⌈ El camino es uno — Kisuke ☪ Entrenamiento, Presente Relativo ⌋
#1
⌈ Día 29 en Primavera
  Año 17
  con Kisuke ⌋


Llamó a Berry.

Un grito, un llamado de atención repentino que arrojó de una pesadilla que tuvo en el camarote correspondiente dentro del Gran Prix de los Toros Negros. Había oscuridad, tensión, miedo e incertidumbre en una mescolanza de emociones negativas que no mermaban por más que intentase detenerlas. Fue un sueño espantoso, horroroso; una pérdida, un dolor más. No quería que fuese real, no sabía si era una mera coincidencia o tal vez una corazonada... por que últimamente compartía los días en su habitación tan solamente con su serpiente blanca de confianza, Carmen. La reptil estaba enroscada a una prudente distancia de la rubia, preparada; vigilando que no hubiese nada extraño en el perímetro y por supuesto, la espinilla en el corazón de Shirohime, la dama de blanco, no cesaba. Tanto fue así que despertó repentinamente y gritó, gritó el nombre de esa mujer tan fuerte, esperando que... deseando que ella repentinamente aparezca, que vuelva de su misteriosa ausencia y por una vez más; tener la oportunidad de oír, de escuchar una vez más esa voz. Berry, la vulpina negra, la mujer con un aire tan excéntrico pero que ahora, no estaba presente.

Sin embargo, eso no podía frenarla. Al salir no tomó su arma característica porque ese no iba a ser el propósito de hoy: Los entrenamientos tenían que seguir, la aventura no podía detenerse por mucho que lo deseara el tiempo. El gran líder, Kisuke, estaba deseando seguramente compartir otro rato con ella pero no iría así sin más, con la cabeza llena de ideas extrañas. Tuvo que vestirse con un conjunto de pieza interior bordó, como iba a ser costumbre ahora en adelante: unos zapatos negros de tacón y el manto de los Toros Negros. Su cabello, ahora semi-recogido con un moño en la parte trasera iba a ser el día a día. Su nuevo estilo como recluta oficial y parte del "Nuevo Mundo", la Shirohime de los Blues debió haberse quedado atrás y era ahora el tiempo de demostrarlo: Con un cambio de aires. Un look fresco que demuestre que estaba lista y plena para darlo todo por esta causa sin descuidar claro, su belleza.

Ella era a sus ojos, la mujer más hermosa de todas y no podía descuidarlo. No podía ceder esa "corona", ¿ser la mejor esgrimista? No era eso lo que su corazón deseaba sino más bien, arrasar en el concurso de belleza mundial y vencer a las damas y a los caballeros. Ella, Shirohime, era y será la más bella; y debía demostrarlo. Así que su aspecto era primero.

Su destino: El baño, aguardaba para poder ser utilizado con el fin de usar cremas humectantes en cada una de las zonas de su rostro, las mezclas que no podía abandonar por mucho que algunos lo deseasen. Se masajeaba con cuidado el rostro: despacio, en círculos, se tomó su tiempo y cuando estuvo preparada para salir, no sin antes enjuagarse bien el rostro y por supuesto, ponerse algo de rubor en las mejillas. El dinero que tenía lo usaba por y para exclusivamente su cuidado físico personal en la mayoría de las ocasiones y cualquiera que la conociera bien diría que es una maniática en ese aspecto, pero su corona era su corona y no pensaba cederla ni muerta. No hay ninguna mujer que opaque su belleza; puede aceptar un hombre que sea un igual, incluso un chico que parezca chica, ¿pero una dama? Jamás. Su puesto era suyo y exclusivamente suyo. Ese número uno era de ella y aunque no fuese la más fuerte aún, desde siempre fue la más hermosa.

Ahora debió caminar y salir.

Prepararse mentalmente. Pensar qué tipo de entrenamiento vendría ahora. Kisuke estaría listo, aún no llega a verlo, pero sigue avanzando en busca del Gran Líder.

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#2

En un lugar de Mogaro, de cuyo nombre no quiero acordarme, vivía un comandante revolucionario de los de katanas en la cintura y cigarrillo colgado de la boca. Kisuke Kageyama, Gran Líder y Comandante de los Ejércitos del West Blue de la Armada Revolucionaria, se levantó con su típico ritual matutino. Desayuno rápido y contundente, con bien de proteína y carbohidratos; paso por el trono de los hombres, para su visita diaria y, después, aseo meticuloso, que, en aquella mañana incluyó arreglarse torpemente la barba de una semana que tenía. Una vez evaluó el resultado frente al espejo, se dio cuenta de que sus ojos le devolvieron una mirada triste desde el otro lado que le reflejaba.

"¿Dónde coño se habrá metido esa lunática?"

Llevaban semanas sin saber nada de Berry. De repente un día desapareció y no volvieron a saber de ella, ni se había vuelto a dejar ver por toda la isla. Kisuke sabía que, a pesar de ser una mujer muy excéntrica, era capaz de pasar desapercibida si la situación lo requería. El antiguo pescador no tenía idea de que pasaba por la cabeza de aquella mujer, y, por lo tanto, no era capaz de entender que motivos podía tener para largarse de allí sin decir nada a nadie, ni siquiera a la pobre Shirohime, con quien tenía una relación más estrecha, y se le notaba a la chiquilla bastante decaída en los últimos días. Después de lo de Dean, aquello era como una bofetada a mano abierta en el invierno a menos de 5ºC. Kisuke maldecía la mala suerte que parecía acompañar a su escuadrón. Aún así mantenía la esperanza de que algún día apareciese como si no hubiese pasado nada, como solía ser habitual en ella.

"La vida sigue... Hay que volcarse en los cachorros que nos quedan..."

A pesar de que era algo que le afectaba, más aún a nivel personal siendo el máximo responsable del escuadrón, Kisuke era perfectamente consciente de que tenía que seguir mirando adelante, fortaleciéndose él mismo y sus compañeros para afrontar aquel objetivo máximo de la Armada Revolucionaria. La opresión, los abusos de poder y la corrupción, no iban a desvanecerse sin luchar, por lo que tenían que crecer a nivel bélico, y era su responsabilidad que su escuadrón cumpliese los objetivos que le marcase su líder suprema Elizabeth D Kaiten. Recogió sus katanas que estaban apoyadas contra la pared, y se las puso en la cintura con la configuración habitual, Yamigiri en la cadera izquierda y Onikiba y Sode no Shirayuki en la cadera derecha, anudándose el manto de los toros negros y cerrando la puerta de su cuarto/despacho.

"Vamos a ver que cara trae hoy la señorita pajaritos..."

Shirohime era una muchacha muy peculiar. Era preciosa, y ella lo sabía, por eso se cuidaba tanto a nivel estético, pero estaba como un cencerro. Aún no terminaba de entender del todo ese carácter de la chiquilla pero lo que si podía ver era que su mente y su cuerpo estaban bien entrenados. Evidentemente, le faltaba un mundo todavía, pero el potencial estaba ahí. Tenía una mente aguda y ágil durante la batalla y su cuerpo se movía apropiadamente para alguien de su edad y experiencia, además, había demostrado muy buenas habilidades como tiradora. Añadiéndole a eso, como no podía ser de otra manera, el poder brutal de una akuma no mi del tipo logia, la hie hie no mi. Además, unido eso a su mente versátil e imaginativa, podía generar muchas situaciones imprevisibles, y eso era muy valioso en una batalla.

"Ni cotiza que esta chica tiene la capacidad de convertirse en un auténtico monstruo más allá de Panda y de mi mismo... kuhahahaha....

Se encaminó con paso tranquilo, mientras fumaba su segundo cigarrillo matutino (el primero era de obligatoriedad fumárselo en el trono) con la mano izquierda apoyada en la empuñadura de Yamigiri, hacia el campo de entrenamiento habitual. Kisuke llevaba varios días pensando que si quería tener la misma sinergia con Shirohime y con el propio Kelvin, tendría que interactuar más con ellos, dentro de lo que sus obligaciones de rango se lo permitiesen, para conocerlos bien y poder entenderlos. Aquello era crucial en el transcurso de una batalla por lo que estaba subiendo muchos puestos esta cuestión en la lista de prioridades del antiguo pescador. Panda estaba muy activo en el entrenamiento de los cachorros, puesto que él, aunque entrenaba con ellos cuando podía, no siempre disponía del tiempo necesario para enseñarles apropiadamente. Sabía, no obstante, que con el úrsido estaban en buenas zarpas, aunque en ocasiones se dejase llevar en exceso.

"El cabrón del Peluche los va a dejar bien curtiditos... kuhahahaha..."

Tras veinte minutos de paseo matutino, en los que se detuvo en un par de ocasiones a saludar a gente, dar alguna instrucción a algunos soldados y ánimo a los trabajadores del astillero, por el que tenía que pasar para ir al campo de entrenamiento, llegó al lugar indicado y se cruzó de brazos, apurando otro cigarrillo más mientras aguardaba la llegada de la joven revolucionaria, que no tardó en aparecer a lo lejos. Cuando llegó a donde estaba él, le saludó con su media sonrisa habitual.

-Buenos días, pajarito... Espero que estés lista porque tenemos mucho trabajo por delante... Estoy deseando ver cuanto has mejorado desde la última vez... kuhahahaha...

Un día más, un nuevo entrenamiento. Los Toros Negros miraban hacia adelante.

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#3
— Muuuy buenos días, mi queridísimo gran Líder, como siempre, yooo, estoy más que lista para el entrenamiento diario. Aaaah. ~ —, finalizó la oración con un suspiro mientras hizo una ligera elongación de brazos hacia arriba, aprovechando la ocasión para mirar al cielo por unos instantes. Aquel día estaba despejado y sin ninguna nubosidad destacable, por ahora se puede alegar y decir que era idóneo para ejercer algo de entrenamiento a sus musculos, los cuales a pesar de ser delicados y bellos, debían ser potentes como la cascada en la que un pez subió hasta convertirse en dragón. Pero ella, más que simplemente limitarse a fantasías de dragones, deseaba "ascender" y llevar sus habilidades con la fruta al nuevo nivel y que mejor compañero para ello que uno de los grandes líderes de la revolución y el hombre con la responsabilidad de tenerla bajo su ala; Kisuke, aquel que, a pesar de lo imponente que podía llegar a parecer se trataba de una persona fiable y con la que no se debe tener problemas. A ella, le gustaba la forma de ser de su superior porque no se iba con rodeos: Y del mismo modo que ella, parecía tener poca paciencia ante los vuelos y vueltas para solamente decir un cómo estás. Eso es lo que ella pensaba y opinaba por dentro de su superior.

— Ru-ha. Hoooy, había pensado que podíamos entrenar y llevar a un nivel más allá las habilidades con la Akuma no Mi, ese poder tan extravagante que tantos de nosotros albergamos en nuestra masa corporaal. ~ —, la última analogía, extraña tal vez, se refería a que tenían dentro de sí mismos el poder o la fuerza de un demonio del mar, pero a Shirohime, le encantaba expresarse de esa forma tan peculiar. Colocó su mano diestra sobre su cadera y la libre fue a parar a su mentón, con dos dedos apoyándose en su barbilla y de ese modo miró con confianza y convicción, deseos de ganar y de superarse a sí misma, al hombre de la revolución frente a ella, — Mi queridísimo Kisuke, ¡sigamos entrenando hasta el día en que el diamante brille como la luz de la luna! Como la esperanzas y los sueños, ¡como el rayo de la voluntad de tanta gente que cae como una tormenta de espíritus ardientes sobre la opresión! —, ahora mismo, sus palabras, su oratoria mostraba convicción mientras acompañaba cada expresión suya con movimientos de manos y variadas expresiones sutilmente exageradas con el fin de otorgar dramatismo.

— ¡Es la hora, ru-ha! —. La sentencia cayó, las agujas del reloj se movían en un pequeño baile que dictaba el destino que les amparaba bajo la gran líder suprema, Elizabeth D. Kaiten, cuya presencia era palpable y aunque no recuerde bien su cara: Si lo hace con su voz, pero ahora el asunto no se trataba de semejante dama de armas tomar, sino de ella, de Shirohime y el potencial que ella deseaba desbloquear. Pero para eso necesitaba ayuda y por eso no tardó y no pensó demasiado en comenzar a moverse de un lado y al otro, a la izquierda y a la derecha, como si practicase pasos de baile para un ensayo.

— Tap, tap, tap, taap. Ru-ha. ~ ¡Bailemos, Kisuke, mi queridísimo gran líder! —, sin esperar demasiado lanzó una patada en dirección a ella con su pie de puntillas y del dedo pulgar de su pie izquierdo fue disparada su técnica que hasta ahora servía como su principal carta de defensa, pero necesitaba más que eso, — ¡¡BALLE GLACE, RUUU-HA!! —, la dama de blanco y cabellera rubia tenía algo de impredecible en su accionar para aquellos que no la conozcan bien; aunque parecía y daba la impresión de ponerse a bailar y dejar el entrenamiento a un lado ese nunca fue el caso. Tenía en la cabeza perfeccionar sus habilidades todo el tiempo, pero alguien como ella no podía tener un entrenamiento tan soso; no, este debía ser dinámico y divertido para demostrar el verdadero y gran potencial que ella tenía dentro de sí. Su corazón, ahora inundado de adrenalina y esa sensación de felicidad, estaba acompañado de una ligera y sutil, suave sonrisa de lado con un guiño utilizando el ojo izquierdo, — Hagámoslo al máximo y con tooodo lo que podamos. —

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#4


Kisuke sonrió ante el grandilocuente saludo de la muchacha, como era habitual en ella y pensó por un instante en la gran fuerza de voluntad y deseos de mejorar que tenía la chiquilla, puesto que, pese a la dureza de los entrenamientos tanto de Panda como de él mismo, no se había amedrentado ni un poco y tenía la misma resolución que el día que le propusieron unirse al escuadrón de los Toros Negros. Sin duda, aquella chica mostraba entre tanta pomposidad y fantasías, una convicción férrea y un espíritu inquebrantable, lo que a la larga se traduciría en la conversión de la joven en un valor importante para la Armada Revolucionaria.

-Así me gusta, pajarito... Es buena esa resolución, pero ha llegado el momento de que batas tus alas y empieces a volar...

Necesitaba que aquella muchacha mejorase, tenía los mimbres, de eso no había duda, pero aún estaba lejos de lo que las exigencias del Nuevo Mundo requerían, por lo que tenían que forjar una poderosa guerrera antes de seguir con su cometido. Kisuke no tenía dudas de que lo iban a lograr, pero el tiempo apremiaba y la revolución no esperaba a nadie; la opresión y la tiranía del Gobierno Mundial no se toman descanso alguno por lo que todo lo que hiciesen debía ser productivo, a corto o largo plazo, pero no podían perder el tiempo.

"Veamos con que me sorprende..."

Y Shirohime no tardó en empezar a moverse, pero no directamente hacia él, lo cual era lógico teniendo en cuenta su estilo de pelea, si no que se movía lateralmente con gracia, de manera rítmica, casi como si bailase, lo que se confirmó con sus palabras, invitando a Kisuke a "bailar". Cuando hizo esto, haciendo un movimiento con una de sus piernas lanzó una esquirla de hielo desde sus pies, como una bala de hielo. Kisuke sonrió ante aquella muestra de habilidad controlando su poder de Akuma no mi, puesto que había integrado aquella técnica propia en una especie de danza. No cabía duda que la muchacha era original y le gustaba explotar el factor sorpresa. Sin embargo, para Kisuke era fácil detectar un movimiento así y con un rápido movimiento de su antebrazo, que imbuyó en haki armamento, desvió la bala de hielo. Gracias al armamento no recibió daño alguno, simplemente sintió el impacto de la bala, pero este generó una explosión de hielo que rápidamente hizo descender la temperatura en torno al antiguo pescador. Kisuke sonrió al sentir el efecto del hielo glacial de la joven. Podía sentir sus músculos ligeramente agarrotados por ese frío gélido. Estaba claro que era más conveniente esquivar los ataques de la joven que bloquearlos o recibirlos; sin duda su poder de usuaria iba a ser terrorífico cuando la joven aprendiese a utilizarlo en su máxima capacidad. La joven había aprovechado el hielo generado en el suelo para retroceder cinco metros más, estando ahora a 12 metros.

-Bien, pajarito... Se va notando el progreso...

Con una sonrisa siniestra convirtió sus piernas en hollín y se acercó a ella flotando sobre el suelo, alargando su mano y tocando con ella en una rápida sucesión de "golpes" su rodilla derecha y su mano izquierda, manchando su blanca piel con el color negruzco de su hollín, pasando de largo de la posición de la muchacha y llegando a situarse a 8 metros a la espalda de la joven. Kisuke estaba entusiasmado ante el avance mostrado por la joven, quizá no tanto en poder pero si en su manera de afrontar el combate; ya no dependía de tener un compañero al lado, podía hacerlo por si misma, y eso, sin lugar a dudas, era un gran progreso. Kisuke no negaba que en situaciones en las que estas con más gente enfrentando a un enemigo, el trabajo en equipo y la coordinación son muy importantes, pero también había situaciones en la vida en las que uno tenía que enfrentarse cara a cara en solitario contra el enemigo, y había que estar preparado para ello también, por lo que el accionar de la joven revolucionaria era satisfactorio.

-¡Vamos, Shirohime! Muéstrame tu convicción...

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#5
— El avance, ru-ha, la fuerza de mi espíritu arde como las llamas del cambio, mi queridísimo Kisuke, aaah. ~ Muy pronto, muy pronto creceré y creceré, volaré y arremeteré, y así es como yo triunfaré, ¡ru-ha! —, no tardó en responder a sus halagos, ansiosa y emocionada. Curiosa por lo que le depara el destino y preparada para aquello que le aguarda el avance de la batalla y cómo no, su compañero y maestro, guardían y figura ejemplar. Un alto mando, un guerrero como pocos; para él, quizás un gesto así sea algo como dar una mano a otros, y para ella también, pero si que se sentía feliz de tener la oportunidad de batir fuerzas y crecer junto a uno de los altos mandos de la revolución. Algo como eso, era simplemente fuera de imaginación; mágico. Kisuke era sorprendente, no podía decir lo contrario, pero aquella fuerza que veía en él era producto del esfuerzo y la perseverancia: Asi como ella se esfuerza ahora. Gritará, sudará y quizás piense que esto es el infierno o el cielo, pero su corazón no vacila ante la adversidad.

Ante el obstáculo que se avecina.

Ante esa pared que se le impone encima.

Y no lo vió. No pudo reaccionar a tiempo, pero no prestó atención, no le dio la merecida relevancia y sus ojos, estaban centrados en su oponente como para fijarse en esa ligera molestia que recuerda haber sentido el otro día, hace tanto. Recuerda que al lavarse la cara el agua estaba sucia, pero asumió que era simplemente grasa o algo semejante. Oh, qué horror, es lo que ella, la dama diría. Es lo que cree y piensa; Alguien como ella no puede ni debe permitirse un error fatal como lucir mal. Algo como la sangre era una marca de guerra, ¿pero la mugre, la molesta suciedad tenía lugar en la ecuación? Por supuesto, por supuesto que no y lo sabía.

Por ahora estaba lista.

— ¡Es hora! ¡Es hora de batir las alas de colores, ru-ha! ¡¡Ataaaaaaque!! —, se buscó voltear y correr, desplazarse hasta su oponente y con uno de sus pies utilizar el pie para congelar parte del suelo. El pie zurdo fue el que utilizó con su Akuma. Decidió luego saltar, moverse como si fuera ella la guerrera de la victoria, como si fuese una celebración de guerra, — ¡¡Ruuuuuuu...!! —, y fue allí, en ese preciso instante que incluso habiendo reaccionado por instinto de supervivencia, sus ojos, su mirada, fue a su mano zurda. Apenas al caer reaccionó. — ¿Qué es esto, cielo santo? Qué asco. No puedo, ¿es barro o de qué se trata? Ay no, me voy a desmayar, creo que necesito un baño urgente o moriré. De lo contrario, ¿como podré mirar el wanted de la reina a los ojos? Es tan diva, tan majestuosa, ay no, no puedo. —, lo recordaba; pensaba en él, Aspros, un cartel diferente a los demás, único, era rosa, brillante, ella deseaba, anhelaba uno así pero ahora, — ¡Necesito verme bonita para la revolución! Ay no, ay no, voy a morir. Creo que sufro una enfermedad... ¿será que moriré de feificadipus lupus astepus? —, la enfermedad de la fealdad y la mugre, su peor, su peor, enemigo. Estaba un poco ansiosa, continuaría el combate y deseaba acabar, pero más pronto que tarde para darse una ducha.

— ¡¡AAAAAAAAH!! ¡NECESITO UN BAÑO! ¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAH! —, lo necesita y le urge, en verdad. Estaba tensa, tal vez eso la ayudaría a combatir mejor, pero lloraría por las noches.

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#6

Kisuke estaba incrédulo, tratando de aguantarse la risa, ante la reacción de la joven al ver que estaba manchada con hollín. El antiguo pescador estaba en lo cierto cuando asumió que hacer algo así provocaría a la chiquilla, lo que no esperaba, era esa histeria desmedida. Sin duda, aquello podía ser un buen punto para tratar de comenzar a forjar su espíritu de combate. Era una buena oportunidad y además le estaba sirviendo mucho aquel entrenamiento para ver donde estaban los puntos flacos de la muchacha. Como parecía evidente, aún no tenía muchas cartas con su akuma no mi más que utilizar un poco el hielo que genera a su favor, y, con aquella técnica de la bala de hielo, no era suficiente. Por otro lado, disociaba demasiado. No le desagradaba su personalidad, y era una chica muy divertida y alegre, pero esos momentos de dispersión podrían llegar a ser letales. Tenía que conseguir que se focalizase en la batalla y no se fuese por los Cerros de Úbeda.

-Escúchame, pajarito... Entiendo tu visión de la limpieza y la pulcritud, no creas que no... pero esto es un campo de batalla, lo mínimo que va a pasar es que te ensucies de polvo del suelo... y eso no es malo, es una prueba de que lo has dado todo de ti mismo y usado todo lo que tenías para derrotar a tu enemigo... no solo en la sangre está la gloria...

Encendió un cigarro y desenvainó a Yamigiri. Miró a Shirohime con la espada situada entre sus ojos y apuntó con la punta a la muchacha. Sonriendo de lado siguió tratando de aleccionar a la joven. De pronto se sintió muy mayor, pero apartó rápidamente ese pensamiento de su cabeza, lo importante era hacer crecer a aquella chiquilla.

-Como puedes ver, y seguro que te has fijado mucho en el tiempo que llevas aquí, mis katanas y yo mismo vamos siempre limpios y aseados... y créeme que es difícil siendo un hombre de hollín... pero eso no quita que cuando hay que bajar al barro soy el primero en dar todo...

Reflexionó unos instantes, dándole tiempo también a Shirohime a asimilar las palabras que le estaba dirigiendo. Quería que calasen hondo en el espíritu de la chica.

-¿Sabes cuál es la mayor suciedad que debe ser eliminada...? El corrupto Gobierno Mundial, que ensucia la vida de las personas de a pie para llenar de lujos la de unos pocos privilegiados, y por eso manchan el mundo con su soberbia de creerse más que los demás. Por otro lado, si tanto te molesta y horroriza ensuciarte, canaliza ese sentimiento en destruir al que te ha hecho ensuciarte, úsalo para convertirlo en poder y ataca con todo lo que tengas...

Dio una calada esperando a ver si estaba entendiendo lo que le estaba diciendo.

-Por lo tanto, focaliza tu odio a la suciedad contra la suciedad más grande... El polvo de tus manos se puede limpiar con un poco de agua... La mugre del Gobierno Mundial, por el contrario, solo podrá limpiarse sacándoles del poder...

Y dicho esto acortó la distancia con Shirohime, y, con el pulgar y el dedo corazón de su mano izquierda, puesto que en la derecha llevaba a Yamigiri, le dio un golpe en la frente con haki de armamento, una toba de las de toda la vida vaya.

-Vamos, pajarito, enséñame hasta donde llega tu odio a la suciedad...

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#7
No hizo nada más por ahora. Su rol, su actuar y lugar ahora era la de un oyente y su maestro el orador de la nueva doctrina. Esa fuerza y voluntad ardiente que él, el hombre con el manto del Toro Negro, marcaba a fuego en su espíritu a través de la oratoria. Ella, decidió no interrumpirlo, mirar con una mirada como la que una niña miraría a un profesor impartiendo una lección y por dos segundos, o un lapso de tiempo breve; se concentró en él y solamente en él.

— Eso es cierto, ru-ha, mi queridísimo e imponente compañero y maestro, yoooo, por supuesto que descenderé y planearé hacia destino, pero ante todo. —, hizo un movimiento sutil de cadera, su zurda a la cadera y su derecha apuntando hacia su cara con los dedos extendidos. En su rostro se mostró una sutil y suave sonrisa, una de confianza, como las que ella estaba acostumbrada a dar. — Soy una linda chica. Y como toda linda chica, debo demostrarle a las otras que yo soy mejor, porque si nos ponemos a pensarlo; ¿Que caballero no se moriría por mí, ru-ha? Además, ¿no es vital que los demás confíen en ti para la revolución? La belleza inspira confianza, y las masas generan un cambio, yo soy un cambio. Es decir, soy demasiado bella como para que la suciedad limite mi poder, ya que yo poseo el Haki del Amor. Siempre lo tuve, ru-ha, y hablando de tener, yo pronto tendré poder, aaaaah. ~ Pero eso no importa ahora, lo importante ahora es que soy muy linda. —, después de comunicar su mensaje y demostrar su idea, lo que hizo fue erguirse de forma natural y ser atenta a las nuevas palabras que él, su compañero, estaba listo para dar.

Allí calló. Cerró su boca por un rato y se puso a pensar, divagar por poco tiempo y su mirada se mostró ligeramente perdida. Como si estuviese en un pequeño trance.

No dijo nada más y se quedó quieta. En silencio. Sintió los dedos en su frente y un pequeño dolor, pero no le importó demasiado, quizás de manera instintiva activó los poderes de su fruta, como un método de auto defensa, pero cuando habló su voz se mostró distinta. — Aquí voy. —, la animada y exagerada forma de reemplazar fue reemplazada por una más grave y áspera, seria.

No tenía más cartas a la mano más allá de la corta distancia que aprovechó para atacar la mano derecha con un golpe con la palma de la mano abierta que simulaba una "cuchilla" juntando los dedos, para ser más exactos se dirigió a la muñeca utilizando la mano diestra con el poder frío que le confería su Akuma.

— Aún no tengo suficiente fuerza, no. —, y quizás... cuando se ponía así en su cabeza se hallaba aquello que no quería mostrar de forma tan abierta: La indignación hacia el mundo actual. El asco.

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#8

Kisuke estaba entusiasmado, aunque su rostro no lo reflejase. Había visto que Shirohime había conseguido salir de su mundo de fantasía por unos momentos y prestarle atención. No solo eso, cuando entró en contacto con su frente, dándole aquel golpecito, la mirada de ella se había vuelto gélida y terrible por unos instantes y su voz cambió por unos momentos con un tono determinado y acerado, y, aprovechando que estaba a tan corta distancia del antiguo pescador, había atacado con un golpe físico. Evidentemente, y tras varias semanas allí, Kisuke sabía de sobra que la fuerza física no era ni mucho menos el punto fuerte de la muchacha, aunque estuviese de alguna manera potenciado o no por su poder de akuma no mi. Pero lo importante no era eso, lo importante es lo que la chiquilla estaba mostrando en cuanto a voluntad y determinación. Estaba donde quería estar y se iba a esforzar al máximo, como hacían ellos.

-Tienes muchísimo potencial, Shirohime... y nosotros te vamos a ayudar a que alces el vuelo y te conviertas en las alas gélidas de la revolución....

No sabía muy bien que le había impulsado a decir aquello, pero si notó que sus dedos estaban congelados, sintiendo en los mismos un dolor agudo como una quemadura. No era ni mucho menos algo por lo que el Comandante se tuviese que preocupar, pero resultaba interesante ver el efecto que tenía la fruta de Shirohime cuando entrabas en contacto con ella. Dio un salto de cinco metros hacia atrás, para tomar distancia con la muchacha, evaluando que es lo que haría a continuación. Sin lugar a dudas tendría que trabajar en su repertorio de técnicas, puesto que por el momento parecía bastante escaso. Además parecía que había ido allí sin su arma, si no recordaba mal, por lo que sería mejor tratar de enseñarle cosas referentes a las akuma no mi.

-Vamos, pajarito, eres una logia, eres el hielo mismo... Aprovecha sus propiedades, utilízalas a tu favor... Tienes un poder que muchos matarían por tener así que tienes que estar lista para todo...

Y convirtiendo su tren inferior en hollín, se desplazó hacia la chiquilla con una velocidad que ella era incapaz de seguir por el momento, y, asestando un corte vertical, le cortó el brazo derecho, lo cual no era problema puesto que no había puesto haki en aquel ataque y Shirohime podría regenerarse. Dio un par de pasos hacia atrás y volvió a mirarla directamente.

-No te cortes... kuhahaha... estrújate los sesos, piensa en como atacarme... vamos, se que puedes hacerlo, pajarito...

Estaba deseando ver con que le sorprendía aquella vez la impredecible muchacha de hielo. Sin lugar a dudas, había mucho trabajo por delante para ella, pero también un brillante futuro auspiciado en su enorme potencial.

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#9
Pensó, analizó. ¿Alas? Alas... Alas gélidas. En su cabeza recordó imagenes vagas de la mujer al frente del ejército de la revolución que, aunque no recordaba a cierta ciencia la exactitud de su rostro, pudo recordar en detalle las alas flamígeras de gran tamaño de las que había hecho gala en ese gran encuentro. Esa fuerza, esa intensidad, potencia, y lo que se le vino a la cabeza es...

¿Acaso Kisuke deseaba que tomase eso de ejemplo?

¿Le estaba dando un consejo sobre una nueva técnica? Un estilo de combate, ella piensa y le da vueltas a la idea como un huracán arrastra en un vaivén constante los elementos a los que pertenece una arquitectura destruida. Restos que luego en su cabeza une y da lugar a un castillo, ella, sin duda se muestra ligeramente curiosa y ante ello abrió un poco más sus ojitos. Debía ver bien, analizar, determinar el panorama y, reaccionar en consecuencia y por supuesto; demostrarle a Kisuke que las esperanzas puestas en su persona no eran algo en vano. Podía confiar en ella aunque se encontrase en desventaja por cuidarla si tuviese un encuentro ahora, tal vez no era fuerte ahora, pero deseaba crecer junto a ellos y lo que hizo ahora, es observar como su comandante se distanciaba hasta dos metros con un par de pasos.

Inhaló y exhaló. Suspiró.

Frunció ligeramente el entrecejo y no respondió más que con un silencio atento. Estaba concentrada y viendo como podría atacar.

Y su brazo derecho fue cortado. Su corazón se sobresaltó por un instante. La facilidad con la que podía morir era abrumadora, su única ventaja y medida de protección era ser logia. Pero solo en los entrenamientos. Solo allí. Y aún así no pensó ceder.

Todo lo que pudo hacer por ahora es acercarse un poco, mirarlo un poco de abajo hacia arriba e inclinar ligeramente su cuerpo para estirar su brazo zurdo y buscar propinar un puñetazo de frente que fue interrumpido a la par que su brazo derecho se regeneró, ese movimiento frontal buscó centrar la atención en su puño y distraerlo de la acción real que conllevó una patada con la pierna derecha hacia el tobillo derecho de su oponente, aunque no fuera el motivo real dañarlo de gravedad, si que buscó expandir su hielo a partir de esa zona. De modo que se extienda a través de esa zona y dificultar, aunque sea un poco, el andar ajeno.

— Trabajaré más en mis técnicas, ru-ha. Estoy cansada de quedarme con cartas en cero tan pronto, deseo hacerme más fuerte y estar a la altura, o de lo contrario no sobreviviré más de un día si no salgo de Mógaro. Necesito ser más fuerte. Deseo que ambos me ayuden: Quiero ser fuerte como ustedes. Salir a la batalla con ustedes, combatir con ustedes y compartir la gloria con ustedes, por eso quiero entrenar más. Quiero hacerme fuerte rápido. —, era un deseo y una petición. Sus ganas de mejorar eran altas. Lo necesitaba para esa parte del mundo y no podía ser menos. No ahora que seguramente en algún momento debería demostrar lo mucho que creció.

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#10

Kisuke podía sentirlo. Estaba consiguiendo llegar al corazón de guerrera de la muchacha. Desde que había comenzado a entrenar con ella, en todas las ocasiones que lo habían hecho, había tratado de abrirse hueco en ese mar de ensoñaciones y fantasías para alcanzar aquella parte de la chiquilla que existe tan solo para luchar. Encender su espíritu de guerrera y encontrar en ella el deseo de mejorar, de ser más fuerte. Y el antiguo pescador podía verlo, en su mirada, de entrecejo fruncido y gélida determinación, así como podía sentirlo en el peso de las palabras que decía, fuera de ensoñaciones y mundos fantásticos. El deseo de mejorar, de ser útil a la causa, de ser más fuerte, estaba ganando la partida y eso era lo que buscaba Kisuke. Que en el combate fue una guerrera con voluntad de hierro, que su espíritu no se quebrase bajo ninguna circunstancia. Y ahí estaba.

"El margen de progresión que tiene es ilimitado... Esto promete..."

A pesar de estar en una clara desventaja, desarmada y con su limitado arsenal de habilidades, la muchacha tenía un talento innato para el combate, y sabía sacar ventaja de casi cualquier situación. Por lo que aprovechando el momento que Kisuke le cortó el brazo, trató de hacerle un barrido con una patada baja dirigida a los tobillos del antiguo pescador. No necesitaba el kenbunshoku ante Shirohime, y pudo detectar simplemente con una mirada de reojo el movimiento de la chiquilla, pero no necesitaba esquivarlo, ya que, evidentemente, al ser el Comandante un usuario de logia y ella no poseer (aún) habilidades para el haki de armamento, atravesó ambos tobillos del espadachín.

"Sabe que está en desventaja... y aún así siempre busca una manera de pillarme por sorpresa... es increíble..."

Pero no era ese el objetivo final del ataque, si no expandir el hielo bajo sus pies, buscando una ventaja táctica reduciendo la movilidad del líder de los Toros Negros. Kisuke sonrío al sentir el hielo a sus pies, y tuvo un ligero resbalón, apenas imperceptible, pero lo disimuló convirtiendo sus piernas en hollín para evitar el contacto con la resbalosa superficie. Sin dar tiempo a Shirohime, haciendo uso de su armamento básico, lanzó un golpe con la palma de su mano izquierda al estómago de la chiquilla, que la lanzó hacia atrás tres metros, retrocediendo él otros tres y dejando la distancia entre ambos en seis.

-Muy bien pajarito... se nota que estás entrenando duro... pero aún no es suficiente... Enséñame esa voluntad de mejorar... Demuéstrame que quieres ser más fuere... ¡¡SUPERA TUS LÍMITES AQUÍ Y AHORA!!

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Cambios en estadísticas
Vitalidad: 12563 - 100 = 12463
Energia: 8786 + 0 = 8786
Espiritu: 3389 + 0 = 3389


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