Una pizquita de grandeza [Social ♦ Pasado]
#1
Capitulo 29: Una pizquita de grandeza
Lugar: Reino de roshwan, Cuartel
Fecha: 54 de verano, año 18
Hora: 11:40 AM


Hacía cuatro días que habíamos llegado a este reino tan helado, y debía admitir que todavía no lograba acostumbrarme del todo a este clima tan drástico. El frío parecía meterse hasta los huesos, y para alguien como yo que nunca había considerado llevar más de cuatro prendas encima, aquello era casi una tortura para. Sin embargo no tenía demasiadas opciones, mi uniforme se encontraba cubierto por un grueso abrigo, llevaba el sombrero bien asegurado sobre la cabeza y unas botas especialmente preparadas para soportar la nieve y las bajas temperaturas. Durante aquellos días me había cruzado con toda clase de personas. Algunas eran mezquinas y desagradables, otras se mostraban bastante gentiles, mientras que también estaban aquellas que preferían mantenerse al margen y evitar cualquier problema. Era curioso observar cómo cada persona parecía tener su propia manera de sobrevivir en aquel lugar, Por suerte, después de varios días moviéndome por aquellas tierras, finalmente había conseguido llegar al sitio al que necesitaba dirigirme: el cuartel de la marina.

Junto con la división, nos presentamos con nuestros superiores. La bienvenida no fue nada extraordinario por lo que no había mucho que contar, sin embargo al presentar la carta con dichas instrucciones, comente el motivo por el cual estábamos en este lugar. Nuestra estancia sería corta pero debíamos cumplir con ciertas obligaciones militares, estábamos preparados para dar lo mejor de nosotros, separándome de mi grupo, ahora mi prioridad era encontrar el nuevo elemento que se unirá a nuestra división, como su capitana debía conocerlo primero antes de integrarlo con los demás. Por esa misma razón me encontraba caminando entre los pasillos de aquel inmenso lugar, llevando conmigo mi sombrilla morada en la diestra casi reposando contra mi hombro, con un movimiento de cadera que parecia que estuviera bailando. Realmente me sentia algo aburrida tratando de buscar a alguien que no sabia como se miraba realmente, ahora me encontraba distraida...caminando en esos pasillos silenciosos.

Ventanas cubiertas de nieve simulando la creación de hombres de nieves o mejor dicho, soldados de nieves. No habían muchos soldados por la zona, quizás estaban entretenidos con los nuevos elementos que llegaron, especialmente con aquel gigante que mide más de veinte metros —¿Dónde está el comedor?--- me cuestioné a medida que seguía caminando, lo único que sabía del nuevo recluta, eran dos cosas: su nombre Pizz Kitta y cabello pelirrojo. Había algo más en el documento pero ciertamente no me permitieron leerlo detalladamente, parecían estar nerviosos por alguna razón, ¿Acaso había algo especial en ese soldado? , no se porque…pero parecían querer deshacerse de él, no se…es lo que creía.

Continué caminando por los pasillos del cuartel, tratando de reconocer algún lugar que me resultara familiar o que me indique que estuviera cerca de mi cometido, aunque cada esquina parecía llevarme a un sitio completamente distinto. Después de unos minutos, finalmente encontré una pequeña recepción ubicada justo frente a una inmensa puerta de madera. El lugar era bastante amplio y silencioso, y sobre aquella puerta había un pequeño letrero que indicaba claramente: Sala de Entrenamiento. Me quedé observándolo durante unos segundos intentando recordar en qué momento había terminado en este lugar. No tardé demasiado en llegar a una conclusión bastante obvia —Genial… me he perdido… —murmuré, resignándome mientras dejaba escapar un suspiro pesado. No tenía sentido seguir caminando sin saber hacia dónde iba, así que terminé tomando asiento en una de las bancas colocadas a los laterales de la enorme puerta. Apoyé la espalda y dejé caer ligeramente los hombros, sintiendo cómo el cansancio comenzaba a hacerse notar después de tanto andar. Finalmente, me quité el abrigo y lo dejé sobre mis piernas, seguido del sombrero, acomodándolo con cuidado a un lado. El frío seguía presente y podía sentirlo sobre mi piel, pero, sinceramente, en ese momento me molestaba mucho más estar perdida que las bajas temperaturas —Esto es irritante… —murmuré entre dientes, cruzándome de brazos mientras dirigía la mirada nuevamente hacia aquella enorme puerta, esperando que alguien apareciera, quizas tenia suerte y le preguntaria en que dirección estaba el gran comedor.

Pizz Kitta, ¿Que clase de soldado eres? – murmuré casi a una voz audible, aprovechando que estaba sola en ese lugar desolado, simplemente estaba  la puerta, las bancas y unas macetas con pequeños…¿pinos?, como sea, estaria ahi unos segundos mas antes de partir.

Vestimenta

Karmas
Pensamiento • Dialogo • Cronologia
[Imagen: firmakagura.gif]
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#2
Un buen gimnasio militar en Roshwan no es nada si no cuenta con un sauna decente, el frío de esta isla se te mete tan hondo en las articulaciones que sudar un poco después del entrenamiento físico es prácticamente obligatorio para no quedar tieso.

Lo que no cuentan de un sauna, y sobre todo de un sauna lleno de hombres jovenes, es la cantidad de bromas que podrian haber en un espacio que se supone es para relajarse. Y si soportar bromas ya es pesado, ahora imaginatelo bajo el pesado vapor de esa sauna. No soporté ni un segundo más. La paciencia se me agotó por completo cuando volvieron a soltar ese estúpido apodo que se inventaron en los vestuarios: "El burro", volvio a resonar en la sauna y comenzaron a molestarme para lo muestre ¿Mostrar el que? Si yo no sabia que tenia que tenia que mostrar, Los burros tienen orejas largas y puntiagudas, mis orejas eran chiquititas y redondas, no entendia por que me decian burro.

Empujé la puerta batiente del sauna desde abajo con un empujón desesperado. La madera se abrió de par en par con un portazo que retumbó por todo el pasillo silencioso de la recepción, y salí disparado hacia el suelo de piedra fría a toda velocidad, dejando atrás una densa estela de vapor caliente. Iba completamente empapado en sudor de pies a cabeza, con los mechones rojizos pegados a la cara y vistiendo únicamente una pequeña toalla blanca doblada y atada a la cintura. Tenía que sostener el nudo con una mano para que no se me cayera en plena carrera, avanzando a zancadas diminutas pero increíblemente rápidas.

—¡Oi! ¡DEJENME EN PAZ PESADOS! ¡LOS VOS A REPORTAR POR ACOSO!— Les chillé con pura rabia infantil, girando la cabeza hacia atrás mientras corría despavorido.

Justo en ese momento, tres marines corpulentos asomaron sus cabezas por la puerta del sauna, completamente rojos por el vapor y estallando en carcajadas que rompían la tranquilidad del lugar.

—¡Dale, Burro!— Se burló uno de ellos entre risas escandalosas. —¡Solo queríamos comprobar si los rumores del cuartel eran ciertos!—

Por venir mirando hacia atrás gritando, no vi lo que tenia adelante de mi. Al girar la cabeza hacia el frente, descubrí que iba en línea recta hacia las bancas. Y sentada allí, con el abrigo a un lado y una sombrilla morada apoyada, había una mujer que jamás había visto en la base observando toda la escena.

Traté de clavar los talones para frenar en seco, pero mis pies descalzos y mojados resbalaron sobre las baldosas pulidas. Patiné casi medio metro sin control y terminé cayendo de culo sobre la piedra, dejando una estela de sudor ¿anal? marcada en el piso frenando en seco contra una de sus botas. Me quedé completamente paralizado en el suelo, jadeando por el esfuerzo, cubierto de sudor, en toalla y con la cara ardiendo de vergüenza absoluta al percatarme de la ridículez en la que estaba envuelto.

Karmas
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#3
Mientras me disponía a quitarme la última prenda, terminé sentándome en la banca, cruzando los brazos y las piernas mientras el tacón de mi zapato resonaba contra el suelo, marcando un ritmo nervioso en aquel frío pasillo. Intentaba ignorar la sensación helada que se colaba por mi piel, aunque mi mente estaba demasiado ocupada con aquel asunto —Pizz Kitta… Pizz Kiita… Pizz… Kitta…— Repetí su nombre una y otra vez, intentando reconstruir en mi cabeza el expediente del soldado. Por mérito o reputación, no parecía destacar demasiado… o al menos eso era lo que recordaba del informe. Todo aquel asunto comenzaba a darme mala espina. ¿Por qué? … No quería adelantarme a los hechos, pero algo me decía que aquel soldado debía tener alguna particularidad, ¿Acaso sería ciego? ¿Mudo? ¿Sería otro gigante? , Sacudí la cabeza ante aquella última posibilidad, ciertamente tener que lidiar con otro gigante dentro de la división era precisamente lo que menos necesitaba ahora. Solté un suspiro tras fruncir ligeramente el ceño.

Ante el silencio de mis propios pensamientos, la puerta de aquel salón se abrió de pronto, dejando paso a lo que fuera que se encontrara detrás de ella. Mi atención se desvió inmediatamente hacia la entrada, desconcertada al no encontrar ninguna silueta atravesándola, perpleja ante el movimiento abrupto, fue entonces que una escena bastante alborotada comenzó a bailar delante de mi, entre risas, reclamos y quejas, varias voces se mezclaban en un caos que me hizo pestañear un par de veces, tratando de seguir la secuencia de esa historia, estaba  intentando comprender qué demonios estaba sucediendo. Hasta que me di cuenta que algo totalmente pequeño se movió entre aquel alboroto. Entrecerrando los ojos y fijando la mirada en el suelo, una pequeña bola de pelos avanzaba directamente hacia mí, acercándose a toda velocidad sin poder frenar —¿Pero qué…? — Me quedé inmóvil pues todo estaba sucediendo demasiado rápido, siguiendo aquella extraña criatura con la mirada mientras se aproximaba peligrosamente a mis pies. Por alguna razón, tuve el presentimiento de que aquello estaba a punto de convertirse en otro problema más.

Cuando finalmente impactó contra mi bota, me levanté de golpe mirando fijamente aquella bola de pelos que había osado acercarse tanto. Un escalofrío recorrió mi cuerpo al imaginar lo peor…¿acaso era una rata?, Sin pensarlo demasiado, levanté el talón, dispuesta a aplastar aquella pisquita de cochinada —¿Pisquita…? — La palabra cruzó mi mente justo antes de que mi talón rozara la cabeza de aquella criatura. Pestañeé, deteniendo el movimiento al instante, algo parecia querer encajar de golpe. Aparté el pie lentamente y, con cierta desconfianza, observé desde arriba a aquel pequeño intruso, guiada por una corazonada me incliné un poco para verlo con mayor claridad. Pestañeé nuevamente, efectivamente no era una rata. Mi expresión cambió por completo mientras intentaba descubrir qué demonios tenía frente a mí. Aquella pequeña bola de pelos parecía ser mucho más extraña de lo que había imaginado.

Sin perder mas el tiempo, extendi mi mano para agarrar aquella cola esponjosa y con ello elevarlo a la altura de mi rostro, observando a detalle sus facciones, sus orejas, nariz, pestañee varias veces totalmente incredula –¿Un duende?--- pregunte para mi misma mientras llevaba mi otra mano hacia mi boca, como si estuviera pensando y analizando, era realmente diminuto, ¿Era parte de la marina? ¿Porque habia salido de ese salon?...acaso él era…sorprendida…solte lo primero que vino a mi mente…–Pizz Kiitta…
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