Shine a light | Pasado
#1
74 de Primavera, Año 17.
Hora: 22:31.

¿Desde cuando el Pueblo Baquella tenía tanto aforo en sus residencias? ¿Era por el magnífico viaje hacia el parque de atracciones que se daría en unos cuantos días? Shin no se lo podía creer, había recorrido varios lugares previo a resignarse a llevársela a su propia habitación alquilada, no sin antes lidiar con miradas extrañas que lo juzgaban por estar cargando a una chica inconsciente y claramente ebria, a lo que su posición e identificación como marine terminaba explicando el trasfondo de todo aquello. No terminaba de convencer a todo el mundo, eso estaba claro, y agradecía en momentos así ser un completo desvergonzado.

Al llegar, seguido de más rostros girándose en dirección al dúo en la extremadamente larga ruta hasta la puerta del sitio donde residía, abrió la susodicha, cerrándola con la pierna tras ingresar y asegurándola con llave. Siguió caminando con Kagura sobre sus brazos y finalmente la recostó en su propia cama, una grande de tamaño matrimonial y dos mesitas en sendos costados de la misma, negando con la cabeza mientras exhalaba un largo suspiro.

Sus conocimientos en medicina le hicieron tomar la decisión de colocarla de lado, con el rostro en dirección a una de las paredes, permitiendo que en caso de finalmente vomitar tras semejante borrachera lo hiciera sin riesgos de ahogarse por ello, y a falta de un balde donde pudiese evitar mancillar las alfombras, rezó porque su estado no fuese tan sensible a ese tipo de consecuencias. Hasegawa se puso de cuclillas para inspeccionarla detenidamente antes de ponerse a hacer sus cosas, vigilándola a lujo de detalle hasta concluir en que era seguro dejarla ahí unos cuantos minutos, y no pudo evitar repasar la extrañísima tarde que esa joven exhibicionista le había hecho vivir. —Te cobraré el alojamiento, ¿me escuchas, enana? —bufó, levantándose y decidiendo sus siguientes actividades.

Se cuestionó cuánto tiempo podría llegar a demorarse en volver a despertar, porque no tenía planes de acostarse en la misma cama que ella y después recibir algún tipo de informe a la marina por actividades de sospechosa moralidad, así que en su lugar prefirió matar el rato y darse uno de sus típicos baños de espumas, dirigiéndose al baño tras dejarle un vaso de agua al lado a su compañera.

Dejó correr el agua, aplicó la sustancia para generar las burbujas características y comenzó a desvestirse, entrando a la bañera sin demorarse demasiado. Al parecer, en esa ocasión se pasó un poco con la cantidad que puso, porque la espuma extremadamente blanca empezó a ascender más de la cuenta, y pronto casi que lo recubrió por completo aún y si el agua no llegaba más allá de su cintura estando sentado, debilitándolo parcialmente al ser un usuario de fruta del diablo. La imagen era hilarante, pero Shin no se quejó, al contrario, parecía divertirse como un niño mientras era recubierto completamente por esa sustancia, agitando los brazos y rebalsando ligeramente la susodicha.

Hasta que finalmente se dejó llevar, estirándose contra el soporte para su espalda y cerrando los ojos. El agua estaba en su punto ideal de temperatura, relajándolo de sobremanera.

Mientras tanto, Kagura si llegaba a despertar vería el uniforme marine de Shin a un costado, impoluto, y una decoración extremadamente minimalista a pesar de presentar claros retazos masculinos y tener el aroma de sus característicos perfumes caros impregnándolo todo. No había señal alguna de que esa habitación pertenecía provisionalmente a Hasegawa, el propio albino se encargó de eso, porque justamente es el pasado lo que suele traer memorias bañadas en emociones desagradables, llevándolo a guardar en cajones cualquier tipo de detonante innecesario, fijándose únicamente en el futuro y los escenarios próximos más inmediatos.

Como su delicioso baño, por ejemplo.
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#2
Hmmm…

Sumisa ante aquel movimiento gentil y suave, mi cuerpo se sentía ligeramente liviano como una hoja en otoño, me sentia tan ligera que era como si una nube me arrastrara lentamente a través de un mar cubierto de estrellas. La brisa rozaba mi piel con una delicadeza inesperada, una sensación tan tranquilizante…tan tenue que me provocaba un escalofrío que me erizaba cada vello de mi cuerpo. Sin embargo, entre mis brazos persistía una calidez suave y envolvente, semejante a pequeños pétalos posándose sobre mí, o como si estuviera entre los brazos de alguien, sus dedos parecidos a pétalos me brindaban un calor acogedor, no tenia lógica pero me resultaba reconfortante. Era demasiado extraño… Por un instante, aquella sensación conseguía envolverme en una calma casi adormecedora, pero…¿porque me sentia humillada?, precisamente por eso no lo podía ignorar: lo odiaba. Odiaba lo cómodo que resultaba, lo fácil que era dejarse llevar por aquella suavidad y, sobre todo, lo mucho que mi propio cuerpo parecía traicionarme al encontrar refugio en algo que mi voluntad rechazaba por completo.

Era él.

De pronto, entreabrí los ojos, me encontré sumergida en una oscuridad implacable tan densa que por un instante pareció intentar abrumarme. Mis orbes, todavía pesados por el sueño, apenas lograron enfocar una silueta que me cargaba hacia algún punto de la habitación. Curiosamente, no me alerté ni sentí miedo; simplemente me dejé llevar como ese extraño sueño, En cuanto mi cuerpo sintió la suavidad de las sábanas, me giré ligeramente por puro instinto, tanteando a ciegas hasta encontrar alguna almohada que pudiera abrazar, dejándome envolver por la calidez de aquella cama, tan extrañamente reconfortante que terminó por arrastrarme hacia el sueño. Pero entonces apareció aquella fragancia… suave y envolvente, casi hipnótica como cierto ser que conocia. Fruncí ligeramente el ceño tras recordar la espalda de alguien…, confundida por mi propia reacción… ¿Por qué carajo me gustaba?, hundí el rostro por inercia contra aquella almohada y aspiré lentamente su aroma, dejándome arrullar por aquella sensación tan cómoda como inexplicable, hasta que unas palabras lejanas atravesaron mi somnolencia. 

¿Me escuchas, enana?...


 Fueron sus palabras exactas. Pero mi cuerpo se sentía pesado, adormilado, completamente vencido por el cansancio, mientras mis párpados amenazaban con cerrarse otra vez, mi voluntad consiguió reunir las fuerzas suficientes para responder sin mirar de quien se trataba —Tu abuela... —susurré casi en protesta, antes de quedarme completamente callada y rendirme nuevamente al sueño; abrazada a aquella maldita comodidad, mi respiración se volvió lenta y profunda hasta que un leve ronquido escapó de mis labios, delatando que ya había caído completamente dormida.

Semi despierta… semi dormida, escuchaba el suave sonido de alguien moviéndose por la habitación, Frunciendo el ceño por la sensación de ser molestada de alguna forma, pero ciertamente todavía me sentía atrapada en aquel estado de somnolencia, No sabía explicar qué estaba sucediendo…era como si estuviera librando una especie de combate, ¿mental?, ¿espiritual? Ni siquiera podía distinguirlo, pero aquella sensación comenzaba a despertar un enojo inexplicable en mi interior, como si hubiera perdido una batalla contra alguien sin siquiera recordar haberla peleado. Aun así…no quería abandonar aquella cálida nube impregnada de una fragancia masculina, tampoco quería separarme de aquel lecho que me envolvía con una calidez casi adictiva. Pero… ¿qué demonios me estaba pasando? … de pronto comenzaba a debatir entre la moralidad y la confusión que todo aquello me provocaba, hasta que, de pronto, sentí cómo recuperaba lentamente el sentido. Perdiendo el sueño…Instintivamente llevé una mano hasta mi cabeza, presionándola con cierta fuerza mientras una oleada de sensaciones me golpeaba de pronto; estaba mareada, todo a mi alrededor parecía dar vueltas y una desagradable sensación golpeo mi estómago. Las náuseas aumentaron hasta hacerme sentir que iba a vomitar, así que me incorporé de golpe y llevé una mano hasta mi boca, intentando contener aquella arcada. El sudor frío comenzó a recorrer mi cuerpo mientras respiraba profundamente, tratando de recuperar el control. —Mierda… —murmuré entre respiraciones, parpadeando varias veces mientras obligaba a mi vista a acostumbrarse a la oscuridad de aquella habitación.

Fue entonces que sentí el frío del suelo rozando mis dedos y aquella sensación terminó de devolverme a la realidad; mis manos se apoyaron sobre el borde de la cama y al sentir bajo mis dedos la suavidad de aquellas sábanas de seda, giré lentamente el rostro hacia ellas, observándolas con desconcierto. Aquello no era mi cama. No era mi habitación Y definitivamente… no estaba en mi apartamento. —¿Dónde estoy? —pregunté, completamente confundida.

Al ponerme de pie, no sabía exactamente hacia dónde dirigirme pues estaba en un sitio totalmente desconocido para mi; mis piernas todavía se sentían algo débiles y mi mente permanecía envuelta en aquella confusión que radicaba por el miedo. Sin embargo, una tenue luz que se filtraba por debajo de una puerta cerrada llamó inmediatamente mi atención, sin dudarlo atravesé la habitación con cautela mientras imágenes fragmentadas comenzaban a venir a mi mente, recuerdos que poco a poco fueron tomando forma hasta que finalmente pose la mano sobre el pomo, entonces recordé de golpe cómo había terminado en este lugar. Un escalofrio leve recorrio mi cuerpo mientras tragaba grueso, sintiendo un nudo formarse en mi garganta —No puede ser… —murmuré, casi incrédula, tratando de ocultar el temor que comenzaba a apoderarse de mí. Pero el miedo no doblegaria mi voluntad...debia ser valiente, así que sin mas giré lentamente el pomo y al abrir la puerta.

Una luz intensa bañó mi rostro de inmediato, revelando el baño elegante y completamente iluminado, estaba impregnado de diversas fragancias que me envolvieron al instante. Tras cruzar el umbral con cierta cautela, mi mirada recorrió cada rincón hasta detenerse en la enorme bañera, repleta de espuma. Entrecerré los ojos, intentando distinguir qué había detrás de aquella espesa capa blanca...desde mi punto parecia una enorme nube, ¿Estaba alguien detras de toda esa espuma? Parpadeé varias veces, tratando de enfocar mejor, me mordí ligeramente el labio por la curiosidad, aunque no lo queria confirmar aun…

Maldito Charlatan


Al acortar la distancia, flexioné ligeramente la rodilla antes de inclinarme hacia la bañera, extendiendo una mano para apartar con sutileza la espuma que cubría su superficie, buscando entre aquella densa capa blanca alguna señal de aquel cuerpo. Y sí… allí estaba. Mi respiración se contuvo por un instante al reconocerlo —Shin Hasegawa… —murmuré, mis dedos avanzaron con cautela hasta encontrar algo bajo la espuma; por la forma y la firmeza, pude distinguir que se trataba de su hombro. Me quedé completamente inmóvil, como si aquel simple contacto hubiese terminado de arrebatarme cualquier posibilidad de negar lo evidente. Ahora sí podía declararme derrotada. Tragué grueso, sintiendo cómo el temor comenzaba a apoderarse de mí mientras retiraba apenas la mano, sin llegar a apartarme del todo. —Acaso… ¿tú? —pregunté finalmente, con la voz cargada de incertidumbre y un temor casi infantil ante la posibilidad de conocer la verdad.
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#3
En su casi nula experiencia bebiendo alcohol, líquido que habitualmente aborrecía por la facilidad con la que le quitaba poder sobre su propio cuerpo, llegó a concluir que la pequeña diablilla se quedaría fuera de combate durante el resto de la noche, por ello no le puso seguro a la puerta y mucho menos llegó a imaginar la remota posibilidad de que esta misma pudiese abrirse en mitad de su baño de espumas, apuntando sólo a una culpable, pues era la única presencia en la habitación además de él.

En principio decidió quedarse totalmente quieto, esperando que las consecuencias de haber perdido en su propio juego le cobrasen una factura muy cara. Estaba recubierto del efecto que buscó cuando llenó el agua de productos, así que no sólo bloqueaba la vista externa, también la suya, bajo su punto de vista eran términos justos, pero claro, la pelirroja ya había demostrado ser una persona casi tan impredecible como el impulso social que él mismo suele imponer, con la diferencia de que ella no esparcía intensidad, sino, situaciones de lo más desafortunadas y mayormente llenas de lujuria, porque... ¿a quién se le ocurre entrar a un baño claramente ocupado tras despertar de una borrachera?

Sintió la cercanía, aunque también la falta de ruido en el resto de esa habitación, eso fue lo primero que le hizo fruncir el ceño. Fue casi como un duelo, donde primero entraba la negación, incapaz de creer que Kagura estaba intentando apartar la espuma, luego la negociación, imaginando escenarios donde ella genuinamente no se dio cuenta, hasta, bueno, verse obligado a aceptarlo, porque terminaron haciendo contacto visual, y volvió a sentir el lascivo tacto de la chica, esta vez con una mano en su hombro.

Pronunció su nombre con una lentitud amenazante, y luego se atrevió a cuestionar algo que en ningún momento terminó de explicar, acto que le hizo negar con la cabeza con la misma sonrisa arrogante que, apostaba, ella había empezado a odiar. —Así que mi ebria favorita por fin abrió los ojos, sí que te tomaste tu tiempo... —obviamente iba a burlarse de ella, aunque no iba a ser su única penitencia por volver a invadir su privacidad, como ya consiguió hacer en dos ocasiones ese mismo día —Empezaré a creer que tienes un imán para atraparme en situaciones comprometidas, o... sólo tocarme. —se encogió de hombros, aún rodeado de espumas.

Situación que decidió resolver rápidamente.

Con sus brazos empezó a apartar a susodicha, desbordando el resto del baño pero dejando la bañera libre de aquel exceso, en ese instante su torso desnudo quedó expuesto, con las gotas de agua enmarcando su musculatura, cayendo entre los pectorales, el cuello, la zona de la clavícula. Hasegawa era un completo desvergonzado y aquello no lo afectaba, por eso pudo mantener el temple, dispuesto a contestar la acusatoria pregunta que Kagura no terminó de formular.

—No te hice nada raro. Te desmayaste en el restaurante y tuve que cargar contigo hasta aquí porque no pudiste decirme donde vives. Como soy un caballero, fui incapaz de dejarte a tu suerte en la calle, con tanto loco dando vuelta... —se pintó como el último caballero del South Blue, algo que le hizo soltar aire por la nariz intentando contener una carcajada —Puedes irte si estás sobria ya, las llaves están en la mesa. —podía ofrecerle la salida fácil, sí. O también podía...

—Aunque en tu lugar, probaría entrar aquí. —jugar con fuego. Shin se acercó a ella, mirándola fijamente a los ojos, los orbes cerúleos del marine parecían brillar con una intensidad única en aquel instante, donde buscaba tentarla para seguir divirtiéndose con las desventuras que envuelven a la pelirroja —Después de semejante día, creo que tu cuerpo agradecerá un poco de agua caliente, espumas, y quién sabe, hasta quizás unos buenos masajes. —volvió a recostarse, sin perder paciencia ni mucho menos mostrarse desesperado ante la situación, en realidad dependía de ella, y le gustaba que sea así.

—Me sigues debiendo el premio que gané al derrotarte en tu juego. Y también, lo que debo cobrarte por haberme tocado dos veces de manera indebida... —con su dedo índice, señaló hacia abajo, exactamente el punto que Kagura tocó. Evidentemente no se veía por la espuma y el agua que le recubría justo esa parte del cuerpo, lo que quizás podía generar ideas más peligrosas que si sólo se expusiera en su presencia.

Al final, lo tenía todo en su poder, y no se lamentaría si decidía irse por la misma puerta que usó para entrar allí.
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#4
Molesto, caprichoso e infantil; esas fueron las primeras palabras que vinieron a mi mente apenas lo escuché hablar, soltando cada una de aquellas frases que despertaban en mí ¿Ira?... No…era más bien una sensación extraña con lo que he estado luchando todo este tiempo, como si mi corazón hubiera comenzado a latir desenfrenadamente con cada palabra suya, tal y como había pasado en el restaurante. Bastaba con observarme con esos orbes tan azulados para desarmarme poco a poco con aquel maldito encanto que desbordaba pasión y seguridad, haciéndome cuestionar…¿Cuántas mujeres han caído con esta jugada tan sucia? Ahí estaba yo, envuelta entre el vapor, la sofocante calidez y sobre todo, ante mi vergüenza que me hacía imposible sostener la mirada burlona de Shin, Frente a mí, ese hombre parecía mostrar cada vez más de sí mismo, un encanto devastador que me arrastra a seguir en este juego. Al desviar mi rostro hacia sus hombros anchos, la firmeza de su cuerpo y aquella piel suave y tersa que podía sentir bajo la palma de mi mano. Simplemente me quede callada tras escuchar claramente como me invitaba a retirarme, palabras que fueron como un gancho directo a mi orgullo –*Ciertamente…deberia*-- me regañe tras alejar mi mano, pues en esta noche me he excedido, era cierto, lo habia tocado de manera inapropiada y el simple hecho de que se encargo de mi al estar en ese estado…bueno…debia mucho, pero no lo queria pagar con esos terminos.

Con la confusión que se mezclaba con mis recuerdos difusos, de pronto pestañee cuando se aproximo un poco más, hipnotizada por el brillo vivaz de sus orbes, era como un niño que disfrutaba hacer travesuras. Me propuso entrar a la tina, me propuso pagar mi deuda con un baño, me propuso algo totalmente indecente. Sorprendida y frunciendo levemente el ceño, de pronto comencé a sonrojarme como un tomate, automáticamente me aleje mientras el dorso de mi palma derecha cubría mis labios, mis mejillas y sin duda mi pudor —P-pero…qué dices….i-diota…– mencione temblorosa ante esa idea tan desastrosa, tan inmoral…tan tentadora.

Maldito.

Cuando menciono sobre la deuda pendiente, mi mirada regresó a él, justamente en el momento que apuntaba a su zona baja, incrédula por el gesto, cuando caí en cuenta a lo que se referia, me volvi a sonrojar de manera escandalosa, tal y como había pasado en el restaurante –P-PE..PE….¡I…IIDIOTA!-- Tartamudeando a medida que trataba de calmar los latidos de mi corazón, mis mejillas ardían por las atrevidas palabras que soltaba Shin. Ciertamente estar a solas con este sujeto era más peligroso que estar en público. Aunque para ser franca…no habia mucha diferencia. Desviando el rostro hacia otro costado, casi hasta una de las esquinas del techo del baño, solté un suspiro algo pesado intentando recuperar el control de mis latidos, permanecí unos segundos en silencio hasta que lo volví a observarlo de reojo, Mis ojos recorrieron su figura con una curiosidad que intenté disimular, deteniéndose en sus hombros, en sus pectorales firmes y en aquel torso que apenas lograba distinguirse entre la espuma y el vapor, fue entonces cuando sentí que una pequeña sonrisa comenzaba a dibujarse en mis labios, una idea cruzó mi mente, tan repentina como traviesa y mi expresión cambió ligeramente a una de complicidad, queria jugar con fuego…aceptaria el reto.

Tienes razón…tengo una deuda que pagar, ¿no? — Soltando apenas un poco el escote de mi vestido, dejé ver algo de piel buscando deliberadamente captar su atención masculina. Me acerqué a él con una pequeña sonrisa y al sentarme en el borde de la tina, llevé mis dedos hasta su rostro, tomándolo con suavidad mientras correspondía aquella mirada intensa que parecía desafiarme en silencio. Había algo en sus ojos que despertaba mi lado más atrevido, así que decidí devolverle la provocación y retarlo a retomar aquello que habíamos dejado pendiente en el restaurante. Me incliné sobre él sin llegar a entrar en la tina. Una de mis manos se posó sobre su mejilla izquierda, manteniéndolo cerca de mi mirada, mientras la otra descendía lentamente desde su hombro hasta apoyarse sobre su pectoral derecho. Sonreí de lado, disfrutando de aquella cercanía, como si quisiera demostrarle que no pensaba retroceder tan fácilmente esta vez –Cierra los ojos…que es mi primer beso…– Murmuré algo sonrojada, mientras bajaba lentamente la mano desde su pectoral hacia su torso, esperando despertar sus ganas de jugar, ¿que tan caballero podia ser Shin?
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#5
Había estado en ese tipo de juegos incontables veces, armándose de ego y encanto en sus justas medidas para impresionar a algunas, o montándose un personaje completamente diferente por un rato con la intención de ver en primera persona cuán lejos podía llegar mediante ese afamado "dominio social". La sonrisa del marine sólo se explica por la enorme confianza que siempre sostiene sobre sí mismo, incluso y si por dentro comienza a dudar sobre lo que hay realmente en la cabeza de Kagura, porque sus constantes sonrojos y a estas alturas, evasivas reacciones a una idea que en el fondo parece tentarla le generan un ruido particular de fondo, que sólo se agiganta ante cada segundo que pasa.

Las palabras temblorosas resuenan a modo de respuesta, junto a una incredulidad que no parece fingida. Hasegawa sigue durante un rato más con su show característico hasta que finalmente llega una pequeña apertura hacia revelaciones que no creía que se sostuvieran hasta ese punto, en donde la pelirroja intentaba ganar terreno nuevamente, mencionando su deuda e inspeccionándolo con fino detenimiento mientras decidía soltar su vestido. Shin entendió el juego, motivo que lo llevó a sostener el contacto visual, y fue en ese preciso instante que sintió el contacto de la mano ajena sobre su rostro, una suave caricia que hizo aún más profundo ese instante, acompañando el contacto con uno más intenso y acalorado sobre su pectoral, descendente.

Y ahí estaba el detalle que lo dejó incrédulo, casi irreconocible. ¿Realmente existía un pasado inocente detrás de actitudes tan extrovertidas en lo que a sexualidad respecta? Si era así, hablaba increíblemente bien sobre su capacidad de decisión y control, aunque le chirriaba el detalle de que decidiera compensarle sus deudas de esa manera, con una primera vez "tan importante", aquello hizo que el albino no cerrara los ojos, y abriera los labios sólo bajo la idea de pronunciar algunas palabras específicas, que quizás cortasen la tensión acumulada por el escote de la chica, su cercanía.

—No entregues ese beso sólo porque me debas. —repentinamente el dedo índice se posó sobre los labios de Kagura, "silenciándola" mientras se inclinaba ligeramente hacia ella, recortando las distancias. —Además, me haces sentir como uno de esos vampiros de los cuentos de terror. No voy buscando vírgenes por ahí para saciar mi sed. —se encogió de hombros, restándole importancia a una afirmación tan... particular. —Mejor métete al agua, es mejor cuando las cosas suceden porque uno quiere. —su dedo índice de la mano izquierda, húmedo por el agua y con restos de espuma se terminó acercando al escote de la chica, tocando únicamente la tela y volviéndose a alejar, como si le estuviese pidiendo en completo silencio que se desnudara antes de meterse, ¿era acaso su manera de darle un ultimátum? Pronto lo descubriría si era el caso.

—Salvo que mi cara te genere rechazo, entonces... no tenemos mucho que hablar. —se movió en la bañera, acomodándose para dejar espacio por si ella aceptaba la invitación y al mismo tiempo buscando su propio confort, con la espalda apoyada contra uno de los extremos —A veces me das señales confusas, así que prefiero que lo pienses bien. —terminó asintiendo, mirándola desde la distancia, regocijándose en la sensación de control absoluto en aquella situación, porque no había ápice de desesperación entre sus sensaciones inmediatas. Shin estaba preparado para que ella se vaya, o ingrese con él al baño de espumas, ambas opciones le parecían correctas, y eso a vista externa podía resultar frustrante, o como si no se lo estuviese tomando en serio.

Había decidido implicarse si veía consistencia en las reacciones contrarias, odiaría hacerla sentirse forzada.

Ante escenarios así, el ego valía bastante poco.
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#6
No me consideraba una experta en el amor...de hecho, tampoco sabía exactamente qué significaba sentir atracción por alguien, era una total virgen que no sabia a que terreo se estaba metiendo. Sin embargo este día me había topado con un sujeto cuya arrogancia me hacía balancear en una cuerda floja, en donde mis sentimientos se mezclaban entre el deseo y la duda, motivos que me llevaban a tomar acciones que jamás habría imaginado realizar. ¿Acaso era su encanto? ¿Su manera de endulzarme el oído? No… había algo más, algo que se entrelazaba con toda aquella incertidumbre, quizas mis hormonas, mis deseos, mi curiosidad… mi propia lujuria. Ante ese panorama detallado...mis ojos permanecían fijos en los suyos, su orbes azulados parecían querer atraparme cada vez que lo observaba con la misma intensidad. Ante su pregunta, me mordí suavemente el labio, quedándome casi congelada por unos instantes. Mi cuerpo temblaba, delatando aquella inseguridad que intentaba ocultar delante de él; era como experimentar por primera vez algo completamente desconocido, no solo por un beso, sino por todo lo que comenzaba a despertar dentro de mí, Entonces surgió aquella pregunta que no podía seguir evitando... ¿realmente quería ir más allá de ese primer beso?

Sin embargo, sus palabras se sintieron como un balde de agua fría que apagaba ese ambiente recreado. El simple roce de su dedo índice sobre mis labios, obstaculizando cualquier intento de querer besarlo, fue suficiente para hacer que lo observara atentamente en silencio y confundida, por no decir...herida. Escuché cada una de sus palabras con claridad, sintiendo cómo mi respiración se cortaba ante aquella tensión que volvía a instalarse entre ambos. Nuevamente estaba ahí esa barrera, casi palpable, que parecía existir entre nosotros. Cuando su dedo descendió lentamente desde mis labios hasta detenerse sobre la tela que cubría mi escote, su invitación a meterme en la tina me hizo fruncir ligeramente el ceño. Estaba diciendo cosas que jamás habían salido de mis labios, interpretando mis intenciones a su manera. ¿Acaso no se percataba de lo que realmente quería? Se quejaba porque yo no era clara con mis intenciones… pero él tampoco era precisamente transparente conmigo. Y aquella contradicción comenzaba a frustrarme cada vez más...cada vez que abria esa boca.

¿Me rechazas y luego me invitas a meterme a la tina? ¿Quién es el que da señales confusas? —susurré, al mismo tiempo que me aproximaba nuevamente a él, Sin darle demasiado tiempo para reaccionar, llevé una mano hasta su rostro y tomé sus mejillas entre mis dedos, presionándolas hasta conseguir que sus labios formaran un pequeño círculo. No dudé en inclinarme para dejar un beso sobre ellos, apenas durante uno o tres segundos, un beso totalmente inocente... antes de apartarme nuevamente, quedando a escasos centímetros de su rostro. Lo observé directamente a los ojos, dibujando una sonrisa irónica en mis labios —¿Deuda?... ¡Ja! …Te beso porque se me dio la gana… no te creas tan importante —- Desde un principio, mi intención había sido hacerlo comer espuma y devolverle un poco de aquella actitud arrogante que tanto me irritaba. Sin embargo, ahora mis pensamientos habían cambiado por completo.

Levantándome del borde de la tina y observandolo desde ese punto, lleve mi mano hacia mi cintura para luego deslizar mis manos por debajo de la tela de mi vestido, sin apartar la vista de aquel rostro que me observaba atento, mis dedos tocaron el borde de mi ropa interior el cual comencé a deslizar con delicadeza, una situación que se convirtio en un espectáculo seductor, un recuerdo que queria marcar para el hombre que ponía a prueba mi paciencia con cada palabra que salía de sus labios, cuando finalmente logré retirar la prenda en su totalidad, la deje colgar sobre mi dedo índice de mi diestra y alzandola para que observaba con atención aquella tela negra con encaje sutil, pronto movería el brazo dejando que aquella prenda colgara sobre la misma tina — ¿Querías compañía?--- mencione tras  mover el dedo para que finalmente cayera dentro de la misma tina. Frunciendo el ceño totalmente molesta al no entender mis propios sentimientos…—Ahí tienes…— gire mi cuerpo totalmente para darle la espalda a Shin, pronto cruzaría la habitación para escapar de ese baño, de ese lugar, de ese momento...pero sobre todo…de esos ojos que me doblegaban a tomar otro tipo de decisiones.

Apenas cerré la puerta, sentí que mi cuerpo comenzaba a temblar, me mordí el labio inferior, intentando contener aquellos jadeos que escapaban de mi pecho, esas mezcla de emociones me resultaba demasiado abrumadora, tan humillante y ante eso...pronto sentí cómo mis ojos se humedecían abriendo paso algunas lágrimas que descendieron lentamente por mis mejillas. No era tristeza, tampoco ira, mucho menos felicidad. Era algo más difícil de explicar…acaso...¿esperaba algo diferente?, había perdido aquella batalla contra mis propios sentimientos y eso me delataba horriblemente —Eres un tonto… —murmuré finalmente, mientras me limpiaba las mejillas con el dorso de la mano, no queria ser vulnerable...no aqui. Respiré profundamente antes de apartarme por fin de la puerta, Con pasos lentos, avancé hacia el interior de aquella habitación oscura, apenas iluminada por la tenue luz que llegaba desde el exterior. Y mientras me alejaba, intenté ordenar todos aquellos pensamientos que seguían dando vueltas en mi cabeza.

Sin mas me detuve frente a aquella gran ventana, cuya vista parecía invitarme a contemplar el silencio del pueblo, las calles dormidas, las luces dispersas y aquella tranquilidad que a esas horas terminaban convirtiéndose en soledad, no habia nadie que me esperara a esta hora...—Seguramente… soy fea… soy el vampiro de esta historia… —murmuré para mí misma citando las palabras de Shin. En silencio apoyé lentamente los dedos contra el vidrio para despues apoyar mi frente como si contuviera un gran sentimiento, sintiendo su fría superficie bajo la piel mientras mi mirada se perdía en aquel paisaje que de alguna manera... ya comenzaba a formar parte de mis recuerdos. Solté un suspiro pesado, dejando escapar con él parte de aquella frustración que todavía oprimía mi pecho.

Finalmente, cerré nuevamente los ojos por unos instantes antes de girarme con sutileza, recorriendo la habitación con la mirada en busca de aquello que necesitaba…Las llaves —¿Dónde estarán…? —murmuré, comenzando a buscarlas con la mirada por aquella habitación, menciono ¿mesa? o...¿mueble?...
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