Parte 1: Nuevo día, nuevas metas
Tras dominar el Senmaigawara Seiken, pude descansar suficiente en las acolchadas camas de nubes de Skypeia. Dormir en el cielo era una sensación increíble. ¿Cómo le podría decir a las personas que nunca llegaron aquí que las nubes eran tan cómodas como parecen desde el suelo? —No tengo tiempo para pensar en esas cosas —pensé mientras miraba al techo, justo antes de levantarme de un salto.
Al salir de mi habitación, más temprano de lo que me gustaría, fui a reunirme con mi maestra, que me esperaba en una habitación de entrenamiento del dojo. Era raro no ver a Qiang y a Lei por ninguna parte, el silencio que había sin aquellos torbellinos dando vueltas se sentía bastante extraño. —Buenos días —me saludó ella al verme llegar. Ginja estaba tan bien arreglada como de costumbre, casi parecía que no había dormido. Me daba pereza solo pensar en la hora a la que tendría que levantarse para poder estar así tan temprano. —Yeeheii —le respondí con una alegría hogareña.
Tras los rutinarios saludos y una vaga conversación sobre cómo habíamos pasado la noche, la gyojin comenzó a explicarme la siguiente parte del entrenamiento. —¿Qué me va a tocar romper hoy? —le pregunté de broma. —Nada, hoy aprenderás a defenderte. Después de todo, si quieres parecerle algo atractivo a alguna chica, tienes que ser capaz de defenderla. Aunque… Siendo tú, puede ser un caso perdido. —Bajé los hombros y la cabeza por un momento, pero entonces recordé algo importante. —Jeje… Debo decirle, maestra, que soy bastante resistente de por sí. —Ginja levantó una de sus perfiladas cejas. —Muy bien… —Lo que ocurrió después fue un parpadeo, la maestra se levantó, acortó los cinco metros que nos separaban en un instante y atacó sin dudar.
Su puño se hundió en mi coraza con facilidad, provocando que mi saliva se escapase de mi boca. Salí despedido hasta la pared de madera del dojo, que se astilló ligeramente. —Auch… —musité magullado. Ginja continuó con su explicación mientras sacaba un pañuelo del bolsillo para limpiarse la mano que había clavado con tanta facilidad en mi cuerpo. —Pues no pareces tan duro… —dijo mofándose de mí. Habría intentado responder que no estaba preparado, pero eso sería solo una excusa, algo por lo que no estaba dispuesto a pasar. —No voy a negar que seas resistente, pero no puedes pretender ser un saco de boxeo por la vida, eso no les gusta a las chicas, ¿sabes? Si quieres ser más popular, tienes que repeler los ataques con estilo.
Cuando habló de “repeler los ataques”, vino a mi mente la imagen de Qiang y Lei bloqueando mi lanzamiento cuando las conocí. —¿El Samehada Shotei? —pregunté mientras me incorporaba lentamente. —Exacto, las chicas lo usaron contra ti en el combate de ayer. Bloqueas un golpe del enemigo y después contraatacas, es una buena forma de ganar combates— Tenía su punto, resistir los golpes estaba bien, pero si podía bloquear y luego resistir, entonces sería invencible. Además, ¿para qué mentir?, si tenía razón en eso de ser más popular… Me interesaba.
—¡Muy bien! ¿Qué tengo que hacer? —pregunté con sumo interés. Ginja se rascó el mentón por un momento, pero pareció encontrar un buen entrenamiento para mí rápidamente. —Harás las tareas del hogar —dijo mientras se sacaba una libreta de mano y empezaba a anotar cosas. —Me hice las uñas esta mañana, no puedo estropearlas con esas cosas, ya sabes… —Mi rostro se pretificó, iba a ser otro de esos “entrenamientos”, al parecer. A pesar de mi desconcierto, no dudé en aceptar las tareas necesarias, para este punto ya tenía claro que había un propósito para cada cosa que hacía, así entrenaba Batch Kalao, así lo hacía Ginja… ¿Sería que es la única forma de aprender kárate? Era eso o que era la única forma de pagar mi estancia al mismo tiempo que me preparaba, no me importaba realmente.
Parte 2: No vale con resistir
Con la lista de tareas en mano, comencé con mis quehaceres. Lo primero que debía hacer era tender la ropa lavada en el patio, un trabajo por demás simple a primera vista. Cargué varios kilos de ropa con facilidad usando mi brazo izquierdo, con el que tenía mejor habilidad para esas cosas. Parecía que sería una tarea sencilla, pero mientras andaba por el largo pasillo, unos ojos salvajes se iluminaron en la penumbra. —Buenos di- —intenté decir, pero la figura no dudó en arremeter contra mí en un veloz salto. Sorprendido ante lo que estaba pasando, no reaccioné, lo único que tenía claro era que se trataba de Lei y que por algún motivo me estaba atacando.
Su puño aterrizó con fuerza en mi rostro, provocando que perdiese el equilibrio y cayese de culo en la madera del dojo. —¡Suspenso! —me dijo con los brazos cruzados antes de irse sin darme más explicaciones. —¿Suspenso? Hmmm… —Le di vueltas al asunto mientras pensaba en el suelo. Sin llegar a una conclusión, recogí las ropas que se me habían caído y proseguí mi camino, llegando finalmente al patio donde estaban los tendederos. Sin muchas dificultades, empecé a colgar las prendas para su secado, había vivido solo durante mucho tiempo, por lo que estaba perfectamente habituado a las tareas básicas del hogar.
El siguiente ataque no tardó en suceder, sin que llegase a poder ver nada, pude escuchar la voz de Qiang gritar:
Antes de poder girarme, un potente golpe estalló en mi zona lumbar, produciendo un inmenso dolor en la zona afectada y haciéndome hincar las rodillas en las mullidas nubes. —Pero… ¿Por qué? —intenté decir mientras me retorcía de dolor, estaba mayor para esto… —Estás fuera de forma, gordito. —Fueron sus únicas palabras antes de salir corriendo por la misma dirección por la que había venido. Este golpe me dejó clara una cosa, estos no eran ataques aleatorios sin razón de ser. —¿Acaso esto es parte del entrenamiento? —me pregunté a mí mismo mientras me rascaba la cabeza por encima de mi gorra.
Una vez terminé con esa tarea, empecé lo siguiente que me habían mandado, limpiar el suelo del dojo con un trapo. Era una tarea molesta, pero haría lo que fuese necesario para mejorar. —Ojalá que esto dé resultados… —Pensé. Odiaba limpiar, siempre lo odié y siempre lo odiaré. —En el fondo creo que los maestros se aprovechan para que les hagamos las tareas. —En cuanto esas palabras salieron de mi boca, Ginja apareció, abriendo de forma súbita una de las puertas que tenía al lado del pasillo que estaba trapeando. Sin un ápice de espera ni de piedad, se lanzó a por mí de la misma forma que hicieron las gemelas y trató de golpearme.
Por suerte, esta vez estaba más alerta; podía sentir como si mis oídos se agudizaran, consiguiendo bloquear parcialmente el golpe con mi pinza. Su puñetazo me hizo sentir como mi coraza crujía; podía notar cómo la fuerza del golpe pasaba a través de mi defensa, empujándome a lo largo del ahora limpio pasillo. —Auch… —Murmuré, a pesar de ser la versión más débil de la técnica que aprendí, la fuerza de la maestra no tenía comparación, era un golpe mucho más duro del que podían proyectar las hermanas. —¡¿Eres tonto?! Tonto y feo… No debes recibir los golpes, desvíalos con elegancia, con disciplina. — Decirlo era más fácil que hacerlo, llevaba toda la vida soportando golpes con mi cuerpo, tratando de bloquear las acometidas de mis enemigos… —Es difícil para mí no usar la pinza para defenderme… —le contesté a Ginja.
Mi maestra se quedó pensando por unos instantes, dándose golpecitos en la mejilla con su dedo índice. —¡Ya sé! —exclamó en lo que parecía ser una fabulosa revelación. Antes de decirme nada, entró al cuarto del que había salido para emboscarse, pero esta vez lo hizo acompañada de una soga. —Lo sabía… Va a matarme, me matará por ser feo y por torpe. —Pensé, resignado ante la idea de morir en el cielo. Pero mi muerte no llegó, mi maestra me agarró la pinza y la puso en mi espalda, amarrándola con la soga en esa posición.
Una vez pude sentir cómo terminó de apretar el nudo, dejando un sonido rasposo en el acto, mi maestra volvió a colocarse al frente, mirándome con una pícara y cruzada de brazos. —Hmmm hmm, mucho mejor. De esta forma podrás entrenar de forma óptima, sin estúpidos obstáculos. —No pude evitar parpadear perplejo ante las palabras de Ginja —Pero… ¿Cómo voy a cubrirme de los golpes sin mi pinza? —pregunté mientras intentaba observar mi espalda sin éxito. —Ese es el punto gordito, tienes un mal hábito intentando cubrirte siempre con esa cosa que tienes enganchada a tu brazo —me criticó con severidad. —Pero mi pinza es parte de mí… —Respondí, implorando otra alternativa con la mirada. —¡Un no es un no! Aprenderás a desviar golpes con tu mano, una contestación más y todos cenaremos pinza esta noche. —Ante tal amenaza, solo pude limitarme a agachar la cabeza y a asentir con un ritmo pausado, este entrenamiento iba a ser muy duro…
Con mi buen escudo fuera, llegó el momento de continuar con las fastidiosas tareas, esta vez me tocaba podar los setos del jardín. Cogí las tijeras de podar y puse rumbo al jardín más grande del dojo, que estaba colindante con el río. Realicé el camino con un ritmo prudente, parándome en cada esquina y vigilando cualquier rincón, sabía que en cualquier momento podría llegar un golpe y no se los iba a poner fácil. En cuanto llegué, pude comprender por qué era necesaria esta tarea, era un desastre de rastrojos que llevaban años sin recibir el cuidado adecuado. Me pregunté cómo era posible que alguien tan obsesionada con la belleza y la estética como mi maestra podía tener los arbustos en tan mal estado, pero en mi mente se infiltró su voz diciendo: “—Esas tareas son horribles para las uñas, jojojo—”. Miré al cielo por unos instantes y pensé: —Sí… Eso tiene sentido.—
En cualquier caso, traté de ponerme manos a la obra con la poda, agarré uno de los extremos de las tijeras de podar con mi mano izquierda, y el otro con mi pinz… Con mi pin… Mi pinz… —HMMMMM… —Ciertamente me había encontrado con un formidable obstáculo, pero nada doblegaría la voluntad del cangrejo-tortuga-marine conocido como Juan Sebastián. Tras un segundo de análisis, encontré una solución perfecta para mi problema, agarré el mango derecho con mis dientes y empecé a cortar, haciendo que mi mano izquierda fuese la que controlase el movimiento y dejando la boca para cumplir una simple función de soporte.
La poda empezó a ir sorprendentemente bien, le fui cogiendo el truco a podar usando la boca como agarre y parecía que nadie iba a aparecer para atacarme por el momento. Esto último, lejos de alegrarme, me produjo cierta preocupación. Sabía que tarde o temprano aparecería alguna de ellas para atacarme, era una verdad certera, como el sol que aparece y desaparece por el horizonte, como la lluvia que cae desde el… ¿En Skypeia llueve? Bueno, que era algo que acabaría pasando y el no poder relajarme hasta que pasara me agotaba mentalmente. —Seguro que esto es parte de su plan… Qué maestra tan retorcida… —pensé.
En una habitación con las cortinas entrecerradas se encontraban las tres mujeres encargadas de hacer que el entrenamiento de Juan fuese tan fructífero como sufrido, si bien el plan inicial era atacar pronto, para no darle tiempo a acostumbrarse a coger las tijeras con una mano, hubo un cambio de planes.
—Maestra, a este ritmo perderemos la oportunidad. —Dijo Lei mientras solo sus ojos y los dedillos se apoyaban en el borde de la ventana.
—¡Solicitamos órdenes! —añadió su hermana, imitando su postura a la perfección, como si se estuviese mentalizando para una devastadora ofensiva.
—Ese era el plan… Pero mirad lo bien que está dejando el jardín. Hay que saber aprovechar las oportunidades, chicas. Poneos en posición, cuando termine, atacad sin piedad —sentenció Ginja, demostrando una habilidad destacable en la toma de decisiones. Sin dudas era despiadada…
Cuando finalmente terminé de cortar el último seto, dejé las tijeras en el suelo y estiré la espalda, mirando satisfecho el cielo despejado. —Claro que iba a estar despejado, si estamos sobre las nubes —me dije a mí mismo en voz alta mientras sonreía de corazón. Poco sabía en ese momento que había dos fieras esperando el momento adecuado, momento que, para mi pesar, acababa de llegar.
El sonido de los arbustos que tenía detrás al moverse me alertó, dándome tiempo a girar con presteza. Mi giro fue lo suficientemente rápido como para alcanzar a verlas cuando se encontraban a un metro de mí, dándome unos segundos valiosos para actuar. Las palabras de mi maestra se habían adentrado en mi mente, no tenía que limitarme a bloquear o resistir, tenía que usar mi propia fuerza para evitar recibir la fuerza del impacto. En un segundo logré tomar aire y, en un explosivo movimiento, lancé un golpe con mi pinza que… Un golpe… Con… Mi pinza… Era imbécil, imbécil y subnormal. —¡Mierda! —dije mientras observaba los rostros sonrientes de aquellos dos pequeños diablos, realmente estaban disfrutando esto. Si no tuviese mi pinza atada a la espalda…
El grito de ambas sonó como un rugido en el cielo, pero más duro fue el sonido del impacto de ambos puños en mi abdomen, justo en la cicatriz… Salí disparado por la fuerza de sus golpes combinados, sin dudas, la fuerza de aquellas gemelas era algo completamente fuera de lo común. La fuerza del impacto fue tal que perdí el conocimiento antes de terminar de caer al suelo.
—¡Ja, vuelves a morder el polvo! —dijo Lei mientras se ponía las manos en la espalda, como si de una maestra marcial dando clase se tratase.
—Asegúrate de… —añadió Qiang, parándose a mitad de frase al ver que no me movía.
Las dos dejaron los juegos y corrieron rápidamente a ver cómo estaba, había volado varios metros de distancia y no movía ni medio músculo, se temían lo peor. —¡Juan!— —No te mueras. —Me dijeron mientras se acercaban a mi cuerpo yacente. Se colocaron de rodillas a mi alrededor mientras miraban mi magullado cuerpo con preocupación, pero sus expresiones cambiaron por completo a rostros de terror cuando me incorporé con un feroz rugido. —¡¡RAAAAWRRR!! —grité, provocando que ambas saliesen espantadas del susto, cómo me encantaba hacer ese tipo de tonterías… La venganza perfecta.
Parte 3: Frenar la corriente
Tras la huida de las gemelas, me pasé un rato tumbado, el dolor era muy difícil de soportar, pero peor era darle vueltas a lo inútil que me sentía. —¿Cómo pueden ser dos niñas con apenas la mitad de mi edad más fuertes que yo? —Mis pensamientos negativos empezaban a aparecer con más recurrencia mientras entrenaba en el cielo. ¿Estaba empezando a perder la confianza en mí mismo? Sea como fuere, no permitiría que algo así pudiese conmigo, si ellas eran mejores que yo, simplemente tendría que aceptar la ayuda que me estaban prestando para dar un enorme salto al siguiente nivel.
Mientras disfrutaba de la luz del sol, que pegaba con una gran intensidad en el verano, una sombra se posó sobre mi rostro. —¿Sombra? —pensé. —Si no deberían haber nubes por encima de… —Cuando mis ojos subieron un poco hacia el origen de la sombra, pude ver la figura de Ginja, que me observaba con una mano apoyada en su cintura y con el dedo índice de su otra mano dándose golpecitos en la mejilla, como si estuviese tratando de buscar en su mente las palabras adecuadas que decirme.
—Te dieron duro… —dijo con un deje de pena en su voz. —Bastante duro… —Respondí de forma serena. —Son fuertes esas chicas. —Mi maestra sonrió al escuchar esas palabras y se sentó a mi lado por un momento. —Muchos alumnos vienen y van… Ellas no son una excepción, apenas llevan unos meses entrenando y pronto no tendré mucho más que enseñarles. Si te soy sincera, su progreso fue sorprendente, estoy segura de que es porque llegaron aquí sin saber nada, ni del kárate ni de la vida. Es más sencillo llenar algo que estaba vacío en un principio. En tu caso es al contrario, has llegado aquí tras muchas experiencias y aventuras, has cogido malos hábitos que hay que corregir y eso frena tu desarrollo ligeramente. Pero aun así, tu ritmo de aprendizaje es mucho más rápido que el de la gran mayoría, es algo que hay que saber valorar.
Tras esa pequeña charla y después de unos segundos en silencio, se levantó en un grácil movimiento y volvió a dirigirse a mí. —¡Ahora levanta, maldito holgazán! ¡Esas tareas no se van a hacer solas! —Ante tal motivación que me dio mi maestra, me volví a levantar para seguir con mis tareas, pero antes de ir directo a dal sela y pulil sela a la pared del dojo, la maestra me comunicó un último mensaje. —Esta noche te explicaré todo un poco más en profundidad. —Con ese rayo de esperanza sembrado, me puse a cumplir mis deberes con diligencia. Fue algo sorprendente, pero esta vez ni Qiang ni Lei decidieron atacarme, aunque el esfuerzo de pulir toda la superficie de una de las paredes del dojo mientras mantenía mi cuerpo tenso para estar preparado ante la posibilidad de una emboscada, ya me pareció suficientemente duro de por sí. Para la hora de la cena ya estaba completamente agotado (y aún dolorido por los golpes que recibí a lo largo del día).
Gracias a las palabras que me dijo previamente mi mentora, hubo algo que pude notar durante las horas que estuve encargado de dar cera a la pared. Al empezar, simplemente me dediqué a frotar de forma brusca la superficie, del mismo modo que lo hacía cuando me tocó limpiar el suelo. ¿Habría mucha diferencia entre limpiar un suelo y encerar algo? Fue entonces cuando recordé lo que me explicó: “Es más sencillo llenar algo que estaba vacío en un principio”. Y era algo evidente, desde mis inicios en la Marina había sido forzado a limpiar y limpiar sin parar, pero nadie me había enseñado cómo hacer cada tarea de forma específica… ¿Estaría arrastrando malos hábitos para esto también? Para solucionarlo, intenté dejar atrás todo lo que había aprendido y me centré en los gestos que hizo Ginja cuando me mandó la tarea. —Eran movimientos circulares… De dentro hacia afuera… —Con esa técnica no mejoré el ritmo al que trabajaba, pero el resultado era indudablemente mejor, más limpio y uniforme.
El calor de la tarde fue remitiendo a favor de un aire fresco que bailaba por encima de las nubes, un clima más que agradable para tener una buena cena a miles de kilómetros de altura. Aun con la pinza atada en la espalda, me senté en la mesa para empezar a comer el plato que esta vez habían preparado las gemelas para los cuatro.
Dijimos todos antes de empezar a comer. El ambiente que respiraba con mis compañeras, a pesar de las palizas y las burlas, era agradable, disfrutaba mucho de su compañía. —Muy bien, Juan… —dijo Ginja después de apoyar con elegancia sus cubiertos sobre su plato. —Seguiré ahora con lo que trataba de explicarte antes. Ya deberías saber que el kárate no es algo tan simple como “pegar fuerte” o “pegar rápido”, en cada acción que hagas tienes que imaginar cómo fluye tu cuerpo. —Sus palabras me recordaron mucho a lo que mi maestro Batch Kalao me enseñó y a las palabras que aquella chica llamada “Cielo” me dijo por Den Den Mushi. —Fluid… —Respondí con la boca llena, provocando que recibiese un golpe de mi maestra por debajo de la mesa. —Aprendiste con facilidad el Senmaigawara Seiken porque solo tenías que transmitir esa fuerza. El Samehada Shotei es algo distinto. —Paró por unos segundos de hablar para continuar la comida, momento que las hermanas aprovecharon para aportar su visión.
—El Senmaigawara Seiken es como… ¡PUUUM! —dijo Lei lanzando un puñetazo al aire como demostración práctica.
—Y el Samehada Shotei es como… ¡FUUUU! —añadió con increíble precisión su hermana Qiang.
Fue entonces cuando Ginja, después de limpiarse la boca con un pañuelo de forma delicada, continuó con su explicación. —Chicas, vuestros modales, por favor. Cuando atacas, tu po es como un río que desemboca en el mar, pero bloquear o redirigir un ataque es muy distinto. Tienes que imaginar que el ataque que va hacia ti es un afluente, y tú el caudal principal. La idea es absorber esa fuerza ayudándote de la tuya, no simplemente pararte frente a ella.
Por una vez, sentí que entendí las explicaciones a la perfección, no debía luchar contra la fuerza del río, debo acompañar su fuerza a mi favor, dominar las ofensivas del rival con mi propia fuerza. Sin soltar los palillos con los que estábamos comiendo, hice un brusco movimiento de mano. —¡Claro! Es como hacer… ¡YEHAAA! —Para mi desgracia, el pedazo de filete que sostenía en mis cubiertos salió volando contra la pared. Ante esto, mi maestra se limitó a mantener una sonrisa en su rostro, una sonrisa que tenía un aire siniestro como pocas veces había visto antes…
Antes de que Ginja pudiese abrir su boca para reprenderme, Qiang se puso de pie en su silla, apoyando un pie sobre la mesa en la que estábamos comiendo. —No, no, no… ¡Es FUUUU! —dijo acompañando el sonido de un movimiento de brazos que intentaba imitar una ola. Lei, que estaba en el lado opuesto de Qiang en la mesa, replicó la postura de su hermana, encarando a su igual. —No, no, no… ¡Es un SHAAAA! —le replicó.
—No contradigas a tu hermana mayor —contestó Qiang mientras terminaba de subirse a la mesa.
—Yo soy la mayor —volvió a replicar Lei.
—¿Quieres pelea?—
—¡Adelante!—
Mientras las hermanas discutían, pisando los platos que estábamos comiendo, lejos de preocuparme por los motivos de su disputa, me limité a mirar aterrado a nuestra maestra, cuyas venas en la frente empezaban a resaltar por encima del elegante maquillaje que llevaba, pero sin hacer desaparecer la sonrisa que llevaba un rato fija en su cara. —Oye… Qiang… Lei…— Intenté avisar, sin éxito. En uno de los pasos de las hermanas, los espaguetis de uno de los platos salieron despedidos hacia el rostro de la gyojin, manchando por completo su cuidado rostro y su ropa. Los tres alumnos nos percatamos de aquello, las hermanas dejaron de pelear y observaron pálidas a su querida maestra. Con toda la velocidad que pude, me convertí en tortuga, activando mi combo más efectivo de técnicas defensivas al instante. Fue entonces cuando lo inevitable sucedió.
El grito de Ginja se pudo escuchar en kilómetros a la redonda, fue algo realmente digno de escuchar. El desastre vino después, convertida en un torbellino de furia, arremetió contra nosotros. Qiang y Lei eran pequeñas y veloces, no tardaron en escabullirse al grito de: —¡Retirada! —Pero para mí fue imposible, mi defensa permaneció firme ante el primer golpe, pero el segundo me entró de lleno, sacándome de forma tortuga de un solo golpe. —Así mejor, no me gusta golpear animalitos adorables… —Me dijo mientras se limpiaba los restos de tomate con una toalla.
Lo que pasó después es mejor no detallarlo, desde el punto de vista de las gemelas, las dos juntas debajo de una cama, lo único que se pudieron escuchar fueron gritos de dolor y angustia. —¡Noooo!... ¡Piedad!... ¡Por ahí no!... ¡KYAAAAA! —Ante tal horror, las hermanas solo pudieron limitarse a mirarse mutuamente.
—Debemos salvarlo… —dijo Lei
—Es demasiado tarde para él —respondió Qiang poniendo una mano sobre el hombro de su hermana.
Parte 4: ¿Cómo que piedras?
Apenas recordaba lo que pasó al final de aquella fatídica noche, pero la sensación de haber recibido una paliza la podía sentir en cada fibra de mi cuerpo. Esa sensación fue confirmada por el punzante dolor que sentí en mi barriga al intentar incorporarme. —Auch, auch, auch… —Ya sentado sobre el suelo, miré al reloj de la habitación con los ojos entrecerrados. —¡Mierda, llego tarde! —dije antes de levantarme corriendo, poniendo rumbo a buscar a mi maestra. Como no me había dado más tareas, no sabía aún lo que debía hacer para continuar el entrenamiento.
Tras unos breves minutos de búsqueda, pude encontrar a Ginja junto a las gemelas en uno de los patios exteriores del dojo. Las dos hermanas se quedaron boquiabiertas al observarme, con caras absolutas de terror. Por parte de Ginja, se limitó a hacerse la inocente, con sus manos juntas agarradas en su espalda, haciendo movimientos circulares con su tobillo y silbando con un rostro sonrojado, evitando hacer contacto visual. ¿Les había picado algún motivo? ¿A qué venían esas expresiones? En un intento de descubrir la verdad, me asomé a uno de los estanques, pudiendo observar mi rostro en el reflejo. Lo que alguna vez fue mi cara era prácticamente irreconocible, lo que una vez fue un rostro adonisiaco se tornó una masa amorfa de bultos morados.
No dije palabra, volví a colocarme al lado de mis compañeras y, tras soltar un cansado suspiro, me concentré en las palabras que Ginja debía comunicarme para continuar mi entrenamiento. —Menos mal que no eras guapo… —dijo por lo bajo, tapándose la boca con su delicada mano para que no pudiera leer sus labios. Tras toser levemente, continuó con lo que debía decir. —Ajemm… A lo que iba. El entrenamiento de esta mañana consistirá en rechazar con tu mano izquierda las piedras que te lanzarán Qiang y Lei, esto servirá también de entrenamiento para ellas, aún deben mejorar su capacidad de puntería para algunas técnicas del Kárate Gyojin. —Tras escuchar la parte básica del entrenamiento, los tres hicimos una pose marciál al tiempo que dijimos al unísono:
Los tres nos pusimos en posición, las hermanas junto a una pila enorme de rocas del tamaño de puños y yo situado entre ellas y el estanque más profundo del dojo. Esta vez Ginja se sentó para ver cómo entrenábamos, si no recordaba mal, mencionó algo de que le habían cancelado una cita el día anterior. —Eso fue un poco antes de… —Pensé, pero mi mente tuvo que cambiar rápidamente de tarea al ver cómo Qiang empezó arrojando la primera piedra directa a mi rostro.
Mi primer instinto fue el de esquivar, apartando ligeramente mi cuerpo hacia el lado, sin mi pinza ni el permiso de usar mi forma tortuga durante el entrenamiento, era la alternativa más natural. Pero para mi desgracia, justo cuando la piedra pasó de largo, recibí un impacto en el hombro derecho que no estuve ni cerca de ver. La responsable fue Ginja, que tras el golpe a distancia mantuvo su posición de manos, apuntándome con el dedo como si de una pistola se tratase. —¡Nada de esquivar! Por tu bien… —El mensaje era cristalino, la sangre de mi hombro era prueba de ello y no lo olvidaría.
Con su mensaje claro, la lluvia de piedras empezó, Eran demasiadas piedras como para bloquearlas todas. ¿Qué se suponía que debía hacer? Esquivar no era una opción, pararlas todas era imposible… Sin tiempo para pensar, solo traté de sacar adelante la situación de la mejor manera posible, golpeando las rocas que iban dirigidas a las zonas más delicadas de mi cuerpo. Esa era la idea, pero tras lograr desviar algunas y recibir muchas más en las extremidades o la parte superior del torso, algunas empezaron a colarse entre mi deficiente defensa. Tras recibir un par de golpes en mi abdomen y uno en la cabeza, mis movimientos se volvieron más torpes, lo que, lejos de hacer frenar el ataque de Qiang y Lei, las motivó a a lanzar más rápido y con más fuerza.
Llegó el inevitable momento en el que mis intentos de defensa fueron completamente superados, haciéndome recibir de lleno decenas de pedradas por todo el cuerpo. En ese momento dejé de intentar parar los impactos con mi mano y simplemente adopté una postura de defensa. Por fortuna para mi salud, nuestra maestra dio el alto al entrenamiento. —Juan, no estás poniendo en práctica lo que te expliqué anoche. —Tenía razón, había olvidado completamente lo que me dijo, quizás era producto de la paliza que recibí en el momento. —Es difícil pensar en tantas cosas mientras me llueven piedras… —Respondí mientras me rascaba la parte trasera de mi cabeza con mi única mano libre. —Es la idea, si logras aplicar bien los principios aquí, podrás ser capaz de usarlo en cualquier situación, lo que significará que has completado la técnica. —Me dijo mientras me daba la espalda para volver a sentarse sobre la silla desde la que supervisaba el entrenamiento.
Tras tomar una bocanada de aire con los ojos cerrados, me dirigí a mis oponentes. —¡Adelante! —les dije al tiempo que abría otra vez los ojos. Qiang y Lei sonrieron con malicia y continuaron con su fusilamiento sin piedad ninguna. Esta vez pude desviar con más soltura la mayoría de las rocas, aunque algunas me seguían impactando de refilón en los hombros. Esta vez mi mente no estaba nublada por pensamientos de pánico, tampoco centrada en cada roca de forma independiente, simplemente pensaba en lo que me enseñó mi maestra. —Fluir… Corriente… —Pensaba. De esta manera fui capaz de redirigir las piedras que iban apuntadas más al exterior de mi cuerpo, en conjunto con detener con firmeza a las que se dirigían al centro de mi cuerpo. Por supuesto que alguna atravesaba mis bloqueos, pero la dureza de mi caparazón era suficiente para absorber esos golpes siempre y cuando no se acumulasen demasiado.
Estuvimos así aproximadamente una hora hasta que los 3 caímos exhaustos, era un entrenamiento demasiado intenso como para que pudiésemos mantenerlo durante más tiempo. —Buen trabajo, los tres, muy bien hecho. —Dijo Ginja al tiempo que se levantaba y daba una palmada. —Juan, levanta. —Me temía lo peor, pero entre un cansado jadeo pude recomponerme. Ginja adoptó una postura de combate y, moderando su velocidad para que pudiese ver sus movimientos, se lanzó a por mí con la intención de golpearme.
Nuestros gritos chocaron del mismo modo que hizo su ataque contra mi defensa. Su ataque logró traspasar mi bloqueo, pero el daño resultante fue suficientemente reducido como para lograr que no me moviese del sitio. —Estupendo, ahs dominado el Samehada Shotei. —Me dijo con un rostro sereno de aprobación. —¡Vamos! —respondí al tiempo que cerraba el puño de felicidad. Al mirar a las gemelas que seguían tumbadas en el suelo, pude ver cómo extendían sus brazos al cielo y levantaban sus pulgares como símbolos de éxito. Una cosa menos.

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