La gran hazaña de Pizz Kiita | Aventura Tier 2 | P.R.
#1
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La gran hazaña de Pizz Kiita

Día 25 Primavera, Año 18 ♦ Hora: 8:00 AM ♦ Clima: Frio con vientos fuertes ♦ Roshwan, South Blue

Roshwan conocida como la tierra de las ventiscas heladas y eternas, un reino donde el invierno jamás concede tregua, en donde sus calles siempre permanecen cubiertas por ese espeso manto de nieve que refleja el tenue brillo del cielo, simulando ser una inmensa nube cálida. Mientras los copos descienden sin descanso buscando donde reposar, las bajas temperaturas forman parte de la vida cotidiana, un acontecimiento que forma parte de sus habitantes y tambien de la belleza del paisaje, Chimeneas humeantes, faroles iluminando la blanca inmensidad y el crujir de la nieve bajo cada paso…sin duda convierten a Roshwan en un lugar tan implacable como fascinante, una fortaleza de densa nieve.

Toda gran aventura tiene un comienzo y esta no sería la excepción a la regla, con un mañana que promete estar cargada de suspenso, acción y sobre todo, una buena dosis de pasión por el AMOR y la justicia, el telón está a punto de levantarse para dar inicio a esta obra de arte, ¿Quien sería el protagonista de semejante relato? la respuesta era más sencilla que evidente:el incomparable Pizz Kiita, un joven marine cuyo ingenio y precisión lo habían convertido en una promesa para la institución, sin embargo entre todas las cualidades que lo hacían destacar (menos en inteligencia) existía una imposible de ignorar, una que característicamente llamaba la atención incluso antes de pronunciar su nombre…eso era…su descomunal tamaño que no excede de los quince centímetro.

Un cargamento de licor producido en las tierras bendecidas de Roshwan, este importante cargamento debían partir hacia la isla de Baterilla antes del amanecer, pero durante la revisión final del inventario varios barriles marcados para la exportación habían desaparecido sin dejar rastro alguno, este revisión se realizo con dos dias de anticipación y ante la falta de mercaderia...el capitán del navio se rehuza a zarpar, algunos empleados aseguran que se trata de un error de conteo provocado por la nevada, Sin embargo el registro del puerto ha presentado evidencia de algunas alteraciones y ciertos sellos que fueron manipulados en los últimos dos envíos hacia la isla Baterilla,El capitán encargado ante los inquietantes reclamos en los puertos…ha hecho las diligencias correspondiente para llegar a una respuesta final.

La institución ha decidido darle una oportunidad de destacar a su más reciente adquisición, otorgándole detalles sobre esta importante tarea, Pizz Kitta debería dirigirse hacia la bóveda que remitió la salida de dicha mercancía, ¿Quién será el responsable de semejante error? o ¿Quién será el ladrón o aprovechado que hurtado mercancía?, según los detalles del reporte se ha reportado un total de veinte barriles extraviados, la obligación de Pizz Kitta será encontrar la respuesta ante estas dudas, ¿Será capaz de encontrar al ladrón? ¿Será capaz de encontrar los barriles? ¿Será capaz de crecer aún más?(lo dudo), pero de lo que sí estaba más que segura…es que esta narradora no se la pondrá tan fácil al protagonista.

Sigan leyendo esta fascinante historia:
La gran hazaña de Pizz Kiita (Parte 1)

Cita:Objetivos de la aventura:
  1. Presentarse en las oficinas de la bodega y reportar las razones por el cual esta aqui.
  2. Investigar quien autorizo la salida de la mercaderia.
  3. Investigar quien llevo la mercaderia al puerto.

Confiamos en su criterio y capacidad para resolver este caso.
Marina de Roshwan, South Blue

Reglas para el participante:
  1. Cumplir con el lvl requerido para una aventura Tier 2
  2. Colocar en spoiler: 
    • Resumen de cada post
    • Inventario con el cual se va a participar
    • Todos los Karmas positivos y negativos
  3. ¡Divertirse, fuera estrés!
Pensamiento • Dialogo • Cronologia
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#2
El viento helado de Roshwan golpeaba con fuerza el exterior, pero logré cerrar la pesada puerta de madera de la oficina de la bodega principal tras de mí, dejando el clima hostil afuera. Me detuve exactamente a tres pasos de la entrada, sobre el suelo de tablones oscuros, y sacudí los copos de nieve de mi pequeño abrigo y mi ushanka. De inmediato, llevé mi mano enguantada a la cabeza, ajustando mi gorrito, ya que con las ráfagas se había aflojado sobre mi cabello rojizo desordenado. Con mi rifle firmemente asegurado en la espalda, marché con paso rígido y una postura totalmente recta hacia el gran escritorio de roble donde se encontraban los encargados del inventario, posicionándome en un punto despejado del suelo para evitar que me pisaran por accidente.

Al estar frente al gran mueble, clavé los talones con marcialidad y levanté la mirada seria, frunciendo el ceño.

—Oi!..... Soy el recluta Pizz Kiita de la Marina y me han asignado para investigar el extravío de los barriles que debían exportarse a Baterilla.— Exclamé al principio con una voz clara, potente y decidida, intentando demostrar la madurez y autoridad que conllevaba el uniforme.

Sin embargo, al darme cuenta de que todos los empleados de la oficina, completos desconocidos para mí, habían dejado de escribir y me miraban fijamente, sentí cómo la timidez me jugaba una mala pasada. El calor se me subió a las mejillas y la rigidez de mi garganta hizo que mi tono firme empezara a flaquear, volviéndose un poco más agudo y vacilante a medida que continuaba detallando el motivo de mi presencia. —E-El reporte indica alteraciones en los sellos de los últimos envíos... y-y por eso debo cumplir las órdenes de mis superiores... p-para averiguar quién autorizó formalmente la salida de esa mercancía de esta bóveda y quiénes fueron los operarios encargados de transportarla físicamente hasta el muelle del puerto.— Trague con vergüenza, y un sonoro GLUP! sonó por toda la oficina. —Serian tan amables de llevarme con su supervisor..... p-p-p-porfis—

Me mantuve firme en mi posición, apretando los dientes para recuperar la compostura, que de poco servía por que temblaba tanto que sonaba como sonajero roto.

Cajita Feliz
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#3
Los obreros se movían de un lado a otro sin descanso alguno, llevando cajas, barriles y carretillas con varia mercadería, todo estaban cargando grandes cajones repletos de botellas de vino, cajas que se guardaban en zonas específicas para después distribuirlas a su destino final, la bodega sin duda era colosal con una superficie que supera los trescientos metros cuadrados y un techo alto que permite apreciar las estructuras metálicas, todo estaba organizado de manera impecable, pasillos amplios, montañas de barriles, estanterías repletas de botellas y zonas perfectamente asignada para cada producción. En una zona lateral se encontraban una decenas de mujeres que inspeccionaba botella tras botella, siguiendo protocolos meticulosos para apreciar cada detalle de las botellas, con pegamento adherian cuidadosamente las etiquetas que representan el producto, mujeres dignas de respeto.

En el fondo de la inmensa bodega se podría apreciar una gigantesca maquinaria de hierro cilíndrica, cuyos engranajes rugían sin descanso gracias al calor enorme que los hornos producían, siendo alimentado por pedazos grandes carbón, el constante silbido del vapor y el estruendo del metal en movimiento, sin duda era la sinfonía que más se podía escuchar en ese lugar. Dejando claro que aquella estructura metálica era el corazón de la vinícola. En ese sector en específico, habían varios obreros que trabajaban de manera coordinada, subían y bajaban por una robusta escalera de hierro cargando pesados canastos, canastos que estaban repletos de uvas cosechadas y fermentadas, al llegar a la parte superior de la maquinaria, no dudaban en volcar cestos tras cestos para llenar el recipiente, con un completo sistema de rodillos y prensas, las uvas comenzaban a ser trituradas de inmediato.

El líquido final descendía por válvulas que terminaban por llenar pequeños barriles de madera, producto final que luego era trasladado a la zona de producción, todo funcionaba con una precisión totalmente admirable, sin duda todos trabajaban bien en conjunto, conocían sus tareas y sobre todo el mecanismo de la empresa, nada quedaba al azar, una perfección casi intachable, por esa misma razón surgía una pregunta imposible de ignorar ante tal panorama como este, si la producción estaba tan bien organizada y la mercancía se controlaba con semejante cuidado, ¿cómo era posible que una parte del cargamento desapareciera antes de abandonar el puerto? Aquello no parecía un accidente, sino la obra de alguien que conocía muy bien el funcionamiento de la bodega, o mejor dicho, alguien que tenia un enorme poder.

De pronto la puerta de la bodega se abrió dejando que la ventisca de afuera se colara por unos segundos, todos los obreros se quedaron sorprendidos al pensar que la gran puerta se abrió de golpe, ¿Acaso se estaba manifestando algún fantasma?, de pronto las mujeres comenzaron a murmurar mientras los hombres quedaron en alerta pues el movimiento fue tan brusco que cualquiera pensaría que alguna horda de bandidos querían manifestarse en ese momento –Tranquilos….tranquilos…– De pronto un hombre gordo, de cabellos rubios, lentes redondos y facciones elegantes, se levantó de su pequeño escritorio, entre sus manos tenía un libro algo manchado de tinta, parecía ser el libro de producción diario —No pasa nada…es solo la ventisca– trato de tranquilizar a los demás, todo el mundo lo respetaba por ser el encargado de la producción.

Cuando el pequeño infante dio a conocer su maravillosa voz, todo el mundo se quedó callado para ahora prestar su absoluta atención hacia el pequeño, quien con su voz comenzó a demandar, a dar razones de su visita y sobre todo ejercer su presencia como autoridad, los segundos comenzaron a correr y todos estaban impresionados por el pequeño ser que irrumpió en aquel lugar. Con un suspiro algo pesado, el encargado se movió de su escritorio para ahora dirigirse hacia el pequeño novicio quien parecía morirse de vergüenza.

Buenas noches…pizca de sal, un gusto, soy Renato…el encargado de esta bodega – presentación sin elegancia, sin modales, sin tener piedad en su lengua. Su mirada se enfocaba en el pequeño ser, analizando y recordando sus facciones, parecía como si quisiera aplastarlo con el talón de pie, ante este encuentro, todos los demás regresaron a sus tareas para no meterse en problemas, dejando al pequeño duendecillo lidiar con el señor –La producción robada surgió en el puerto…no entiendo que haces aqui, ¿No deberias de investigar en el puerto?-- más que una pregunta, parecía una orden como si le diera una amenaza.

Ante ese momento incomodo, ese silencio eterno, de pronto una voz chillona provino de la parte superior de la bodega, una joven mujer de tez morena, cabello oscuro y mirada filosa, se acercó al barandal para gritarle al gordo –¡Hey Renato!...¿Dónde están los permisos de exportación de la semana pasada? y ¿Dónde está la orden de pedido de hace tres días? – cuestionó la joven mientras esperaba una respuesta por parte del sujeto, sin embargo, cuando desvió la mirada hacia el pequeñín, pestañeo varias veces mientras comenzaba a sonrojarse levemente –¿Pero quién es esa preciosura?....¡Qué cosa tan divina!..— grito la doncella quien se sintió abrumada al ver semejante marine, semejante hombre, semejante pulga diría.

Renato, por favor, haz que suba el invitado y…– respirando de forma tranquila, miraría con algo de ira al gordo –¡CONSIGUEME ESOS DOCUMENTOS!...-- regresando a su despacho tras cerrar la puerta de un portazo, el gordo simplemente dejó salir un suspiro pesado para luego levantar la palma y apuntar las escaleras que conducía a la oficina de la señora –Sube por ahí…y camina por el único pasillo hasta llegar a la puerta…– con una expresión que indicaba total molestia, el señor regresó a su pequeño escritorio donde comienza a revisar papeles por papeles, hojas con sellos de un vino virtiendose sobre una copa.

Renato

Superior

Bodega
Pensamiento • Dialogo • Cronologia
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#4
Mis grandes ojos oscuros recorrieron la colosal bodega, observando la marea de obreros transportando carretillas, las hileras de botellas minuciosamente etiquetadas y el ruidoso horno de hierro al fondo. Sin embargo, la atención general seguía clavada sobre mi pequeña figura. Estaba nervioso que tantos me miraran fijamente pero trate de respirar y relajarme.

Pero un hombre gordo, muy gordo, de esos que se tienen que poner desodorante debajo de los rollos, se me acerco de forma altanera. Sus palabras cargadas de desprecio y superioridad llegaron hasta mi, intenté erguirme para imponer mi autoridad de soldado. Me llevé la mano enguantada a la cabeza para ajustarme la gorra de la Marina, pero mi timidez extrema me jugó una pésima pasada. La vergüenza y la bronca me tiñeron el rostro de un rojo intenso; empecé a tartamudear torpemente mientras sentía que me hacía cada vez más chiquito ante la mirada del encargado.

—P-p-p-p-perdóneme. no me t-t-t-trate asi, señor.... yo solo vengo a ayudar....—

Por suerte, la voz tajante de una mujer resonó desde la barandilla del piso superior. Era la jefa del lugar, una mujer de tez morena y presencia imponente que le exigía a Renato los permisos de exportación de la semana pasada. Al posar su mirada sobre mí, parpadeó sorprendida y exclamó a viva voz lo adorable y divino que le parecía. Por lo general, odio profundamente que se burlen de mi tamaño o me traten con delicadeza, pero la deslumbrante belleza de aquella mujer me encandiló por completo. Que puedo decir... esta rata tenia su corazoncito.

El ardor en mis mejillas se duplicó y sentí cómo el corazón me daba un vuelco. Intenté disimular la tontería agarrándome las manos enguantadas por delante, mientras me tambaleaba de forma juguetona sobre los talones de mis botas para evitar que se me escapara una sonrisa de satisfacción. Pero si alguien se fijaba bien podría verme rojo como un tomate y un atisbo de sonrisa picara.

—¡O-oi!— Exclamé, intentando sonar firme aunque mi voz salió en un murmullo tímido, apenas audible y cargado de una risita avergonzada mientras sonreía y bailaba halagado. —¿A quién le dices lindo, idiota? Yo no soy lindo... pipipipipipi...— 

La mujer le ordenó al gordo que me hiciera subir y cerró la puerta de su despacho con un seco portazo. Renato, visiblemente molesto, levantó la mano y señaló la robusta escalera de hierro que conectaba la planta baja con el único pasillo del nivel superior. Trate de relajarme y exhalé aire frío para recuperar mi color normal de piel.

—Le agradezco las indicaciones, señor Renato, disculpe las molestias— Dije con educación, asegurando la correa de mi rifle en la espalda.

Giré sobre mis botas y marché con paso decidido hacia la estructura metálica. Subí los peldaños de la escalera de hierro y recorrí el único pasillo del nivel superior hasta quedar parado justo frente a la imponente puerta de madera del despacho. Dado mi tamaño, apenas llegaba a la parte inferior del marco, por lo que cerré la mano y di tres golpes secos con los nudillos de mi guante marrón de tirador contra la superficie limpia.

—P-p-permiso...— Anuncié con el tono más claro y profesional que pude proyectar hacia el interior.

Tras escuchar la confirmación de la mujer permitiéndome el paso, me posicioné en la esquina inferior de la puerta. Apoyé ambas manos sobre la madera y, haciendo fuerza con todo mi cuerpo y mis cortas piernas, empujé la pesada puerta desde abajo hasta abrir un espacio lo suficientemente amplio como para deslizarme adentro. Aterricé sobre la alfombra del despacho con paso firme, me detuve a una distancia prudencial del escritorio y me llevé la mano a la cabeza con el respectivo saludo militar. Finalmente, incliné mi torso hacia adelante en una reverencia impecable de noventa grados, manteniendo los brazos pegados a los costados, sin contemplar que el gorrito de se callo de la cabeza y rodo unos centímetros hacia adelante..

—Soldado Pizz Kiita, a su servicio, señora. Soy el encargado de investigar el cargamento desaparecido.... si no es molestia claro....—

Cajita Feliz
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#5
✔
CAMBIO DE NARRADOR

Kael Omuyaga pasa a sustituir a Kagura.
STAFF DE NAKAMA NO MI
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#6
✔
CAMBIO DE NARRADOR

Miyori pasa a sustituir a Kael.
STAFF DE NAKAMA NO MI
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#7
Para soportar los crudos inviernos eternos de Roshwan, sus habitantes recurrían, como era de esperarse, a métodos tan antiguos como la propia tierra en la que habitaban, y eso era la elaboración de licores que constituía como una de las alternativas más habituales para combatir el frío, al punto de que incluso podía encontrarse en ciertos establecimientos destinados a fines medicinales, y también estaban otros tipos de métodos más primitivos. Aquellos mucho más prácticos, menos refinados y quizás más cercanos al deseo carnal que cualquier persona, o ser vivo, podría emplear para pasar menos frío.

Nuestro estimado protagonista de esta aventura pronto se dará cuenta que había mil formas de como usar un rifle,sin referirnos realmente a el arma en realidad,  solo con esfuerzo físico.

La oficina tenía un tamaño convencional, suficiente para albergar cómodamente a pequeños grupos de personas, en el centro se encontraba un escritorio de madera, cuidadosamente barnizado con un tono ocre semejante al líquido de los vinos embotellados, sobre su superficie se alzaba una montaña de carpetas abiertas, documentos y formularios que eran revisados minuciosamente por una mujer de piel morena y ojos ambarinos, totalmente preciosa con todos sus atributos femeninos, sin duda era la palabra correcta de “despampanante”, su vestimenta, aunque a primera vista podría parecer demasiado ligera para las temperaturas de Roshwan, no parecía suponerle inconveniente alguno debido a que había una chimenea encendida dentro de la oficina, ubicada a pocos metros del escritorio, mantenía el despacho agradablemente cálido, y sus llamas proyectaban un tenue resplandor naranja sobre las paredes de la oficina de madera y metales de fabrica.

El crepitar de la leña volvió a hacerse audible justo después de la presentación de nuestro pequeño Tontatta de la marina, durante unos minutos el silencio se hizo presente entre los dos, hasta que aquella refinada mujer finalmente levantó la mirada de los documentos que tenía frente a ella, se inclinó ligeramente sobre el escritorio, asomándose por encima de la montaña de carpetas para observar con mayor detenimiento a quien, a juzgar por su apariencia, podría ser precisamente la solución que tanto había estado buscando para sus problemas.

— Encantada, ¿Ha dicho que es un soldado?... — preguntó la mujer de piel morena, dejando que su mirada se agudizara mientras una sonrisa descarada, apenas perceptible, se dibujaba en la comisura de sus labios carmín. Sus ojos ambarinos recorrieron al pequeño marine con renovado interés antes de que, casi como un pensamiento escapado entre sus labios, murmurará para sí misma… — M-i-a-u…. — fue apenas un susurro, lo suficientemente bajo como para esperar que no hubiera sido escuchado, sin embargo, la expresión de su rostro dejaba bastante claro que, en aquel instante, sus pensamientos ya habían comenzado a divagar por otro caudal de su propio instinto de mujer.

— Mi nombre es Rikka Zaa, actualmente soy la dueña de esta vinícola, la misma que alguna vez perteneció a mi padre… — explicó con tranquilidad mientras se incorporaba de su silla y comenzaba a desplazarse lentamente hacia la ventana que ofrecía una vista privilegiada del piso interior, desde allí, podía observar a sus colaboradores trabajando arduamente entre barriles, botellas y cajas. — O… mejor dicho… lo que queda de ella.

La mujer hizo una breve pausa antes de deslizar una mano hacia la cuerda que controlaba aquellas persianas blancas, tiró de ella con suavidad haciendo que las láminas descendieran hasta bloquear por completo la visión del exterior, aunque… en realidad, aquello no tenía como propósito impedir que ella pudiera seguir observando lo que ocurría abajo, era justamente lo contrario, no quería que las personas del exterior pudieran ver lo que estaba ocurriendo dentro de su oficina.

— Los últimos meses hemos experimentado una creciente demanda por nuestros licores, las personas nos prefieren por la calidad, el sabor y, sin duda, por la dedicación que ponemos en ofrecer un producto digno de llevar nuestro nombre… — explicaba con tranquilidad, de sus labios escapó un suspiro pesado mientras retomaba el paso hacia la puerta de su propia oficina, al pasar junto al marine que permanecía de guardia, extendió una mano hacia el cerrojo y aseguró la puerta desde el interior, procurando así que nadie pudiera entrar sin su permiso. Acto seguido, llevó la mano libre hasta la coleta que sujetaba su cabello y deshizo el lazo, dejando que sus mechones negros cayera libremente sobre sus hombros, después, desabotonó los dos primeros botones de su camisa blanca y se quitó el chaleco que llevaba puesto, arrojándolo despreocupadamente sobre uno de los muebles de la habitación. — Pero, últimamente hemos recibido demasiadas quejas por los cargamentos incompletos… — continuó, dejando escapar otro suspiro cargado de estrés — Los libros de pedidos no mienten, están firmados por nuestros clientes, los pases de salida están en perfecto orden e incluso el oficial encargado del transporte reporta correctamente los inventarios antes de zarpar… — su expresión era ahora más serio, un enojo que estaba visible en sus ojos — Pero cuando esos cargamentos llegan a otro puerto… cierta cantidad simplemente desaparece…

Se sentó sobre el escritorio mientras cruzaba las piernas, tomando entre sus manos algunas de las hojas de la documentación que había estado supervisando apenas unos minutos atrás… — ¿Le gustaría echar un vistazo al registro? — preguntó, extendiéndole ligeramente una mano para que pudiera subir más rápido al escritorio junto a ella — Puedo permitírselo… pero con una condición.

— Cúreme de este cruel invierno… — Lo dijo con una voz suavemente y deliberadamente sugerente, acompañando su propuesta con una sonrisa que indicaba estar interesada en cierta actividad física, mientras hablaba con tono de voz seductor, aflojó ligeramente el cuello de su camisa junto a unos botones más hasta dejar en vista el encaje coqueto de su sostén en tonalidades rojos, manteniendo aquella mirada felina fija sobre el marine de tan diminuta estatura.  No hacía falta explicar demasiado… Ella quería probar la resistencia física de nuestro tirador de la marina.

¿Podrá Pizz Kitta complacer Rikka Zaa - mente en esta misión?



Movimiento Naranja
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Cita Diálogo / Habla / *Piensa*
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#8
El sonido metálico del cerrojo cerrándose a mis espaldas resonó en la habitación como si fuera el disparo de un cañón en una trinchera cerrada. Me sobresalte, pegando un brinco que me elevó unos centímetros del suelo, y quedé completamente inmóvil sobre la alfombra de lana gruesa. El calor de la chimenea encendida, sumado al ambiente oscuro y cerrado tras el descenso de las persianas blancas por las cuales entraba la luz exterior, empezó a sentirse sofocante de golpe. La oficina, que hasta hacía unos segundos parecía un lugar de trabajo más que acogedor, se transformó en una cueva oscura iluminada solamente por la luz de la chimenea y la luz de pie en el escritorio de la mujer.

Observé a Rikka Zaa moverse con una soltura que me paralizó por completo. La mujer arrojó su chaleco sobre un sillón cercano, dejando que su largo cabello negro cayera sobre sus hombros, y con una lentitud deliberada comenzó a desabotonar los botones de su camisa. Cuando sus dedos dejaron al descubierto el encaje rojo brillante de su sostén, el aire abandonó mis pulmones de manera violenta. Mi rostro se encendió en un tono rojo tan intenso que casi no se podía notar la unión de mi cabello con mi cara, colorado con colorado. Una gota de saliva se me escapó de la comisura de los labios antes de que pudiera apretar la mandíbula para recuperar el control. ¿Hay algo peor que una mujer sexy? Si, una mujer sexy y que sabe que lo es.

Intenté ponerme firme, pero mi cabeza estaba en blanco absoluto. Di medio pasito hacia atrás, chocando contra el borde de la alfombra. Mi enorme cola esponjosa se infló de golpe y los pelos se erizaron por los nervios de la situación y mis manos temblaban sin control.Casi como un niño creyendo que si se tapa la cara no lo verian, me tape los ojos con mi gorrito tratando de no ver, jalándolo hacia abajo una y otra vez para tratar de taparme los ojos.

—¡Oi!— Exclamé, intentando que mi voz sonara como la de alguien serio que no se perturbaba por esas cosas, pero lo único que logré emitir fue un chillido agudo, quebrado y completamente estrangulado por la vergüenza. —S-Señora Rikka… no debería involucrarme así con usted…. es contra nuestro reglamento y…—

Rikka claramente no prestó la menor atención a mi advertencia. Esta mujeron no es de las que escucha las reglas, si no de las que las hace y deshace a su antojo. Se sentó sobre el borde del escritorio con las piernas cruzadas, inclinando su busto hacia adelante y extendiendo su mano de uñas pintadas hacia el suelo, a escasos centímetros de mis botas, invitándome a subir a la madera. Su perfume dulce, mezclado con el olor al roble de las barricas que se filtraba a la oficina, sumado al calor del fuego, nubló el último rastro de cordura que me quedaba. Tragué saliva ruidosamente. La miré de arriba abajo, comparando la inmensidad de sus curvas con mi diminuto cuerpo.


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Era más chico que la teta derecha de Rikka, ay dios mio.

—E-Este… ay que verguenza.. no se si podre... usted es mucho para…— Murmuré entre dientes con la voz temblorosa, sintiendo que las piernas me flaqueaban ante semejante monumento de mujer —Es... es demasiada torta para mi velita...—

La mano de Rikka se cerró suavemente alrededor de mi torso con la firmeza de quien reclama un botín. La despampanante me habia acorralado en el centro del escritorio, dejándome a merced absoluta de sus caprichos.

Que en paz descanse Pizz Kiita, te recordaremos como el soldado que nunca fuiste.

(Sonido ilustrativo de lo que se puede llegar a escuchar si uno se acerca a la oficina)
Pobre pizz murió por snu snu
***
El silencio se había adueñado del despacho casi dos horas más tarde. ¿Dos horas? Si, dos horas, no por nada a Pizz le decían el burro.

La leña de la chimenea se había consumido a la mitad, crujiendo con brasas anaranjadas que arrojaban una luz cálida sobre el caos en el que se había convertido el escritorio de la dirección.

Encima de la superficie de madera pulida, la pila de carpetas y documentos de exportación estaba completamente desparramada en abanico. Hojas con sellos oficiales de la vinícola yacían arrugadas por doquier, empujadas hacia los bordes por el vigoroso forcejeo que había tenido lugar sobre el mueble. Mi rifle descansaba sobre una libreta de contabilidad abierta, mientras que mi uniforme colgaba desordenado del lomo de un pesado tintero de bronce.

En medio de todo ese desorden, yacía yo.

Estaba sentado en el suelo de madera del escritorio, completamente exhausto, con la espalda recostada contra la base cilíndrica de un portalápices que me servía de respaldo. Mi respiración aún era acelerada y superficial, subiendo y bajando en pequeños jadeos mientras intentaba recuperar la fuerza en mis cortas extremidades. Me encontraba únicamente en ropa interior: unos diminutos calzoncillos blancos decorados con el estampado de gaviotas azules, perfectamente ajustados a mi cintura. Mi ushanka ya no se encontraba en mi cabeza y la verdad no podía verlo desde mi posición, si es que seguía en el escritorio.

A escasos treinta centímetros de donde yo descansaba, recostada de lado sobre una piel de oso pardo y, como no, en paños menores, descansaba la imponente figura de Rikka. La fiera empresaria lucía una sonrisa de profunda satisfacción y serenidad, respirando con calma mientras apoyaba la mejilla en una de sus manos, contemplándome con una mezcla de ¿Fascinación tal vez? Era difícil decirlo, Pizz al igual que el hombre que lo escribe, comprende poco y nada a las mujeres.

Había sido un combate extenuante, que demandó hasta la última gota de mi energía corporal. Sentía los músculos de la espalda entumecidos y la cola esponjosa totalmente despeinada y aplastada, con papeles arrugados extrañamente pegados a ella.

—Pipipipipipi...— Se me escapó del pecho una risita débil, avergonzada pero teñida de un involuntario orgullo por lo que acababa de hacer… o hacerme, mientras me pasaba el dorso de la mano por la frente perlada de sudor.
Con un esfuerzo titánico, doblé las rodillas y me estiré hacia un lado para alcanzar el borde de una de las hojas arrugadas que había quedado atrapada debajo del brazo de Rikka. Era el registro de salida de la mercancía con destino a Baterilla, con la firma del encargado del muelle en la esquina inferior. Apreté los dientes, volviendo a adoptar el ceño fruncido y mi actitud sería. Nadie en el cuartel podría  decir jamás que el soldado Kiita descuidaba sus deberes por distracciones. Aunque en el fondo deseaba que ojala lo distrajeran a menudo de esta misma forma.

—S…Señorita Ricaza… perdón… Señorita Rikka Zaa— Murmuré para mí mismo con voz ronca, acomodándome los calzones de gaviotas antes de clavar la vista en los nombres del informe. —Lamento interrumpir nuestro… digo, el momento, pero debo trabajar..— Observe los papeles frente a mi y mi cerebrito de ratón comenzó a maquinar.

Agarre una hoja con detalles de la tripulación que organizaba los envíos y a su vez ojie otra sobre los contenidos del cargamento. Era mi momento de preguntar.

—Primero... ¿de qué volumen exacto de pérdidas estamos hablando por cada viaje? Es decir... ¿s-se trata únicamente de unas pocas botellas selectas que alguien podría esconder fácilmente, o son cargamentos enteros de barriles pesados los que se esfuman? Y respecto a eso... ¿el producto que falta pertenece a su línea de licores más exclusiva y costosa, o es de la producción estándar que consumen todos habitualmente?—

Hice una pausa breve para tragar saliva, encogiendo un poco los hombros mientras mi cola esponjosa daba un pequeño latigazo nervioso contra la madera del escritorio. Baje la mirada hacia los documentos para disimular el rubor de mis mejillas y continué con el interrogatorio:

—También... eh... resultaría muy útil saber si algún competidor comercial ha empezado a vender un licor sospechosamente similar en sabor o en calidad en los puertos donde usted reporta estas pérdidas. Y por último... ¿todos los envíos afectados por los hurtos comparten exactamente la misma ruta marítima, las mismas escalas intermedias o un único destino final?— Pregunté, juntando las rodillas con timidez y esperando sus respuestas para poder trazar una hipótesis lógica sobre los responsables.

Cajita Feliz
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