[EVENTO FASE] Los Juegos del Soberano
La prueba del céfiro había sido, legítimamente, todo un espectáculo. Su compañero, el yakuza Jin, se las había apañado para rascar un séptimo puesto, algo que, considerando la competencia existente, no era de menospreciar. Fue consciente de que él mismo no hubiese logrado un resultado mejor, con toda probabilidad. En aquella prueba, tal y como había sucedido en la suya, muchos de los puestos se habían decidido por diferencias relativamente minúsculas: entre el séptimo puesto y el tercero había una diferencia de únicamente treinta puntos. Era evidente que la más mínima diferencia podía determinar varios puestos arriba o abajo, y cualquier error podía suponer precipitarse en los ránkings. Eso sí, en esta ocasión, había sido el primer puesto el que se había desmarcado del resto con una diferencia casi sobrenatural: Hasegawa Shin, simplemente, había sobrepasado el concepto de velocidad para desvanecerse de la vista de todos los presentes. Decir que no podían confiarse hubiera sido subestimar enormemente la situación. Al extraño equipo 1 aún le quedaba poco por perder, y todo por demostrar.

Antes de que Juan Sebastián emergiese del cubículo para enfrentarse a su prueba, Stroud asintió con la cabeza y observó al peculiar Comandante Cangrejo Tortuga. "Buena suerte, comandante," dijo, dejando que se dirigiese hacia su destino. Parecía nervioso; su lenguaje corporal, por cangrejil que resultase, delataba cierto nerviosismo que no pasaba desapercibido. Sin embargo, pareció recuperar la confianza en sí mismo, declarando rotundamente que ganaría. Stroud se encontraba ya a sus espaldas, por lo que el cangrejo no pudo ver la sonrisa de oreja a oreja que se dibujó en la cara del joven Nanashi.

Había gran tensión en el despacho del Almirante de Flota Whitend. El Almirante, tal y como lo imaginaba Stroud, apagó su puro en el cenicero que reposaba sobre su escritorio, dirigiendo entonces su mirada al becario que le traía las noticias más recientes. Este dejó caer el último periódico, el último ejemplar del World Economy News Paper. En portada, en una espectacular fotografía en plano contrapicado, un joven Marine colocaba su bota sobre la cabeza desfigurada de un pirata derrotado. "El comandante Nanashi derrota en estelar combate a Sigurd Haakon, el Carnicero de Whisky Peak," rezaba el pie de foto.

"Este joven... Nanashi. ¡Nanashi! ¡Stroud Nanashi! Menudo apellido, le hace honor, sin duda," decía el Almirante de Flota, ajustándose sus gafas de lectura sobre el puente de la nariz. "Sí, señor Almirante de Flota Whitend. Y mire, ha derrotado a Sigurd Haakon, el Carnicero de Whisky Peak," respondía el becario, golpeteando su dedo índice sobre el rugoso papel del periódico, "después de convertirse en la estrella de los últimos Juegos del Soberano en Skypiea, ¿se lo puede creer?". El Almirante de Flota se tomó un instante para responder, leyendo a toda prisa el cuerpo de la noticia, arqueando ambas cejas a medida que se informaba sobre lo sucedido. "Este joven es impresionante. Es imprescindible ascenderlo inmediatamente. Comuniquen al Almirante Tucrow que ha sido degradado a Vicealmirante; el joven Nanashi tomará su lugar. De hecho, tomará a Tucrow bajo su tutela," sentenció Whitend. "Y díganle que es un madafaka." "De inmediato, señor," dijo el becario, tomando un Den Den Mushi.

Sacudió su cabeza, saliendo de la ensoñación. "Déjate de gilipolleces, Stroud," pensó para sí, volviendo a enfocar su mirada en la arena del estadio. No era propio de él soñar despierto de aquella manera, y era algo que procuraba evitar. Clavado en el cubículo del grupo 1, aún cruzado de brazos, contemplaba a los participantes de la prueba del bastión, entornando los ojos mientras cada uno de ellos se medía contra la corriente de aire que disparaba el extraño mecanismo soplador que había dispuesto El Dirigente. Juan Sebastián había soportado lo que parecía haberse tornado en una especie de viento prácticamente huracanado son soberana sencillez, como hacía todo. El crustáceo, pese a lo humilde y casi tímido de su disposición, era capaz de llevar a cabo auténticas proezas físicas con una facilidad pasmosa.

Posteriormente había llegado el turno del soldado Omuyaga, que se había enfrentado a su prueba con la seriedad que parecía caracterizarlo. No parecía haberlo hecho nada mal. Aquel tipo era todo un enigma, pero, por el momento, parecía tener todos sus asuntos en orden, y daba la impresión de que obtendría una puntuación para nada despreciable en la prueba. Y entonces había llegado aquel tipo enorme, que Stroud había identificado como aquel al que los periódicos llamaban el Carnicero de Whisky Peak. El monstruoso pirata, pese a lo imponente de su físico, pareció darse por vencido antes de lo que lo había hecho el propio Kael Omuyaga. Tal vez no fuese para tanto. Tal vez aquel sobrenombre que le habían otorgado generosamente los periódicos hubiese sido, en efecto, generoso, y tal vez se le hubiese quedado grande. Era algo que podría comprobar. El resto de los participantes, incluyendo al infame Barald Kane y a un tipo con pinta de asalariado, fueron los siguientes, a medida que la prueba se acercaba a su fin. Stroud empezaba a preguntarse qué vendría, si es que venía algo, al término de aquella fase de los Juegos.



Off
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 5333 + 0 = 5333
Energia: 3825 + 46 = 3871
Espiritu: 1150 + 0 = 1150
El joven arquero permanece en su cubículo, no queriendo alejarse demasiado antes de tiempo para evitar contratiempos mientras planifica su propia participación en el evento, teniendo en cuenta lo que está ocurriendo, la forma en la que algunos de los presentes usan sus capacidades para potenciar a sus aliados, otros al hacerlo logran potenciar a los adversarios, pues en este momento no son enemigos sino rivales por el bien de la competición y evitar que las fuerzas del gobernante tomen cartas en el asunto. Precisamente por esa cuestión es que el arquero anda planificando su próximo movimiento mientras ve la prueba, o más bien los resultados de la prueba de velocidad pues por mucho que esté mirando al escenario es completamente incapaz de ver el movimiento de ninguno de ellos, son demasiado rápidos para que sus ojos, aunque acostumbrados a seguir el movimiento como cazador, no logran percibir movimientos a tales velocidades. Su vista es más analítica, centrada en el estudio y seguimiento prolongado de sus objetivos, analizando sus fortalezas y debilidades y planificando su movimiento, y eso es precisamente lo que hace con los demás participantes a su vista, los estudia, intentando identificar sus posibles rivales y estudiarlos, ver si alguno de ellos es realmente una competencia.

Por lo que ve hay algunos que llevan armas a distancia, realmente solo ve a los que están a como mucho dos cubículos de distancia ahora mismo, pero supone que en cada uno de los cubículos habrá al menos una persona que peleará a distancia o tendrá medios para enfrentar la prueba en la que participará el arquero, quien realmente espera que la última prueba sea en función a uno de sus puntos fuertes que son la precisión y la destreza, siendo la precisión su mayor fortaleza. Mientras el joven arquero observa todo ve y escucha a Maria hablar con lucecitas, quien parece conocerla de hace tiempo y a quien la pirata que ha logrado romper el desprecio del marine por los mismos y verse como una víctima de las circunstancias pero lo que le sorprende es el descarado beso que planta en la nariz al peliblanco iluminado antes de marcharse del lugar, haciendo que el pelirrojo empiece a sentirse raro, una emoción que no logra reconocer pues durante toda su vida su única relación con alguien que no fuese su familia eran compañeros de cacería o compañeros de división.

Maria es de hecho de las primeras mujeres de una edad aproximada con la que el joven pasó bastante tiempo y, por alguna razón que aún no puede entender, el recuerdo de Titta despertó otro tipo de interés en el joven marine que aún no lo entiende del todo, solo sabe que algo en su interior le hace querer protegerla y llevarla de vuelta por el camino honesto. Tras esa escena y el fin de la prueba más rápida de todas, en todos los sentidos, el presentador pasa a presentar al ganador de la prueba, indiscutiblemente el marine de los brillos, siguiendo con un recuento de los puntos y la clasificación general de los equipos, estando el segundo equipo, el del arquero, en el cuarto puesto, superado por los equipos 6, cinco y nueve, aunque no es del todo imposible remontar, todo depende de cómo transcurran las dos últimas pruebas. Cuando el pirata callado regresa Bertram lo mira y con calma dice

-Enhorabuena por el segundo puesto, ganar al primero parece imposible sir.-

Por si acaso, el joven arquero pretende ganarse el primer puesto en su competición, buscando asegurar la mayor ventaja de puntos posible para su grupo, y así si no ganan al menos se irá con la satisfacción de haber hecho todo lo que está en sus manos para aportar a la victoria. Tras la prueba de velocidad, llega el turno de la prueba del bastión, y por su nombre está centrada en una capacidad enorme de resistir, haciendo que los miembros restantes tengan que decidir quien tendría mejores probabilidades, pero por el momento es preferible que el arquero no vaya a una prueba que sabe perderá, apostando todo a la última, esperando que realmente sea alguna que pueda sacar partido a sus capacidades. Cuando el  marine ve al gyojin avanzar hacia la prueba, y teniendo en cuenta en lo que consiste por la explicación, además del hecho que probablemente ocupe una akuma de tortuga el joven arquero sospecha será el rival más duro a batir de todos. Tras el gyojin, quien declara ganará, va otro de los marines, uno tan serio como Stroud seguido de uno de los piratas más sanguinarios conocidos del momento, el extraño sujeto que va dando ánimos a su grupo y finalmente participa el pelinegro del grupo de Bertram junto a un extraño gyojin.

El arquero se levanta y empieza a prepararse, pues tras esta prueba le tocará a él y quiere estar listo, por lo que toma su arco, comprueba que esté todo en orden y empieza a estirar y poner a punto sus músculos para competir, sea lo que sea que tenga que hacer lo hará lo mejor que pueda mientras piensa

-Parece ser va a ser una competencia reñida hasta el final, haré lo mejor que pueda. Espero mis planes sirvan.-

Mientras piensa eso se rasca tras la cabeza con una idea en mente, si logra vencer iniciará la búsqueda de su hermana perdida, sino seguirá entrenando hasta lograr confiar plenamente en sus capacidades.


El Carcaj de información
berchanpandared



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Durante la prueba, no se había podido percatar, ya que había estado atento, pero pronto reconoció la voz que se había presentado como Miyori. Que le brindara esos ánimos le había dado una fortaleza inesperada. Por ello, al finalizar la prueba, buscó entre los cubículos con la mirada, sacudiendo la mano en señal de gratitud y agradecimiento silencioso y, por supuesto, también buscó entre el resto, al propio Tezca, a quien le resultó más difícil de ubicar, sin oportunidad de verlo. ¿En qué prueba asistiría él? ¿Cómo estarían el resto de las pruebas? ¿Qué tipo de pruebas les esperaban?

Pronto los resultados fueron entregándose, uno a uno. Había sido inesperado, pero cumplió con lo prometido que era, sin lugar a dudas, pasar la prueba. Descendió la mirada hacia sus propios pies, viendo las botas que todavía poseía. Debería devolverlas, no quería deber favores a nadie, mucho menos en su posición actual. El primero en “felicitarlo” (aunque fuera en tono de burla) había sido el propio Juan, aquella tortuga que había logrado aceptar su cigarrillo. Sonrió de medio lado, con el mismo aire burlón en su dirección.

—Por supuesto, cumplí mi objetivo que era pasar la prueba. ¿Esperaba acaso menos?

No fue lo mismo de parte de Stroud, quien se mostraba incluso más frío de lo que solía ser él. No le molestaba, pero aquella mosca tras la oreja, y más al ver al Mink, le seguía rondando por la cabeza. ¿De qué le resultaba familiar? Es algo que ya pensaría más adelante. Por ahora enfocaría la mirada en la única mujer del equipo, contemplándola. ¿Las manos le temblaban? Podía ver una leve vibración en algo que sostenía entre sus manos. Buscó hacia atrás con la mirada, no percatándose de la situación que pudiera determinar aquel repentino nerviosismo. ¿Quizás era por la siguiente prueba? Volvió la mirada al frente, con los ojos fijos en la mujer de nuevo, descendiendo la mirada hacia la muchacha.

—Las pruebas saldrán bien. Mi puesto no significa una derrota, señorita Marine.

Claro que, al no haber ofrecido su nombre, seguiría llamándola de ese modo. Se agachó, con una rodilla al suelo y la otra elevada, para así retirarse una de las botas, repitiendo el gesto a la inversa para retirar la otra y, así, devolver aquello que se le había entregado. —Su ofrecimiento fue de mucha ayuda, señorita. Realmente me han ayudado muchísimo con la prueba, estoy agradecido. — Le acercó las botas al lado de sus piernas, escuchando ahora, una vez más, al Dirigente presentar la siguiente prueba.

Antes de nada, decidió que, al igual que vio a alguien de fondo, él también iba a dar un paseo corto. —Ya regreso. — lo extrañaba, y sabiendo que se encontraría entre alguno de los cubículos, era mejor que estarse quieto en un lugar tan lleno de Marines. Un pequeño respiro no haría daño a nadie. Miró entre los cubículos, hasta al fin cruzarse con la característica y tan amada melena rubia. Le sonrió con calidez, sin prestar atención a los otros tres, al menos inicialmente. Quién sabe si se iba a arrepentir...

—Tezca. ¿Cómo lo estás llevando?

Ahora sí, miró a los que parecían acompañarlo a la prueba. Reconoció a dos de los tres que parecían estar allí, especialmente a Enji y Ubbe. Al tercero, de cabello oscuro y cicatriz, no le resultó familiar. —Un placer. Espero que se estén divirtiendo con los Juegos, caballeros. Solo pasaba a saludar, espero no ser demasiado molesto. Prometo irme pronto. Soy Onizuka Jin. — Aunque lo habrán reconocido de la prueba que realizó con Enji, a quien se le acercó a extender la mano. —Un excelente proceso de prueba, señor Marine. Me ha dejado sin palabras. — No planeaba hacer mención de su conocimiento, y lo mejor era, por si acaso, fingir desconocimiento y esperaba que por su parte fuera igual.

No planeaba quedarse demasiado tiempo, como bien había prometido. Fuera cual fuere la interacción de los habitantes de ese cubículo, se despediría poco después de poco tiempo acompañando al rubio y, finalmente, regresaría al suyo propio. Una vez allí, saludó de vuelta a los acompañantes Marines que le hacían equipo con él. —Disculpen, necesitaba dar un paseíto corto. — Posicionó su diestra en el bolsillo, retirando del interior una vez más su cajita de metal. Menos mal que tenía de sobra. Retiró uno de los cigarrillos, encendiéndolo con el mechero.

—¿Un soplador? Parece para alguien con mucha resistencia.

Para entonces, Juan era quien se había adelantado, caminando con unos nervios que, incluso desde la distancia, pudo apreciar. Un tic cayó entre sus cejas al verlo tropezarse de forma torpe e incluso intentar fumar de un cigarrillo que, claramente, estaba más que apagado tras semejante caída. ¿Realmente sería capaz de superar esa prueba?

"Este hombre..."

Suspiró, mirando de reojo a sus compañeros, pero decidió elevar un poco el tono para ver si lograba calmarlo.

—¡JUAN! ¡SI GANAS ESTA TE REGALO OTRO CIGARRO!

No sabía si era o no un adicto, pero el gesto de buscar el cigarrillo fue suficiente para pensar en la eficacia de esas palabras. ¿Lo haría o no? Se cruzó de brazos, contemplando fijamente a la tortuga, quien al fin hizo la mención de la palabra “Tsuki-Tsuki” y vio el viento correr en su dirección. Al inicio, el viento parecía suave, como una brisa, lento, hasta fácil. Lentamente la fuerza fue escalando, el viento revolviendo incluso con más energía lo que habría alrededor de la tortuga. El tiempo que pudo estar esa tortuga fue, de hecho, digno de admirar. ¿Qué tanto había podido soportar allí? ¿Cómo era posible? Aguantaba increíblemente bien, aparentemente ese aspecto no era solo por casualidad. Eso había resultado ser fascinante de ver.

El siguiente participante resultaba ser otro Marine... ¿Se puede saber cuántos más había en esos juegos? La cantidad era absurda... Hasta ahora parecía haber visto más Marines que cualquier otro... Y no solo eso, también parecía conocer a Juan, quien le había brindado ánimos. A él no lo conocía tampoco de absolutamente nada. Dio una larga calada, atento al frente, sin perder detalle. En el caso de ese moreno de cabello largo sí parecía ceder mucho más rápido que el propio Juan, pero algo que él mismo sabía que no habría podido soportar.

Prosiguió alguien a quien recordaba, mas no su nombre. Aquel que se atrevió a confrontar a su Jefe actual y el segundo, cuando cayeron en otra dirección. Su prueba fue también algo que resultaría difícil para sí mismo. Expulsó el humo de sus pulmones, con la mirada puesta en la prueba.

Ahora era turno de otro desconocido. ¿Era quizás un civil? Tampoco conocía a nadie, ni a muchos Marines. Se quedó con la mirada fija, hacia el concursante, quien aguantó también poco a diferencia de los dos anteriores. El que sí le pareció de interés fue la aparición de Barald, sonriendo de medio lado, ahora más atento al hombre que salvó a su tan ansiado amado. Respiró, ¿tendría la capacidad de resistencia de los demás? ¿O podría soportarlo? Lo recordaba de hacía unos años como un muy buen espadachín. La prueba fue dura para él, algo que, por desgracia, esperaba. Esa prueba no estaba hecha ni para ese varón, y él mismo estaba seguro de no poder lograr un mejor resultado.

—¡BARALD! ¡LO HICISTE BIEN!

El intento de ese hombre, incluso a sabiendas de que podría ser derrotado, era digno de mención. Elevó el pulgar en su dirección, sin saber si lo habría escuchado o no. Era más que suficiente. El nuevo participante, cómo no, era otra persona que desconocía por completo y también pareció hacerlo de forma sorprendente. Asintió con la cabeza, con seguridad, y sorpresa. Estaba seguro de que él ni siquiera llegaría tan lejos como aquellos participantes. ¿Quiénes iban a ser los próximos? 

Cajita de Tabaco
[Imagen: bTjgVIr.png]
Una prueba más, una prueba menos. La siguiente era la de Bastión, una bastante llamativa si me preguntaban. Me estiré con cierta pereza comenzando a caminar por el cubículo como animal atrapado, acomodándome una vez más los lentes mientras esperábamos al marine de regreso de la prueba. —Venga ¿Cómo vamos? ¿Están viendo nuestra genialidad? Yo sé que si ¿Qué sigue?— Podría decir que comenzaba a sentirme ligeramente inquieto por los resultados; Podía ver la victoria tan cerca con la increíble formación y ante la cercanía de mi próximo accionar, era mejor que prestara atención a los contrincantes que quedaban. —Todos se ven muy musculosos, el pelinegro incluido, así que estoy seguro que no tendremos problemas en esta prueba ¿Me entiendes?…Disculpen: Arriba, súbditos.—  Miré al suelo al terminar esa indicación, extendiendo la palma al cielo y moviéndola como si esperara que algo saliera.
 
Del suelo, o más bien de los pies del propio hombre, parecían formarse casi como masa dos seres humanoides de arcilla que crecían hasta 1.50 mts, en su existencia soltaban un par de trozos de arcilla a sus pies. —Abajo, ambos. — Por supuesto, los golems no tardaron en obedecer a aquella simple indicación: colocándose sobre las rodillas y manos, formando una especie de puente con la espalda, el golem de la derecha encogió el brazo y expuso la palma para que pudiera subirme con facilidad, terminando por sentarme sobre su espalda con una sonrisa en el rostro: Sin duda el mejor de los tratos.
 
El golem de la izquierda yacía en la misma posición, vacío, por lo que me giré para ver al resto de mi grupo, extendiendo el brazo para darle un par de palmadas a la espalda del otro golem. —Adelante, merecen el descanso, si alguien gusta sentarse: Los golems no muerden. — Ofrecí la mano a quien sea que fuera a subirse al golem, cuando una vez me hizo reaccionar, Volteé una vez más, notando al yakuza. —Jin ¿Qué haces por aquí? Nunca creí verte correr así de rápido, felicidades. — Di un par de aplausos desde mi trono, mientras notaba como se acercaba a saludar al marine y se quedaba a convivir un poco más.
 
Bueno, ahora solo quedaba seguir viendo el evento. Con mejores asientos.
 
 
Contrato confidencial: Tezca Norova
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 3112 + 0 = 3112
Energia: 3033 - 394 = 2639
Espiritu: 736 + 0 = 736
Cuando el "Dirigente" terminó de recitar las marcas de la Prueba de Céfiro desde su maldita nube, el estadio volvió a venirse abajo en un rugido de gritos, vítores y aplausos. Moja, que ya estaba de vuelta en el cubículo del Equipo Tres, ni pestañeó al escuchar el resultado.

-¡Moja consigue la friolera cantidad de trescientos treinta y tres skylómetros!-

Trescientos treinta y tres skylómetros por hora. Para un mink pantera que usó su Electro combinado con un disparo de flecha vectorial de la fruta Aro-Aro, no estaba mal, pero ver cómo un buccaneer transformado en águila llamado Bartolomeow y, sobre todo, el Comandante Hasegawa Shin con su fruta de luz, que reventó la máquina con setecientos cincuenta y ocho skylómetros, le pasaban por delante, le dejó un regusto amargo en la boca. Quedó en un puesto modesto dentro del cómputo general, asegurando puntos para la Marina, pero la descalificación previa de la calva de Maki en la prueba de fuerza seguía pesando como una losa. El Equipo Tres estaba en la sexta posición, empatado con otros dos grupos en la zona baja de la tabla.

Moja se encajó la gorra blanca con un tirón seco, hundiéndosela hasta las cejas. Mantenía los brazos cruzados sobre el pecho, la espalda recta como una tabla y las orejas tiesas, atrapando el ambiente cargado de sal, sudor y el olor a resina del estadio. A su lado, el chaval Masami de la 80 parecía haber terminado su numerito de la salsa y las maracas, suspirando porque la pirata se había ido a la calle. Moja ni se molestó en mirarlo. Para el mink, que una criminal quedara eliminada era justicia poética; lo único que le importaba era que la reputación del uniforme no terminara de arrastrarse por el suelo celestial.

El presentador no dio tregua. Volvió a elevarse en su nube y lanzó otro objeto a la arena que explotó en humo blanco, revelando la estructura de la tercera prueba: la Prueba del Bastión.

Potros de salto de dos metros con diales celestes, un Den Den Mushi con casco y una pantalla para registrar "skybares" de presión. El objetivo era sencillo, bruto y directo: ponerse delante del soplador, decir la palabra clave "Tsuki-Tsuki" y aguantar la embestida de un vendaval violento sin dar un solo paso atrás. Una prueba de resistencia pura, de clavarse en la tierra como un poste y no ceder ni un milímetro.

En el Equipo Tres, el turno le correspondía a Kael. El chico era solo un Soldado Raso de la División Setenta y Cinco, pero tenía una compostura y una rectitud marcial que a Moja le infundían bastante más respeto que las extravagancias de Masami o los gritos de los piratas. Mientras Kael se preparaba en silencio, haciendo unos estiramientos sobrios en el cubículo, Moja inclinó levemente la cabeza y empezó a analizar a los contrincantes que iban saliendo a la pista, de uno en uno, para medirse contra el soplador.

El primero en salir fue Juan Sebastián, el gyojin cangrejo-tortuga. El tipo venía de hacer un ridículo espantoso tropezando de morros contra la arena y apagando su cigarro en la tierra, pero en cuanto llegó frente a la máquina, demostró de qué estaba hecho. Se metió entero dentro de su caparazón escamoso, plantó las patas traseras y aguantó la embestida de aire como una auténtica marea de piedra durante un buen puñado de segundos antes de ceder el paso. Moja asintió para sus adentros. La raza gyojin mezclada con esa fisionomía de blindaje de su fruta de tortuga era dura de pelar.

Luego fue el turno de Kael. El soldado raso caminó hacia la plataforma con el rostro serio, concentrado, apretando los dientes y fijando las botas militares en la tierra batida con una disciplina envidiable. Dijo el "Tsuki-Tsuki" y el vendaval lo golpeó de lleno. A pesar de ser un humano sin transformaciones de fruta ni corazas naturales, Kael plantó cara. Soportó la presión creciendo segundo a segundo, apretando las mandíbulas y distribuyendo el peso del cuerpo con una firmeza impecable hasta que, finalmente, el viento lo obligó a dar ese maldito paso atrás.

Moja observó la pantalla del dial de Kael con atención. No era una marca astronómica, pero era una marca muy sólida. Y al mirar lo que venía después, el mink pantera empezó a sacar conclusiones tácticas en su cabeza.

El tercero en salir fue Sigurd Haakon, el gigante Buccaneer. Un mole de músculos que dejó caer cuatro martillos descomunales antes de marchar a la arena. El pavo gritó, bajó el centro de gravedad sin usar poderes y aguantó el aire a pura rabia, y terminó cediendo de golpe, cayendo de culo contra el suelo y marchándose maldiciendo entre dientes.

El cuarto fue Kevin, el hombre del traje arrugado del Equipo Nueve. Un tipo nervioso que empezó flaqueando, a punto de salir volando a la primera de cambio, pero que de repente soltó un grito desesperado y aguantó un par de segundos extra a pura fuerza de voluntad antes de rodar por el suelo.

El quinto fue Barald, un espadachín que intentó apretar todos los músculos del cuerpo, pero que duró bien poco frente a la presión continua del dial antes de dar el paso de retiro.

Y el sexto fue Mizuki, un tipo tiburón tigre que intentó dar espectáculo lanzando shurikens y haciendo piruetas en el aire, pero que a la hora de la verdad, al ponerse delante del soplador y gritar el "Tsuki-Tsuki", duró lo justo antes de perder el equilibrio y tener que retroceder.

Moja cruzó los brazos con más fuerza, ajustando los nudillos sobre sus bíceps. Viendo el panorama de esos seis primeros participantes, las cuentas le salían claras. Salvo por la mole del gyojin y la bestialidad del buccaneer, el desempeño de Kael había sido francamente bueno. Para ser un soldado raso compitiendo en un circo lleno de piratas con recompensas altas, usuarios de frutas raras y tipos gigantes, Kael no iba a quedar para nada en una mala posición. Había aguantado el tipo como un verdadero soldado de la Marina, sin circos, sin bailes y sin excusas.

Kael regresó al cubículo a paso firme, respirando un poco agitado por el esfuerzo de la presión pero manteniendo el tipo. Al llegar a su lado, el soldado raso no soltó discursos ni se puso a buscar aplausos. Se limitó a ocupar su lugar al lado del contramaestre, mirando hacia la pista donde la prueba aún continuaba para el resto de equipos.

Moja no se giró del todo, ni rompió su postura marcial. Mantuvo la vista fija en la arena, con la gorra blanca calada y las orejas tiesas captando el murmullo de la multitud. Pero, sin mover un solo músculo del rostro y con su voz habitual, seca, corta y grave como un disparo en la noche, soltó un murmullo apenas audible que solo Kael, estando a su lado, pudo escuchar:

-Buen trabajo, soldado. Has mantenido la posición.-

No hizo falta decir nada más. Moja volvió a clavarse en el sitio, en silencio absoluto, esperando a que la prueba del bastión llegara a su fin para ver en qué posición terminaba la Marina en esta locura de juego celestial.

Información
*Pienso*  -Hablo-  Narro
[Imagen: 5IZMHzN.jpeg]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 3698 + 0 = 3698
Energia: 3920 - 238 = 3682
Espiritu: 742 + 0 = 742
Su regreso al cubículo seis no pudo ser de otra manera, incluso y si esperaba algo más pacífico, donde pudiese recostarse un rato y reservar energías de cara a la siguiente fase de los eventos deportivos. Raito lo recibió levantándolo sobre sus hombros, y en la efusividad del momento Hasegawa se dejó llevar, elevando vitoreos desde las alturas y bajándose a los pocos segundos, otra manera de celebrar lo que en principio, fue un desempeño excepcional incluso sin la finalización de las pruebas, permitiéndose interactuar con sus compañeros antes de echarse en el suelo.

Las felicitaciones de Miyamoto le hicieron levantarle el pulgar a modo de respuesta, sonriéndole con los ojos cerrados, un gesto genuino que enaltecía las intenciones del marine, totalmente dispuesto a abandonar las diferencias en lo que durase aquel evento y quizás, un poco más, pues el capitán de los Hanu Mahana no le estaba cayendo mal. A diferencia del Carnicero de Whisky Peak, cuyo título referenciaba una matanza en la susodicha isla, desconocía que clase de crímenes podrían llevar a un tipo relajado y buena onda como Ryota a ser catalogado como pirata.

Aquello le interesaba, y bastante.

El más bajito de los rubios referencia la utilidad de unos corazones, y es Miyamoto quien le dice que es un poder genial, digno de envidiar. Shin, mientras tanto, se centra en Haakon, quien reconoce haberse quedado sin palabras luego de su demostración, revelando sus deseos a futuro si llegaban a combatir. —Dicen que soldado que huye sirve para otra guerra... —se encoge de hombros mientras el contrario da un paso al frente, exponiendo su enorme tamaño, aunque por supuesto que no iba a dejar la frase ahí —Pero yo no lo haría, menos sin ver motivos suficientes para siquiera considerarlo, ¡hahaha! —ríe al mismo tiempo que el pirata tras responder a su comentario ácido, sonando forzado y haciendo que ese tono vuelva más punzante su despreocupación por Sigurd. Jamás mostraría miedo, si de caso respetaría su fuerza, al final aquel sujeto tenía una reputación que mantener y dudaba que todo ese renombre no estuviese debidamente justificado.

Ya recostado en el suelo, pudo ver al hombre capaz de transformarse en araña hacer ese gesto típico con sus manos deseándoles suerte a los dos integrantes restantes del equipo seis, sacándole una nueva sonrisa, porque eso le había gustado. No iba tardar en hacérselo saber, levantando una de las manos que se llevó a la cervical y agitándola en dirección al cielo —¡Oye, RyoRyo! ¡Me gusta eso, queda adjudicado! —como acababa de hacerlo, entendería a qué se refería, no necesitando mucho más para volver a su postura de relajación, desde donde pretendía disfrutar el resto del show en la prueba donde había competido.

Fueron tres participantes adicionales, empezando por el silencioso Moja exhibiendo habilidades de lo más interesantes. Aunque no llegó a identificar con exactitud la velocidad máxima que alcanzó, sí se hizo notar en el ambiente, mostrando que la rectitud de aquel marine era sólo la puerta al mundo que podía representar.

Se le veía fuerte, entrenar con él y descubrir hasta qué punto podía llegar se convirtió en un objetivo.

Un buccaneer considerablemente más bajito que los otros dos tomó su turno. Lo reconoció de inmediato, era el hombre que estaba junto a Merlot en las gradas, Shin abrazó su lado competitivo y se inclinó hacia delante con tal de prestarle suma atención a su prueba, y aunque por dentro sabía sobre la imposibilidad de que siquiera lo alcance, la sonrisa en sus labios denotando una buena dosis de ego se hizo presente cuando en las sensaciones generales resultó evidente que quedó muy por debajo de su marca, volviendo a recostarse en el suelo.

Ese mismo impulso volvió, aunque más apaciguado, al momento de ver que el mismísimo Enji se pondría a prueba en en aquel desafío. —Si pierdes, será uno a medio punto, Tenryuu... —susurró para sí mismo, aún recordando el día en que, siendo un principiante con su akuma, fue fácilmente vencido por el Capitán marine. Y si bien, tuvo un desempeño digno de respetar, la marca que se llegó a apreciar indicaba lo evidente, también quedó por debajo de su puntuación. —Ja, cada día más cerca del empate. —todavía no tuvo la oportunidad de pedirle una revancha, pero se armaría de paciencia, en algún momento encontrarían el espacio en las agendas. Con ese pensamiento, soltó un largo suspiro.

Y justo cuando iba a relajarse, volvió a verla.

Esa cabellera rosada impregnó de vida lo que sus ojos percibían. Como acto reflejo, se quitó las gafas de sol, guardándolas en el bolsillo interior de su chaqueta, poniéndose de pie a medida que seguía su andar hacia el centro de la arena, donde se iba a realizar la prueba. Observó su silueta, reconocible desde el día en que ella lo llevó a nadar, las escamas a su espalda y la preparación previa a finalmente competir. Sin darse cuenta, sus labios se habían entreabierto, enmudeciendo al pequeño coliseo y aislándolo de sus compañeros, algo difícil considerando lo ruidosos en el buen sentido del concepto que podían llegar a ser.

Ese mismo color fue lo que la hizo distinguible, incluso luego de la transformación. Se le escapó una pequeña risilla, porque obvio, si se había convertido en pirata, tenía que haber consumido una fruta del diablo.

Soltó un nuevo suspiro, negándose a creer que Merlot hizo cosas a la altura de su recompensa, obligándose a centrarse en la forma de cebra que exhibía, y el galopeo casi fugaz hasta el otro extremo, punto donde se desveló el increíble puntaje que había obtenido. Shin aplaudió mientras silbaba, un claro apoyo a las increíbles nuevas habilidades de Merlot, quien buscaba deslumbrar al palco real con sus innegables encantos, luciendo otra vez como siempre.

Y aquel relato fugaz podría haberse terminado ahí, en el saludo de la chica al público mientras acomodaba el tanto, dando pie a otro participante. Sin embargo, de manera gradual empezó a entender que María no volvía a su cubículo, esa mirada pícara e inocente estaba cada vez más cerca, como esperó tantísimo rato en el festival de arroz y luego, esos dos largos años entre curiosas sensaciones de incertidumbre por perderse una oportunidad única de entender si la conexión que experimentaron significaba algo.


Sus pasos se siguieron contando, hasta dejarla a un escaso metro de distancia.

Como si la gravedad hubiese tirado de ambos durante todos esos días sin verse...

...hasta volver a depender de una coincidencia.

'¿Te gusta el arroz, Malvavisco?'

El oro comenzó a deshacerse cuando la escuchó, abandonando las estructuras de Shandora. El coliseo se deshizo, deformando su imagen, cayendo hasta la nada a medida que nuevos sonidos llegaban hasta él. Oleajes, gaviotas de fondo, el aroma a sal de una playa que atestiguó algo tan mundano como dos personas coexistiendo en el mismo lenguaje, incluso cuando estaban en completo silencio, descubriendo el mundo debajo del mundo.

Quizás, aquella cita pendiente dejó una parte de su tiempo en pausa perpetua. Y quizás, por esa misma razón, la impredecible María Merlot volvía a sus recuerdos con una insistencia que muy pocas personas habían conseguido a lo largo de su vida, porque mientras repetía las últimas palabras que le dijo aquella vez, todo volvía a cobrar forma, desde esa misma arena que pisaron descalzos, hasta el camino que los llevó por encima del cielo, con cada nueva aventura formando otras tantas cicatrices.

Y sobre todo, nuevas sonrisas.

Los segundos volvían a correr. ¿O se estaban deteniendo en un nuevo punto? Durante instantes, hasta algo así de sencillo le resultó extraño, perdiéndose en las palabras de María, en sus ojos, sus confesiones. La dejó hablar, preguntarle si sabía lo mejor de su nueva vida, y ofrecerle la respuesta sin tener que pasar por su propia voz contestándole, sintiendo las manos ajenas en su pecho, y su mirada más cerca que nunca.

Le dedicó un ejemplo sencillo y decidió recibirlo, aún enmudecido. Sus ojos cerúleos reflejaron la cercanía que se atrevió a reclamar, casi rozando ambos labios, llegando a pensar que iba a robarle un beso y llevándolo hasta la sorpresa, aunque finalmente entendiendo que quizás, era otro de sus juegos, pues subió otro poco y besó con una suavidad única la punta de su nariz. Sus manos tocaron los hombros contrarios, como si quisiera retener el pasar del tiempo un poco más, frenarla y empezar con sus tonterías, contarle lo mucho que le costó llegar a Skypiea, y cuánto perdió en el proceso.

Pero rápidamente entendió que las cosas jamás serían así.

Al menos, no en ese momento.

'… eso fue increíble, Malvavisco. ¿Acaso hay algo que no hagas bien?

Ignoró la pregunta, porque ella se separó, dejándole poco margen para elegir una de las tantas cosas que le habría gustado decir en su compañía. Quizás por fin encontró a alguien capaz de ganarle en velocidad, una distinta. —Me gusta el arroz, sí. Sobre todo cuando la única persona con la que realmente quise compartirlo no me deja plantado. —su sonrisa vuelve a brillar, una reminiscencia de la alegría sin condiciones que lo rodeaba en sus días aprendiendo sobre Isla Karate, un poco lejos de sus propios demonios. Una rutina que parecía repetirse siempre que ella se acercaba, irrumpiendo en su espacio sin pedir permiso, y cegando a los ojos fantasma.

—Eres terriblemente mala robando besos, María. Tendré que enseñarte cuando todo esto termine. —esas palabras sonaron más dulces de lo que le habría gustado, desvelando de manera indirecta un creciente deseo porque se hubiese detenido en un punto distinto segundos atrás. —La próxima vez, no dejaré que te escapes. —afirmó, dejándola marchar. —Al menos no por tanto tiempo. —palabras soltadas junto a un suspiro, a medida que esa silueta volvía a perderse de su mirada, dejándolo en su cubículo, repleto de pensamientos que no sabía donde ordenar. Sólo le quedaba volver a acostarse en el sitio que había elegido mientras los chicos parecían pelearse entre ellos, con Akira arrojado hacia Sigurd y este último apartándolo, pero la mente de Hasegawa permanecía en otro lugar, y no distinguía del todo cuál era exactamente a medida que se dejaba caer, acomodándose.

'¿Dónde estuviste toda mi vida?'

Un silencio vacío inundaba su mente.

'¿Acaso hay algo que no hagas bien?'

—Supongo que llegar a tiempo.

A solas en su espacio personal contestó esa halagadora pregunta retórica, sonriendo con cierto deje de resignación en el resto de su expresión. Volvió a colocarse las gafas de sol y se quedó observando el cielo, ignorando al mundo durante un rato, completamente sumergido en una inmensa cascada de recuerdos, como si hubiesen nadado juntos otra vez. Tardó en darse cuenta de que se había perdido al último participante, y su desfachatez característica volvió a aparecer.

[Imagen: e970dcee-40cd-456c-b72f-ae3a1be2483a.png]

—Bueno, no importa. De todas formas, ya gané.

Cerró los ojos algunos minutos, escuchando los anuncios con una paz inexplicable.

— ¡¡HASEGAWA SHIN ES EL GANADOR INDISCUTIBLE DE ESTA PRUEBA!! —

Aquello no pareció cambiarlo en absoluto.



El calor del público lo trajo gradualmente al presente, en donde procesó su victoria abultada con una sonrisa orgullosa. Seguía pensando en Merlot, sí, pero también se permitió regocijarse un poco en lo que consiguió, porque no todos los días se compite de esa forma en el cielo.

Ante todo, el show debe continuar, una lección aprendida en el mundo del espectáculo, y llevada a cabo por el Dirigente, quien tras lo sucedido en la prueba de Céfiro dio lugar al desafío del Bastión, liberando otra de esas cápsulas que dejaban curiosas humaradas antes de la aparición del contenido que guardaban. Eran artefactos extremadamente útiles, se preguntaba como se podrían fabricar...

El caso es que, con el nuevo escenario montado en forma de potros de salto y diales junto a otro Den Den Mushi, se desveló que se trataba de una prueba centrada en la resistencia, y sus ojos volvieron a fijarse en el gigante de siete metros que tenían en el equipo. En completo silencio vio a la tortuga identificada como Juan Sebastian en el centro de la arena, y luego se puso de pie para apreciar y tratar de soportar la presión de aire junto a su amigo al momento en que este ingresó al campo. Le deseaba lo mejor, sí, pero al mismo tiempo quería ganar, por ello no discutió la decisión del Carnicero de Whisky Peak, prácticamente pensando lo mismo que él.

—¡Sí, sí! ¡Yo te los cuido! —exclamó el albino, en referencia a los cuatro martillos de Haakon. Se los quedó mirando en vez de al buccaneer cuando se fue, tratando de dimensionar a cuantas personas habrá matado con ellos, y observándolo de vuelta, con un fuego particular en su mirada.

Todo lo que sucede a continuación es un relato que se narra por sí solo. Los dos en la prueba del bastión que estaban a la cabeza, eran Juan y Kael, superando de manera considerable a un Sigurd que maldijo su "derrota" ante los miembros de la marina. Shin, antes de que aquella mole volviera, advirtió a sus compañeros —Denle espacio. —ni más, ni menos, aunque lastimosamente Akira no pareció leer el momento, ofreciéndose a tomar unas cervezas con él. ¿No se da cuenta que eso acabaría con él muerto? En fin, luego se lo diría.

Por ahora, se mantuvo firme en el cubículo seis, observando el desarrollo de la prueba, el recuento de puntos y claro, como iba quedando Haakon en relación al resto. Él ya había hecho todo lo que pudo por el equipo seis, ganando su desafío, y quería terminar en el puesto número uno, su espíritu competitivo se lo demandaba. No le hacía tanta gracia depender de otros, pero tampoco es que le quedaran más opciones —Ve preparándote, Akira. Si vas a la siguiente te quiero concentrado, porque esto está muy reñido. —aseguró, hablándole al rubio con una actitud más relajada y seria, sin quitar los ojos de encima detrás de las gafas a lo que iba sucediendo en el la arena, el punto central de los Juegos del Soberano.

Let there be light
[Imagen: vEBNZb3.png]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 3093 + 0 = 3093
Energia: 3471 - 375 = 3096
Espiritu: 1132 + 0 = 1132
No lo podía creer, para nada de lo que estaba pasando, me ponían de los nervios, no solo el marine que vino después de mi fue más veloz que yo, el que vino después de él también fue más valor que yo. No pude negar que sentí mis bolas ponerse de corbata, no esperaba que la competencia fuera tan alta. No iba a ser capaz de alcanzar el techo en ninguna disciplina. Antes en las artes combativas y ahora en su vuelo. No negaría que me había desanimado ver que uno tras otro tenían tal agilidad. Incluso la mujer caballo hizo parecer mi vuelo como un paseo por el parque. 

chasquear una y otra vez las lenguas de pensar que cada competidor hacía cada vez bajar más sus posiciones. — A todos les va excelente, son muy buenos. — Había que admitirlo, aunque lo dijera por sí mismo. De la misma manera, aprovechar de ver a los demás antes de volver a su cubículo. Donde sus compañeros pronto esperaban resultados. Las noticias sería mejor darlas por sí mismo. Iría con un trote suavecito luego hasta donde el equipo ocho nos resguardamos. en cuanto entré les dije la verdad a mis compañeros. No podía ser tan egoísta de no decirles. 


— Chicos, lo di todo, pero son realmente muy rápidos aquí. Hasta la mujer cebra pasó por esa meta a una velocidad impresionante. Y el tipo que brilla, el marine, es un peligro, si son la chica esta que va diciendo abiertamente que son piratas tengan cuidado con él. No creo que puedan escapar de él en un uno a uno. —


Fui claro con ellos con mi opinión, dentro de la competencia y fuera de ella. No es como que les tuviera que importar, pero un simple proceso de observación me daba cuenta que aquí o hay piratas o hay marines. Estaban las caras de muchos en los periódicos. Yo tenía la oportunidad de que el color de la raza parecía darme un estatus, pero ciertamente yo no había hecho mucho mal, de hecho, había hecho lo justo y necesario para sobrevivir. 


Al final los resultados fueron igual que con los del chico de cabello rosado. — Rayos, no pude ayudarlos a sumar muchos más puntos. — Confesé un poco decepcionado de mi mismo. Solo seguía en la competencia porque la leyenda mítica, la cabra, el jugador más valioso, se equivocó. Por otra parte pensaba que le podría ganar al marine felino, puma. Me llevé la mano a la cabeza, por los mareos y lamentaciones que no me soltaban. Comienzo a creer que los gritos de la gente durante la competencia me dejaron un poco peor. 


— Una competencia de resistencia. ¡ES NUESTRA OPORTUNIDAD DE VOLVER A LA COMPETENCIA.! —  Quería contagiar del animo que me transmitía el dirigente. — ¡No decaigamos! Aun estamos los cuatro aquí. ¡ podemos seguir sumando puntos! — El fuego volvió a pasar a mi espalda, vibra con fuerza e ilumina con mi excitación, digo, con mi emoción, que a su vez ponía muy animado a mi compañero que desde que llegué no ha querído tomar un más minimo descanso. 


— ¡San Gholao! ¡Varo! Contamos con ustedes. ¡Por el ocho del morocho! — A ver, que yo estaba claro que lo de las porras tal vez, solo tal vez, no es mi fuerte, pero quiero llevarlos con los ánimos hasta el límite de manera que puedan alcanzar su máximo y podamos obtener los deseos. Si no me equivocaba el equipo cinco seguro era el equipo con más puntos hasta ahora, pero con un milagrito todo es posible. 


ocho del morocho


Extendí mis manos en forma de puños hacia ellos para que chocaran, lo mismo hice con Yakinthos cuando regresó de su ronda, pero la verdad creo que los muchachos no parecen recibir mi espíritu. Puede que también les incomode un poco el tamaño y lo visible que es mi compañero con V larga.


Jackson canta Smooth criminal
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 3462 + 0 = 3462
Energia: 2878 - 79 = 2799
Espiritu: 1102 + 0 = 1102
Para mi sorpresa, la tortuga terminó uniéndose también a fumar, y al parecer esta era su primera vez. Cuando Stroud regresó, y a pesar de sus palabras, comprendí que yo sería la única en no formar parte del club de fumadores, pero no me importó. Al menos, estábamos al aire libre y no molestaría demasiado…

En cuanto a mi pregunta, Juan comentó que Maki había formado parte de la Marina. ¡Y ahora era pirata! ¡Qué curioso! ¿Qué habría pasado en su vida para dar un cambio así…?

Juntos, observamos al resto de participantes de la prueba, pero cuando me giré emocionada hacia ellos para comentar el concurso de belleza, el gyojin se escondió en su caparazón de tortuga antes de responder con voz triste.

―¡Ay, no! ―exclamé con orejitas gachas, sintiéndome culpable de inmediato. Enseguida me pongo en cuclillas junto a mi compañero y comienzo a darle suaves golpecitos en el caparazón. ¡¿Qué he hecho?! ¡Oh, el comentario de su madre!―Bueno, nunca he visto a otro gyojin cangrejo, ¡pero seguro que ella sí y tenía razón! ―intenté animarlo. ¿Lo habría hecho bien? No estaba segura… ¿Y si…?―. Además, incluso si no fuera así, a nosotros nos daría igual. ¡Te queremos muchísimo tal y como eres! ―aseguro mientras me abrazo a su caparazón con un poquito de fuerza para que pueda notarlo bien―. Eres bueno, amable, divertido… ¡y muy grande y muy resistente! ―añado extendiendo los brazos hacia el cielo―. ¡Yo nunca nunca podría ser tan grande y resistente como tú! ¡Eres muy guay, Juan!

Por suerte, tras anunciar a la ganadora, se expone la siguiente prueba, la cual funciona como una distracción perfecta.

Juan, tal y como dijo, no era una opción, y Jin no tardó en proponerse. Cuando le pregunté si estaba seguro, él insistió. Fue entonces cuando me di cuenta de  que me había llamado por segunda vez en poco tiempo “señorita marine”.

―Sin problema. ¡Me llamo Nyra, por cierto~! ―me presenté, siguiendo el juego que manteníamos hasta ahora.

No pensé que hubiera mucho problema porque el dirigente ya había anunciado nuestros nombres, pero a veces se me olvida que no todos tienen tan buena memoria como yo. Eso me hizo pensar… Del grupo del pelirrosa que no identifiqué reconocía a todos por los carteles. Entonces, teniendo en cuenta los cuatro nombres anunciados… ¡debía de ser Hyakinthos! ¡Tenía sentido! Aunque juraría que en el cartel llevaba gafas…

En cualquier caso, tras prestarle mis zapatos, él me dejó los suyos. A mí no me habría importado quedarme así durante la prueba, por eso no me había puesto mis botas antiguas, que seguían en mi mochila… ¡pero estaría feo rechazar su amabilidad!

―¡Muchas gracias~! ―asiento al tiempo que tomo los zapatos de él y me los coloco. Me están algo grandes, ¡pero son muy cómodos!

Y así, ya atenta al escenario, comienza al fin la Prueba de Céfiro.

La primera es una pirata, Yuuki. Con sus alas de birkaniana, se movió a una gran velocidad. En cuanto terminó, se anunció como una orgullosa miembro (la más pequeña) de los Hanu Mahana.

Justo después se presentó Kurovongola. Hacía bastante que no lo veía en el periódico, y definitivamente parece mucho menos sanguinario que en esa imagen… Se movió… ¡rapidísimo! Si ya fue imposible ver a Yuuki, a él ni se diga. Pero… ¡¿dónde está?! No lo veo cerca del medidor… ¡¿Eh?! ¡¿Qué hace allí?! ¿Habrá podido grabar su puntuación el marcador…?

El siguiente fue un lunar… VALE. NO. ME NIEGO A MIRARLO. De hecho, ya me había girado para no verlo. ¡¿Qué se había metido dentro del pantalón?! Con la mano cubriendo mi visión hacia la arena, no volví a mirar hasta que los aplausos del público me indicaron que su participación había terminado.

El siguiente es…

―¡Es Shin, es Shin! ―exclamo bajito, aplaudiendo con suavidad al ritmo de mis saltitos.

Querría haberle gritado ánimos, pero sabía que tendría toda una puesta en escena planeada y no la quería arruinar. ¡Y así era! Con un aura dorada-transparente que no le había visto hasta el momento, y con una más que merecida advertencia al público… desapareció. Moví de inmediato mis ojos al poste medidor y más allá, donde ya había reaparecido. Unos estiramientos despreocupados mientras lo envolvió un brillo mucho más vistoso y amable.

Y, por supuesto, una presentación final que todos los allí presentes recordarían para siempre.

―¡¡El mejor marine de la historia!! ¡¡Vivaaaaaaaa!! ―exclamo de nuevo, esta vez a viva voz, coreando su última frase entre grandes aplausos.

El siguiente en la prueba es Moja. Me da un poquito de pena, porque cualquiera que fuera detrás de Shin iba a lucirse menos de lo que realmente lo habría hecho en cualquier otro momento.

Sin embargo, una música animada de un estilo más que reconocible me hace girarme hacia Masami. ¡Oh! ¡Está dando ánimos! Y si a eso le sumamos la velocidad potenciada por la electricidad de su cuerpo y el uso de su flecha, ¡sin duda se ha quedado con una muy, muy buena marca!

El siguiente… ¿Bartolomeow? Guau, hace al menos dos estaciones que no sale en los periódicos. ¡También tiene una zoan! Arañas, iguanas, topos ¡y ahora un águila! Es un animal rápido, rapidísimo, ¡se lo ve incluso menos que a la mayoría! ¡No me sorprendería que se quedara con el segundo puesto!

¡Y lo sigue Enji! No entiendo bien cómo le puede ayudar usar esa cosa de tentáculos y pinchos a ir más rápido, ¡pero funciona! Guau, viendo cómo ha dejado el suelo, eso debe de ser superácido, parece peligrosísimo…

Se presenta otra chica, también pelirrosa, curiosamente. De nuevo, por sus ropas, adivino que debe de ser amiga de Miyori, Hyakinthos y Maki. ¡Qué guay que hayan venido todos a juego! En su caso, se transformó… ¡en una zebra! Era prácticamente un caballo, ¡y esos son rapidísimos! Está bastante claro quiénes se quedarán con el segundo y tercer puesto.

Sin embargo, cuando termina la prueba, no se dirige a su cubículo. La observo con el rostro inclinado, confusa. ¿Se habrá confundido?

Pero no. Se colocó, exactamente, a un metro ante Shin. «¿Se conocen…?».

Por supuesto, desde donde estoy, es imposible escuchar la conversación. Lo que sí puedo ver con claridad una vez me acerco al borde de la plataforma, es lo que ocurre allí. Mis orejas se agachan, pues lo que al inicio no son más que palabras, se convierte en una distancia que acelera mi corazón con cada centímetro que se reduce. Las manos en su pecho me roban un latido. Sus rostros se acercan, sus labios aún más y, desde donde estoy…

Un beso.

Incapaz de moverme, no pierdo el menor detalle a la escena. ¿Cómo reacciona él? La toma de los hombros y, por primera vez, lejos de sanar, su sonrisa quema.

De repente, inspiro como si hubiera estado minutos bajo el agua. ¿Cuándo había dejado de respirar? Aquella bocanada me hizo percatarme de la sequedad en mis propios labios, y me apresuro a tomar la cantimplora para tomar algo de zumo mientras, tratando de ignorar la incomodidad que me transmitiría seguir mirando a cualquiera de los dos, observo a Jin realizar su prueba.

«¿Por qué?». ¿Por qué me tiemblan los dedos cuando la abro? ¿Por qué tantas sensaciones tan desagradables como desconocidas? «¿Por qué?».

Para cuando vuelve, mi cantimplora ha vuelto a su sitio y, tras aplaudirle, vuelvo a cruzarme de brazos para tratar de esconder entre ellos mis manos.

―Lo has hecho muy bien, Jin ―lo felicito ignorando el nudo en la garganta, esforzándome por sonreír y alzar un poco las orejas. Ante su comentario, no tardo en dar una respuesta que, en este momento, siento casi más cerca de la mentira que de la verdad―. Sí, lo sé; me preocupa que aún no sé en qué prueba podría participar yo. ―Me quito los zapatos deprisa, sin querer hacerle perder el tiempo cuando él comienza a desabrocharse las botas―. Ha sido un placer, aunque el mérito es de Juan.

La sonrisa que me esfuerzo por mantener hasta entonces desaparecería en cuanto el foco volviera a dirigirse al dirigente. Uso de excusa estar colocándome las botas para poder estar más tiempo en el suelo, distraída por mis pensamientos. Termino por ponerme en pie ante la inmensa felicitación a Shin. Aplaudo y sonrío de nuevo. Me alegro por él, especialmente cuando noto asomarse al emperador por tener la segunda mejor marca de la historia, sólo tras él, pero es una sensación agridulce. También ella, María Merlot, ha quedado en el podio.

Observo irse a las gradas a los puestos más bajos de la nueva ronda, que aun así fueron más rápidos de lo que yo lo habría sido de haberme presentado. A pesar del tiempo de entrenamiento, sigo siendo la más débil de mi división… y ni siquiera sé qué prueba haré.

Pero ¿realmente es eso lo que siento que me aprisiona el pecho?

Los sentimientos negativos se suman unos a otros, enredándose entre el vientre y el pecho. Sin embargo, procuro ahogarlos tras una sonrisa más ante una prueba que es evidentemente para Juan.

―¡Vamos, esta es la tuya! ¡Lo harás muy bien! ―exclamo, esforzándome por recuperar el tono de antes a pesar del peso en el estómago. Al menos, se lo ve claramente mucho más animado.

No importó que se tropezara. Sabía que lo haría bien… y así fue. Dejó una resistencia que sería realmente difícil de alcanzar para cualquiera, incluso Kael, a quien Juan no tarda en animar. Yo también sonreiría al moreno cuando se dirigiera a la arena para realizar su prueba. Lo sigue Sigurd, luego un tipo que no conozco… ¿Realmente no sé quién es… o por primera vez no recuerdo una cara o nombre en la competición? Barald, Kael me habló de él. Aquella isla…

Muevo la cabeza de un lado a otro un momento, tratando de esforzarme por seguir en el presente. Sin embargo, una gran parte de mí está muy lejos de lo que tiene ante sí…



Kuroshiro
[Imagen: bskx3zy.jpeg]
María Merlot.
 
Tanta belleza debería ser irreal, el sueño de un dios loco.
 
Si alguien se atreviera a describirla las palabras se quedarían cortas ante el espectáculo de mujer que en realidad era la mestiza.
 
Solo quienes la veían en vivo y en directo podrían entender el poder escondido detrás de tan bellas facciones, solo así se podría entender el porqué muchos se quedaban paralizados ante su sola presencia.
 
Por supuesto… ¿Cómo no podría estar orgulloso de su mejor producto? Ningún ingreso de emergencia podría igualarse a ella, por eso, cuando la vio salir de su cubículo y apoderarse de la arena, no pudo evitar que su pecho se inflara con orgullo, pues, aunque ahora estuvieran en equipos distintos, sabía que siempre tendría a su lado a la más bella, a La Joya del Mar.
 
—Abran bien los ojos, a simple vista parece que la hermosa sirena puede ser solo una cara bonita, pero María Merlot es mucho más…Ella siempre sorprende —. Comentó en voz alta a los miembros del equipo 8 que en ese momento estaban en la plataforma. No pensó si quiera en disimular la atención que le prestaba a su compañera de tripulación, aunque un par de segundos después sonrío nervioso…cierto, se supone que debía apoyar a su equipo, no a otros. —¡Je! Lo siento, pero somos de la misma tripulación…sería raro no apoyarla…
 
Y fue cuando terminó de hablar que vio en medio de la arena algo que no esperó ver: MM transformada en cebra.
 
Abrió la boca por la sorpresa, nunca creyó que en verdad usaría aquella habilidad, que tan triste la había tenido, en los juegos organizados por un emperador desconocido para ellos; sin embargo, a pesar de aquel desconcierto inicial, no pudo evitar soltar un grito de apoyo y alzar su puño cuando vio como la PeCebra pasaba con rapidez frente al caracol que medía la velocidad.
 
Es verdad que no había sido tan rápida como el guapo marine de cabellos blancos, pero sí que había superado a muchos en la prueba.
 
"¿Por que están gritando, que paso?"
 
El médico soltó una risa cuando escuchó a su compañero mink, el más viejo, preguntarse lo ocurrido. No es como que se burlara, simplemente, describir todo lo que acababa de pasar tan rápido le parecía casi imposible.
 
—Más bien… ¿Qué no pasó, Anciano? —Se cruzó de brazos y le dedicó al viejo burro una sonrisa de medio lado. —Fueron tantas cosas en tan poco tiempo que me sorprende que los caracoles esos puedan captar la velocidad a la que se mueven aquellos monstruos.
 
Le habría gustado hablar más, pero en ese instante, sus ojos se desviaron hacia donde caminaba María Merlot. Estaba a punto de gritarle que aquel no era su cubículo, después de todo, sabía bien que la chica, al igual que él, tenía una pésima orientación; sin embargo, antes de que pudiera decir nada, notó como empezaba a hablarle a aquel marine guapo de cabellos blancos… ¿Qué le decía? Imposible saberlo desde su lugar, estaba muy lejos para escuchar, pero no estaba tan lejos como para ver lo que ocurrió después.
 
Era increíble como en tan poco tiempo la misma mujer lo había dejado con la boca abierta ya en dos ocasiones… ¿Un marine? ¿De verdad besaba a un maldito, pero estúpidamente guapo, marine? Soltó una carcajada, no podía creerlo, así como no podía creer los insultos que vinieron desde las gradas, unos que pudo reconocer que venían de parte de Maki D. Zen’in… ¿Por qué se enojaba tanto por un simple beso en la nariz?
 
Miró a Merlot alejarse del marine, ese beso había sido casto, demasiado casto… ¿En serio así besaría a un tipo tan guapo? ¿No aprovecharía más?
 
—¡MERLOT! ¿QUÉ CLASE DE BESO FUE ESE? ¡BESA A ESE MARINE CON LAS MISMAS GANAS QUE ME BESASTE A MI O IRÉ A BESARLO YO! —No pudo evitarlo, tenía que gritarle desde su lugar, hacer que la escuchara en la arena, aunque eso significara que el resto también pudiera escucharlo… ¿Le importaba? No, daba igual, después de todo, esto era un espectáculo y estaba más que seguro que a las personas de las gradas no le molestaría ver en vivo y en directo una novela desarrollándose frente a sus ojos mientras esperaban el resultado del segundo juego y se preparaban para el tercero…podrían llamarlo un medio tiempo.
 
Al final de todo no supo si Merlot o el Marine luminoso lo llegaron a escuchar, pues la voz de Heras, quien regresaba a su sitio, lo hizo mirar hacia arriba.
 
—Es un juego, Lunarian —. Debía pensar en un apodo adecuado para el enorme hombre alado, no podía llamarlo Pollo Negro. —Y de todos modos no quedaste descalificado y con respecto al marine… ¿Te parece un peligro que nos atrape? A mi no me molestaría que fuera él quien me guiara a una prisión —. Bromeó antes de que la voz del Dirigente se apoderara de nuevo del escenario, anunciando a los ganadores, por supuesto, había uno indiscutible, además, Merlot quedó en un buen lugar y, como le dijo antes al lunarian, estaba claro que no había sido eliminado…aunque fuera un juego, eso último le quitaba un peso de encima.
 
Los griteríos siguieron e incluso él se unió a los aplausos hacia los ganadores, aunque pronto estos pasaron a representar la emoción de una nueva prueba por venir.
 
—Bastión…resistencia… —Escuchó las palabras del viejo burro, tenía razón…de hecho, al escucharlo, el médico pudo sentir una inexplicable paz, casi tanta como cuando su maestro, el médico que lo ayudó hace años y que lo mantuvo alejado de la vida criminal por un tiempo, le hablaba…solo que en mayor, pues su maestro no era tan anciano como el mink a su lado. Era curioso, hace bastante tiempo que ninguna persona lograba transmitirle tanta tranquilidad…Sí salían de ahí le gustaría entrenar con el mink o al menos conversar con él, esto sin intención de destazarlo ni nada por el estilo, esta vez era por curiosidad genuina. Se aseguraría de pedirle su contacto cuando salieran de ahí. —Jmmm, no lo dudo, anciano, ve a la prueba y buena suerte…Aferra bien las pezuñas al suelo —. Habló con voz calma antes de que el moreno alado hablara con mucho más entusiasmo, incluso incitándolos a chocar los puños.
 
El médico miró la mano extendida, luego a Zhang y a Varo… ¿El tierno hurón ya estaba mejor? No podía decirlo con exactitud, pero tampoco era el momento para preguntarle, así que siguió centrado en el gesto del más alto, haciéndolo ceder para chocar puños con el hombre.
 
Se alejó un poco después de chocar puños, acercándose un poco al borde del cubículo para ver a los nuevos participantes de la prueba y eso era…¿ERA UNA TORTUGA? Y Una muy resistente por lo que veía, era increíble y bastante cool, incluso adorable ¿Para qué negarlo? No importa que se tratara de un marine, luego de eso otro hombre de uniforme blanco y brillantes cabellos negros tomó el escenario, parecía ser fuerte también o, mejor dicho, resistente…pasó lo mismo con el resto, un rubio enorme, un ¿Oficinista? ¡Ah, claro! Era el que animaba a Merlot en el equipo 9, un chico con cicatrices en la cara que lo hacía lucir bastante cool, un… ¿Tiburón? Alzó una ceja, los participantes de ese turno sí que eran curiosos y, por último, pero más importante para él, pasó el mink burro.
 
Lo vio clavar bien sus pezuñas al suelo, saludar al público con educación…Era bastante respetuoso y, por algún motivo, eso hacía que el médico, quien solía ver a la gente como mercancía o descarte, sintiera cierto respeto por el anciano.
 
Aunque lo que más lo asombró de todo eso fue como su cuerpo se iba deshaciendo a medida que sus piernas cedían ante el aire de la caracola…Blanco…nieve…eso era nieve…Lo hizo temblar por un instante, aunque no apartó su vista, hizo bien, pues luego esa misma nieve tan blanca como las nubes, terminó formando un par de alas en la espalda del anciano… ¿Qué? ¿De verdad podía hacer eso? ¡ERA FABULOSO! Ya quisiera él poder lucir alas de nieve, sus ojos brillaron con la emoción de un niño pequeño en navidad, era simplemente espectacular, aplaudió con ganas, celebrando la participación de su compañero...¡Eso era lucirse! Ganara o perdiera.
 
—¡ESO ANCIANO, ERES FABULOSO! —Gritó desde su lugar. Al final parecía haber sido contagiado por la alegría del público.
 
Botiquín. Abrir solo en casos de emergencia
[Imagen: hyakocheja.png]

La enigmática voz del dirigente se levanta tras finalizada la segunda prueba de tan aclamado evento. Nombres van y vienen, puntuaciones son designadas de acuerdo a las capacidades de los participantes. ¿Quién besará los labios de la diosa de la victoria y quién desviará la mirada al sentir su insensible desapego? El azabache de expresión petulante es el primer descalificado sin haber tenido la mínima oportunidad de siquiera rascar un punto en la competición. La expresión de la amazona pasa de la amabilidad de dulces sonrisas a la más honesta burla en tan breve instante que parece haberlo ensayado de antemano.

¡Incluso para ser edgy hay que tener material que lo sustente! Al final la risa de la kuja escapa sin vacilación, incluso se agarra del estómago intentando respirar con normalidad. ¡Basta! No desea perder uno solo de los nombres expuestos. El puntaje de Shin, por fin, provoca que se tranquilice, lanzando un desconcertado silbido; en su vida podrá percibir tal velocidad frente a sus ojos. ¿Le aterra la idea? En lo absoluto. La admiración no le debe nada al temor, tampoco a la osadía.

Las sorpresas no dejan de llegar, nombres leídos en periódicos. ¿Aquel fortachón trabaja para un shichibukai?



”Hay quienes aman lamer los zapatos de otros.”

Piensa con cierto tinte de rechazo, la idea de someterse y perder la libertad, con obvia intención tras ello, le parece ridículo.

La valoración de MM pronto llega a los oídos de los espectadores. Runin sonríe de par en par, no hace falta hacer extenuantes cálculos para entender que la mujer de hebras rosáceas no caerá en la eliminación. Lástima que dicha expresión mengua al entender la realidad tras ello. Shin es nombrado como el vencedor de la prueba del Céfiro, Yuuki es condenada a la eliminación. La mirada de la carpintera busca a la pelirrosa de los Hanu Mahana hasta dar con ella, la manera en la que sube hacia las gradas encontrándose con quienes han perdido sus respectivas rondas provoca un largo y tendido suspiro en Runin.

El malestar inicial desaparece tan rápido como llega. ¿Por qué sentir lástima por su amiga? No. Esto es una oportunidad para abrir los ojos, para comprender sus fortalezas y debilidades, para desear mejorar en algo o decidir que prefiere no hacerlo. El mal sabor de la derrota no va a extinguirse con palabras de aliento ni con un agridulce consuelo; solo Yuuki sabe cómo se siente. Solo ella sabe si quiere guardarse el sentimiento o exponerlo, si necesita gritar y echarse a correr al finalizar el evento o si entrenará hasta que le ardan las piernas y la respiración se entrecorte.

Runin confía en Yuuki tanto como en cada uno de sus compañeros. Un simple puntaje no los detendrá durante mucho tiempo; solo servirá para incentivarlos a seguir adelante. Porque, en medio de tantas risas y tonterías, de infantiles discusiones y excesivos enfados, de egoísmos, apuestas y aventuras, son un grupo orgulloso que sabe cuándo levantar el mentón, admitir la derrota y preparar el siguiente plan para cambiar las tornas.

Quizá es por ello que la amazona respira a profundidad, inflando el pecho, sonriendo de medio lado. Esto no se ha acabado, no, de momento se encuentran empatados con el sexto equipo. Ryota vs Runin. Navegante vs Carpintera. La emoción bulle como los gritos de la audiencia y el propio dirigente al entonar la próxima prueba a superar. ¡Ah! ¿Qué tanto podrán ascender? ¿Hasta qué punto el noveno grupo podrá llegar? Los orbes chocolate de la kuja brillan con intensidad, incluso sus hombros parecen temblar. ¡Hace tiempo no se divertía tanto!


La Prueba del Bastión de inicio.

El escenario está preparado. ¡Ah! Ahora el pequeño caracol es color celeste y no rojo como en la competencia de los colosos. Runin observa a su alrededor ¿La pequeña de hebras castañas participará o lo hará el tímido Ynal? Mientras la decisión toma forma a través de ellos, los primeros competidores hacen acto de presencia.

¿Eso es una tortuga? La intriga se apodera de la fémina, quien intenta ver un poco más, poniéndose de puntillas. ¡De verdad es una tortuga! Parece esconderse en su caparazón cuando la prueba da inicio y ¡resiste un montón sin moverse! ¿Qué tanto podría resistir los vientos que exhala el particular dispositivo? Incluso alguien tan egocéntrica como Runin entiende sus límites, jamás estaría al nivel de la criatura que es alentada por Akira. ¡Sí que grita! Hasta el sexto cubículo llegan sus alaridos. La amazona ríe ante ello.

El siguiente en aparecer es un hombre de actitud serena, algo estirada, aunque afable. Un marine en toda regla, de esos que los niños ven pasar y ante quienes unen las manos en plegarias, creyendo que un futuro justo y amable aguarda a la vuelta de la esquina. El elegante hombre resiste, no tanto como la enigmática tortuga, pero lo hace, hasta que un paso hacia atrás lo obliga a regresar a su cubículo.

Al enorme hombre lo ha visto con antelación como miembro del sexto equipo. Tiene músculos sobre los músculos, una cabellera rubia que no sabe si lava con regularidad y un estruendoso espíritu que obliga a todos a contener el hálito y mantenerse expectantes ante su intervención. Un aplauso, un grito y la prueba de inicio. ¡Resiste! Aunque menos que los otros dos hombres, cae al piso en un movimiento que le arranca una risa entrañable a la amazona. Es divertido. Está segura que Ryota no debe pasar aburrimiento junto a hombres con personalidades tan marcadas.

¿Está listo? Ynal está listo. Es quien decide ser partícipe en la prueba, aquel que, confiado, les entrega su más preciado compañero a ser cuidado. Runin no demora en agacharse para extender su brazo y permitir que el hurón suba por este hasta saltar hacia su cuello. Es cálido y suave, la sensación le es ajena, acostumbrada a las escamas y la robustez de Cardan. ¿Qué estará haciendo ese tonto? Espera que no intentando robar comida a los demás comensales. ¿Tocho Morocho cuidará bien de él? Si, es más que seguro.



—No te preocupes, cariño. ¡Nos haremos cargo! Tú solo ve y demuéstrales quién manda.

Sonríe deseando levantar la moral del oficinista. El hombre no pierde tiempo al llegar a la área, pronuncia las palabras mágicas y el viento sopla, primero sutil y manso hasta convertirse en rudeza y tormenta. —Tú puedes, Ynal… —La concentración de la mujer es notable, incluso Omi levanta su pequeña cabeza para no perder detalle alguno. —¡Tú puedes! —Continúa, un poco más, sabe que Ynal está dando todo de sí, se nota en su expresión, en la manera en que su cuerpo hace hasta lo imposible por resistir. Ella escucha el grito que el salaryman profesa ondeando en el corazón de todos.



—¡DALO TODO, YNAL!

Grita entusiasmada, no importa si momentos después la prueba culmina, por un instante ni siquiera interesa el puesto que pueda llegar a ostentar. Ha ayudado a Runin y a Maria momentos atrás, y a pesar de su evidente nerviosismo ha alzado su voz en medio de la mirada de conocidos y desconocidos. Ynal es valiente. Los pasos de este se acercan al noveno cubículo, las palabras están de más.

—¡Ni se te ocurra volver a disculparte! —El pequeño hurón escapa al hombro del oficinista. —¡Levanta el mentón, Ynal! Fue una participación excepcional. —La cercanía entre Omi y el hombre provoca que la fémina sienta calidez, quizá a veces se vea así cuando está cerca de Cardan, aún a pesar de sus constantes infantilismos y conocidos dramas. —Omi te apoyó en todo momento. —Porque el hurón no perdió un solo movimiento de este.

Es ahí cuando un nuevo hombre aparece en la arena. ¡Barald!...



—¿Barald?

La amazona no puede evitar fruncir el entrecejo en completa confusión. ¿Qué hace participando en una prueba de resistencia? No desconfía de las capacidades de sus compañeros, sin embargo es consciente de las fortalezas y necedades de varios de ellos. Los brazos de la mujer se cruzan, la frente se frunce con aún más ahínco sin siquiera percatarse. ¿Aquel grupo se ha quedado sin ideas? A ese paso no parecen ser aptos para sobrevivir en el evento y sabe bien que no es por sus habilidades, no, Barald puede dar mucho más que eso en cualquier otro aspecto.

—Ay, cariño… —Pronuncia bajo, no necesita palabras vacías y carentes de ánimo, no él. La fémina se percata de la expresión que lleva encima, así que trata de relajarse un poco, buscando con la mirada a Mahou. —Casi acaba esta ronda. ¿Estás lista para la última prueba, cariño? Será tu momento de brillar. —Lejos de intentar intimidarla, trata de mostrarse gentil. El siguiente participante de la prueba del bastión hace acto de presencia.

—¿Lo conoces? —Cuestiona. El cortes ¿burro? inicia el desafío. ¿Qué es eso? ¿Nieve? Al final retrocede en un espectáculo que se roba la completa atención de la amazona. Unas impecables alas aparecen en su espalda. ¿Por qué todos en ese lugar son tan singulares?  —Qué tipo… tan genial. —Como muchos de los presentes. Ascender hacia el cielo no es algo particularmente sencillo, solo los elegidos pueden darse el lujo de llegar hasta ahí. ¿No?



—Bola de excéntricos.

Quiere enfrentarlos a todos.


BOLSA DE ESTRELLITAS
[Imagen: MQT49Lq.png]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 4720 + 0 = 4720
Energia: 3371 + 40 = 3411
Espiritu: 1174 + 0 = 1174


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