y empezaba a valorar la posibilidad de trabajar con una persona que no se veía afectada por la condición calorífica de mi poder. Sin duda potenciaría nuestras posibilidades de éxito.
Fijé el timón y alcé la vista hacia las velas, que ondeaban con un logo extraño que ella misma nos había proporcionado. Algo así como servir de recaderos de mercancía para una empresa y poder colarnos en un festival en el que, sin duda, encontraríamos nuestra siguiente presa para poder subvencionar el siguiente paso de nuestro... mi, imperio. Una sede. Y desde ahí iniciar los préstamos y la expansión progresiva en el sector. Y los graznidos de gaviota me devolvieron al presente.

Boe alzaba un periódico mientras hablaba con Micbro, a unos pasos de mi y tras mostrárselo lo giró hacia mi, instándonos a fijarnos en una persona que ahora viajaba sola y tenía una recompensa interesante — ¿Un revolucionario? — pregunté girando levemente la cabeza hacia ella mientras caminaba a plegar la vela menor del barco — No es lo mismo cazar a un pirata marginal y solitario, que a uno con tripulación — le dije quitándole el periódico con amabilidad tras acercarme a ella — Menos aun meterte con alguien que forma parte de una de las organizaciones más grandes y peligrosas del mundo — y negué con la cabeza — No podemos asumir declararle una guerra a un grupo así. Aún no... — maticé, pasando las páginas ignorando las noticias y yendo a parar directamente a los wanteds. Caminé dos pasos hacia Micbro y le extendí el wanted de Ylcy3 y de Garnet Matlock — ¿Tienes información sobre estos? — le pregunté, observando el siguiente, de una tal Sasha, apretando el ceño y comprobando en un recorte que portaba en un bolsillo que era quien tenía en mente, sonriendo tras la máscara sin que los demás pudieran apreciarlo, doblando ese cartel de recompensa y guardándolo en mi bolsillo, dándole a Boe los demás. Parecía que mi estrella en el firmamento se estaba haciendo verdaderamente fuerte.
— Intenta saber quienes son estos — le dije a la chica pasando de largo tras darle los carteles, mientras volvía al timón para virar el barco y aprovechar el resto del impulso que me quedaba para irlo deteniendo o aminorando su velocidad, de cara al punto en el que se aglomeraban un sin fin más de barcos — Hay que saber quienes van en grupo, quienes no, si tienen aliados importantes, si han hecho algo reseñable para tener esas recompensas... — le dije a Boe mientras miraba en derredor, sin reposar mis ojos en ella — Y elegiremos al que mejor beneficio nos dé dentro de los candidatos a menores riesgos a asumir — sentencié, cuando de pronto empezó a escucharse una música extraña, prácticamente divina y proveniente de todas partes al mismo tiempo — ¿Pero qué?... — y a la par que el agua sobre la que estaba nuestro barco y otros tantos comenzaba a burbujear como si estuviera hirviendo — Hervir el agua... — pensé, empezando a tener una idea que fue interrumpida por un súbito estallido y una erupción brutal del mar que propició una columna de agua que nos comenzó a elevar hacia las nubes.
Me mantuve agarrado al timón, con fuerza y con los ojos abiertos como platos, sonriendo como un niño, recordando la experiencia que viví en los Cabos Gemelos, sintiendo, inevitablemente, las mismas irrefrenables ganas de reír.

— ¡¡ WRYYYY HA HA HA HA !! —





Inventario
—
[Imagen: mz3XEoL.png]
—
#D86700
#14
Se habían preparado a conciencia para poder ir a esos curiosos "juegos" en la supuesta isla celestial. Desde robar las velas y la mercancía de un barco, hasta cambiarse ligeramente el aspecto para pasar desapercibidos. Kuraku había intentado camuflar un poco su piel, pero por la oscuridad de esta, se le hacía bastante complicado pasar desapercibido. Así que se hizo con una capa y unas lentes para los ojos, intentando no destacar demasiado. 

El día había llegado y estaban listos para lo que fuera a suceder. O eso creían. 
Llegaron hasta la zona designada y vieron claramente no eran los únicos que estaban allí para formar parte de aquello. Muchos barcos que no parecían los típicos barcos de nozama, sino que habían adoptado su posición aquí, probablemente formando parte del transporte que anunciaban los periódicos, o como habían hecho ellos, haciéndose acopio de las provisiones de algún otro barco que sí que debía estar allí. 

Antes de que a Kuraku se le olvidase, le acercó algo muy pesado a Sasha envuelto en un saco de arpillera para que no pudiera verse su interior. - Sasha, esto es tuyo, ¡que casi se me olvida! - Le dio el saco con ambas manos, pues pesaba bastante. Se trataba de un nuevo Kanabo para la semioni. El Lunarian había vendido anteriormente el otro que tenía y le había comprado este a la muchacha. 

Tras esta pequeña escena, los pájaros procedentes del periódico, hicieron su aparición estelar y repartieron las noticias más recientes y los nuevos wanteds a todos los barcos de la zona. 
Garnet reaccionó muy escandaloso al periódico, pero era su forma de ser, no era extraño verle tan exaltado, sobre todo cuando la prensa se tomaba ciertas historias de formas que no eran ciertas. Kuraku se acercó a ver si podía leer algo del periódico, pero en ese momento, los carteles de se busca cayeron a la cubierta del barco. Ahí estaba. Su primera recompensa. 80 Millones. < Wow... Así que 80 millones, ¿eh? Nada mal... >No era nada comparada a la de sus compañeros, pero para ser su primera recompensa, la verdad es que era algo a tener en cuenta. En cierta manera se sentía orgulloso de que ya le considerasen un pirata buscado, ya iba siendo hora de poder aparecer junto a su tripulación en el periódico. 

En ese momento cayó en la cuenta de que ahora sí o si tendría que pasar desapercibido, así que se puso correctamente su capa, intentando cubrir como pudiese sus alas, y se puso la capucha, intentando pasar desapercibido todo lo que pudiera.

Tras esa calma, llegó la tempestad. Un oleaje desmedido sacudió el mar de la zona, y tras solo unos segundos, una columna gigantesca de agua elevó a varios barcos hacia los cielos. Los Shogun Gari parecía que pudieron aguantar el golpe de fuerza que les estaba llevando hacia arriba, así que Kuraku se quedó algo más tranquilo. Aun así, la locura de la situación hizo que algo en el estómago del lunarian resonase con nerviosismo. Sentía que lo que fuera que vendría a continuación, sería algo que, con seguridad, debería tener mucho cuidado, aun así, no se sentía amedrentado. No volvería a perder a nadie. 

Info
[Imagen: I_wont_lose.png?ex=65c0cc45&is=65ae5745&...ee93b69aa&]
#15
Tras varios meses de entrenamiento duro, disciplina y esfuerzo, vuelvo, por fin, a ver la belleza del horizonte y la costa. El Sol se impone en lo alto de la Isla Swallow, que hace resplandecer el mar con su brillo y propone un día de bullicio y comercio en la villa y el puerto de esta. Golondra está a rebosar de gente, que se mueve de un lado a otro consumiendo productos, turisteando y no dejando apenas espacio para pasar. De vez en cuando, algún que otro transeúnte despistado choca o tropieza conmigo, quedándose pasmados observando mi fisionomía y mis pintas. Ciertamente, un tipo de dos metros cubierto completamente de negro y encapuchado, a plena luz del día, pues llama la atención sin mucha dificultad. Además, la bolsa de lino blanca que cargo en la espalda junto a mis pertenencias, hace contraste con el fondo de la propia sudadera oscura. Sin perder tiempo en distracciones banales, me dirijo al puerto, donde me espera mi barco, el Espíritu Vengativo. Lleva mucho tiempo bajo el cuidado de un pescador y me pregunto si se habrá mantenido bien después de tantos meses sin atención ni tratamiento. Al llegar a la zona portuaria, el ajetreo se multiplica de forma exponencial. Es exagerado el número de personas que hay y el moverse entre la gentuza es casi un desafío. -¿A que cojones se debe esta puta marea de personas en el puerto, loco?- me pregunto mientras voy apartando gente con la mano libre y doy empujones para avanzar. Mirando al cielo se pueden ver un conjunto de gaviotas con sacas de periódicos, pero eso no justifica la marabunta que hay aquí. Lo que sí lo justifica es un enorme mostrenco de barco, que destaca por encima de todos por su tamaño en comparación y por el vaivén de personas que maneja. Parece el epicentro y el causante de todo este caos. Sonrío con la idea de asaltarlo y quedarme con todo lo que lleva, pero me centro en buscar mi nave y salir de allí cuanto antes. Apartando ya al último grupo de peña que se interpone entre mi muelle y yo, consigo vislumbrar mi navío, que se mantiene firme y estable, justo como lo dejé. A su lado el también fornido pescador, hablando con uno igual de uniformado que él pero de aspecto decrépito y canoso. Me acerco a la escena para preguntar por mi nave y saldar la deuda.
-Varios meses fuera y tú sigues con ese uniforme de mierda amarillo chillón, SHIHahaHAHaH-
-Oh- se sorprende y se acerca para hablar. -Me sorprende que aún sigas aquí. Cómo ves, tú barco está de una pieza.-
-Si, y te lo agradezco. Has cumplido y la peña que cumple me mola. Pero bueno, me las piro que me voy para el cielo.- me doy la vuelta y me dispongo a marchar.
-Oye, ¿No me vas a pagar nada?- me reclama el pescador en la distancia. -Sabemos que eres un pirata, podríamos haberte vendido.-
-¿¿¡PERDONA!??-  me giro encabronado y dejo la bolsa en el suelo. Me acerco hasta estar a dos palmos de él. Este da un paso atrás asustado. -Mira tío, ya te he dado las gracias. No sigas que al final pillas por pesao'.- amenazo con rabia.
-Mi... Mira... Hagamos un trato, ¿si?- tartamudea
-Ni tratos ni pollas. Me largo de aquí.- me doy la vuelta y me empiezo a retirar.
Recojo las cosas del suelo y me acerco a la soga que sostiene mi barco. Empiezo a desatar el nudo cuando el marinero se acerca por detrás. Giro un poco la cabeza y este se acojona. Porta en su mano un puñado de papeles. Cuando pilla aire y valor, se digna a hablar.
-Mi...Mira.- señala entonces en su papel. Es el periódico, y en el un artículo titulado "Billete al cielo". -Es...esto te interesa tanto como... Como a mí.
-¿Ehh?- me giro con aparente desdén, pero el titular había llamado mi atención. Me acerco y le arrebato de un gesto rápido los papeles. Me pongo a leer la noticia con detenimiento, mientras me rasco la barbilla y manejo las posibilidades. -¿Y que pasa con esto?¿Trabajas para Nozama o algo?- pregunto sin quitar ojo del resto de noticias, a ver qué me llama la atención.
-Mi padre está viejo, y el barco inmenso de allá se lleva parte de nuestro producto a una feria gastronómica.- señala entonces el navío que generaba tanta afluencia de gente. -Ven conmigo y hazte pasar por un trabajador. Eso te garantizará un ascenso seguro a Skypiea. ¿No querías ir al cielo?-
-¿Consideras que no puedo llegar por mi mismo?- tiro el periódico al agua. Me pongo bravucón, aunque soy consciente de lo beneficioso que es esto.
-N... No dudo de tus habilidades como navegando... Pero ese barco no aguantará el ascenso tan salvaje...- entonces señala a su padre. -Puedes dejarlo aquí a buen recaudo y volver tiempo después... Puedes confiar en nosotros.
-Vaya...- me rasco el mentón. -Bien, vamos a ello.

Como se ve Zarek


Me consigue el marinero una bolsa de lino blanca también, pero esta con un cordel resistente con el que poder cruzarme la cintura y tener a modo de cinturón mis aparatos varios. Tenía la posibilidad de guardarlos dentro de mi, pero todavía no quería jugar esa carta. Tras charlar un poco por encima sobre cuál sería la jugada, acordamos que cargaría con una caja de madera de gran envergadura y peso. Que eso, junto a la capucha y al montón de personal que subía y baja del barco, garantizarían mi subida sin saltar las alarmas de ningún inspector o vigilante. Y así fue. Cargado con un enorme cajón lleno de pescados malolientes y productos locales, subí la rampa de acceso al inmenso navío de Nozama sin que nadie se diera cuenta de que el criminal más peligroso del North Blue se subía.
-Buenos días, ¿su nombre?- pregunta el controlador de acceso antes de embarcar.
-Colmenero. Del chiringuito local.-
-¿Y el grandullón?- pregunta por mi, aunque soy tan incapaz de verle la cara por cargar la caja como el de ver la mía. -¿Está apuntado?-
-Es Machupichu, mi trabajador. Pero quizá no está... Viene por mi padre, que está mayor...-
-Caballero, sabe que debe apuntarse...-
-Ya, pero... Haga una excepción. Me sube la caja y se marcha.-
-Bueno, suba la caja y que se baje, porfavor. ¡Siguiente!-
Gracias a la bondad estúpida del vigilante y la cantidad de personas que hay, el trafico es alocado y descontrolado, así que uno no sabe realmente quien se te cuela o quien no. Evidentemente el subterfugio y el siglo no son lo mío para nada. Pero la idea de ir de frente junto a la artimaña del pescador este, ha salido con un resultado de huevos.
Ya dentro del navío, se me mandó dejar la carga en un compartimento interior, dentro de la propia bodega. Me despedí del trabajador, que se retiraba a su camarote, mientras que mis intenciones eran dejar la caja en su sitio y quedarme por allí, en la oscuridad, alimentándome de lo que pillara para cuando llegáramos a destino, salir por patas de allá o dentro de alguna caja. Me indicaron vagamente por donde bajar. Al parecer el barco contaba con una inmensa bodega por la que acceder bajando unas escaleras ocultas tras una escotilla de madera. Ya en el interior del barco, podía ver qué todo estaba repleto de cajas de madera, cargada cada una con suministros de todo tipo y de todas partes del North Blue. En un rincón, ya numerado para la caja que llevo, dejo mi cargamento y lo ensamblo con un par de cinchas que sujetaban productos frágiles. Todas las cajas estaban amarradas así. Supongo que para aguantar la subida a las islas de los cielos. Yo, sin embargo me quedo por allí, en la oscuridad de la bodega, esperando el momento de partir.
El tiempo sucede lento y pesado dentro de aquel lugar. Si tengo sueño duermo. Si tengo hambre rompo alguna caja de por aquí y me como lo que pillo. Nadie más baja en todo el tiempo en el que me mantengo dentro, pues todo son cargas que, se supone, están aseguradas y a buen recaudo, pues nadie imagina que hay un polizón consumiendo a placer. Dando vueltas por la bodega, descubro un conducto de ventilación de grandes dimensiones, que ventila la sala y ayuda a que la humedad no consuma todo lo que hay por aquí. ¿Por mi parte? Una vida de escape por la que poderme escurrir en caso de necesidad. Prácticamente la oscuridad es total, menos por las rendijas de los tablones del techo, que filtran la luz y dejan oír su crujido cuando alguien las pisa. Alguna vez me he tropezado tontamente, generando un poco de estruendo, pero la peña lo asocia con ratas o algún que otro bicho. Y a mí ya me va bien.
Cuando menos lo espero, mientras consumo una lata de conservas de una caja ya a medio acabar, un temblor invade la bodega y el resto del barco. La gente empieza a correr en la cubierta de un lado al otro, algunos más animados que otros. Al parecer está por suceder, comienza el ascenso a las nubes. Rápidamente me acerco a una de las cinchas que sostiene un gran cargamento y me agarro con fuerza a este, aplicando mochi para mejorar la sujeción tanto en manos como en los pies con la madera. Con todo el esfuerzo que he hecho, no puedo resistir mis ganas y grito cuando siento que el barco empieza a ser empujado con violencia -¡¡¡POR HORUS, ALLÁ VAMOOOOOOS!!!-. Las cajas empiezan a temblar con fuerza y las cinchas hacen un esfuerzo titánico para mantener el cargamento en su sitio. Siento como el barco despega y la fuerza de la sacudida afecta a la estructura de la nave y a sus integrantes. Sea como fuere, esta era la forma de alcanzar el cielo de manera directa, y ahora solo el destino sabría que me esperaría más allá del mar y la tierra.

Aclaraciones y justificaciones
#16
Tras un tiempo de relax en isla Elíseo, los Shogun Gari comenzaron los preparativos para su siguiente aventura. Estando en isla Toko habían leído una noticia sobre un evento a nivel mundial que se iba a dar en Skypiea, así que habían decidido ir a ver que se iba a cocer allí. El plan había sido un éxito, se habían hecho con unas velas de la empresa Nozama y mercancía para aparentar que eran repartidores de dicha empresa. Ahora tocaba cambiar u ocultar su apariencia para poder pasar desapercibidos. 

Llegaron, como siempre desde el cielo, unos cuantos periódicos. Garnet se adelantó a coger uno mientras Tobías salía a cubierta secándose el pelo tras el baño de tinte que se había dado, cambiando radicalmente sus característicos colores de pelo y barba. Ahora sus cabellos eran naranjas y su vello facial turquesa. Se quedó apoyado en la barandilla mientras el sol seguía secando su pelo. Garnet parecía alterado por las noticias, así que se agachó a por uno de los periódicos. 

- ¡SIII! Jish jish jish. Al fin dejaréis de llamarme capitán. ¿Eh, capitán? Jish jish jish. - Rio con sorna dirigiéndose a su compañero Garnet. Ojeó después el resto de las noticias, el grupo de revolucionarios con los que habían compartido entrada al Grand Line, había sido casi erradicado por completo, solo quedaba con vida el oso panda. También le impactó la noticia sobre el robo de Los Alas Negras. "Parece que siguen a tope estos, Triana era una verdadera monstruo, seguro que les va bien." Finalmente un concurso de astilleros en Water Seven, si no hubiera sido porque lo financiaba el gobierno mundial, le hubiera gustado participar, pero igual echar un vistazo para tomar ideas no era un mal plan. Los anhelados por unos, y temidos, por otros carteles de se busca, aparecieron entre las hojas. Los Shogun Gari estaban acumulando una importante cantidad de recompensa por sus cabezas, Gronn se hubiera preocupado por ello, pero la emoción embargó a los presentes. El capitán de los Alas Negras sumaba una recompensa importante, el resto de su tripulación también iba creciendo y el peludo revolucionario sorprendió con una más que digna recompensa. Era conmovedor ver que aquellos con los que habían compartido vivencias en el pasado, seguían dándolo todo y continuando con sus hazañas. Tobías esperaba verlos pronto, si no era en Skypiea, en cualquier otro lugar.

Ya lo tenían todo preparado e iban rumbo al punto de encuentro de los barcos de Nozama. Aún siendo invierno, hacía un día espléndido. Sasha se manejaba de maravilla con el barco y las rutas, había aprendido un montón de Gronn y lo demostraba con soltura. A Tobías ya se le había secado el pelo y se puso el sombrero alineando perfectamente el ala con la línea del horizonte, el calmado mar arropaba el casco del Frog Guild y el viento lo empujaba con dulzura inflando las nuevas y temporales velas. Todos estaban emocionados a la par que nerviosos, ansiaban descubrir que les esperaba en esa nueva isla. Las sonrisas en sus caras, las vestimentas, maquillajes y demás cambios estéticos ridículamente funcionales, la carencia de miedo a lo desconocido. Eran menos miembros que nunca, pero la esencia no la habían perdido, los Shogun Gari estaban preparados para todo lo bueno y todo la malo que estaba a por venir. De echo, ya estaban llegando al concreto punto en mitad del mar. Sabían que no se habían equivocado, pues había otros barcos de Nozama allí y más que seguían llegando. Lo raro era que no había ninguna isla allí. Parecía un puerto sin pasarelas y desorganizado en mitad del océano, los barcos comenzaban a recoger sus velas para dejar de moverse. De pronto el mar comenzó a burbujear, cada vez con más fiereza. La proa del Frog Guild empezó a elevarse y sin esperarlo nadie, algo impulsó al velero hacia el cielo a gran velocidad. 

- ¿Qué está pasando? ¡AGARRAOS FUERTE! - Tobías tuvo que gritar para resaltar su voz sobre el potente estruendo, mientras se agarraba con todas sus fuerzas a la barandilla, que era lo más solido que tenía a mano. El Frog Guild salía despedido hacia las nubes desafiando las leyes de la física. El carpintero, lejos de cerrar los ojos temiendo lo peor, vio que los demás barcos también comenzaban a volar, impulsados por una enrome corriente de agua vertical. Estaba emocionado, era lo más parecido a volar que había hecho visto nunca, y encima semejantes trastos como aquellos navíos, las ideas fluían por la mente del joven barba naranja. "Algún día lograré que el Frog Guild vuele a nuestra voluntad." La sonrisa de Tobías estaba acentuada por la cantidad de aire que estaba chocando contra su cara.


información
[Imagen: l47Ucve.png]

❝

Para. Respira. Ordena. Apuesta.

-Tripulación-
#17
Después de despedirnos de Tenma, el cual decidió quedarse en la prisión de Impel Down, nos enteramos de que Daisen iba a ser trasladado a otra división, por lo que también tuvimos que despedirnos del grandullón. Abandonamos el lugar en el barco de la capitana Jenkins hasta que se nos asignó un nuevo barco, junto con una gran cantidad de soldados y yo sería su timonel. Por fin navegaríamos bajo mi responsabilidad, lo cual me puso algo nervioso y feliz a la vez. Nuestro destino era un evento organizado por Beff Jezos, y este se iba a dar en una isla del cielo, por lo que teníamos que dirigirnos a la ubicación donde se daba un fenómeno natural digno de cualquier leyenda, una gran corriente ascendente llamada Knock Up Stream.

Tras pasar por el control del Gobierno Mundial, Joe nos contó la advertencia que le habían dado "Agarraos fuerte y preparaos para volar." Me quedé extrañado cuando Joe nos comentó lo que le habían dicho, pero si nos advertían sería por algo. No tardamos en llegar a la ubicación, un gran número de barcos se encontraban allí recogiendo velas, por lo que ordené que se plegaran las velas del navío. Mientras esperaba en el puente de mando, las gaviotas encargadas de repartir el periódico dejaron caer algunos, por suerte uno cayó justo a mis pies, por lo que sin soltar el timón, me agache y recogí el mismo con mi diestra. Al volver a incorporarme vi como Joe, Karl y después Ikirami se reunían junto al mástil del barco, me hubiese gustado reunirme junto a mis compañeros y escuchar lo que tuvieran que decir, pero alguien tenía que gobernar el barco y no podía soltar el timón sin saber lo que nos esperaba. Solo podía hacer una cosa y era amenizar la espera observando el periódico, lo abrí y sacudí para poder leerlo bien, casi todo estaba relacionado con el evento al cual nos dirigiamos, pero de todas las noticias una en concreto fue la que más me llamó la atención. En ella se hablaba que la banda de piratas Shogun Gari habían derrotado a Finn en la isla Toko y que Garnet era su nuevo líder. Apreté mis dedos con rabia por no haber podido dar caza yo mismo a ese lunático, haciendo que el periódico por las esquinas se arrugara, pero en el fondo me alegré mucho, miré al cielo en ese instante y sonriendo para mis adentros agradecí y me alegré por Garnet "¡Gracias! ¿Ya nos has podido vengar verdad? ¿Es o no es?".

No había de terminado de agradecerle al pirata cuando el barco se agitó a nuestros pies, debido al estruendo ocasionado por la corriente. Un grito sonó desde cubierta, era Joe el cual nos instaba a no soltarnos y agarrarnos con fuerza. Con ambas manos me agarre todo lo fuerte que pude al timón, era nuestro barco, yo era su timonel y yo iba a hacer que todos llegásemos sanos y salvo a la isla del cielo. Pues iba a conquistar cualquier corriente y llevarles a salvo para poder impartir justicia por todo el mundo.

Inventario
|Hablo/"Pienso"/Narro|
#18
Sasha estaba muy emocionada con la nueva aventura que iban a tener, habían decidido ir a los juegos se iban a llevar a cabo en Skypiea, una isla en el cielo. La semioni daba pequeños saltos de emoción desde su posición en la rueda del timón, ya quedaba atrás su pelea contra Finn y poco a poco iban sanando las heridas de los compañeros que habían perdido, cada uno a su ritmo. Por suerte todos se habían centrado para robar las velas, la bandera y cajas con cubertería entre otras muchas cosas, la joven estaba empezando a cogerle el gusto a los robos y no se iba a quejar precisamente.
 
La adolescente pudo apreciar como un cordón militar se podía empezar a apreciar desde la lejanía por lo que frunció el ceño, ella no pasaba precisamente desapercibida y aquellos buques de la Marina tenían que tener su wanted presente. Garnet les aviso para que tuvieran cuidado y no era tan tonta como para empezar una pelea, Sasha se separó del timón mientras el músico se acababa de pintar y le dejaba su maquillaje. — Va a ser imposible que la gente no vea a estos dos con el maquillaje — dijo la semioni señalando, con orgullo, usando el dedo índice de ambas manos los cuernos que salían de su cabeza, ya lo había intentado en Toko y el sombrero había quedado con una forma bastante peculiar. — Voy a esconderme en mi camarote hasta que pasemos y mientras buscaré algo que ponerme — comentó haciendo mala cara por tener que tomar aquella decisión, odiaba tener que llegar a eso pero tenía que empezar a tomar decisiones de vieja adulta si quería dejar de perder a gente de su tripulación. Antes de irse cogió el maquillaje que le ofrecía el pelirrojo y se giró para avisarles de la situación — El rumbo está puesto, saldré cuando pasemos — añadió mientras arrastraba los pies hasta su camarote de mala manera maldiciendo a los estúpidos del gobierno mundial, que habían puesto sus estúpidos buques con sus estúpidas tropas ahí para molestar.
 
La rubia volvió a salir una vez pasaron el control y aprovechó para coger un ancho abrigo marrón claro con una enorme capucha de pelo por alrededor que tapaba completamente sus cuernos. Se había puesto sus molonas gafas de sol negras y se había dejado el pelo suelto para que no quedara como una pelota detrás de la capucha. No era lo mismo pasar desapercibida entre unos pocos barcos ahí reunidos que entre un cordón militar de buques. Llego a la cubierta justo cuando sus compañeros empezaban a plegar las velas y frunció el ceño, ¿sería buena idea? Escuchó a Garnet preguntar lo que tenían que hacer a continuación y la chica se asomó a ver el agua burbujear. — Esperar — contestó encogiéndose de hombros mientras subía hasta la rueda del timón. Antes de empezar a caminar, Kuraku la paró dándole algo que parecía bastante pesado, levantó la ceja izquierda durante unos segundo dándose cuenta de lo que era. — ¡Gracias, Kuraku! — le dijo con una gran sonrisa mientras abría el saco tirándolo a un lado y mirando su nuevo kanabo entre sus manos con ojos brillantes, ahora iría a su destino en el barco todavía más contenta.
 
Nada más Sasha puso las manos en el timón pudo apreciar como las gaviotas volaban encima del barco y la semioni miraba justo a tiempo de ver como caía un periódico a su lado. La rubia se agachó sin mucho interés y mientras ponía los antebrazos apoyados en el timón - separándolos para dejar uno de los mangos de este en medio – empezó a ojearlo. La primera noticia le dio bastante igual, se estaban dirigiendo hacia allí y no quería spoilers, pero la segunda hizo que se le abrieran los ojos como platos. Garnet salía junto con Finn diciendo que el músico había tomado el liderazgo. Sasha frunció el ceño ante la mentira pero si hablaban de ellos en el periódico eso solo significaba una cosa. Pasó de forma rápida las otras noticias, reconociendo al panda del que le habló el pelirrojo - quien no estaría contento al saber la noticia de Kovashi - y la de los alas negras - que ahora entendía el motivo por el cual no coincidió con ellos en la isla Elíseo.
 
La semioni llegó por fin a los wanted pasándolos todos corriendo hasta llegar al suyo, los ojos le empezaron a brillar de la emoción viendo que había pasado los doscientos millones. Lo estaba consiguiendo, estaba siendo la más fuerte pero entonces miró los wanteds de los demás frunciendo el ceño. — ¡Yo maté a Finn debería ser yo la capitana! — dijo enfadada tirando el periódico a un lado. La joven se empezaba a hartar de los adultos y como se inventaban las cosas, además que un pequeño pique interno con su hermano de otra madre nunca estaba de más, pero con su siguiente wanted debería ser su turno ¿verdad?
 
Pero a la rubia no le dio tiempo a seguir quejandose, cuando el Knock up Stream se hizo presente impulsándolos hacia arriba. Sasha se agarró fuerte al timón escuchando una melodía junto a un coro. La semioni reía olvidando momentáneamente su indignación, estaba muy emocionada por su siguiente aventura y no podía esperar hasta llegar arriba. Pero no estaba muy convencida de como estaban las velas ¿Qué haría Gronn? Sasha se mordió el labio pensando y acabo por guiarse de su compañero gyojin. — ¡Tobías! Vigila las velas y usa tu poder para desplegarlas si te lo digo — gritó procurando estar atenta a la situación, debía ponerse en modo navegante en ese momento y aquella corriente parecía como una corriente normal del mar por lo que tal vez deberían desplegar las velas en algún momento.
 
 

información
#19
La espesura blanca de las nubes os impedía ver absolutamente nada a vuestro alrededor, y la intensidad y la potencia de la música y aquel coro, recibía el añadido de la voz de un particular, varón, que recitaba por encima sus propios versos en un improvisado concierto o puesta en escena de bienvenida que os embargaba por completo el sentido del oído, y opacaba no sólo el estruendo de las olas o el viento, si no también los gritos de algunos. Gritos que, de al menos un buen puñado de personas, se fueron apagando al salir despedidas de los barcos. Algunos cayeron al mar, con un destino incierto pero posiblemente fatal al aterrizar desde tanta altura, y encima en alta mar. Otros tuvieron la suerte de ser atrapados por una corriente de aire y con las telas de sus ropas salir volando en dirección ascendente a la que los propios barcos tomaban.

Tras lo que pudiera parecer una eternidad pero con suerte fueron un par de minutos, los barcos que iban en cabeza en el ascenso de la columna de agua rompieron el final de las nubes y sus pasajeros contemplaron el brillo del sol como jamás lo hubieran hecho antes, desde la supremacía de gobernar sobre las propias olas que formaba el mar de nubes del cielo. Los barcos, agrietados, maltrechos y dañados por el trepidante ascenso reposaban sobre un lecho blanquecino y esponjoso de nubes teniendo frente a ellos una inmensa costa de arena perfecta y clara, que daba progresivamente paso a una inmensidad de vegetación, que a cada metro más se adentraba, más grande se iba volviendo, hasta pasar a formar parte de un brutalmente enorme bosque que comenzaba a treinta o cuarenta metros de dicha costa y desde el que ya no se veía más allá debido al denso follaje. En la costa había cinco antorchas separadas entre sí por varios cientos de metros. Eran grandes estacas de madera, de dos metros de alto, clavadas con firmeza y tras las cuales pareciera surgir un leve camino indicándoos los distintos caminos a seguir. Aquellos con buena vista podrían percatarse de una construcción que asomaba tímidamente sobre la marabunta arbórea, en la lejanía, con un potente brillo dorado.
De igual modo, en las costas pudisteis apreciar que estaban dispuestas a lo largo y ancho una aberrante cantidad de caracolas gigantes, de tamaños variables pero todas de más de un metro y menos de tres, siendo difícil contarlas de primeras pero presumiblemente alcanzarían la cifra de la media centena con facilidad. A su vez, flotando sobre las propias nubes/mar sobre las que os encontrábais, había fácilmente otra media centena de estas, explicando así de donde venía aquel estruendoso recibimiento, pues de todas aquellas caracolas - diales gigantes - terminaba de emanar aquel canto y sonido, algunos segundos después de que los barcos terminasen de emerger y cuando el sonido del agua y las mareas se hubiese calmado. Y tras eso, se escuchó una voz carraspear, proveniendo de las mismas caracolas pero a un tono considerablemente más reducido ya que comenzó a dirigirse a todos vosotros con algo de nervio y prisa en el tono.
— Saludos, viajeros. En nombre de su grandilocuente alteza, el Emperador Zarutsuki, guía del cielo y señor de las nubes, os doy la bienvenida a la sagrada tierra de Skypiea. Por favor, descargad las provisiones en la costa y dirigíos a los puntos de ruta establecidos y no os salgáis de los caminos. — y cortó la comunicación.





Anotaciones particulares

Información
#20
Mentiría sí dijera que no estaba preocupado. Estábamos "volando" hacia el cielo en aquel enorme barco, y en cualquier momento podíamos salir mal parados de esto. Pero tampoco pude evitar disfrutar aquello. Notaba el viento en mi rostro con mucha fuerza, me sentía bien, vivo, me estaba gustando. Por un breve tiempo disfruté de lo que parecía una atracción para niños pequeños, era realmente emocionante, no podía ver absolutamente nada, tan solo el blanco esponjoso de las nubes, mientras además podía escuchar un coro cantando que de primeras no me percaté, pero ahora que estaba disfrutando de aquel momento pude escucharlo un poco, aunque no le presté atención.

Y llegamos al final de aquella subida. Allí arriba, el sol se podía apreciar de mejor manera, dando de lleno con sus rayos en aquel sitio, iluminando todo a su alrededor. Agité la cabeza mientras pasaba mis manos por mi cabello para secarme la humedad que había en él. Miré a todos y cada uno de mis compañeros, los cuales se encontraban bien, tanto ellos como el resto de marines que nos acompañaban - ¡Menudo viaje! Hmfefefe - Dije entre risas y una sonrisa - ¡Está bien, quiero que busquéis de arriba a abajo con detalle para saber qué daños ha sufrido el barco! - Dije mirando alrededor de nosotros, esta vez no veía ningún barco de los que había abajo. Pero me percaté que más lejos, se podía apreciar una costa, acompañada por una gran vegetación detrás de ella - ¡Nos acercaremos hasta aquella costa para parar y ver si puedo ponerme en contacto con alguien! - Ordené alzando la voz. Todos se pusieron manos a la obra para asegurar que el barco no hubiera sufrido muchos daños. Mientras nos acercábamos hacia aquella playa, la vegetación se hacía más grande y notoria, pude percatarme que era más grande de lo normal, más grande de la que había podido ver en toda mi vida - In... increíble, es gigantesca... - Dije anonadado al verlo, pues no era capaz de ver más allá debido a la gran cantidad que había, daba la sensación de que si entrabas dentro, irías a la boca del loco directamente sin saber por donde andar, y de repente, una voz sonó por toda la isla, parecía incluso que le dolía la garganta, estaba nerviosa e incluso habló con bastante rapidez, aunque fue bastante claro las indicaciones que dio: Descargar provisiones en la costa y escoger uno de los caminos y no salirnos de él - ¡OYE ESPERA UN MOM...! - Levanté la voz, intentando ser escuchado o algo similar, pero rápidamente, sonó como cortaba la comunicación, ahí me quedó claro que este mensaje salió de algún Den Den especial o algo similar, yo qué sé, ya me estaba cabreando, otra vez la misma situación, recibir unas órdenes de alguien desconocido y tener que acatarlas, era superior a mis fuerzas.

Por fin pudimos llegar a la costa, la cual se podía observar que había una gran extensión de esta, y de nuevo, no había nadie en nuestro rango de visión de aquellos barcos que se encontraban con nosotros antes de salir disparados hacia arriba. Bajé de un salto a la playa, quité el primer botón de la camisa y me remangué el uniforme hasta los bíceps para acabar haciendo un poco de estiramiento en los músculos, aquella montaña rusa de emociones me dejó completamente exhausto. Me llevé las manos a la cintura mientras observaba ciertas cosas de lo más peculiares. Primero de todo, por toda aquella playa, una cantidad enorme de caracolas gigantes bañaban la arena, me acerqué a una de ellas para observarla con más detalle, agachando mi cuerpo - ¡Wow! Mirad esto, nunca había visto una caracola de semejante tamaño... ¡Y está la playa llena de ellas! Desde luego este lugar no se parece en nada a lo que había allí abajo ¡Esto es increíble, Hmfefefe! - Dije con ilusión y una tímida risa. Me levanté de nuevo y miré un poco más lejos para percatarme de otra cosa. Separadas por bastantes metros, cada una de ellas, 5 grandes estacas con fuego, antorchas, básicamente, señalaban lo que parecía 5 posibles caminos. Me llevé la mano a la barbilla y adopté una posición pensativa - mmmm... Es como si nos gritaran a todo volumen 'Ir por aquí y punto' - Acto seguido, saqué el Den Den Mushi para intentar ponerme en contacto con alguien de la Marina y poder recibir alguna información o indicación, puesto que esta situación no estaba en el papel... pero la llamada no recibió ningún tipo de respuesta y estábamos en las mismas - Joder ... - Suspiré con cara de circunstancia.

Me giré completamente para ver a mis compañeros - si es que habían bajado a la playa o bien verles arriba del barco - Estamos en un punto muerto. No me responden al Den Den y no sabemos donde ir ni como - Dije mientras me lo guardaba de nuevo. Me crucé de brazos, estaba un poco saturado por esta situación. Estaba al cargo de todo esto, pensaba que iba a ser más fácil, simplemente llegaríamos aquí arriba, nos pondríamos en contacto con el responsable del evento, nos diría que hacer y listo, sin complicaciones. Pero como siempre, la causalidad me golpea en la cara con fuerza, riéndose de mí. - Vale... - Dije en un momento de inspiración repentino hacia mis compañeros, intentando que me escuchasen - Una cosa es segura: en el barco debemos dejar, mínimo, una tropa de marines para que lo custodien y descarguen las cosas en la costa, y una vez sepamos algo, ponernos en contactos con ellos y que vengan donde tenga que venir ¿En eso estamos de acuerdo? - Pregunté concentrado y pensativo a los demás - Ya me pelearé yo con quien toque para hacerles saber que dejamos aquí a algunas personas -

- Ahora bien... - Me giré de nuevo para observar aquellas estacas con fuego, suspiré esta vez un poco más largo y tendido, mirando al suelo, algo preocupado - Bueno... pues está claro que tenemos que ir por uno de esos caminos, como ha dicho la voz - Me froté las manos en un intento de relajar un poco mis nervios - Como dije, 50 de los marines se quedarán en el barco custodiándolo, esperando órdenes, los demás se vendrán con nosotros... ¿O quizás son pocos?- Miré a todos y cada uno de ellos para preguntarles, pues su opinión me interesaba - ¿Os parece bien? ¿Y cuál camino de todos deberíamos de tomar? ¿Nos separamos? - Dije lleno un poco de dudas, pues de nuevo sentía que me estaba quedando grande el cargo, pero no quería parecer cabizbajo, por ello, al revés, quería que todos vieran que estaba con ánimo y de que podríamos hacerlo sin problema ninguno - Os escucho, me interesa saber qué pensáis - Dije con una sonrisa esperando su respuesta.


Salto de foro:


Usuarios navegando en este tema: 2 invitado(s)