17-09-2026, 09:52 PM
Año 18
Verano
Día 66 13:00
Verano
Día 66 13:00
Ya habían pasado varios días desde que había llegado a aquella isla. La recuperación iba lenta, muy lenta para lo que le hubiera gustado a Moja. Pero gracias a sus estudios de medicina sabia perfectamente que tenia guardar reposo para terminar de curar sus heridas. Cambiaba los apósitos del ojo cada día y gracias a las hierbas antibióticas que le había conseguido Kibai estaba fuera de peligro de una posible infección en el ojo. Pero el ojo no era su mayor problema, sabía perfectamente que no podría recuperar la visión de ese ojo. Lo que realmente le preocupaba a Moja era que su pierna se recuperara como es debido. Quedarse cojo podría ser peor que perder la mitad de su visión. Eso era sin duda lo que le pasaba a Moja por su cabeza aquellos días atrás.
El aburrimiento de estar parado podía con el, así que en cuanto sus compañeros se despistaron se dispuso a dar un pequeño paseo de reconocimiento. En cuanto Kibai se fue a explorar y mientras Bertram estaba ocupado con sus quehaceres, Moja no lo dudó. De su ropa aparecieron dos flechas, enrolló cada una a un antebrazo y las estiró hasta el suelo. Luego las endureció para que no perdieran la forma. Esto mismo ya había hecho en varias ocasiones y la práctica había hecho que la creación de las muletas con sus flechas fuera casi instantáneo. Apuró el paso lo pudo para salir de las inmediaciones del campamento.
Su idea era simple, dar un vuelta de reconocimiento del lugar y buscar algunas hierbas medicinales, para así no dejarle todo el trabajo al pobre de Kibai. No había sendero que le ayudara a moverse mejor, así que la caminata era lenta. Se iba ayudando con sus flechas para apartas o cortar ramas o arbustos que le impedían pasar por aquel espeso bosque. Tras una medía hora caminando llegó hasta un pequeño riachuelo. Se acercó como pudo y al poco pudo ver una roca en la que pararse a descansar. Se sentó y deshizo sus improvisadas muletas. Ya no llevaba una flecha enrollada en la pierna, pues Bertram había conseguido una par de palos bastante rectos, qué con un buen vendaje habían inmovilizado la pierna correctamente. Moja revisó que todo estaba bien apretado y las maderas no se habían movido de su lugar. Tras esto, utilizó una de las flechas que hacían de muleta y moldeándola un poco para tuviera un poco de forma cóncava, la acerco hasta el riachuelo para recoger un poco de agua fresca para beber.
Tras beber un poco de aquella agua fresca, Moja sintió como el reseco que tenía en la garganta por el esfuerzo que había realizado para llegar hasta aquel lugar desaparecía por completo. Se mantuvo quieto, descansando, observando el lugar con detenimiento. Aquel lugar era precioso, pero a su vez emitía un aura que no le dejaba estar tranquilo a Moja. Tomó otro trago de agua y desechó el resto que había sobrado, devolviéndolo al riachuelo. Se quitó el apósito del ojo con suavidad y dejó un momento la herida de la cara al aire. Mostrando su ojo convertido en una masa blanquecina sin ninguna utilidad. Aquello era una marca para que nunca se olvidara de sus errores y se esforzara el doble en lo que quería conseguir.
Limpió el apósito en aquella agua cristalina, tras estrujarlo un para para sacar la mayor parte de agua y dejarlo un poco al sol para que terminara de secarse, se lo colocó nuevamente en la herida de su cara. La humedad en el ambiente hacia que cualquier esfuerzo costara el doble, haciéndolo sudar. Por suerte aquel trago de agua había conseguido asentarle el estomago un poco, lo justo para retomar el camino de vuelta. Con la idea en mente de dar un pequeño rodeo buscando alguna planta medicinal. No quería desaparecer mucho tiempo, pues, no quería tener que aguantar la chapa de Kibai y Bertram por haber salido sin avisarles.
En cuanto hubo descansado lo suficiente, rehízo sus muletas moldeando nuevamente sus flechas y se puso de pie con un movimiento torpe, pero casi automático de tanto hacer últimamente. Al levantarse se ajustó la férula que llevaba para que no se moviera. Cruzó el riachuelo de un salto con su única pierna buena, para dar el rodeo que tenía en mente. El sol pegaba con fuerza en aquel riachuelo, pero al dejarlo atrás, la penumbra del bosque lo envolvió por completo.
Comenzó a avanzar, utilizando sus flechas como machetes para apatar o cortar las ramas y la maleza nuevamente. No fue hasta que había avanzado unos cincuenta metros por entre aquellos matorrales cuando de pronto el suelo bajo la punta de su muleta izquierda no devolvió el sonido que debiera. Esta vez el golpe con el cuelo sonó como si hubiera golpeado algo hueco. Bajó la mirada al suelo y la punta de la muleta quito la gruesa capa de musgo y hojas, dejando al descubierto un extraño bloque de piedra tallada. Aquello no era algo natural, sin dudarlo era algo que había sido hecho por el hombre, pero que había sido abandonado hacia ya muchos siglos.
Buscó entre aquella extraña roca una forma de entrar, apartando vegetación por doquier. Cuando hubo avanzado unos diez pasos, entre la maleza se levantaba, lo que a simple vista parecía una loma de tierra y piedras. Pero al mirarlo detenimiento Moja pudo ver la forma de como si fuera un antiguo puesto de guardia. Tras estó pudo identificar lo que parecía una fachada de algún tipo de edificio con lo que parecía el hueco donde antes habría una puerta, pero, que actualmente, estaba cubierta de rocas.
Moja se acercó al lugar y utilizando sus flechas como extremidades, golpeó aquellas rocas, hasta abrir un hueco lo suficientemente grande para pasar él, eso si, sin tener que agacharse apenas. Sabia que meterse en aquel lugar en su estado podría llegar a ser peligroso. Pero quien se puede resistir a mirar aunque sea un poco unas ruinas antiguas. Sin pensarlo mucho se adentró en aquel lugar. De pronto sintió un olor y sabor a hierro oxidado, el cual inundaba aquel lugar. A los ojos de Moja, debía de haber estado aquel lugar abandonado durante mas de cincuenta años o al menos esa había sido la deducción de la pantera, la cual había sacado sin conocimiento alguno.
La primera habitación, nada más entrar, era rectangular. Aquella estancia no debía de medir mas de seis metros de largo, el suelo ya no era tierra, sino que estaba cubierto por unas baldosas. Las cuales ya estaban desgastadas del paso del tiempo y la lluvia. Moja alzó la vista y pudo vislumbrar un par de agujeros en el techo, por el cual habría entrado el agua en aquel lugar. Al fondo del pedestal, pudo observar un pedestal y encima de este había una caja de madera, la cual se encontraba en completa ruina.
Se acercó lentamente hacia la caja para echar un vistazo mas de cerca. En cuanto estuvo lo suficientemente cerca, al apoyar una de sus muletas un sonido retumbó por toda la sala.
¡CLACK-CLACK!
Era un sonido de engranajes encajando. A Moja no le dio tiempo a reaccionar, cuando unas roca gigante cayó sobre la puerta, bloqueándola por completó. El marine intentó moverse rápido hacia la puerta, pero sin darse cuenta apoyó por un instante el pie derecho en el suelo. Aquel gesto hizo que Moja sintiera un casi idéntico al momento en el que Kibai le colocó los huesos de la pierna en su lugar.
-!AAAAH¡- gritó el marine de dolor -Maldita sea…-
Pero no hubo tiempo de recuperarse del solor, a sus oídos llegó el sonido metálico de nuevo.
¡CLACK-CLACK!
Otro mecanismo se había activado, Moja se apresuró a observar el lugar. Gracias a su visión felina pudo ver un mecanismo entre las vigas del techo. Tres grandes rocas de granito colgaban del techo de unas oxidadas cadenas. A su izquierda había un contrapeso que se iba llenando con arena poco a poco. Sin duda, en cuanto se llene esas cadenas se romperían y dejaran caer las enormes rocas, aplastándolo todo a su paso. Aquello no era buena señal, debía de salir de allí cuanto antes si no quería acabar como un puré de marine.
Se acercó al pedestal buscado una palanca o algo que le sirviera para detener aquello. Pero no encontró absolutamente nada, no había nada que tuviera pinta de botón o palanca. De tanto forzar su ojo izquierdo sintió un leve mareo, aun no estaba acostumbrado a ver con un solo ojo. Así que se tomó un pequeño instante en aquella situación, cerró el ojo y se dejó apoyar levemente contra la pared.
¡CLACK-CLACK!
Sonó nuevamente, esta vez la pared detrás de el se abrió, dejándolo caer contra el suelo de culo, golpeándose contra el suelo con todo su peso.
-Mierda- susurró esta vez
El golpe no le había hecho daño, pero se había llevado un buen susto al caer hacia atrás. Abrió nuevamente su ojo izquierdo y pudo vislumbrar que se encontraba en una especie de pasadizo. Lo suficientemente ancho y alto para entrar una persona de estatura media, bueno un mink en este caso. A Moja no le dio tiempo a ponerse de pie cuando de pronto un sonido seco inundo el lugar de nuevo
¡CLACK!
Al poco un estruendo inundó el lugar, dejando medio sordo al marine y una nube polvo se levantó por aquel estrecho lugar. Moja se tapó la boca rápidamente para no respirar todo aquel polvo y en cuanto este se empezó a posar de nuevo el suelo levantó la mirada hacia la habitación donde se encontraba hasta hacia unos instantes. Las rocas del techo habían caído contra el suelo, provocando que este cediera. Al mirar hacia abajo Moja pudo ver claramente que si las rocas no lo aplastaban habría acabado ensartado en alguna de las estacas metálicas que se apreciaban aun.
*Uff, de la que me he librado* pensó el marine. *Un poco más y no lo cuento*
Moja se giró como pudo torpemente, asegurando de no caerse y observó el largo pasillo que tenía delante de él, no conseguía ver el final. Ahora no le quedaba mas que adentrarse en ese largo pasillo, pues la opción de volver por donde había entrado estaba totalmente descartada. Empezó a moverse lentamente, muy despacio, se fijaba muy bien en el suelo y las paredes. No quería activar otra trampa como la que había estado a punto de acabar con una de sus siete vidas.
Hubo momentos en el que aquel pasadizo descendía, luego volvía a subir, giros tanto hacia la derecha como hacia la izquierda, tantos que podría hacer perderse hasta la persona con mejor orientación del vasto mundo. Moja ya había perdido la noción del tiempo. No sabía se llevaba allí unos minutos o unas horas. Hasta que de pronto, en uno de los giros pudo ver unos rayos de luz del sol. Algo que, sin duda, indicaba el final de aquel largo pasadizo. Moja se acerco hasta esos rayos de luz, saco un par de flechas más y las hizo mover y golpear las rocas para dejar el espacio suficiente para poder salir.
El marine salió por el hueco que había abierto a duras penas y una vez fuera se dio cuenta de que el sol estaba por ponerse, por lo que calculó que había pasado en aquel túnel un mínimo de cuatro o cinco horas. Alzó la vista y pudo ver que estaba a escasos seis metros de la puerta, ahora tapada, por la que había entrado. Tenía todo el uniforme lleno de polvo, así que se sacudió un poco y emprendió la vuelta a la mayor velocidad que podía. Ahora lo que le preocupaba era más bien como iba a explicarle a sus compañeros el por qué se había ido sin avisar y por qué había tardado tanto en volver. Por esto, sin duda, a Moja le caería una buena bronca de sus compañeros, algo que no olvidaría en un buen tiempo.
Información
*Pienso* -Hablo- Narro
![[Imagen: 5IZMHzN.jpeg]](https://i.imgur.com/5IZMHzN.jpeg)
