10-09-2026, 02:52 AM (Última modificación: 25-09-2026, 03:10 AM por Shō Bao.)
"Impulsado por el viento del atardecer,
iba yo hacia el cabo del arcoiris..."
8 de primavera, año 15
10:28
El viento soplaba con algo de fuerza aquella mañana, haciendo que mi pelaje se agitase mientras contemplaba el mar. Permanecía sentado en aquel barco, relajado, dejando que el vaivén de las olas me acompañase mientras admiraba aquel vasto horizonte que parecía no tener fin.
Atrás había dejado, tiempo ha, mi hogar; delante, en cambio, no había más que agua, un cielo inmenso y un mundo que todavía estaba por descubrir.
Había pasado mucho tiempo pensando en aquel momento. No porque no quisiera marcharme, sino precisamente porque llevaba demasiado tiempo deseándolo. No sabía muy bien cuánto tiempo estaría lejos de casa, ni qué esperaba encontrar al otro lado del mar.
Nuevas tierras, nuevas personas, nuevas historias... todo aquello podía convertirse en una fuente de inspiración.
Quizás ese era el verdadero motivo por el que había decidido embarcarme: quería conocer el mundo, escuchar sus historias y descubrir qué sonidos se escondían más allá de aquello que siempre había conocido, qué canciones podían aguardarme en él.
Lo que sí sabía era que quería convertir todo aquello en canciones.
Cerré los ojos durante unos instantes y agarré el colgante de mi familia, que descansaba sobre mi pecho. Una leve sonrisa se dibujó en mi rostro. Pensé en madre. En padre. En algunos de mis viejos amigos: Wuan Chú, Zi Fó, Fai Xí... Por mucho que desease descubrir qué había más allá, no podía evitar pensar en todo aquello que había dejado atrás. Quizás echaría de menos mi hogar más de lo que quería admitir, pero sabía que siempre llevaría una parte de él conmigo.
Solté el colgante y dejé escapar un suspiro antes de echar mano de la hierbabuena que tanto me gustaba. Me llevé unas cuantas hojas a la boca, dejando que su frescor me invadiese mientras aprovechaba para mesarme un poco la barba.
— ¡SI HAY HISTORIAS ESPERÁNDOME, HARÉ QUE TENGAN SU PROPIA CANCIÓN, BAMBURÚ!
22-09-2026, 12:26 AM (Última modificación: 25-09-2026, 03:19 AM por Shō Bao.)
10 de primavera, año 15
12:29
El barco avanzaba entre la niebla mientras las olas golpeaban suavemente contra el casco. El aire se había vuelto más frío y húmedo a medida que nos acercábamos a nuestro destino, y pequeñas gotas comenzaban a posarse sobre mi pelaje. La bruma cubría buena parte del horizontes, dejando entrever tan solo algunas siluetas difusas a medida que nos aproximábamos a tierra.
Mientras contemplaba aquella costa envuelta en niebla, permanecía sentado tranquilamente en uno de los laterales de la cubierta, con las piernas cruzadas y el bo apoyado a mi lado. Llevaba un rato canturreando una canción que me había gustado mucho desde pequeño.
—¡Y SABRÉ LO QUE ES AL FIN LA LIBERTAAAAAD! — canté a pleno pulmón con los ojos cerrados y los brazos extendidos, haciendo que mi voz resonase por toda la cubierta.
— ¡Pues a ver si es verdad que sabes lo que la libertad de una puñetera vez y nos libramos nosotros de escucharte! — protestó uno de los pasajeros, visiblemente harto.
— Vaya viajecito nos has estado dando, colega. ¡Qué turra! — añadió otro, soltando un suspiro.
Abrí los ojos y dirigí la mirada hacia quienes se habían quejado. No entendía muy bien qué problema tenían. Parecía que mi repertorio no había sido muy de su agrado. Una verdadera lástima que no supiesen apreciar un temazo como ese de Onin Ovarb.
— ¿Y POR QUÉ NO MEJOR ME BAMBU-COMÉIS LA POLLA? — respondí con toda la tranquilidad del mundo, mientras aprovechaba para mesarme la barba.
Se hizo el silencio.
Las caras de mis improvisados críticos se quedaron completamente desencajadas. Ambos estaban ojipláticos y boquiabiertos, mientras palidecían hasta adquirir un tono más blanco que el pelaje de mi trasero. Supongo que no se esperaban que un panda de mi tamaño y aire despreocupado les diese una respuesta tan tranquila, y al mismo tiempo, contundente.
Unos minutos después, llegamos a Ciudad Piston.
No tardé en percibir que la ciudad tenía un olor bastante particular. La humedad y el salitre del mar se mezclaban con el aroma del metal oxidado, el humo, el alcohol y la pólvora. De vez en cuando, el viento traía consigo algún olor más difícil de identificar, creando una mezcla bastante peculiar que, desde luego, no era precisamente agradable. Supongo que después de pasar cierto tiempo allí uno acabaría acostumbrándose.
Por suerte, yo aportaba una nota bastante diferente al conjunto. Mi pelaje desprendía el habitual aroma a hierbabuena, así qué, en medio de aquel pestuzo, probablemente fuese lo más parecido a una bocanada de aire fresco que podía encontrase en aquel barco e incluso en toda la ciudad.
No podía decir que fuese precisamente un paraíso soñado donde quedarme a vivir la mejor de mis vidas. Desde la distancia, entre la niebla, podía distinguirse un paisaje bastante modesto, con construcciones que parecían hacer conocido tiempos mejores. Pero tampoco había venido buscando un lugar donde vivir rodeado de lujos. Era la siguiente para de mi viaje y, además, estaba convencido de que incluso en un lugar aparentemente tan empobrecido podría encontrar algo de donde sacar una canción.
El barco no tardó mucho más en alcanzar el muelle. Las maniobras de atraque comenzaron mientras quienes nos habían traído preparaban las amarras. Después de asegurar bien las cuerdas, estuvimos listos para desembarcar.
Me levanté apoyándome en mi bo, con mi colgante balanceándose ligeramente en torno a mi cuello, y aproveché para estirarme antes de ponerme por fin en marcha.
No estaba del todo seguro de cómo aguantaría mi peso la pasarela, así que decidí bajar con calma y prestando bastante atención a dónde colocaba las patas.
El primer paso fue bien. El segundo, también.
En el tercero me confié y aparté la mirada de mis patas durante un segundo para mirar hacia delante.
Y entonces, mi pata izquierda se cruzó con la otra.
— ¡AAAAAAAAAH!
Intenté recuperar el equilibrio, pero ya era demasiado tarde. Perdí el apoyo y me precipité hacia delante, cayendo estrepitosamente sobre la pasarela antes de terminar rodando hasta el muelle, mientras varias personas corrían despavoridas apartándose hacia los lados viendo la que se les venía encima si no lo hacían.
Como si me fuese a hacer un pleno en una partida de bolos, vamos.
¡PUM!
Mi cuerpo acabó chocando contra una de las cajas de mercancía que estaban apiladas cerca del embarcadero. La madera cedió con el impacto y la caja se desparramó por completo.
Y entonces descubrí de dónde procedía aquel olor tan peculiar que hacía percibido antes de llegar.
Pescado. Mucho pescado.
Me quedé unos segundos tumbado boca arriba entre los restos de la caja, con varios peces desperdigados a mi alrededor.
Bueno, al menos no se podía decir que no me había integrado bien en Ciudad Piston.
— ME CAGO EN TODO...
Me incorporé con ayuda de mi bo, consciente de que prácticamente todo el muelle se había quedado mirándome tras mi entrada triunfal.
Mientras me quitaba un pez que se había quedado sobre mi cabeza, algo llamó mi atención entre las tablas rotas.
Unas pocas monedas.
Las recogí y las observé durante unos segundos.
— ¡PUES SÍ QUE HEMOS EMPEZADO CON BUEN PIE, BAMBURÚ! ¡JIO JIO JIO!