Las cosas con la nueva división parecían ir bastante bien. Éramos un grupo aún más peculiar de lo que éramos cuando partimos al Grand Line, lo cual tenía bastante mérito. Si había algo que parecía poder ser un punto de conflicto dentro del grupo, eran las personalidades de Enji y Stroud. Ambos eran grandes marines a su manera, figuras heróicas capaces de acabar con cualquier enemigo que se les cruce, adalides de la justicia que peleaban por los inocentes. Pero, desde mi punto de vista, parecían ser como el agua y el aceite. Puede que fuese el trabajo del resto de nosotros ayudar a que esos dos pudieran trabajar en armonía, o puede que acabase surgiendo sola una bonita amistad, solo el tiempo lo sabía.
Esta misma mañana, Enji, Stroud y Kael fueron a encontrarse con un destacamento de marines que había venido a recoger a los piratas que habían capturado hace un par de días. Yo, por mi parte, me quedé en la cama, ellos eran quienes habían logrado poner fin al camino de delincuencia de esos malhechores, eran ellos quienes debían ser galardonados y recibir los elogios de los superiores que vendrían a llevarse a los Sepultura.
Tumbado en mi cama, mientras miraba al cielo, empecé a pensar en aquello. —Eros Focalor… ¿Ese era el topo de Skypiea, verdad? —Yo mismo había presenciado de lo que eran capaces aquellos criminales en los juegos del emperador. Eros, su capitán, logró un gran resultado en la prueba de fuerza a pesar de su pequeño tamaño y el que faltaba por capturar, aquel hombre llamado Uker, era aquel imbécil que se puso a insultar a las buenas gentes de las gradas.
—Tengo que seguir mejorando… ¡No pienso quedarme atrás!
Dicho eso, me levanté de un salto de mi cama, listo para afrontar un nuevo día con una sonrisa. Salí del cuarto abriendo la puerta de una patada, como ya era costumbre, dejando un sonido seco en el ambiente que solo fue cortado por un saludo mañanero. —¡Buenos días! Aah, no hay nadie… Bueno. —Pensaba que para este momento mis compañeros ya habrían vuelto de sus tareas. El resto quizás seguía durmiendo. —Estos gandules… —Dije mientras chasqueaba la lengua y movía la cabeza de un lado a otro.
Para empezar la mañana con buen pie, me hice un café y agarré uno de los periódicos que había en el barco, un planazo redondo. En cuanto lo agarré, salté la portada, no me interesaban las noticias sobre el banco, menos ahora que Akira nos había endeudado. Pero lo siguiente sí me dejó brutalmente impactado.
—¡¿Ren Wansot ha sido asesinada?! Pensaba que ya estaba muerta… —
Sin dudas, el mundo de los piratas era un ciclo depravado de muerte y vísceras, algo completamente atroz. Tras leer eso, salí a la cubierta del barco, el día era agradable, no demasiado caluroso para ser verano. Al salir, mientras mis pisadas crujían al pisotear los tablones del barco, pude observar cómo los tres héroes protagonistas de los últimos acontecimientos llegaban arropados por el horizonte de esta isla carente de relieve. Extendiendo en alto mi pinza y sacudiéndola de un lado a otro, me preparé para recibirlos.
Stroud volvía hacia el Ford's Transit en silencio, junto con Enji y Kael. En su recepción con el inquietante vicealmirante Mardano había habido elogios por su labor, claro, aunque no condecoraciones ni más halagos de los estrictamente necesarios. Tampoco era importante: lo que se esperaba de un Marine era que cumpliese con su trabajo, y, en aquella ocasión, la División 30 había cumplido sobradamente. Su camino hacia el navío había sido, pese a lo que pudiese parecer, callado, inmerso en sus propios pensamientos, que revoloteaban alrededor de su mente y se enzarzaban en la misma como un gran torbellino. El vicealmirante había desvelado, en su breve encuentro, el destino trágico que había sufrido recientemente Tucrow, uno de los tres Almirantes de la Marina, y una noticia como aquella siempre era más motivo de preocupación que cualquier otro asunto. Y en Impel Down, de todos los sitios.
Su plan era llegar a bordo, meterse en su camarote y leer el último periódico del que pudiese echar mano detenidamente, y luego ya vería. Sus compañeros seguramente aún siguiesen durmiendo, o tal vez hubiesen salido a hacerse cargo de sus quehaceres. O, al menos, eso pensó hasta que vio al carismático Comandante Cangrejo Tortuga Juan Sebastián saludándolos desde la borda del Transit. Arqueó una ceja, no pudiendo evitar bosquejar una sonrisa, al tiempo que devolvía un simple saludo al gyojin. Pensó que, desde su perspectiva, los tres Marines seguramente debían llegar henchidos de orgullo y sentido de la victoria que en aquellos días se había proclamado sobre la injusticia en el Grand Line, pero el sentimiento general parecía ser otro muy distinto desde que habían recibido la noticia de boca de Mardano.
"¡Buenos días, comandante Juan Sebastián! O buenas tardes, más bien," anunció, subiendo por el tablón hasta la cubierta del barco. Prefirió no andarse con medias tintas, y fue directo al grano. "No habrá leído el periódico más reciente, ¿no? Parece que han tenido lugar algunos acontecimientos desde que estuvimos en Skypiea," dijo crípticamente, "y, si el vicealmirante Mardano no se ha equivocado... acontecimientos de bastante gravedad. Acompáñenos, ¿quiere?," inquirió, haciendo un ademán hacia la bodega, donde había visto que solían dejarse los periódicos traídos por las gaviotas del World Economy News Paper. Colocó sus manos tras su espalda, caminando hacia las escaleras que descendían hacia las profundidades del barco. "La situación es seria. Según nos acaba de decir el vicealmirante, el Almirante Tucrow ha caído en acto de servicio," dijo con seriedad. Sus palabras, monótonas como de costumbre, no reflejaron emoción alguna al decir aquello, pero debió de resultar evidente que él mismo se estremeció al dar la noticia. "Ha ocurrido algo en Impel Down. ¿Están los demás por aquí, o siguen durmiendo?," inquirió, mirando a su alrededor y arqueando una ceja con displicencia.
Terminó de bajar los peldaños que llegaban hasta la bodega, quitándose la chaqueta y sentándose con pesadez sobre uno de los viejos sofás con que habían amueblado la pequeña estancia, iluminados por la escasa luz que entraba a través de las ranuras de las escotillas y los enjaretados, así como por un puñado de pequeñas lámparas de aceite colgadas de las paredes de madera. Antes de nada, sacó su pipa, Saltfin, a modo casi ritual. La tosca talla de madera, con la forma de una orca, se iluminó momentáneamente en un instante casi ritual, mientras Stroud prendía el tabaco de su interior en silencio. Aquella era una pipa destinada a grandes ocasiones, y aquella, sin duda, lo merecía. Permitió que el humo se consolidase sobre la cazoleta antes de dar un par de caladas, y solo entonces echó mano de uno de los periódicos que reposaban en la mesa frente a él. Lo sujetó con ambas manos, mientras la pipa permanecía ceñida entre sus dientes, y lo dobló por la mitad, leyendo el primero de los titulares. 29 de verano del año 18. "El Nuevo Mundo."
Off
Resumen
Stroud llega al Ford's Transit con Enji y Kael, y saluda a Juan. Le da la noticia de Tucrow, que ha oído de manos de Mardano, y se dirige junto con los demás a la bodega, donde comienza a leer el periódico más reciente.
Karmas relevantes
Tono invariable
Karmas
negativo
3 puntos
Descripción: Tu personaje siempre habla al mismo tono y la misma intensidad, siéndole imposible alzarlo o rebajarlo más que como hace habitualmente.