(Past | Dharma) Quiero estar en tus zapatos.
#1
Entonces, estaba caminando por ahí, por esta famosa Isla del Karate, y la verdad, todo era demasiado ruidoso. Había gente peleando por todos lados, y gritando como idiotas, en esos dojos feos. Igual, a Rui no le importaba nada de eso, porque, ella solo caminaba buscando un lugar tranquilo, para quedarse a dormir un tiempo. Y después, la tierra se levantaba con el viento, ensuciando todo, pero le daba exactamente igual todo ese ambiente ruidoso, porque no venía a hacer amigos.

Todo esto era tan ruidoso, tan distinto a mi casa, y me daba bastante asco, la verdad.

Caminaba rápido, casi sin hacer ruido, con su ropa de siempre, ignorando a todos los que pasaban por su lado. Y entonces, sus dedos empezaron a juguetear impacientemente con las cintas negras de su cabello. Porque, ese era su tic, siempre lo hacía cuando estaba harta, y ahora mismo estaba muy harta. Porque, estar ahí sola, rodeada de tanto idiota, no era algo que hubiera planeado al salir, pero tenía que volverse fuerte, y punto. No le quedaba de otra, tenía que hacerlo sí o sí.

Igual, acomodó un poco su espada, su katana "Hana", sintiendo la tela rosa pastel en su cintura. Porque, era lo único que la acompañaba ahora, después de separarse de su compañero de viaje. Entonces, tenía que entrenar, muchísimo, hasta no poder más. Su lealtad por él era total, y le dolía en el pecho, le quemaba, no estar ahí para cuidarle la espalda de cualquier peligro. Se sentía vacía sin él, la verdad.

¿Cuánto tiempo me va a tomar alcanzar su nivel, de verdad, y poder volver con él?

Mientras caminaba, sus oídos captaron unos pasos rápidos detrás de ella, porque sus sentidos siempre estaban alerta, siempre. Notó que unos hombres musculosos la miraban, en la calle, y eso le dio un asco terrible. Porque, para ella, todos los hombres de este lugar eran unos seres inferiores, asquerosos, y el único hombre al que respetaba en todo el mundo era a Dharma. Y entonces, apretó su katana con fuerza, porque odiaba a los hombres así, los odiaba muchísimo.

Solo son basura, puros debiluchos que no sirven para nada.

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Y después, se paró frente a un dojo bastante grande, que tenía cuartos para alquilar atrás, y soltó un suspiro pesado. No sabía mucho de esta isla, ni le importaba aprender, pero necesitaba una base rápida para entrenar sin que nadie la molestara. Entonces, caminó hasta la entrada principal, y se quedó parada ahí, esperando, cruzada de brazos. Porque ella no iba a hablar primero, nunca, bajo ninguna circunstancia. No era su estilo andar saludando a nadie.

Estaba muy cansada por el viaje, y como era de pocas palabras, no pensaba decir absolutamente nada, hasta que le hablaran directo. Entonces, la puerta se abrió de golpe, y un hombre enorme salió, lleno de sudor, y la miró raro. El idiota le preguntó dudoso, dando mil rodeos sobre qué quería una chiquilla débil ahí, en un lugar para hombres. Y a Rui se le acabó la poca paciencia que tenía. — Tsk... cállate la maldita boca, simio asqueroso, no me des tus rodeos inútiles y dime cuánto cuesta quedarse aquí. Jmp. — escupió directo, jugando otra vez con sus cintas, con puro odio en la mirada.

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— Y te apuras, si no quieres que te reviente la boca hijo de puta. Jmp. —
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#2
Tiempo atrás, hace un par de años de la actualidad de Dharma, él se encontraba viajando por las diversas islas del South Blue. Ya habían pasado muchas cosas; incluso ya había salido en el periódico una o dos veces. Pero había islas que mantenían cierto interés en él, y una de esas era esta. Aquí había conocido a algunas personas peculiares y aprendido sobre algunos poderes, más en específico sobre las Akuma no Mi. Aunque era parte de su oficio el mantenerse informado, también le servía para los momentos de batalla el comprender mejor cómo funcionan tanto esas frutas como las estructuras sociales y bélicas que pudiera tener cada isla, pues la sociedad tendía a cambiar dependiendo de sus usos y costumbres.Se mantenía caminando entre las calles empedradas y un poco artesanales de la Isla Karate. Había muchos dojos, muchas escuelas y sedes de entrenamiento.

Dharma ya llevaba aquí algunas semanas; se había permitido entrenar y relajarse a su vez, puesto que aquí un tipo como él era algo un tanto más usual y no llamaba demasiado la atención. Aunque, sin lugar a dudas, era uno de los más fuertes que podrían estar pisando esta isla que, aunque su apariencia podría ser un tanto arcaica, encerraba mucha cultura y arte en sus propias raíces. Tras caminar entre los destellos del sol y la ligera brisa que se arremolinaba en esas calles, despues de disfrutar un poco de dicho andar, pudo escuchar una peculiar voz, una que reconocería en cualquier lugar y casi a cualquier distancia, pues era la única persona que él toleraba, a la que incluso él estimaba. No había nadie en este planeta que le pudiera importar más que sí mismo; sin embargo, ella era una excepción: una sutil, delicada y agradable excepción. Aunque para Dharma era como si una pequeña flor se posara sobre la palma de su mano, sabía que aquella mujer era lo suficientemente voluntariosa para haber llegado hasta aquí.

| ¿Hien? |dijo en su tono grave e invariable, pero con un dejo de satisfacción, como quien encuentra algo que le agrada|. Te dije que tenías que tener mi número de Den Den Mushi y al final lograste llegar a una isla donde estoy...|No era un regaño, era más bien un halago, pues no habían intercambiado el número antes de que Dharma partiera de aquel monasterio donde ambos entrenaron un tiempo y donde se habían encontrado tras partir de Wano. Además de proceder de la misma isla, Hien era especial no solo por eso, sino también por su forma de ser. Era agradable ver cómo algo que parecía ser tan ligero y bello podía anteponerse ante cualquier situación.

El pirata no juzgaba por la fuerza o apariencia física a las personas, puesto que sabía que en este mundo eso era algo de lo más trivial, pero sí que podía señalar a alguien por su debilidad emocional, mental o de espíritu. En Hien esas cosas no habitaban, pues ella era tan capaz como él; sin embargo, tenía un tanto menos de paciencia para con las personas. Mientras que Dharma era más de ignorar o cortar algo cuando no le parecía, ella solía ser más regañona con aquellos que no parecían mantener un orden útil.

|Bro... retírate un momento |dijo el pelinegro hacia donde estaba el hombre que iba a interactuar con Hien. Dharma le conocía, pues él también rentaba posada en ese lugar y aquel tipo, el encargado, le tenía bastante respeto al oriundo de Wano, además de que su fama ya comenzaba a resonar por todo el South Blue. El hombre desapareció sin decir más, dejando incluso a Hien con sus palabras al aire.|¿Qué tal tu viaje, eh? | Aún estaba detrás de ella a un par de metros. Podía verla, podía sentir su aroma. Tenía muchas ganas de ver su rostro, un rostro familiar, uno que le recordaba a su natal país, pero también le recordaba de buena manera el porqué habían decidido emprender esta aventura: para volverse más fuerte, el más fuerte.
| D e v i l s | N e v e r | C r y |
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#3
Casi se le sale el corazón del pecho, literal, porque escuchar esa voz ronca de repente fue como un balde de agua fría. Estaba a un segundo de cortar al viejo asqueroso ese, por darle tantos rodeos feos, pero el idiota salió corriendo como un cobarde de la nada. Igual, a Rui le dio muchísima rabia quedarse con las palabras en la boca, y apretó su espada con fuerza, odiando a todo el mundo. Y después, toda esa rabia horrible se apagó de un solo golpe, porque lo escuchó a él, y todo cambió.

De verdad era él, no estoy alucinando del cansancio ni nada de eso.

Se dio la vuelta rapidísimo, casi tropezando con las piedras feas del camino, porque necesitaba verlo con sus propios ojos ya mismo. Y ahí estaba, Dharma, parado a un par de metros con esa ropa tradicional que siempre usaba, y su espadón gigante en la espalda. Era tan alto, tan fuerte, tan diferente a toda la basura patética que llenaba esta isla estúpida. Porque, para ella, él era el único hombre que valía la pena en este mundo, el único al que iba a seguir siempre, a todos lados.

Y entonces, el aire se sintió mucho más ligero, porque la asfixia de estar lejos de él desapareció por fin. Igual, sus manos soltaron la katana "Hana" de golpe, y sus dedos empezaron a juguetear impacientemente con las cintas negras de su cabello rosa. Porque, estaba nerviosa, muy nerviosa, aunque intentaba hacerse la dura y fría frente a él. Ese era su tic de siempre, porque tenerlo enfrente después de tanto tiempo, le revolvía todo por dentro de una forma muy rara.

No iba a dejar que un estúpido caracol me impidiera encontrarlo nunca, obvio.

Dio unos cuantos pasos hacia él, cortando la distancia rápido, ignorando por completo la calle llena de tierra y a los idiotas de los dojos que miraban de lejos. Porque, estar a su lado era lo único que quería, lo único que necesitaba para sentirse entera otra vez. Y después, se cruzó de brazos, apretando un poco su blusa blanca, mirándolo fijo con sus ojos rojos, escuchando lo que le dijo del Den Den Mushi.

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— Tsk... no necesito un maldito caracol ruidoso para encontrarte por ahí, no seas idiota. Jmp. — escupió las palabras rápido, soltando esa risa nasal tan suya, pero mirándolo muy atenta.

¿De verdad creyó que me iba a perder en un lugar tan aburrido como este?

Se quedó callada un par de segundos, pensando en todo el viaje feo que tuvo para llegar hasta ahí, a esta isla ruidosa. Porque, el viaje fue una verdadera basura, cruzando el mar lleno de hombres débiles, lentos y patéticos, que le daban muchísimo asco siempre. Pero no iba a aburrirlo con todo eso ahora, porque odiaba dar rodeos y hablar de más. Igual, ya estaba ahí con él, y eso era totalmente suficiente para calmar su molestia, porque su devoción por él era inquebrantable. — El viaje fue asqueroso, porque todos son muy débiles y aburridos allá afuera, pero ya estoy aquí, así que lo demás me da exactamente igual. — agregó bastante rápido, sin importarle nada más del mundo exterior.

Y después, bajó un poquito la mirada hacia el suelo de tierra, sintiendo el cansancio en los músculos de las piernas, pero aguantando firme. Porque, ella no iba a mostrarse débil nunca, menos frente al hombre que más admiraba y amaba. Quería entrar a ese dojo y descansar un rato, sacarse el polvo de las botas, pero su mente ya estaba pensando en si él querría entrenar ahora mismo. A lo mejor él ya tenía hambre, o quería ir a otro lado más lejos de esta calle ruidosa. Simplemente se quedó ahí parada, jugando con las cintas de su pelo otra vez, mirándole distraída los detalles de la ropa, con la cabeza en mil cosas a la vez, casi olvidándose de que estaban en medio de la calle.

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— ¿Por qué te fuiste sin mí? —

No era la persona más romántica, ni mucho menos. Quería saltar y darle un fuerte abrazo. Pero una parte de ella, quería de algún modo, darle un fuerte golpe por ser un maldito hijo de puta que la dejó abandonada en esa isla sin avisarle a absolutamente nadie.
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#4
Dharma le miraba, como quien reconoce a algo que extraña y le agrada, notando como ella se dio la vuelta de inmediato, al escuchar su voz, parecía hacerlo a toda velocidad y esa misma forma de ser de ella, le creaba un sensación de agrado y simpatía para el pelinegro, no parecía haber cambiado casi nada en ese aspecto durante los meses que habían estado separados en una travesía que apenas parecía comenzar, aunque para ellos había iniciado mucho tiempo atrás. Sus ojos, su rostro y aquel cabello rosado hacían una fusión única que resaltaba cada pequeño rasgo que poseía Hien, era una mujer muy hermosa. Pero para Dharma no se trataba solo de ver un rostro familiar o una cara muy bonita que le traía tiempos más tranquilos al presente, también era el rostro de la persona en la que más podía confiar por no decir casi la única.  Hien le observo, sus ojos escarlata grandes y expresivos, directo a los orbes esmeralda más relajados que poseía el pirata.

| En eso tienes toda la razón solo que.... ahora soy un pirata ¿sabes? | Suspiro levemente mientras esbozaba una sonrisa ligera, pero que expresaba tranquilidad y confianza, mientras le seguía escuchando, pues es lo mejor que podría ser él en ese momento, a demás tenia tanto tiempo de no poder verla que  esos actos tan sutiles y en apariencia insignificantes, le hacían sentir en paz. |  Vaya... no sabia que te habías convertido en una flor taaan delicada Jahjahjah | Su tono de voz no cambiaba nunca, pero si la intención con la que decía las cosas. Dharma no solía mostrarse accesible a casi nadie, eran pocas las personas que podían entablar una conversación con él, no por que fuese tímido o simplemente desconfiado, pero el se hartaba rápido de la gente que no le interesaba o con la que no quería "perder" su tiempo. Pero Hien era todo lo contrario. Incluso su risa al final demostraba lo especial que ella poseía para Dharma, más allá de su belleza y habilidad era esa actitud retadora y a la vez femenina y tierna que poseía esta mujer.


— ¿Por qué te fuiste sin mí? —

| Sabes muy bien... que soy muy curioso respecto a las cosas que me causan cierta incomodidad... y un tiempo estuve lidiando con un grupo eclesiástico muy extraño... | Se estiraba un poco ajustando los músculos de sus hombros y espalda, levantando los brazos con un poco de lentitud. | En resumen... tenia trabajo que hacer | Sonreía un poco cínico, pues no quiso explicarle más a la peligrosidad. No podía comentarle que fue por que los trabajos que realizo requerían de  ciertos métodos un tanto peligrosos y también poco éticos.  Ella conocía a Dharma y también sabia de lo bueno y malo que era capaz de hacer, pero para el no era normal mostrarse así frente a alguien que apreciaba tanto. Quizá después seria inevitable, pues su llamado a la conquista abarcaba todo tipo de circunstancias.

Ajusto sus brazos en posición natural y bastante relajado después de estirarse un poco, dio un paso acercándose más a ella, la diferencia de altura era muy notoria, pero eso le permitía observar cada aspecto de su compañera de viaje. | Aun así luces tan... tu... como siempre Hien | Quería decirle que se veía muy radiante y hermosa, llena de energía y algo más que el no alcanzaba a comprender en su distraída forma de exclamar adjetivos de admiración por la belleza que ella poseia, pero que de alguna forma le inspiraban a el, los cuales parecían solo nacer cuando ella estaba presente. Colocaba su mano derecha con suavidad sobre la frente de ella ajustando un poco su peinado y sus suaves cabellos rosados, extrañaba mucho eso, verla, saber que esta bien, aunque confiaba plenamente en la capacidades de ella, de alguna forma se sentía responsable de su vida, aunque el mismo le había enseñado a no depender de nadie, de ningún hombre nunca. | Te vez cansada... como una anciana debil y lenta jahjah Así que te llevare a relajarte... a mi tampoco me caeria mal | Lo decía de forma sincera, ella no podía ocultarle esas cosas tan fácil a él, pero era su manera de darle a entender que no tenia que fingir ser una roca, ese papel ya era de Dharma. Así entonces el comenzaría a caminar en dirección de donde el había llegado, un buen descanso no le vendría mal a ninguno de los dos.
| D e v i l s | N e v e r | C r y |
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#5
Escuchar que ahora era un pirata le dio exactamente igual, la verdad. Porque, a ella no le importaban las etiquetas estúpidas del mundo, ni los carteles feos, ni la maldita Marina que tanto odiaba. Si él era un pirata, entonces ella también lo sería, obvio. Y después, lo escuchó reírse, llamándola una flor delicada con ese tono burlón, y sintió cómo la sangre le subía a las mejillas por el puro coraje. Igual, apretó los puños, aguantando las ganas de golpearlo fuerte por burlarse.

¿A quién le dice flor delicada este grandulón idiota, de verdad se cree muy gracioso?

Quería reclamarle más por irse a hacer su maldito trabajo con esos estúpidos religiosos sin decirle nada a nadie. Porque, ella hubiera ido con él a cortar todas las cabezas necesarias, no le importaba el peligro. Pero entonces, él dio un paso hacia adelante, acercándose muchísimo, y toda la diferencia de altura se notó de golpe. Rui tuvo que levantar la cabeza para mirarlo, sintiendo que el aire le faltaba. Y su corazón empezó a latir súper rápido, casi doliendo.

Y después, sintió el toque suave de su mano enorme sobre su frente. El calor de sus dedos largos ajustando su cabello rosa la hizo congelarse en el lugar, literal. Porque, todo el enojo horrible de esos meses, todo el cansancio del viaje, se desarmó por completo con ese gesto tan tonto. Igual, sus dedos dejaron de juguetear impacientemente con las cintas negras por un momento, bajando las manos. Se sentía muy pequeña a su lado, muy frágil, pero demasiado segura al mismo tiempo.

¿Pero él seguirá sintiendo lo mismo que antes por mí, de verdad?

Su mente empezó a dar muchísimas vueltas, porque el mar era gigante, y él había estado viajando solo por mucho tiempo. Y entonces, una inseguridad muy fea se le metió en el pecho, quemándola por dentro. Porque, ella odiaba a todos los hombres del mundo, le daban asco, pero, ¿y las mujeres? ¿Acaso alguna maldita mujer de esos mares grandes se le había acercado? Solo de pensar que él hubiera estado con alguien más, que no le hubiera sido fiel en su aventura, le daba una rabia asesina tremenda, muchísima rabia la verdad.

Pero la paz le duró muy poquito, porque enseguida el muy idiota le dijo que se veía como una anciana débil. Y eso sí que no se lo iba a aguantar, para nada. Porque, ella había entrenado muchísimo todos los días, no era ninguna anciana inútil. Entonces, frunció el ceño rápido, arrugando la nariz con bastante molestia, viendo cómo él empezaba a caminar con tanta tranquilidad. Igual, no iba a dejar que se alejara ni un metro más, nunca.

Acomodó su katana "Hana" rápido en la cintura, dando unas zancadas largas para alcanzarlo enseguida. Porque, odiaba que se burlara, pero odiaba todavía más la maldita duda en su cabeza. Y después, se puso a caminar justo ahí, a su ladito, mirándolo de reojo con el ceño muy fruncido. No aguantó más, porque ella odiaba dar rodeos y necesitaba saberlo ahora mismo, para poder estar tranquila o para cortar a alguien en pedazos.

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— Tsk... no soy ninguna anciana estúpida, a ver si el viejo lento vas a ser tú, capaz ya perdiste el talento que tanto te jactaba anteriormente. Y más te vale no haberte revolcado con ninguna otra mujer allá afuera, o te juro que la busco y la mato. A mi aún me gustas, Dharma. Jmp. — soltó casi como un gruñido muy bajo, pegándose un poquito más a su brazo enorme, casi rozándolo por accidente mientras caminaban juntos, esperando que él le dijera que seguía siendo solo de ella.
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#6
No había mucho que opinar sobre el resto del mundo y sus etiquetas estúpidas; los títulos de pirata, marine o cazador eran solo un sinsentido para la sociedad, pero eran opio para la gente común. Lo único real era el verdadero poder y la dirección que tomaba este. Escuchar la rabieta de Hien ante la mención de otras mujeres y su sutil amenaza de muerte hizo que las comisuras de mis labios se tensaran en una sonrisa cínica, cargada de una fría diversión. Sus ojos escarlata, grandes y expresivos, delataban ese coraje tan suyo, tan desprovisto de los rodeos inútiles que yo tanto despreciaba en los seres mundanos. Sin duda alguna ella era especial, no solo para este mundo tan aburrido, también lo era para el espadachín.

Me detuve a mitad del camino, justo bajo la sombra que proyectaba la marquesina  de una antigua edificación de madera, parecía un tipo de restaurante o bar, no es que pensara entrar ahí, además de que el no tomaba alcohol, tampoco quería estar rodeado de personas con indoles de pelea, no por ahora. Al compartir nuevamente el espacio con la peli rosada, permitiendo que la notoria diferencia de estatura volviera a encuadrar. Los orbes verde oscuro, en esa mirada  de apariencia desinteresada y cansada, descendieron hasta clavarse en sus pupilas rojizas. No había prisa en el rostro del pelinegro, simplemente  tenía su manera de ser y con ella se permitía ser más accesible.

|¿Otras mujeres?... Brooo, asumes que tengo tiempo para perder el tiempo Hmmp... | Exhalé una risa nasal, muy tenue, que apenas rompió la rigidez de mi voz gravosa. | El  gran mar de allá afuera está lleno de vasijas de carne idénticas, criaturas débiles con mentes ruidosas... ninguna de ellas posee un espíritu que valga la pena observar, y menos que intente seguir el filo de mis espadas. No confundas mi curiosidad por el mundo con la falta de criterio... Hien...|

Dharma extendió de nuevo su diestra con sutileza, rozando tenuemente  con el dorso de sus dedos la mejilla izquierda de ella; un gesto que expresaba la tranquilidad y confianza que solo Hien le hacía sentir en medio de este extravagante mundo. Al pelinegro le agradaba su actitud retadora,  esa mezcla de fiereza inquebrantable y vulnerabilidad que parecía florecer únicamente cuando estaban a solas. Para él, la existencia de Rui era la sutil y agradable excepción a su regla de indiferencia.| El talento...  siempre que hay alimentarlo y mi camino hacia el poder apenas comienza. |Reanudó la marcha, invitándola con un sutil ademán de la cabeza a seguir pegada a su brazo  mientras dejaban atrás el bullicio de los dojos circundantes.

|Así que quita esa cara de molestia, arrugar la nariz no te queda bien. Sé de un lugar con unas aguas termales bastante tranquilas en esta isla y un buen baño caliente nos ayudará a relajar los hombros... a quitarte ese cansancio de anciana lenta, Jahjahjah... A mí tampoco me vendría mal un descanso. |Ajustó sus brazos en una posición natural, estirándose un poco con lentitud y disfrutando de su propia libertad bajo la brisa de la Isla Karate. Dharma no tenía intenciones de revelarle aún el peso total del rastro de sangre que había dejado atrás con el grupo eclesiástico, ni los métodos peligrosos y poco éticos que requería su propio llamado a la conquista. Ella lo conocía a la perfección y sabía de lo bueno y lo malo de lo que él era capaz de ejecutar. Caminando a su lado rumbo a los baños termales, el espadachín experimentaba una paz que hacía meses no sentía, sabiendo que mañana, una vez que los músculos de Hien hubiesen descansado del viaje, verían qué tanto había mejorado el filo de su katana frente al suyo y como seguían sus convicciones en el camino de la espada.
Off Rol
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#7
Entonces, se detuvo de golpe cuando él frenó, justo ahí bajo la sombra de ese lugar viejo de madera. Y después, lo escuchó hablar con ese tono suyo tan parejo, sin cambiar la voz para nada, ni siquiera para reírse. Escuchar que llamaba a las demás mujeres "vasijas de carne" la hizo sentir un alivio gigante en el pecho, literal. Porque, ella pensaba exactamente lo mismo del resto de la gente, todos eran basura inservible y ruidosa. Igual, sus hombros se relajaron un montón, dejando ir toda la tensión fea y los celos asquerosos que traía encima.

"Nadie más en el mundo vale la pena, solo nosotros dos."

Y entonces, sintió sus dedos rozando su mejilla izquierda, con una suavidad que la dejó sin aire otra vez, como siempre le pasaba. El calor de su mano era demasiado adictivo para ella, y sus propios dedos dejaron de juguetear impacientemente con las cintas negras de su cabello por completo. Porque, ella odiaba que la tocaran, odiaba a todos los malditos hombres del mundo con un asco terrible, pero con él era totalmente distinto. Él era el único que tenía permitido acercarse tanto, el único dueño de su devoción y su lealtad ciega.

Nadie más puede seguir el filo de sus espadas, obvio que no, yo soy la única.

Se dejó hacer por un ratito cortito, cerrando los ojos un segundo, sintiendo cómo el corazón le latía rápido en el pecho. Pero después, él empezó a caminar de nuevo y le dijo que quitara su cara de molestia. Y lo peor de todo, se atrevió a volver a decirle anciana lenta mientras le proponía ir a unas aguas termales. Igual, la idea de meterse al agua caliente sonaba increíble para sus músculos, la verdad. Porque, el viaje fue horrible, y su cuerpo siempre disfrutaba mucho del calor de las cosas, era algo muy suyo que le relajaba la vida.

"¿Aguas termales? ¿Con él? Bueno, igual necesitamos descansar juntos."

Acomodó su paso rápido para pegarse otra vez a su brazo, casi escondiéndose en su sombra gigante, sintiendo la tela de su ropa oscura rozando la suya. Y después, lo vio estirar la espalda despacio, ese tic que él siempre hacía y que a ella le gustaba mirar de reojo. No iba a dar rodeos ni a decirle que sí de forma amable, porque ella no era de muchas palabras, nunca. Y entonces, frunció el ceño otra vez, cruzándose de brazos mientras caminaban juntos hacia las aguas termales esas, ignorando por completo a la gente patética de los dojos que los miraba.

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— Tsk... ya te dije que no soy ninguna anciana estúpida, grandísimo idiota. Jmp. — se quejó directo, apretando un poco el agarre de su propia blusa con los dedos. — Pero vamos a esas termas rápido, porque hueles a puro polvo de la calle y yo necesito quitarme la mugre de este maldito viaje de una buena vez. — sentenció al final, sin dejar de caminar pegadita a él.
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#8
Dharma no se molestó en responder a las quejas continuas de la peli-rosada. La mueca con tintes irónicos y un poco complacientes que se dibujaba en su rostro, instalada junto a la cicatriz de su boca se mantuvo como su única respuesta mientras guiaba el avance por los callejones menos transitados de la Isla Karate. Le resultaba sumamente predecible ver cómo Hien ocultaba su alivio tras esa tosca capa de hostilidad verbal; para el espadachín, aquella dinámica era un engranaje conocido y asimilado. El tiempo que tiene de conocerla, las dificultades que la vio sobre llevar y el camino que eligió al decidir encaminarse a los mares fuera de su hogar, le recordaban que aunque Hien Rui tenia una actitud muy extraña respecto al los demás, esa misma actitud era del entero agrado del espadachín. Ella siempre iba con su mente muy activa, su belleza y sus facciones más que perfectas, se empañaban de vez en cuando en ese semblante agresivo que aparecía en ocasiones. Pero de alguna manera eso mismo era de lo que mas le agradaba, su capacidad de expresarse sin miedo. El pelinegro disfrutaba del silencio que gradualmente se adueñaba de la mujer de cabellos color rosado a medida que el bullicio de los dojos principales quedaba atrás, sustituido por el siseo del viento entre los árboles que comenzaban a aparecer con mayor abundancia en dirección al camino que estaban tomando. 

El establecimiento que albergaba las aguas termales se encontraba empotrado en la base de una colina rocosa, un rincón apartado que el exmonje había localizado semanas atrás gracias a su rigurosa costumbre de analizar y explorar cada territorio, entre ver que alguna cosa extraña y también saber por donde moverse de ser necesario. El aroma a madera de cedro húmeda y el vapor espeso que se escapaba por los ventanales superiores daban la bienvenida a un espacio libre de las ruidosas e inútiles existencias que atestaban el resto de la isla. Dharma avanzó de forma lineal hacia la recepción, donde un par de expresiones sutiles y  gravosas y el peso de su reputación local bastaron para asegurar el sector más reservado, libre de cualquier interrupción mundana. | Hmm... |  Los encargados de ese lugar era una familia muy tradicional, que entendían que Dharma era un buen mal para la isla, pues gracias a eso se habían terminado algunas vandalizaciones de tipejos que intentaban figurar o cobrar a los residentes algún tipo de cuota. Como favor y por aburrimiento el oriundo de Wano había acabado con varios de esos tipos.

Con una mirada sutil se dirigía hacia el rostro y ojos de su compañera, esperando que le siguiera, al menos que ella aun estuviera anclada a su brazo, ambos seguirían continuando. Al adentrarse en la zona de los baños, el calor denso del agua mineralizada los envolvió por completo, el vapor era inmersivo disipando la ligera brisa del South Blue. El pelinegro se tomó su tiempo de forma tranquila, como casi un ritual.  Separándose un poco de su compañera de viaje, desajustó los costados de su torso con movimientos secos y medidos, quitándose así las sujeciones de cuero que sostenían sus espadas gemelas, así ahora sujetadas solo por sus hombros, tomo ambas con las manos y las recargo en una pared lo bastante alejada de la entrada, siempre al alcance de el y no de otros.  

Pasaron unos segundos y una mujer mayor con sutileza dejaba algunas toallas, mostrando reverencia y luego cerrando las puertas de esa sección de las aguas termales, las cuales por la parte de donde estaban las aguas tenían divisiones de roca bastante altas, separando así con bastante privacidad cada uno de esos espacios. El lugar era agradable, tenia acabados de madera bastante agradables a la vista, como acostumbraban a ser estos lugares, pero el paisaje que mostraba de fondo era una gran vista del cielo y la isla. El clima de ese día era sumamente agradable, la hora exacta no la tenia en cuenta pero no pasaba del medio día.

Hasta ese momento el poseedor de los orbes esmeralda, no había expresado palabra alguna, dejando igual que el ambiente fuera tranquilo, esperando que fuera la misma Hien, si ella decidía, expresar algo más. Mientras terminaba de ajustar sus pertenencias en un costado de ese lugar, sus pies se despojaron de su calzado, tocando el suelo tibio empedrado y bastante suave. Después se despojó de su camiseta negra, así permitiendo que su figura  prominente y atlética se liberada de los ropajes bajo el vaho blanquecino que ascendía de las pozas de piedra natural. Lo mismo hizo con su ropa inferior quitándola de su cuerpo y acomodándola con tranquilidad, su corpulencia y sus apitutes físicas y estéticas eran mas notorias sin la ropa, cosa que para el era normal, entonces acomodando  en ese mismo sitio su vestimenta, donde recargadas sus espadas. Dándole la espalda por unos segundos largos a Hien, el pirata se sumergió primero primero en las aguas termales, apoyando sus brazos a los costados del borde rocoso. 

Sus ojos verde oscuro, mostraban una mirada más tranquila, el agua era bastante agradable, un suspiro suave salía de él, tras eso se giraba un poco y lentamente dentro del agua, que aunque era era bastante alto y no le alcanzaban a cubrir, bajo su centro de gravedad la suficiente para que el agua rodeada sus hombros, sintiendo una gran relajación, tras mirar un poco el lugar, su mirada se dirigió hacia donde estaba la excepción a muchas cosas encarnada, en una mujer joven de rasgos muy hermosos, que a veces a el mismo le costaban ignorar, su mirada  a través de la densa niebla de vapor intentaba de forma sutil observar a la mujer, pues no sentía el deseo animal que podían sentir otros hombres por las mujeres, era otro tipo de gusto, algo mas exquisito, algo mas útil, no tenia maneras de describirlo, pero era como beber algo, algo  que solo podía beber muy de vez en cuando, que nadie mas poseía, y que en su paladar era delicioso, pero por más que pudiera haber cientos o miles de cosas más que probar, no le representaban ningún tipo de interés, mas bien, solo desprecio, pero con ella no. Sus ojos se mantenían con cierta curiosidad de verla, lo cual a el mismo le causaba cierta extrañeza, provocando ligeros murmullos para si mismo, mientras el calor comenzaba a destensar los músculos de su espalda.

| Deja de refunfuñar y entra de una vez, Hien. | Pronunció Dharma. Su voz, profunda e invariable, resonó como una orden marcial que pudiera venir de alguien tan letal como el, pero a la vez mostraba la naturalidad de su convivencia con esa mujer, la única con la que podía sentirse en paz y sin preocupación alguna. Ni por tener que cuidar de ella ni por tener que cuidarse de ella. | El  agua esta bastante agradable, creo que si me quitare el polvo que mencionaste jahjah | Sonreía suavemente mientras hacia su rostro ligeramente hacia atrás sintiendo el agua cálida en su nuca. | El viaje ya terminó... al menos por ahora... no hay ninguna bestia aquí intentando poner a prueba tu paciencia. |

El espadachín se permitiría disfrutar de la única y agradable excepción que justificaba el desvío de su atención.
| D e v i l s | N e v e r | C r y |
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#9
El camino hacia ese lugar apartado fue súper silencioso, pero a ella no le molestó para nada. Caminar a su lado sin tener que hablar era algo que su mente agradecía un montón, porque odiaba dar plática a lo tonto. Y después, cuando llegaron a esa colina rocosa y entró el olor a madera húmeda, sintió cómo el cansancio le pegaba más fuerte en las piernas. Igual, ignoró por completo a los encargados del lugar, pasando de largo sin siquiera mirarlos a la cara. Para Rui, esa gente simplemente no existía, solo importaba la espalda ancha de Dharma guiándola hacia la zona privada. — Tsk... no dejes que ninguno de esos viejos asquerosos nos siga, o los corto en pedazos. — murmuró bajito, pegada a su espalda mientras entraban.

Al fin un poco de paz lejos de todos esos simios asquerosos del pueblo.

Cuando entraron a la parte de las pozas, el vapor caliente le golpeó la cara de lleno. Se quedó parada un segundo cerca de la puerta, mirando muy atenta cómo él empezaba a quitarse las cosas. Porque, su mirada siempre lo seguía a todos lados, analizando cada detalle suyo sin poder evitarlo. Vio cómo dejó sus espadas gemelas en la pared, y luego cómo se fue quitando la ropa hasta meterse al agua con esa tranquilidad tan suya. — Siempre tan presumido, ni siquiera te importa que alguien pueda entrar. Jmp. — soltó una pequeña queja, cruzándose de brazos mientras lo miraba de arriba a abajo.

"Es el hombre más fuerte de todos, y es solo mío, de absolutamente nadie más."

Sintió un calor medio raro en la cara, que no era culpa del vapor termal, y tragó saliva despacito. Y entonces, desvió la mirada hacia el suelo empedrado por un momento, haciéndose la desinteresada, aunque su mente estaba a mil por hora. Sus manos subieron hasta su nuca y sus dedos empezaron a juguetear impacientemente con las cintas negras de su cabello, tirando de ellas hasta que su pelo rosa pastel cayó suelto y un poco enredado por su espalda. Ese tic siempre la delataba cuando estaba nerviosa o muy ansiosa.

Escuchó su voz grave rompiendo el silencio, mandándola a entrar al agua de una vez, y eso la hizo reaccionar rápido.

Dejó su katana "Hana" recargada justo al lado de las espadas de él, porque sus armas también tenían que estar juntas, siempre. Y después, se quitó la blusa blanca y el short negro con movimientos rápidos, sin ningún tipo de vergüenza frente a él. Porque, con Dharma, no existían barreras ni miedos estúpidos, su devoción era total en cuerpo y alma, él podía verla como quisiera. — Ya voy, ya voy, no me des órdenes si no quieres que te ahogue ahí mismo. — le advirtió, caminando descalza hacia él.

Caminó sintiendo la piedra tibia bajo los pies, y se metió al agua poco a poco. El calor le envolvió la piel enseguida, relajando sus músculos adoloridos por el viaje horrible que tuvo que aguantar estos meses. Soltó un suspiro bastante largo, dejándose hundir hasta que el agua le cubrió los hombros casi por completo. Porque, el calor siempre fue algo que su cuerpo disfrutaba muchísimo, sentía que le quitaba todo el frío de la soledad del mar. — Tsk... tenías razón, el agua sí está muy buena, la verdad. — admitió, cerrando los ojos por un momento.

Y entonces, se acomodó mejor contra la roca del borde, girando un poco la cabeza para mirarlo a través del humo blanco que flotaba por todos lados.

Solo somos nosotros dos al fin, como debe ser siempre.

[Imagen: c4bb21a3dfc43bc4da8e357a0371ce49.jpg]

— Y yo no estoy refunfuñando, idiota, solo estaba asegurando mi espada. Jmp. — soltó con su tono gruñón de siempre, aunque sus ojos rojos lo miraban con muchísima suavidad, sin una sola gota de odio. — Pero más te vale que el viaje de verdad haya terminado por hoy, porque si aparece una sola persona a molestarnos, te juro que le voy a arrancar la cabeza y ensuciaré toda esta agua caliente. — murmuró después, acercándose un poquito más a él por debajo del agua, dejando que el silencio cómodo y relajante regresara entre los dos.
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#10
El sonido sutil del agua desplazándose al recibir el cuerpo de ella fue el único cambio en la quietud de la poza de piedra. Dharma permaneció inmóvil, con la nuca recargada en el borde rocoso y los brazos extendidos sobre los laterales tibios del manantial. A través del vapor blanquecino que ascendía y difuminaba los contornos del lugar, sus ojos verde oscuro observaron el discurrir de Hien, que movia su estilizada figura entre el suelo humedo y calido. No había prisa en su observación, sino algo casi metódico, recordando que con ella se transformaba en un disfrute bastante relajado, libre de las precauciones ordinarias que su instinto de guerrero le imponía ante el resto del mundo. El pelinegro se deleitaba en silencio con las reacciones de su acompañante; verla asimilar el ambiente, dejando que la altivez defensiva que mostraba en las calles se diluyera bajo la densa niebla de vapor, era una de las pocas cosas que lograban despertar en él un interés genuino, una curiosidad por la propia esencia que ella poseia. Aquella mujer de cabellos color rosado pastel poseía una voluntad que él respetaba a fondo, una sutil excepción en medio de un universo plagado de existencias banales y ruidosas.

El agua termal, cargada de minerales de la colina rocosa, envolvía la corpulencia y las aptitudes físicas del pirata, permitiendo que la rigidez acumulada por semanas de algunas disputas y meses de travesía comenzara a ceder de forma paulatina. Dharma se tomó su tiempo, manteniendo su centro de gravedad sumergido lo suficiente para que el calor rozara sus hombros. Sostenía la mirada esmeralda fija en las pupilas escarlata de Hien, captando la suavidad que ella intentaba camuflar tras sus habituales quejas y su tono marcadamente gruñón. Para el oriundo de Wano, el gusto de observarla no compartía la naturaleza del deseo animal que gobernaba a los hombres ordinarios; era un deleite más exquisito, un orden estético y útil que solo florecía cuando se encontraban a solas, apartados del bullicio de los dojos tradicionales y de los tipejos que intentaban figurar en la isla.

Al verla despojarse de sus ropas y liberar el cabello largo de esas cintas negras, Dharma contempló con detenimiento su figura  y esbelta recortándose contra el reflejo del agua, su cabellera era hermosa y de una longitud que le inquietaba, no apreciaba tal belleza en nadie más, ni tampoco era alguien que vociferara sus gustos o sus intenciones. Sus facciones suaves contrastaban con la estructura de un físico fibroso y atlético como el de Dharma, ella tenia otro tipo de físico diseñado puramente para la velocidad y la agilidad de una espadachín diestra. No había en Hien la tosca fuerza bruta de los colosos del mar o de los sucios samurais, sino una simetría ligera y peligrosa hecha para la reacción inmediata. Una silueta que, incluso sumergida casi por completo bajo la pequeña neblina de vapor, manteniendo la rectitud en la espalda por la arraigada costumbre de entrenar día con día en el aislamiento, ella era tan eficaz como el, pero de una manera diferente, eso le generaba interés, mucho. Al escuchar la advertencia de ella sobre arrancar cabezas y ensuciar el agua caliente si alguien osaba interrumpirlos, la cicatriz en el flanco derecho de la boca de Dharma se tensó en una mueca complaciente, casi una sonrisa.

Los pensamientos del pelinegro siempre en activo a pesar de mostrar mucha calma y confianza, procesaban de forma tranquila lo que la mujer de cabellos rosados era, la fiereza de Hien, asimilada por él con una calma perfectamente alineada a la personalidad de la chica, que delataba lo cómodo que se sentía compartiendo ese espacio de absoluta privacidad con ella.| Este rincón está lo suficientemente aislado para que tus impulsos no tengan que limpiar la estancia, Hien. | Pronunció Dharma, y su voz, profunda e invariable, fluyó con una parsimonia que se mimetizaba con el goteo constante del manantial. | Los encargados de la colina conocen el peso de mi nombre en esta isla y valoran demasiado su tranquilidad como para enviar a un simio a interrumpirnos. Como favor y por puro aburrimiento me encargué de algunos tipejos que intentaban cobrar cuotas a los residentes, así que esta familia encargada de este lugar... sabe muy bien qué tipo de mal represento para su negocio. Además, tu katana "Hana" y las mías custodian la entrada; ninguna existencia por mas torpe que sea  tendría la audacia de dar dos pasos en esta dirección. |El espadachín deslizó sus brazos lentamente sobre el contorno empedrado, disfrutando de cada mínimo movimiento y del agua cubriendo su cuerpo y sus músculos.

De la misma manera que disfrutaba de verla ahí, tan cerca, compartiendo un mutismo que a ambos les resultaba natural y necesario tras los meses que habían pasado separados en el South Blue. Mientras ella se acomodaba contra la roca y dejaba que el calor disipara el frío de la soledad del océano, Dharma dedicó unos segundos a contemplar el reflejo difuso del cielo a través de los ventanales de madera del recinto. El clima exterior seguía siendo agradable, pero la hora exacta del día carecía de importancia dentro de ese exclusivo universo que habían construido entre la piedra y el agua.| Recuerda lo que aprendiste en Wano... no todo fue malo ahí a veces la tranquilidad solo existe en nuestro interior.| Añadió, haciendo su rostro ligeramente hacia atrás para sentir el manantial cálido en su nuca mientras esbozaba una sonrisa suave que mostró un poco de su dentadura. | En un mar donde todos van a prisa y corren detrás de un título estúpido, de la maldita marina o de alguna ideología inútil de los revolucionarios, el verdadero control radica en ejercer el poder y la libertad propia Hien... El pelinegro estiró de nuevo sus dedos bajo el agua, manteniendo la fijeza de sus ojos verdes sobre ella, complacido por la naturalidad con la que Hien Rui se expresaba sin miedos ni barreras cuando la niebla del vapor los cubría.

| Quita esa cara de molestia, arrugar la nariz no va a acelerar nada... ni te va quitar el cansancio| Concluyó el Orador, permitiendo que un suspiro suave escapara de su pecho mientras su mirada expresaba un desdén absoluto hacia el exterior de la colina, pero una total confianza hacia la mujer que tenía a su lado. |  Y ahora dime... ¿Qué tal te fue en tu travesía?. |

Había mucha calma en su voz, mientras miraba de reojo a su compañera y fiel seguidora.
| D e v i l s | N e v e r | C r y |
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