[Pasado] Uniendo caminos
#11
Aquel sujeto se quejó del contacto del luchador. ¿Acaso le habría hecho daño? El poder que tenía en sus manos desde luego que era aterrador, sobre todo porque lo disimulaba con aquel cuerpo escombro. ¿Pero tanto? El peliblanco tan solo alzó la ceja y grabaría aquella información en su propia mente, porque probablemente, más tarde, la usaría para molestarlo.

Estuvo esperando la tardía subida del pelinegro, sentado allí en la barandilla mientras columpiaba sus pies de un lado a otro, acompañando el va y ven del barco, que los mecía levemente en lo que era un buen día para navegar. Miró al grupo de rehenes, a ojo rápido podía contar casi una veintena de personas aterrorizadas, algunas menos que otras, pues puede que estuviesen acostumbrados a recibir muchos asaltos de este estilo. Por el otro lado, el hombre con un fusil largo y antiguo, puede que siquiera funcionase, o puede que si, pero Kai no se iba a ofrecer de conejillo de indias para comprobarlo.

Una vez su futuro navegante, al cual aun ni le había preguntado el nombre, hizo acto de presencia tras una lenta escalada lo miró. Levantó su mentón para mirarlo, parecía estar enfadado de verdad, al menos más que antes, que parecía mirar con asco al albino. Escuchó sus palabras y su mirada se centró directamente en aquella persona que vestía de color azul, la escaneó durante un breve instante y luego miró de vuelta a su futuro navegante, comparando sus rostros. - *Burp* Es iguaaaaaaaal - Sorprendido bajó de la barandilla para poner por fin los pies en cubierta. El resto de rehenes los escuchó hablar e instintivamente varios de ellos miraron en dirección al dúo dinámico, dos adolescentes casi adultos se habían colado en el barco.

El secuestrador los imitó al ver que miraban hacia alguien que no era él. - ¡¿Quienes sois vosotros?! - Espetó sorprendido, asustado y furioso a partes iguales. Kai no perdió el tiempo, le ordenó a sus piernas que se activasen al máximo de su potencia para alcanzar, de un poderoso sprint, al hombre del arma de fuego. Su futuro navegante lo vería algo emborronado, pero lo vería, en cambio el hombre del fúsil y el resto de rehenes solo verían como se desvanecía para volver a aparecer a espaldas de su objetivo. El peliblanco le practicó el amoroso abrazo de oso panda, envolviendo con sus brazos los ajenos, desde la espalda del secuestrador, y con sus piernas las opuestas. El abrazado pulsó el gatillo por instinto pero el cañón de su arma ya estaba apuntando al cielo, por lo que la bala se perdería. 

- Lo siento embrión en desarrollo - Le dijo utilizando su poco peso para hacerlo caer de frente.
 - Yo te admiro amigo, haces lo que quieres cuando quieres, esto no es personal - Aplicaba más fuerza en su agarre, mientras, se acercó a su oído. - Yo solo vengo a por uno, en cuanto me lo lleve puedes hacer lo que te de la gana, como si hundes el barco, así que no quiero tonterías cuando te suelte. ¿Estamos? - Le dijo amenazante al oído.

Quizás el resto de rehenes lo estaban escuchando pero le daba igual, esta era la realidad.

Kai no era un salvador, solo hacía lo que quería o le convenía.
Leyenda de una Leyenda
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#12
¿Pasar desapercibidos? Si claro, como si eso fuera posible con este enano peliblanco a mi lado. Su tono de voz fue lo suficientemente alto como para que los pasajeros se dieran cuenta de nuestra presencia casi al instante, incluido mi padre, quien al ver que yo estaba allí parado en la barandilla, me tiro una de esas típicas miradas regañonas que sin decir nada sabes que significan “¿que coño estas haciendo aquí?”.

Evidentemente, si los pasajeros fueron capaces de notarnos, el secuestrador también lo haría casi al instante. Pero antes de yo hacer algun movimiento, el aborto de mono que me quería reclutar hizo su movimiento, era mucho más rapido que yo, pues incluso me costó seguirle el ritmo luego de su sprint. Y sin esfuerzo, ya había inutilizado a aquel hombre armado con una simple llave.

— No solo es fuerte, sino que es mucho más veloz que yo —pensé mientras observaba como caían al piso.

— ¡Ahh! — suspiré mientras me preguntaba en que esta situación se estaba robando minutos de mi vida y ya me estaba dando dolor de cabeza.

Pero tras suspirar, y aprovechando que el secuestrador estaba completamente neutralizado contra el suelo de madera de la cubierta. Hice lo mismo que mi “compañero”, corrí a la máxima velocidad que me permitían mis piernas en dirección a donde estaba mi padre. Quien sabe si en todo el barco había alguien capaz de ver mi movimiento.

— Papá... —dije en voz baja, deteniéndome justo frente a él y ayudándolo a incorporarse, y asegurándome de que estuviera ileso—. ¿Estás bien?

Sin esperar a que el secuestrador recuperara el aliento, eché un vistazo rápido de reojo al peliblanco, lanzándole una mirada que dejaba claro que a pesar de lo estúpido de su método el rescate había sido todo.

— Tsk. Vámonos de aquí —le dije a mi padre justo antes de echar a correr en dirección a donde estaba el bote amarrado.
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#13
Aquel pobre secuestrador había tenido mala suerte de que el peliblanco fuese a conseguir algo por meterse en aquel embrollo, y lo manifestaba intentando balbucear algo ininteligible. Algo que si quiera Kai, un entendido y experto en el uso de la RADLC, Real Academia De La Calle, podía llegar a descifrar. - Shhhh. Shhhh - Tranquilizó al secuestrador, el cual por momentos veía que estaba comenzando a perder algo de sus tonalidades habituales, probablemente le estaba cortando la circulación. - Uy, perdona mi panita, me pasé - Aligeró un poco el agarre de ambos brazos del sujeto aunque mantenía restringidos sus movimientos, es entonces cuando la sangre volvería a circular correctamente.

Sus ojos se movieron por instinto al detectar movimiento, se trataba de navegante hijo y navegante padre, que estaban teniendo un bonito reencuentro familiar, algo que le daba absolutamente igual al pequeño luchador, sinceramente. - Que bello, padre e hijo. ¿No crees? Nada danos un segundo y nos vamos mi real - Se acercó a su oído solo para susurrarle. - Tranqui, no llamaré a la marina ni nada, esos son unos perros de los del gobierno, y a mi el gobierno me cae regular. Es lo que tiene el... - En medio de su monólogo vio que el dúo familiar comenzaba a descender por la cuerda hasta el bote, por lo que debía contar un par de segundos más en los que terminaban de bajar y subirse al bote.

- Bueno, creo que eso es todo rey. Nada de apuntarme por la espalda. ¡Que eso es de cobardes eh! - Liberó el agarre e inmediatamente se puso sobre el cuerpo de su nuevo amigo, poniendo el poco peso que tenía como seguro de vida. - Yo confío en ti. ¡A por ellos tigre! - Dijo ya saliendo despedido por la cubierta como alma que lleva al diablo solo para precipitarse por la borda agarrado de la cuerda, deslizándose así hasta el bote, un poco apretado ahora con los tres. Utilizó sus piernas para dar un empujón sobre el casco del barco mayor y propulsar el menor, eso si, tras haber desatado el amarre que los aferraba.

En cuanto al secuestrador, nunca sabríamos que pasaría con él, ni con los secuestrados. ¿Pero a quién le importaba esa historia? A no ser...
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