Miyori Hoshino
Fuerza
Resistencia
Destreza
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Agilidad
Reflejos
Inteligencia
Voluntad
C. de Haki
C. de Akuma
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150
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24-08-2026, 03:46 AM
(Última modificación: 24-08-2026, 05:27 PM por Miyori Hoshino.
Razón: cambio de fecha
)
Día 6 Primavera, Año 18
Ciudad de Shandora
Hora: 07:00 am
Isla Skypiea, Zona en los cielos
♬ ♪ Na-na-na~ na-na-ná~ la-la-la~ la-la-laa~ ♪ ♬
Sentada sobre un antiguo muro de piedra, dejaba que mis piernas colgaran por uno de sus lados mientras el suave viento de Skypiea agitaba delicadamente mi cabello como también hacía ondear mis prendas, la superficie bajo mis manos se sentía áspera y fría, era un muro marcado por grietas del desgaste de incontables décadas. Estando en ese lugar contemplé el paisaje, dejando que de mis labios provinieran un dulce tarareo, una melodía que se mezclaba con el viento mismo, con nadie cerca, me permití cantar con toda seguridad puesto me encontraba en una de las zonas más alejadas de la ciudad, sobre uno de sus extremos elevados de cimientos acorde a entradas a senderos entre sus bosques, podía disfrutar de una vista mucho más amplia de aquel lugar con imponentes estructuras de Shandora, algunas parcialmente cubiertas por las nubes, mientras la luz del cielo se filtraba entre ellas bañando con su luz cualquier edificio hecho de oro sólido como también las decorativas joyas de su cultura, no necesitaba levantarme para contemplarlo todo, desde aquel muro podía permanecer tranquilamente sentada, balanceando distraídamente los pies mientras mis ojos recorrían cada rincón de aquella ciudad suspendida en los cielos.
Con una sonrisa dulce cerré los ojos cuando me sentí en perfecta calma, respirando profundo la fresca brisa que movía algunos mechones de mi cabellera naranja.
♬ ♪ La-laa-laaa~ mmmm mm mm na-na-ná~ la-laa~ ♪ ♬
Por momentos comenzaba a preguntarme si realmente era necesario marcharme de Skypiea, aquel lugar tenía algo que me llenaba de un sentimiento reconfortante, no existía odio, ni males, no había enemistades, solo armonía y paz, cielos infinitos, incluso las antiguas ruinas de Shandora y aquella sensación de libertad hacían que, no pareciera descabellado considerarlo.
Y su música, en aquel momento sentía que la melodía de Skype fuera casi como una deidad a la que había entregado mi corazón, una presencia invisible que envolvía plenamente, era prisionera, su amante, una nueva novia capaz de aceptar las implicaciones de querer poder amarle, y sinceramente, no podía imaginar una prisión más hermosa.
Amphitrite descansaba a mi lado, guardado dentro de su estuche sin ser despertado, por el momento, simplemente estaba en ese lugar tomando un pequeño descanso. Desde los primeros indicios del amanecer me había levantado con una curiosidad voraz por conocer más de los lugares de Skypiea que aún no había explorado, incluso, pensé en aventurarme a descubrir su flora y fauna, pero recordé mi caminata del primer día, aquella donde compartí el sendero junto a las Valar, recuerdo a Hyák mencionar que algunas plantas eran venenosas. Prefería no terminar lastimada por simple ignorancia, después de todo, podía observarlas sin necesidad de arrancarlas, no era algo que acostumbro hacer.
♬ ♪ Mmm na-na- naaá- mm mm na-na-ná~ la-laa~ ♪♬
Cita Diálogo / Habla / *Piensa*
Kibai
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25-08-2026, 09:22 PM
(Última modificación: 25-08-2026, 09:58 PM por Kibai.
Razón: Añadir Vestimenta
)
Aquella mañana de Skypiea estaba resultando más agradable que cualquier otra que Kibai hubiese pasado hasta ahora. Por primera vez, no tenía demasiadas ocupaciones, ni entrenar los Hakis, ni tampoco preocuparse por otros asuntos como evitar morirse de dolor por la herida que aquel maldito Pawurs le había infligido. Así que, debido a que en un futuro habían hablado entre los marines de hacer una pequeña juntanza de hermanamiento, decidió salir por su cuenta de la ciudad de Shandora, esperando poder explorar la jungla cercana sin demasiados problemas. Como tanto sus espadas como el abrigo de la marina le iban a estorbar en aquella jungla tan densa, y además, confiaba de sobra en su capacidad para enfrentar a cualquier criatura simplemente con sus garras y su Electro (aunque ya no contase con sus poderes de Akuma no Mi) el mink optó por un asimple camiseta de lino, la cual dejaba sus poderosos brazos completamente al descubierto y se le ceñía bien al pecho, sin posibilidad de que se quedase enganchada en cualquier rama o espina suelta.
Tras abandonar la ciudad de Shandora, el mink se perdió en la selva sin un rumbo fijo. No tardó en hacer algo que siempre acostumbraba, y tras unos cuantos metros, abandonó el nivel de suelo y avanzó de rama en rama. Con cada salto entre los árboles, su cuerpo iba recuperando más y más sensaciones que había perdido tras los días de convalecencia y posterior recuperación. Se iba sientiendo cada vez más como siempre.
― Solo que esta vez voy a poder volver a nadar... ― pensó para sus adentros. Joder, cuanto tiempo hacía? Desde Kárate? Si, había sido en aquel entonces. Había sido justo antes de zarpar hacia los Cabos Gemelos. Recordaba haberse sumergido en el mar circundante al Royal Quiver para sacar unos cuantos peces del agua empleando una red improvisada y asar aquellos pescados después para darles el desayuno a sus compañeros de División. Parecía mentira que hubiesen pasado tantas cosas desde entonces...
Sin querer alejarse demasiado de la ciudad de Shandora, la trayectoria de Kibai fue describiendo un pequeño círculo, hasta recordar el lugar desde dónde se habían precipitado todos aquellos hombres en su caída. Quizás fuese el momento de explorar aquella zona, a buen seguro tendría unas buenas vistas.
Escalando rapidamente el árbol más alto que encontró en las inmediaciones, el mink alzó la cabeza por encima del mar vegetal en el que se hallaba inmerso, valiéndose de la inmesa pirámide del Emperador Zarutsuki para poder orientarse mejor. No tardó en localizar el acantilado en cuestión, y en apenas unos cuantos minutos más de marcha, llegó hasta sus pies. Mirando hacia arriba, Kibai decidió que ya era hora de un pequeño reto, y, tras crujirse los nudillos, sacó las garras y comenzó a escalar. A medida que ascendía, todos sus músculos se tensaban por el esfuerzo, y los dedos comenzaban a agarrotarsele por la tensión de mantenerse en una posición estable, sujetando todo el peso de su cuerpo junto con sus garras traseras.
Cuando finalmente llegó a la cima del acantilado, Kibai se dejó caer de espaldas, permitiendo que el suave calor del sol matutino bañase su rostro, antes de incorporarse para ver el impresionante paisaje que se plantaba ante el: los edificios dorados, todos empequeñecidos bajo la enorme pirámide en forma de zigurat, brillando en el amanecer.
― Un auténtico regalo para la vista sin duda... ― se dijo el mink para si, sentándose con las piernas cruzadas, disfrutando simplemente del paisaje mientras recuperaba el aliento.
Al poco rato, una suave melodía llegó a sus oídos, con un tono de voz que le sonaba vagamente de haberlo escuchado antes, aunque no recordaba exactamente de qué. Cerrando los ojos, Kibai inspiró profundamente, filtrando todos los aromas que la brisa del cielo traía hasta él: Humo de las chimeneas, plantas silvestres y los animales cercanos y... naranjas?
― La chica del concierto! ― exclamó Kibai. Por supuesto, recordaba el aroma a naranjas que la envolvía cuando se había presentando en las gradas. Se preguntaba qué tal talante tendría...
Fiándose más de su olfato que de su vista, el mink dejó que sus pies hiciesen el trabajo de llevarlo a través de la jungla a lo largo de todo el risco superior que se erguía sobre Shandora. A su paso, con cuidado de no seleccionar ninguna de las numerosas especies venenosas que poblaban la isla, recogió varias frutas que recordaba haber visto en los puestos cercanos a la arena de los Juegos del Soberano, antes de que los árboles cediesen terreno a una pequeña explanada. Justo contra el horizonte, un muro de piedra se alzaba sobre el vacío del risco, y sentada, tarareando suavemente, estaba la joven humana.
― La verdad es que no se puede negar que canta maravillosamente... ― pensó Kibai mientras se acercaba al muro, con la cola moviéndosele a ambos lados de manera casi inconsciente. Al llegar junto al muro, el mink dio un potente salto, torsionando su cuerpo en el aire para caer sentado al lado de la joven humana, extendiéndole una de las frutas que había recogido, con todos los sentidos atentos por su aparición la desiquilibraba y necesitaba sujetarla.
― Buenos días por la mañana! Una fruta?
Miyori Hoshino
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07-09-2026, 04:43 AM
(Última modificación: 07-09-2026, 04:44 AM por Miyori Hoshino.)
Aunque estaba concentrada en la música, en cantar y en contemplar la belleza que brindaba aquella hermosa ciudad dorada, también aprovechaba para practicar un poco mi capacidad de percibir presencias mediante el haki de observación, aun me costaba dominarlo por completo, y dentro de unas horas tendría otra sesión de entrenamiento con el maestro Kaelith.
A pesar de mantenerme atenta a todo cuanto me rodeaba, todavía me resultaba difícil distinguir las intenciones de quienes se encontraban cerca, era una habilidad que aún no dominaba, y fue precisamente entonces cuando aquella energía que había percibido comenzó a apagar poco a poco mi voz conforme se acercaba, hasta que, de un momento a otro, el protagonista de aquella aura verdosa se hizo presente.
El destino podía ser curioso de muchas maneras…
Y debo decir… que jamás habría imaginado que aquello que había percibido perteneciera a cierto felino al que había conocido durante los juegos celestiales.
Aunque ya había sentido su presencia antes, no evitó que me tomara desprevenida cuando cayó sentado justo a mi lado, acompañado de una energía bastante cálida por su parte que incluso me ofreció algo de fruta como cortesía, yo en cambio, parpadeé un par de veces, observándolo con mayor detenimiento y reparando en cada una de sus facciones con mayor detenimiento, como el color ámbar de su pelaje, el hollín de sus tatuajes semejantes a lunares esparcidos por la extensión de su cuerpo, y aquella vestimenta ligera que dejaba entrever cierta musculatura de su cuerpo, pero, curiosamente mis ojos azules terminaron posándose directamente sobre el precioso esmeralda de su mirada. Era un mink leopardo.
— Buenos días… — murmuré con la boca ligeramente entreabierta, todavía pensando en lo curiosa que estaba resultando aquella mañana, jamás había contemplado la posibilidad de volver a cruzarme con alguien perteneciente a la Marina, bueno… creo recordar que eso fue mencionado por Hyák cuando lo conocí por primera vez.
Bajé la mirada durante unos instantes al querer recordar su nombre pero pronto me vi en la situación de que mi memoria estaba casi borrosa – Lo siento, no recuerdo tu nombre… — admití, antes de apresurarme a corregirme cada vez más nerviosa — B-bueno… d-digo… sí recuerdo quién eres, pero no recuerdo tu nombre…
Mientras hablaba, tomé mi sombrero y lo coloqué frente a mi rostro, intentando disimular un poco la vergüenza y la culpa, era casi irrespetuoso, pero… de hecho, eran muy pocos los recuerdos que conservaba de aquel día después de la extracción.
Cita Diálogo / Habla / *Piensa*
Kibai
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Kibai alzó un poco la ceja al ver la reacción por parte de la joven de pelo naranja. No es que por lo general los músicos que había conocido (Masami, Maki o los mal llamados artistas que se dedicaban a berrerar en la taberna del Golden Lion en la isla de Roshwan) fuesen precisamente gente muy introvertida, más bien todo lo contrario. Cuando aquella chica había saltado a la arena para empezar a tocar, o después, cuando había sido la primera en tratar de competir de manera totalmente inutil contra los potentes pulmones del propio Kibia, acompañado por el capitán Enji y el comandante Juan.
Al ver que no había recogido la fruta que le ofrecía y que procuraba cubrirse el rostro con su amplio sobrero estilo pamela, el mink optó por tratarla al igual que haría con un animal herido. Moviendose muy lentamente, y sin quitarle la vista de encima, pero evitando mirarla directamente a los ojos, Kibai dejó la pieza de fruta al lado de la joven con suavidad, antes de retirarse un poco, reacomodarse en el muro de piedra tumbándose cuan largo era de tal modo que su cabeza quedaba apuntando hacia ella pero mirando hacia el cielo y colocó uno de sus brazos por detrás de su nuca, llevándose con la mano libre la otra fruta a la boca, arrancándole un buen trozo de un mordisco.
— Oh, no te preocupes, es normal, tenías mucha gente a la que saludar después del espectáculo que disteis la Zenin y tú. Un gran concierto, si te interesa mi opinión. Felicidades, eres una auténtica artista.
El mink acompañó su última frase con una ligera carcajada que rompió el aire a su alrededor. Durante un par de segundos, se limitó a dejar que la brisa le acariciase la piel, con una pierna colgada por fuera del muro y la cola dando rítmicos golpeas de vez en cuando contra la roca.
— Oye, es cierto, quería preguntarte... Cómo te encuentras? Vi que también dicidiste recurrir a ese gyojin para sacarte la Akuma no mi de tu interior. Ya te has recuperado? A mi aún me duele por las noches, el primer y el segundo día apenas conseguí dormir, y cuando lo hacía, no es que los sueños fuesen muy agradables...
Dejando la vista perdida en el cielo, Kibai recordó los fantasmas de su pasado (algunos mejores, algunos peores) que le habían estado visitando durante su periodo de inconsciencia tras la extracción de la Haibu Haibu. Se preguntaba si a aquella chica también la habría atormentado su pasado tras pasar por aquella ordalía en el coliseo de los Juegos. Sin embargo, el mink ni siquiera se planteó preguntarle algo así, no era de su incumbencia ni tampoco pensaba ser tan descortés.
Inclinando totalmente la cabeza hacia atrás a ver si su acompañante había optado ya por coger el fruto que le había ofrecido, se atrevió ahora ya si a fijar sus ojos de nuevo en los de la joven.
— Cuéntame, siempre has tocado el violín? Uno de los chicos de la base dónde me formaron lo tocaba, aunque ni por asomo tan bien como tú. Era más bien como escuchar a un gato maullando mientras le pisan la cola y otro araña un trozo de pizarra con las garras... Pero oye, tú casi casi nos haces competencia a mis compañeros y a mi, y eso que nos estábamos dejando la voz y los pulmones en animar a Shin, y teníamos una tortuga con nosotros, eso como mínimo era un plus...
Con cuidado de no caerse, Kibai giró sobre si mismo para acabar apoyado sobre su abdomen, dando un nuevo mordisco a su fruta, antes de dejar caer la barbilla sobre sus antebrazos, cruzados delante de él. Frunció el ceño, sabía que la chica se había presentado, pero no sabía si era Mayuri, Muyari, Miyagi? Maldita sea, recordaba mejor su olor que su nombre, desde luego era todo un ejemplo de como cuplir el estereotipo que culquiera de aquellos minks inferiores tendría sobre su raza.
— Ahora creo que soy yo el que tiene que pedirte perdón, sabes? Lo cierto es que yo también conocí a tanta gente, que no recuerdo cual era exactamente tu nombre.
Tras acabarse la frut de un último bocado, el mink apoyó ambas manos en el muro, usándolas como punto de apoyo para elevar todo su cuerpo sobre ellas, haciendo el pino durante un segundo antes de curvar gracilmente el cuerpo hacia delante para recuperar la verticalidad normal empleando la cola para equilibrarse. La maniobra también había acortado la distancia con la joven, de modo que Kibai se limitó a acuclillarse al su lado y le extendió la mano con una amistosa sonrisa.
— Mi nombre, por cierto es Kibai. Es un placer conocerte, de nuevo.
Miyori Hoshino
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El hombre leopardo pronto tomó un poco de distancia entre ambos, acomodándose a lo largo del muro mientras observaba el esplendor del cielo, yo por mi parte, coloqué nuevamente mi sombrero sobre mi cabeza, escuchando con atención lo que comentaba respecto a mi presentación junto a Maki. — Gracias… — desvié la mirada hacia mis piernas mientras sujetaba la fruta, dejando que una sutil sonrisa se acomodara sobre mis labios. — Aún hay muchas cosas que debo mejorar… – dije cerrando los ojos durante unos instantes mientras pensaba en las enseñanzas de mi maestro.
Tras unos segundos de quietud y risas, disfrutando de la delicada caricia impuesta por la propia brisa, nuevamente aquel hermoso felino de pelaje dorado pareció mostrar curiosidad por los acontecimientos ocurridos durante la presentación de aquellos chamanes comerciantes, incluso llegó a confesarme que él también se había extraído su fruta, lo cual despertó mi atención y, finalmente, mi preocupación ante la posibilidad de que estuviera sufriendo pesadillas, tanto fue así que de manera instintiva, busque colocar mi zurda sobre su mano derecha como una pequeña muestra de empatía — ¿Estás bien?
Al soltar su mano dirigí mi mirada a la manzana, bueno, creo que es manzana por la forma — Yo me encuentro bien, a decir verdad… no recuerdo mucho puesto que fui la primera en caer inconsciente… — comentaba lentamente con el ceño fruncido, intentando recuperar los recuerdos de aquel momento en concreto, cuando la oscuridad sucumbió sobre mí, lo que vino después fue ese sueño. — También me duele un poco el cuerpo, especialmente el abdomen… tuve un sueño, no fue algo malo pero sí algo muy triste… — expresé con cierta nostalgia reflejada en mis ojos azules y en mi timbre de voz, nostalgia al recordar a mi maestro y aquella hermosa canción que no hacía mucho había estado tarareando — Aun así, aunque duela, fue maravilloso soñarlo.
Antes de poder darle un mordisco a la fruta, sus ojos esmeralda volvieron a posarse sobre mí con suma atención para hacerme nuevas preguntas, esta vez enfocadas en mi violín, seguidamente de un cómico relato sobre sus compañeros de la Marines, y luego hizo mención de aquella competencia de cánticos en las gradas, cuando brindaban “ánimos” a Shin, tal mención hizo que un recuerdo acudiera nuevamente a mi mente, y claro, lo recordé con claridad — ¡Ah, ese momento! — dije, como si finalmente hubiera encontrado una pieza perdida en mis recuerdos, mientras volvía a mirarlo a los ojos con cierto puchero — Eso fue deshonesto, sus cánticos eran ofensivos… Además, la melodía debe servir para brindar felicidad a quienes escuchan, no para provocar sentimientos negativos. — Eso último lo dije con una sonrisa dulce de mi parte, mientras daba mi primer mordisco a la fruta, y tan pronto como sentí los jugos en mi paladar mis ojos azules cayeron sobre la misma manzana, asombrada de lo deliciosa que estaba, tanto que apareció un pequeño sonrojo sobre mis mejillas.
Tras finalizar de masticar, y escuchar lo interesado que estaba sobre mi amado violín, fue difícil no emocionarme por hablar de Amphitrite. — Desde que tengo diez años, y actualmente tengo veinte años, así que ha sido un largo recorrido junto a mi violín, Amphitrite, así se llama, y es mi tesoro más grande en el mundo.
Al verlo incorporarse sobre la mediana del muro, extendió su mano con una expresión cordial, mostrando aquella sonrisa propia de un felino, aunque nunca he visto a un leopardo sonreír en mi vida, sin pensarlo demasiado, extendí mi mano sobre la suya para cumplir finalmente con aquel protocolo de presentaciones tardías. — Un placer conocerte, Kibai, mi nombre es Miyori Hoshino, originaria de Baterilla en South Blue.
Con nuestras manos estrechadas intenté levantarme de ese muro utilizando su palma como mi eje de apoyo, al estar de pie sacudí con mi palma libre la tela de mi vestido blanco, y luego lo miré de nuevo con una sonrisa cordial y animada — ¿Te gustaría acompañarme a visitar el bosque? me gustaría volver a ver el río de Skypiea, ahora que sé que no pasará nada si caigo en él.
Cita Diálogo / Habla / *Piensa*
Kibai
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C. de Haki
C. de Akuma
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23-09-2026, 11:17 PM
(Última modificación: 23-09-2026, 11:17 PM por Kibai.
Razón: Correcciones ortográficas menores
)
Kibai notó como la mano de la joven pelirroja le apretaba delicadamente su zurda. Como por acto reflejo, en un gesto tanto de cercanía como de empatía, el mink acarició con el pulgar la suave piel de la joven.
— Si, no te preocupes, solamente fueron fantasmas del pasado con nostalgia por hacerme una visita, y también el recuerdo de un hombre al que hice una promesa hace mucho tiempo... Y también alguien con ganas de devolverme un trozo de corazón que había dejado muy lejos de aquí. — añadió al final con un tono de voz considerablemente más bajo. Aún no se sentía demasido cómodo con todo lo que había experimentado durante aquella vigilia tras haberle sido extraída su Akuma no mi.
— Yo también lo pasé bastante mal con los dolores, aunque por suerte Moja y Nyra, dos compañeros de la marina, se han ocupado bastante bien de mi, y aparte, en cierta medida estoy acostumbrado a los golpes, no ha sido el primero ni el segundo que he recibido!
Kibai dejó salir una ligera risa mientras escuchaba la propia experiencia de aquella chica. Al parecer no había sido demasiado diferente de la que había tenido el propio mink, al punto de que éste se preguntó si la técnica de Pawurs tendría ese efecto secundario a la hora de extraer los poderes de la fruta, el de que los traumas o recuerdos importantes del pasado de uno llegasen a visitarle en la inconsciencia en la que la técnica del gyojin barracuda lo sumía a uno.
— Bueno, en ese caso me alegro de que al menos disfrutases del sueño, a pesar de que no fuese muy alegre. No todo tiene por que serlo para ser algo que valga la pena, a veces las cosas tristes son necesarias al fin y al cabo.
Mientras seguían hablando, la joven pelirroja hizo referencia a los cánticos que tan orgullosamente habían entonado el capitán Enji, el comandante Juan y él mismo. Kibai soltó una nueva carcajada, recordando el percal que habían montado las tres divisiones de la marina apoyando a su compañero Shin en la final.
— Veeenga, vamos, no exageres, no era para tanto! Era competencia amistosa, solo eso. Mira, es como en cualquier competición, siempre es más divertido cuando hay rivalidades.
Kibai permaneció un rato callado mientras su acompañante le contaba acerca de su violín, con el aire impregnado del fresco aroma de la fruta que finalmente parecía haberse decidido a comer. Estaba claro que las estrategias que habría empleado con un animal herido se aplicaban también a los minks inferiores heridos.
Cuando finalmente la joven se le volvió a presentar como Miyori Hoshino, esta se apoyó en el mink para alzarse, cosa que no le molestó en absoluto, pues parecía pesar menos que una pluma para él. Mantiendo el agarre en su mano, Kibai la ayudó a levantarse con la zurda, afianzandole la posición sobre el muro de piedra. La joven, tras quitarse el polvo del vestido, le preguntó si le importaría acompañarle a pasear por el bosque. Aquello le hizo una especial gracia al mink, pues no pudo evitar recordar a otra joven con el mismo color de pelo que había conocido hacia mucho tiempo. Que habría sido de ella...?´
— Por supuesto, será un placer, señorita Hoshino, aunque te advierto, los ríos aquí siguen siendo de nubes, no estoy muy seguro de qué encontrarás si te hundes demasiado, aunque ahora ambos podamos nadar.
Girándose levemente para colocarse al costado izquierdo de Miyori, Kibai le ofreció el brazo, presto para volver a adentrarse en el bosque.
— Pero ten por seguro que nada te pasará mientras ande por aquí, perder tal talento musical sería una verdadera lástima.
Miyori Hoshino
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C. de Akuma
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El crujir de algunas ramas y hojas bajo nuestros pasos era la prueba de que nos adentrábamos cada vez más en aquel sendero, directo hacia la biodiversidad que existía en Skypiea. El suelo se volvía ligeramente más irregular conforme avanzábamos, cubierto por una mezcla de hojas secas, pequeñas raíces que sobresalían de la tierra y algunas flores silvestres que crecían entre las plantas.
Una brisa fresca se filtraba entre los árboles, moviendo suavemente las copas sobre nuestras cabezas, de vez en cuando, un rayo de luz conseguía atravesar el espeso entramado de ramas y hojas, iluminando en ciertas zonas el sendero frente a nosotros, el bosque no era silencioso, debo decir que había escuchado cierto cantar de algunas aves ocultas entre las copas, especialmente el sonido peculiar de un inodoro dando vueltas, ¿pero donde estaba la ave que hacía tal sonido?
También lograba distinguir sutilmente el zumbido ocasional de algún insecto y, a lo lejos, el sonido constante del agua corriendo, cuanto más avanzábamos, más perceptible se volvía los sonidos.
En un principio me había sujetado del brazo del precioso mink de piel de leopardo, su pelaje al tacto me había parecido agradable, además de despertar en mí aquella inclinación de proceder según mis instintos femeninos más reprimidos e inoportunos…
Amor por las cosas adorables.
Por esa razón, y por muchas otras, tuve que divagar entre charlas mientras fingía embelesarme con la florar que nos rodeaba, varias de aquellas plantas ya las había visto por la zona, pero intentaba distraerme observando las hojas, las pequeñas flores encontradas en el camino e incluso en alguna que otra mariposa que pasaba revoloteando cerca de nosotros, preguntando cada cierto segundos a Kibai si los conocía.
Todo con tal de calmar aquel impulso de querer darle mimos en la coronilla, comparándolo inevitablemente con un felino doméstico. No quería ser irrespetuosa.
Aunque, en un principio fingía interés, conforme avanzábamos por el bosque comenzaron a aparecer ante mis ojos verdaderos tesoros ocultos, habían flores de colores que apenas distinguía entre las sombras de los árboles, arboledas de colores extravagantes, frutos que nunca he visto en la tierra ni en el mar, mientras el olor húmedo de la vegetación se mezclaba con aquella brisa fresca que aparecía cada cierto tiempo, poco a poco, terminé completamente admirada por todo lo que aquellas tierras celestiales tenía para ofrecer a sus visitantes.
— De verdad que este lugar es hermoso… — comenté, levantando la mirada hacia el entramado de ramas que se extendía sobre nuestras cabezas, deteniendome por un lapso de pocos segundos hasta que en mi rostro se dibujó una pequeña sonrisa en mis labios mientras observaba cómo algunas hojas se mecían lentamente con el viento, momento después mis ojos descendieron hasta encontrarse con el precioso verde de su mirada.
— Dijiste hace unos minutos atrás… — retomé, continuando el sendero con pasos parsimoniosos junto a él, llevando ambas manos detrás de mi espalda — que durante tu inconsciencia viste fantasmas del pasado. — Mi voz no podía mentir, estaba preocupada por lo que él había mencionado y fue algo que no pude simplemente ignorarlo. — ¿Hay algo que te atormente?
El sonido del río se hizo un poco más claro mientras subía las raíces gigantes de los árboles más altos y frondosos que habían, señal de la concentración de “agua” más adelante, me preocupaba que Kibai tuviese una espina clavada en su corazón pero tampoco quería convertirme en una entrometida… — Puedes contármelo si gustas, o… podemos continuar caminando hasta llegar al río. — Mi expresión se suavizó un poco. — ¿Crees que haya algunos peces por ahí?
La pregunta fue quizás algo infantil pues desviaba por un instante el peso de aquel tema hacia algo mucho más sencillo si decidía ignorar mi primera pregunta, permanecí tranquila caminando a su lado, y sin duda, evidentemente había una curiosidad creciendo en mi cabeza y en mi pecho, una y otra vez, tendiendo a sujetarme con fuerza las manos para evitar caer en mis deseos.
¿Cuánto más duraré así?...
Vamos Miyo, solo se parece un poco al señor bigotes, no te emociones.
Cita Diálogo / Habla / *Piensa*
Kibai
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Con la joven pelirroja agarrada de su brazo, Kibai la condujo de vuelta a la espesura de la selva. Las copas de los árboles no tardaron en tapar la luz directa del sol, sumiéndolos a ambos en una agradable claridad teñida de verde que les permitía mirar en todas direcciones sin tener ningún tipo de problema. Miyori, aunque se mantenía a su aldo, demsotraba una gran curiosidad por todo lo que les rodeaba, pues no dejaba de preguntarle al mink por cada criatura, planta o flor llamativa que aparecía en su camino, cuestiones que eran respondidas agradablemente por Kibai, el cual agradecía el tener los conocimientos suficientes de la flora y fauna de Skypiea tras sus estudios previos y las multiples salidas que ya había realizado a la jungla circundante con anterioridad.
En cierto momento, descubrió una planta cubierta de grandes flores de una brillante azul cobalto, cuyos estambres dorados resaltaban entre los pétalos del tamaño de su pulgar. Sonriendo, el mink detuvo su caminar, acuclillándose junto a la planta y seccionando el tallo de la flor con la garra de su dedo índice, antes de reincorporarse de nuevo y encajar la flor en los mechones de pelo que se encajaban detrás de la oreja de Miyori.
— Perfecta. Te hace juego con los ojos. Además, la flor está totalmente desarrollada, así que mientras caminemos soltará su polen y colaborarás a que se expanda a otras zonas del bosque. Una ganacia por las dos partes, no crees?
Tras unos minutos más de paseo, la pregunta de la pelirroja hizo a Kibai apretar levemente la mandíbula, a la vez que los dedos de su mano izquierda se crispaban.
— Yo... Es complicado.
El mink no dijo nada por unos cuantos metros, tratando de ordenar sus propios recuerdos y pensamientos, pues lo que llevaba por dentro no era algo que se pudiese expresar con facilidad.
— Supongo que echo de menos a mucha gente. Mi familia, la cual no tengo ni idea de siquiera si están bien, o de si aún lloran porque piensan que he muerto, o si habrán pasado página ya... También están mis compañeros de la base del East Blue. Ninguno de ellos tenía intenciones de pasar al Grand Line, tenían sus vidas bien establecidas en el Blue, pero saber que seguramente pasen muchos años antes de que pueda volver a verlos es algo que me duele.
Kibi tragó saliva mientras llegaban hacia el "rio" por llamar de alguna manera a aquel mar de nubes blancas y esponjosas en las cuales uno podía hundirse lentamente, solo que en el fondo había un abismo de diez mil metros hacia una muerte segura.
— Y bueno... también había alguien. Alguien especial, no sé si me explico. Ella, bueno, mencionó que antes o después también vendría hacia el Grand Line, pero no he sabido nada más de ella, así que supongo que ha cambiado de idea. Le hubiese gustado esta isla, sabes? Al fin y al cabo, ella también era Lunarian, a buen seguro se la shabría apañado para hacer buenos negocios aquí. Pero en fin, son cosas pasadas, y no merece la pena atormentarse en demasía por estos asuntos. Un poco de autocompasión está bien de vez en cuando, pero antes o después uno tiene que recomponerse, levantar la cabeza y dar un paso adelante para seguir.
Al llegar a la orilla de aquel peculiar rio, Kibai esbozó una sonrisa mirando hacia Miyori.
— Además, tengo a alguien a quien quiero ver, y él si está aquí en el Grand Line. El capitán que me salvó hace años comanda un barco correo, de los que se encargan de llevar las cartas de los marines destinados en todas las islas a sus familias. Sé que antes o después me encontraré de nuevo con él, y mi objetivo es que para entonces me haya convertido en un marine del que se pueda sentir orgulloso.
Ante la última pregunta de la joven, el mink soltó una pequella risa.
— Si, hay peces, son raros pero comestibles, aunque para pescarlos tendría que tener un cebo adecuado.
Con los ojos brillándole por la emoción, Kibai, disfrutando anticipadamente de la broma, tomó de ambas manos a Miyori.
— Ya sé, si te atamos una liana a la cintura y te arrojo a esas nubes, y yo que sé, actúas como un animal enfermo o herido, seguro que atraes a algun pez decente. Después tiro de ti y salto a por él. Miden como diez o doce metros, de modo que tendremos comida de sobra para hacer un banquete, qué me dices, lo intentamos?
La cola del mink se agitaba alegremente de lado a lado, mientras alternaba su mirada entre los ojos de la pelirroja y el bosque cercano, escaneando los árboles en busca de linas que sirviesen a su propósito.
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