[Fic Hasshoken] Cabezonería
#1
Esta la historia de un pequeño joven nacido en Spider Miles, emigrante desde extremadamente joven, y no porque buscase oportunidades mejores para su vida, si no probablemente para empeorarla en todos los niveles con sus pobres decisiones. Impulsado por la simple idea de ser tan libre y hacer prácticamente lo que le viniese en gana, como aquel pirata que vio aparecer por su isla. Desde entonces había estado dando tumbos a lo largo y ancho de los mares, intentando no fortalecerse, solo sobrevivir como una garrapata más del sistema. No se había metido en muchos problemas, no muy importantes al menos y sentía, muy en el fondo de su mente, que pronto le iban a venir. Es por eso que en cuanto apareció la idea de fortalecerse no la desestimó. Había oído hablar de gente que peleaba de una forma extraña, utilizando no solos sus puños y piernas algo con lo que si encajaba, también utilizaban la cabeza. Aunque lo que más llamó la atención del peliblanco fue el proceso que utilizaban, no se enteró muy bien en su momento, pero entendió que era gracias a unas extrañas vibraciones que sus propios cuerpos podían producir.

Esto lo cambia todo.

Es por ello que al final su interés se convertiría en visitar Isla Karate, donde se suponía que había alguien que conocía ese arte y el joven Kai no es algo que iba a dejar pasar. Además, allí a donde miraba respiraba pelea y eso era algo, que por suerte o por desgracia, le gustaba y, creía, que se le daba bien. Necesitó un tiempo para asentarse en la isla y, por diferentes sucesos vividos, como la de aquellos dos tipos a los que les arrebató el plan o aquel extraño torneo en el que se había visto involucrado, había tenido que posponer la búsqueda de aquella forma de batallar.

Aquel día fue extrañamente tranquilo en su momento, el luchador había despertado a las y tantas de la mañana, noche dura supongo, y el calor concentrado le obligaría a salir de su, literalmente, madriguera improvisada. En este punto de la historia el joven era un prácticamente un vagabundo con las comodidades y el dinero necesario como para poder subsistir con la tranquilidad que necesitaba. El primer bostezo de la tarde, así como el bostezo trasero, fue satisfactorio y no tardó en llegarle a la naricilla un ligero olor de algo que lo haría salivar. Su estómago rugió como el de un oso, su brazo se alargó dentro de su madriguera como un tentáculo y la bolsa de monedas tintineo como las campanas de una iglesia a las en punto. Entre follaje y cantares saldría del bosque con el único propósito, con otros tantos olvidados por el camino, de hacerse con algo lo suficientemente bueno como para llenar su panza.

Su caminar somnoliento, sobre todo a aquella hora, llamó la atención de los transeúntes que ya encontraban en Kai lo usual, casi podía ser un habitual más de aquella calle comercial. Se acercó a un puesto y, tras recibir lo que era suyo y empezar con un tardío desayuno, pudo escuchar unas palabras. Un grupo de jóvenes de quizás seis o siete personas, con más hombres que mujeres en proporción, que destacaban sobre todo por que vestían dogis del mismo color, pero que en su cintura vestían diferentes colores. Algo que realmente Kai no entendía que significaba. Su vieja del visillo no lo pudo evitar, aquel impulso cotilla lo llevó a caminar varios metros por detrás del grupo que hablaban entre ellos, por lo que estarían lo suficientemente distraídos como para percatarse de su presencia. Había uno en concreto que se sobreponía sobre los demás y no era por su presencia o por su habilidad con la batalla, si no porque lloriqueaba.

- No... No puede ser... - Se llevaba las manos a la cabeza, con pena y dolor. - Me ha dicho que es imposible que lo aprenda, que no tengo la cabeza demasiado dura... que no aguantaría ni tres míseros asaltos... llevo preparándome todo este tiempo para nada... - Lágrimas caían de su rostro como aquel que lo había perdido todo. - Me ha dado una tremenda paliza y encima me ha dejado un bollo en la cabeza... - Se toqueteaba la frente, y ahora Kai podía entender porque sollozaba, no era por su fracaso, si no por el tremendo chichón que tenia en la cabeza, aquello parecía el caparazón de un den den mushi. - El diablo... - Susurró mientras seguía el ritmo al grupo, viendo como el resto intentaba consolarlo. - No estoy hecho para aprender el hasshoken… con lo maja que había sido al principio - Se secó las lagrimas y entonces pasaba de la autocompasión al odio. - ¡La hermitaña esa! ¡¿Qué se cree ahí viviendo en lo alto de la colina esa?! ¡Haciéndose la misteriosa! ¡Que le den por Nika! - Cerraba sus puños con rabia y andaba como todo un hombrecillo enfadado. - Ah, eso es - Algo hizo click dentro de la mente del peliblanco. - ¡Si a eso había venido yo! - En su mente entró el sentido de urgencia, algo extraño, y su cara reflejaba toda una revelación, como si hubiese descubierto como dos caracoles se usaban como interfonos y además se podían comunicar a grandes distancias. - ¡Gracias! Dios, menos mal que me lo has recordado - Le dijo el luchador, deteniéndose repentinamente, en voz alta al grupo que enseguida se giró para verlo. Kai salió corriendo en la dirección opuesta, hacia la colina mencionada, como si se hubiese dejado el camping gas encendido y se fuesen a quemar sus cosas. - Y ese... ¿Quién es? - Se preguntaron entre ellos, sin entender que estaba pasando. Mientras, el intrépido joven, buscaba la colina, como si hubiese pocas.


Fácilmente podía haber pasado una hora en recorrer varias de las colinas, a medias al no ver indicios de vida por allí, solo para terminar dando con un pequeño sendero escondido en la loma de una de las colinas, apartadas y casi imperceptible. Casi como si no quisieran que nadie la encontrase. Un pequeño bosque se levantaba al inicio del camino, un par de árboles que parecían combarse sobre el sendero marcado, casi como si hubiesen decidido deliberadamente hacer sombra, recreando un túnel prácticamente. Se podía ver como se colaba algún que otro rayo de sol tímido, pero la mayoría del camino se encontraba ensombrecido, casi como un relato de terror pero a plena luz del día. Kai podía sentir miedo, pero aquello que normalizaba dejaba de darlo, algo a lo que uno se acostumbraba pasaba desapercibido. Así que se encaminó con el constante sonido del batir de alas sobre ramas, miradas indiscretas que se cernían sobre él, pero no prestaba mucha más atención más que al hecho de que tenía que poner un pie delante del otro. Metros más allá podía escuchar el constante golpeteo sobre madera, como algo lejano, el eco de unos golpes que conseguía entrar en la senda y que se dispersaba entre la maleza con tanta facilidad como con la que llegaba.

El joven luchador, despreocupado siguió caminando hasta que un haz de luz, intenso y brillante, conseguía mermar la visión del peliblanco. Aquello que le daba sombra por fin se había terminado, había conseguido salir de la senda, como si hubiese tenido alguna dificultad caminar, y había dado a una especie de claro. Campo abierto libre de aquella de aquella vegetación que constantemente se interponía, que tan agraciadamente servía para esconderse de ser necesario. Kai levantó la palma sobre sus ojos, a modo se parasol improvisado y poder ver mejor, fue entonces cuando pudo distinguir a lo lejos varias figuras ensombrecidas. Tras todas estas figuras se erigía una pequeña estructura, humilde pero de apariencia sólida, apuntalada en su exterior con vigas de madera que contrastaban de sobremanera con otro tipo de madera teñida de un color blanquecino. El luchador se encogió de hombros y simplemente siguió avanzando sobre el pasto, el cual se notaba que por ahí pasaban de forma regular, pues se denotaba aplastado según bajaba la mirada. Al acercarse, finalmente pudo denotar como las figuras se revelaban y ahora entendía porque solo una de ellas se movía y se desdibujaba constantemente, en ocasiones incluso apenas podía verla moverse, pues entre parpadeo y parpadeo cambiaba de localización con una gran gracilidad. - Si es una hermitaña si... - Susurró para sus adentro, acto seguido de su boca salió un eructo, corto pero contundente, de esos que te dejaban satisfecho después de comer. Tanto caminar había conseguido sus efectos, con ello esperaba que no se tuviese que meter a la senda, meterse entre dos arbustos y finalizar.

El noble gas fue tan audible en campo abierto que la figura, la que podía identificar como una mujer, había detenido su movimiento y con un rápido movimiento de cuello lo miró, dejando así que la trenza que portaba danzase con el brusco cambio de dirección. - Que mal rollo tú - Abrió los ojos ligeramente ante la mirada de soslayo de la mujer. ¿O era de curiosidad? Estaba demasiado lejos. La mujer alzó el brazo y, con una calidez impropia de una situación así, lo zarandeó de lado a lado saludando al joven. - Holaaaaaaa - Se escuchó segundos más tarde. Kai la imitó y la saludó de vuelta. - Que cute - Pensó por un instante, mientras se acercaba. Aquella mujer tenía una complexión delgada y casi delicada, se parecía mucho a la endeble figura que proyectaba el peliblanco, su piel era clara como una noche de luna llena despejada, su pelo buscaba imitar el carmesí de una sangre que se tintaba ligeramente de rosado, un color que hacía un contraste llamativo para con su piel. Sus ojos oscuros, casi azabaches miraban con inocencia al muchacho quien devolvía la mirada con aquellos ojos carmesí. En su mente se cuestionó por un momento que esta fuese la persona que se dedicaba a mostrar aquellas poderosísimas artes de las que había escuchado hablar, luego recordó que él era un esmirriado, un cuerpo escombro, un tirillas, esquelético y que, aun así, tenia una fuerza capaz de tumbar hombres y mandarlos a volar. - ¿A qué has venido, te has perdido? ¿Necesitas ayuda? ¿Estás perdido? ¿Un médico? ¿Te has perdido? ¿Comida? - Cuestionaba sin parar mientras que ambos se acercaban.

Cuando los separaban poco más de dos metros ambos se detuvieron, quizás porque ambos eran peleadores cuerpo a cuerpo y sabían que debían medir bien las distancias, estar lo suficientemente cerca como para conectar un golpe o preparar una esquiva y poder reaccionar a tiempo si es que lo necesitasen. Miró entonces con más curiosidad al joven luchador, dándose cuenta, pese a que Kai no lo hacía con la teoría en mente, solo con la experiencia de haberse metido muchas veces en el barro. - No. No. No. No. Te he dicho que no ya dos veces. No, bueno, si, puede - Respondió a todas las preguntas casi sin pensar. - Aquí Kai a.k.a. Kai - Se cruzó de brazos como todo un trovador de lengua rápida e intrincadas rimas. La mujer lo miró con algo de pena, pero su personalidad afable le impidió decir nada buscando no herir al adolescente, aunque su cara decía lo necesario. Para el que supiese leerlas, claro. - Te puedo dejar algo de comer chico, pero estoy en medio de mi entrenamiento y yo... - El peliblanco chasqueó sus dedos repentinamente en el aire, a un lado de su cuerpo. - Eso es. En realidad... - Se cruzó de brazos de nuevo, pero en este momento casi como si estuviese dudando. - ...vengo a entrenarme. He escuchado hablar mucho del Chokken... - - Hasshoken - Corrigió rápidamente, este vez su tono reflejaba una mayor dureza. - ...Hasshoken... - Su mirada se desvió ligeramente hacia un lado para terminar devolviéndola al frente. - He venido a esta isla solo para esto prácticamente - Y buscarse la vida, robando en ocasiones. - Así que vengo a que me enseñes - El joven había reunido toda la educación que pudo, y aunque no demostró mucha como tal, no se haría la zancadilla a sí mismo.

La mujer se detuvo unos instantes, esta vez pensativa, cruzando un brazo por delante de su abdomen, arrugando aquella sudadera bicolor, mientras que su otra mano se colocaba bajo el mentón, como de verdad estuviese dudando en si aceptar aquella petición o no. Pasaron unos segundos que al peliblanco le resultaron eternos, tenía una curiosidad genuina por ver aquello de lo que hablaban, pero si lo rechazaban no es como si su mundo se cayese de repente. - ¿Seguro? - - Si - - ¿De verdad? - - Si - - No todo el mundo puede aguantarlo - - Yo si - - ¿De verdad? - - Claro, fácil - Tras una conversación de rápidas respuestas, tanto como fluida, la mujer sin aviso alguno, dio un pequeño pero potente salto con la cabeza hacia delante, o eso intuía porque el luchador apenas pudo darse cuenta del movimiento, tan solo sintió el tremendo choque de su cabeza contra el torso.


El joven vio las estrellas, aquel golpe había ignorado la poca fuerza de sus músculos o la dureza de su piel, simplemente había traspasado sus defensas como si nada. El aire de sus pulmones salió con tal velocidad pero cuando quiso darse cuenta, su boca se abría y cerraba buscando recuperar el oxígeno perdido. Cayó redondo de espaldas inevitablemente y se llevó rápidamente las manos al estómago, buscando recomponerse de algo de lo que a duras penas podía dejarlo respirar. Sus ojos enfocaron de nuevo en la mujer frente a él. Utilizó las palmas de sus manos y su fuerza para, tras apoyarlas en el suelo, impulsarse en un pequeño salto que lo alejaría de la mujer y entonces se volvió a desvanecer su vista. Nuevamente esta frente a él, pero esta vez. ¿Estaba del revés? Su cabeza como punto de apoyo en el suelo y de repente le llegó el aire, como un torbellino vivo, provocado por la alta rotación que estaba realizando la luchadora con sus piernas y brazos. Sus ojos se abrieron ojipláticos. - ¿En qué momento? ¿Está girando? Como me de con una de esas patadas estoy jodido - Su mente procesaba más lento que lo que sus ojos podían captar, es por eso que, de forma tardía, se daría cuenta que la planta del pie de la mujer se había detenido a escasos centímetros de su cara. Su expresión era un cuadro, una mezcla de tintes de sorpresa, miedo, curiosidad y nerviosismo. - Bueno, te has levantado, si que es aguantado si jiji - Deshizo el pino y se plantó con normalidad frente a él, llevando su mano a la comisura de sus labios mientras reía. Sus pulmones recordaron que estaban sin aire y entonces, llegó la bocanada de aire. - hgq-queh - Llegó el oxígeno junto con dolor. - Tranquilo, se te pasará - Intentó consolarlo por un instante, aunque tardó poco en darse media vuelta y encaminarse hacia lo que parecía el dojo. - Sígueme y quizá aprendas algo, pero te vuelvo a advertir, esto no es un camino de rosas - Sonreía mientras le daba la espalda.

- ¿Quién es esta tía? Vaya zambombazo me ha metido, me ha dejado seco - Su mente le daba vueltas y vueltas a una sola cosa, mientras la intentaba seguir y recuperar la postura, si esto era el Hasshoken, definitivamente quería aprender a dejar seco a sus oponentes también. - Entonces - Interrumpió el silencio. - ¿Consiste en golpear puntos clave del cuerpo de tu adversario? - Intentó adivinar. - Nop - Respondió rápido una vez más, se notaba que tenía las ideas claras y fijas, no iba a dejar pasar ni un solo error. - ¿Los puntos débiles? - Otro intento. - Mmmm mmmm - Si quiera le decía que no, tan solo negaba con la cabeza mientras seguía caminando con un paso alegre y tranquilo, como si no se hubiese puesto a girar como una peonza tamaño humano hace escasos segundos. - ¿Trata de ver las lesiones de tu oponente, como un hueso fracturado y así, y te aprovechas de ello golpeando ahí? - Aceleró sus palabras, ya solo intentaba por intentar. - ¿Tienes un hueso roto? - - No - Se revisó el cuerpo palpándolo sin idea de cuales eran los síntomas para eso salvo dolor intenso. - Creo... - La chica suspiró. - No - Su trenza se movía de lado a lado como el va y ven constante del mar. El joven dibujó una mueca de disconformidad en su cara mientras cruzaba el umbral de una puerta corredera que ya se encontraba abierta. - Cierra la puerta Kai - Sonaba tan dulce y era tan aterradora cuando plantaba su cabeza en el suelo y giraba como un maldito tornado. Por un momento el joven se sintió raro, pero le hizo caso y cerró la puerta. - Soy Sira Matcha y soy la maestra de este dojo - Se detuvo finalmente en mitad de aquella sala.

En un principio se trataba de una habitación más bien cuadrada, algo amplia pero no mucho, lo suficiente como para que un par de personas pudiese entrenar al mismo tiempo en aquel lugar. Las paredes eran completamente blancas y lisas sin ninguna decoración extravagante o que llamase la atención, cero estímulos con los que el luchador se pudiese distraer. A los lados había un par de ventanas, cuadradas y pequeñas, por los que resultaba entrar la agradable y ligera brisa montañosa. El suelo, enseguida se percató por el sonido, era de una madera que tiempo atrás podría haber estado nueva, barnizada y más cuidada, pero que en la actualidad se notaba que los años de desgaste y uso habían pasado por ella. - ¿De este dojo? - Puntualizó el, probablemente, más joven de los dos. - Eso es. Yo enseño los principios básicos del arte del Hasshoken, pero he de reconocer que hay más maestros, más experimentados, que yo. Mucho más fuertes también - Cerró los ojos por un momento, recordando probablemente anteriores encuentros con ellos, mano a mano. O cabeza a cabeza. A cada palabra que la chica decía le entraba más curiosidad al joven, sobre todo por entender el cómo lo había dejado tirado en el suelo seco, sin aire e ignorando por completo la resistencia que su cuerpo normalmente tenía ante los golpes. Había recibido una cantidad ingente de golpes a lo largo de su corta vida y con ello pensó que estaba curtido, pero se acababa de dar cuenta de que se le acababa de abrir un mundo demasiado extenso ante sus ojos. 

Siempre había alguien más fuerte, siempre había alguien que lo superaba, y ahora, más que nunca, deseaba probar su fuerza ante el mundo. Decir ''aquí estoy yo'', ponerse a prueba, pelear con los fuertes, levantarse del suelo una vez más, porque todo aquello era un nivel extra de dificultad y, Kai era demasiado cabezón como para decir que no a la primera de cambio ante un reto. - ¿Cómo has hecho eso de antes? Ese giro ha sido espectacular, dios ha sido como ver el apocalipsis en persona. Un putísimo tornado en todo mi careto, he visto la muerte ante mis ojos. ¡Quiero aprender eso del giro! - Dijo gesticulando en el aire en un principio para terminar llevándose las manos al estómago, donde le había golpeado. - ¡Claro! No - Cortó la efusividad del luchador en un solo movimiento. - Creo que lo primero es entender las bases y como funciona este arte marcial. El Hasshoken tiene varias técnicas, diferentes, pero la base es la misma para todas. Y todas han pasado de generación en generación y de maestro a alumno. Quizás puedas ser tu uno en el futuro - Quiso dorarle la píldora para que no se desanimase en un principio, lo que no sabía ella es que el peliblanco ya estaba dentro desde que había recibido el golpe. - Y recuerda, el Hasshoken es el verdadero estilo marcial que prevalece, pues es el que aprovecha el máximo potencial bruto del cuerpo y lo convierte en una verdadera punta de lanza - Entonces Kai no tenía ni idea, pero Sira hacía referencia a la rivalidad que tenía con el resto de maestros de artes marciales de la isla. - Ajá - Asintió como si no terminase de entender que quería decir o a qué hacía referencia, solo quería saltarse la parte donde parloteaban y se metían de lleno en lo físico pero, para su desgracia, eso tenía que esperar.


La chica se hizo a un lado, dobló una esquina y tomó un pizarrón con ruedas con sus manos, segundos después volvería arrastrándolo hacia donde estaba el peliblanco esperando. - Verás - Se tomó una pequeña pausa para masticar la información. - El Hasshoken es un estilo de combate que, como ya te he mencionado antes, aprovecha el potencial bruto del cuerpo. El poder fluye desde el interior hacia el exterior, es como canalizar la fuerza de rotación de tu hombro y calibrar el peso de tu cuerpo para finalmente terminar dando un golpe demoledor con el puño - Comenzó a hacer líneas en el pizarrón mientras narraba. - Ajá - Kai tenía cara de concentrado, las líneas ayudaban a su receptor de estímulos. - Cuando se entrena y se entiende esta forma de pelear, uno adquiere la capacidad de volver sus ataques demoledores sin que nada se interponga en su camino, estoy seguro de que lo lograrás también... Kai - Intentó hacer memoria por un instante para recordar su nombre. - Esto nos permite controlar las vibraciones que generamos nuestro propio cuerpo, lo que permite generar una especie de onda de choque interna que viaja hacia fuera. Otro cuerpo en este caso - Dibujó rápidamente un muñeco y, desde su punto central a la altura del estómago, comenzó a trazar unos círculos concéntricos que se expandían hacia fuera.

- El Hasshoken permite redirigir esas ondas vibratorias hacia fuera en cuanto conectan con algo, haciendo que pueda traspasar incluso defensas, ignorando por completo la resistencia o dureza de lo que se golpee. Escudos, armaduras, la propia resistencia de un cuerpo, hay muchas formas de ejemplificarlo - Miró a Kai, que por un momento se había llevado la mano al mentón, procesando toda aquella información. El estaba acostumbrado a entender que golpear con el pie o el puño era más que suficiente para causar daño. Había más formas. - Aaaaaajá - Asintió. - Para más simplicidad. Es como golpear un cubo de hielo y que se empieza a agrietar de dentro hacia fuera y no al revés, que sería lo normal. Más o menos - Dibujó el esbozo de un cubo tridimensional y luego aquellas supuestas grietas para ejemplificar de manera visual lo que contaba. - Ya veo... - Se hizo un silencio de un par de segundos que se alargaron demasiado. - ¡Es espectacular! ¡Reventando gente desde dentro, como una maldita bomba! El diablo, que guapo - Abrió los ojos de par en par, entendiendo más o menos a lo que Matcha se refería. - ¿Pero entonces por qué ese tipo tenía la cabeza como una piñata? - Sira torció la cabeza, intentando entender a lo que se refería, fue entonces cuando cayó en su fallido discípulo. Entonces no respondió nada, simplemente se encogió de hombros. - El Hasshoken potencia el uso de un cuerpo, pero la disciplina de la mente pertenece a los deberes propios de cada sujeto - El más novato desvió su mirada hacia un lado, como si pudiese intuir algo de lo que pasó. - Basta de explicaciones por ahora, es el momento de que empieces con la otra parte del entrenamiento - En la cara del aprendiz se dibujó una sonrisa más que cómplice.

Matcha extendió la palma de su mano, dándole así la señal pertinente para que se levantase. El peliblanco, casi obediente, se levantó aunque su móvil era arrebatar aquel conocimiento para sí mismo, más que cumplir el rol de alumno, pero debía pasar un poco por el aro. - Visualiza las vibraciones del cuerpo. Tus músculos. Tus huesos. Tus órganos. Todos moviéndose en un espacio reducido - Kai la miró, extrañado. ¿Acaso se había fumado algo? - Cierra los ojos y concéntrate - Ordenó. El luchador cerró los ojos e indagó en su mente, el no podía sentir sus órganos y huesos, solo sus músculos y porque abultaban en el poco cuerpo que tenía. Mientras el más joven de los dos mantenía los ojos cerrados, la maestra salía de escena otra vez, llevándose el pizarrón y trayendo un saco de boxeo colgado de un par de barras que también finalizaban en un par de ruedas. Dicho saco no era algo usual, su aspecto era el de siempre pero en su interior había algo diferente. El forro interno se trataba de un material capaz de absorber impactos, mientras que en el interior se encontraba una barra de cerámica fina.

La mente del muchacho divagó hasta el punto en el que se formó una imagen mental de las ondas que producía el agua cuando algo perturbaba su superficie. - Mira, profe, yo lo estoy intentando. ¿Vale? Pero me estoy imaginando un charco de agua y de ahí palante no sé como seguir - Dijo aun con los ojos cerrados. - Mmm - Se llevó el índice hacia la comisura de los labios, pensativa. - Extiende tu brazo. Flexiónalo ligeramente y haz el máximo de fuerza que te sea posible, intentando mantenerlo quieto - Como un subordinado, el chico obedeció. Su brazo comenzó a temblar de sobre manera debido a la tensión que estaba poniendo en sus músculos. - Bien, visualiza eso que estás haciendo con tu brazo y aplícalo a todo el cuerpo. Contén esa fuerza y libérala en un punto, solo así podrás seguir avanzando. Golpea este saco de esa manera, hasta que escuches el crujir del avance -  Se llevó las manos a la espalda y se apartó del saco y volvió a retirarse de una instancia a otra. - ¿Crujir? - Apareció a los minutos con algo de té. - ¡Animo! - Una sonrisa más que alentadora y amable, que buena era esta chica siempre. - ¿Cómo? ¿Te vas a quedar ahí mirándome todo el rato? - La miró con sorpresa. - ¡Claro! ¡Tengo que supervisarte! ¡Soy tu maestra! - Le levantó el pulgar amistosamente.

De ahí comenzaron a pasar las horas, casi incontables, del primer día, donde Kai se había pasado concentrando toda la tensión muscular en sus dos brazos y golpeando aquel saco que estaba acolchado. Tan solo se podía escuchar el sonido ahogado de sus golpes sobre el mullido saco, pero ningún crujido había hecho acto de presencia. Algo estaba haciendo mal, todo concretamente, pero eso no hacía que se detuviera ni un solo instante. El sudor, el dolor y el cansancio, es algo que lo había acompañado desde que era aun más pequeño, estaba acostumbrado a sufrirlo y a vivir con él, formaba parte de su día a día.

El primer día acabó con unos brazos que se sentían como si tuviese que levantar a pulso dos anclas que arrastraban sacos de arena por el mar.

Las horas se convirtieron en días y los entrenamientos en aprendizaje. Aprender sobre su propio cuerpo, sus propios límite y no tan solo a dar mamporros, aunque su personalidad por suerte, y desgracia para otros, no había cambiado un ápice, sin embargo algo se estaba gestando en las entrañas. Sira se pasó el resto de días haciendo sus propias prácticas, sus propias katas y entreno, pero sin perder de vista al luchado, al que corregía constantemente en sus formas de moverse, en su manera de golpear. Unas correcciones que hacían sentir al joven parte de aquellas explicaciones que recibió en un inicio. Aquellas vibraciones con el devenir de los días se fueron haciendo cada vez más reales, un poder cada vez más tangible. El primer mini crujido fue de lo más sonoro en cuanto se produjo, algo que celebraron ambos luchadores, como si hubiesen acabado con el hambre en el mundo. Desde ese primer instante, Matcha comenzó a instruir la primera de las numerosas técnicas, un potente cabezazo capaz de atravesar una muralla de acero, o eso decía ella.



- Bueno, ya has aprendido el primer movimiento, es hora de que lo pongas en práctica Kai, no me decepciones - Tras un par de días, salían nuevamente de la estructura, el dojo custodiado por Sira Matcha, primer estandarte del Hasshoken. La brisa soplaba ligeramente, la hierba a los pies de ambos se mecían con una inusitada calma. - Creo que voy a necesitar un cerebro nuevo, me lo has destrozado - Una broma que no era broma, y es que sobre la cara, cuerpo y cabeza del peliblanco se podían ver apósitos, moratones e incluso vendas resguardando zonas muy concretas, había entrenado duro. Ambos se posicionaron alejados diez metros el uno del otro, estaban listos para dar comienzo a la contienda.

Sira, quien llevaba sus manos entrelazadas tras la espalda de repente cambiaría por completo su porte y presencia. Su cuerpo se adelantó y bajó, buscando un centro de gravedad más bajo y estable. Sus manos resguardadas y bien posicionadas, para darle un equilibrio mayor, sus piernas flexionadas para moverse y reaccionar en cualquier momento. Pero su cara... - ¡Joder! ¡Que miedo das! - Los ojos de la chica se clavaron sobre los de Kai como si con ello lo pudiese matar. El joven sintió un escalofrío que le recorrió la espina dorsal como un rayo.

Alzó ligeramente la guardia con sus maugullados puños, bajo su centro de gravedad y preparó sus piernas para saltar hacia delante en cuanto se diese el pistoletazo de salida. Sira no esperó nada, aquella mujer que parecía más una bestia hambrienta se lanzó hacia delante directamente. Saltó hacia delante casi en horizontal, con la cabeza por delante y Kai la imitó un segundo más tarde. - ¡Buto! - Espetó el luchador callejero. Ambas cabezas colapsaron en el mismo punto de la trayectoria, era prácticamente como ver a dos rinocerontes embestirse mutuamente. Ninguno quiso ceder, Sira con su orgullo de maestra del Hasshoken, y Kai con el orgullo de haber estado tanto tiempo intentando aprender una nueva técnica, un nuevo estilo para pelear. La cabeza del luchador callejero comenzaba a ceder, al fin y al cabo acaba de aprender a como se usaba esa forma de pelear, esos movimientos y, sobre todo, los nuevos conceptos. No era tan fácil asimilar algo tan complejos como el uso de vibraciones internas. Sira siguió apretando, flexionó más aun sus piernas y comenzó un segundo envite que empezaría a despejar de la ecuación al peliblanco, que saldría un par de metros hacia atrás, rechazado por la fuerza del golpe.


''Se produjo un choque tan bestial, que lo siguiente que recuerdo, es un fundido a negro... Ay, mi cabeza...''
Leyenda de una Leyenda
- Narro -
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- Pienso - 
- *Burp* Eructo -
- *Fhiii* Pedo Ninja - 
- *FWRA* Pedo Pesado - 
[Imagen: Chat-GPT-Image-2-ago-2026-17-55-55.png]
#2
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TEMA: CERRADO

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