[Aventura Grupal T2]El incidente de Ciudad Murkhold
#1
                Día 27-Otoño-Año 11
  Ciudad Murkhold-17:50 de la tarde.

En la rustica taberna de "La vieja sordo muda" una taberna robusta, de piedra y madera blanca, donde un pianista estaba tocando música animada y el olor a bebida, tabaco y buena comida abundaba, estaban nuestros tres protagonistas, ajenos a todo lo que estaba por suceder.
Era una tarde tranquila y tanto Maeve como Eaa y Peteiro disfrutaban de una agradable charla entre ellos mientras charlaban ajenos a todo lo que se les venia encima,
cuando de repente la atmosfera en la taberna se volvió densa, cargada de tensión mientras los unos piratas rodeaban el lugar. Maeve, Eaa y Peteiro se mantenían en la parte baja de la taberna, intentando pasar desapercibidos. Mandarina, la pequeña gata de Eaa, estaba inquieta, notando la gravedad de la situación.

Desde fuera, las voces de los piratas resonaban. "¿Es aquí? ¿Estás seguro?" preguntó una voz imperativa. "No tengo duda alguna, eran ellos" La respuesta temblorosa confirmó que estaban en el lugar correcto, según los carteles de búsqueda. La tripulación pirata se organizó en un semicírculo alrededor de la taberna, bloqueando cualquier salida.

Desde el interior, el caos se apoderaba de los clientes de la taberna. La noticia de la presencia de los Piratas Wajiti y la búsqueda de los tres individuos en particular generó pánico. Las personas corrían hacia la barra en busca de refugio, mientras murmullos de miedo se extendían entre ellos.

Un hombre calvo con voz grave, hizo una advertencia clara. "TODOS LOS DE LA TABERNA, ESTÉN TRANQUILOS Y NO HAGAN NADA SOSPECHOSO. SOLO BUSCAMOS A MAEVE KNOX, EAA Y PETEIRO. SI NADIE SE INTERPONE, NO HABRÁ BAJAS. ESTÁIS RODEADOS. SALID CON LAS MANOS EN ALTO O ENTRAREMOS NOSOTROS A LAS MALAS".

El temor se apoderó de la gente dentro de la taberna. Susurros nerviosos y miradas de preocupación se intercambiaban mientras la situación se volvía cada vez más crítica. Algunos murmullos revelaban el reconocimiento de los perseguidos.

"¿Esos son los Piratas Wajiti?" exclamó una mujer con rostro pálido por el terror.

"Esos a los que buscan son piratas también. Vi sus recompensas esta mañana", comentó un hombre gordo y bajo señalando a Maeve, Eaa y Peteiro.

La incertidumbre flotaba en el aire, y el destino de los tres piratas buscados pendía de un hilo tenso, habian resaltado de mas y eso suele traer consecuencias.

La tensión en la taberna se incrementó cuando, entre las voces de los Piratas Wajiti, se filtró una conversación. El hombre que había gritado momentos antes exigía apresuradamente un Den Den Mushi. "Rápido, dame el Den Den Mushi", se escuchó, y se esperó la respuesta del otro lado. "¿Sí? Espero que sea algo importante", contestó una nueva voz.

El hombre que parecía liderar la operación continuó la conversación. "Capitán, los tenemos, están en la taberna de la sorda muda". La respuesta del capitán fue un estruendoso estallido de risas. "¡YAAAAAAAJAKJAKJAK, tráedmelos vivos! Mandaré refuerzos. Una de ellas tiene una recompensa parecida a la mía; debe ser fuerte de narices", anunció el capitán antes de colgar.

La noticia se propagó rápidamente entre los Piratas Wajiti. "Ya habéis escuchado, los quiere vivos", informó el hombre de la voz grave a sus compañeros. La revelación de que los buscados eran un objetivo valioso aumentó la presión en la situación ya tensa.

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#2
Atributos Personaje


     —Sí, cada vez que me acuerdo de las caras de esos gilipollas... —Sonreí, socarrona, siguiendo la conversación—. Aquellos putos guardias hicieron muy mal subestimándonos. ¿Y os habéis fijado? Estuvimos en La Viuda Tuerta, ahora en La Vieja Sordo Muda... Qué gente tan desafortunada ha fundado negocios por aquí. —Me reí en voz baja—. Estuvo bien aquella aventura: limpiamos un poco la mierda, para que luego digan que no contribuimos a la sociedad. Y además nos pusieron esos bonitos carteles de recompensa. Nada mal, ¿verdad? 
     Oh, por supuesto que estaba orgullosa de mi cartel de recompensa. Lo había visto hacía ya unos días, al igual que el de Peteiro y Eaa. Reconozco que me gustaba rodearme de gente de dudosa moral. Supongo que por eso no había abandonado Murkhold aún y que todavía seguía viéndome de vez en cuando con aquellos dos chalados. 
     Di un trago a mi jarra de ron. No se lo diría a ellos, pero lo cierto es que me hacían sentir a gusto. Entre colegas. Supongo que no esperaba algo así cuando llegué a esta lúgubre y bella isla. Hay un término, serendipia, que se refiere a encontrar algo valioso de forma casual. No sé si era pronto para determinar si ellos eran valiosos o no para mí, pero no me causaban indiferencia.
     De pronto, la música paró y la gente que nos rodeaba en aquella —hasta ahora— agradable taberna, comenzó a moverse de un lado para otro. Corrían a refugiarse tras la barra.
     —¿Qué cojones...?
     Pero una voz procedente del exterior me interrumpió:
     Todos los de la taberna, estén tranquilos y no hagan nada sospechoso, solo buscamos a Maeve Knox, Eaa y Peteiro. Si nadie se interpone, no habrá bajas. Estáis rodeados. Salid con las manos en alto o entraremos nosotros a las malas.
     A continuación, alguien mencionó a los Piratas Wajiti, y de inmediato nos convertimos en objeto de todas las miradas, que se clavaron en nosotros como agujas acusadoras.
     Se habló de recompensas.
     Traédmelos vivos.
     Algo había oído acerca de esa banda, pero no le había prestado mucha atención. Siempre (o casi) había viajado en solitario y no solía molestarme en evaluar a la competencia, sobre todo porque nunca había considerado competencia a las bandas piratas: nuestros objetivos no eran los mismos. Yo iba por libre. No obstante, parecía que ellos habían hecho sus deberes con nosotros, y eso que ni siquiera éramos compañeros de fechorías. Bueno, tan solo una vez. Eso no nos convertía en banda.
     No es agradable escuchar que una está rodeada. Pero sí lo es saber que es buscada, es lo que tiene que le hayan puesto recompensa a mi cabeza. Pero nos querían vivos. Y se me ocurrían unas cuantas razones para que alguien prefiera capturarme a matarme, y ninguna es agradable. Si fuese panadera, no me encontraría en esta situación. Pero era pirata. Y pirata tendrían.
     Con todo, la totalidad de mi cuerpo se tensionó.
     —Vaya, parece que alguien desea que salgamos ahí fuera levantando las manos y sumisos —me burlé. Pero no era imbécil: la reacción de todos aquellos ciudadanos me hacía pensar que no eran delincuentes de poca monta. Ni siquiera sabía cuántos podía haber fuera hasta que no saliese a comprobarlo—. Parece que no nos queda mucha alternativa, ¿no? —les dije a mis colegas—. Si entran, podrían convertir esto en una ratonera. Son piratas, al fin y al cabo, podrían saber cómo acorralarnos. No me voy a dejar atrapar, y no sé vosotros, pero yo voy a pelear, y prefiero no estar encerrada entre cuatro paredes para tener más libertad de movimiento.
     Miré a Eaa. Miré a Peteiro. Después, me puse en pie, olvidándome de mi jarra de ron. Un escalofrío de expectación recorrió mi columna vertebral, excitando mis sentidos. Miré hacia la puerta. Supe que, en el fondo, había estado esperando algo así. Acción-consecuencia. Deslicé mi lengua por los labios. Sonreí. Y di el primer paso.

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#3
Atributos Personaje


Si algo tienen el común los pequeños cerebros de los seres que habitaban este mundo es el agrado por los buenos recuerdos, y eso hacíamos, hablar del pasado y contar anécdotas como si nos conociésemos desde que somos alevines, Maeve comentó el hecho de que ahora teníamos carteles de recompensa, el mío era exponencialmente mas bajo que los suyos ¿es porque vivo en la calle y soy más pobre que un jurel?

— Tiene razón, a este paso el siguiente local al que entremos se va a llamar "La vieja puta y fea" - comentó Balban con respecto a los nombres de los negocios de la isla.

No fui capaz de pensar una respuesta lo suficientemente rápido como para soltarla antes de que el ambiente del lugar cambiase de forma drástica, la música paró de golpe pero el silencio no duraría mucho, voces.

— ¿Son amigos tuyos Balban?
— ¿De que cojones hablas?

La voz nos instó a estar tranquilitos relajados, que estábamos rodeados, desde luego que lo estábamos, de coincidencias desafortunadas y de ineptos. Entonces la voz dijo nuestros nombres, nuestra bacaladilla compañera dijo en su clásico tono de burla que nos entregaríamos, casi ignorando sus palabras me levanté con un golpe en la mesa en la que estábamos los ¿5? y, dejando atrás la cerveza de Balban, exclamé:

— ¿¡Por qué tu nombre lo dicen completo y el mío no!? Que me llamo Peteiro Gorgullo Boquerone, Justiciero Picuda y no sé cuantas cosas más. - dije de pie mirándolas a las dos. - ¿me entendéis? - hice una pequeña pausa mirando al suelo antes de volverles a mirar - yo creo que se entiende.
— Se entiende

Entonces me acerqué un poco a la puerta y reafirmé mis palabras, esta vez para los de fuera pero sin salir aún.

— Escucha hijo de un pez luna, Peteiro Gorgullo Boquerone, nombre completo ¿me entiendes?
— Y Balban
— Y Balban

Me quedé a varios metros en frente de la puerta, erguido, con las piernas algo separadas y los brazos separados del cuerpo de forma poco natural, como el que se prepara para parar un golpe con el pecho, cosa que no estaba haciendo, solo era mi pose de indignación.

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Dato curioso
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#4
Atributos Personaje


Leyenda


Me reí cuando Maeve hizo el comentario sobre los distintos negocios, estirándome y mirando a mi alrededor. A decir verdad aquella taberna en la que nos encontrábamos era bastante más acogedora que todos los lugares que habíamos visitado anteriormente. Estaba dividida en dos alturas. Una planta baja espaciosa, con varias mesas y la barra al fondo, junto a un pequeño piano en el que  un joven tocaba, marcando el ritmo a una mujer bastante mayor aunque de voz agradable. Justo a nuestra izquierda estaban las escaleras que daban al piso superior, el cual tenía un par de habitaciones, y una hermosa barandilla, además de una puerta al balcón.

A decir verdad, para la mierda de tiempo que hacía aquel día, el local estaba muy bien iluminado. Aquello se debía, sin duda, a la puerta al balcón y a los grandes ventanales de la pared principal, los cuales, a pesar de ser translúcidos para preservar la intimidad de los clientes, dejaban entrar la suficiente luz como para que en un día lluvioso como aquel no hicieran falta más que un par de pequeñas lámparas en la pared cercana a la barra para permitir que se viera perfectamente.

- Luego tenemos que subir al balcón. Antes me han dicho que la barandilla es preciosa, y que además se ve toda la calle perfectamente, y que los atardeceres son preciosos desde allí también. - propuse. A decir verdad, la segunda premisa no era para nada complicada, puesto que la taberna se encontraba al final de una calle relativamente estrecha, aunque no lo suficientemente estrecha como para ser considerada un callejón.

Suspiré con el comentario de Maeve. - Ya estamos otra vez con los carteles. - murmuré. Desde que aparecimos en el periódico y se lo conté, la mujer de pelo blanco hablaba de aquello prácticamente todos los días que nos encontrábamos. Estaba segura de que se debía a que ella era la que más recompensa tenía de los tres. Se podía notar en el tono en el que lo mencionaba cada vez, o acaso yo... Negué con la cabeza. Era imposible que yo estuviera celosa de ella, aunque no podía negar que el que me molestaba mucho que su recompensa fuera más del doble que la mía, aunque lo que más me molestaba era pensar en que ella fuera a utilizar aquello para burlarse de mí, o querer darme órdenes.

A la vez que la música paraba y la gente comenzaba a esconderse, pude notar como la iluminación de la sala se reducía debido a la gente que había comenzado a rodear el local. A pesar de estar a un par de puertos de las ventanas, me era imposible contar cuántas personas se habían acercado, pero yo calcularía que entorno a diez personas, a lo sumo quince.

Escuché las palabras de mis compañeros mientras me levantaba de mi silla. - Parece que va a ponerse divertida la cosa, Mandarina. - sonreí, animada. - Ya sabes qué hacer pequeñín. - Cogí al felino con mi mano izquierda, y al levantarla este consiguió subirse a las escaleras, desapareciendo poco después. Este no me preocupaba mucho, puesto que tras casi un año de aventuras, había aprendido a esconderse y evitar el peligro para aparecer una vez todo estuviera tranquilo de nuevo. Y además, casi siempre volvía con comida de algún tipo.

- ¿Qué traerá esta vez? - pensé, riendo, mientras me acercaba a mis compañeros. Le di un golpecito en el hombro al gyojin, despeinando después a la mujer, con la única intención de molestarla, mientras pasaba a su lado. - No os durmáis que si no os vais a perder la diversión chicos. - hablé con tono de burla, quitándome el abrigo. Esto dejó ver lo que parecía una cáscara de huevo, la cual cubría mi cintura desde que me comí aquella Akuma no Mi hace años. Asimismo, se podía ver una fea cicatriz en el biceps izquierdo, en la zona interior. No era algo que me emocionara mucho que la gente viera, pero la verdad es que estos dos me caían bastante bien, y tampoco es que hubieran hecho ninguna broma al respecto. Aunque, pensándolo mejor, posiblemente ni siquiera lo hubieran visto. - Bah, da igual - pensé, mientras estiraba los brazos. Me acerqué decidida a la puerta, con una ancha sonrisa. - Es mi momento. - para ser sinceros, era la primera ocasión desde que apalizamos a aquellos guardias para dar una tunda a alguien y que de esa forma la gente viera de lo que era capaz. O tal vez lo que quería era que aquellos dos lo vieran. Me daba completamente igual, iba a salir por aquella puerta e iba a saltarle los dientes a la primera persona que me encontrara, bueno, a todos los que pudiera a decir verdad.

Por ello, una vez estuve lo suficientemente cerca golpeé la puerta con el hombro, abriéndola con el impulso. Me sorprendí un momento, puesto que ahí afuera había más del doble de personas de las que me esperaba. -
Bueno, doble de gente, doble diversión. - miré a uno de los piratas, el menos andrajoso de todos. - ¡Oye, tú, trozo de mugre salvaje! - le grité. - Dile a tu jefe que Eaa está aquí, y que si quiere una audiencia va a tener que venir en persona. - sonreí, corriendo para abalanzarme sobre uno de sus compañeros. Inspirada por el puñetazo que le pegó Peteiro al guardia anteriormente (ve este post) salté hacia él, aunque en vez de asestarle un puñetazo estiré los brazos como si de un ave abriendo las alas se tratase, golpeando a varios de los piratas.

Aquel golpe me hizo sentir realmente bien - Ahora entiendo cómo se sentía Peteiro - tanto que, de hecho, no pude evitar dar un grito. - ¡Vamos Pandita, que esto está que arde!



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Aclaraciones

Akuma


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#5
La tarde en la apacible taberna de "La vieja sordomuda" se había transformado en una tarde llena de tensión en cuestión de segundos. Maeve, orgullosa por ser buscada, aceptó la otra parte de la moneda de la fama; efectivamente, si tienes cartel de se busca, te buscarán. Peteiro, indignado por la falta de reconocimiento a su pomposo nombre, desató su cólera ante la situación. Mientras tanto, Eaa, tras poner a salvo a su gato Mandarina, lo envió a la planta de arriba de la taberna y se enfrentó valientemente a la horda de piratas.

La calle adoquinada del puerto, con edificios desgastados y una entrada de muelles, presenciaba el surgimiento de una confrontación. A lo lejos, se divisaba una majestuosa galeta negra que se acercaba al puerto. La lluvia persistente dificultaba verla claramente, pero la proa destacaba por una arpía de mármol resplandeciente, su blanco contrastando con la oscuridad del casco. Las velas, también de un negro profundo, casi se mimetizaban con la lluvia.

Contenido Oculto


Nueve piratas yacían noqueados en el suelo, víctimas del enérgico ataque de Eaa, cuyo coraje resonaba en la lluvia persistente y las olas susurrantes. "Vaya fuerza tiene la tía esta, no retrocedáis, los refuerzos estarán aquí en nada" Al fondo de la calle, se avistaba un grupo de treinta piratas que corrían hacia la posición de Eaa, con una actitud mas que amenazadora. La gente que hacia vida alrededor, era testigo desde las ventanas de los edificios, algunos con las ventanas entre cerradas, otros asomándose como si estuvieran a punto de caer, y algunos tan tranquilos, viendo otra pelea más en esta ciudad, disfrutaban tranquilamente de una cerveza.

La taberna, antes un remanso de calma, se convertía en el epicentro de una batalla inminente. Los destellos de las lámparas iluminaban rostros decididos y posturas desafiantes. La madera desgastada del local temblaba ante el vaivén de la emoción, mientras el eco de pasos apresurados y susurros llenaba el ambiente.

La tensión en el ambiente era palpable mientras los 21 piratas restantes, ya posicionados estratégicamente alrededor de Eaa, se preparaban para el próximo acto de esta confrontación. La lluvia persistente se intensificaba, formando un escenario casi teatral.

El líder del grupo pirata, con una expresión despiadada, dio la señal, "A POR ELLA, RECORDAD QUE EL CAPITÁN LOS QUIERE VIVOS" y los 21 piratas se lanzaron simultáneamente contra Eaa golpeándola. La madera del puerto resonó con el estruendo de la pelea que se desató. Puñetazos, patadas y el chapoteo de las gotas de lluvia se entrelazaron en una sinfonía caótica.

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#6
PERSONAJE


     Cuando Peteiro se hubo acercado a la puerta, yo había llegado prácticamente a ella en mi avance anterior. Esta, cerrada, nos separaba de las garras de nuestros repentinos enemigos, quienes, a juzgar por el jaleo, parecían formar un grupo sediento de nuestras cabezas. Pegadas al cuerpo, por supuesto, puesto que no debían acabar con nosotros.
     Mientras el gyojin permanecía cerca de mí habiendo adoptado una postura intimidante (con su altura resultaba imponente), la luz procedente de los grandes ventanales incidía sobre nosotros, como focos delatores que nos hacían protagonistas de una escena de inminente confrontación. Solo un imbécil pensaría que no habría golpes tras atravesar esa puerta y en mi cuerpo ya había comenzado la sed de violencia.
     Entonces, algo pasó rozándome, o más bien alguien. Eaa caminó a nuestro lado y, tras un comentario al que no presté demasiada atención, se despojó de su fiel abrigo. Lo que vi en ella me hizo alzar las cejas: lo que parecía la mitad de un huevo enorme cubría su cintura y parte inferior, hasta el comienzo de sus largas piernas, como si de una extravagante prenda de ropa interior se tratase. En cualquier otro momento habría tenido varias preguntas que, agolpadas en mi mente, tal vez hubiesen sonrojado a la muchacha, pero ahora mi avidez se enfocaba en otro frente.
     De pronto, la chica enorme se lanzó contra la puerta y, de un golpe, cruzó el umbral. La hoja de madera se quedó abierta, lo que hizo que, desde nuestra posición, pudiésemos ver parte de lo que nos aguardaba ahí fuera. Era imposible saber cuántos desgraciados esperaban darnos caza, pero la imagen parcial que llegaba a mis retinas ya me reveló que nos superaban en número. Y varias veces.
     Un hormigueo de anticipación recorrió mi cuerpo.
     Eaa voceó fuera, dirigiéndose a esa gente como las bazofias que eran. Luego, pasó a la acción, como el gato que ansía sus ratones. Fue en ese instante en el que decidí que cada segundo perdido era un segundo de ventaja para esa cuadrilla de miserables.
     Acabé con el medio metro que me separaba del umbral de la puerta. Fuera, la lluvia me rodeó con sus brazos húmedos, repicando sobre mi cuerpo en tensión. El estruendo de la pelea me envolvió con familiaridad, invitándome a unirme. 
     Mis dedos pálidos rodearon el extremo del látigo, enrollado a mi alrededor cual cinturón metálico. Lo desenrollé y, como una serpiente rebelde y recubierta de pinchos, me siguió mientras avanzaba hacia los piratas enemigos. Ellos me vieron: sus ojos carroñeros se posaron sobre mí. Los míos, hambrientos, quedaron clavados sobre aquellos sobre quienes descargaría mi agresividad. 
     Mi mano derecha dibujó un rápido movimiento en el aire y el látigo, sinuoso, reptó por el aire hasta encontrarse, despiadado, con sus objetivos en la distancia que aún nos separaba. El chasquido resonó sobre los cuerpos de los desgraciados a quienes alcancé. Luego, el látigo en toda su longitud regresó a mí, obediente siervo, hasta quedar a mis pies, lacio. Pero no le di tiempo a descansar: aquello no había hecho nada más que empezar.
     Siendo consciente de esta última certeza, decidí no quedarme quieta y, así, entorpecer a mis oponentes para alcanzarme.
     Retrocedí hasta la fachada de la taberna utilizando a la máxima velocidad de la que fui capaz sin perder el equilibrio ni estamparme contra la pared. Dentro del local, antes de que aquella gente viniese, obsesionada, a por nosotros, Eaa había mencionado un balcón, un balcón precioso de La Vieja Sordo Muda que había que visitar. Bien, era el momento de hacer turismo. Y escalada. Para mi suerte, la fachada de la taberna estaba lejos de ser una superficie regular, por lo que presentaba numerosos salientes de las piedras con la que estaba construida. Impulsándome hacia arriba con cada salto, fui apoyándome en las irregularidades, que me sirvieron para ir ascendiendo. 
     No sin cierta dificultad por el esfuerzo y la lluvia, conseguí llegar al balcón, que se alzaba a unos cinco metros y medio sobre el embarrado suelo de Murkhold.
     Si la barandilla era bonita o no, ahora mismo me importaba una mierda. Jadeaba mientras el agua comenzaba a calar en mi cabello, que se adhería a mi cuerpo, al igual que mis ropas oscuras. Desde ahí arriba, miraba el tumultuoso panorama como si de mi reino se tratara. Un reino a las puertas de una invasión que debía ser erradicada de inmediato.
     Podría haberme evitado el esfuerzo, podría haber recurrido a un modo más fácil y elegante de subir hasta allí, pero las prisas jamás fueron las mejores aliadas. Utilizar el cerebro, sí. Era vital conocer las propias fortalezas y debilidades. Una buena estrategia solía ser parte fundamental de una victoria. Esperar que la suerte pelease por nosotros era un error de principiantes y yo no estaba dispuesta a cometerlo.

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#7
Atributos Personaje


Si fuese fanático del silencio estaría contento, la respuesta ante mi desesperada llamada de atención fue nula, ahí estaba, delante de la puerta esperando ver entrar a esos piratuchos a por nosotros, cuando los fuese viendo tenía intención de ir partiéndoles las mandíbulas una a una, entonces ocurrió algo, un ser mitad huevo mitad Eaa salió por esa puerta hasta las cejitas de odio, corrió, saltó y le metió una buena hostia a unos cuantos de esos pobres seres rechazados por sus familias.

— Oye Peteiro, ese movimiento... ¿no te suena de algo?
— JUEJUEJUEJUE imitando a los mejores, ya veo, atenta, vas a ver como - 

no me dio tiempo a acabar de parlotear y pasó a mi lado la mismísima portadora sin saberlo de la zoan pulga y su látigo, esta también se quiso unir a la fiesta local, más específicamente al apartado "golpea a un pirata". Una animaba a la otra, la otra hacía extraños trucos con su cuerdarma y a mi se me estaba quitando el protagonismo.

— Que te comen la tostada, imbécil, anda quita, me toca a mi - dijo Balban bastante molesto.
— No, todavía no Balban, no es el momento.
— He dicho que me toca a mi 

Peteiro comenzó a emitir un ligero aroma a azufre que se mezclaba con su, ahora algo más suave, aroma a pescado, ambos matices eran reconocibles, sobre todo lo serían para alguien sin problemas para distinguir olores, no como el amigo barracuda.

Me resistí como pude y Balban no fue capaz de tomar el control por completo pero una energía remanente emanaba de algún lado de mi cuerpo. Corrí hacia fuera y vi el panorama, un pirata anteriormente dijo que nos quería vivos y acto seguido atacaron a doña pañales, si quiero ser un justiciero tengo que salvar a los que son, claramente, inferiores y más débiles que yo, Peteiro Gorgullo Boquerone, me abalancé contra el imbécil más cercano a Eaa y le propicié un puñetazo desencaja-mandíbulas, solo que en vez de desencajarlas, las rompía.

— Buen movimiento pero te ha faltado lo del puño en la cara ¿me entiendes? - le dije medio jocoso a Eaa para acto seguido seguir dando golpes.

Me acerqué a otro de los piratas y le asesté un HOSTIÓN en el estómago, luego al de al lado, un intento de romperle el plexo solar en forma de puñetazo para otro pirata de la mierda, puñetazo aniquilador en el lateral de la cara del siguiente... y así hasta que no pude encadenar de forma veloz otro golpe más.

— ¡QUE VENGAN TODOS LOS QUE QUIERAN! HAY GORGULLO PARA RATO ¿ENTENDEIS? - grité fruto de la euforia
— Tampoco lo has hecho tan bien, yo hubiese conseguido el doble - me recriminó Balban

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#8
Atributos Personaje


Leyenda


No había terminado de gritar cuando un gran número de piratas se abalanzó sobre mí. Me los quité de encima no sin recibir unos cuantos golpes, antes de derribarlos a todos con una patada giratoria. A juzgar por el sonido de sus cuellos y por la forma en que cayeron, más de uno no se iba a mover del sitio.

Una vez volví a mi posición, me puse nuevamente en guardia, para encontrarme con que a mi alrededor no quedaba nadie de pie, más que Peteiro, quien gritaba eufórico. - Pues vaya, me esperaba más - suspiré, aburrida, llevándome una mano a la cabeza. Cuando me toqué el pelo, noté que lo tenía muy despeinado, bastante más de lo que me esperaba, e infinitamente más de lo que mi maniático cuerpo toleraba. Me agaché, sin importarme nada a mi alrededor. Tras secar un poco mi pelo y desenredarlo, cogí una pequeña cinta blanca de mi abrigo. Mientras me levantaba usé la cinta para recoger mi pelo, haciendo una coleta. - ¿Cuánto tiempo hace desde que me hice una coleta? - me pregunté, procesando lo que acababa de hacer. - Tal vez, desde antes de eso... - continué mientras ajustaba la cinta, haciendo un pequeño lazo blanco. - Da igual, así me quito de tener que preocuparme por él. - miré a mi alrededor, buscando a mi otra compañera.

- Vaya, al final has subido al balcón - sonreí al ver a la albina en lo alto.
A decir verdad,  desde esta perspectiva y con la tenue luz que se colaba entre las densas nubes iluminándola, la otra mujer tenía una apariencia distinta. Era deslumbrante, así como imponente, de cierta forma.

- Oye Maeve, ¿qué ven tus ojos de panda? - pregunté, escuchando ruido proveniente del final de la calle.
Mientras ella miraba aproveché para mirar a mi alrededor, cogiendo el Den Den que tenía el pirata anteriormente.
- Cierto - Me acordé entonces, y comencé a rebuscar la libreta dentro de mi abrigo. - Oye Peteiro, ¿ matar piratas cuenta como crimen? - pregunté mientras terminaba de sacarla y abrirla por la página correspondiente. Me cansé de esperar su respuesta, por lo que decidí de forma unilateral que sí. - Bueno, cargarse a alguien por ahora creo que es un crimen. - me reí, contando. - ¿Cuántos han sido, tres o cuatro? - pregunté, más para mí misma que para el gyojin. - Bueno, voy a ser generosa y sumar cinco a la cuenta, total, seguro que hay alguno que no nos ha contado. - me reía mientras rellenaba la lista de crímenes en la libreta, antes de guardarla nuevamente en el abrigo.




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#9
La victoria momentánea de nuestros protagonistas en su enfrentamiento contra los piratas se vio empañada por la llegada de una nueva turba de malhechores. Justo cuando Eaa se levantaba con la coleta recién hecha, una horda de piratas, gritando furiosamente "¡SON ELLOS, QUE NO ESCAPEN!", se lanzó hacia los protagonistas.

La situación se tornó caótica mientras los recién llegados rodeaban a Maeve, Peteiro y Eaa. Cinco de ellos se concentraron en apuntar a Maeve, quien se encontraba en la terraza de la primera planta, mientras que los demás se abalanzaron sobre Peteiro, propinándole varios golpes. Entre risas burlonas, uno de los piratas comentó: "¡Qué mal huele el gyojin este, la virgen!" mientras otro añadió entre risas: "¿Y esta? No sabía que los onis nacían de huevos, jajajajaja".

Mientras tanto, la llegada del barco emitió una presencia imponente en el muelle al final de la calle. La nave, totalmente negra como el azabache, destacaba entre la grisácea tormenta que empezaba a azotar el puerto. Lo único que se podía distinguir en medio de la oscuridad era una arpía de mármol que coronaba la proa del barco, pareciendo casi un angelical guardián surcando el cielo tormentoso. La lluvia golpeaba cada vez con más fuerza, como si el mismo cielo estuviera en contra de nuestros protagonistas.

El barco, a medida que se acercaba al puerto, desvelaba su enigmática presencia. Las velas, tan negras como la misma noche. La arpía de mármol se destacaba como una figura celestial en medio de la neblina. El sonido de las olas y el viento se mezclaba con los gritos de los piratas y el estruendo de la lluvia, creando un escenario de caos y desesperación.

La confrontación se volvía más intensa y desesperada. Maeve, Peteiro y Eaa se veían rodeados, enfrentándose a la temida banda de los Piratas Wajiti. "ES LA BANDA DE WAJ! CORRED POR VUESTRAS VIDAS!", "QUE HACE AQUI EL PIRATA MAS BUSCADO DEL WEST BLUE?!" gritaba la gente presa del miedo. La lluvia continuaba cayendo, añadiendo una capa de melancolía y tensión al ya convulso escenario. La situación se volvía más incierta para nuestros protagonistas.

Desde el barco comenzó a desembarcar una horda de piratas. Se acercaban con rapidez, con un objetivo claro: capturar a nuestros protagonistas cueste lo que cueste. La verdadera razón de su búsqueda y la conexión con el misterioso pirata más buscado del West Blue seguían siendo un enigma, pero la tormenta, tanto física como metafóricamente, estaba lejos de disiparse.

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Resumen del Turno

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#10
PERSONAJE


     Podía vislumbrar la escena al completo desde ahí arriba. La lluvia bañaba el caos que acontecía a mis pies. Un buen número de piratas yacía en el suelo, habiendo caído bajo nuestros ataques. Mi anterior intervención había derrotado a tres después de que Eaa se cargase a varios más, pero lo que estaba haciendo ahora Peteiro me dejó gratamente sorprendida. Tal vez "sorprendida" no era la palabra, pues, de algún modo, ya sabía de lo que era capaz: una presencia salvaje que no mostraba piedad con quien osaba ponerse en su camino. En mi posición, tan solo estaba un poco más arriba de su estatura, y algo parecido ocurría con Eaa. Eran dos monstruos a los que, por alguna razón, el destino había posicionado a mi favor. Al menos, en aquella anárquica batalla.
     La violencia desplegada por el gyojin redujo el número de piratas enemigos de un modo casi insultante para ellos.
     La nueva actuación de la enorme pelirroja, a quien parte de esa gentuza había estado atosigando, terminó con lo que quedaba. Tal y como esperaba de ella.
     —Sí, y tenías razón: desde aquí las vistas son espectaculares —respondí a su comentario, sonriendo bajo el azote de la tormenta. Si por "espectacular" se entendía una alfombra de cuerpos. Entre las piedras y sobre el barro, el color de la sangre teñía los pequeños ríos que bajaban la calle—. Mis ojos de panda ven la hostia que te voy a dar como vuelvas a llamarme así.
     Aunque, a decir verdad, la lluvia probablemente hubiese alterado el maquillaje de mis ojos, arrastrándolo por mi rostro como siniestras lágrimas negras. No me preocupaba lo más mínimo. Tampoco a Eaa le preocuparía mi amenaza, pues visto lo visto, un golpe mío le haría poco más que una caricia.
     Fui a agregar alguna otra gilipollez a mi respuesta hacia ella, pero esta murió en mi garganta: un nuevo grupo de miserables aparecía en escena, dispuestos a conseguir aquello en lo que sus inútiles compañeros habían fracasado. Aunque el número era parecido a la primera tropa (no iba a ponerme a contar para conocer la cantidad exacta), estaba segura de que volveríamos a acabar con ellos.
     "El pirata más buscado del West Blue" retumbó en mis oídos.
     Entonces, un relámpago iluminó el cielo con tétrica precisión, partiéndolo en dos. La súbita luz me permitió ver que, a lo lejos, otra turba desquiciada venía corriendo desde el puerto.
     —¡Tenemos que acabar con estos inútiles cuanto antes! —les grité a mis compañeros—. ¡Viene otro grupo de piratas, no podemos dejar que se junten!
     Pero la inminente amenaza no fue lo único que capté en el puerto. Una figura blanca describía desordenados movimientos en el aire. Parecía como si flotase. Un fantasma. A través de la niebla, a duras penas me di cuenta de que seguía el implacable vaivén del oleaje. Un barco. Pero no conseguía atisbar más allá, como si el resto de la embarcación perteneciese a otra dimensión, invisible. 
     De pronto, llegaron a mis oídos los comentarios despectivos de los recién llegados. Mi pecho, que ya no jadeaba, recibió otra oleada de furia. Volví a dirigir la mirada a la nueva batalla que tenía lugar a mis pies. Debía volver. Y debían no poder tocarme.
     —¡Eaa! —la llamé; ella giró su rostro hacia mí con rapidez—. ¡Estira el brazo izquierdo! —Ella me miró como si me hubiese vuelto loca—. ¡Confía en mí!
     Por alguna razón y para mi alivio, decidió hacer lo que le pedía. Apoyé el pie derecho en la decorada barandilla. Al segundo siguiente, me impulsé y, arma en mano, salté al vacío. Un rápido movimiento bastó para que el extremo del látigo se enrollase sobre el antebrazo extendido de mi compañera. Empuñando el mango con ambas manos, me colgué de este en toda su longitud, viajando por el aire como si sujetase una liana. Sentía el aire frío sobre mi cuerpo empapado. 
     Mis pupilas se mantenían fijas sobre aquel que se había mofado de ella. 
     Conseguí que el movimiento balanceante de mi trayectoria me llevase al punto exacto que quería: aquel mismo gilipollas. Y como ese imbécil se encontraba al lado de otro más imbécil aún (pues suyas habían sido las palabras hacia Peteiro), decidí que me cobraría dos por el precio de uno. Separé las piernas y cada una de mis botas impactó con sus caras a gran velocidad, llevando sus cabezas hacia atrás de forma brusca y lanzándolos a un par de metros de allí.
     —Cerrad la puta boca —solté mientras los golpeaba.
     Por inercia, el látigo me hizo continuar con el movimiento y, ayudándome de otro pequeño impulso, conseguí, al ascender, poder terminar de cuclillas sobre el hombro izquierdo de Eaa, nuevamente fuera del alcance enemigo. Con la mano izquierda me agarré a su ropa para una mejor sujeción, mientras que, con la derecha, desenrollaba el látigo de su brazo, aún extendido. 
     Todo había sucedido en cuestión de segundos.
     Entonces, me acerqué a su oído, que ahora me quedaba tan cerca, e hice alusión al juego que, hacía unos días, se había inventado con su libreta con respecto al cálculo de mis asesinatos.
     —Estos cuentan doble.

RESUMEN
ARMA
BÉLICO
RESULTADOS
ACLARACIONES
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