[EVENTO FASE] Los Juegos del Soberano- Gradas
Las palabras de Sigurd hicieron que Ubbe permaneciera en silencio unos segundos, porque no esperaba aquello, esperaba una carcajada acompañada de alguna orden absurda para entrenar hasta hundir el barco en dos. Esperaba una palmada brutal en la espalda y un “la próxima vez pega más fuerte”. Incluso esperaba que se burlara un poco de él por haber acabado cubierto de barro como un niño después de una pelea en el pantano.
Pero no aquello.
La enorme mano de Sigurd descansó sobre su hombro y, por primera vez desde que había terminado el combate, Ubbe sintió cómo parte del peso que llevaba encima comenzaba a aflojarse lentamente, entonces bajó la mirada durante un instante, y las palabras “has sido el que mejor pelea ha dado de los cuatro” seguían resonando en su cabeza.
Una pequeña sonrisa cansada apareció en su rostro.
- Heh… siempre sabes qué decir, Captain…
Dejó escapar el aire lentamente antes de negar con la cabeza.
- De verdad pensaba que podía llevar a mi equipo hasta la final, también quería hacerlo por todos vosotros, baby...
Sus dedos se cerraron un instante sobre la barandilla de las gradas mientras miraba la arena iluminada por los preparativos del combate final.
- Pero youre right… jamás había visto algo así. Ese tipo… era como si estuviera hecho literalmente de ese barro...
Soltó una breve risa entre dientes, aunque todavía se notaba el cansancio en su voz.
- La próxima vez que vea una de esas frutas raras, vendré preparado. I promise.
Levantó entonces la vista hacia Sigurd y, esta vez, la sonrisa fue mucho más sincera.
- Gracias, hermano.
Durante un momento permaneció simplemente allí, al lado de su capitán, observando la arena en silencio con el combate a todo trapo, después volvió a reír cuando escuchó la amenaza de Sigurd de comerse a Shin si perdía el combate.
- GAHAHAHA, ¡más le vale ganar, porque sé que hablas en serio!
La carcajada grave de Ubbe resonó entre los suyos, mucho más ligera que cualquiera de las que había soltado desde que terminó la semifinal, seguía dolido por la derrota, claro, seguía pensando que no había estado a la altura de lo que quería representar, pero escuchar el orgullo en la voz de Sigurd le recordó algo importante, El Ragnarok no era solo una bandera que cargar sobre los hombros, era una familia que seguía caminando a su lado, incluso cuando las batallas no terminaban con una victoria, y con ese mismo pensamiento, sus ojos se desviaron entonces hacia Odiseo. El recuerdo de los cuarenta y nueve hombres que habían caído en la llegada a la tierra prometida. Cuarenta y nueve, no eran simples números.
Cuarenta y nueve compañeros que habían confiado en alguien hasta el final, comparado con aquello, perder una semifinal dolía… sí, pero no era el fin del mundo. Le habia hecho una promesa a Odiseo, y la cumpliria costase lo que costase, Ubbe se haría mas fuerte, eso era algo que el mundo no podría frenar, aprenderia a pelear aquellas fuerzas de la naturaleza, le haria frente a cualquier enemigo, no perdería a mas hombres. Ubbe dejó escapar un largo suspiro y golpeó suavemente el hombro de Odiseo con el dorso de la mano. 
- Heh… supongo que unos juegos no son nada comparados con sobrevivir a una historia como la tuya, baby.
Odiseo asintió con la cabeza pues sabia que su general seguiría atormentandose por ello durante bastante tiempo.
Volvió la vista hacia la arena justo cuando una nueva explosión de luz iluminaba el estadio. El combate final parecía haberse convertido en una auténtica locura. Destellos, transformaciones, gritos del público y una lluvia constante de ataques imposibles cruzaban el escenario de un lado a otro, el no dijo nada, porque aunque sus ojos estuvieran puestos sobre la arena, su mente seguía muy lejos de allí. Seguía atrapada entre el barro de Jin, las palabras de Sigurd, los rostros de los hombres del Ragnarok y todas las preguntas que Skypiea había dejado abiertas en su cabeza, y el rugido del estadio continuaba creciendo a su alrededor. Ubbe apenas lo escuchaba, pero lo que sí escuchó, casi sin querer, fue el sonido de un violín.
Al principio apenas le prestó atención. Era solo una melodía perdida entre el estruendo de la arena, los gritos del público y las explosiones de luz que seguían sacudiendo el combate final. Pero, poco a poco, aquella música comenzó a abrirse paso entre el ruido hasta hacerse imposible de ignorar.
Ubbe levantó ligeramente la cabeza.
En una parte de las gradas, varios marines coreaban el nombre de Shin con una energía desbordante, golpeando el suelo y las barandillas al ritmo de sus propios cánticos. Y, como respuesta, un grupo de piratas había empezado a cantar con voces roncas y desafinadas, acompañados por el violín de aquella pelirroja tan sorprendente que había conocido durante los juegos; Orange Girl.
Una sonrisa nostálgica apareció bajo la barba del gigantesco buccaneer cuando reconoció por fin la melodía, pues era el Sake de Binks.
- Yohohoho… yohohoho…
La tarareó muy bajito entre dientes, casi sin darse cuenta, moviendo apenas uno de los dedos al ritmo de la canción mientras apoyaba los brazos sobre la barandilla. Aquella melodía siempre conseguía lo mismo: recordarle al mar, a las noches interminables en cubierta, a los barriles de cerveza y cola compartidos con el Ragnarok y a una sensación de libertad que solo existía cuando el viento soplaba sobre un barco pirata, gracias a eso durante unos segundos, el peso de la derrota y las muertes pareció alejarse un poco.
Sus dedos rozaron distraídamente la cinta anudada alrededor de su brazo y, casi por instinto, volvió a buscar entre las gradas aquella cabeza completamente rapada. Maki.
La encontró enseguida, sosteniendo la cerveza que le había enviado unos minutos antes.
La enorme sonrisa de Ubbe apareció de inmediato en su rostro, aunque no hizo ningún gesto exagerado esta vez; simplemente la observó desde la distancia mientras el Sake de Binks seguía sonando de fondo.
Resultaba extraño; había llegado a Skypiea pensando únicamente en pelear, hacerse más fuerte y llevar la bandera del Ragnarok lo más alto posible. Y, sin embargo, una de las cosas que más rondaban ahora su cabeza era una chica calva que le había regalado una simple cinta y le había deseado buena suerte antes de bajar a la arena. 
"Heh… maybe this sky island is more dangerous than I thought, baby…"
La risa grave escapó de su garganta mientras seguía tarareando la canción, dejando que, por primera vez desde que terminó el combate, el ruido del estadio dejara de sonar como una derrota y empezara a sonar un poco más como una aventura.

Se acomodó las gafas de sol con un dedo y comenzó a abrirse paso entre los espectadores. Su enorme tamaño hacía que la gente tuviera que apartarse casi por instinto mientras avanzaba lentamente entre las filas de asientos, todavía algo dolorido por el combate, pero con una ligereza en el pecho que no había sentido en toda la tarde.
La observó un momento antes de rascarse la nuca con cierta torpeza, algo poco habitual en alguien tan grande y seguro de sí mismo cuando estaba peleando.
- Oye Baby… estaba pensando una cosa.
Desvió la mirada apenas un segundo hacia la arena, donde el ruido del estadio seguía envolviendo el ambiente, y luego volvió a mirarla directamente.
-Cuando termine todo este lío de los juegos… me gustaría verte en un ambiente un poco más tranquilo...
Una sonrisa algo más divertida apareció mirándola, juguetón.
- Y, en vez de seguir enviándonos cervezas de una punta de la grada a la otra… quizá podríamos compartir una juntos, baby.
No había fanfarronería en sus palabras, ni una frase ensayada.
Solo la sinceridad sencilla y directa de alguien que, después de una larga batalla, había decidido que prefería aprovechar aquel momento antes que seguir dándole vueltas a una derrota.

HEY BABY
[Imagen: ksMOGZu.png]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 5146 + 69 = 5215
Energia: 5212 + 0 = 5212
Espiritu: 1159 + 0 = 1159
Atributos Personaje


No hizo falta responder cuando ella sabía todo lo que él pensaba. Tan solo bastó con demostrar la complicidad mediante una mirada que dijo más que cualquier palabra, dejando en el aire secretos que solo ambos conocían. 

La intromisión de Miyori cerca de sus asientos rompió el previo análisis del encuentro. Los ojos de color ámbar se elevaron hacia la artista de cabellera cobriza que ofreció su teléfono con la promesa de una futura ayuda.

Antes de que el castaño pudiera tomarlo, la mano de Runin se encargó de recibir el fragmento de papel como si del guardián cerbero se tratara. “Las mujeres en serio son aterradoras…” Pensó sonriente, despidiéndose de Miyori con un agradecimiento y su mano llena de salsas por las papas que había comido. Entonces, escuchó atento a las palabras de su contraria, que de alguna forma sonaron cómplices en un secreto que esta vez no supo entender.



“Creo que vende mermelada, quizás se refería a eso.”

Concluyo abandonando el tema y volviendo la mirada hacia el combate.

Runin jamás sabría si Ryota era tan solo un estúpido al que le era difícil captar las indirectas o un genio sin precedentes que actuaba de esa forma para esquivar cada uno de sus problemas.

De regreso al encuentro, los últimos movimientos entre ambos luchadores quedaron en el pasado. La vibrante voz del emperador resonó por todo el estadio dando por finalizado el combate y ofreciéndoles unas palabras a los dos participantes.

Ryota guardó silencio al igual que todos aquellos que se encontraban en las gradas para escuchar atentos al emperador. “Kenbunshoku haki…” Fueron las palabras que resonaron en su cabeza al entender que se trataba de una especie de habilidad, que permitió al mandatario de la isla, entender las emociones de ambos competidores. “¿Ese es el poder para hacer trampa?…” dedujo sorprendido, no solo por la información revelada sino por el veredicto final. 



“Waos… Perdímos.”

El equipo dos se alzó victorioso habiendo vencido al equipo seis en puntos debido a que ambos finalistas no consiguieron ninguna valoración positiva en su enfrentamiento. Un hecho más que sorpresivo para varios entre las gradas, sin embargo, los motivos del mandatario eran entendibles.

El torneo jamás se trató de una muestra de poder, o técnica marcial, en realidad varios de los mejores exponentes de ello se habían quedado fuera de los enfrentamientos principales. Por lo que era válido deducir que era un evento deportivo, una exhibición para los habitantes de la isla del cielo que buscaba traer diversión, conexión y paz entre las razas.

Lo normal seria que el campeón, fuera alguien que representara todos esos valores y por lo poco que conocía del peli blanco, era difícil imaginarlo como un exponente de ello. “Bueno, quizás me habría pasado lo mismo… y muy probablemente al Vikingo también, así que el mejor de todos siempre fue Akira.” Suspiró con una sonrisa relajada, extendiendo los brazos hacia el cielo para levantarse de su asiento y ver en dirección a Barald.

Ryota había perdido, pero estaba lejos de sentirse como un perdedor. Runin, Barald e incluso Tezca, los tres junto con él, llegaron a la última instancia del torneo y uno de ellos consiguió ganar el ansiado deseo. A ojos de Ryota, los Hanu Mahana dieron una increíble exhibición y quien dijo que ganaría los juegos, finalmente los ganó.



“Baaaaaarald, mi amigo, mi pana, mi compa,  mi brother, crack, lince, maquina asesina, destructor de ladys, hacedor de viudas, rompecorazonez, tiburón salvaje bionico, terminator, chayan ¿ya te dije que eres el mejor amigo que he tenido?.”

Expreso, lanzándose sobre su compañero en un enérgico abrazo mostrando por completo sus intenciones en medio de elogios y títulos. “Vamos, bro, pide de deseo una casita de oro, nos la llevamos al Aloha Kai y nos forramos en el casino más cercano, di que sí, di que sí...” exclamó sonriente, para apartarse ligeramente, dejando su mano en el hombro, cuando el de cabellos negros lo hubiera apartado para levantarse.



“Bien jugado, bro, win is win ¿verdad?”

Rio amistosamente, recordando las palabras que compartieron tras el incidente con el custodio.
Fue entonces, cuando Uker se acercó al espadachín de ojos rojos, adentrándose en el pequeño grupo formado por los mahana. Ryota se apartó un paso para darle espacio y ver en dirección al capitán de los Sepultura.

Eros, al igual que Kiyoshi y Varo Ganchin quizás compartían el mismo entusiasmo por saber que uno de los suyos se alzaba con la victoria.



“Ganamos, al final ambas tripulaciones ganaron kekeke la ruta 1 fue la ruta de la suerte.”

Río con verdadero agrado, para terminar, recordando su apuesta con el mink. “Ah Varo, te debo dinero bro.” Se acercó hasta él, metiendo la mano en su billetera, sacando de esta los diez mil berrys que habían apostado por la victoria de Uker.



“Convence a Uker para que pida otra casa de oro y usamos todo ese dinero en algún casino, bro, si ganamos, tendríamos la vida resuelta.”

¿El buen Varo Ganchin se dejaría tentar por el demonio de las apuestas? Probablemente no, pero en un momento de tanta alegría y ya habiendo hecho una buena relación entre ambas tripulaciones dada por el alcohol y su eterna estancia en las gradas, tomo el atrevimiento de tratarlo de forma cercana.


INFO
[Imagen: ELRAliP.png]
Los canticos del ebrio capitán y sus compañeros finalmente fueron menguando hasta que cesaron junto con el fin del despliegue musica de aquella con cabello como el sol. Eros dejó ir finalmente a sus amigos a regañadientes, suspirando divertido y avergonzado en partes igual por haber cantado cómo si nadie lo estuviese mirando, dejándose llevar por un rato. El alcohol hacía efecto cómo debía tras tanto navegar, se dijo a si mismo mientras nervioso rascaba su nuca devolviendo su mirada reflexiva a cada uno de los presentes a la par que intentaba, en vano, llevar el ritmo a toda la sociabilización que acontecía por parte de quienes habían recorrido, en parte, el camino 1, 2 y 4.

Miyori se acercó a él llamándose a una despedida. Fue inesperado, abrupto. Cuando los brazos ajenos lo rodearon él no pudo reaccionar hasta que tenía el aroma de la misma a su alrededor. Quizás fue la mecánica muscular de su cuerpo entrenado para matar, quizás fue su ebriedad, pero en respuesta a su rigidez inicial Eros correspondió dicho abrazo aun si no entendiese lo que estaba pasado pues ante todo era suave. La sensación cálida duró tan poco como tres latidos, y un suspiro, cuando finalmente llegó la despedida que nuestro aturdido capitán solo pudo responder con un asentir de la cabeza y una mirada gacha.

Su atención viró inmediatamente a otra sensación conocida, el combate. La carecía de elegancia era algo con lo que podía empatizar, inclusive diría que era familiar pero no pareció ser así para el rey mono quien detuvo la contienda sin más alegando que con su poder de hacer trampas había podido sondear los corazones de las personas.

— Si, definitivamente habla del poder de hacer trampas... El haki —Aclaró el respuesta la duda por parte de los Mahana, finalmente realizando un rápido cálculo mental visto lo mismo. Los puntajes, los factores, los detalles. Su mirada dorada se dirigió hacia Uker, a la par que la diestra del capitán se posaba sobre el hombro del mismo zarandeando y zarandeando. — ¡Ganaste, Uker! —El mismo lo había dicho ¿Verdad? "Nos vemos en la final" Y si bien no fue como lo habían planeado, había sido la contribución de su navegante quien llevó a la victoria del equipo de Uker y Barald.

No pudo evitar carcajearse entonces al ser aplastado por Kiyoshi, quien había vuelto de su arco de entrenamiento en solitario para celebrar. Las buenas había que pasarlas juntos así que sepultado debajo de sus cuatro compañeros Eros simplemente rio finalmente levantándose para escuchar a sus compañeros, y girar su rostro hacia Ryota. — En definitiva él ganó, y nosotros perdimos... Lo que pida estará bien. Además estamos acostumbrados a ser pobres, no requerimos muchos gastos de manutención mientras nuestro barco y nuestras armas estén a punto —Nadie notaría la tristeza en el tono del capitán, pero mentir no mentía.

— Felicidades a ustedes también, la próxima igual daremos más batalla... Sepultura, andando. Uker tiene un premio que reclamar.

Llamó el capitán quitando el polvo de su largo abrigo con sus manos enguantadas dando ligeras palmas antes de asentir con la cabeza en dirección a todos. Al pasar, miró mal a Inuzuka Jin y se dispuso a retirarse de las gradas finalmente. La fiesta estaba por acabar.


Ataud
[Imagen: xNGUFie.png]
Estaba apunto de lanzarme otra vez contra mi rival, cuando escuche un voz gritar "¡Hasta aquí el combate-son!". Aquello llamo mi atención, pero no me quitaron las ganas ni las intenciones de atacar a mi rival, así que descendí ferozmente hacía mi rival. Pero aquella voz volvió a hablar y ahora pude ver que se trataba del emperador del lugar, el cual salió de la carpa mientras exclamaba que creía que había tenido suficiente combate hasta el momento. 
"Mierda... ¿Qué hago-don?" Me pregunté indeciso por mis pensamientos contradictorios, ya que por un lado, recordaba las normas del torneo, pero por otro odiaba dejar una pelea a medias, si peleaba era para acabar dejando inconsciente a mi rival o para acabarlo yo, otra cosa no me valía. "Confió en ti para esta misión..." Recordé las palabras del capitán. "Joder... mierda... tengo que seguir las normas... sino el capitán se enfadará conmigo... y aun no puedo derrotarlo-don..." Acabe convenciéndome a regañadientes mientras seguía descendiendo, pero en vez de contra mi rival hacía unos metros a su izquierda, más cerca de la grada por la que había llegado a la arena.

Mientas acababa de descender y me transformaba en mi forma base, pude escuchar como el emperador hablaba sobre algo que sentimientos y emociones negativas. "¿Pero que dice ahora este tipo-don?" Pensé mientras lo miraba extrañado por sus palabras. "Yo me lo estaba pasando muy bien... únicamente quería derrotar a mi rival, pero en ningún momento he pensado en matarlo-don" Proseguí entendiendo que los sentimientos y emociones negativos podían ser querer matar al oponente. Aún así no le hice mucho caso.

Lo que si que no pude ignorar fue cuando anunció que el combate finalizaba sin un ganador. "¿Cómo?" Me pregunté mirándolo ahora con los ojos muy abiertos y abriendo los brazos, acompañando la expresión de mi cara, dando a entender que no entendía esa resolución. "Si lo he estado dominando todo el combate-don..." Me dije totalmente inconforme con el resultado del combate. "El tipo a estado todo el rato a la defensiva, solo me ha hecho unos pequeños rasguños-don..." Seguí hablando mentalmente, intentándome convencer que el resultado era injusto.

El mono ígneo, emperador de aquel territorio y anfitrión del torneo, pareció entender mi desconformidad, ya que después de mirar hacía atrás, nos volvió a mirar y nos dijo que las lecciones más duras de aprender, podían convertirse en nuestras mejores victorias. "Sabias palabras y las recordaré, pero eso no me quita la decepción que siento ahora mismo-don..." Me dije mientras seguía sus directrices y con la cabeza medio baja, me daba la vuelta y me dirigía hacía las gradas.

Cuando llegue a las gradas ignoré a absolutamente todo el mundo, en ese momento estaba tan decepcionado, que únicamente me apetecía estar solo. Subí a las gradas, pasando de una altura a otra, buscando algún lugar donde pasar desapercibido y que nadie me molestase, al inicio pareció misión imposible ya que todo el mundo parecía querer saludarme, felicitarme o incluso querer una firma mía. Pase de todo el mundo, muchos podrían pensar que era un borde o gilipollas, pero realmente, era un tipo tímido, que estaba decepcionado y deseaba estar solo, para volver a repasar todo el combate y aprender de sus errores, para no volverlos a realizar.

Al fin encontré unas sillas en el piso superior donde podía sentarme tranquilamente sin que nadie me molestase. Cuando me senté escuche como el Mono Ígneo volvía a hablar y en este caso anunciaba que los dos equipos de la final se llevaban una friolera cantidad de 0 puntos, aquello me derrumbo más aún. "Soy una mierda... he realizado un combate de mierda parece ser... me queda mucho por aprender-don..." Me dije totalmente negativo y deprimido.

Pero de repente, alzando mucho más su voz, el emperador anunció que el ganador de aquella edición de los juegos era nada más ni menos el equipo dos. "Vaya... enhorabuena para el equipo dos-don..." Pensé  mirando el suelo que pisaba con mis pies, sin darme cuenta que aquel era el equipo al que pertenecía. "Equipo dos... ¿EQUIPO DOS?" Exclamé mentalmente mientras alzaba la vista hacía el frente y una pequeña sonrisa se dibujaba en mi cara. "¡Vamooooosss! ¡Hemos Ganadoooo!" Seguí pensando con entusiasmo y emoción mientras apretaba mi puño derecho y lo llevaba hacía la altura de mi pecho.

"¿Un deseo...? ¿Qué podría pedir-don..." Me dije mientras me rascaba la cabeza pensativo. Aquello me pillo de sopetón, ya que pensaba que el premio lo decidían ellos, pero bueno por lo que entendí fue que teníamos una semana más o menos para presentarnos en palacio y hacer la petición, aún tenía días para pensar que me gustaría obtener, además también debía encontrar tripulantes competentes para reclutar.

MushokuOFF
Atributos Personaje

“Wey, nos secuestraron a todos y despertamos con bombas en el cuello… no mames… seguro te creíste que no la libré y aprovechaste.” Comencé a reír, fuertemente por el alcohol, recordaba ese momento: la amarga preocupación, la búsqueda, el dolor de los golpes y la luz de ese marine… al igual que la curación de su compañero. —Me descubriste, capitán, espero tu cadáver para adueñarme de la habitación mas grande del Aloha… Así que nunca me des el gusto. — “cuento contigo para protegernos…” Ahí fue cuando mi sonrisa cedió un poco, reduciéndose a una simple mueca, eso era todo lo que pretendía y sin embargo, cuando llegue el momento… ¿En qué estás pensando, Tezca? Es un día de fiesta, aquella desgracia no tiene que venir a amargarte el día.
 
“¿Mezclandose con perros del gobierno, cariño? A ustedes no se les puede dejar solos dos minutos seguidos que empiezan a deberle favores a los que nos intentan capturar, fufufufu. “ Las palabras de la mujer me hicieron fruncir el ceño, cuando lo dice así no podía evitar que en efecto, he traicionado mis propios principis en lugar de luchar por sobrevivir. —¿Favor? ¿Cuál favor? ¡Bah! Deberían dar las gracias esos perros, tuvieron a dos estrellas como Barald y yo respirando el mismo aire putrefacto. — Tomé el último sorbo de golpe ¿Qué pensarían mis admiradores al ver que me junto con marines? ¡Primera y única! Pero no me iba a dejar llevar por las palabras de alguien que piensa que esas son unas buenas salchipapas, aunque sabía identificar cuando merecía mi reconocimiento. — y cada día me pongo peor, salud por eso, amiga. — Lo mejor del dia fue que mi compañero en armas, Barald, había decidido seguirme la corriente. —¡Así se dice, amigo mio! ¡Solo por ti! ¡Una ronda más, sírvete, sírvete! —
 
No fue hasta tarde que noté como Jin le ofrecía a Cardan de su plato. —¡Espera, Jin, Cardan no- Pero era demasiado tarde pues aquella serpiente tragona había decidido comer algo que claramente no podía comer. —…puede comer picante. Muy tarde, tu también, Cardan. — La serpiente estaba quejándose, a su forma, completamente enchilado. Increíble. —Ay, Cardan… ¿Alguien trae agua o leche? ¿Me entiendes? — La voz de mi pareja me hizo distraer una vez más y su risa me hizo sonreír y sus palabras ruborizarme, provocando que desviara la mirada. —Si, soy genial, no es noticia nueva. Soy el mejor, todos lo saben.  — “Tezca... Amor mío...” Mi mano inmediatamente fue a dar a su cabello, acariciándolo con suavidad mientras escuchaba sus palabras, el yakuza estaba bastante ebrio aunque no podría decir nada al respecto, yo también lo estaba. —Yo también, Jin… Todo aquello que dices, estoy ahí…— Me dejé llevar, el hombre quien por supuesto era más fuerte que yo, apretando sus manos mientras una sonrisa aparecía en mis labios.
 
¿Bailar? ¿Aquí? Yo… no bailaba en público, ni siquiera con copas encima, menos tan románticamente y frente a la gente más peligrosa del mar. Menos si me veía tan vulnerable. —¿Bailar aquí? Jin, más tarde… Ha pasado mucho tiempo y ambos estamos ebrios: Ni el momento, ni el lugar. — Me senté, jalándolo para ayudarle a sentarse a mi lado.
 
Fue momento que la joven pelinaranja se fue, levantándome para extenderle la mano y despedirme, guardando el papelito de su número de den den mushi. —¡Hasta la próxima vez, señorita! ¡Salgamos pronto! — Los quejidos del hombre Yakuza lograban incluso representarme, volteando una vez más al combate para mirarlos. —No creo que pronto, pero por dios, ese marine contra el cocodrilo parecía más asertivo ¿Es que se ha hecho más suave? —

— ¡HASTA AQUÍ EL COMBATE-SON! —Y al parecer me había equivocado, culminando este combate en un… ¿Empate? Bueno ahora estaba disgustado ¿Todo este combate para que termine en un empate? Por mi que se mataran ¿Cómo lo van a dejar en empate? —No puede ser… ¿Y la sangre? ¿Y la emoción? ¿Dónde quedó la batalla? ¿De verdad no es una broma? — Miré a mis compañeros y luego a Jin como si alguno pudiera darme alguna respuesta satisfactoria, al menos los ganadores eran el chico que acababa de conocer y Barald. El abrazo animado del capitán a este me hizo reír, inclinándome para mirarlo y darle una palmada al pelinegro en la espalda. —Bien hecho, Baralchi, aunque ya no recuerdo si tu victoria me hace más rico o pobre…— Bostecé, el efecto del alcohol probablemente haciendo que me sintiera un poco más cansado y aún así, giré a la otra tripulación, comenzando a aplaudir.
 
—¡Muchas felicidades! Sobretodo a ti, ganas en todo, eso es interesante. — Dije mirando a Uker, hasta que aquel capitán llamó a la despedida y de la nada me había sentido sentimental ¿se iban tan pronto? Pero el alcohol y comida que compartimos… ¿y si no los volvíamos a ver? Aún así solo quedaba una triste despedida. —¡Nos vemos… sepultura! — Así los había llamado aquel peliazul ¿no? —¡Amigo, Varo, te debo una bebida! ¡Te llevaré el mejor alcohol que pueda probar la próxima vez que nos veamos! ¡Tirador, piensa en lo que te dije! ¡Tu también, Uker, haremos grandes negocios entre campeones! ¡Piensa en el dinero y reconocimiento! ¡Capitán sepultura, no me vuelva a confundir con un gordo! ¡Déjeme invitarle a cenar la próxima vez! ¡Organicemos una fiesta! ¡Hasta la próxima! — Claro, super triste a ojos de quien se queda ¿Qué? Tal vez era demasiado cursi y sin embargo ¿Quién dejaría ir a talentos como tales? Si navegan los mares como nosotros entonces me son útiles.
 
Regresé a mi tripulación, levantándome para estirarme con cierta pereza, acomodándome los lentes y el cabello mientras colocaba mi palma sobre la cabeza de Jin. —¿Y bueno? ¿Qué hacemos? ¿Ya nos vamos a dormir? ¿Al afterparty? ¿Nos lo podemos robar? — Dije señalando al pelinegro.
 
 
 
 
 
Contrato confidencial: Tezca Norova
—¿Ah sí? ¿Arrancarías su cabello rojo por mí? —Era imposible que su ego no aumentara cuando Merlot hablaba de esa manera, algo que lo hacía sonreír de oreja a oreja sin disimulo alguno. —Me halagas, Merlot, pero no quisiera que tus delicadas manos pasaran por ese suplicio…es mejor que uses una espada o una daga, ya sabes, sería más rápido —. Sus comentarios se daban de manera tan casual que, gracias al delicado tono de voz que usó, casi parecían una broma; sin embargo, el médico no se cerraba a la posibilidad de que eso ocurriera, de hecho, tal vez sería algo que estaría dispuesto a pagar por ver… ¿Merlot sería capaz de comportarse así ante un marine? ¿Cómo sería ver su lado más violento? Esa sería una idea que rondaría en su cabeza hasta que su cerebro decidiera olvidar. —Aunque ahora no creo que sea necesario que le hagas eso, él cumplió con su palabra de traerte a salvo —. Su mirada dejó de centrarse en Merlot y se fijó de nuevo en la arena, aunque añadió un detalle más a su diálogo, pero pronunciado con voz tan baja que en medio del griterío de las gradas sería imposible de escuchar. —De todos modos, sigo desconfiando de él…
 
En ese instante un grito resonó a su lado. La Joya del Mar animaba a uno de los contrincantes o, al menos, le advertía algo que provocó que el médico soltara una leve risa. —Ah…pues realmente si que sería una lástima que dañara su cara —. Coincidió con su compañera al mismo tiempo que Maki parecía “despertar” de nuevo, bueno, al menos por su voz sabía que la mujer estaba más activa a pesar de todos los tragos que había tomado.
 
—¿Las águilas tienen el poder de pegarle a la luz? Jmmm…No creo que sea el caso, tal vez es algo más, no lo sé, no estoy seguro, pero creo que debemos preguntarle cuando todo esto finalice ¿No lo crees? Porque si hay algo que podamos usar para enfrentar a esos monstruos…yo lo quiero, sea lo que sea y cueste lo que cueste —. Apretó su mano justo en el borde del barandal del coliseo, sin dejar que sus ojos se apartaran del combate ni si quiera por un momento.
 
Pocas veces el médico solía concentrarse tanto, pero esto lo ameritaba, a fin de cuentas, quería analizar lo que sucedía frente a sus ojos, pero las acciones eran tan rápidas que en más de una ocasión perdió a los contrincantes de vista o no llegó a ver los golpes conectados, además de esto, empezaba a marearse cada vez más y en la boca de su estómago se formaba un nudo que lo hacía querer vomitar. Se tambaleó un poco, aún con Maki sobre sus hombros, eso lo llevó a apartar la vista del medio de la arena y cerrar sus ojos, lo que le permitió enfocarse, por un instante, en una melodía conocida y que sonaba tan lejos y tan cerca al mismo tiempo.
 
En ese momento sintió un toquecito en su hombro. La calva chica deseaba bajar de su espalda y él, ni corto ni perezoso, le cumplió su deseo, aunque no sin fijarse en la expresión de la mujer que, para el pelirrosa, lució tan concentrada como poderosa, pero al mismo tiempo, melancólica. Quizá era cosa de él, pero creyó ver una mirada distante en ella, por más que, al seguir sus ojos estos fueran a parar en la muchacha naranjita que los había acompañado antes… ¿Musa? Ese era su nombre ¿no? Debía serlo, porque esa manera de tocar el violín solo pudo haber sido una bendición de las musas para ella. Simplemente, precioso.
 
La canción la reconoció, por supuesto, tanto que en menos de lo que creyó, su mirada también se embelesó en la chica naranja, pues, así como Maki, quien parecía estar viviendo una película triste en su cabeza, al médico, aquella melodía, también le traía recuerdos… ¿Malos? No, al menos no necesariamente.
 
Se concentró en la melodía, en la letra, en como otro grupo de piratas, los mismos que viajaban con el cocinero malhumorado, la cantaban a todo pulmón. Con un escenario como ese no fue difícil para el pelirrosa el recordar a su antigua tripulación. No, no los Mano Muerta, nunca fue tan unido con ellos, si no aquella tripulación que lo inició en la piratería hace más de 15 años, al grupo que el mismo traicionó. Entonces, claro que su mente pudo dibujar con claridad la cubierta del “Corona de Espinas” y a sus antiguos nakamas, moviéndose de un lado para otro mientras que un alegre Azkeel, su mejor amigo (según historiadores) en esos años, cantaba la canción a todo pulmón, llegando a contagiar incluso a los tripulantes más amargados, como al viejo navegante, Bárnabas…Una canción muy pirata, una canción que cargaba con muchas historias entre sus notas.
 
Por ese leve momento se sintió como el adolescente que había recorrido el mar por primera vez con un grupo por demás peculiar, incluso llegó a tararear la melodía antes de que la voz de su calva capitana lo sacara de su ensueño.
 
—¿Uh? ¿A quién quieres? —Había olvidado la petición de antes, en donde la chica le pedía a la naranjita viajar con ellos; sin embargo, al ver los ojos dorados de su capitana, tan decidida, de verdad creyó que quería a la chica con ellos… ¿Cómo podría negarle algo como así a su guardaespaldas? —¿De verdad quieres eso? Bien, pues, tráela con nosotros al Royal Flush, cueste lo que cueste. No voy a detenerte.
 
La canción terminó.
 
Ahora el estruendo de la contienda y de los espectadores volvía a dominar el ambiente. El médico chasqueó la lengua, dispuesto a observar de nuevo la pelea, pero justo cuando creyó que algo más pasaría, el ritmo empezó a tornarse lento, algo que parece que el peluche emperador que gobernaba en aquella isla también notó, pues su voz resonó en la arena, deteniendo el combate de una buena vez.
 
Lo miró allá e lo alto, dando un veredicto que no podía decir si era justo o no, a fin de cuentas, se perdió la mitad del enfrentamiento gracias a la canción, pero tampoco era algo que le afectara, además, incluso podía decir que le convenía, después de todo, quería hablar con alguien enorme sujeto. Necesitaba saber como es que había logrado golpear a la luz.
 
—Jmmm… ¿Y ahora que haremos? ¿Podemos seguir comprando cosas en el mercado? Encontré un sitio en donde venden coronas y cadenas para el cabello, podríamos conseguir más, bien adornarían tu bella cabellera, Merlot y…Maki…podrían servirte para cuando tu cabello vuelva a crecer, tu lo dijiste, no quedarás alopécica, tienes esperanza y mejor compramos accesorios a precio de feria —. Tomó a las chicas del brazo, una de cada lado, dispuesto a arrastrarlas por las gradas y llevarlas hacia el mercado nuevamente; sin embargo, no avanzó más que unos cuantos metros cuando notó que el enorme sujeto se dirigía a unas gradas más arriba… ¿Debía seguirlo?  Tal vez sería lo mejor.
 
—Maki…guíanos hacia el hombre águila ¿Puedes? —Al final prefirió dejar la misión en manos de la otra chica, pues en algún punto perdió del vista al hombre… ¿Cómo podía perdérsele alguien tan grande? Bueno, imposible de saber, pero sucedió. —Vamos, vamos…quiero preguntar como fue que golpeó a la luz y…
 
Soltó a las chicas, dio un paso atrás y justamente tropezó con aquella chica de ojos azules, la misma del violín y la canción pirata.
 
—¡Oh, chica Naranja! Creí que te perdería de vista para siempre…Escuché tu canción ¿Sabes? Eres tan maravillosa como tu interpretación, creo que has enamorado a Maki —. Le sonrió, esta vez sin dobles intenciones ni falsas cortesías, era curioso lo que la música podía llegar hacer…o quizá el alcohol, en este punto ya no lo sabía. —¿Nos acompañas un rato? Queremos preguntarle al hombre águila como es que fue capaz de golpear la luz ¿Vienes, Naranjita? —. No, no se refería al marine como persona, se refería a su elemento y a todos los que eran como él: intocables.
 
Botiquín. Abrir solo en casos de emergencia
[Imagen: hyakocheja.png]
La pelea seguía desarrollándose como lo que era, una lucha encarnizada entre animales en una arena, peleando por la superioridad mientras utilizaban lo que tenían a su disposición para salir adelante, colmillos, poderes, estallidos, agarres, no era una pelea particularmente sesuda, Kiba recordó por un momento a las peleas en las arenas para entretener a los esclavistas, era violencia de la más básica y constante. Comparada con la pelea previa ciertamente era visible que no eran la misma clase de personas las que habían participado de cada una de las rondas pero también los luchadores que se encontraban en la arena en esos momentos tenían mérito propio por aguantar y luchar de la forma en que lo hacían.

El hombre tiburón tigre pelinegro se acomodó en su asiento preparándose para una larga y engorrosa pelea, encarnizada y basada en que los contrincantes se sangraran mutuamente, sin embargo antes de que empezara a darse la predicción del comerciante trabajando para  Nozama. Una voz interrumpió aquel enfrentamiento era nada más y nada menos que el gobernante de Skypiea, emperador del cielo, el mismísimo Zarutsuki entrando en escena antes de que el enfrentamiento evolucionara en la sangría que podría haber sido para gusto o quizás disgusto del publico si es que no eran tan viciosos como los amos de los centros de luchas clandestinas donde había estado antes el oji azul.

El discurso de Zarutsuki sobre el honor, el florecimiento del respeto mutuo y valores positivos en un combate, era algo encomiable, admirable y respetable. Pero no eran la clase de valores que el comerciante pudiera aprobar completamente, después de todo “estaba dispuesto a comprara y vender” significando que sus servicios estaban también ene venta para quien pudiera convencerle. Aún más dentro de la mente de esa persona, Mizuki que estaba disfrazada como Kiba seguía siendo ella misma y no podía evitar sentir cierta envidia y resentimiento por la forma en que el emperador del cielo veía el mundo.

Mizuki no conocía realmente esos valores, solo una vez había tenido un oponente “digno” y aún así lo consideraba un estúpido por dejar que su honor le hiciera perder el combate, las luchas no pueden siempre ser por honor, una tiene que estar lista para matar o morir, para arrebatar la vida a quienes se pongan en camino entre sus objetivos. Esa era la clase de avaricia contra la que el señor de Shandora estaba pregonando en aquellos momentos, Mizuki se cerro a sí misma en su disfraz de comerciante y simplemente empezó a aplaudir sonriendo como dando la razón o respetando lo que tenía que decir aquel hombre por más de que no coincidiera con lo que “Kiba” creía.
-Voz femenina- ||-Voz masculina- ||-Piensa-
Código:
[b][color=purple]-Voz femenina-[/color][/b]
[b][color=darkred]-Voz masculina-[/color][/b]
[i][color=#38A0C2]-Piensa-[/color][/i]
El estruendo del Soberano Zarutsuki cortó de golpe el ruido de las gradas.

“¡DECLARO QUE NO HAY GANADOR EN ESTE COMBATE FINAL-SON!”

Durante unos segundos nadie dijo nada. El público se quedó mirando la arena, como si estuvieran esperando que el viejo añadiera algo más. Pero no. El combate terminaba ahí.

Después empezaron los murmullos. Miles de voces hablando a la vez, algunos protestando y otros simplemente intentando entender qué demonios acababa de pasar. El combate había terminado en empate por falta de honor y por "avaricia", y con los puntos acumulados durante el torneo, la victoria terminaba cayendo en el Equipo Dos, el de los piratas.

Moja parpadeó un par de veces y estiró el cuello para poder ver mejor desde su sitio.

-¿En serio?- murmuró.

Miró hacia la arena. Shin seguía allí abajo, cubierto de polvo y sangre, mientras la enorme águila tampoco parecía precisamente en condiciones de seguir peleando. Menudo final. Después de todo lo que habían montado, los golpes, los relámpagos y toda aquella pelea en medio de la arena... ¿para acabar así?

Moja se llevó una mano a la gorra y comprobó que se le había quedado torcida. Pero entonces se dio cuenta de que había algo mucho más interesante ocurriendo en las propias gradas.

En cuanto se escuchó la voz del Soberano, la banda improvisada de los marines se vino abajo.

El Capitán Enji dejó de cantar a mitad de una de sus rimas y la tortuga Juan Sebastián terminó cayendo al suelo. La pobre criatura intentó incorporarse mientras balbuceaba algo sobre centollos y mundos del revés. Kibai apagó el Electro y las pequeñas descargas que había dejado por el aire desaparecieron de golpe. Nyra, por su parte, soltó finalmente el brazo de Kael. El pobre chaval pudo respirar otra vez. Moja soltó el aire lentamente.Por fin.

Las canciones, los gritos, los bailes y la cerveza volando por todas partes habían terminado. Durante unos minutos aquello había dejado de parecer un torneo y se había convertido directamente en una fiesta de borrachos.

Se levantó del banco y se sacudió las virutas de madera que tenía sobre los pantalones blancos. Después se colocó bien la gorra y comprobó que esta vez no se le había vuelto a torcer.

Sin prisa, comenzó a caminar hacia la parte trasera de las gradas. Tuvo que esquivar a Juan Sebastián, que seguía andando de un lado para otro pidiendo otra cerveza a cualquiera que se cruzara con él.

Moja decidió no responder. Al llegar a uno de los puestos, vio que el vendedor ya estaba recogiendo sus cosas. Sacó unas monedas, compró una jarra y se apartó. La cerveza estaba fría. Demasiado fría, incluso. Dio un buen trago y se apoyó contra uno de los pilares de madera. Desde allí podía ver al resto de los marines. Algunos intentaban recuperar la compostura, otros limpiaban la cerveza de sus uniformes y alguno directamente parecía preguntarse qué había ocurrido durante los últimos diez minutos.

Moja volvió a beber. Por primera vez en todo el día no tenía a nadie encima, nadie gritándole al oído y nadie intentando convertir aquello en otra clase de espectáculo. Se quedó allí unos segundos, disfrutando simplemente del silencio relativo.

-Bueno... al menos ya nos callamos un rato- murmuró para sí.

Le dio otro trago a la jarra. Por una vez, no estaba nada mal que una batalla terminara sin que él tuviera que hacer absolutamente nada.

Información
*Pienso*  -Hablo-  Narro
[Imagen: 5IZMHzN.jpeg]

¿Quién? ¿Quién le heredó la glotonería a su serpiente? Durante su infancia la comida escaseaba, allá cuando Cardan era una serpiente pequeña que jamás creyó crecer hasta casi tener tres metros. ¿Ese precario tiempo es el que lo motiva a comer todo lo que puede sin importar el lugar o el momento? Algo se remueve en el corazón de la amazona al verlo sufrir, en especial tras las vanas advertencias de Tezca.

¡Claro que la tripulación conoce los límites de la lengua y el estómago de Cardan! Han sufrido quedarse sin postres o meriendas gracias a él. Aún así ¿Cómo no reírse un poco? ”El karma es una perra.” porque todos los alimentos robados han decidido que el castigo llegará en forma de picante, y claro que llega.

Los eventos transcurren cuando el número de la dulce violinista es tomado entre sus dedos. Las palabras afloran hacia su capitán, este le observa con esa expresión descomplicada que tanto conoce y de la qué, a veces, se deja contagiar… excepto en ese momento.



—¿Tú eres tonto, cariño?

¿Acaso no lo ha comprendido? ¿O intenta fingir demencia frente a sus narices? No solo eso… ¿Qué tipo de deducción es esa?



—Obviamente es animadora de fiestas.

Porque la de leer el periódico y acordarse de todos los carteles, ni un poquito, ¿no? No se sabe si el castaño es un genio del engaño y la evasión, o si Runin en ocasiones tiende a despistarse sola o a hacerle creer al ajeno que le sigue el juego. Lo que sí es un hecho es que, en momentos así, han sido cortados por la misma tijera, uno para el otro.

Cardan se aproxima subiendo por las piernas de Runin, espabilando a la fémina debido al dolor. —¡Cariño! La próxima verifica conmigo antes de meterte cualquier cochinada a la boca. —Busca a su alrededor con la mirada, estira el brazo derecho para agarrar una botella de agua de la parte de atrás de sus gradas, claro, se lo ha robado a alguien, no importa. —Bebe, Cardy. —Es descorazonada, pero tampoco tanto, claro que se preocupa por su serpiente.

Una voz se alza por sobre todo el barullo, las risas y gritos. El combate se detiene ante la interrupción del emperador. ¿Qué? ¿Ya ha terminado? ¿De manera tan intempestiva? El tiempo ha corrido y tal como si enfrentamiento es momento de dar un veredicto. No puede evitar prestar atención y preguntarse por qué esta vez es él quien habla en vez del enmascarado. ¿Será algo que incurra en demasiada seriedad?

Honor, autosuperación y respeto hacia tu adversario.

La fémina frunce el entrecejo pensando en ello. ¿No es una idea algo idealista al momento de combatir? Cierto es que Runin busca superarse continuamente, que prefiere los combates directos y dar todo en cada golpe, porque nadie merece recibir lo mínimo incluso en esa arena. ¿Han roto alguna clausura desconocida? Las palabras mágicas hacen acto de presencia.

Kenbunshoku Haki

Runin levanta una ceja, pensativa. ¿A qué se refiere con ello? ¿Algún tipo de habilidad especial y desconocida? Habla sobre pensamientos, emociones; busca prevenir algo irremediable y… ¡¿Han quedado empatados?! Runin silva, sorprendida, algo maravillada por ese cambio de tuerca. Por cuestiones de puntaje el verdadero campeón sale a la luz… y no es Ryota.

—¿Akira, cariño? Fufufu, quién sabe, quizá si. —Niega. ¿No está demasiado relajado incluso ante la inminente pérdida? No. Si él hubiera entrado a la arena de combate las cosas serían completamente diferentes, no es una idea descabellada, es la certeza de conocer sus capacidades, de conocerlo a él. —Ahora que lo pienso, eso significa qué… —La mirada chocolate se desvía rápidamente hacia el azabache de la tripulación.

No es la primera en reaccionar. No cuando Ryota es de mente ágil, de lengua suelta y de avaricia inconmensurable. Runin ríe ante la maraña de palabras que buscan endulzar los oídos de Barald. De fondo escucha el ruido provocado por los sepulturas, nuevamente reunidos para festejar a su propio campeón. —Fufufufu ¿No te queda ni una pizca de vergüenza, cariño? —Emite hacia el castaño, no le hace falta levantarse para aprovechar a abrazar también al pelinegro.


—Me pido una parte de esa casita de oro. ¿Si, Bary? Ese color dorado combinaría con mis ojos cada día de mi vida. —Pestañea, divertida. Tezca se une al festejo. ¿Qué diría el emperador al ver junto a ese extravagante grupo de ambiciosos?

En el fondo es una persona amable, así que decide soltar del agarre a Barald porque la emoción del momento le hace abrazar con un poco más de fuerza de lo acostumbrado. ¿O es debido a las palabras del subcapitán de los sepultura? Están cerca del grupo como para escuchar algunas palabras sueltas. —No te confundas, cariño, no necesito perder el tiempo seduciendo a nadie, eso lo hago con mi mera existencia. —Le guiña al tonto de Kiyoshi, la sonrisa es más divertida que otra cosa.

—Felicidades, Uker. —Asiente al verlo acercarse. No siente coraje ni decepción, ha sido un contrincante formidable. Le alegra que tanto su amigo Barald como su rival durante el combate anterior, lleguen al podio, en especial la educación que muestra el Sepultura al entablar conversación con el espadachín de los Mahana. Es ahí cuando Eros interrumpe en escena. ¿Oh? ¿La próxima vez? Runin se pone de pie, Cardan se baja un momento para no entorpecerla.

—Espero que exista una próxima vez, capitán de los Sepultura. Sin tiempos que interrumpan los combates, será divertido. —La mirada cargada de burbujeando emoción. Debe pensar en recuperarse, no en querer volver a encender el brillo de sus guantes. —Nos volveremos a ver, Sepultura! —Levanta la diestra a modo de despedida.



—Adiós subcapitán tonto y amargado.

Claro que aprovechará a picar al más susceptible de ellos.

—¿Dormir? Imposible, cariño. Nuestro Barald también debe ir a reclamar su premio. ¡La victoria de uno es la victoria de todos, fufufu! —Cardan acaricia los pies de Barald, tan alegre por el asunto como todos los otros Mahana. Tocho Morocho incluso le hace caricias en el cabello desde atrás. Toxco aplaude ante la camaradería y desvergüenza mostrada por todos.

—Ya te dije, cariño, primero busca una habitación. —Bromea hacia Tezca, levanta sus hombros. —Ya sabes las reglas, cariño. Lanza una moneda o haz lo que quieras, solo sé feliz o algo por el estilo. —Ríe. Cardan parece más relajado luego de beber agua, aún así observa con sospecha a Jin, no ha sido su culpa, es solo que la serpiente tiende a ser un completo drama king. —Igual hay que esperar por esos famosos invitados muy especiales. ¿A ustedes nunca les mata la curiosidad, no? Aburridos.


BOLSA DE ESTRELLITAS
[Imagen: MQT49Lq.png]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 1742 + 0 = 1742
Energia: 2319 + 40 = 2359
Espiritu: 1174 + 0 = 1174
Outfit ---- Sigurd de Los Juegos

El combate está en su punto más alto. Ambos peleadores parecen estar dándolo todo para ganar, como verdaderos animales salvajes. Agarres, golpes sucios y estrategias desesperadas. Una verdadera contienda donde ninguno piensa ceder. El vencedor se lo lleva todo y el segundo cae en el olvido.
Menudo clímax nos espera. ¡Qué éxtasis! -Fíjate bien, Odiseo.- le digo con un sentimiento creciente y fervoroso. -Es aquí cuando los hombres pierden la virtud de la razón y se convierten en verdaderos monstruos.- Me aferro a los límites de las gradas, casi echándome hacia delante. El ansia por ver quién dará el golpe de gracia me vuelve loco. Si no fuera por la seguridad que hay en los alrededores y porque estamos en unos juegos, ya me habría lanzado a la arena a repartir hachazos a uno y a otro, solo por el placer de la violencia. Están dando un espectáculo exquisito.
Y es aquí, en el momento más increíble de todo el evento, cuando el emperador Zaratsuki decide darle fin a la pelea, que ya casi es una guerra. -¡¿Qué?!- exclamo atónito y desconcertado. ¿Qué tipo de gatillazo es este? Escucho con atención lo que el mono tiene que decir. Al parecer, tiene un poder especial capaz de detectar las emociones. Y ha visto tanta ambición y oscuridad en la pelea que ha decidido ponerle fin. -¿Esto es de coña o qué cojones, tío?- ladeo la cabeza buscando una explicación, como si alguien me la pudiera dar. El único que me acompaña es Odiseo, ya que Ubbe se ha ido a ligar y Dharma parece una estatua ausente. Parece que, de los míos, soy el único interesado e indignado con esto.
Y no es para menos. Me la pela ganar, me la suda el deseo. ¿Es que acaso no hay nada más glorioso que un combate a muerte entre un Marine con ambición y un miembro de la tribu más fuerte del mundo? Estaba siendo apoteósico y le han quitado la gloria a uno de los dos. -¡Nhaaa, menuda castaña, macho! ¡Qué bajón!- me quejo decepcionado y con los ánimos por los suelos. -Ese hombre lleva demasiado tiempo en su torre de marfil, alejado del mar azul.- Me doy la vuelta y recojo a Yggdrasil, apoyándola sobre mi hombro. -Se le ha debido olvidar lo que es el fragor de la batalla y capaz hasta cómo se pelea. Como sea... ¡Nos piramos!- declaro en un ultimátum. Ya no hay nada que ver aquí.

-¡¡Tú, pasmao'!!- le grito al espadachín negro, que no sé dónde debe haber perdido el pensamiento. Odiseo da un pequeño respingo. -Nosotros nos vamos ya.- señalo con mi pulgar más allá de mi espalda. -No sé si tienes tripulación que te acompañe, pero puedes venirte con nosotros a tomar algo y charlar un rato.- Me rasco la nariz con el dedo, sacando una burilla y lanzándola lejos. Tonto a quien le caiga. -Eso ya, como quieras tú. Vamos a por Ubbe, canijo.-
Doy un par de vueltas sobre mi propio eje para dar con el comandante del Ragnarok. Este se ha abierto paso entre las gradas hasta alcanzar a una moza con la que empezar a coquetear como él sabe, seguro de sí mismo y directo. Da igual si es en el amor o en la guerra, Ubbe nunca falla. Empiezo a apartar gente siguiendo su estela hasta dar con él, que destaca en envergadura por sobre la multitud. Está con una mujer... Curiosa. Es diminuta, aunque tiene un atractivo exótico que llama la atención por sobre el resto de mujeres. Sin pelo, aunque con un cuerpo atlético plagado de cicatrices de batalla y una mirada penetrante como dagas. Casi que es más mi prototipo que el de mi hermano, que le gustan más básicas y con buenas dimensiones. Tal vez el niño se nos está haciendo un hombre.
-Buenas tardes, parejita.- me meto en la conversación sin que nadie me haya invitado. Una sonrisa plagada de picardía delata la gracia que me hace este momento, acompañada de un tono ácido y burlesco. -Sé que ambos tenéis unas ganas inmensas de meteros mano...- suelto a quemarropa y sin tacto alguno. ¿Por qué debería tenerlo si es verdad? -...pero me tengo que llevar a este muchacho conmigo.- agarro del hombro a Ubbe con firmeza, pero sin tirar, para darle la señal de urgencia sin que suene como una orden imperativa. Hay mucho que hacer y cuanto antes volvamos a navegar, mejor. -Me voy adelantando, para que os despidáis o lo que sea que tengáis que hacer.- vuelvo a mirar por un segundo al buccaneer sureño, lanzando una mirada maliciosa. -Señorita...- agacho la cabeza con una reverencia solemne para la dama guerrera, en señal de respeto. El poco que me queda. Luego me alejo unos metros para darles privacidad. Unos minutos, poco más.

Espero paciente a que mi hermano termine de pasarse el número o convenza a la muchacha de venirse con nosotros. En ello, busco entre la multitud al Hijo de la Luz. Lo he decidido ignorar hasta ahora por la mezcla de sentimientos que me genera. No ha ganado, aunque tampoco le han dejado ganar. Pero sé que, para él, esto sienta como la peor de las derrotas. Lo mejor será darle su espacio y ya, en un futuro, si el destino quiere, me lo encontraré en el mar azul. Ya rendiremos cuentas para aquel entonces. Como el pirata más temido de la Grand Line y un Marine con ansias de victoria. Sin interrupciones. Sé que no me oye ni me lee la mente, pero estoy orgulloso de él. Con suerte, algún día se lo podré decir, si no le he incrustado mi hacha en el cráneo antes, ¡Jarul Jul Jul Jul...!
Sí que me da tiempo a buscar al resto de Marines. Sé dónde se ubican; entre cánticos y ánimos, no se han escondido demasiado. La belleza felina que algún día enamoraré, el imponente hombre-jaguar que se ve formidable... Pero mi mirada recae sobre dos hombres. Dos humanos que han sido capaces de plantarme cara y guardarse en un rincón de mi memoria. Kael, el bastión imbatible, y Stroud Nanashi, El Heredero de un legado inmenso. Ambos juntos, hablando entre ellos. Los observo desde la distancia, con los ojos de un halcón y una mueca pérfida cargada de malicia y deseos de violencia. Aquel que me derrotó y mi futura gran presa. ¡Qué excitante! -¿Hacia dónde mira con tanto ímpetu, capitán?- pregunta Odiseo. -¡Hacia el futuro, grumete. Miro hacia el futuro! ¡¡¡JARUL JUL JUL JUL...!!!-

Es hora de reunirse de nuevo, Hijos del Ragnarok. El fin del mundo está a punto de zarpar de nuevo. Pero más fuerte y preparado que nunca.

En efecto, cajita feliz


Salto de foro:


Usuarios navegando en este tema: 3 invitado(s)