[EVENTO FASE] Los Juegos del Soberano- Gradas
No había entendido nada, y más trataba de averiguar el motivo por el que su cuerpo no le permitía alzar la voz, menos podía llegar a pensar en ello. ¿Falta de costumbre? ¿De verdad era algo tan sencillo?

Tal vez sí, puede que tan solo haya sido algo así. No tiene ningún sentido alarmarse por un pequeño defecto insignificante. Poder gritar es algo que no necesitaba poder hacer en ese mismo momento. Quizás sería crucial en un futuro próximo, pero por ahora, en los cielos de Skypiea, aquel pequeño defecto suyo que casi desconocía por completo podía ser soportable.

—Ehm...sí. Gracias, Nyra. Ya tendré oportunidad de practicar más adelante—Su tono, aún así, parecía sonar igual que siempre, impasible contra la sencilla idea de sentirse abatido o nervioso. Era algo sumamente extraño, pues aunque haya hablado con total naturalidad, en el interior de su mente comenzó a considerarlo verdaderamente un problema. Ni siquiera podía fingir un sentimiento, mucho menos mostrarlo abiertamente incluso si así lo sentía con certeza.

Eso, para sus máscaras...era un defecto enorme.

Y debía buscar como repararlo.

La presencia rápida del soldado Mink de la división sesenta se le hizo completamente inesperada. ¿En que momento había llegado? ¿Había saltado hasta ellos? ¿Corrido a una velocidad vertiginosa? Desconocida la respuesta, no era algo que pudiese preguntar en un momento en el que siente algo de incomodidad con sus propias capacidades incluso en algo tan casual y banal como diferenciar la forma en la que habla. Por suerte, este hombre-animal mucho más criatura que persona estaba teniendo a bien intentar animarlo mientras trata de recomponerse.

En estas tierras celestiales, la cantidad explosiva de emociones que el azabache estaba manteniendo en el interior de su cabeza eran tan inauditas como para encontrar un lugar donde escapar y, de alguna forma, no dejarle ser quién era ni mucho menos tratar de preparar su baile de máscaras como le hubiese llegado a gustar practicar.

— ¡HASTA AQUÍ EL COMBATE-SON! —

El gobernante de las tierras celestiales había dado por concluido el combate, en un resultado extremadamente inesperado. Kael no tuvo a bien escuchar completamente todas las palabras del emperador, sintiendo todas esas palabras atropelladas en cierta verborrea con poco o ningún sentido. ¿Emociones negativas en el combate? ¿Avaricia? ¿Una búsqueda de honor? Claramente, ese hombre comparte una serie de valores excesivamente distintos a los que hubiese llegado a esperar de uno de los siete guerreros del mar. No podía juzgarlo tan solo en base a esa información tan escueta. Claramente este es un mundo completamente distinto al que conocen los pertenecientes a la tierra firme diez mil metros por debajo de Skypiea. Un emperador no puede estar diciendo estupideces sin más, ¿no es así?

Puede que, de alguna forma, el estúpido fuese él por juzgar a un hombre poderoso sin entender sus motivaciones.
Negaría con la cabeza, evadiendo las ideas que esos pensamientos le generaban mientras, tras él, la presencia de alguien que los había abandonado volvía a hacerse presente. 

"Un momento, ¿y Kibai?" Tal y como había aparecido, este mismo había llegado a desaparecer sin tan siquiera despedirse, o al menos, no de una forma en la que el de la setenta y cinco hubiese llegado a percatarse.

—Ha vuelto con nosotros, señor Nanashi.—Dijo, tratando de fingir restarle importancia a su ausencia de percepción en el combate de la final. Era un insulto contra el oficial de la división setenta y cinco, pero no tenía los medios como para hacérselo echar en cara debido a su nulo estatus.—Será mejor que deje de prestar atención a los marines que ve a nuestro alrededor, o de lo contrario, el papeleo que tendrá que justificar será astronómico.

Que un miembro de los dragones celestiales haya cometido tal atrocidad durante el torneo era algo que, sin lugar a dudas, no llegaría a pasar desapercibido para los altos mandos si tenían alguna noción de lo ocurrido, y, por una vez en su vida, el joven Omuyaga esperaba que todos los presentes colaborasen para ocultar esa información del resto del mundo.
Un sueño iluso que, por supuesto, no esperaba que jamás llegase a cumplirse.

Apenas unos instantes después, apareció el que debió haber sido el vencedor de aquel combate, alguien a quién Kael no veía de ninguna forma perdiendo, y que sin duda, incluso sin palabras, entendían ambos a la perfección que ese resultado no lo llegaron a concebir ninguno de los dos presentes. 

—No lo sabes bien. Que hayan podido golpearte de esa manera, y que exista un poder capaz de detectar emociones de esa forma arraigadas al alma suena a leyendas y mitos, pero está claro que aquí arriba y a partir de ahora, quizás seamos capaces de aprender cosas mucho más interesantes de las que podemos siquiera imaginar allí de donde venimos.

Su mente estaba trabajando a destiempos, tratando de comportarse de una manera normal, al mismo tiempo que trata, una vez más, de reorganizar sus ideas. 

"Skypiea...¿que me has hecho?"

Maldición de la voz
[Imagen: jGxJg3p.png]
Aquellos dos de nuevo...

Parecía una ironía del destino, sin duda...

Los mismos dos individuos que Kibai se había encontrado en los Cabos Gemelos tras matar aquel desgrciado de Uosan Sakana estaban ahora frente a él, en la arena. Solo que en aquella ocasión, tal y como había dicho el Emperador de los cielos, la opción de cambiar su propio destino estaba delante de él.

— Quitarme mi Akuma no mi, en serio me lo estoy planteando? — pensó el mink mientras una de sus avispas salía de su abrigo hasta situarse sobre el dorso de su mano. Aquellos insectos habían sido parte de él durante meses y meses, habían sido sus ojos, sus oídos y su eterna compañía, habían combatido a sus enemigos y habían muerto innumerables veces por salvaguardar su propia integridad. Pero sin embargo, ahora había visto a Bertram emplear poderes de una Akuma no mi, y eso solo signifcaba  que ahora su División era vulnerable a un mero golpe de mar. Todos, sin excepción, acabarían ahogados irremediablemente si eso ocurría.

Tragando saliva, Kibai miró de nuevo hacia la arena, antes de calcular sus propias finanzas. Sin lugar a dudas, aquel ususrero le pediría mucho más de lo que llevaba encima. El mink miró a su alrededor. Sin duda, el capitán Enji, como Dragón Celestial que era, no tendría problemas nunca de dinero, pero estaban en el cielo, en los dominios de un Emperador, y ya había sido golpeado por un Custodio sin mayores consecuencias, así que las cosas aquí podrían ser bastante distintas a lo ocurrido en el Mar Azul, de modo que tendría que apañárselas de otro modo.

Sus ojos siguieron recorriendo las gradas. Tal vez el resto de marines tuviesen dinero suficiente pero, y si alguien más quería hcer lo mismo? O algo también muy lógico, y si ese dinero lo necesitaban para lo que fuese? Pese a todo, Kibai aún tenía su orgullo y no le hacía ningún tipo de gracia tener que rebajarse a ese nivel. No, fuese cual fuese la solución, tendría que ser en otro lado...

La respuesta, como casi siempre, se presentó por si sola, y en forma de problemas. No demasiado lejos, en otra zona de las gradas, Jin Onizuka estaba tranquilamente sentado acompañado de varios piratas. A pesar de que la organización de Sohem la repugnaba por su propietario debido a lo ocurrido en Little Garden, en aquella ocasión parecía que no le quedaba otra.

— Disculpadme un momento chicos. — dijo mirando a sus compañeros marines que estaban también escuchando a los dos nuevos invitados de Zarutsuki. — Ahora vuelvo, tengo algo que hacer. Después, seguramente necesitaré que alguien me acompañe a la arena.

Casi como si otra persona manejase su cuerpo por él, el mink ascendió por las gradas hasta llegar cerca del joven de pelo negro que en ese momento seguía acompañado de otro joven de pelo rubio con grandes aros en las orejas  (creía recordara que lo habían presentado como Tezca). Carraspeando suavemente para poner su mejor voz de negocios, el mink se dirigió al joven pelinegro.

— Jin Onizuka. — ni siquiera se molestó en añadir un tono de pregunta, obviamente sabía quien era, y el joven sabía que el lo sabía. — Dados los últimos acontecimientos, y en vista de lo anunciado por el señor Urosusu, me gustaría hablar con usted, si es factible. Podría concederme unos momentos de su tiempo?

La Caja de Pandora
[Imagen: gvCFAP2.png]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 3496 + 0 = 3496
Energia: 3020 + 40 = 3060
Espiritu: 970 + 0 = 970
Estaba disfrutando de su tiempo, cerca de su rubio, y más ahora que ya se habían ido los sepultura. En su mente trataba de idear múltiples formas de encontrar un lugar privado para ambos donde pudieran disfrutar de su intimidad, más adelante. ¿Quedaba mucho? ¿Qué tanto quedaba para la entrega de premios y que pudiera irse? Nunca había estado con tantas ganas de salir de un lugar como en ese momento... Hasta que algo más parecía captar su atención. Algo fugaz, veloz, que se presentaba en la arena donde hasta entonces se había encontrado Zarutsuki y donde, en esta ocasión, habían... ¿dos simios? Esos Juegos realmente lo estaban dejando con más de una sorpresa.

Lo escuchó presentarse como Pawrs Ushoku, al menos el primero que escuchó. No le resultó, en absoluto, familiar ese individuo. Recordaría un rostro tan... difícil de ver. A diferencia del que lo acompañaba, el contraste era totalmente opuesto, quien se veía increíblemente hermoso pero, del mismo modo, no le resultaba familiar en absoluto. Aún con ello, estaba hablando de algo que le resultó, cuanto menos, de lo más curioso. ¿Frutas Malignas? ¿Extracción? ¿Acaso hablaba de retirar los Akuma no Mi? ¿Siquiera era eso algo posible? Por supuesto, estaba claro que había negocios allí, negocios que, claramente, eran lo suyo. 

Sus ojos contemplaron con interés lo que pudiera transcurrir, ¿Quién iba a presentarse? ¿Habría alguien con verdadero interés en retirarse la fruta? Su interés crecía. Sí recordaba algo, una mención al respecto del su Jefe, quien lo había enviado allí expresamente para esos que necesitaran justo eso. ¿Habría alguien? ¿Podría siquiera encontrar a alguien?

—Jin Onizuka.

La voz a sus espaldas le llamó la atención. No todos lo llamaban por su nombre completo. Su voz, además, no le resultaba familiar en absoluto. Se volteó, despacio, viendo que no era nada más ni nada menos que un Marine. Sus ojos se entrecerraron, con curiosidad y claro interés. Miró a Tezca y a sus acompañantes de reojo, separando el brazo que tenía sobre su cabeza del que era su novio, despacio y sin agresividad, escuchando con claridad las palabras que prosiguieron del Mink felino.

—...¿Podría concederme unos momentos de su tiempo?

Su rostro se volvió serio. No amenazante, ni mucho menos, tampoco agresivo, sino la seriedad de lo que sabía que se venía. Había mencionado el nombre de Urususu, el mismo que se encontraba en la arena, solicitando un rédito económico claro. Sabía bien lo que eso significaba. Miró a Tezca de reojo, dando un par de palmadas.

—Dame un momento. No tardaré.

Caminó hasta donde estaba el Mink, extendiéndole la mano formalmente, con profesionalismo digno del que estaba siendo su nueva posición. —Estaría bien también conocer su nombre, señor Marine, pero claro, con gusto le concederé mi tiempo. — ¿Cómo desaprovechar esa oportunidad cuando se le presentaba de forma tan interesante? Sin embargo, quiso confirmar que no hubiera nada extraño ni fuera de lugar con el hombre felino. Su Kenbunshoku le permitió verlo con claridad, su aura, eléctrica, en un tono total y completamente verde, envolviéndolo como un mantra de pura naturaleza. No aparentaba existir irregularidades ni tampoco nada amenazante en su aura. Por el momento, eso era buena señal. —Venga conmigo, vayamos un poco más abajo, donde no haya tanta gente.

Él mismo comenzó a caminar, alejándose, al menos por el momento, del grupo que más tarde iba a buscar nuevamente, posiblemente utilizando el mismo Haki que había estado manteniendo en todo momento. Aprovechó para buscar en su propio bolsillo del pantalón la cajita de metal, donde tenía alineados los cigarrillos que todavía le quedaban. Pronto tendría que regresar para reponerlos, ya llevaba algo más de la mitad, contando el que le había compartido a esa tortuga. Mientras caminaba, tratando de acercarse lo posible al lugar donde estaban los dos simios para que el hombre tuviera más facilidad en el acceso para moverse, aprovechó para encender su cigarrillo, dejando que iluminara su rostro. No quería tampoco sacar conclusiones precipitadas, por supuesto, por eso lo mejor era, por experiencia, verificar que lo que buscaba era lo que tenía en mente. 

—¿Y bien? ¿Qué era lo que necesitaba, señor Marine?

Le resultó, al igual que Stroud, familiar, pero su memoria no lograba recordarlo del todo. ¿Lo había llegado a ver? Había algo que le seguía picando la curiosidad detrás de la oreja. Dudaba que confiara en él, claro que no, nadie lo hacía de todos modos. Procuró encontrar un lugar algo más apartado, donde pudieran evitar oídos innecesarios, o demasiadas personas. Elevó su cajita de metal, todavía habierta, frente al Marine, para que pudiera ver la perfecta alineación de los cigarrillos que le quedaban. —¿Le apetece uno? — Dependiendo de su respuesta, o bien se lo ofrecería, o bien se limitaría a guardar en su bolsillo el objeto de metal, cerrándolo antes de ello, y volvió la mirada al frente, con el Mink Marine.

 
—Le escucho.

Se vio calmado, a la espera de cualquier cosa que pudiera decirle, pedirle. Mostraba la máxima amabilidad que podía frente a un potencial cliente dentro del respeto, por supuesto. Ya le había agradado la forma en la que se había dirigido a él, al fin alguien que parecía no decir mal aquel apellido del que Eros tanto se confundía. Por supuesto, por mucho que el respeto fuera mutuo, el trabajo era trabajo y no podía decepcionar al que estaba por encima de él mismo bajo ninguna circunstancia.

Cajita de Tabaco
[Imagen: bTjgVIr.png]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 4394 + 0 = 4394
Energia: 3674 + 0 = 3674
Espiritu: 1199 + 32 = 1231
Resultaba que el contramaestre Bertram, alias “El pelirrojo”, estaba en el equipo ganador, detalle que pasé por alto por culpa de mi usual cabeza despistada. Al escuchar eso por parte de Enji y Kibai, esbocé una juguetona sonrisa. —Jeje, otra victoria más de la marina. —Apenas le conocía, pero una victoria para un camarada era la victoria de todo, así es como debía ser.

Posterior a eso, Enji pidió otra ronda de cervezas para los tres, así daba gusto tener un capitán, uno que se preocupase de verdad por sus compañeros de menor rango. En cuanto el cristal de la jarra de Enji chocó contra mi caparazón, agarré el borde del cristal de la mía con mi pico y dije: —¡Saduddd! —Justo antes de levantar una vez más la cabeza para beberme con ganas toda la bebida del tirón. Mi técnica había sido perfeccionada, esta vez apenas derramé algo de cerveza, aunque se me quedó un gracioso bigote de espuma que resaltaba con mi forma de tortuga.

—Bueno, ¿ya con esto hemos terminado, no? —dije al soltar el vaso de nuevo en el suelo. Al parecer, estaba más sobrio de lo que parecía en un principio, aunque notaba cómo mis mejillas estaban calientes y cómo un ligero mareo resonaba en el interior de mi cráneo, moviéndose de un lado a otro. Yo pensaba que ya había terminado todo, me apetecía hacer algo de turismo por la isla, pero antes de nada, primero era descansar, había sido un día muy largo y muy agotador. No todos los días una tortuga sube chorrocientos metros por una explosión vertical de agua para terminar en una isla sobre las nubes después de todo.

Antes de terminar, un venerable anciano vestido con una capa verde apareció para comentarnos algo a todos los presentes. —Un chamán… —Pensé mientras le miraba con asombro. Había visto muchas cosas sorprendentes a estas alturas de mi vida, mi compañero pervertido supuraba litros y litros de veneno, Akira tenía un pelazo espectacular, Masami podía animar a multitud de personas con sus maracas… Si me paraba por un momento a pensarlo, el único normal era yo.

—¿Lo que tenemos dentro son demonios? —les pregunté a los colegas marines que se encontraban cerca de mí. Quitarme el poder de convertirme en tortuga era algo que nunca me había llegado a plantear, si bien volver a nadar sería algo fabuloso, las virtudes de ser un increíble hombre tortuga brillaban más que cualquier cosa, no lo cambiaría por nada. Miré a mi capitán con una de mis escamosas cejas levantadas y le comenté: —No, ¿no? Yo creo que estamos guay. —Él era una amenaza con su veneno, yo era feliz con mi tortugosidad, Masami parecía contenta con ser una serpiente y Akira no tenía ninguna fruta que yo supiese, aunque eso de los corazones fue algo extraño sin dudas.

Seguido del viejo gyojin, un simio salió a hablar después, me esperaba cualquier cosa, siempre eran los monos los que se interponían en nuestro camino, después de todo… Pero esta vez algo hizo “clic” en mi cabecita de tortuga. —Un mono… —Pensé por unos segundos. —¡Akira! ¡¡Es tu primo!! —le grité a mi querido amigo en la distancia. El mono derrochaba estilo en cada palabra que decía, en cada gesto, en cada expresión… Si quería llamar la atención de la gente, quizás debería intentar probar algo del estilo.

—Ya veo… Sex…—musité mientras le miraba con atención. —¿Alguien sabe quién langostinos es Mercedes Bens?

Cajita de tortuga
[Imagen: Gemini-Generated-Image-j5xm8yj5xm8yj5xm.jpg]
Pues yo quería mis trenzas, y no entendía por qué teníamos que ir en busca del gato negro y enfadado de Moja, pero cada loco con su tema. Me quedé sin trenzas, pero no sin disfrutar del combate que estaba a punto de disputar Shinchan, que seguro que con su poder de brillitos. Y tan pronto puse el ojo en la arena, ignorando que se estaban alejando en busca de las esferas de dragón, digo del gato negro, ¿les dará mala suerte? Vi a un regordete y calatán Puigdemonium acercarse al centro de la arena para explicar lo que venía a continuación, apuntando con su bastón al palco del palacio.

—¡¡¡OTRO MONO, ES UN MONO, ES UN MONOOO!!! —señalé con emoción y algo de rabia al saber que en esta isla del cielo había tantos simios capaces de hablar y dialogar con las personas como si hubieran estudiado en la misma escuela. En Baterilla me tocó aprender a hablar con los macacos haciendo sonidos extraños y dando golpes a las cosas o a mi mismo, y aquí habían monos que hasta notaba que podían llegar a ser más inteligentes que yo. ¡¡Y para colmo uno de ellos era el emperador Zarutsuki!!

¡¡¡ZARUTSUKIIIIII!!!

—¡¡¡Ya puedes ganar este combate Shin, quiero ese don del que habla el mono!!! ¡¡¡ES MÁS, QUIERO AL MONO!!!

Lo siguiente al empezar el enfrentamiento por mi parte fue atender con toda la determinación que me permitía mi mente desconcentrada, mucho brillo, muchas luces, y un tipo que se convertía en águila, ese mismo que quedó en buena posicíon cuando hizo su prueba pero tenía algo raro—. ”¿Qué es eso que hace con su cuerpo que parece una armadura?” —¿qué era? Había conseguido enganchar a Shin a pesar de su velocidad. La diferencia de tamaño era abismal, eso era otra, pero eso tenía que hacer que el grandote se moviera más lento, ¿no? Pero le había enganchado, eso sí, el brillitos consiguió luego emitir luz desde su pecho y esquivar su siguiente ataque.

—Qué extraño, ambos se mueven muy rápido pero es como si el tiempo pasara a cámara lenta… Apenas puedo verlos… ¿Qué gracia tiene un combate en una arena para que disfrute un público si no se puede seguir? Bah, me voy a por palomitas… —y entonces me giré en dirección a mi división al grito de Juan de que era mi primo. Masami, por su parte, se había ido con las trenzas y cuando miré hacia Juan y Enji, el capitán tenía un cartel gigante hecho de veneno sobre su cabeza.

¡¡¡HASTA AQUÍ EL COMBATE-SON!!!

¿Son Goku? ¿Espera, ya?—. Pero, ¡¿cómo tan rápido?! ¡¿O lento?! ¡¿QUÉ?! —¡¿YA?! ¡¿Cómo que empate?!—. ¡¡¡PERO SI SIGUEN LOS DOS EN PIE, QUE SIGAN PEGÁNDOSE!!!

[Imagen: h6jRBNn.jpeg]

—¡¡¿CÓMO QUE EL EQUIPO DOS GANA?!! ¡¡¿PERO NO ERA EMPATE?!! ¡¡EY TÚ, MONKEY, ¡¡¿CÓMO QUE EMPATE?!!

—¡¿Y el bicho podrido este ahora quién es?! —regresé con mi división de otro nuevo salto y regresando con la pregunta—. ¿Qué dice de viciosos? Tchakikikiyah, ¿pero quién es este colgao?

—”Que es capaz de quitar el poder de frutas del diablo… ¿Será verdad que la mía solo me hace lanzar corazones? ¿Me renta lanzar corazones a cambio de perder la capacidad de nadar? ¿Será que todavía no sé exactamente cuál es el verdadero poder de mi fruta? ¿Será que el verdadero poder de mi fruta es el poder del amor? Y ese es el poder más poderoso de todos... Sin ningún tipo de duda.” —hostia puta… ¿Clotilde Gimiene? ¿Mersede Bens?

¡¡¡QUE ES OTRO MONO!!!



Info.

—Hablo —. ”Pienso”
El momento de marcharse llega. Luego de una larga jornada en la que todos han debido enseñar sus habilidades en las pruebas, el campeón ya fue escogido y no queda nada más. Kiyoshi asume que luego contactarán a Uker para entregarle su premio. Eso ya es cosa suya. Son Eros y Varo los que indican que es momento de retirarse. — Sí, ya llevamos mucho tiempo acá. Estoy cansado. — Mental y físicamente. Se produce una despedida con la tripulación de piratas que los acompaña desde la llegada a la isla, pero Kiyoshi no les dice nada. Menos a la mujer vulgar que le dedica desagradables palabras. El médico desvía la mirada, fingiendo ignorarla.

Lo que pudo haber sido una retirada amena se ve interrumpida por la aparición de dos viejos conocidos. La voz que tienen es bastante característica; también lo es el vocabulario que usan. Apenas los oye, Kiyoshi centra la mirada en el centro del escenario. — Un momento… — Estira un poco el cuello hacia adelante, intentando ver mejor. Cree que puede estar equivocándose en lo que mira. Pero no, realmente son ellos. — Topo, ¿esos no son los tontos que aparecieron el día que nos conocimos? — Cómo olvidarlo, ¿no? Un combate a muerte. Einarr. Maki gritando en la torre. Dos tipos para nada sospechosos sobre un cofre. Dejar atrás una tripulación para unirse a otra.

— Parece que nuevamente andan con su negocio de frutas. ¿Será que pueden llegar a todas partes del mundo? Y eso que a nosotros nos cuesta mucho trabajo avanzar de isla. Quizás, si hablamos como ellos, despertamos un poder que nos ayude a aparecer en todos lados. — En parte, siente envidia. Por otro lado, admiración. Parecen ridículos ante sus ojos, pero, si son capaces de movilizarse a su merced es porque son increíbles. Quizás algún día pueda saber más de ellos. Por ahora, solo ve cómo les hace perder el tiempo.

— No me imagino al topo dejando de ser un topo, así que no tiene sentido que nos quedemos a… — Antes de terminar de hablar siquiera, la muchacha de cabello naranja, que supuestamente ya se había ido, regresa y se lleva a Uker. — Ok… — Hay algo que no calza. Kiyoshi se rasca la cabeza con la diestra. — ¿Me están diciendo que tendremos que esperar al único de nosotros que no tiene una Akuma no Mi? — Rápidamente, se voltea a ver a su capitán. — Esto debe ser tu culpa. Mira lo que hace tu tonta novia. — Aunque su semblante cambia de pronto. Se le ocurre una idea aprovechando la situación.

— A cambio deberás cargarme en el camino de regreso. No pienso caminar tres horas hasta el barco. — Como los Hanu Mahana ya se han despedido, asume que no tomarán la misma ruta de regreso que ellos. Significa que no tendrá que evitar ser visto siendo cargado como un niño. Con su propia tripulación ya tiene la confianza suficiente. Todos saben lo malo para caminar que es el médico. — A no ser que eso del parentesco entre ellos sea falso, y realmente busque de novio a Uker… — ¿Será que esa es la respuesta de todo? En el pasado, ya le buscó novia al cocinero en ayuda de Varo Ganchin, a quien le dirige las nuevas palabras. — ¿Qué opinas, Varo? ¿Crees que sea la chica ideal para Uker? No me recuerda para nada a su exnovia. ¿Será que ha cambiado de gusto durante todo este tiempo? — Preguntas que no le dejan dormir por las noches.

Lávense las manos
[Imagen: u2oxCl9.png]

Hablo | Pienso
Atributos Personaje


Cierto, a Barald le iban a dar algo ¿Verdad? Por la casita de oro o el deseo que fuera a pedir aquel pirata. Hasta que un mink parecía dirigirse a las gradas ¿Un chamán? ¿Qué hacía un chaman por la zona? Suponía que se trataba del invitado sorpresa de la noche. “Soy capaz de extraer de vuestro interior a los diablos que habitan tras haber consumido una de sus terribles y malignas frutas... Para siempre “ Ladeé la cabeza ¿La fruta? Vaya ¿Había clientes para aquello? Recordaba como al principio había sido realmente un dolor de cabeza pero había logrado llegar a la paces con esta. A este punto era una parte más de mi veleidoso ser. Después vinieron las palabras del otro mink ¿Un mercado de frutas? Pensándolo bien… esa podría ser una excelente oportunidad de inversión.
 
—Deberíamos ir a buscar frutas y venderlas, amigos. Necesitamos el dinero…— Mi voz se fue apagando cuando otro mink, esta vez una especie de felino, se acercó a Jin y se fue con este, mientras lo miraba irse no pude evitar la expresión de molestia ¿Jin haciendo negocios con marines? ¿Estaba viendo bien? Bueno recordaba alguna mención a aquellos perros del gobierno en sus llamadas… o más bien gatos. Simplemente observando como se iba. —¿Saben? Creo que voy a descansar un poco mientras esto sigue y… ¿Me entiendes? oh, no está ese perro del gobierno desnudista. En fin, con permiso. Arriba, súbditos— En efecto, los buenos y confiables súbditos, mis golems, las estructuras humanoides de 1.50 se habían alzado a mis costados a la vez que me dejaba caer en los brazos de uno de estos atrapándome justo a tiempo para cargarme. —Ahora si, puedo ser paciente, hagan lo que necesiten y… ¿Jin dejó la botella o se la llevó? Si es que queda botella ¡JA! —
 
Contrato confidencial: Tezca Norova
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 3112 + 0 = 3112
Energia: 2639 - 394 = 2245
Espiritu: 736 + 0 = 736
Asentí a las palabras de Kael, tratando de animarlo con esa extraña lucha interna suya. Stroud se despertó poco después. ¡Un milagro que hubiera dormido con tanto caos a su alrededor! Mientras sigo mirando hacia la arena con la emoción del combate, sonrío ante el comentario del rubio.

―¡Claro! Nosotros siempre nos portamos muy bien~.

— ¡HASTA AQUÍ EL COMBATE-SON! —

De la nada, la voz de Zarutsuki retumbó en toda la arena y cada uno de los pisos de las gradas, deteniendo el combate antes de quedar claro un vencedor.

Al igual que el resto, quedo paralizada, confusa. ¿Por qué? ¿Qué es un “Kenbunshoku Haki”? No comprendo del todo su explicación, pero tampoco me importa mientras observo a Shin tras la resolución, tratando de ver hasta qué punto hay sinceridad en su sonrisa. Después de todo, él había estado dispuesto a darlo todo en ese combate y seguramente se había quedado con las ganas de ponerse a prueba hasta su máximo.

Para cuando regresa y se coloca a mi lado, yo ya estaba nuevamente sentada en mi lugar. Aún siento inquietud por más razones de las que soy capaz de comprender, pero me siento un poco mejor cuando escucho las palabras de mi compañero albino.

―Sí, es cierto ―asiento con una suave sonrisa al tiempo que vuelvo a mirar hacia la arena―. Vamos a tener que preguntar por eso cuando salgamos de aquí. A lo mejor alguien sabe sobre el tema, o tienen alguna biblioteca…

Oh, qué buena razón para poder buscar más tarde un tiempo de soledad. Mientras tanto, Shin hace mención al “estudioso”, y con las voces de la División 80 agradezco que no haya atenciones puestas en mí. Por la misma razón, no respondí a la pregunta de Stroud, fingiendo que no había pensado que también me incluía a mí.

Dos nuevas personas aparecen en escena. El primero es un gyojin aparentemente muy, muy, muy, MUY anciano. Si me preguntaran, debía de tener unos doscientos años, y aunque no tengo ni idea de qué hace un chamán, sonrío con suavidad cuando menciona Matones y Mazmorras. ¿Será que juega?

… ¡¿Capaz de extraer lo que podemos hacer tras haber comido una fruta?! ¡¿Para siempre?! Nunca me había planteado dejar de poder ser un mapache. Ni siquiera sabía que se pudiera. Solo pensar en la cicatriz imagino lo que tiene que llegar a doler eso… y, la verdad, le he cogido el gusto a poder convertirme en un mapachito adorable.

Aunque mi mirada sigue sobre la carpa, una de mis orejas se desvía al captar la voz de Kibai y lo observo de reojo mientras se marcha. ¿Va a…? Miro alrededor, pero Moja está lejos de donde me encuentro e ignoro si Bertram querrá reunirse de antemano con el equipo dos para poder ir luego todos juntos a la arena.


―Stroud ―llamo al rubio para avisarlo, pues sé que los humanos no siempre tienen tan buen oído como yo―. ¿Has oído a Kibai? Parece que va a ir con ese tipo… Necesitará que alguien lo acompañe. ¿Irás tú? Si no, puedo ofrecerme yo misma.

Para entonces, y mientras sigo a Kibai con la mirada, ya se había presentado otro mink, este bastante más… “mono” que el anterior sujeto. Tras un montón de palabras de las que no entiendo la mitad, comprendo que se ofrece a vender las frutas que extraiga. Oh, Kibai ha ido a hablar con Jin…

Un cabello pelirrojo llama mi atención sobre la arena. ¡¿Miyori?! Espera, ¿tiene poderes? ¿Desde cuándo? No los utilizó en Kutsukku… aunque tampoco es que tuviera mucha oportunidad la pobre… Al menos, la acompaña Uker… No sabía que se conocieran. Ay, esto le va a doler muchísimo a la pobre… ¿De verdad le merece la pena pasar por eso…?

Al ver a ambos allí, empiezo a preguntarme cómo sería ver el proceso de cerca. Tengo muy buena memoria, seguro que lo recuerdo bien aunque no lo entienda. Vuelvo a buscar a Kibai con la mirada. ¿Habrá terminado de hablar ya con Jin?

―Chicos, nos vemos luego ―me despido de Shin, Kael y Stroud con un gesto de la mano al tiempo que me pongo de pie, echando a correr un momento después, sintiendo que puedo respirar un poquito mejor al alejarme.

No tardo en llegar a donde Kibai y Jin se encuentran. Aunque no deseo molestar, me atrevo a acercarme a ambos con las manos enlazadas en la espalda.

―Muy buen combate el de antes, Jin ―felicito brevemente con una sonrisa sincera, sin querer extenderme dada la situación. Después de todo, no sé cuánto tiempo tenemos. Enseguida, me giro hacia el mink―. Si lo deseas, puedo acompañarte a la arena. Será más rápido que ir a buscar a los otros, y quizás sea buena idea mostrar que hay compañerismo entre las distintas divisiones. ¿Te parece bien?

Si aceptaba, simplemente esperaría su señal para caminar junto a él.

Kuroshiro
[Imagen: bskx3zy.jpeg]
La fiesta estaba por acabar… ¡O no! Pues cuando los Sepultura estaban dispuestos a retirarse nuevamente por el mismo camino por donde habían venido escucharon el anuncio de que dos siluetas que al menos Kiyoshi y él reconocían en simultáneo desde la última vez que habían venido comenzaron a hacer un despliegue cuasi teatral de la misma manera que la vez pasada ¿Acaso siempre que hubiese conglomeraciones de ésta cantidad de tripulaciones aparecerían? Eran personajes curiosos cuanto menos. — Si, son ellos… Son bastante llamativos como para olvidarlos… Pero no, no tengo ningún tipo de asunto con ellos —Su fruta podría no ser la fruta más fuerte de todas, pero era suya después de todo, así lo quiso el destino desde su perspectiva.

Se sorprendió cuando Uker fue interceptado por Miyori nuevamente ¿Acaso iba a sacarle la fruta a Uker? Eso pensaría si Uker tuviese una fruta del diablo, pero entonces se permitió asumir que se trataba de algo familiar. — Claro, cualquier cosa nos llamas Uker —Eros elevó la diestra, aún borracho a la par que asentía. No sabía si debía esperarlos o marcharse, por lo que se mantuvo a seguir al grupo ¿Quizás podían ir al baño? Mear no sonaba como un mal plan en ese momento ahora que el alcohol comenzaba a fluir por su sangre.

Pensativo, analizó las palabras de Kiyoshi una por una por ridícula que fuese rascando su nuca relativamente avergonzado por las implicaciones del mismo. — A veces tienes ideas muy ocurrentes Kiyoshi, tienes un afán por emparejar a las personas ¿Has pensado en escribir novelas románticas? Siento que podrían salir cosas muy interesantes… —Y podrían sacarle una moneda, después de todo ¿A quién no le gustaba una buena historia de amor? De esa manera tambien la imaginación del médico estaría ocupada en algo más interesante que la posible endogamia de Uker, o las relaciones sentimentales de sus compañeros. A menos que…

— ¿O es que acaso quieres una novia? —Indagó el capitán pensativo antes de chasquear los dedos con una sonrisa en el rostro, asintiendo con convicción. — Lo tengo Varo, hay que buscarle novia a Kiyoshi para que pueda vivir un tonto amor como corresponde —Dictaminó entonces cruzandose de brazos divertido por su propia idea.


Ataud
[Imagen: xNGUFie.png]
El grueso cristal de la jarra chasqueó contra el caparazón de su gran amigo Juan Sebastian, el tortugón y el cangrejón, lo mejor de dos mundos en una sola persona. La cerveza, helada y burbujeante, se meció en su prisión de vidrio, y la espuma bullió, erupcionó, trepó violentamente hasta la frontera de su contenedor, decidida a derrarmarse. Justo antes de que desbordase, sus labios se enterraran en el filo del cristal y un sorbo apresurado bajó drásticamente el nivel del líquido. Un primer trago improvisado, preciso y estratégico evitó la catástrofe. El segundo, ya más tranquilo y premeditado, cegó más de la mitad del contenido de la jarra. La bebida dorada, en la ciudad dorada, cayó por la comisura de sus labios en forma de pequeños hilos que escapaban de su sed.

A Enji le gustaba la cerveza. De todas las bebidas que alguna vez probó, era, quizá, la menos adictiva. O la que menos lo enganchó a él, particularmente. El whisky, el ron… ¡Oh, el ron! En una época, su humor dependía enteramente de ese primer vaso de ron añejo mezclado con cereales de colores para desayunar.

Tenía problemas, ¿ok?

—¡Fah! —suspiró al desprenderse de la jarra, ya medio vacía. En su rostro se había quedado prendada una barba completa de espuma blanca, la cual acarició con la mano libre mientras levantaba la otra en el aire junto a la jarra—. ¡Salud, cabrón! Que buena cerveza hacen en Skypiea —comentó justo antes de rematar la faena dejando caer la poca cerveza restante sobre su boca abierta—. ¡Boff! Sí, sí, creo que con eso estamos. —Bajó la jarra, se tapó la boca y tosió un poco. Tanto carbono le estaba empezando a cosquillear en la garganta—. Uf, esa última dio justo en el spot —reconoció—. Empiezo a sentir la cara caliente.

Pero no todo estaba hecho. Zarutsuki, regente del pueblo del cielo, les pidió paciencia y poco después, en un parpadeo, dos personas más aparecieron en el gran escenario de la arena de combate. Uno de ellos, feo. Pero feo con mayúsculas, negritas y signos de admiración: ¡FEO!. No estaba seguro de qué tipo de ser era ese, a qué raza pertenecía o qué base había mutado para convertirse en esa cosa. Juan era feo, todos lo sabían, pero caía bien y su carisma hacía olvidar su cara de cangrejo. ¿Eso? Eso era lo que temías encontrar siempre que mirabas debajo de la cama por la noche.

—¿Un chamán? —repitió.

Enji arqueó una ceja, pero su escepticismo se convirtió rápidamente en la más absoluta incredulidad. Sus ojos se abrieron grandes y su pupila se apretó hasta el tamaño de la cabeza de un alfiler.

«¿Puede quitar frutas del diablo?»

¿Quitarse de encima el veneno? ¿Dejar de vivir con ese peso?

El día que aprendió lo que su fruta del diablo hacía, y cómo se llamaba, Enji rió. Resultaba irónico y hasta satírico que una persona que se había prometido no matar, de golpe y porrazo se viera con las manos llenas de una sustancia letal y la responsabilidad de tener que utilizarla. Juancho parecía sorprendido. Él, por otro lado, supo desde el primer día que no había nada de santo en sus poderes. ¿Qué luz había en el veneno? ¿Qué aplicación tenía más allá de la obvia? Lo pensó, lo estudió… mierda, se internó a leer sobre medicina para buscar opciones, pero siempre recaía en lo mismo.

De todos los poderes, ¿por qué ese?

Enji apretó su agarre en la baranda de la grada inconscientemente. ¿Lo estaba pensando? ¿Realmente se preguntaba qué hacer?

«No seas llorón ahora —reflexionó—, ya es muy tarde para eso»

La dosis hacía mucho que había superado el umbral de lo letal. Esa fruta era su destino. La llevaba impresa en cada movimiento, cada mirada, cada tramo de piel o gota de sangre. La muerte lo iba a acompañar toda la vida.

Y podía vivir con eso.

—Estamos bien, sí... Oye, ¿y ese otro no es...?

— ¡¡¡QUE ES OTRO MONO!!! —

Se le infló la vena de la frente tras un sonoro plop.

—¡RUBIALES DEJA DE GRITAR TANTO QUE ME QUEDO SORDO! ¡HIJO DE TU SIMIA MADRE! —Su cabeza creció ( figurativamente ) tres veces su tamaño para reprender a Akira, que, tras regresar con ellos, no había parado de gritar. Ya sentía un pitido en el oído por su culpa—. ¡Coño! ¡Hostia! Jo… —Volvió a toser. y se aclaró la garganta. Todavía le picaba—. ¡Puta madre, carajo! ¡Tomate una cerveza!

Le ofreció la jarra que Kibai nunca llegó a reclamar. Al final, le quedaría debiendo un trago al gatito número uno de la división sesenta.

off


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