22-09-2026, 10:15 PM
Día 72 de Verano Año 18
Una mañana cualquiera
En aquella isla no era nada fácil conseguir cosas que necesitaría luego para cocinar, y eso me haría comprarlas en los mercados locales. No era lo ideal, pero mejor eso a quedarme sin nada y luego tener que pasar hambre en los viajes. Recorrer los mercados seguro que era una actividad divertida, además tenía que estar bien atenta a las gangas que pudiera encontrar. La isla había resultado ser demasiado fría como para que pudiera recoger ingredientes naturales de calidad. Aunque si era así, ¿de dónde salía todo aquel género de los mercados? Era posible que fuera todo importado, pero seguro que los lugareños tenían algún secreto para sacar buenos víveres de aquella congelada isla. Sacarles el secreto no sería nada fácil, desde luego, pero igual lo intentaría mientras hacía las compras necesarias. Empezaría por la zona cercana al puerto buscando algo de pescado fresco, que seguramente sería lo único que realmente podrían producir.
¿Cómo sería montar en uno de esos barcos pesqueros? Aunque ahora me daba algo más de cosa probar ese tipo de cosas, ya que tras comer aquella fruta ya no podía nadar. En los grandes barcos no veía tanto problema, pero en los pequeños botes de pesca, la cosa cambiaba. No, por mucha curiosidad que me diera no podía arriesgarme, al menos por ahora. De camino al puerto vi de pasada un cartel de unos baños calientes. al acercarme vi que eran mixtos, pero no me importaba mucho. Entré al local para poder meterme en agua caliente y sacarme parte del frío que esa isla estaba metiendo en mi interior. En el vestuario las chicas parecían dejarse la parte de arriba, cosa que yo pase por alto y me la quité también. Sentir el agua caliente me reconfortó, como mi figura parecía reconfortar a algunos de los clientes. Por supuesto, que me miraran era lo normal, no había nadie más bello que yo en aquel sitio. En cuanto hube entrado en calor, salí del baño dejando un frío diferente en el mismo tras de mí.
Con el cuerpo caliente del baño me dirigí al puerto a por el pescado. Visité varios puestos que decían acabar de recibir mercancía, lo que resultó ser falso, ese pescado tenía al menos un par de días. Sin embargo, pude dar con un puesto cerca del final del puerto que tenía buen género de verdad. Se notaba de lejos que sus clientes eran gente que ya lo había conocido, no se anunciaba como el resto. Eso demostraba que no necesitaba aumentar las ventas, esos puestos, eran los que de verdad tenían interés para mí. Cuando me acerqué le pedí varios peces que conocía bien para cocinar y guisar. Le pedí además, que me diera algunas recomendaciones sobre pescados o mariscos. De todos ellos me quedé con varios que tenían buena pinta para guisos, como unas almejas o un pescado plano que parecía papel. Este pescado me dijo el vendedor que era muy rico asado a la plancha, así que lo compré para probar.
Me dio algo de hielo para transportarlos, y seguí mi camino tras pagarle y agradecerle. Necesitaba comprar algunas cosas más, como por ejemplo, verduras. Si es que lograba dar con ellas en alguna parte del mercado de la ciudad. Con tanta nieve, puede que no fuera nada fresco, pero a pesar de que soy exigente, puede que en este punto debería de ceder un poco. El mercado estaba algo lejos del puerto, pero por el camino había otros puestos. Aunque ahora mismo no estaba centrada en ellos, pude ver cosas interesantes, pero terminé pasando la zona sin comprar nada. A saber cuánto costaban los ingredientes que tenía que comprar en la siguiente parte si de verdad eran escasos en la isla. Por suerte, parecía que había puestos de sobra, no pensé que habría tantas verduras y frutas, aunque me llamaron la atención varias que no conocía. Por supuesto, me acerqué primero a los puestos que tenían cosas desconocidas para mí, tenía que intentar averiguar más sobre ellas.
Al parecer varias de ellas eran de producciones locales, no averigué mucho más sobre esas granjas, o zonas de recolección, pero sí que compré varias de esas frutas y verduras. Tenía que probar varias formas de cocinarlas al llegar, zumos, aliños, guindas, en ensalada, ya estaba dándole vueltas a todas ellas. Por supuesto, también conseguí varias verduras como pimientos, lechugas y pepinos. Frutas normales, principalmente cítricos, aunque también tomates y alguna fresa de final de temporada que encontré de casualidad en un puesto. Me iba a retirar ya, cuando escucho unos chillidos, característicos de animales de granja al ser sacrificados. Así que me dirigí hacía allí, no había pensado comprar carne, pero no podía dejar pasar la oportunidad.
Parecía algún tipo de feria, tenían varios cerdos colgados, desangrándose. Mientras trabajaban en otros sobre mesas de madera, parecía que los carniceros eran diestros, puede que fueran famosos. Me acerqué a ver si vendían parte de ellos, para encontrarme con un carnicero que estaba explicando los diferentes cortes a la gente. ¿Estarían intentando expandir su negocio a la isla? Era probable, pero me interesé bastante por la explicación. Al final terminé comprando varios de los que no conocía y el hombre había hecho hincapié en que eran buenos cortes. Aproveché también para coger algo de carne para guisar y un poco de panceta que siempre estaba buena.
Con las bolsas cargadas, tocaba ir a guardarlas y esperar el momento adecuado para usar los ingredientes que había conseguido esa mañana. Me iba a costar contenerme con alguno de los cortes de carne o verduras, pero tenía que aprender a controlarme para sobrevivir en ese infinito de nieve que esperaba fuera de la ciudad. Al menos ahora sabía que en la ciudad podía encontrar de todo, lo que me dejaba más tranquila, al menos en parte. Solo necesitaba hacerme las raciones necesarias para los viajes, lo suficiente como para volver allí y reabastecerme. Con lo que había podía incluso arriesgarme a montar algún día algún banquete si llegaba a conocer a alguien lo suficiente en aquel sitio.
Una mañana cualquiera
En aquella isla no era nada fácil conseguir cosas que necesitaría luego para cocinar, y eso me haría comprarlas en los mercados locales. No era lo ideal, pero mejor eso a quedarme sin nada y luego tener que pasar hambre en los viajes. Recorrer los mercados seguro que era una actividad divertida, además tenía que estar bien atenta a las gangas que pudiera encontrar. La isla había resultado ser demasiado fría como para que pudiera recoger ingredientes naturales de calidad. Aunque si era así, ¿de dónde salía todo aquel género de los mercados? Era posible que fuera todo importado, pero seguro que los lugareños tenían algún secreto para sacar buenos víveres de aquella congelada isla. Sacarles el secreto no sería nada fácil, desde luego, pero igual lo intentaría mientras hacía las compras necesarias. Empezaría por la zona cercana al puerto buscando algo de pescado fresco, que seguramente sería lo único que realmente podrían producir.
¿Cómo sería montar en uno de esos barcos pesqueros? Aunque ahora me daba algo más de cosa probar ese tipo de cosas, ya que tras comer aquella fruta ya no podía nadar. En los grandes barcos no veía tanto problema, pero en los pequeños botes de pesca, la cosa cambiaba. No, por mucha curiosidad que me diera no podía arriesgarme, al menos por ahora. De camino al puerto vi de pasada un cartel de unos baños calientes. al acercarme vi que eran mixtos, pero no me importaba mucho. Entré al local para poder meterme en agua caliente y sacarme parte del frío que esa isla estaba metiendo en mi interior. En el vestuario las chicas parecían dejarse la parte de arriba, cosa que yo pase por alto y me la quité también. Sentir el agua caliente me reconfortó, como mi figura parecía reconfortar a algunos de los clientes. Por supuesto, que me miraran era lo normal, no había nadie más bello que yo en aquel sitio. En cuanto hube entrado en calor, salí del baño dejando un frío diferente en el mismo tras de mí.
Con el cuerpo caliente del baño me dirigí al puerto a por el pescado. Visité varios puestos que decían acabar de recibir mercancía, lo que resultó ser falso, ese pescado tenía al menos un par de días. Sin embargo, pude dar con un puesto cerca del final del puerto que tenía buen género de verdad. Se notaba de lejos que sus clientes eran gente que ya lo había conocido, no se anunciaba como el resto. Eso demostraba que no necesitaba aumentar las ventas, esos puestos, eran los que de verdad tenían interés para mí. Cuando me acerqué le pedí varios peces que conocía bien para cocinar y guisar. Le pedí además, que me diera algunas recomendaciones sobre pescados o mariscos. De todos ellos me quedé con varios que tenían buena pinta para guisos, como unas almejas o un pescado plano que parecía papel. Este pescado me dijo el vendedor que era muy rico asado a la plancha, así que lo compré para probar.
Me dio algo de hielo para transportarlos, y seguí mi camino tras pagarle y agradecerle. Necesitaba comprar algunas cosas más, como por ejemplo, verduras. Si es que lograba dar con ellas en alguna parte del mercado de la ciudad. Con tanta nieve, puede que no fuera nada fresco, pero a pesar de que soy exigente, puede que en este punto debería de ceder un poco. El mercado estaba algo lejos del puerto, pero por el camino había otros puestos. Aunque ahora mismo no estaba centrada en ellos, pude ver cosas interesantes, pero terminé pasando la zona sin comprar nada. A saber cuánto costaban los ingredientes que tenía que comprar en la siguiente parte si de verdad eran escasos en la isla. Por suerte, parecía que había puestos de sobra, no pensé que habría tantas verduras y frutas, aunque me llamaron la atención varias que no conocía. Por supuesto, me acerqué primero a los puestos que tenían cosas desconocidas para mí, tenía que intentar averiguar más sobre ellas.
Al parecer varias de ellas eran de producciones locales, no averigué mucho más sobre esas granjas, o zonas de recolección, pero sí que compré varias de esas frutas y verduras. Tenía que probar varias formas de cocinarlas al llegar, zumos, aliños, guindas, en ensalada, ya estaba dándole vueltas a todas ellas. Por supuesto, también conseguí varias verduras como pimientos, lechugas y pepinos. Frutas normales, principalmente cítricos, aunque también tomates y alguna fresa de final de temporada que encontré de casualidad en un puesto. Me iba a retirar ya, cuando escucho unos chillidos, característicos de animales de granja al ser sacrificados. Así que me dirigí hacía allí, no había pensado comprar carne, pero no podía dejar pasar la oportunidad.
Parecía algún tipo de feria, tenían varios cerdos colgados, desangrándose. Mientras trabajaban en otros sobre mesas de madera, parecía que los carniceros eran diestros, puede que fueran famosos. Me acerqué a ver si vendían parte de ellos, para encontrarme con un carnicero que estaba explicando los diferentes cortes a la gente. ¿Estarían intentando expandir su negocio a la isla? Era probable, pero me interesé bastante por la explicación. Al final terminé comprando varios de los que no conocía y el hombre había hecho hincapié en que eran buenos cortes. Aproveché también para coger algo de carne para guisar y un poco de panceta que siempre estaba buena.
Con las bolsas cargadas, tocaba ir a guardarlas y esperar el momento adecuado para usar los ingredientes que había conseguido esa mañana. Me iba a costar contenerme con alguno de los cortes de carne o verduras, pero tenía que aprender a controlarme para sobrevivir en ese infinito de nieve que esperaba fuera de la ciudad. Al menos ahora sabía que en la ciudad podía encontrar de todo, lo que me dejaba más tranquila, al menos en parte. Solo necesitaba hacerme las raciones necesarias para los viajes, lo suficiente como para volver allí y reabastecerme. Con lo que había podía incluso arriesgarme a montar algún día algún banquete si llegaba a conocer a alguien lo suficiente en aquel sitio.
Karmas
Peticiones

![[Imagen: from-Pix-AI-2051168263220415562-1firma.png]](https://i.ibb.co/PGHTjkJF/from-Pix-AI-2051168263220415562-1firma.png)