T8-P.A. ¿Adónde van los desaparecidos?
#21


Aquel hombre estaba mucho más asustado de lo que Kisuke podía haber imaginado, y ante la aparición del antiguo pescador, empezaron a sonar los "trombones de la liberación", con una potencia descomunal y que fueron el preludio del hedor del pánico del hombre candelabro. Vamos, que, literalmente, el hombre se había cagado encima al ver aparecer al Comandante de los Ejercitos del Oeste de la Armada Revolucionaria. Pero a pesar de que la situación había excedido los cálculos del espadachín revolucionario, aquel oloroso y asqueroso contratiempo, en cierta medida, había funcionado, puesto que el tipo empezó a hablar, olvidándose de aquel horrible y extraño acento, con desesperación.

"Bueno, por fin empezamos a sacar cosas en claro..."

El hombre, aterrorizado les contó de un castillo al que se podía llegar yendo por el túnel de más a la izquierda, donde, al parecer llevaban a las chicas. Sí, en plural. Aquella situación iba tomando forma. Aquel hombre al parecer se sentía culpable por no pedir ayuda pero, según decía, su trabajo no se lo permitía. Su aura emitía unas fluctuaciones muy extrañas, quizá por su mente quebrada por el pánico. A saber que amenazas habría sufrido aquel pobre diablo, aunque parecía evidente que se sentía terriblemente culpable por lo que allí estaba pasando. Kisuke frunció el ceño al sentir el estado mental de aquel tipo, y la rabia empezó a bullir en él. No iba a permitir que el responsable, o responsables, de toda aquella situación salieran impunes. Al final, el hombre pidió que les mataran, con una determinación que no había sentido en ningún momento antes en su interacción con aquel hombre. Kisuke le devolvió una mirada muy seria. Panda por su parte, dijo que no le correspondía a él tomar esa decisión.

-Si quieres morir, podrás hacerlo, pero no será por nuestra mano. Cuando estés libre de las amenazas que has sufrido, tendrás que afrontar las consecuencias de lo que aquí ha pasado. Nosotros no somos verdugos ni jueces...

Entonces Panda usó su haoshoku para desmayar a aquel pobre sujeto, y lo llevó unos metros lejos del charco de sus propios fluidos. Le tendió en el suelo para dejarle descansar, mientras se volvía hacia su comandante mientras le comentaba como veía él la situación.

-Le dejaremos así. Si cuando esto acabe sigue aquí, le llevaremos a que sea juzgado por su implicación en el caso, y la justicia de Mogaro deberá decidir... Si no sigue aquí, bueno... tampoco es que este tio suponga ninguna amenaza...

Panda usó sus habilidades para abrir un atajo hacia su destino. Kisuke agarró con fuerza y rabia la empuñadura de su katana, Yamigiri, deseando encontrar de una vez al responsable de todo esto y hacerle pagar. Al parecer había más de una chica implicada en aquella extraña situación, y también era plausible que hubiese más gente amenazada a colaborar como aquel infeliz sujeto que acababan de encontrarse. Alguien iba a pagar muy caro por todo aquello, eso era algo que tenía muy claro Kisuke Kageyama, así que siguió a su peludo compañero a través del agujero que estaba abriendo en la roca para ir hacia su nuevo destino.

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#22
Jean Paul Glotier miraba a ambos revolucionarios expectante de que pudieran cumplir si deseo, pudo ver como aquellos hombres cruzaban miradas, vio como el Panda sacaba un cigarrillo, nada mal pensó para si mismo, una ultima calada antes de partir, pero aquel cigarro no le fue ofrecido a él, sino que se lo quedo el mismo Panda, Kisuke por su parte, le dijo que ellos no eran verdugos y que debía afrontar las consecuencias de sus actos cuando esté libre de amenazas, agacho la cabeza, triste, no le iban a conceder el dulce placer de la muerte, pudo escuchar pasos firmes y la voz temible de Bambú pronuncio las palabras que tanto deseaba escuchar en ese momento, “Descanse en Paz, Jean Paul”, su nombre, fue lo ultimo que escucho, cuando golpeado por una brisa, su mente quedo en negro, por fin libre, por fin muerto.

Pero nuestro candelabro hombre u hombre candelabro no estaba muerto, solo que el mismo no lo sabía, Bambú activo el poder “Jornada Laboral de 8 horas” que dominaba los corazones de aquellos proletarios cansados de la explotación laboral que sufren por parte de los cerdos capitalistas.

El cuerpo desmayado de Jean fue dejado de lado por Bambú quien evito ademas que cayera en sus propias excreciones corporales, Kisuke decidió que lo mejor no era matarlo, sino que este tipo se enfrenara al órgano que impartía justicia en Mogaro.

Bambú abrió un nuevo túnel haciendo uso de su poderosa akuma no mi, este túnel lo hizo en el lado izquierdo de la instancia donde se encontraban y ambos empezaron a recorrerlo, la idea original de Bambú era volver a la entrada de la cueva, sin embargo, este túnel apuntaba a la izquierda y si hay algo que se ha dejado en claro en esta aventura por parte del narrador, es justamente que la izquierda SIEMPRE es el camino correcto, así que luego de andar unos 30 minutos, los revolucionarios salieron del túnel, siendo saludados por el sol de la tarde que bañaba Mogaro, a solo 40 metros de ellos, podían ver el castillo del que Jean Paul dijo donde trabajaba, la fachada externa del mismo daba la impresión de estar cayéndose y su color gris, lo ayudaba a camuflarse con las montañas, esto sumado al hecho de su dificil acceso, era el motivo por el cual una estructura de semejante envergadura podia pasar desapercibida para aquellos que no supieran de su existencia.

Parado frente a la puerta, estaba un hombre vestido de candado, el guardián de la entrada, al que solo debían decirles las palabras que Jean Paul les comento…¿No?.
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#23
Kisuke decidió que el destino de Jean Paul no era morir a manos de los revolucionarios que le acompañaban en aquella apestosa estancia. Sería el pueblo libre de Mogaro el que decidiese su destino una vez presentado el caso y aportadas todas las evidencias disponibles, ya fueran a su favor o en su contra. Cuando Bambú dejó inconsciente a Jean Paul, que finalmente descansaba con un aura completamente tranquila sobre un suelo quizás sucio, pero no asqueroso, Kisuke comentó que lo mejor era dejarlo así y que ya regresarían a por él. —No será difícil encontrarle aunque huya y se esconda en la isla. —Comentó Bambú. Sería condenadamente fácil seguirle la pista a un hombre candelabro con unos pantalones llenos de heces y orina.

El viaje en túnel se hizo llevadero una vez lograron escapar del horrible olor que desprendía Jean Paul. Al cabo de unos veinte minutos, Max empezó a preguntarse si había tomado la dirección correcta cuando empezó a modificar el terreno. Estaba seguro de que no se había desviado y de que iba hacia la entrada de la red cavernaria en la que se habían metido, pero estaban tardando demasiado en llegar. —¿Me habré confundido de camino? —Se cuestionaba a sí mismo, y no sin motivo porque esto era exactamente lo que había ocurrido. Ya fuera por error o de forma completamente inconsciente, Bambú se había desviado de su camino original y, al cabo de diez minutos más, el túnel llegó hasta el exterior de la mina. —Oh, sí que me he equivocado... pero para bien. —Era un alivio que fuera así, porque aunque había fallado a la hora de trazar el curso de su túnel, había desembocado milagrosamente en el lugar que les describió Jean Paul. Se trataba de un terreno abierto que se camuflaba bastante bien en las montañas. No le sorprendería que la gente no llegase habitualmente allí o que si lo hacían no regresaran o nadie les creyese cuando explicaran lo que habían visto. ¿Cómo iba a haber un castillo secreto en medio de las montañas? Y sin embargo, así estaba. Una estructura de piedra grisácea que no contrastaba en absoluto con el gris de las montañas. Sería imposible apreciar el castillo desde la distancia.

El edificio estaba a unos cuarenta metros de distancia y frente a él, tal y como les había sido revelado, les aguardaba un hombre vestido de candado que debía de ser el portero del castillo. Disponían de las palabras mágicas para que el susodicho les abriera la puerta, pero el dúo revolucionario era extremadamente famoso ya no sólo en Mogaro, sino en el mundo entero. Sería completamente imposible que aquel individuo no se percatase de que no venían para trabajar para su señor. Probablemente daría la alarma nada más verles a no ser que lo ejecutasen al momento, pero Bambú no quería matar a nadie si no estaba cien por cien seguro de que era justo y necesario. —No me fío de que este individuo coopere con nosotros con tanta facilidad, incluso aunque sea completamente inocente. El señor del castillo debe de darles muchísimo miedo... —Le comentó a Kisuke desde la oscuridad del túnel que les acababa de llevar al exterior. —Intentaré pillarlo por sorpresa y taparle la boca para que puedas explicarle "amablemente" por qué debe cooperar con nosotros, creo que es una táctica que funciona bien. Espero que no funcione tan bien como con Jean Paul, honhonhon. —Ahora que podía respirar aire fresco y el hedor del candelabro estaba bien lejos no deseaba que el hombre candado se cagase también de miedo.

No le veía fallos al plan, de modo que excavó un túnel hacia abajo unos cinco metros y empezó a avanzar tan rápido como le era posible hacia la posición del hombre candado. Se ayudaba de su excelente sentido de la orientación y de su percepción extrasensorial para no trazar el rumbo equivocado. Una vez a espaldas del hombre candado, Bambú abrió un túnel hacia arriba y salió al exterior rápidamente. Su mano derecha apresó la boca de aquel hombre para impedir que gritase y alertase a los guardias del interior del castillo y su izquierda envolvió el torso del hombre de lado a lado, impidiéndole el movimiento en cualquier dirección. Extendió su haoshoku en su nivel más básico para amedrentar con su mera presencia al hombre candado y favorecer que el interrogatorio y futuras amenazas de Kisuke surtieran mayor efecto. No le gustaba mucho abusar del más poderoso de sus hakis, pero había por lo menos una chica que necesitaba desesperadamente su ayuda y no tenían tiempo que perder. Tal vez si llegaban a tiempo podrían rescatar a otras víctimas que todavía no hubieran perecido... —No me voy a andar con rodeos: estás en problemas y esperamos de ti la máxima cooperación. Mi nombre es Max D. Bambú, estoy seguro de que me conoces y de que reconocerás a la persona que me acompaña. Te recomiendo que nos reveles todo lo que sabes y que cuando te libere de mi presa nos ayudes a entrar en ese castillo si no quieres correr la misma suerte que Jean Paul. —Omitió el hecho de que Jean Paul dormía plácidamente en esos momentos. A veces la imaginación de una persona crea imágenes mucho peores que la realidad misma.

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#24


Entrar en el túnel que abrió el Panda haciendo gala de sus poderes de akuma no mi fue, en todos los sentidos, un auténtico soplo de aire fresco. Sin mirar atrás dejaron al desdichado del hombre candelabro y se pusieron en marcha. Kisuke estaba seguro de que su amigo volvería al lugar de la bifurcación pero sus sentidos le decían que el oso había decidido ir por el camino más corto. No dijo nada y se limitó a seguirle, atento a lo que su percepción le iba diciendo, puesto que, como debía ser, mantenía el alcance de su haki activo por lo que pudiera pasar, nunca se era demasiado precavido cuando uno se adentraba en una zona desconocida y potencialmente hostil.

"Espero que el Peluche no se tire un pedo en mi cara... bastante mierda hemos olido ya..."

Tras unos treinta minutos, salieron al exterior de nuevo, lo que el antiguo pescador agradeció. Mirando con su aguda vista podía distinguir la estructura del castillo apenas visible frente a la roca que lo respaldaba, sin duda, era un enclave bastante bien escondido, por lo que Kisuke pensó que debía tratarse de un último bastión defensivo para el rey en caso de ser atacados. Sonrió siniestramente al recordar que al antiguo monarca de poco le había servido ante el ataque relámpago comandado por el ejército revolucionario con la ayuda de los habitantes dispuestos a luchar por su libertad. Al final siempre se trataba de eso, el pueblo debe tomar lo que es suyo o algún advenedizo se lo arrebatará. A unos 40 metros de ellos, estaba el "hombre-candado" que había mencionado el tipo de las velas. Pandita comentó entre risas que se había equivocado afortunadamente. Kisuke tardó un momento en entender a qué se refería, pero luego le susurró:

-No me jodas Peluchito... yo pensé que sabías a dónde ibas... kuhahahaha...

La situación era similar a la que ocurría con el hombre de antes, pero aquel tipo podía ser diferente en cuanto a personalidad, y, por otro lado, estaba respaldado por una fortaleza, en teoría con más gente de su "bando", podía dar la voz de alarma o iniciar un ataque coordinado desde el interior con tiradores, por ejemplo. No era una situación sencilla, pero los dos revolucionarios tenían muchas tablas en las luchas en inferioridad numérica y en los asaltos. Panda propuso tratar de intimidar a este tipo también, moviéndose detrás de él a través del suelo y tapándole la boca. Kisuke asintió con un gesto, tenían que tratar de hablar lo menos posible, no fuese a ser que alguien les detectase. En cuanto el úrsido se metió bajo tierra, Kisuke se volvió a transformar por completo en hollín y se desplazó a ras de suelo como si fuese un mantillo negro arrastrado por el viento.

"Veamos que nos tiene que decir el notas este..."

Tras un par de minutos en los que avanzaba lentamente, el mink apareció a la espalda del hombre disfrazado de candado y le tapó la boca con su enorme manaza, mientras le amenazaba. Mientras esto pasaba, el antiguo pescador pensó en el muchachillo que les había pedido ayuda, en el infeliz, que habían dejado inconsciente suplicando por su propia muerte, en las chicas que estaban sufriendo a saber qué atrocidades, y eso hizo hervir la sangre del Comandante, por lo que Kisuke retomó su forma humana a siete metros de los dos con la mano izquierda apoyada en la vaina de Yamigiri, mirando con cara de pocos amigos al hombre, y tratando de sonar lo más autoritario posible, le dijo:

-Soy Kisuke Kageyama, ya debes saber de sobra quien soy, y quien es mi peludo amigo, puto friki, así que deberías saber que vuestro jueguecito se ha terminado-hizo una breve pausa para encenderse un cigarro, mientras hacía brotar una nube de hollín en torno a él como un aura oscura.-Ábrenos la puerta inmediatamente y dinos todo lo que sepas sobre lo que está ocurriendo aquí. No estoy de humor para bromas, la vida de muchas personas está en juego, incluida la tuya, así que ya sabes lo que tienes que hacer...

Acompañó estas palabras de un sutil movimiento de su pulgar sobre la guarda de Yamigiri que aflojó la katana de la vaina, mostrando los primeros centímetros de la pulida hoja de su preciada espada, en una clara amenza hacia el estrafalario hombre que el mink tenía retenido. Esperaba que aquel infeliz colaborase, porque no tenía ninguna intención de terminar con su vida; a no ser que fuese necesario.

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#25
Los dos revolucionarios se detuvieron a la salida del túnel y admiraron aquel castillo, ambos coincidieron en que dada su ubicación y su aspecto lo hacía un lugar de dificil acceso, que ademas estaba muy bien camuflado. El panda tomo la delantera al momento de hablar y le comento a su comandante que no se fiaba de que el hombre candado colaborara con ellos, así que lo tomaría por sorpresa, para pedirle muy amablemente información.

Así pues, volvio a desplegar el poder de su akuma no mi y cavo un túnel acortando los 40 metros que le separaban del candado custodio de la entrada, este silbaba una melodía de antaño que ya nadie conocia, quizás por eso no notó el agujero que se abrió tras de sí, uno de donde emergió una figura blanca y negra, de casi 4 metros de alto y 200 kilos de comunismo, quien se aferro a el como quien se aferra a un amor imposible, tapándole la boca, candado se sobresaltó, pero le fue imposible reaccionar.

La temible voz del panda resonó en su canal auditivo, este pidio máxima cooperación para con el y se presentó, cuando candado escucho aquel nombre, dejo escapar un pequeño gemido, ahogado por la enorme mano de Bambú, pero su charla no termino allí, pues hizo alusión que no estaba solo y eso era cierto, nunca se veía al Panda sin el hombre de las katanas y el cigarro, pero lo que lo puso más nervioso aun fue que mencionaran el nombre de candelabro, el nombre real de este…¿Acaso lo habían matado?, la atadura del panda se libero y Kisuke hizo acto de presencia, el hombre candado nervioso, mantuvo la compostura y empezó a mirarlos a ambos, Kisuke lo llamo friki y este abrió los ojos ofendido, luego le pidio que les abriera la puerta.

El hombre candado los miro por un instante y subio las manos en clara señal de rendición y negó con la cabeza y dijo. – Mis estimadísimos señores-Chin. – Dijo bajando la cabeza y doblando las rodillas, pues su traje le impedía doblar el torso, se irguió una vez más, media 2 metros de alto, lo mismo que el antiguo pescado y volvio a hablar. -  No hace falta que me llamen friki, no visto así por placer, este es mi trabajo-Chin. – Sonrió nervioso a ambos y siguió. – Ayudar puedo ayudar, contándoles quizás un poco más, pero no puedo abrir la puerta…Pero antes que nada….¿mataron a Jean…al candelabro? Chin – El haki de los revos volvio a mostrar la imagen de un león, las palabras del candando eran sinceras.
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#26
El acercamiento inicial fue completamente efectivo. Aquel hombre candado no se enteró en ningún momento del acercamiento subterráneo de su úrsido cazador y tampoco reaccionó a tiempo a su ascenso desde el subsuelo a través de un agujero. La sorpresa debió de ser mayúscula cuando lo atrapó con su proletaria presa y le afectó con su revolucionaria presencia, pero mayor debió ser sin duda cuando mencionó el verdadero nombre del hombre candelabro como una amenaza vacía. ¿Temía que hubieran hecho daño a Jean Paul? ¿Cómo de bien se llevarían entre ellos? Sea como fuere, aquel hombre levantó las manos en señal de rendición y Bambú aflojó la presa una vez Kisuke se materializó delante de él como un fantasma hecho de hollín y mala hostia, llamándole friki y animándole a cooperar o sufrir la inmediata ira de su espada. Bambú notó como su comandante empleaba su diplomacia más dura y tosca, ya que no estaba seguro de que el hombre candelabro fuera a cooperar mínimamente, sin embargo parecía lo bastante preocupado como para darles algo de información. Ofrecía su ayuda contándoles un poco más y negando la posibilidad de abrir la puerta, pero antes de nada preguntaba si habían matado a Jean Paul. La percepción extrasensorial de Bambú le decía que el hombre era sincero y todo indicaba que colaboraría. Aun así, al igual que en la fracturada mente de Jean Paul, la imagen de un león estaba omnipresente. ¿Estarían ante otro trabajador atrapado en las garras de este supuesto tirano? Bambú miró momentáneamente a Kisuke a los ojos y se encogió de hombros. No pensaba mentirle a aquel hombre con el destino de Jean Paul y tampoco tenía sentido ocultarle su verdadero destino.

—Nos pidió que lo hiciéramos, que lo matásemos. —Dijo el panda mientras apartaba sus manos de aquel hombre. —Pero no lo hicimos porque no somos verdugos. Jean Paul tenía más miedo de vuestro señor que de nosotros, así que lo puse a dormir en la sala donde lo encontramos. No hemos venido con intención de matar trabajadores, cuyos derechos defendemos en nombre del glorioso Ejército de la Revolución. Si al igual que Jean Paul eres incapaz de escapar de la influencia de aquel que gobierna este castillo puedes estar tranquilo, nos encargaremos de él personalmente. —Se llevó ambas manos a la cintura, apoyándolas en sus caderas y colocando los brazos en forma de jarra al lado de su torso. —A ver, cuéntanos tu nombre y todo lo que puedas sobre vuestra situación y la de las chicas que vienen a trabajar a vuestro castillo. También tenemos la contraseña, si es que tu labor te impide abrirnos la puerta sin más. —Hizo repaso mental de todo lo que le había dicho y asintió. Tal vez Kisuke tuviera algo que añadir o algún comentario que hacer. O quizás decidía partir por la mitad a aquel hombre y luego la puerta, que era bien capaz de hacer todo eso y más.

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#27


La maniobra de Panda había salido a la perfección, había conseguido colocarse detrás de aquel estrafalario tipo y le había hecho, irónicamente, un candado inquebrantable al susodicho, sin dejarle posibilidad de movimiento, intuyó que también estaba haciendo uso de su haoshoku, por lo que transmitía el aura de su amigo. Sin dudas, no era el mejor día para aquel tipo.

"Veamos a donde nos lleva este jueguecito..."

Kisuke tamborileó con sus dedos en la vaina de Yamigiri, que tenía los primeros centímetros de la hoja fuera de la vaina y echó su mano derecha a la empuñadura, en otro nuevo gesto amenazante. Aquel hombre estaba aterrorizado y había levantado las manos en señal de rendición, provocando que la presa del Panda se aflojase y, al igual que el infeliz hombre-candelabro parecía dispuesto a colaborar, al menos parcialmente, pero al menos no se orinó ni defecó encima por el miedo a los dos revolucionarios, o a las consecuencias que su "jefe" tendría para él por haber fracasado en su "misión". Aquel asunto estaba empezando a irritar de sobre manera al antiguo pescador, que no era muy dado a la paciencia, pero había que manejar la situación con delicadeza, puesto que, a fin de cuentas, los responsables, si es que eran más de uno, tenían rehenes, por lo que no podían hacer un movimiento temerario que desatase el pánico y acabasen con la vida de alguna de las personas que retenían allí.

"Esto está empezando a tocarme los huevos en exceso..."

El tipo parecía sinceramente preocupado por su compañero el cagón que hablaba raro, y estaba dispuesto a darles más información pero no iba a abrirles la puerta. Por algún extraño motivo, su percepción del haki seguía mostrando una imagen de un león y el antiguo pescador empezó a preguntarse si detrás de aquella situación estaría el poder de alguna akuma no mi. No podía saberlo realmente, pero sin dudas era algo extraño y que convenía resolver cuanto antes. Kisuke reflexionó brevemente, que aquello, dentro de la mente quebrada de aquel infeliz, tenía todo el sentido puesto que "era un candado" y su misión era no permitir el paso a quien no tuviese la llave para abrirle. Entonces pensó en la contraseña que les había dado el hombre-candelabro, y pensó que solo la "llave" puede abrir el candado. No era mucho, pero menos era nada, y todavía no era momento de empezar a liarla.

-Venimos al castillo con ganas de trabajar... ¿sería tan amable de permitrnos el paso, señor candado?

No fue ni mucho menos una frase en tono amable ni educado, pronunció estas palabras como si le costase tanto como arrastrar a Panda borracho de una taberna al cuartel. De hecho, la había pronunciado desenvainando su katana y apuntando al cuello directamente del hombre candado, estando aún a tres metros la punta de Yamigiri de la epiglotis del hombre candado.

-Mire, señor candado, nosotros no tenemos tiempo que perder en tonterías y jueguitos de rol macabros de nadie, la vida de gente está en peligro, incluida la tuya, por lo que, ¿por qué mejor no colaboras y dejas de estorbar?

La paciencia de Kisuke Kageyama estaba llegando a un punto límite.

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#28
El hombre candado seguía fijo en su lugar, con las manos aun alzadas, la respuesta a su pregunta no tardo en llegar por parte de aquel quien hasta hace momentos lo apreso, Bambú le comento que Jean le pidio que lo mataran, pero que ellos no eran ningunos burdos verdugos y que solamente lo habían dejado dormido, luego el panda menciono al señor del castillo y un escalofrió recorrió el cuerpo disfrazado del candado y una sonrisa nerviosa apareció en su rosto, este le pidio que dijera su nombre, ademas de todo lo que sabia sobre lo que sucedía en el castillo y las chicas, el candado trago grueso, pero lo que sucedió a continuación le hizo soltar una carcajada, pues Kisuke, el mismismo comandante de los ejércitos del oeste de la revolución dijo que venían al castillo con ganas de trabajar, para luego hacer enfasis en que ellos dos no estaban para perder el tiempo en tonterías y que lo mejor sería colaborar y no estorbar, nuestro caballero candado le miro y dijo.

–
Chinchinchinchinchin, perdone usted mi excelentísimo señor Kisuke, pero esa frase funcionaría si ustedes dos no fueran quienes son. – Sus ojos pasaron de Kisuke a su espada y del Panda a Kisuke para seguir hablando con firmeza, pero con un nerviosismo que el haki podia evidenciar. – Mi nombre es Adolf Vorhängeschloss, soy originario de una isla del GL, ya no recuerdo cual, llegué al hermoso Reino de Mogaro cuando el antiguo rey era aun rey… hasta que su tiranía fue derrocada por los Toros Negros, la peligrosa y celebre división de la Armada Revolucionaria, un derrocamiento llevado a cabo por ustedes dos. Volvio a forzar la sonrisa y prosiguió. – Les contare lo que sucede aquí, pero no puedo abrir la puerta, prefiero ir preso a que ese….hombre me despedace. – La imagen del león tomo forma, era un mink, tuerto, vestido de manera elegante. – A ver, voy a sacar de mi bolsillo un cigarro, por favor no me maten. – El hombre bajo las manos temblorosas, metio una de ellas en el bolsillo derecho del pantalon negro, saco una cajetilla de cigarro “No Lucky for the Communist” , tomo uno y lo encendió con un encendedor en forma de candado, dio una calada larga, consumiendo casi el 40% del cigarro, expulso el humo y dijo. – Bueno, primero gracias por no matar a Jean, el es quien peor lo ha pasado, pues yo solo me limito a estar en la puerta, de día por fuera, de noche por dentro, ese es mi trabajo, el señor del castillo es un antiguo pariente o amigo del rey anterior, no me queda claro, pues como dije no me muevo de donde se me asigna, ese hombre….bueno bestia es la palabra correcta para describirlo. . – Volvio a dar otra calada, consumiendo en su totalidad el cigarro, tomo otro y esta vez le ofreció uno a cada Revolucionario, luego encendido el de él y prosiguió. -  Si las chicas vienen reclutadas por DonDindin, el hombre reloj, este es igual de despreciable que el Leon chin.. y al decir esto el cigarro cayo al suelo. – Maldita sea, perdon, no puedo decir su nombre sin cagarme encima. – Saco otro cigarro el 3ero ya y lo volvio a encender, le dio una calada más corta que las anteriores y prosiguió su charla. – Como decia el reclutador es DonDindin, este no participa en lo que el….el… bueno…quien ustedes saben les hace a las chicas, su placer es simplemente complacer en todo a quien ustedes saben chin. Dejo escapar un suspiro lastimero, mientras agachaba la mirada, volvio a subir la mirada y su cara denotaba dolor. – Como dije, no puedo o pude hacer nada por esas muchachas, sino me cortarían la cabeza, soy culpable de eso y aceptare aquello que la justicia me imponga, pero…a pesar de todo eso no los puedo dejar pasar, si lo hago y fallan me mataran, así que lo siento mucho, pueden mandarme a dormir como a Jean, prometo no decir nada en caso de que fallen chin…. .- Dio la ultima calada al cigarro, tiro la colilla al piso y la piso, miro a los revos y dijo. – Eh…una ultima cosa antes de que me manden a dormir, la chicas estan en el sótano, tienen que bajar por las escaleras de la cocina y girar a la izquierda, allí es donde las retiene…al menos a las vivas, tengan cuidado con DonDindin, su latigo y la horda de cuchillos, soy todo suyo. -   Junto los brazos y extendió las muñecas como esperando ser esposado, pero el haki de Kisuke detecto a alguien saliendo por el camino que Panda habia abierto y un grito inundo el hasta ahora calmo lugar donde se encontraban. –

¡SACRREEBLUUUUUUU!
LOS TOGGOS NEGGOS ESTAN ASEDIANDO LE CASTILLÉ
¡TODOS EN GUAGGIA!
Jean quien habia sido perdonado por los revolucionarios habia despertado del poder de “Jornada Laboral de 8 Horas” y con su psique rota, habia ido a avisar a su amo y señor, el León, Adolf volteo asustado al escuchar el grito y dijo. – Maldito sean Jean, maldito cobarde. – Llevo su mano izquierda al bolsillo contrario de donde habia sacado la cajetilla de cigarro, dejando ver una pistola, la puso en su oreja izquierda y sin miramientos jalo del gatillo, el disparo fue imposible de prever para Kisuke y Bambú, a quien la masa encefálica de Adolf casi le cae encima, esta fue a reposar a la puerta que hasta hace un momento custodiaba.
Por su parte nuestro candelabro hombre emprendió carrera en dirección a Kisuke, con ambos candelabros en la mano en ristre con intención de matarle, pero quizás lo más llamativo de todo esto, no fue ni el disparo de Adol, ni el grito de aviso por parte de Jean Paul, sino el fuerte Rugido que se escucho tras las puertas del castillo.
 

¡ROOOOOOOOOOOOAAAAAAAAAARRRRRRRR!


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#29
Castillo Del León.
Oficina Del Conde 2do piso
Unas cuantas horas atrás.

Me encontraba sentando en mi escritorio de caoba negra, mientras leía el ultimo periódico que habia llegado a mí, en primera plata esta la foto de una mujer con un culo enorme, que fumaba un habano, el solo verla junto a ese cigarro me causo asco, así que con un movimiento brusco pase de página, esa perra no era digna de que YO el gran conde Adam la contemplara con mi ojo. La próxima pagina hablaba sobre la ejecución de un preso, no le di importancia y seguí escudriñando el periódico. Mi único ojo se poso en las tetas de una tal Elizabeth y por un momento me deje llevar de manera lasciva por estas, pero alcancé a leer que esta perra era el líder maximo de la Armada Revolucionaria y ardi de ira por dentro, al recordar a aquellos dos hijos de ogra que habían derrumbado al antiguo rey, escupí al piso maldiciéndolos y arrugando el periódico lo lance a la basura, me tome un segundo para controlar la ira que crecía en mí, deseaba con todo mi ser matar a esos dos... a Kisuke y a Bambú, pero no podia salir del castillo, al menos no por ahora, me deje caer hacia atrás en el respaldo de mi silla de cuero de humano y dije. – Sera que alguno de mis sirvientes de mierda, es capaz de traerme ¿UNA MALDITA TASA DE TE?  !!ROAR!! . – Golpeando fuertemente mi escritorio, los papeles en este salieron volando y acto seguido Dondindin abrió la puerta de mi oficina y me dijo. – Señor mío, en breve tendrá lo que desea. – Pasaron 3 minutos exactos, cuando la puerta se volvio a abrir, por ella entraron la mesa de te y la tetera, en esta ultima reposaba lo que muy amablemente habia solicitado, la tome por una de sus orejas y bebí el liquido que se me ofrecía de un solo trago, me relamí y lance a la tetera contra una de las paredes y dije. – Creo recordar mierdas, que PEDI UN MALDITO TE NEGRO Y SE ME DIO TE DE DURAZNO…¿CUÁNTO MÁS DEBO AGUANTAR SU MALDITA INUTILIDAD?, SALGAN DE AQUÍ O LOS DESTRUIRE…. FUERAAAAAAAARRRRRRRR. – Mi grito inundo el recinto y mis objetos salieron de la oficina, era increible que estos no pudieran seguir una maldita orden, volvi a sentarme en mi silla de cuero de humano, me tape la cabeza con las manos y simplemente me quede dormido.

Unos minutos antes de que Adolf se pegara el tiro.


Me despertó el llamado a mi puerta, me acomode en mi asiento y con voz firme dije. - Adelante. – Mi ojo noto como Dondindin entraba por la puerta, este se paro en mitad de la oficina y dijo. – Señor mío tenemos un pequeño inconveniente y es que el candelabro no a sido visto desde hace ya unas cuantas horas. ¿Ordeno una patrulla de búsqueda? . Fruncí el ceño extrañado, el candelabro era uno de mis trabajadores mas fieles y efectivos, nunca se quejaba, solo alumbraba, pero aquella situación era muy rara, me levante de la silla y camine hacia donde DonDindin me paré delante de él y le dije. – Sí idiota hazlo aho…..Cállate…¿Escuchaste eso? . DonDindin negó con la cabeza y yo sali corriendo de la oficina mientras decía. – ES EL CANDELABRO IMBECÍL, ESTAMOS BAJO ASEDIO RAPIDO, LOS MALDITOS TOROS NEGROS LLEGARON AL CASTILLO, PREPARA A LOS CUCHILLOS FINOS Y SIGUEME, MALDITO INUTIL..!ROAR!! llegue a las escaleras y salte del segundo piso a la planta baja y deje estar un fuerte y amenazante rugido parado a solo 20 metros de la puerta del castillo.

¡ROOOOOOOOOOOOAAAAAAAAAARRRRRRRR!

Pasados unos pocos minutos Dondindin llego acompañado de mis chuchillos finos una banda de objetos cortopunzantes que entregarían su vida por mí, con un movimiento seco de la cabeza ordene a 1 de ellos que abriera la puerta, mientras yo desplegaba mi haki de observación medio a 50 metros, encontrándome con 2 auras sumamente poderosa, una de color verde y otra negra y mi ojo se poso en el Mink Oso Panda, que estaba al lado de esta y con un chasquido de mi mano derecha di la orden para que los cuchillos lo atacaran, me di la vuelta y le dije a Dondindin. – Mátalos a todos y cuando lo hagas sube a avisarme. – Di media vuelta y me dirigí a mi oficina.
Resumen

Belico
#30
Kisuke tuvo la pericia de probar con la contraseña que les había revelado Jean Paul durante su interrogatorio, a ver si con esas el hombre candado podía ayudarles a abrir la puerta y se ahorraban algún que otro disgusto en el proceso, pero rápidamente perdió la paciencia y desenvainó a Yamigiri para intentar facilitar las relaciones diplomáticas. Si no fluía la conversación, fluiría la sangre, y esto era algo que el bueno de Adolf debía tener muy claro. Con una sonrisa forzada y un nerviosismo evidente para la percepción extrasensorial de Bambú, el hombre candado dijo que esa contraseña no funcionaría con ellos y se presentó como Adolf Vorhängeschloss, es decir, Adolfo Candado en la lengua regional. Su destino parecía escrito desde el mismo momento de su nacimiento, aunque quizás lo hubieran puesto de portero por esta misma circunstancia. Al parecer llegó a Mogaro cuando todavía era un reino y debió ser entonces o poco después cuando lo reclutaron para lo que sea que se haga en este castillo. Pidió permiso para coger un cigarrillo y Bambú se lo concedió, aunque siguió de cerca sus movimientos con la mirada para no toparse con sorpresas desagradables. Conocía la marca de tabaco que sacó y evitó hacer gesto alguno de desagrado al respecto, ya que era tabaco negro. Es decir, un tipo de tabaco por cuya fermentación es propenso a estar contaminado con los hongos del capitalismo. No existe peor sabor para la boca ni peor inquilino en un bolsillo derecho, el único bolsillo al que puede pertenecer un veneno de tal calibre.

Adolfo lo fumaba como quien bebía agua después de una larga tarde de verano y les agradecía el no haber matado a Jean. Al parecer el señor del castillo parecía estar relacionado con el antiguo monarca de Mogaro. No era poco habitual que los nobles tuvieran protegidos en varios lugares. Si acaso lo sorprendente hubiera sido que no existiera alguien como el león de aquel castillo. Si Bambú había entendido bien la historia, el único verdaderamente culpable a parte del león era DonDinDin, que parecía disfrutar de servir a su amo y hacía todo por complacerle sin importar la moral. El resto parecían trabajadores, seguramente traumatizados desde el primer momento, que no se iban por puro miedo. Por último, aunque seguía negándose a abrirles la puerta, les reveló dónde se encontraban las chicas, que debían tener cuidado con DonDinDin, con su látigo y con la horda de cuchillos. Adolfo extendió sus manos como buscando que lo esposaran, a lo que Bambú iba a negar porque tampoco es que llevase esposas como si fuera un madero marinero, pero antes siquiera de hacer algún comentario jocoso al respecto, su haki de observación le alertó de una presencia en la boca del túnel que había dejado a lo largo de su viaje. Se trataba de Jean Paul que se había despertado y había llegado y estaba gritando como un loco para alertar a todos de la llegada de los Toros Negros. —Maldito seas Jean Paul, podías haberte ido sin más. —Aquella cobardía jamás se la perdonaría. La aparición del candelabro distrajo su atención de Adolf Vorhängeschloss, que de uno de sus bolsillos extrajo una pistola y se voló los sesos sin contemplaciones ante las posibles consecuencias de sus actos. —¿Tanto miedo le tienen a ese puto león de los coj...? —Un rugido ensordeció las últimas palabras de Bambú y la presencia de un poderosísimo enemigo hizo acto de presencia en su radar. Le sorprendía no haberla sentido antes junto a la vorágine de presencias pálidas que estaban empezando a moverse por el castillo.

Mientras las tropas parecían organizarse, Bambú decidió aprovechar el tiempo y castigar la traición de Jean Paul con la máxima severidad, porque no sólo había dado la alarma, sino que además había empezado a correr hacia el dúo revolucionario con plenas intenciones hostiles. —Si tantas ganas tienes de morir te concederé esta gracia. —Podía seguir sus movimientos sin necesidad de emplear su haki de observación de mayor nivel, de modo que flexionó sus piernas y empezó a correr hacia delante, pasando por un lateral de Kisuke, hacia la posición de Jean Paul. Don Bambú era por lo menos tres veces más rápido que él, incluso aunque le costase arrancar en los primeros instantes de un entrenamiento, de modo que cuando el candelabro llegó a recorrer 10 metros hacia delante, el panda ya había recorrido 30 y estaba justo delante de él con el brazo izquierdo levantado y su puño recubierto de una gruesa capa de armadura espiritual. Con una úrsida furia que ya ha abandonado toda diplomacia, Bambú hundió su puño en el rostro de Jean Paul y le concedió el descanso que con tanto ahínco buscaba. Su cabeza reventó por la fuerza del impacto y su mano se tiño de rojo sobre negro, los colores de su bandera, que junto a la modesta presencia del dorado anunciaban el final de los enemigos de la Revolución.

Unas palabras llegaron a los oídos de Bambú al tiempo que las fuerzas del castillo empezaban a aglomerarse en su entrada. Kisuke le dejaba lidiar con el asunto de las tropas del castillo mientras él acometía la tarea más peligrosa: enfrentarse al lugarteniente del león y tal vez a este último también. —A sus órdenes, comandante. —Contestó al tiempo que volvía a flexionar sus piernas, esta vez el doble que cuando empezó a correr y se impulsó con un poderosísimo salto de treinta metros hacia su posición original, teniendo cuidado de no pisar el cadáver del pobre Adolf. Las puertas se abrieron finalmente y Bambú hizo contacto visual con el señor del castillo, que chasqueó su mano derecha y le señaló, ordenando a su horda de cuchillos atacarle. Lamentablemente, Bambú no consideró que las tropas del castillo fueran a ser tan veloces como para atacarle sin que él pudiera reaccionar, de modo que no activó su haki de observación de mayor nivel en previsión y pagó las consecuencias con su cuerpo. Centenas de hombres vestidos de cuchillo se abalanzaron sobre el mink panda y empezaron a acuchillarle por todo el cuerpo, fundamentalmente las piernas que es a donde solían llegar los humanos normales. A pesar del dolor de las heridas, Bambú fue quién de echar sus brazos hacia atrás mientras flexionaba su torso hacia delante y una vez tuvo a toda la horda rodeándole, empezó a golpear el suelo mientras gritaba furioso. —¡APARTAOS! —El suelo empezó a agitarse violentamente bajo sus pies, como si una centena de martillos neumáticos estuvieran golpeando los pies de todos los cuchillos desde el suelo. La brutalidad de aquella técnica se llevaría por delante a la mayoría de soldados de un golpe, pero sin duda todavía quedarían los más resilientes para contarlo, de modo que Bambú avanzó otros diez metros hacia delante, adentrándose en el castillo, y girándose para encarar la puerta desde su interior. Delante de él, los remanentes de la horda intentaban recuperarse del primer ataque del panda, pero este no les daría tregua alguna. Con la misma fuerza que había empleado con su primera técnica, Max golpeó el suelo frente sus pies y lo deformó con los poderes de su fruta, generando una ola enorme de pavimento que se elevaría una altura de seis metros y abarcaría una anchura de ocho, llevándose por delante el resto de cuchillos y rematando las fuerzas de defensa del castillo. —Ya no deberían quedar soldados, comandante. —Informó mientras reducía su haki de observación básico hasta los cincuenta metros de radio y activaba el medio hasta los 15.

Datos
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 13301 - 2325 = 10976
Energia: 9370 - 600 = 8770
Espiritu: 3798 - 322 = 3476


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