Volver a levantarse. [Presente Relativo]
#1
Día 2 de Primavera, Año 18.
Casa asignada a Kibai, ciudad de Shandora


Dolía.

Dolía muchísimo.

Kibai ahogó un quejido agudo entre dientes, mientras se dejaba caer de nuevo sobre la cama. Todo su cuerpo parecía haber sufrido una avalancha como las que había visto en Drum, aunque el machaque que notaba en sus músculos le recordaba bastante más a cuando las paredes del foso de los Cabos Gemelos se les habían empezado a caer encima.

Además de eso, le dolía la cabeza enormemente, como si hubiese bebido doce veces más cerveza de la que había consumido en las gradas. Kibai no había tenido una resaca en su vida, pero se imaginaba que debía de ser algo bastante similar a lo que estaba sintiendo ahora mismo. La cabeza no dejaba de latirle, como si un Tontatta esquizofrénico hubiese agarrado un pico de minería y se estuviese entreteniendo dandole golpetazos contra su lóbulo temporal a todo trapo. El mink apretó los dientes para no soltar otro grito mientras se masajeaba las sienes.

Lo último que recordaba era estar delante de aquel gyojin, y darle la bolsa con el dinero. EL DINERO. Los ojos de Kibai se abrieron de golpe antes de dejarse caer de nuevo sobre la almohada, colocando un antebrazo sobre sus ojos para cubrirse de la luz. No es que le fuese a hacer mucho efecto dada su visión nocturna, pero algo era algo.

Le debía cuatro millones al Banco Goldreich. Cuatro. Puñeteros. Millones. Más de lo que cobraba el en tres años completos de salario. Y todo para qué? para sentirse como estaba ahora? Destrozado y sin apenas fuerzas para moverse. Demonios, si ahora mismo tuviese que sostener a Raimei, dudaba que fuese capaz de dar más de cuatro o cinco golpes con ella antes de caer desfallecido de nuevo.

Quitandose el antebrazo de los ojos, el mink se tomó unos momentos para analizar la habitación. Era simple, pero bine arreglada, funcional. Quizas algún tipo de hospital? Aunque lo ignoraba, parecía que aquello estaba bastante solitario, al menos no olía a nadie cerca, aunque hasta sus sentidos parecían bastante aletargados. Es que acaso aquel maldito Pawurs le había atrofiado el olfato también con la extracción de la Akuma no Mi? A este paso, iba a ser una auténtica rémora para su División...

Con un último quejido, Kibai trató de incorporarse de nuevo, expectante por si alguno de los dos compañeros marines a los que había llamado escuchaba su grito al haberse despertado. No había mentido: a pesar del dolor y la sensación de que cuarenta elefantes y treinta diplodocus de Little Garden hubiesen bailado un maratón de claqué sobre sus costillas, estaba francamente muerto de hambre...

La Caja de Pandora
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#2
Por suerte, la salsa tardará en enfriarse gracias al recipiente de barro. No es que lleve más de unos minutos cocinada de todas formas, y por suerte la carne puede comerse fría. El problema es que no debería dejar los filetes sin consumir más de dos horas sin refrigeración…

Cuando pregunté a los espectadores al salir del coliseo, me dijeron que el tiempo de recuperación varía mucho según la persona, y que puede ir desde unas horas hasta días. Kibai parece resistente…, pero ¿cuánto es “unas horas”? ¿Me había precipitado al hacer tan rápido de comer? No, no, no puedo arriesgarme a que despierte y no tenga nada. Si fuera humano sería más fácil, ya que podría haber traído frutas, pan, algo con legumbres…, pero no me atrevo a dar a un mink carnívoro cosas que podrían no sentarle bien, y la carne es una apuesta segura para estos casos. Por lo mismo, la salsa tiene principalmente vegetales que sé que pueden consumirlas los felinos sin demasiados problemas.

Mientras camino con la bandeja por el pasillo, escucho una respiración agitada en la habitación de Kibai. «¡¿Ha despertado ya?!». Con los ojos muy abiertos, acelero y llego a la puerta justo a tiempo para escuchar tras esta que tiene hambre, lo que me alivia y me hace contener una risita. ¡Son buenas noticias! Si tiene hambre, debe de estar listo para comer, y eso es siempre una muy buena señal.

Sujeto con cierta dificultad la bandeja y, con una mano, abro la puerta.

―Hola~ ―saludo alegremente, pero sin querer alzar demasiado la voz, ya que no tengo ni idea de si le dolerá la cabeza―. Te has despertado muy rápido. ¿Cómo te encuentras?

Al acercarme, veo que los rayos de sol se han desplazado durante el tiempo que he estado fuera.

―¿Te molesta la luz? ―pregunto al tiempo que dejo la bandeja sobre la mesita de noche y me acerco a la contraventana de madera para moverla un poco, desviándola para que siga iluminando la habitación, pero que no dé directamente sobre la cama. Entonces, me giro para mirarlo de nuevo mientras avanzo hacia el sillón de la esquina para coger el cojín que hay sobre él―. ¿Quieres que te ayude a incorporarte?

No me atrevería a hacer nada sin sus indicaciones, ya que no son pocas las veces en las que alguien, queriendo ayudar, termina estorbando más que si se quedara quieto.

―Moja te echó antes un vistazo y dijo que, a pesar de la cicatriz, no corrías peligro… Me dejó unas cremas y pastillas por si las necesitabas para el dolor. ¿Quieres alguna? Tardarán en hacerte efecto, pero...

La verdad es que, aunque no hable demasiado, he aprendido mucho escuchándolo… Debería aprovechar para aprender más sobre medicina. Incluso aunque en nuestra división seamos solamente tres, un médico no es suficiente… ¿Y si es precisamente él quien…? «No puedo dejar que se repita lo de Kutsukku».

No, no. Ahora solamente importa Kibai.

Ayudante de enfermería
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#3
Apenas hubo terminado de incorporarse a duras penas, Kibai vio como a través de la puerta de la habitación entraba una visión deslumbrante: Nyra, provista de una bandeja de comida con tres platos y un recipiente de barro que olía bastante bien, se le acercó con una sonrisa preguntándole cómo estaba. El mink se llevó una mano al hombro derecho, haciéndolo rotar de atrás hacia adelante con cuidado.

― Bien, bastante bien... O sea, estoy como si me hubiese pasado un acorazado de la Marina por encima de la espalda cargado con dos o tres docenas de gigantes pero físicamente por el resto creo que bien. Eso si, me duele muchisimo el golpe. Ese maldito gyojin... ― Kibai apretó los dientes para contener un nuevo rugido de dolor mientras trataba de sentarse en la cama. ― desde luego sabe pegar un buen derechazo.

Respirando pesadamente, el mink consiguió al fin incorporarse y sentarse en el colchón. Notando como el sudor le corría por la frente, echó mano directamente a la jarra de agua, sin molestarse siquiera en recoger el vaso y bebió tres largos tragos. Aquello claramente fue un error, pues su estómago afectado por el golpe de la técnica de Pawurs envió como respuesta un súbito y agudo latigazo de dolor que hizo que la mano de Kibai se apretase alrededor de la jarra, con sus garras dejando cinco muescas en la misma. En esta ocasión no pudo evitar soltar un sordo gruñido de dolor, pensando que por fortuna Nyra estaba de espaldas a el entornando la ventana y puede que no lo hubies oído.

La humink no tardó en volver junto a él, y Kibai aceptó gustosamente su ayuda, primero pasándole la jarra de agua para que la volviese a colocar en la mesilla, y después resignándose a ser cuidado, con un segundo cojín bajo su espalda para facilitarle el poder comer sin estar totalmente tumbado.

― Gracias Nyra, eres un encanto, en serio. Casi ni me molesta que huelas un poco a humano... ― dijo con un tono un pelín sarcástico antes de reírse de su propia ocurrencia, lo cual le envió una nueva oleada de pequeños espasmos de dolor desde sus costillas.

Al escuchar a la joven hablar de Moja, el mink asintió.

― Claro, seguro que lo que me ha dejado me hará bastante bien, pero no pienso tomar nada con el estómago vacío, y he corrido mucho en sueños, así que si me echas una mano con la bandeja, voy a comer.

Aceptando la ayuda que le ofrecería Nyra,, Kibai colocó la bandeja sobre su regazo, examinando la comida con ojo clínico. A pesar de todo, no dejaba de ser un chef, de modo que todo lo que era comestible y pasaba bajo su olfato, debía ser convenientemente analizado y probado, de poder ser.

Los filetes tenían buen aspecto por fuera, excepto por dos que, para el gusto de Kibai, habían sido convertidos en suelas de zapato, pero nada que una buena salsa y mucha hambre no pudiesen arreglar. Tomando con algo de dificultad el cuchillo y el tenedor, pues sus manos aún seguían temblorosas, el mink cortó un trozo de la carne menos hecha, antes de llevársela a la nariz. Aunque percibía el aroma de la sartén, sus bigotes notaron que la temperatura de la carne era ya fría. Ello si bien no era un problema para aquel filete, o incluso para el que ya parecía algo pasado, si lo era para el plato de suelas de zapato. Algo muy hecho y sin temperatura? En otro momento y de haber tenido fuerzas, Kibai habría perseguido a Nyra por toda la cocina sacudiendole en la cabeza con la espumadera...

Pero tenía un hambre lobuna, así que los dos primeros filetes desaparecieron en un abrir y cerrar de ojos. Entre bocado y bocado, Kibai llevó el tenedor al recipiente anexo con salsa, tomando un poco con el cubierto y oliéndola a su vez.

― Interesante combinación, se puede saber qué vegetales has empleado? Normalmente lo sabría de inicio, pero tengo la cabeza como un bombo y ninguno de mis sentidos parece estar funcionando demasiado bien.

Aparte, y se abstuvo de decirlo en alto, le apetecía conversar un poco después de las pesadillas que había sufrido.

― Deduzco que lo has hecho todo tú. Eres la cocinera de tu División?

La Caja de Pandora
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#4
Ante su inesperado comentario, me atrevo a dejar escapar una risita. Incluso sintiéndose así de mal, ¡es mucho más divertido de lo que parece a simple vista!

―Menos mal que físicamente por el resto te encuentras bien; me habría preocupado si no fuera el caso ―bromeo de vuelta con una sonrisa.

Kibai debe de ser realmente fuerte para hacer chistes a pesar del sudor y el hambre y la sed que obviamente tiene. Sobre todo, la sed. Había cogido la jarra directamente y, aunque estaba de espaldas cuando dejó de beber repentinamente para soltar ese pequeño quejido de dolor, mi buen oído me hizo percatarme de ello. Pero, por supuesto, como buena compañera marine, finjo que no me he dado cuenta en absoluto de ello. Sólo espero que mi oreja no me haya delatado…

Tras acercarme para colocar la jarra de nuevo en su sitio y ayudarle a acomodar el cojín, mi cola se mueve ligeramente de un lado a otro por el elogio.

―¡Aw, no es nada~! ―sonrío alegremente enlazando las manos a la espalda―. Aunque me alegro entonces de que no se hayan ofrecido entonces a acompañarte mis otros compañeros de tripulación ―añado conteniendo una nueva risita debido a la raza de ambos.

Con intención de ayudarlo a sentirse mejor, lo informo sobre la información y la ayuda ofrecida por su compañero mink, pero el… ¿guepardo?, ¿leopardo?, no tarda en tomar la sensata decisión de no tomar nada sin haber llenado el estómago primero.

Dicho eso, lo ayudo de inmediato a colocar la bandeja sobre su regazo de manera segura y estable para que no se le caiga nada.

Cuando todo estuvo perfecto, me alejé de la cama para dirigirme al escritorio ante esta. Doy la vuelta a la silla y la giro para quedarme mirando hacia él, más cerca de lo que me permitiría el sillón, por si necesitaba mi ayuda para cualquier cosa.

Había decidido comenzar por la carne poco hecha, oliéndola antes de probarla. En realidad, eso no me da mucha información, ya que podría ser lo que más le gusta, que prefiriera dejar lo mejor para el final o que, simple y llanamente, le diese igual. De hecho, terminó con los primeros filetes rapidísimo y no tardó en pasar al segundo plato… Qué velocidad…

Sonrío ante el interés de su pregunta. ¿Así que normalmente lo sabría de inicio? Entonces, sin duda se le dará también muy bien la cocina.

―Zanahoria, champiñones y guisantes ―respondo orgullosa. Ante su siguiente pregunta, no dudo en asentir―. Sí, soy yo. Si tan bien se te da detectar ingredientes, ¿imagino que tú también eres el de la tuya? ―inquiero con curiosidad―. Lamento lo de la temperatura de la carne, por cierto… Quería darme prisa, pero es la primera vez que usaba esa cocina y me ha costado encontrar algunas cosas. Además, no quise usar ningún ingrediente que no fuese apto para felinos. ¡No querría que te encontrases peor por algo que yo hubiera cocinado!

Devolviendo la mirada al primer plato, no tardo en continuar.

―¿Tienes alguna preferencia respecto a la carne? Como no sabía qué tipo de cocción preferías, te hice las tres más comunes, pero puedo prepararte más del tipo que quieras. ¡Ah, por cierto! ―exclamo con el rostro iluminado por el recuerdo antes de comenzar a señalar objetos―. Tu abrigo está colgado en ese perchero, junto a la puerta, y tus espadas siguen allí, atadas a tu cinturón. Te las he querido dejar cerca, pero como la mesita de noche está en medio, a lo mejor no las habías visto.

Mmm… ¿Hay algo más con lo que le pudiera ayudar ahora mismo…?


Ayudante de enfermería
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#5
Mientras paladeaba lentamente la salsa, Kibai asintió levemente, mostrando aprobación. Una elaboración más que correcta.

― No está mal, no está mal... Le falta un punto de fuerza, quizas pasar las verduras por la brasa antes de triturarlas para hacer la salsa hubiese sido un bune toque, pero teniendo en cuenta que estabas preparando comida para alguien convaleciente, es más que aceptable. Tienes buena mano lo admito. Si quieres un consejo para evitar que la carne se te quede fría, y no quieres que esté completamente sumergida en la salsa, que sería la opción más sencilla, siempre puedes tratar de colocarla entre dos platos al lado del fuego. Se secará levemente, pero si le echas un poco de los propios jugos que suelta al cocinarse encima para que se vayan vaporizando y humectando el ambiente, tendrás un plato caliente al menos por el doble de tiempo, te lo garantizo.

Al escuchar la referencia a los felinos, Kibai detuvo el tenedor a medio camino de su boca y dirigió al vista hacia Nyra, luchando contra su propio estupor. Pero como era posible que ella, precisamente ella, le tratase como a un simple animal? Es que acaso no sabía nada de su propio origen? O tal vez la habían tratado como a tal y por ello creía que el resto de minks se sentían igual? Notando como las sienes le latían con fuerza, Kibai dejó pausadamente el tenedor antes de girarse hacia la joven marine, que seguía mirándolo con aquella eterna sonrisa en la cara mientras meneaba su cola de un lado al otro.

― Madre mía criatura, pero quién te ha criado? Los minks comemos lo mismo que cualquiera, no nos distinguimos por clases. Es más, hasta un mink vaca no le haría ascos a un sabroso pollo asado. Tus padres no te enseñaron nada acerca de lo que eras?

Un poco inconsciente de lo que las palabras podían afectar a Nyra, pues el dolor del vientre, aunque trataba de disimularlo, le seguía corroyendo por dentro, el mink se centró en cortar el contenido del último plato, resignado a comer suela de zapato, aguardando con gran esperanza que la salsa, la cual tenía un sabor suave, aunque bien equilibrado, fuese lo suficientemente útil como para tragar la carne (a su parecer) carbonizada.

Por suerte, sus miedos resultaron infundados, pues con ayuda de la salsa y los poderosos colmillos del mink leopardo, pudo dar buena cuenta de todo lo que Nyra le había preparado de comer. Mientras daba cuenta de los últimos bocados, se fijó en la dirección que ella le indicaba, sonriendo al ver tanto su abrigo como el cinturón con sus espadas.

― Oh, menos mal. Las dos son muy importantes para mi, sabes? Arashi es un regalo de Bertram, me la hizo en Drum. Y Raimei...

Los ojos de Kibai se entornaron un segundo mirando hacia el infinito.

― Raimei es un regalo de alguien muy especial para mi. Yo nací en Zou, sabes. Pero cuando era pequeño, por culpa de ser joven, estúpido y tener ganas de demostrarle a mis compañeros que era mejor que ellos, acabé perdido en el mar. El hombre que me rescató me regaló a Raimei y me llevó a la base de la Marina en Roshwan, con la promesa de volver a vernos algún día en el Grand Line. Espero que para entonces haya conseguido ser lo suficientemente bueno como para que esté orgulloso de mi.

Percatándose de que llevaba una buena cantidad de tiempo hablando solo, Kibai se forzó a cambiar la cara y esbozó una sonrisa, aunque mantuvo una mano sobre el dolorido vientre para evitar que algún movimiento brusco le despertase mayores incomodidades.

― Pero basta de hablar del pasado, venga marine, dame informes!! Cuanto tiempo llevo inconsciente? Ha pasado algo más interesante en la isla? Juan y Enji siguen borrachos? Alguien más apareció? Lo cierto es que estoy completamente en la inopia de todo lo sucedido tras el cariñoso arrumaco que Pawurs me dio en la arena.

El mink se recostó de nuevo sobre los cojines, con la mirada fija en la humink, atento a lo que le pudiese decir.

La Caja de Pandora
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#6
¡Pasar las verduras por la brasa! ¡¿Cómo he podido estar tan distraída que no se me haya ocurrido?! Y lo de mantener la carne caliente entre dos platos junto al fuego es una idea buenísima. ¡Kibai sabe muchísimas cosas!

―¡Muchísimas gracias, Kibai! No lo había pensado, pero ahora que he aprendido eso, ¡la próxima vez me saldrá mucho mejor! ―agito enérgicamente mi cola al tiempo que la curva en mis labios se amplía.

Aproveché para hablarle un poco más de la salsa y los ingredientes, pero deja de comer y me observa en silencio en cuanto termino de hablar. Mis pupilas le devuelven la mirada, confundida. ¿He dicho algo malo?

Mis aguamarinas se agrandan ante la nueva información. ¡Así que todos los minks pueden comer de todo! Aunque, por cómo lo ha dicho, resulta evidente que eso debería ser de sentido común para alguien con sangre de esa raza. El comentario sobre mis padres me duele un poquito, pero tampoco es que pueda culparlo…

―Vaya, ¡lo siento! ―me disculpo enseguida con la amable sonrisa aún en los labios―. Mi madre era la mink, y no llegué a conocerla… Me crió mi maestro, pero él era humano, así que tampoco sabía mucho del tema. De hecho, estoy bastante segura de que lo poquito que aprendió fue conmigo ―río con suavidad para restarle importancia. Ya había contado la historia muchas veces, así que no era un problema―. Pero soy muy lista. ¡He aprendido muchas cosas sola! Por ejemplo, uso productos completamente distintos para el cabello y mi cola ―explico mientras subo ambas piernas al asiento de la silla para dejarlas cruzadas de forma amplia. Sobre el hueco entre estas, dejo caer mi cola, esperando que así se vea mucho mejor―. Mira, si te fijas, tengo dos tipos de pelitos. Estos que se ven más fácilmente son mucho más largos, pero si los aparto así, se ve que debajo de están otros muuuuchos pelitos más cortos, ¡por eso es tan esponjosa! ―exclamo mientras se me mueve un poquito por la felicidad al tiempo que la abrazo un segundo, como si fuera un peluche, antes de continuar―. Además de tener productos específicos, los uso menos a menudo que el de cabello humano. ¡Lo que sí que hago todos los días, después de ducharme y secarme muy, muy bien, es usar un desenredante y a veces un poquito de aceite! Lo deja taaaan suaaaave… ¡y huele tan bien! ¡Y siempre cepillo mi cola por la mañana y por la noche! ―Mientras hablaba, pasaba mis dedos por ella para ilustrar el movimiento. De la nada, mi rostro se ilumina de repente, cayendo en algo muy importante―¡Oye, Kibai! ¡A lo mejor tú me puedes enseñar cosas de minks! ―anuncio sin pensar, liberando mi cola y con los brazos estirados y las manos sobre mis tobillos, muy interesada en lo que pudiera decir.

¡Ah, pero antes de eso hay algo más importante! No tardo en informarle de dónde se encuentran sus pertenencias, ya que seguramente querría saber dónde están y que se encuentran en perfecto estado. Sus espadas tienen nombre, y Arashi se la hizo Bertram. ¡Como a mí Kael mis bos! La otra, Raimei…

Escucho atentamente cuando cuenta la historia. Kibai era de la misma isla que mi madre, algo bastante normal entre los minks. El pobre se perdió en el mar… y, al igual que a mí, alguien lo rescató. Ese hombre le entregó a Raimei y se prometieron verse en el Grand Line, aunque aún no se han vuelto a ver.

―Bueno, ¡pues ya estás en el Grand Line! ―exclamo estirando los brazos a ambos lados, como si con ese gesto pudiera mostrarle todas las rutas e islas contenidas en él―. ¡Seguro que dentro de poco vuelves a verlo! ―Aunque habría sido más fácil si le hubiera dicho la corriente por lo menos… ¿O sí se la dijo? Bueno, si Kibai no la había mencionado, por algo sería.

¡Oh, claro! ¡Informes, informes! Es normal que quiera saber qué ha pasado mientras no estaba con nosotros. ¡Yo también querría, de estar en su lugar!

―Pues la verdad es que ha sido todo hace nada, como quien dice. Creo que… ―Observo un instante el reloj sobre la puerta―. Sí, habrán pasado unas cinco horas… ¡Eres muy fuerte, Kibai! ―celebro con silentes palmaditas de felicitación―. Así que tampoco ha pasado gran cosa. Te traje hasta aquí lo más rápido que pude junto con Moja, por lo que no sé bien si siguen borrachos o no… ¡Oh, oh! ¡¿Sabes qué pasó después de Pawurs?! ―exclamo emocionada con los ojos muy abiertos―. ¡Apareció otra gyojin! Era un pulpo... ¿Una pul…? ¿Un…? ―reflexiono un momento girando el rostro, confusa por el sexo de la persona, antes de negar velozmente con la cabeza―. Bueno, ¡no importa! Se llamaba “Cariños Carlos” ―¡anda, como mi Mushi Mushi!―, y el caso es que debe de tener una fruta parecida a la de Pawurs, pero distinta. ¡Podía cambiar la raza y sexo de las personas! Pero yo estaba muy ocupada llevándote, así que no tengo ni idea de quién habrá ido… ¿Quién querría cambiar de sexo o de raza…? ¿Y por qué…? ―inquiero un poco confusa casi para mí misma―. De todas formas, el evento se clausuró poco después, así que en realidad no ocurrió mucho más.



Ayudante de enfermería
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#7
Kibai esbozó una pequeña sonrisa mientras reacomodaba su posición en la cama mientras escuchaba a Nyra.

― Tranquila, la cocina es cuestión de tres cosas: paciencia, experiencia y valentía. Si consigues reunir las tres, podrás hacer cualquier plato que te propongas. Solo debes de continuar practicando y sobre todo experimentando, equivocándote y aprendiendo de tus errores, el resto sale solo.

El mink se dio un leve toque en la nariz antes de señalar las orejas de la humink.

― Yo uso mi olfato para la cocina, pero no es el único sentido útil para este gran arte. Creo recordar que dijiste en el sendero de camino a la ciudad que tenías un buen oído. Pues yo te digo que si lo tienes, procura usarlo. La comida te habla, aunque te parezca que no. La carne crepitará de distinta manera cuando se endurezca por estar demasiado tiempo en el fuego. Las especias chisporrotearán justo antes de quemarse, y cualquier masa de pastel y hojaldre crujirá en el horno cuando la levadura haga su efecto y comience a inflarse. Todo está ahí, solo debes de ser capaz de percibirlo, y será mucho más facil que tus platos salgan con una calidad más que envidiable.

Mientras Nyra iniciaba su monólogo acerca del cuidado del pelo de su cola (que le habría valido un fuerte coscorrón en la cabeza de haber estado en Zou rodeada de auténticos minks caninos) Kibai se permitió un segundo de abstracción: aquella joven era muy distinta de la otra humink que había conocido, la chica mono de los Cabos Gemelos que al parecer era amiga de Bai. La chica mono parecía un mono y se comportaba como un mono, es más, para el gusto de Kibai se comportaba DEMASIADO como un mono, pero aquella marine era algo bastante distinto, como si fuese simplemente una joven humana que hubiese descubierto un día que tenía cola de animal.

― Será esto lo que ocurre cuando gente como ella son criados por humanos? ― pensó para si mientras enarcaba una ceja al ver como Nyra abrazaba su propia cola. Su comportamiento era infantil para ser un mink, eso desde luego. Su gente aprendía a desenvolverse por si solos desde casi el aprender a andar, y aunque su madre le castigaba cuando montaba una pifia, tampoco era que se extrañase mucho si el pequeño Kibai pasaba dos o tres días sin aparecer por casa.

Con la última sugerencia de Nyra, el mink tuvo que contener una nueva risa para que las costillas no le siguiesen doliendo.

― Podría... Es más, esta isla es perfecta para ello, al haber tanta jungla, pero te aseguro que ahí no habrá espacio para desenredantes, ni para aceites, ni para peinados matutinos y vespertinos.

Aunque antes que puediese seguir, la joven pasó a un tema mucho más interesante, todo lo que había sucedido después de que Kibai se quedase inconsciente por el golpe de Pawurs. El mink esuchó, enarcando la ceja cada vez más alto en un gesto de incredulidad creciente.

― Espera espera espera... Cambio de género hasta lo podría entender, no es que sea algo completamente loco para una Akuma no Mi, visto lo visto, pero de raza? O sea, me podría haber convertido en un Lunarian, por ejemplo? O a ti en un Tontatta? Eso si que me parece una locura...

Examinando sus propias garras, Kibai reflexionó acerca de lo que escuchaba: aquella capacidad en combate sería devastadora. El estaba acostumbrado a su propio cuerpo, a ser potenciado por el Electro, a emplear sus garras, o sus colmillos inlcuso. Que una Fruta del Diablo pudiese arrebatarle irremediablemente todo aquello... Casi que mejor que no se cruzase más con aquel pulpo, o pulpa, o pulpe o lo que demonios fuese.

― Bien, me alegro que todo acabase bien al final, no tenía ganas de que se armase una buena gresta y yo aquí echándome la siesta. Pero me recuerda otra cosa: tal y como he dicho antes, podría enseñarte muchas cosas, y pareces una chica lista, estoy segura de que no te costaría demasiado pero creo que, en base a lo que me has contado de ti, debo acerca una pregunta, y te aconsejo que medites bien la respuesta...

Con un punto de maldad fingida, Kibai se permitió el lujo de colocar un tono algo más oscuro en su voz, a la vez que esbozaba una sonrisa que dejaba ver sus colmillos y una pequeña chispa azulada (ya que no se atrevía ni por asomo a invocar el Electro por lo que a su cuerpo le convenía) cruzaba por sus ojos.

― Estás segura de que quieres saber más de tu parte mink, Nyra? Porque hasta ahora creo, y visto lo visto no me equivoco, que te has centrado demasiado en tu parte humana. Puede que el choque no te guste demasiado.

El mink clavó su mirada esmeralda en los ojos de Nyra, con las pupilas verticales estrechándose hasta convertirse en rendijas clavadas en los brillantes iris azules de la humink, aguardando por su respuesta.

La Caja de Pandora
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#8
Escucho atentamente la sabiduría de Kibai en la cocina, asegurándome de aprender todo lo que puedo mientras mi cola se balancea de un lado a otro. ¡No sabía que el oído podía usarse tanto en la cocina! ¡Es tan, tan guayyyy! Aunque es verdad que desde siempre he tenido cierto “instinto” en la cocina para saber cuándo estaban las cosas… ¿Será que he aprendido esas pequeñas diferencias sin darme realmente cuenta mientras estaba atendiendo a otras elaboraciones? ¡Tengo tantísimas ganas de comprobarlo!

―¡Es increíble, Kibai! ¡Ojalá alguien me hubiera explicado todo esto antes! ¡No puedo aguantar, tengo muchísimas ganas de volver a cocinar en cuanto pueda y prestar superatención a cada sonido! ¡Vivaaaaaaa! ―Mis brazos se alzaron altos para celebrar el nuevo descubrimiento. ¡Será como redescubrir cómo cocinar! ¡Qué divertidoooo!

No mucho después, la conversación pasa a girar alrededor de los minks. ¡Kibai tiene que saber muchísimo del tema! No solamente es uno, sino que viene de una isla donde toooodos lo son. Me hizo feliz que la idea de enseñarme pareciera gustarle, pero una exclamación de sorpresa acompaña mi expresión con su comentario. ¡¿Cómo que no habría espacio para desenredantes, aceites ni peinados?!

―¡¿No?! ¡¿Cómo que no?! ―exclamo anonadada―Pero… pero… pero usarán productos distintos entonces, ¿no? Algo que sea de esa isla… Quizás no haya tampoco cremas, pero sí algún tratamiento especial… ¿no? ―Lo observo largos segundos, sin estar segura de si está hablando en serio o si solamente está jugando, gastándome una broma por desconocimiento―. Debe de ser durísimo ser mink allí... ―murmuro sin pensar siquiera en si me oirá o no.

Pero, por supuesto, es importantísimo informarlo de todo lo que ocurrió durante su inconsciencia, así que no tardo en darle los detalles más importantes. ¡Y saber lo que puede hacer esa fruta le impacta tanto como a mí! ¡Ay, sienta tan bien cuando alguien más aparte de Shin comparte mi sorpresa y emoción por las cosas!

―¡¿Verdad que sí?! ¡Es impresionante! Yo no llegué a verlo porque ya me estaba yendo, y aunque no llegué a escuchar los precios, dijo que sus servicios eran mucho más costosos que los de los otros dos. Debe de ser cierto si lo dijo en medio de todo el coliseo, ¿no?

Observo a Kibai examinando sus garras y supongo que está pensando más o menos en lo mismo que reflexioné yo en su momento.

―Me cuesta mucho entender por qué alguien querría cambiar su raza… Los gyojin y ningyo pueden respirar bajo el agua y nadan muy rápido; muchos minks tenéis garras y colmillos, o incluso cuernos, y yo tengo muy buen oído y me encanta mi cola…, pero incluso los humanos, sin nada de eso, tienen sus ventajas. Por ejemplo, creo que se les da muy bien mentir. Yo tuve que aprender a hacerlo en la adolescencia, sobre todo si quería entrar a ser marine, ¡pero al principio se me daba muy mal! Tienes que estar atenta a la cola, las orejas, los ojos… Los humanos solo tienen que estar atentos a su propia cara, voz y manos. Aunque, en realidad... ―Tras un par de segundos de reflexión mirando al techo, vuelvo mis iris a él para continuar―. En realidad, sí creo que muchos humanos podrían querer ser otra raza. Los lunarian hacen lo mismo y vuelan muy alto, los buccanner y onis también y son muy grandes y fuertes, los tontattas igual y caben por espacios pequeñitos…

Sí, cuanto más lo pienso, más creo que quizás ellos son los que tienen más papeletas de ir a buscar los servicios de ese gyojin.

El resumen de Kibai me hace sonreír de nuevo pues, ciertamente, todo acabó bien, ¡y mi cola se agita de nuevo sola en cuanto dice que parezco lista y me puede enseñar! Sin embargo, mi rostro se gira en una mezcla de confusión y curiosidad. «¿Una pregunta…?».

El movimiento de mi cola se detuvo con aquel último tono de voz. Sus colmillos asomaron y mis músculos se tensaron con el brillo azul de su mirada afilada. Mis orejas se habían puesto en alerta, prestándole toda mi atención. Aun estando convaleciente, lo envuelve esa aura de depredador…

La pregunta llegó a mis oídos casi deslizándose. Permanezco un par de segundos analizándola al mismo tiempo que a su rostro, preguntándome por qué podría no gustarme…

Finalmente, la comisura izquierda de mis labios se alzó al tiempo que mis pupilas también se afilaron con decisión.

―Sí. Sí quiero aprender sobre mi parte mink. ¡No importa lo peligroso que sea o si no puedo usar desenredante mientras entrene! ―exclamo con absoluta seriedad con los puños cerrados antes de alzarlos―. ¡Quiero aprender más sobre mi parte mink y ser la mejor humink del mundo!

Ayudante de enfermería
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#9
Kibai sonrió aún más ampliamente cuando Nyra aceptó seguir sus enseñanzas. Oh por todos los demonios, desde cuando no tenía a una cría mink siguiendo su estela?

― Está bien, pequeña. Desde que me recupere y esté en capacidad de moverme adecuadamente, te aconsejo que te prepares, porque eres Marine, y eres medio mink, y ni que me reduzcan a cenizas voy a permitir que dejes siquiera en duda el linaje que traes dentro. Lo primero, porque esto es importante a la hora de cuanto voy a poder exprimirte, has sentido alguna vez como todo tu cuerpo hormigueaba, como si tuvieses dentro una energía oculta que no fueses capaz de liberara hasta que has sido consciente de que esa energía estaba ahí? Y segundo, alguna vez has notado alguna sensación extraña cuando has mirado la luna llena, o has sufrido lagunas de memoria en noches de plenilunio? Piensate bien estas respuestas, pues no te quepa duda de que son importantes, créeme...

Mientras escuchaba la respuesta de Nyra, Kibai se incorporó de nuevo, colcando mejor los cojines bajo la parte baja de su espalda, lo justo para que le permitiesen estar más o menos enderezado en cuanto a su postura. Podría sacarla a la jungla circundante a Shandora, pero sinceramente, no se fiaba demasiado. Incluso para el, un explorador más que avezado y acostumbrado a meterse en cualquier tipo de terreno o entorno sin temor a ningún tipo de problema, le llamaba a la cautela el emprender una expedición en solitario por la jungla de Skypiea, más que nada porque al fin y al cabo, no dejaba de ser una región totalmente distinta a todo lo que el mink había conocido a lo largo de su vida.

― Podría meterla sin saberlo en una trampa letal... ― pensó Kibai. ― Aunque por otro lado, no solamente es medio mink, sino que es una maldta miembro de la marina, mas le vale empezar a aprender a sobrevivir sin aceites esenciales ni peines para la cola...


Levantando la mirada hacia Nyra, Kibai cortó un trozo más del filete más quemado, esforzandose sobremanera en conseguir masticarlo mientras evluaba con atención a la joven humink.

― Hmmmm. Eso si, hay dos consejos que voy a darte, y que espero que sigas al pie de la letra. Consejo uno: Si te digo que corras, corres. Sin discutir, y sin posibilidad de ver que pasa con el "y si me quedo?". Si te digo que corras, corre, y punto. Deberás confiar en que no vaya a darte esta orden a la ligera. El segundo consejo es más sencillo: No pienses. Cuando estemos ahí dentro en la jungla, no pienses en que tu cola está embrollada, o que estás rastreando que tu olfato preferiría no haber olido. Debes de ser una con la jungla, tanto para lo bueno como para lo malo. Y si eso implica rajarle el cuello a un conejito para poder alimentar a tus camaradas, se hace, y no derramamos lágrimas por ello, me he explicado claramente?

A Kibai le invadió un cierto sentimiento de culpabilidad. Estaba siendo muy duro con la pobre Nyra, pero tras lo visto antes de los juegos, cuando le habían tapado los ojos para que no viese a los hombres de Sigurd Haarkon y Ubbe precipitarse al vacío en una muerte horrenda, le pesaba sobremanera el tener que ser él el que le sacase la venda de los ojos a Nyra, aunque fuese algo que le doliese en su interior al tener que corromper a un espíritu tan puro.

― No obstante, los espíritus puros no duran mucho en este mundo... ― pensó Kibai mientras continuaba observando a la humink que se balanceaba en la silla con aquella eterna sonrisa.

― No obstante, procuraré no ser demasiado estricto contigo dada tu ascendencia y tu... pasado, por así decirlo. Pero eso no implica que vaya a ser condescendiente, sino que simplemente tendré en cuenta que te han criado Minks inferiores como si fueses una Mink inferior...

Sintiéndose con algo más de fuerzas, Kibai echó las mantas de la cama a un lado, antes de auparse usando ambas manos como contrapeso para incorporarse de nuevo y sacar ambos pies de la cama. Con muchisimo más esfuerzo del que le hubiese gustado admitir, el mink se dejó caer sobre las plantas de sus pies. Una súbita sensación de mareo le invadió, pero aquello no fue suficente para detenerlo. Sin embargo, al ver como el mareo se sucedía aun auténtico vaivén de las baldosas sobre las cuales se apoyaban sus pies, el mink renunció por el momento y se dejó caer de nuevo en la cama.

― Pero sea como sea, todo eso ya te llegará una vez me haya recuperado de la condenada barracuda...

La Caja de Pandora
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#10
―Estaré preparada, te lo aseguro, ¡no te preocupes! ―garantizo mientras el balanceo de mi cola se vuelve más enérgico por la emoción contenida―. ¡Seré una medio mink muy, muy orgullosa!

Sin embargo, Kibai continúa con unas preguntas bastante extrañas pero que, dicho por él mismo, son importantes… Para estar segura de la respuesta, tardo unos segundos en pensar bien antes de contestar, pero aun así…

―¿Una energía oculta…? ¿Como… magia? ―inquiero con el rostro ligeramente inclinado, tratando de hacer memoria. Un hormigueo…―. No, no creo haber sentido nada parecido… Y sobre la luna llena… Mmm… Bueno, cuando era pequeña es verdad que me costaba más dormir cuando había luna llena. ¡Había mucha luz y eso me hacía tener ganas de seguir jugando y hacer muchas cosas! Esas noches eran un dolor de cabeza para mi maestro ―reí suavemente al recordarlo―. Pero nada que se parezca a lagunas, ¡tengo muy buena memoria, de hecho! ¿Por qué es importante…? ―lo observo con curiosidad.

Pero, además de preguntas, también hay consejos que escucho con atención. El primero me confunde un poco… En la Marina me enseñaron a seguir órdenes por la misma razón. Si alguien es un superior, debe de saber más y tendrá razones para ordenar lo que ordena…, pero eran órdenes, no consejos. ¿Será porque también es un soldado raso…?

Segundo consejo: no pensar. Al principio también me confundía, pero conforme fue explicando, comprendí que se trataba de experimentar todas las sensaciones sin juzgarlas ni preocuparse por ellas. Ser una con la jungla, ¡sí, señ…!

«¡¿Conejito…?!». Mis orejas se agacharon al tiempo que mi cola se dejó caer con esa frase. Bueno, sí, si la vida de mis camaradas estuviera en peligro, podría matar a un conejito para salvarles la vida, pero hacerlo sin llorar era pedir mucho…

―Mmm… Si tenemos que cazar…, ¿podría ser al menos algo que se pueda defender? No sé, un animal algo peligroso… Así al menos estaríamos eliminando un peligro en la selva, ¿no…? Digo, entiendo lo del ciclo vital y todo, pero creo que eso ayudaría más a los habitantes de la zona. Además…, admito que preferiría que no se tratase de ninguna hembra con crías muy pequeñas a su cargo, aunque entiendo que no siempre habrá oportunidad de comprobarlo…

¿Me pondría triste matarlo de todas formas? Sí, pero luchar por mi integridad y la de mi compañero me ayudaría a estar centrada durante el combate y no arrepentirme tanto luego…

Sonreí un poquito con su siguiente explicación. Sí, es cierto que me costaría por mi crianza, pero aunque intentase no ser demasiado estricto conmigo, yo quería sorprenderlo cuando me viera esforzarme. No sé las expectativas que tendrá conmigo, pero sean las que sean, me gustaría superarlas.

Me sorprende verlo echar las mantas hacia un lado y coloco mis pies sobre el suelo en cuanto él hace lo mismo con los suyos. Permanezco alerta, rígida, lista para acercarme si me necesitaba.

―Kibai, de verdad que creo que no deberías… ―pero sabía que, dijera lo que dijese, me ignoraría si realmente se veía preparado para levantarse.

Por suerte, no lo hizo. En cuanto veo echarse de nuevo sobre la cama, todo mi cuerpo se relaja.

―No te preocupes, ¡ya habrá tiempo para eso! ―trato de animarlo mientras mi cola vuelve a agitarse con suavidad―. Ya es un milagro que te hayas despertado en tan poquitas horas. Eres muy fuerte y resistente, pero tampoco es buena idea que te fuerces más de la cuenta. Piensa que, cuanto más descanses ahora, antes te recuperarás y antes podrás hacer vida normal y enseñarme todas esas cosas. ¡Todo eso tardará más si terminas con una recaída por no sanar bien!

Mmm… ¿Qué podría hacer para distra…? ¡Oh, ya sé, ya sé!

―¡Kibai, Kibai! ¡Mira esto, creo que te puede gustar! ―exclamo al tiempo que casi salto de la silla para ponerme en pie y colocarme en el centro de la habitación, en la parte más amplia―. ¡Mira, mira! ―Acto seguido, activo mi fruta en forma híbrida, de manera que mi cuerpo crece (menos mal que el techo es alto) y se cubre por completo de pelaje en tonos de gris y negro. Entre las novedades más llamativas, están las manchas negras alrededor de mis ojos y los anillos en la cola. ¡Incluso mi nariz y colmillos han cambiado!―. ¿Qué opinas? ¡Así puedo parecer más una mink mapache! Sé que no es lo mismo, ¡pero mira qué garras más chulas! ¡Son superafiladas! ―anuncio al tiempo que le extiendo un brazo para que las vea más de cerca mientras muevo los dedos para mostrarlas―. ¡¿Crees que puede ser útil para el entrenamiento?!


Ayudante de enfermería
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