04-09-2026, 10:08 PM
(Última modificación: 04-09-2026, 10:21 PM por Kiyoshi Maeda.)
38 de verano | Año 18
Una nueva isla, un nuevo comienzo. El tiempo en Skypiea fue corto, pero intenso. Pasaron muchas cosas en esa semana tan particular. Y no solo el hecho de ser una isla que flota por encima de las nubes es lo que hace tan impresionante todo, sino que, al volver al mar azul, recibiendo el respectivo periódico, tanto él como sus compañeros se percataron del lío temporal que había dentro de sus cabezas. En el exterior, o más bien, en la altura al nivel del mar, había ocurrido más tiempo que solo una semana. Rascándose la cabeza es que el médico intentó buscarle explicación alguna, mas no la encontró. Lo que sí encontró fueron los aumentos de recompensa que recibieron. Además, utilizando su memoria prodigiosa, se aseguró de mantener en la mente de manera permanente las recompensas de los otros carteles que traía consigo el periódico. — Parece que a mí también me andan mirando. — Antiguamente, hace unos meses, le habría molestado ver su recompensa, la cual considera alta desde su punto de vista. Pero ya tiene claro que jamás podrá volver a la vida de civil que llevaba antes en el South Blue. Solo le queda seguir adelante.
También hay otras noticias que llaman la atención, aunque la que más destaca ante sus ojos es la referente a los marines. Al parecer, han cambiado algunas cosas en cuanto a su conformación. Las imágenes que muestra el periódico corresponden a individuos que vio en los Juegos de Skypiea. Este movimiento busca potenciarlos, infiere Kiyoshi, aunque, más que preocuparse o temerles, sigue vigente en él una duda. — ¿Estarán entre ellos los que intentaron encerrar a Uker en Little Garden? Supongo que deberé preguntarles yo mismo. — En la isla del cielo fue imposible. Ni siquiera atacó a la marine rubia que apareció de la nada en el asado que compartieron con los Hanu Mahana, cuando motivos para hacerlo tenía. Ahí se comprometió a seguir las reglas impuestas por el Shichibukai y sus custodios. Una vez fuera de ahí, las reglas son diferentes.
Pasado el tiempo, finalmente el grupo de piratas puede ver tierra libre, Varo Ganchin siendo el primero de los cuatro en percatarse de la isla frente a ellos e informarlo al resto. Uker, talentoso con el timón, se encargó de que la detención del navío era tranquila, sin contratiempos. A Skypiea llegaron de forma caótica, elevándose por los cielos con una violencia sin precedentes. Si bien fue emocionante encontrarse con un mundo nuevo, que ahora reine lo pacífico también tiene su encanto. Recordemos que Kiyoshi, por muy enojón que sea, siempre desea la paz.
— Pues… no parece haber mucha cosa. ¿Será que no estará llena de tontos como Skypiea? Espero que aquí no haya mujeres vulgares como esa… ¿Cómo se llamaba? Bueno, no importa. Si los tontos aquí no son decentes, me encargaré de educarlos. — Con el Black Widow ya detenido y perfectamente limpio, pues durante el trayecto Kiyoshi se encargó de hacerle las mantenciones pertinentes, silba para llamar la atención de su nuevo amigo. — Mientras se instalan, iré junto a Burbujita a explorar. Si sucede algo, les marco al Den Den Mushi. No ensucien en mi ausencia.
Actualmente, el pez volador que adoptó Kiyoshi ya está personalizado. Tiene el logotipo de la tripulación y una zona en donde coloca su rifle para así no llevarlo en la espalda. Aun así, tiene más equipamiento oculto dentro de la ropa. Tras montar la silla hecha por el artesano de la tripulación —él mismo—, alza el vuelo y se marcha del barco. Sus compañeros solo pueden ver la estela de polvo que queda detrás debido a la arena de la playa que se levanta debido a la rapidez en que anda el pez. Inicialmente, solo va a una altura de un metro. Pero ya avanzados unos 30 metros de distancia, alcanza los diez metros de altura. Mientras viajan por el mar, Kiyoshi practicó un poco para perderle el miedo a las alturas, viéndose mucho más seguro ahora que cuando surcaba los cielos de Skypiea.
Adentrándose ya en lo que viene a ser Long Ring Long Land, aunque Kiyoshi desconoce que se llama así, se encuentra con un terreno diferente a lo que acostumbra. Por ejemplo, en Little Garden sorprendía el tamaño de sus animales, eran dinosaurios después de todo. O sea, aquí es algo parecido… — ¿Qué diablos? No es que sea grande, es… ¿largo? — Burbujita ha detenido su avance y Kiyoshi se queda quieto, como una estatua, mientras puntos suspensivos ocurren en su mente. Frente a sus ojos hay un animal cuadrúpedo que podría encontrar casi en cualquier lugar, a priori, no debería sorprenderle. La extrañeza llega cuando su lomo se estira de manera anormal, similar a una caricatura que dibujaría un niño que apenas está realizando sus primeros trabajos con lápiz y papel. No parece algo de la vida real. — Burbujita, ¿tú has visto algo parecido antes? — No se ha golpeado la cabeza, pero vaya tonto si piensa que su mascota le entenderá y le responderá. ¿Se imaginan? De la nada hablaba como el Gato con Botas, el Burro o algo así. Sería estupendo. Lamentablemente, aquí no ocurren esas cosas.
— Tal vez solo ando con sueño. — Es lo más lógico. Mueve las riendas para que su montura se mueva y, en cuestión de segundos, emerge ante él otra figura extraña. ¿Es un oso? No, es muy delgado. ¿O sí lo es? Kiyoshi no puede saberlo. Tiene un color casi blanco, y es muy alto. Incluso sus orejas son largas. — No, no es que tenga sueño. Aquí las cosas son así. — Se lleva ambas manos a la cabeza y se revuelve el cabello, buscando calmarse. Hace mucho las cosas normales dejaron de serlo, encontrándose con toda clase de rarezas allá en donde la tripulación ha zarpado. Esto no quita que su cerebro sigue trabajando a todo gas de lo confuso que está siempre que conoce algo que creía imposible. — Bueno, Tontojita, supongo que desde que adopté un pez que vuela, nada debería sorprenderme. — Facto, a decir verdad.
Recorriendo más la zona, se percata de que hay mucho terreno abierto. Si bien hay árboles que también son largos, como todo lo que hay en la isla, al parecer, no se ven como si fueran un bosque en el que perderse. Parece un territorio en el que es fácil encontrarte con alguien al no haber muchos impedimentos a la vista, pero también tiene parentesco con el desierto de Arabasta —guardando las proporciones, por supuesto— en el que puedes andar por horas, perderte y no dar con un alma. Afortunadamente, ahora cuenta con su pez volador como medio de transporte, ahorrándole al agotador trabajo de caminar. Eso sí, tiene bien en cuenta que no puede malacostumbrarse. Hacer ejercicio será necesario para mantener las mejoras físicas que obtuvo entrenando tan duro con Jalindra. No le servirá de nada todo el sacrificio dejado en sangre, sudor y lágrimas si luego andará de vago, le crecerá una panza y volverá a ser el flojo de siempre que pide por favor que lo carguen porque ya se cansó.
Aun así, en primera instancia, y por motivos de seguridad, sigue sobre su pez. De este modo, recorrer esta isla nueva para él será más seguro y lo hará en menos tiempo, pudiendo regresar luego con sus compañeros para contarles todo lo aprendido. — Pero no quiero regresar con la idea de que es una isla deshabitada. Algo debe haber. No quiero que sea como la isla de los dinosaurios. — No se rinde e insta a Burbujita a seguir.
Veinte minutos más tarde es que da con una vivienda, parece una casa. La estructura destaca por sus lindos colores, como si quisiese transmitir una buena vibra. Para Kiyoshi, que es más apagado, sería mejor un color más neutro: blanco o negro, como tienden a ser sus formales prendas.
— Me pregunto si hay un tonto aquí que mantenga este lugar limpio. — Desciende de Burbujita y le hace un gesto para que retroceda unos metros, exactamente cinco. Antes de eso, extrae el rifle desde la correa que lo sujeta y lo sitúa en su espalda, listo para defenderse en caso de necesitarlo. Se acerca a la casa, se posiciona frente a la puerta a dos metros de distancia. Observa un momento en silencio por si alguien se da cuenta de su presencia. Cuando nadie aparece, alza la voz. — Ey, ¿hay algún tonto por aquí? — Recién ahora escucha pasos desde el interior. La puerta se abre y Kiyoshi lleva la mano diestra a su espalda, amenazando con tomar su arma. Este gesto se frena cuando emerge ante sus ojos un viejo de no más de metro y medio de estatura. — ¿Quién es usted, muchacho? Puedo ver que no es de por aquí nyehehe. No tiene el aura de este lugar. — ¿Cómo que aura? Kiyoshi se toma en serio sus palabras y lo relaciona con lo aprendido en el Kenbunshoku, pero rápidamente sale de ese trance cuando el otro sigue hablando. — ¿Aló, amigo? ¿No te presentarás? Estoy aquí abajo. — Kiyoshi mueve la cabeza de un lado a otro unas tres veces, buscando espabilar. — Descuida, tonto, solo estaba pensando. Sí, soy nuevo en la isla. — El otro rápidamente le corrige. — Las islas, en plural, querrás decir. — El médico no entiende. — ¿A qué te refieres?
El viejo pasa por el costado de Kiyoshi para dirigirse a una silla que tiene en lo que ya podemos nombrar como el jardín de su casa. Tras sentarse, se le acerca un… ¿perro? cuyo lomo es bastante largo, tal como todo lo que hay en este lugar. Mientras acaricia a su mascota, revela información. — Este lugar se compone de varias islas. Los habitantes viajamos entre ellas cuando la marea baja y nos permite cruzar. Hasta que eso pasa, estamos obligados a asentarnos donde estamos. La última vez decidí quedarme aquí porque me cansé de caminar. No me arrepiento, ya me reencontraré con el resto. — Kiyoshi entiende pronto la situación, pues recibe información importante. Asume que, gracias a Burbujita, podría cambiar de isla sin problema.
— El único problema de vivir solo es que a veces me cuesta conseguir mi alimento. La edad ya comienza a pasarme factura, nyehehe. — Desde antes de su época como pirata, siempre se mostró abierto a ayudar a as personas de la tercera edad sin costo alguno. Es uno de los valores que le transmitió su padre. La vida ha cambiado rotundamente, pero hay cosas que siguen siendo igual. — Te ayudaré, tonto. Dime qué debo hacer. — La expresión hasta ahora tranquila del viejo se convierte en una gran sonrisa, casi de emoción. — Nyehehe, eres un buen muchacho. Me gustaría conseguir algo de pescado. Te prestaré mi caña. — Kiyoshi no es un experto en el área, pero sabe manejarse. Conseguir alimentos con Uker es algo que ha hecho en el pasado.
Se dirigen a la zona de pesca con Kiyoshi caminando y el viejo montado en Burbujita, al igual que su perro… ¿realmente es un perro? Como sea. Durante el trayecto, Kiyoshi mira bien por los alrededores. Quiere conocer bien la zona si es que no hay tanta población o masas centradas como en Jaya, Arabasta o Drum.
Llegando al lugar, Kiyoshi con sus habilidades de artesano desmonta la caña para unir la punta a su rifle, usando este para ir picando pescados que luego lanza a un balde que transporte el viejo. Le cuesta, no es muy hábil, pero es veloz. Ayuda que los peces también sean mucho más largos de lo normal, pues cuesta menos apuntarles el arpón. — En un rato ya tendrás suficiente para varios días. Si lo guardas bien, hasta semanas. — Hay algo clave que Kiyoshi ignora y queda como tonto. Burbujita, luego de que el señor con su perro se baje de encima suyo, vuela hasta el agua y se sumerge. Regresa a la superficie con un pescado que deja en el balde. Velozmente, repite esto en cinco oportunidades. Básicamente, Kiyoshi totalmente al pedo se puso a trabajar. — Debiste haberlo hecho así desde el principio, tonto. — Aunque se le nota molesto, al menos suspira relajado al ver que no deberá seguir gastando energía. Además, el viejo está cada vez más contento. Kiyoshi no sonríe, pero le alegra verlo así. Ayudar a la gente mayor siempre le viene bien.
Pasada una hora, ya están de regreso en su casa. — ¿Y es el único que está en esta isla? — El otro niega con la cabeza. — Debe haber más, nyehehe. Es solo que a mí me gusta vivir solo en ciertas épocas. Con mi amigo Charly me llevo de maravilla. — Se refiere al perro, aunque Kiyoshi sigue sin saber si realmente se trata de ese tipo de animal. — Bien, me iré por hoy. Intentaré pasarme de vez en cuando a revisar si necesitas algo. — El viejo asiente con la cabeza varias veces. — Nyehehe, aquí siempre serás bienvenido. — Kiyoshi se monta sobre Burbujitas y vuela raudo y veloz de regreso al Black Widow. Hay cosas que comentarle al resto de los Sepultura.
Lávate las manos
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Hablo | Pienso
