[Presente Relativo] | Where did it Go? | [Aventura T2]
#1
14 Otoño, año 18
12:03pm
Isla Kutsukku.

La isla de Kutsukku no era precisamente una isla en la que resultase complicado encontrar a alguien dispuesto a hacer un trabajo por dinero, o así se podría llegar a creer. Entre comerciantes, marineros, mercaderes y otras personas que llegaban y se iban constantemente por el movimiento de los puertos podría haber alguien buscando una mano extra que quisiera la solución a algo que no podía o no quería hacer ni confrontar por sí mismo. Algunos por necesidad de tener a alguien fuerte como guardaespaldas, otros prefiriendo la discreción y, alguna que otra vez, había quienes necesitaban algo más complejo como encontrar algo perdido e incluso robado. Fue precisamente uno de estos últimos quien llevó a una mujer mercader a buscar los servicios disponibles para quien pudiera ayudarla en algo que ella misma consideraba de lo más importante.

Con eso, preparó un cartel en una zona concurrida, específicamente en la zona del puerto, donde sabía que posibles nuevas personas podrían ver lo que necesitaba, con un texto claro y conciso, con un breve resumen de lo que buscaba y la dirección exacta de donde se iba a encontrar con dicha persona. Obviamente el pago estaba incluido, como buen o buena comerciante, fuera quien fuese, sabía que los precios podían ser un buen incentivo para ello.

“¡Se busca a alguien con ganas de dinero y capacidad de encontrar objetos! Trabajo bien remunerado. 
Puedes encontrarme en esta dirección.”

Probablemente fuera eso lo que terminó llevando a Pucca hasta uno de los establecimientos comerciales de la isla. El lugar no destacaba especialmente entre los demás, se trataba de un negocio dedicado al comercio de diferentes productos y mercancías con un pequeño almacén situado en la parte trasera y varias cajas apiladas junto a las paredes. El movimiento era constante, aunque aquella mañana su propietaria parecía bastante menos ocupada en atender a sus clientes ya que parecía revisar, una y otra vez, una serie de documentos extendidos sobre el mostrador.

—No entiendo cómo puede haber desaparecido un cargamento entero...

La mujer dejó escapar un suspiro mientras volvía a comprobar uno de los papeles, rascándose un lado de su cabeza, con una mueca en su rostro que delataba la preocupación que estaba cargando. Estaba claro que llevaba un buen rato haciendo lo mismo, volteando la hoja de un lado a otro, volviendo a revisar una y otra vez, rascando un lado de su nuca por debajo del pañuelo, donde parte de su cabello podía verse en la zona, buscando encajar piezas que no parecían hacerlo.

Cuando finalmente se percató de la presencia de Pucca, levantó la mirada para contemplarla de arriba abajo. Le llamó la atención su aspecto y la mirada con la que cargaba. Dejó de forma despreocupada lo que hasta entonces le había estado prestando atención, dejándolo a un lado de la mesa y se puso en pie, con una sonrisa de oreja a oreja con una amabilidad llamativa.

—¡Oh! ¡Bienvenida! ¿En qué puedo ayudarte?

La mujer mantuvo aquella sonrisa mientras esperaba una respuesta, aunque sus ojos volvieron a recorrer fugazmente la figura de la mujer frente a ella. No parecía estar intentando averiguar quién era ni mucho menos reconocerla, solo trataba de hacerse una idea de quién se trataba, una característica adquirida a lo largo de los años como experiencia para analizar fuera quien fuese la persona que se presentara por la puerta. No sería la primera vez que se presentaban solo para observar, o para preguntar direcciones incluso. Eso no impidió que mantuviera una sonrisa de oreja a oreja, amable y agradecida.

Dejó una pequeña pausa, solo en caso de que la mujer que se había presentado quisiera conversar o decirle algo para que finalmente una idea se cruzara por su mente. ¿Quizás venía por lo que había puesto en el cartel? La forma en la que se presentaba le hizo creer que había una mínima posibilidad, pero nunca se sabe. No es que la mujer hubiera puesto nombre alguno en el cartel ni especificado demasiados requisitos, cualquiera podía presentarse, además de que tampoco esperaba que la primera persona que apareciera pudiera ser exactamente lo que tendría en mente... Pero tampoco llegó a pensar mucho en ninguna característica o nada similar.

—¿Vienes por el anuncio?

Finalmente dejó escapar la pregunta, señalando con una mano hacia la puerta principal, como si aquello fuese una explicación más que suficiente ya que, en ella, se encontraba otro cartel igual que al que había en el puerto para que, quienes vinieran con esa intención, pudieran guiarse mejor hasta el establecimiento. Soltó una pequeña risita amable. —Supongo que debería haberlo redactado mejor. Pero parece que funcionó, ¿no crees? — La mujer rodeó entonces el mostrador para acercarse un poco más, dejando a la vista una vestimenta propia de alguien acostumbrada a pasar buena parte de su tiempo entre mercancías, almacenes y viajes. El pañuelo que cubría parte de su cabeza dejaba escapar algunos mechones de cabello oscuro, con una coleta con algunos rizos bien cuidados, mientras que sus manos mostraban pequeñas marcas y manchas propias de alguien que no se limitaba únicamente a dar órdenes a sus empleados. —Puedes llamarme como quieras, aunque supongo que lo más sencillo será llamarme "la loca del negocio que está a punto de perder la paciencia", jeje. — Dejó escapar un suspiro después de la risita que trataba de aliviar su estrés más que bromear, acomodando una mano a un lado de su cintura, desviando la mirada con cierto cansancio. —O puedes llamarme por mi nombre, es Valerie, algunos me llaman Vally. Llámame como gustes, querida. — La sonrisa permaneció en su rostro, pero durante un instante aquella expresión alegre pareció perder algo de fuerza, desviando la mirada para contemplar de reojo los documentos que había dejado sobre el mostrador.

—Llevo varios días intentando solucionar un pequeño problema por mi cuenta. — Hizo una pausa, volviendo la mirada hacia la muchacha. —Bueno... "pequeño" para cualquiera que no tenga que pagar por él. — Eso último consiguió arrancarle un suspiro algo cansado y cargado de estrés. La mujer regresó detrás del mostrador y tomó nuevamente los documentos, aunque esta vez no empezó a revisarlos. Simplemente los sostuvo entre ambas manos mientras observaba a Pucca. —Hace unos días tenía un cargamento preparado para ser transportado hasta otro punto de la isla no muy lejos de aquí. Todo estaba en orden, la mercancía estaba contabilizada, el transporte contratado y el recorrido acordado. — Levantó uno de los papeles, sacudiéndolo como si eso fuera a darle una respuesta que nunca llevaba. —Y entonces... ¡Puf! Desapareció. — No parecía estar hablando de una simple pérdida de unas cuantas cajas. La preocupación de antes regresó rápidamente a su rostro. —No llegó a su destino. Tampoco regresó al almacén. Y nadie parece saber exactamente qué ocurrió durante el trayecto. — Dejó escapar otro largo suspiro antes de apoyar el documento sobre la mesa y apoyar ambas manos sobre ella, mirando los documentos por unos segundos más.

—Al principio pensé que el responsable del transporte simplemente se había retrasado. Después pensé que quizá había ocurrido algún problema en el camino e incluso llegué a pensar que alguno de mis trabajadores se había confundido con las rutas o que ellos mismos podrían ser responsables de la desaparición... — Negó con la cabeza, cerrando sus ojos unos segundos. —Pero no parece ser así... — Esta vez tomó otro de los papeles. —He preguntado, he revisado las cuentas, hablado con personas que trabajan en el puerto y hasta con algunos de los transportistas que suelen moverse por esta zona. — Su expresión se volvió algo más seria. —Y alguien terminó mencionando algo interesante. — Deslizó lentamente el documento por el mostrador hasta dejarlo frente a Pucca. —Al parecer, parte de mi mercancía fue vista después del momento en el que debería haber llegado a su destino... Lo que significa que no está perdido. — Hizo una nueva y pequeña pausa, elevando la mirada una vez más hacia Pucca. —Estoy segura de que alguien la tiene. — Y por primera vez desde que Pucca había entrado en el establecimiento, aquella sonrisa amable desapareció por completo de su rostro —Y créeme, quiero recuperarla. Además de que mis empleados no parecen haber aparecido tampoco... Y ellos no son de ese tipo, nunca me han fallado, ni una sola vez en todo este tiempo. — La mercader volvió a tomar aire y señaló la silla situada frente al mostrador. —Por favor, puedes sentarte si quieres. Te explicaré exactamente qué es lo que falta, de dónde salió y todo lo que he conseguido averiguar hasta ahora.

Su expresión recuperó poco a poco aquella amabilidad inicial al volver a enfocarse en la muchacha, mentalizándose de que no tendría la culpa. —Después podrás decidir si quieres aceptar el trabajo o marcharte por donde has venido. — Y, mientras esperaba a que Pucca tomase una decisión, volvió a mirar de reojo los documentos que tenía delante. —Eso sí... si consigues encontrarlo, te aseguro que el pago merece la pena.


Cajita de Tabaco
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#2
Llevaba algunos días esperando a alguien que debía llegar pronto. Se pasaba varias horas al día recorriendo el puerto de la isla, sentada en algún punto que le permita ver todo el lugar, o incluso comprando a los mercaderes que ahí trabajaban. Su dedo pulgar acariciaba y hacía girar el anillo que llevaba en su dedo, al menos mientras no tuviera que ocuparla para tomar el cigarro de su boca y permitirse soltar el humo. Estaba preocupada, pensando en si la aventura que estarían por tomar como grupo era en verdad una buena idea. Admiraba a esos llamados “criminales” tanto como sus compañeros, y tampoco iba a poder encontrar más información si siempre visitaba las mismas islas, pero los peligros eran gigantes.

Tras un tiempo se levantó, necesitaba estirar las piernas, por lo que comenzó a cambiar por el puerto una vez más. El propio destino la llevó a encontrarse con un cartel de lo más interesante. “Con ganas de dinero y capacidad de encontrar objetos”, no era ninguna investigadora, pero nadie más parecía prestarle atención al pedido, y si el viaje que estaban por realizar era tan peligroso iban a necesitar dinero. Las monedas solucionaban muchas cosas.

Sin más, arrancó el cartel del lugar donde lo vio y comenzó a caminar, pero no en dirección al punto de encuentro. Se dirigió al lugar que alquilaba en la isla, un punto básico pero de buena moneda, cerró la puerta de su habitación tras de sí, sacó su maleta de debajo de la cama y sonrió al ver varias prendas de ropa que no tardaría mucho en ponerse. Ató su cabello de manera diferente, se quitó el choker y los piercings de las orejas, ocultando los puntos donde estos se agarraban con banditas del color de su piel y dejándolo debajo del cabello. Guardó todo en la maleta, a excepción de su pulsera y anillo, los cuales dejó caer dentro de uno de sus bolsillos.

Y así, otra persona salió de esa habitación. Una menos segura, con un andar apresurado y con un aura radiante, al menos eso era lo que todos podrían ver.

No tardó mucho más de lo debido en llegar al punto de encuentro, tomándose un momento para asegurarse de que la dirección estaba bien. Pudo ver a la que supuso que sería una trabajadora del local antes de acercarse, revisando unos documentos con una cara que dejaba muchas cosas a la imaginación y pocas a la vez. Dio unos pasos al frente, fingiendo tropezarse con algo en el camino y perder el equilibrio por un momento, presentándose avergonzadamente por eso. - Buenos días, mi nombre es Shiroi Uso -. Con una cara sonriente y los ojos un poco entrecerrados para complementar su acto, su vista se enfocó en el establecimiento, así como en la gente que lo habitaba en ese momento, guardando para sí cualquier información que pudiera serle útil. - Así es, vine por el anuncio -. Anunció, levantando su dedo y apuntandolo directamente al cartel que estaba en la puerta, dejándole en claro que tenía razón. La mujer se acercó a la disfrazada Pucca, quien ahora podía notar que no se trataba de una simple trabajadora más. - Oh, pero si Valerie es un nombre mucho más bonito. Te llamaré así si me lo permites -. Sonrió un poco más, llevando su mano a su barbilla y encogiéndose un poco de hombros para mostrarse aún más dulce.

La conversación se volvió más seria, aunque por fin entraron en materia. Mercadería robada, no era algo tan poco común, pero si que le sonaba incluso extraño que simplemente se hubiera esfumado. La gente suele dejar pistas, más por incompetencia que por otra cosa, señales que los delatan, pero si la mujer aseguraba que nadie sabía qué es lo que había pasado sí que era algo extraño. - Por favor, no te preocupes y, dime... ¿Qué es lo que necesitas? -. Dijo mientras tomaba asiento. Mientras esperaba la explicación, hizo una pequeña anotación mental, para no olvidar a los empleados que ella mencionó. Por mucho que la mujer confiara en ellos, lo cierto es que los seres pensantes no son tan simples, todos pueden tener dos caras, y quien lo crea podía hablar con ella.

Pese a lo comprometida y participativa que se veía, lo cierto es que cualquiera que la observara podría notar que este no era un trabajo ideal para alguien tan dulce y joven, al menos no para Shiroi Uso, pero eso era algo con lo que hasta la mentirosa contaba en su arsenal.


Intuición
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#3
Valerie observó a la muchacha sentarse frente a ella. Por unos segundos se mantuvo en silencio, tratando de organizar su propia mente y saber así por dónde comenzar a explicar todo aquello. Volvió a observar a la joven una vez más, con una pequeña mirada algo insegura. Parecía una muchacha pura e inocente aquella que parecía tan dispuesta a ayudarla. Elevó su diestra, con aire pensativo justo debajo del mentón, sin pronunciar todavía nada y observar a la que se había presentado como Shiroi. Su rostro se veía demasiado amable para el tipo de trabajo que parecía estar dispuesta a aceptar. Sin embargo, no fue algo que Valerie fuera a juzgar. Ella misma podría ser algo más dura de lo que aparentaba y, quién sabe, tal vez pudiera llevarse alguna buena sorpresa. Todos tenían cualidades de una u otra forma. Había comprendido bajo su experiencia que las apariencias podrían ser engañosas, y más si había dinero de por medio... Pero la mujer se veía tan buena e inocente que ni ella podía percatarse de que existiera algún modo de que tuviera un carácter o apariencia distintas a lo que apreciaba, siendo que el disfraz de Shiroi era perfecto.

Apartó la mano de su mentón, sonriéndole con la misma amabilidad que la contraria irradiaba, ahora volviendo la mirada hacia los documentos por unos segundos, acercando el asiento que tenía no muy lejos de ella. Primeramente, caminó hasta la entrada del establecimiento, rodeando el mostrador con calma, acercándose a la puerta principal, con un pequeño aviso de “Hora de descanso” en ella. Así se aseguraría de que nadie fuera a interrumpirlas, pero por si acaso, aprovechó para usar la llave que tenía en su bolsillo y cerrar aseguradamente esa puerta. A continuación, dejando la misma llave en el lugar, caminó de vuelta hasta el mostrador, ahora sí, sentándose en la silla, con una mirada algo más segura.

—Bueno, Shiroi... supongo que será mejor empezar por el principio.

Colocó varios documentos frente a ella, en esta ocasión sin la mirada inicial que parecía delatar el engranaje dentro de su cabeza que parecía buscar una solución a su problema ya que, en esta ocasión, los utilizaba para ordenar la información que iba a contar. —Veamos, veamos... Hmmm. — rascó de forma descuidada un lado de su frente con el dedo índice. —El cargamento salió de aquí hace cuatro días. — Señaló una de las hojas, acercándoselo a Shiroi para que pudiera verlo con más detalle —No era una cantidad especialmente grande, pero sí suficientemente valiosa como para que no me haga ninguna gracia haberla perdido. — Hizo una pequeña mueca de disgusto y cansancio, contemplando la segunda hoja que reposaba entre sus dedos. —Eran varias cajas con mercancía destinada a uno de mis clientes que había hecho el pedido. Nada que pueda considerarse extraño, pero tampoco algo que pueda permitirme regalar. — Deslizó el segundo documento hacia Shiroi para que pudiera verlo. En él aparecían anotados varios datos sobre el envío, incluyendo la cantidad de cajas, el contenido general de estas, el destino que tenían y la ruta que parecía lista. —El transporte estaba a cargo de tres personas que llevan trabajando conmigo desde hace bastante tiempo. Los conozco bien. Nunca había tenido problemas con ellos. — Hizo una pequeña pausa, elevando la mirada para observar el rostro de la mujer pelirroja. —Por eso pensé que simplemente se habían retrasado. — Tomó un tercer documento, esta vez con un pequeño mapita que ella misma había dibujado.


—La ruta tampoco era complicada. Salieron desde aquí y tenían que llevar la mercancía hasta otro almacén situado al otro lado del puerto. No deberían haber tardado demasiado.

Su dedo recorrió una línea dibujada sobre uno de los papeles frente a ella para que pudiera verlo. —Pero nunca llegaron... Si necesitas un mapa o una copia de esto, te la puedo dar. — La mujer apoyó entonces los documentos sobre la mesa y puso una mano en su mejilla con cierto cansancio. —Primero pensé que alguno de ellos podía haberse equivocado de camino. Después supuse que quizá habían tenido algún problema con el carro, hasta llegué a pensar que podían haber tenido un accidente o algo así... — Valerie negó lentamente con la cabeza, cerrando sus ojos mientras realizaba el gesto. —Luego pregunté por ellos y... Nadie los había visto volver...

Hizo una nueva pausa, quedándose unos segundos contemplando la mesa antes de proseguir, ahora viéndose algo más preocupada. Tomó aire, volviendo la mirada a los documentos como si éstos tuvieran la respuesta. —Esperé unas horas más, intenté ponerme en contacto con ellos y, cuando parecía que no había respuesta... es que empecé a preocuparme de verdad. — Tomó aire, inhalando con cierto cansancio aire en sus pulmones, y luego expulsándolo. —Fui hasta el puerto para preguntar a algunos trabajadores que están por allí, cualquiera que pudiera haberlos visto durante el trayecto... y alguien me dio información de lo más curiosa. — Hizo una pequeña pausa, con una mirada algo más seria dirigida a Shiroi. —Una persona aseguró haber visto a mis trabajadores pasar por una zona que no estaba en su recorrido... Y fue más o menos una hora después de que salieran de aquí con el cargamento. — Esta vez se comenzó a ver algo más molesta, eliminando por un momento la sonrisa con la que había estado cargando, frunciendo el ceño. 

—No sé por qué estaban allí. Tampoco sé si realmente llegaron a pasar por ese lugar o si la persona que me lo contó se equivocó.

Hizo una nueva pausa, respirando profundamente, volviendo la mirada a la hoja que tenía todavía entre sus manos que estaban llenas de anotaciones y tachones por todas partes, fruto de toda la información que había conseguido reunir hasta entonces. —Pero hay algo más... Dos días después de la desaparición, alguien volvió a hablar de mi cargamento. Un hombre dijo haber visto unas cajas con el mismo tipo de marcas que usamos nosotros siendo trasladadas por varias personas y... — despacio, descendió los documentos encima del mostrador de madera y volvió a observar a Shiroi con firmeza.

—No pudo decirme quiénes eran.

Una nueva pausa, cruzando sus brazos encima del mismo mostrador. —Tampoco sabía exactamente de dónde venían, solo parecía recordar que las cajas llevaban nuestro distintivo... Y eso me preocupa porque si las cajas solo hubieran hecho “¡puf!” podría pensar que quizás hubo un accidente, pero si alguien más las está trasladando después de que mis trabajadores desaparecieran... — No terminó la frase, no se atrevió a dejar entrever que estaba comenzando a preocuparse seriamente. Quería evitar la sospecha de sus empleados... pero cada vez se le dificultaba más. —No sé qué pasó con ellos ni quién tiene mi mercancía y tampoco sé si ambas cosas están relacionadas. — Valerie juntó las manos sobre el mostrador. —Pero creo que por algún lado hay que empezar. — Elevó su diestra, señalando primero el documento donde estaba indicada la ruta original. 

—Puedes intentar averiguar qué ocurrió con mis trabajadores.

Después señaló el otro papel. —O puedes seguir la pista de las cajas. Si me preguntas a mí, empezaría por hablar con la persona que vio algo. Quizá no parezca gran cosa, pero en este momento es la única pista que tengo y, quién sabe, quizás tú consigas más que yo. Pero claro, eres tú quien va a hacer el trabajo, así que supongo que será mejor que decidas tú misma por dónde quieres empezar. — La mercader volvió a dejar todos los documentos sobre el mostrador, perfectamente ordenados, ya que al ir entregando y revisando, parecía haber vuelto a crear un pequeño desastre. —Puedes preguntarme todo lo que necesites. Si sé algo que se me haya podido pasar por alto, te lo contaré. —  Y, en esta ocasión, su expresión parecía mucho más tranquila. Al menos ahora había alguien más intentando encontrar una solución y no parecía estar sola en esto.

Cajita de Tabaco
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#4
Su sonrisa no desapareció de su rostro en ningún momento mientras escuchaba atentamente a la otra mujer. Una parte pequeña del cargamento, desaparecida junto con los trabajadores, con alguien que había visto las supuestas cajas y a los hombres pasar por donde no deberían haber pasado. Ya sea que fueran ellos mismos los ladrones o que estuvieran siguiendo órdenes de alguien que los obligara, lo cierto es que la probabilidad de encontrar esas cajas sería baja. Valerie ya había esperado, incluso se había tomado tiempo para crear carteles y pegarlos por la ciudad, el cargamento podría estar en la otra punta de la isla con facilidad, pero eso no hacía imposible su tarea.

- Entiendo… -. Dijo, aún observando el mapa con curiosidad en su rostro, grabándoselo en su mente para ocupar esa información luego. - Solo tengo un par de peticiones, y una pregunta -. Le devolvió la mirada con otra sonrisa. - Necesitaría ver una de las cajas y si es posible los uniformes que usen tus empleados, será más fácil localizarlos de esa manera -. No podía comenzar a buscar algo sin saber cómo se veía siquiera. - También quisiera una copia del mapa, más que nada para asegurarme de estar siguiéndolo bien -. Iba a llevarse esa copia, incluso si su memoria fuera lo suficientemente buena para recordar eso como si pudiera copiarlo en otra hoja de papel si quisiera. - Sobre la pregunta… Dime… ¿Por qué no contar con la marina? Ellos podrían haber encontrado a tus hombres y mercancía de forma más simple que un trabajador del puerto, o incluso que una persona aleatoria que cruzaba por la calle -.

La marina no le agradaba, no eran más que asquerosos que solo buscaban cortar la libertad de acción de personas inocentes a sus ojos, pero su utilidad no podía negarse. Tenían números, capacidad de adentrarse en sitios donde ella no podría con la facilidad y el conocimiento de no estar en peligro legal, incluso contaban con la ayuda de más ciudadanos que una simple y joven investigadora.

Teniendo eso en cuenta, se le hacía extraño que no los hubiera mencionado, incluso de pasada, en una situación a la cual cualquiera podría catalogar como robo, pero que también podría significar secuestro si los trabajadores de la mujer no estaban involucrados en la desaparición de los objetos. Las opciones que se le venían a la mente eran varias, pero sus principales sospechas serían que:

1) Si les notificó, pero por alguna razón no pudieron resolver el asunto o tampoco quisieron hacerlo.

2) Lo que sea que haya en esas cajas no es de incumbencia de la marina y que se metan podría significar peligro a alguna escala.

3) Uno de los empleados de Valerie posee un pasado criminal, como mínimo, y ella lo sabía bien.

Esas opciones eran interesantes, pero obviamente estaban basadas en información que poseía ahora. Sea cual sea la respuesta, no cambia el hecho de que su trabajo era localizar la mercancía y recuperarla, no entrometerse en la vida de la mujer, pero esperaba al menos no tener que preocuparse de tener a esos perros cerca.

Explicaciones dadas, ropas y cajas mostradas, lo único que quedaba era salir del lugar. La primera parada era obvia, dirigirse a pedir respuestas a ese trabajador del muelle, pues era quien podía otorgárselas. Por suerte para ella, su habitación alquilada se encontraba de camino al muelle, por lo que hizo una parada rápida para un cambio de look aún más rápido. Se deshizo de esas ropas normales, tomó las que estaba usando antes, se colocó los piercings y el choker, puso su anillo en su dedo y volvió a colocar su pulsera en su muñeca.

Mientras desataba su cabello para atarlo de forma más simple y que permitiera ver sus orejas, observó aquello que descansaba al lado de la cama: su arma. Bastante simple, un bate de metal completamente diseñado a mano. Podría cargarlo, nunca se sabe cuando el combate comenzaría, pero por ahora esto no parecía ser más que una tarea de reconocimiento, causar más alboroto del necesario sería problemático, por lo que abandonó la habitación, dejando ahí el arma para otra ocasión, ahora si dirigiéndose al muelle, como una persona totalmente distinta.



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#5
Valerie se quedó en silencio por unos segundos una vez escuchó las preguntas que venían de Shiroi. Las primeras peticiones no le resultaron fuera de lugar, de hecho en ese momento era lo más lógico y, por ello, asintió con la cabeza calmadamente, observando con atención cómo la contraria parecía interesada en el mapa. Volvió a verse algo más calmada y la sonrisa regresó con silencioso agradecimiento.

—Claro, no tengo problema con enseñártelo.

Se levantó de la silla, señalando su diestra en dirección al interior del mostrador, dándole el permiso para que así la mujer pudiera entrar. —Ven conmigo, por favor. Lo tengo un poco desordenado, espero que no te importe, con todo este tema no he tenido mucho tiempo de organizarlo todo correctamente. — Caminó finalmente en lo que era una puerta de madera que, pese a verse desde el lado donde estuvo Shiroi, ahora con la cercanía podría ver cómo lo abriría.

El interior estaba apilado de cajas y diversos productos de varios tipos. Entre todas ellas comenzó a buscar algo concreto y, cuando finalmente pareció llegar, se acercó a apartar un par de cajas. Sorpresivamente, pese a lo delgada que se veía, la fuerza no era algo de lo que careciera la mujer. Se sacudió las manos despreocupadamente una vez apartó tres del tamaño de su propio brazo y los dejó caer en un lado del suelo que estuviera limpio. Desde allí se apreció una caja similar, de un tamaño mediano, poco menos que las que acababa de retirar. Apoyó su codo sobre ella, dando un par de toques con el índice. —Estas son las que utilizamos para ese tipo de pedidos. — Se apartó, para así poder agacharse y tiró suavemente de la caja para terminar de sacarla y acomodarla frente a Shiroi y que pudiera apreciarla mejor. No parecía especialmente pesada, pero sí suficiente para que Shiroi pudiera sujetarla con ambas manos.

La madera, mientras tanto, tenía algunas marcas propias del uso pero en uno de sus laterales podía distinguirse claramente un pequeño símbolo pintado. Era el distintivo que Valerie usaba para identificar su propia marca, esa pequeña “firma”.


La madera tenía algunas marcas propias del uso, pero en uno de sus laterales podía distinguirse con claridad un pequeño símbolo pintado. Era el distintivo que Valerie utilizaba para identificar sus mercancías. —Mira bien aquí. — Golpeó suavemente el símbolo con uno de sus dedos. —Todas las cajas de ese cargamento tenían exactamente esta marca. No es algo especialmente complicado de copiar, pero sí lo bastante reconocible como para que alguien que sepa qué está buscando pueda identificarla. — Entonces, abrió la caja, que se encontraba vacía, para que la muchacha pudiera ver su interior y, si así lo deseaba, que pudiera tocarlo —Esta es exactamente del mismo tipo que las que desaparecieron. — Volvió a cerrar la caja y, antes de regresar a su asiento, frenó en seco, como si acabara de iluminarse algo en su cabeza.

—Ah, cierto, los uniformes.

Una pequeña sonrisa apareció en su rostro, por poco lo olvidaba. —Te puedo enseñar uno. — Esta vez se dirigió hacia un pequeño armario situado cerca del mostrador y, al abrirlo, sacó una prenda que parecía formar parte de la vestimenta habitual de sus trabajadores.


—No utilizamos nada demasiado llamativo como puedes ver. Solo una camisa sencilla azul, pantalones oscuros y este chaleco que tiene también nuestro símbolo. — Extendió la prenda para que pudiera observarla más detenidamente si así lo prefería. En uno de los lados del chaleco aparecía bordado el mismo distintivo que podía verse en las cajas tal y como había mencionado. —Los tres llevaban uno de estos cuando salieron con el cargamento. — Dejó escapar un pequeño suspiro tras una breve pausa. Esperó el tiempo que fuera necesario antes de guardar nuevamente el chaleco y regresar, esta vez sí, de vuelta al mostrador. Tomó entonces el mapa que había utilizado para explicar la ruta y comenzó a realizar una copia sobre una hoja limpia.

—Y esto también puedes llevártelo, por supuesto.  — Mientras dibujaba, Valerie fue señalando con el dedo algunos puntos concretos y, terminó marcando unos puntos concretos en un color rojo para que pudiera distinguirse del resto, señalando así mejor.

—Mira, aquí está mi establecimiento. Salieron desde este punto y siguieron por la calle principal hasta llegar a esta zona.

Marcó una pequeña intersección, la inicial parecía estar bien, yendo hacia el norte pero, en la parte de las colinas, tomar un desvío y terminar en un punto concreto entre las mismas y la zona de peligro, como si hubieran retrocedido. —Aquí deberían haber continuado recto. — Señaló ahora las colinas y bajó el camino con los dedos hasta donde ponía “Destino”, pero luego regresó al punto anterior. —Pero la persona que hablé con ellos dijo que los vio por aquí. — La mujer frunció ligeramente las cejas con algo más de molestia. —No tiene demasiado sentido. No hay nada relacionado con la entrega que pudiera obligarlos a desviarse... — Suspiró, terminando de entregar la copia y entregándosela directamente hacia Shiroi. —No es que sea un mapa demasiado preciso, pero creo que será suficiente para que te puedas orientar. — Valerie permaneció unos segundos observando el papel antes de levantar la mirada de vuelta a la muchacha... Y llegó la pregunta sobre la Marina. Su expresión pareció cambiar, rascando nuevamente de forma inquieta un lado de su pañuelo y suspiró.

—Bueno... verás... — Por primera vez desde que había comenzado a explicar el problema, Valerie pareció tener que pensar en qué decir antes de hablar. —Sí pensé en acudir a ellos, claro, no te equivocas, pero no lo hice inmediatamente. — Descendió la mano, cruzando ambas ahora sobre el mostrador, desviando la mirada ligeramente hacia la puerta, solo para luego volver la mirada hacia ella. —Cuando todavía pensaba que mis trabajadores simplemente se habían retrasado, pues les di un poco de tiempo con la esperanza de que volvieran pronto por sí mismos y me dieran una explicación y, cuando pasaron las horas y me di cuenta de que no era normal, sí que me planteé la idea de denunciarlo. — Fue entonces cuando, esta vez, hizo una leve mueca de asco inconscientemente, desviando la mirada unos escasos segundos antes de volver la mirada a la muchacha.

—La respuesta que recibí fue muy fácil para ellos.

Hizo una nueva pausa, elevando sus manos, ahora exagerando un poco más sus movimientos como si tratara de imitar a un varón de forma burlesca. —Me dijeron “sin pruebas de que haya ocurrido un delito no podemos movilizarnos solo porque una mercancía no ha llegado a su destino” “Ñiñiñiñiñiñi” Estúpidos inútiles... — Se encogió de hombros, siendo que aquello último lo susurró en voz baja después de la parte de burla final. —Me dijeron que esperase, y que preguntara por mi cuenta a los trabajadores del puerto, si conseguía averiguar algo de mis trabajadores o las cajas que volviera a informar... Y como ves eso hice... Pero fue totalmente inútil. A veces son tan vagos cuando no consideran que pueda ser importante... — Dejó escapar un suspiro, con una expresión algo más seria. —Parece que “sin pruebas no podemos hacer nada” es su mejor estúpida excusa para calentar sus sillas y rascarse sus partes. — Volvió la mirada hacia Shiroi, descendiendo sus manos y sacudiendo la derecha para aliviar un poco la tensión que Valerie pensó que había elevado. —Lo siento, no tienes la culpa, tampoco es buena idea hablar mal de los Marines... pero me tienen harta y... entre tú y yo. — Contempló una vez más a la puerta, y luego a la muchacha, con una mano a un lado de sus labios. —Estoy segura de que serán unos corruptos. Pero tú no has escuchado nada. — Guiñó un ojo, como si eso hubiera sido motivo suficiente para quitarse la molestia de encima con la pobre muchacha, para finalmente dejar escapar un suspiro cansado.

—Pero bueno, por eso puse el anuncio, porque como ves no siempre son tan... “útiles” como nos gustaría a los civiles. — No parecía demasiado satisfecha con aquella situación, pero tampoco daba la impresión de querer ocultar nada. —Si consigues encontrar a mis trabajadores, o al menos descubrir dónde terminaron las cajas, entonces podré volver a acudir a ellos con algo más concreto aunque no consigas recuperar nada. Ya estás haciendo mucho más de lo que crees, Shiroi. — Finalmente tomó una pequeña bolsa de tela que tenía bajo el mostrador y sacó varias hojas. —Aquí tienes también los datos de los tres trabajadores por si necesitas su información y así puedas reconocerlos.

Los documentos no contenían demasiada información, solo sus nombres, una pequeña descripción sencilla y algunos datos básicos sobre ellos. —Son personas normales. Han trabajado conmigo durante años y nunca me han dado problemas. Pero... Ahora que lo pienso... — hizo una pausa, con el dedo índice bajo su mentón, elevando la mirada de forma pensativa, como si una nueva idea se cruzara por su mente. —Uno de ellos solía tener familia cerca de la zona norte del puerto. No sé si seguirá viviendo allí, pero quizá pueda servirte si decides buscar por esa zona. — Entonces hizo una pausa despreocupada, sacudiendo la mano. —Perdón, no quiero hacerte perder tanto tiempo. Te agradezco de corazón que hayas podido prestarte a ayudarme. — Señaló el mapa, solo dejando entrever un corto silencio. —Ese hombre que me habló sobre lo que vio trabaja habitualmente en el muelle. Me dijo que estaba descargando mercancía cuando vio pasar las cajas. Me suena que mencionó que trabajaba para uno de los barcos mercantes que llegan por esa zona. No recuerdo exactamente cuál... ¿Creo que.... por una zona de descarga de muelles o algo así? — Hizo una nueva pausa, volviendo a ponerse en pie y rodear calmadamente el mostrador hasta donde se encontraba la mujer. —De momento esto es todo lo que puedo darte por ahora, querida. Espero que sea suficiente. — Finalmente tomó la llave que había dejado junto a la puerta y volvió a abrir el establecimiento para que la muchacha fuera libre de salir si así lo deseaba y, antes de verla alejarse, sacudió la mano alegremente, con una sonrisa de oreja a oreja.

—Si encuentras algo, vuelve a verme.

Valerie observó a Shiroi marcharse y permaneció unos segundos junto a la puerta antes de regresar al interior de su establecimiento. Quién sabe si pese a esa expresión angelical esa mujer pudiera ser de lo más lista y encontrar el camino que necesitara. Fuera por donde fuese que empezara la mujer, tendría la fe necesaria para conseguir lo que necesitaba.

Cajita de Tabaco
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#6
Las respuestas de Valerie habían sido satisfactorias, en parte. El mapa no era lo mejor del mundo, pero funcionaba, el símbolo de su empresa y los trajes de los trabajadores se quedaron grabados en su mente en cuanto ella se los mostró, por lo que sus ojos no tardaron en recorrer las calles mientras paseaba, parándose unos instantes en cada persona que veía para no perderse ningún detalle. Era cierto que no podía ver ese uniforme por ningún lado, pero si esos tipos querían ocultarse pues era lo normal.

Tomó de su bolsillo un paquete de chicles, llevando uno a la boca y descubriendo que ya no quedaban más. Apretó entre su puño el papel para luego guardarlo de nuevo en su bolsillo, asumiendo que tendría que comprar más luego e inflando el chicle hasta generar un globo, el cual reventó justo a tiempo cuando alcanzó su objetivo.

Sus pasos la habían llevado hasta el puerto, de nuevo, en busca de ese hombre del que Valerie había hablado. Por suerte nunca había tenido buen olfato, el olor a pescado y mariscos no le arruinaba el sabor del chicle, pero el problema era que no había sido especifica sobre quien era ese tipo, ni siquiera su apariencia, y los barcos mercantes necesitaban a muchos trabajadores activos durante gran parte del día. La cantidad de gente era desalentadora, si tuviera que preguntar uno por uno no terminaría hasta que fuera de noche, y tampoco tenía muchas ganas de alargar las cosas. “Veamos…”.

Giró la cabeza, buscando algún punto alto, encontrando con su mirada unas cuantas cajas apiladas que casi formaban una escalera perfecta. Sonrió y se acercó a ese lugar, utilizando las cajas para subir hasta la cima, donde quedó solo a un par de metros de la cabeza más alta. - OIGAN TODOS -. Como si fuera dueña del lugar, no tuvo miedo de llamar la atención de quien sea que trabaje o esté pasando su día en ese muelle. - NECESITO ENCONTRAR A UN HOMBRE QUE HABLÓ CON UNA MUJER LLAMADA VALERIE. ¿ALGUNO DE USTEDES ES ESA PERSONA? -. Así todo sería más rápido y directo, al fin y al cabo no es como que pudieran impedirle por completo el terminar su trabajo.

Al terminar de hablar, esperó unos momentos a que alguien le constestara. Bajó su mirada y se encontró con varios ojos apuntando en su dirección, extrañados al parecer. - Dime… ¿Eres quien estoy buscando? -. Habló a una persona entre todas, apuntando con su dedo a esta, mascando su chicle y poniendo la cara más desinteresada existente.


Intuición
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#7
El puerto que la protagonista había alcanzado, por la hora en la que se encontraban, no tenía tantas personas como debería, unas horas muertas agradecidas por ser la hora de comer sin contar algunos de los trabajadores que eran el único bullicio que pudera estar en esa zona. Sin embargo, el inesperado grito de una mujer, con aspecto distinto al que pudiera haber reconocido Valerie captó la atención de los que se encontraban allí, interrumpiendo momentáneamente las tareas que realizaban para buscar de dónde provenía dicha voz. No todos los días se podía ver a una muchacha con semejante energía y anunciar a los cuatro vientos lo que pudiera buscar. Hubo un silencio momentáneo, una silenciosa pausa hasta que, quienes no tenían nada que ver con la situación, se volvieron para así regresar a sus puestos con naturalidad.

Pronto hubo pequeñas risitas discretas, convencidos de una nueva anécdota para que pudieran contar más adelante. El resto de personas que todavía la observaban con interés trataban de adivinar. La persona a la que señaló parpadeó, solo para señalarse a sí misma, parpadeando confundido buscando confirmar que realmente se dirigía a él. Negó con la cabeza. —Conozco a Valerie, todos la conocemos, pero yo no-...

—Soy yo.

Intervino otra voz que estaba unos metros más atrás. Las miradas ahora fueron en dirección a la voz varonil del hombre. Era delgado, de cabello verde oscuro y el cuerpo fornido por las largas jornadas laborales al aire libre. Su sonrisa resplandecía en amabilidad y gracia. Se encontraba junto a un carro cargado de varios sacos, con un pañuelo alrededor de su cuello de color gris y una camisa verde, encajando a la perfección con el color de su cabello. Éste, al escuchar el nombre de Valerie, había dejado de revisar la carga para prestar atención a la escena.

A su alrededor, la gente pareció apartarse para darle así paso para acercarse hasta la muchacha, elevando su zurda por encima de su frente para ver mejor a la muchacha frente a él y evitar que el sol le diera de lleno a los ojos. —Puedes bajar para estar más cómoda si así quieres. — Extendió su otra mano libre por si aceptaba bajarse con él y estar así a la misma altura. Aparentemente los dos parecían ser igual de altos.

—Soy Milo, encantado.

Consideró amable presentarse primero antes de hacer un movimiento con la cabeza para caminar a un lugar más apartado, pero sin dejar de hablar. —Recuerdo que hace unos días Valerie vino preguntando por aquí sobre algo de un carguero o una cosa así... Hablaba de algo desaparecido. Conozco un poco a sus trabajadores ya que es habitual que frecuenten esta zona y de vez en cuando me pidan algo de ayuda. Recuerdo creo que a... ¿tres? ¿Quizás cuatro? Algo así era, que iban a hacer una entrega o así. Hmmm, hmm. — Asintió con la cabeza para dar énfasis a sus palabras, cruzándose de brazos en aire pensativo, para luego volver la mirada de reojo hacia la pelirroja. —Valerie es algo caótica y desastrosa, pero hace muy buen trabajo, a saber si te habría dicho en qué sección estaba. Asumo que serás alguien que contrató, o no habrías preguntado por ella. — Descruzó los brazos, ahora sí, en la entrada del puerto. Seguía habiendo gente alrededor, pero no habían miradas extras ni nadie extraño. —Recuerdo que hace cuatro días coincidimos en un camino, llegué poco después de ellos, pero sí que fue extraño. — Frunció las cejas, moviendo ligeramente sus labios en aire pensativo. —Los noté extraños, como nerviosos. Ellos suelen ser muy específicos con las rutas, nunca toman desvíos, conocen bien los atajos, pero cuando coincidimos, caminamos un rato, y dijeron que tenían que ir a la casa de uno de ellos. —  Se rascó la mejilla, elevando la mirada con aire pensativo, tratando de ordenar sus recuerdos. —Claro, tampoco me pareció asunto mío en ese momento, pensé que quizás alguien tenía que ir al baño, o vete a saber si buscar ayuda extra, incluso que alguien pudiera haberse dejado algo en casa, así que no le di importancia. Después de todo, aquí se mueve carga cada dos por tres y tampoco es raro que algunos comerciantes utilicen rutas distintas para ahorrarse tiempo extra... Pero era tan extraño... estaban cada dos por tres mirando o las cajas o los alrededores, como si los siguiera una especie de fantasma o algo así.

Hizo una pausa, bajando la voz y abriendo los ojos de forma más exagerada. —¡Ah! ¡Cierto! Me suena que uno tenía una chaqueta marrón bastante llamativa y una de las ruedas del carro chirriaba. Eso era extraño. Por caótica que sea Valerie siempre se encarga de que su material en las entregas esté en las mejores condiciones posibles... — Entonces, Milo hizo una pausa, señalando varios caminos frente a ellos. —Mira, normalmente esa es la ruta con la que empiezan, si giras a la derecha debería haber un atajo, que yo tomo de vez en cuando. Es verdad que parece tétrico, pero es seguro. Sin embargo... — Señaló el siguiente camino, a la izquierda. —Por allí se dice que mejor ni pases. No es raro que haya a veces vándalos o ladrones que quieran darnos problemas. — Señaló otro camino más, esta vez al lado opuesto. —Y por allí, aunque se está cerca de esa zona, se suele evitar problemas. Es un atajo rápido, pasas por muy poco por la zona de peligro, pero es zona segura, nunca ha pasado nada raro. Los hombres tomaron el primer camino. — Una nueva pausa, buscando la mirada de la joven, ahora buscando sus ojos con un aire más serio.

—Tomaron la ruta más larga, pero la más segura... Es extraño y da miedo saber que gente desapareció.

Suspiró, cerrando los ojos, rascando su mejilla una vez más. —Había un mapa que... Oh, ¿Vally no te dio uno? — Esperó a ver si la chica le mostraba el mapa y, al hacerlo, sonrió de nuevo con amabilidad, extendiendo su dedo índice por la ruta que estaba pintada en rojo. —Mira, justo allí. Esta ruta lleva al primer camino, parece que te lo marcaron bien. — Su dedo siguió el recorrido rojo hasta la mitad de este. —¿Ves ese bosquecito? Está algo lejos, pero nos cruzamos justo por aquí y, desde aquí... — Señaló el camino donde estaba el desvío de la ruta. —Y justo aquí, es donde nosotros nos separamos. Yo seguí camino abajo por la colina por el riachuelo que tiene allí dibujado. Esa fue la última vez que los vi tanto a ellos como lo que llevaban en cajas. — Una vez más hizo una pausa, colocando ambas manos a los lados de su cadera.

—Solo una cosa: Ten mucho cuidado si vas a ir sola. ¿Estás segura de que no quieres que te acompañe?

El varón parecía más que dispuesto a ello. Respiró profundamente, observando de vuelta el puerto por unos segundos, si la muchacha aceptaba, lo mejor sería recoger su puesto lo antes posible. Ahora además estaban lejos de las miradas del muelle, pero si Pucca observaba detenidamente, podía ver que no existían intenciones hostiles por parte de Milo, por el contrario, se veía francamente preocupado por la mujer.

Cajita de Tabaco
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#8
Al fin alguien se dignó en aparecer. La pelirroja sonrió complacida cuando Milo se postuló como quien ella estaba buscando, sentándose en las cajas y cruzándose de piernas mientras lo escuchaba. - Bueno, me gusta mucho esta altura… -. Hizo un globo con su chicle y lo explotó rápidamente, justo antes de impulsarse hacia adelante para aterrizar sin problemas en el suelo. - Dime, ¿qué puedes decirme de esa conversación? -. El hombre cantó como canario, incluso sin que ella se hubiera presentado como alguien que trabajaba para la mujer. La vida era tan fácil al ser tan bonita y espectacular como ella, no podía evitar sonreír mientras escuchaba la explicación del contrario.

En cuanto se le fue pedido el mapa, lo sacó de su bolsillo y lo desdobló para que el hombre pudiera verlo. Conocía la zona, recordaba ciertos aspectos de ese momento que eran datos útiles ahora mismo, si no fuera porque trabajaba en el puerto y se veía feliz con eso tendría toda la capacidad para ser un investigador competente. 

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- Trabajadores desaparecidos luego de actuar como si hubieran visto un fantasma. Si no lo estuviera viviendo diría que es solo el inicio de una novela policial -

Por suerte, ella no era la protagonista de una novela, ella era mejor en muchos aspectos.

3 caminos, alguno más peligroso que el resto. Entrecerró los ojos mientras escuchaba al hombre hablar, analizando las opciones frente a ella. A su izquierda, el camino más normal, la peor opción a elegir entre todas, pues no había nada que se saliera de lo ordinario ni parecía tan peligroso como para temer meterse ahí. Enfrente se abría un camino que levantaba sospechas, pues la tierra se encontraba marcada con huellas de algún vehículo de transporte y las voces provenientes desde ese punto a lo lejos no sonaban nada amigables. Si tuviera que basarse en la información más básica, tomaría ese camino, pero había algo más que llamaba su atención.

En el camino de la derecha, peor conservado que el anterior incluso, aquel que Milo había marcado como la ruta que los trabajadores tomaron. No solo eso, cuando el hombre a su lado dejó de hablar por un momento, ella pudo escuchar el sonido constante del metal siendo forzado. Él dijo que el carro chirriaba, una buena observación, alguien debería felicitarlo. - Creo que estaré bien sola, pero gracias por la propuesta -. Comenzó a caminar, dirigiéndose al camino del cual provenía ese ruido molesto. Sin dejar de avanzar, giró la cabeza un momento para decir algo más y apuntando con su dedo pulgar al muchacho.

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- Gracias por la información -


Intuición
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#9
El hombre, al ver el agradecimiento de la muchacha, pareció encender sus mejillas en un leve rubor, pero sonrió amablemente hacia la chica y sacudió la mano, aceptando que pudiera ir por sí misma si así lo deseaba. Finalmente, tomó el camino adecuado para darse media vuelta, dando un golpe con ambas manos en sus mejillas y terminar de despejarse, regresando de vuelta al puerto y poniendo en orden su propio trabajo.

Por otro lado, Pucca había elegido el camino. Ese camino era un sendero que, a medida que caminaba, éste comenzaba a estrecharse cuanto más se alejaba del puerto. Los sonidos y el bullicio del mismo comenzaban a verse cada vez más y más alejados hasta que la muchacha dejó de escuchar nada más que sus pasos. Si la mujer contemplaba con detenimiento, podía ver marcas recientes por el suelo, pudiendo guiarla fácilmente por ese sendero.

Aunque el aspecto del camino parecía descuidado y peligroso inicialmente, no hubo inconveniente alguno, la calma parecía existir en la zona, sin interrupciones, solo el ruido de sus propios pasos y las hojas que pudiera pisar con sus pies. Con eso, no hubo dificultad para que Pucca pudiera llegar sin ningún problema hasa el punto que Milo había señalado previamente en el mapa que se le había mostrado. Su alrededor parecía desierto, ahora con otros tres caminos. Uno que tomaba una dirección hacia la colina, la otra por la zona señalada que era la ruta del desvío que habrían tomado los trabajadores y, por último, el atajo más convincente, que era el que iba de forma directa sin desviarse de la ruta en la zona de peligro. El sonido de las voces se distinguía claramente desde su posición gracias al afilado oída de la muchacha desde una pequeña explanada que se encontraba oculta entre las colinas no demasiado lejos de su posición. Desde ese mismo camino que había elegido Pucca como buena sabia había encontrado que la vegetación y el terreno irregular permitieran que se acercase sin exponerse, guiándola con mayor facilidad por el paso que debía proceder. Cuanto más cerca estaba, más claramente escuchaba las voces de lo que parecían varios varones.

—¡Te digo que no pienso volver a mover ese carro hasta que alguien arregle esa maldita rueda! ¡Estoy hasta los cojones de escucharlo chirriar ñiiiic ñiiic ñiiic! ¡Su putísima madre! — se apreció un golpe, claro y molesto, de lo que podría reconocer una madera. Uno de los individuos estaba golpeando la misma rueda que había estado emitiendo el sonido.

—¡Pues deja de quejarte! — contestó una segunda voz con disgusto. —Ya suficiente tenemos con mantener este sitio en secreto como para que encima te pongas a gritar maldito imbécil.

Desde su posición, Pucca podría ver una explanada donde existía un carro de carga con una de sus ruedas ligeramente torcida, lugar de donde provenía el sonido del chirrido. De hecho, los hombres que se encontraban, cuanto más trataban de empujar dicho carro más lo hacían sonar. El sonido coincidía perfectamente con la descripción que había dejado caer Milo ante la mujer. Dicho carro, además, poseía una enorme lona que cubría el contenido de lo que había en el carro. Sin embargo, había un lateral ligeramente elevado que revelaba una caja y, gracias a la desarrollada vista de la muchacha, podía verlo con claridad desde su posición. Estaba claro que había dado exactamente con la mercancía. También podía ver cómo estaban todos estructurados y ordenados a su alrededor. En total habían 4 hombres. Dos de ellos eran los que estaban discutiendo al lado del carro, un tercero se encontraba en la entrada, distraído tratando de encender el cigarrillo, mismo que habló.

—¿Qué tal si dejáis de discutir los dos? Me pitan los putos oídos, mierda. Tsk... — Chasqueó la lengua, peleándose con el mechero y con una mueca de desagrado, sin prestar atención a lo que debía hacer realmente, que era vigilar la entrada de lo que parecía un pequeño almacén algo abandonado. La cuarta y última persona, por otro lado, estaba de brazos cruzados frente a lo que parecían otras tres personas más. Dos de ellas eran varones y uno una mujer. Los tres estaban atados con sogas por las muñecas tras la espalda y los tobillos. Los tres se encontraban sentados en el suelo, espalda con espalda. La mujer parecía estar temblando asustada, los tres parecían alimentados, pero seriamente agotados y las bolsas bajo sus ojos revelaba el miedo y estrés al que se sometieron a lo largo de ese tiempo. Esos tres cargaban con un uniforme, exactamente el mismo que Valerie le había mostrado a “Shiroi” cuando abrió el armario. Allí estaban los tres, quienes habían resultado ser no más que víctimas de unos maleantes.

El hombre que los había estado vigilando tenía un cuchillo pequeño en la mano que pasaba de una mano a otra, con una mueca de asco, sin apartar la mirada de ellos. Había algo llamativo que Pucca podía percibir, otro pequeño detalle que pudo haberle revelado Milo: Tenía una chaqueta marrón. —¿Qué deberíamos hacer con estos inútiles?

—¿Y a mí qué mierda me preguntas? Primero hay que saber cómo cojones moveremos esas putas cajas o saber cómo arreglar la puta rueda. — Quien habló era el mismo que se encontraba en la entrada, finalmente logrando encender el cigarrillo y volteándose, dándole la espalda a Pucca.

—¿Y si alguien viene a buscarlos? — habló esta vez el segundo que había estado tratando de silenciar al primero. Lo que escuchó por parte del vigilante fue una leve risita burlesca.

—Pffft... ¿Quién te crees que nos va a encontrar aquí? Esos idiotas transportistas están convencidos de que estaremos en lo que dicen “zona de peligro”. Seguro ninguno pensó que podíamos salirnos y hacernos con un botín. Por eso es tan fácil hacerse con esta mierda... Pero sí es un problema que hayamos tenido que joder una rueda para interceptarlos. — Los demás parecieron compartir su confianza. Continuaron discutiendo y atendiendo a sus tareas, convencidos de que la distancia respecto al puerto y el aislamiento de la zona eran más que suficientes para no encontrar peligros ni miradas indeseadas, extremadamente confiados por ello. Lo mejor era que, al menos por ahora, ninguno reparó con la presencia de Pucca quien, desde su posición, pudo aprovechar ese tiempo para analizar la situación, el entorno y elegir qué hacer a continuación. Había encontrado la fuente del problema, podía ver a los hombres, quienes estaban con la guardia baja y discutiendo entre ellos. Todo parecía fácil... Si no fuera porque uno de ellos parecía tener un arma y se encontraba frente a lo que claramente eran los rehenes. La oportunidad estaba delante de ella. Ahora todo quedaba en manos de la chica.

Cajita de Tabaco
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#10
Que el volumen de las voces aumentara era buena señal, sobre todo ahora que al menos podía entender algo de lo que decían. Discutir en medio de la calle no era una muy buena opción, pero podía entender a ese hombre que se quejaba del molesto sonido que la rueda generaba cada que se movía. No solo era extremadamente  incómodo, llegando a generarle algo de dolor de oído por escucharlo desde tan atrás, sino que también había delatado su ubicación.

Se escondió detrás de los árboles, no más cerca de lo necesario. Desde bastante distancia podía ver esas personas que intentaban mover el carro, así como el símbolo al costado de una de las cajas descubiertas y a otras 3 personas que se encontraban en el suelo. Los trabajadores de Valerie, llevaban su uniforme al menos, y parecían estar atrapados. Entrecerró los ojos y maldijo mentalmente al ver la escena con totalidad.

Si no los habían dañado hasta ahora no significaba que no fueran a hacerlo en el futuro, tal vez simplemente los necesitaban para algo antes de considerarlos desechables. Su trabajo no era recuperar la mercancía, ese solo era un agregado, por lo que podía simplemente volver por sus pasos y avisar a Valerie de donde se encontraba todo. También era una mala idea, ellos simplemente podrían dejar de discutir o simplemente hacerle lo que sea a esos trabajadores en el tiempo que ella se tomaba para volver con Valerie, siendo capaces de escapar y dejando su aviso en nada.

Suspiró, escupió hacia el suelo para quitarse el chicle de la boca y siguió avanzando hacia el almacén, tapada por lo espeso de la vegetación aún.

No entró al edificio, sería ilógico entrar a un lugar del cual luego no puedes salir, simplemente se acercó lo más que pudo al que vigilaba la entrada desde una de las paredes laterales del edificio. Asomó un poco su rostro, observando donde se encontraba cada uno de los maleantes desde su escondite, preguntando si debía hacer uso de sus poderes o no. Terminaría con todo eso de manera rápida, pero también se arriesgaba a afectar a los trabajadores inocentes.

En cuanto se decidió a no hacer uso de sus habilidades, tanteó el suelo, encontrando con su mano una rama lo suficientemente grande y pesada como para que alguien como ella la use como arma. Respiró, echó un último vistazo a la escena, y se lanzó al ataque.

Por suerte no llevaba tacones, pudo correr hasta el que vigilaba la entrada y golpearlo con la rama directamente en la mandíbula. Su cabeza chocó contra la pared detrás de él, su cuerpo cayó pesadamente al suelo mientras su espalda se apoyaba en la pared, y el sonido de todo eso fue suficiente para atraer la atención del resto. Unos segundos de miradas incómodas, una mano levantada como para decir “Hola” y ya todo el mundo se abalanzaba contra ella.

El primero en llegar fue el que no paraba de quejarse sobre la rueda. Intentó golpearlo con la rama de nuevo, pero este la atajó a mitad de movimiento y le dio una patada en la pierna, lo que la obligó a arrodillarse. Desde esa posición, intentó golpearla en la cabeza, pero la muchacha movió su arma improvisada para hacerla chocar con el puño ajeno, provocando que retrocediera un poco agarrándose los dedos con dolor, y que no estuviera atento al momento en el que ella balanceó la rama de nuevo contra su cabeza.

Otro más llegó, tomándola de uno de los brazos y lanzándola hacia el carro de carga. Se dio un buen golpe en el pecho contra la madera, tanto que le quitó el aire, siendo interceptada de nuevo por el mismo sujeto que ahora le agarraba la cara desde atrás, dispuesto a golpearle la cabeza contra las cajas. Mordió uno de los dedos de su captor, con fuerza suficiente para hacerlo sangrar y gritar, logrando zafarse. Tomó la lona que cubría las cajas, la tiró sobre el hombre y utilizó una de las sogas que servían para atarla al carro para atraerlo de nuevo hacia ella, quitando del camino y poniendo su pie enfrente para que chocara con los de él. El hombre, aún ciego por la lona, tropezó y su cabeza golpeó directamente contra uno de los costados del carro.

Estaba agotada, el aire le faltaba, y el momento que se tomó para calmarse fue suficiente para que el último de los secuestradores la tomara por su espalda y le pusiera el cuchillo en el cuello. Sintió el metal frío contra su piel, la respiración ajena demasiado cerca como para ser agradable. Esperó, solos unos segundos, a que comenzara a hablar, momento en el que tiró su cabeza atrás a toda la velocidad que podía, golpeando al hombre en la mandíbula y haciéndolo retroceder.

Desde su posición, se agachó y golpeó directamente en la entrepierna de su atacante, el cual se dobló de dolor y recibió un gancho en la mandíbula que lo dejó quietecito en el suelo.

Respiró, terminó cayendo de rodillas en la tierra mientras intentaba recuperar el aliento. Su boca sabía a sangre, su cuerpo le dolía, sus pulmones no podían retener aire. Aún así, su mano alcanzó el cuchillo que el último de ellos sostenía, levantándose por fin y acercándose a los secuestrados. - Ey, ¿día duro en el trabajo? -. Apenas tenía energías, con la fuerza que le quedaba cortó la soga que los mantenía amarrados, al menos lo suficiente para que el agarre flaquee y ellos puedan desatar el resto por su cuenta.

Dejó que ellos se encargaran de encontrar su libertad, mientras que ella se acercó a los hombres inconscientes. Comenzó a rebuscar sus bolsillos, intentando ver si acaso se habían llevado algo de la mercancía, pero también tomando cada moneda que encontró. Ellos no iban a necesitarlas.

En cuanto todos habían sido liberados, se acercó a uno de los trabajadores, sin importarle mucho si era un jefe o algo así. - Dime, ¿pueden caminar? Valerie me envió a buscarlos -. También a esas cajas, pero eso sonaba poco humanitario. - Será mejor que nos movamos, antes de que despierten. Uno de ustedes puede adelantarse y avisar a la marina de todo esto, en caso de que no lleguemos a alejarnos lo suficiente -. No iba a ser ella, ya había hecho suficiente ejercicio por hoy.


Intuición
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