16-08-2026, 05:13 PM
(Última modificación: 16-08-2026, 05:17 PM por Magnus Brand.)
—¡Por fin! ¡Tierra firme, joder! En mitad del mar no hay quien compre tabaco. —exclamó Magnus. Llevaba más tiempo del que le gustaría sin pisar una isla.
Se encontraba en un pequeño barco comerciante que le había rescatado días atrás. El capitán, Willow, era un hombre con sentido del humor. Y menos mal, porque el panorama con el que se topó en alta mar era digno de una comedia barata.
Magnus había intentado escapar de su anterior isla en lo que él consideraba un "navío de una ingeniería al alcance de solo unos pocos": tres troncos que se había encontrado por ahí atados con unas cuerdas deshilachadas y una camisa vieja de su talla a modo de vela. La majestuosa embarcación había durado exactamente trescientos metros antes de desintegrarse por completo ante la primera ola de cierta magnitud. Como resultado, nuestro querido revolucionario había pasado los últimos días a la deriva, aferrado a un único tronco que apenas lo mantenía a flote. Cualquiera que lo viera desde lejos habría jurado que había visto a un oso agarrado a un mondadientes.
—Te juro que pensé que eras un Rey Marino, y de los feos —se rio Willow, apoyado en la barandilla del barco mientras se acercaban al muelle del reino de Briss—. Suerte que decidí acercarme con el catalejo antes de ordenar que disparasen los cañones.
—Cierra el pico, viejo cabrón. Ese tronco y yo habíamos forjado un vínculo especial —gruñó Magnus, sacudiéndose el exceso de salitre de su inmenso abrigo—. Además, tu barco huele a pescado podrido.
—Y tú llevas días apestando mi cubierta a tabaco y sudor, amigo mío. Estamos en paz.
El barco atracó suavemente. Magnus no esperó a que tiraran la pasarela; simplemente dio un salto que hizo tambalear toda la cubierta del navío y aterrizó pesadamente en el muelle de madera, resquebrajando un par de tablones al instante.
—¡No me destroces el puerto antes de que bajemos la mercancía, grandullón! —le gritó Willow desde la cubierta, agitando la mano.
—¡Que te jodan! —Le gritó Magnus mientras se alejaba. Podía distinguirse cierto tono de cariño y pena en esa despedida tan a su estilo.
Magnus levantó una mano enorme a modo de despedida perezosa, sin llegar a girarse, y comenzó a adentrarse por las calles de la ciudad. Le picaba la cicatriz del pecho, su estómago rugía exigiendo carbohidratos de dudosa calidad, y su cabeza solo pensaba en conseguir tabaco.
—Estos niños de mierda van a matarme de un disgusto. —Murmuró Magnus. Le estaba costando contener sus lágrimas.
Se encontraba en un pequeño barco comerciante que le había rescatado días atrás. El capitán, Willow, era un hombre con sentido del humor. Y menos mal, porque el panorama con el que se topó en alta mar era digno de una comedia barata.
Magnus había intentado escapar de su anterior isla en lo que él consideraba un "navío de una ingeniería al alcance de solo unos pocos": tres troncos que se había encontrado por ahí atados con unas cuerdas deshilachadas y una camisa vieja de su talla a modo de vela. La majestuosa embarcación había durado exactamente trescientos metros antes de desintegrarse por completo ante la primera ola de cierta magnitud. Como resultado, nuestro querido revolucionario había pasado los últimos días a la deriva, aferrado a un único tronco que apenas lo mantenía a flote. Cualquiera que lo viera desde lejos habría jurado que había visto a un oso agarrado a un mondadientes.
—Te juro que pensé que eras un Rey Marino, y de los feos —se rio Willow, apoyado en la barandilla del barco mientras se acercaban al muelle del reino de Briss—. Suerte que decidí acercarme con el catalejo antes de ordenar que disparasen los cañones.
—Cierra el pico, viejo cabrón. Ese tronco y yo habíamos forjado un vínculo especial —gruñó Magnus, sacudiéndose el exceso de salitre de su inmenso abrigo—. Además, tu barco huele a pescado podrido.
—Y tú llevas días apestando mi cubierta a tabaco y sudor, amigo mío. Estamos en paz.
El barco atracó suavemente. Magnus no esperó a que tiraran la pasarela; simplemente dio un salto que hizo tambalear toda la cubierta del navío y aterrizó pesadamente en el muelle de madera, resquebrajando un par de tablones al instante.
—¡No me destroces el puerto antes de que bajemos la mercancía, grandullón! —le gritó Willow desde la cubierta, agitando la mano.
—¡Que te jodan! —Le gritó Magnus mientras se alejaba. Podía distinguirse cierto tono de cariño y pena en esa despedida tan a su estilo.
Magnus levantó una mano enorme a modo de despedida perezosa, sin llegar a girarse, y comenzó a adentrarse por las calles de la ciudad. Le picaba la cicatriz del pecho, su estómago rugía exigiendo carbohidratos de dudosa calidad, y su cabeza solo pensaba en conseguir tabaco.
—Estos niños de mierda van a matarme de un disgusto. —Murmuró Magnus. Le estaba costando contener sus lágrimas.
![[Imagen: qWhXPFX.png]](https://i.imgur.com/qWhXPFX.png)
