[Fic - Pasado] Contando monedas
#1
Off


Su habilidad para escapar no es que fuese la más experta que se pueda, su cuerpo no era el más musculado para realizar aquella tarea, ni sus piernas eran lo suficientemente rápidas como para desaparecer en un visto y no visto, pero el hecho de haberse hecho con un botín como aquel era lo que lo empujaría incansablemente, por lo menos... cincuenta metros más allá. Después de aquello y de desistir de la idea de corretear en línea recta con dos sacos de doradas monedas, se echó repentinamente hacia un lado para mezclarse entre la maleza.

No tenía ni idea de si realmente lo estaban persiguiendo, pero mejor prevenir que curar se repetía en aquellas ocasiones. A la gente no le gustaban los ladrones, pero a Kai tampoco le gustaba estar sin dinero alguno con el que hacer sus transacciones. Además, estar robando todo el ratos cosas como comida, y estar jugándosela todo el rato a que le cayese un capón, no era lo que más le apetecía, es por eso que iba a por lo grande. - Huff… Huff… - Su respiración se volvió agitada cuando ya creía que iba a detener su carrera. - La próxima vez... tengo que robar algo más ligerito.... unos billetes estaría bien...  que pereza.... - Dijo entre sendos jadeos mientras se detenía detrás de unos árboles a decenas de metros del camino principal, utilizando la maleza como un camuflaje natural.

- Pero valió la pena. Que grande es la abuelita, me ha dado la fuerza necesaria con sus dineros jeje - Sonrió al recordar su escenita en el muelle y a la anciana a la que le había tomado el pelo. - A esos dos les perseguía la inteligencia, por lo que he visto - Recordó al dúo dinámico discutiendo sus planes en una esquina de una calle como si aquello les diese la suficiente privacidad como para maquinar un golpe tan tonto como aquel. - Pausa, descansito - Se dijo a sí mismo y entonces dejó caer desde sus hombros, adormecidos por el peso y el esfuerzo de correr, los sacos de monedas, una a cada lado hasta terminar por el suelo, con la tan mala suerte de que uno de los sacos, se abrió por la presión de su contenido. El tintineo se hizo presente en la escena y unas cuantas decenas de monedas con el símbolo de Berrie en ellas se desparramaron.

El joven Kai cerró los ojos, aunó la paciencia que le quedaba y tomó un largo suspiro.


 - Mierda -
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#2
El sacó quedó tres cuartas partes lleno, el resto faltante se había terminado por desparramar por el suelo, como cuando golpeaban a un personaje de ficción y salían todas las monedas de él. Kai hizo lo que pudo por no alzar la voz, pero probablemente si alguien estuviese lo suficientemente cerca lo podría haber escuchado y, eso justamente era lo que intentaba evitar, aunque sea por unos instantes. Se mordió la lengua lo que pudo y, tras ver como todo el fruto de su corto trabajo, robar lo que otros habían conseguido vaya, se arrodilló y descargó su ira y frustración golpeando el suelo bajo él notando los golpes a través de sus casi macizos guantes. - Chill, ya estamos bien. ¿Ves? Todo controlado. ¿Quién dice que estoy enfadado? -

Siguió arrodillado y comenzó a dar pequeños pasos desde esa posición mientras seguía parloteando y, al mismo tiempo, comenzaba a recoger algunas de las monedas que iba introduciendo dentro de sus bolsillos. - ¿Yo? Que va, no estoy enfadado. Estoy muy tranquilo. Las monedas son redondas, pero tan redondas como para redondear tanto. Además. ¿Ves? Están todas aquí - Seguía avanzando a ritmo lento pero ininterrumpido. Tras recoger otras tantas se dio cuenta de que estaba siendo observado, su vista tras haber paneleado la zona lo había visto, pero no le había dado tiempo a procesarlo a su cerebro. Entrecerró los ojos por un instante, como intentando focalizar su atención en algún punto de entre la hierba baja de su alrededor. Entonces la vio. - Una rata - Susurró.

Aquel bicho era de un buen tamaño, podría difícilmente caber en la palma de su mano si es que la lograba atrapar y es entonces cuando recordó parte de las vivencias de su pasado.

Había entrado con uno de sus colegas, el Rey Porro lo llamaba. Saturnino, era sin duda más alto que el propio peliblanco, de complexión delgada pero robusta y además tenía la gran capacidad de camuflarse en la noche. Ahora que hacía memoria el joven, podía recordar que desde siempre había tenido esas idas de olla de revolucionario. Y ahora que lo recordaba es posible que todo ese asco que había acumulado con los años hacia el Gobierno Mundial se había materializado en su personalidad gracias a él, por su culpa más bien. Siempre había querido unirse a la rebelión e insistía constantemente a Kai para que se fuese junto con él. Pero aquella idea no iba con Kai. ¿Pelear por los demás, sacrificarse por el bien mayor? Estaba cansado de poner la otra mejilla, el luchador había aprendido que tenía que luchar sus propias peleas, por él o, en ocasiones, por algo en concreto que le interesaba.

- Ahora que lo recuerdo. Saturnino tenía una novia. ¿Cómo se llamaba? Asui... Lina... Ahora no caigo... - Se llevó por un instante la mano hacia el mentón, haciendo un burlesco gesto para intentar recordar. La rata de pelaje gris y esponjoso se había quedado mirando por unos instantes con aquellos grandes y redondos ojos, como si el peleador fuese digno de algún tipo de estudio.
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#3
Aquella rata que lo observaba avanzó ligeramente, lo que podrían ser un par de pasos hasta quedarse sobre una de las monedas que estaba recogiendo el luchador, se frotó la nariz, casi como si lo estuviese desafiando y es entonces cuando Kai alargó su brazo y, en un rápido juego de manos, tomó la rata por sorpresa. Realizó tal esfuerzo y a tanta velocidad, que consiguió un pequeño impulso orgánico. Se tiró un pedo. En cuanto el olor llegó al hocico de la rata, esta empezó a chillar e intentar morder el guante del peliblanco. La expresión del joven cambió, sus rasgos se habían endurecido, al igual que su agarra, entonces....

Su mente comenzó a divagar en sus recuerdos.

Saturnino había recibido un chivatazo de una mercancía que llegaba al puerto. Eso era raro, porque allí poca cosa había de interés para recoger y menos para mandar, según Kai era extraño ya de primeras. Algo tenía que ver con el Gobierno, o eso es lo que decía el moreno. Kai buffó, incrédulo, pero en algún rinconcito de su mente se hacía el esfuerzo de convertirlo en realidad solo para tener una razón para ir allí e intentar joder cualquier cosa que tuviese que ver con los trajeados. No pasaron más de unos cuantos minutos de discusión entre los tres allí presentes cuando ya estábamos saliendo por la puerta de aquel zulo que llamaban hogar.

El luchador recordaba ir detrás detrás del moreno y empaparse con aquel olor a verde que siempre iba pegado a él. Era lo habitual, no le hizo caso. - ¿Cómo es posible que te enteres de estas mierdas? ¿Estás seguro de que es una trampa? Maldita sea. ¡Deja los porros! - Vociferó con una mezcla entre ira y efusividad. Kai no tenía miedo por lo que pudiese pasar, tan solo se quería asegurar de que estaba entorpeciendo a los correctos, aunque que se equivocase de personas tampoco es que le quitase el sueño.

El plan era muy sencillo, el luchador callejero deseaba ir de frente, asaltar un barco, robar un cargamento y pirarse de allí dejando un par de moratones a sus espaldas, pero Saturnino prefería ser más sigiloso, casi como un espía.

Con el tiempo, llegaron a unas alcantarillas. - Aquí - Espetó Saturnino con esa musicalidad en la voz de haberse fumado tres o cuatro. Kai lo miró, al igual que la chica. - ¿Aquí? - Preguntó. - Aquí - El peliblanco destapó la alcantarilla y miró la obscuridad bajo sus pies.
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#4
Desde aquel agujero negro del suelo salió una pequeña pantalla de humo y polvo, parecía que nadie había bajado por allí en bastante tiempo. La nariz del peliblanco se movió ligeramente una vez captó el olor a cerrado y a podredumbre. Se asomó ligeramente solo para observar un pequeño halo de luz colándose de la superficie y proyectándose en el suelo, que debía estar a unos cinco o seis metros más abajo, a excepción de, claramente, su sombra. Dedicó un momento para observar la cara de sus dos acompañantes, el moreno asentía con convicción, su pareja en cambio se notaba a leguas que no deseaba bajar ni sin querer. Kai levantó una ceja, como si aquella actitud le pusiese de los nervios. - Demasiado pija para vivir en Spider Miles - Sentenció en su mente a la par que sus ojos rodaron.

El duelo de miradas se acabó y el luchador, que era más decidido, decidió bajar de los primeros. Sobre la pared que descendía desde la apertura habían numerosas barras de hierro ancladas a la pared que servían como escalera de mano rústica así que, simplemente se descolgó y con tranquilidad bajó ayudándose de sus pies y manos. Cada pisada sobre el metal resonaba en el interior de aquellos apestosos túneles, al igual que el tranquilizador sonido de la corriente de agua, por llamar de alguna forma a aquella corriente de basura. Hizo un rápido escaneo de la zona pero no pudo ver mucho más allá de cinco metros frente a él, allí donde alcanzaba la luz del exterior.

Un profundo y fétido olor se coló en la nariz del más joven, pero no diría nada, no se quejaría, ya había sentenciado a la mujer por ser demasiado fina, no quería estar a ese nivel, se había criado en Spider Miles, si él estaba acostumbrado a estas cosas nadie lo estaría. Debía dar ejemplo.

El moreno fue el segundo en bajar y de una bolsa que llevaba cruzada sobre su pecho, a modo de amplia riñonera, sacaría una pequeña lámpara de aceite que no tardaría en encender con un mechero. Siempre traía fuego. ¿Era por que le gustaba fumar a todas horas o porque simplemente era un pirómano? Kai votaría por lo primero indudablemente.

- ¿Hacia donde? - Su voz resonó a lo largo y ancho del túnel en el que estaba y los que conectaban con él, hasta el punto de escuchar su propia voz diluyéndose en la lejanía de una forma sepulcral. Saturnino levantó su diestra y con el índice indicó al luchador que guardase silencio, respondió encogiéndose de hombros. - ¡AAAAGHRRR! - Se escuchó lo que parecía ser el rugido de una bestia, agudo y al mismo tiempo grave, como dos voces mezcladas. 

Algo se había enfadado y, probablemente, los estaba buscando.
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#5
Los pelos de aquel ser se erizaron de un momento a otro y, para cuando se quiso dar cuenta, su cabeza había volteado hacia el final del túnel en el que se encontraba, un entramado complejo de calles subterráneas perfectamente conectadas y comunicadas que hacían que cualquier sonido llegase a todos lados, gracias al rebote contra las paredes. Sus ojos saltones y azabaches tintados por la oscuridad que lo rodeaba se inyectaron en sangre, su hocico se activó y comenzó a moverse al son de sus más primarios instintos, escaneando sus alrededores hasta que notó mediante su poderoso olfato la presencia y ubicación de tres extraños en sus cloacas.

Aquella gran rata se alzó sobre sus dos patas y su cola repiqueteó en el suelo varias veces de forma sonora, casi como si fuese un látigo. Fácilmente el animal, claramente el alfa, podría medir entre dos y tres metros de alto, sin contar su enorme cola. Sus fauces se abrieron se par en par, furioso por la intromisión en su territorio. 

- ¡AAAAGHRRR! - 

Aquel gutural sonido recorrió de nuevo aquellos largos túneles hasta llegar a la ubicación de Kai. Las ratas, de menor tamaño y aun así considerable, dejaron de hacer lo que estuviesen haciendo y se pusieron alertas al unísono, como si aquello se tratase de una mente colmena. Todas se alzaron sobre sus dos patas y repitieron el olfateo de su líder para ubicar los intrusos. De un momento a otro todas se dispersaron a destiempo colándose en túneles adyacentes, a través de rejillas e incluso zambulléndose en aquel río contaminado de heces y más. La líder por otro lado, se dirigió rápidamente, y de forma directa, por la ruta más corta hacia el trío.



Mientras, del otro lado, el peliblanco levantó la cabeza, poniéndose en alerta ante el rugido lejano que acababa de escuchar. - Hostias, no me jodas. ¿Un tigre, un león? Es como cuando os escucho aplaudir por las noches, pero más tirando de pecho *burp* - Salió un eructo en cuanto recordó lo asqueroso que era aquel recuerdo.

A sus oídos, con mucho retraso y gracias al eco llegaron los incontables golpecitos de muchas patas acercándose, y por todos lados, no sabía hacia donde mirar o de donde venía lo que suponía sería un bicho peligroso. Aunque de entre todos había un sonido que destacaba, el correr a cuatro patas de un animal no solo rápido, también extremadamente pesado. Tornó su cabeza hacia la derecha y en aquella esquina, una gran sombra confusa proyectada gracias a la tenue luz de la lámpara. 

- Mierda - 
- Mierda - 
- Mierda - 
Dijeron los tres al unísono.
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#6
La rata olfateó hacia ambos lados, como si fuese a cruzar una calle, y en cuanto detectó de donde venía el olor con precisión se giró repentinamente, se alzó sobre sus dos patas traseras y tomó aire. Una bocanada que duró segundos pero que a ojos del trío se alargaría hasta tal punto de notar y escuchar como el pecho del roedor se inflaba, cada vez más, con una violencia que hacía tiempo que no veían. Y entonces...


- AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAARGH -
 Un sonido tan gutural, que mezclaba perfectamente tanto los matices agudos como los matices más graves y escabrosos de su rugido. Kai sintió por un momento una punzada en el pecho, como si tuviese pelos ahí que debían erizarse. Clavó su mirada, paralizado, sobre los orbes de su perseguidor quien parecía estar descansando después de lanzar su grito.

Muy en el fondo de su cerebro lo sintió, la voz más clara que había escuchado en su vida. Su instinto de supervivencia le gritaba que corriese, que huyese del túnel, que subiese por las escaleras que había usado hace unos segundos, que se tirase al agua y aguantase la respiración. Sus manos, nerviosas, comenzaron a sudar ligeramente dentro de los guantes. - Si no te mueves no te ve - Le dijo el peliblanco a sus dos acompañantes. Ambos lo miraron incrédulos por la tontería que acababa de decir. - ¡Cállate y corre! - Gritó Saturnino al mismo tiempo que se giraba sobre sus talones y comenzaba la carrera, seguida un segundo más tarde por su pareja.

En el momento que escuchó los pasos, y se había decidido a correr, Kai vio perfectamente como se comenzaban a dibujar sombras en torno a la rata mayor. Se arremolinaban como si fuese un tornado en su nacimiento, algunas feroces y otras hambrientas. Era normal la reacción, al fin y al cabo estaban invadiendo su territorio. - ¡Oh mierda! - Dio un salto lateral para comenzar con su improvisada huida con tal potencia que en un par de zancadas había alcanzado la cola del dúo. - ¡PERO QUE COMEN ESOS BICHOS! ¡¿NONSTER?! HAY UN MONTON SAT - Gritó sin ningún reparo a seguir desvelando su posición a sus perseguidores. - ¡Que te calles y corras! - 

El enorme banco de ratas reaccionó al instante empezando a correr tras el grupo. Algunas se terminaban por pisar las unas a las otras inevitablemente, otras simplemente decidían disgregarse del grupo central y se volvían a colar por rejillas o pasadizos, las menos avispadas terminaban en el agua una vez más.


- ¡TRAEDMELOS! -
Solo sus súbditos podían entenderla.
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#7
El albino no sabía muy bien qué estaba pasando ni como estaba pasando. ¿De dónde habían salido aquellas ratas y desde cuando una rata podía estar así de ciclada? Eso es un misterio que el luchador, por desgracia, jamás podría desvelar por sí mismo, pues, con el tiempo, terminaría por abandonar su propia isla.

Sus piernas se movieron automáticamente, notaba su sangre fluir con potencia a través de cada uno de los vasos sanguíneos. Era el efecto de la adrenalina inundando su cuerpo por completo. El montón de ratas, el que no se había terminado por esconder dentro del propio agua o por los túneles contiguos, terminaría por liberarse y salir en una rápida persecución del trío. El más joven de los tres iba unas cuantas zancadas por detrás, la mujer había salido corriendo en cuanto sintió que el olor putrefacto se había movido y Saturnino era un maestro escapista, además corría por su sangre aquello de correr.

Las ratas, que iban a cuatro patas y muchas uñas, sabiendo y conociendo aquel lugar como la palma de su pata, alcanzaron al malhablado y alguna saltó para para terminar por engancharse a su pierna y propinarle un fuerte mordisco y que hizo estallar sus sentidos. - ¡AAAAAH! *burp* ¡Hija de puta me cago en todos tus muertos pisoteados, puta rata de mierda! - Zarandeó su pierna como un palo de golf golpeando aquella diminuta pelota y el roedor terminaría por salir despedido como si fuera absoluta basura. - ¡¿Queréis más?! ¡Vamos a jugar al Den Ball! - Dijo girándose y deteniendo sus pasos para comenzar a lanzar patadas, como si golpease una pelota desinflada.

En cuestión de segundos varias de aquellas ratas empezarían a salir volando, las que no, conseguían ejercer algún mordisco contra la joven carne del chico que, enrabietado, las terminaba por repeler segundos después, alimentado por el dolor. Saturnino se giró y observó la escena con algo de asombro, pensaba que aquella amenaza sería más grave de lo que realmente era. - ¿Qué haces? ¡Larguémonos de aquí! Son demasiadas Kai - El luchador lo miró de reojo, como si recriminase que era un cagado. Sabía en el fondo, muy en el fondo, incrustado en un pequeño espacio, en un diminuto rincón acorazado donde residía la lógica, que tenía razón.

- ¡Bah! - Dijo arto y lanzó el último puntapié, lo que dejaría un rastro de gruñidos de dolor por parte de uno de aquellos roedores, tras ello, comenzó de nuevo su carrera hacia una salida, intentando que fuese la que ya tenían planificada.
Leyenda de una Leyenda
- Narro -
- Hablo -
- Pienso - 
- *Burp* Eructo -
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- *FWRA* Pedo Pesado - 
[Imagen: Chat-GPT-Image-2-ago-2026-17-55-55.png]
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#8
Sus pasos se alargaban, su mirada se perdía en los abismos oscuros del túnel intentan vislumbrar un poco de luz, su respiración se agitaba con cada metro que recorría y, por alguna razón, sentía que aquel túnel era más largo de lo que realmente era. Había dejado tras de sí un gran grupo de roedores que, por suerte, no querrían seguir avanzando en la persecución.

Echó una rápida mirada atrás solo para descubrir que aquella rata gigantesca lo estaba mirando concretamente a él con una rabia desmedida, como si quisiese hacer que su cabeza explotase en mil pequeños pedazos y se esparciesen por todo el maldito túnel para alimentar a toda su progenie. Por suerte, aquella rata no tendría poderes mentales, por lo que el peleador callejero tan solo le mostró lo que en su barrio se hacía ante ese tipo de miradas. Una peineta.

- Vamos vamos - La voz de Saturnino llegó desde un par de metros más adelante, así que devolvió su mirada al frente justo antes de terminar de estamparse contra la pared del final. Vio sus pies escalar una escalera de mano, similar a la que habían usado para bajar un cuarto de hora antes. No lo dudó un segundo, la idea de verse sepultado por el peso de un alud de roedores era algo que no le hacía mucha gracia, por lo que casi parecía que subía aquellas escaleras a pulso. - ¡Más rápido, más rápido, más rápido! ¡Venga, venga, venga, VENGAAAA! - El albino gritaba rabioso, Saturnino le estaba bloqueando el ascenso y quería salir de ahí ya porque, aunque no veía más ratas, escuchaba el repiqueteo de sus uñas y zarpas sobre el empedrado del subterráneo, resonando por el eco. 

- ¡SUBE! - Empujó el culo del moreno con su cabeza para propulsarlo fuera de aquel maldito lugar. La minita, la novia del moreno, ya estaba más que lista sobre sus cabezas para cerrar la tapa y omitir aquella persecución roedora.
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#9
El moreno salió propulsado hacia arriba como cuando uno descorchaba una botella de champán, el albino lo siguió un instante después, pareciendo uno de aquellos fuegos artificiales sobrevolando el alcantarillado, aunque no desprendía sonidos estridentes y bellas luces conformas en el cielo, si no puro gas que perfectamente había podido usar como matarratas allí abajo.

Kai aterrizó sobre sus dos piernas pero poco tardó en retraerse y quedarse apoyado también sobre sus palmas. Una gota de sudor recorrió su sien, descendió por su barbilla lampiña y terminó por precipitarse hasta el suelo, oscureciendo la tierra bajo él. Allí arriba notó el repentino calor que le generaba la adrenalina, el sudor acumulado, el tembleque en las piernas, la pesadez en los pulmones, pero sobre todo el constante martilleo de su corazón en el pecho, como una fragua en pleno funcionamiento.

- No-no pienso volver a bajar ahí abajo sin matarratas… - Su voz se escapaba entre jadeos. - …o una trampa para ratas gigantes… - Irguió su postura hasta mantenerse de piel, pero con las manos a la cintura, como si todavía necesitase un punto de apoyo. En su carrera por recuperar el aliento no hubo tiempo de mirar a sus compañeros, pero en cuanto pudo recuperar algo de aquel preciado oxígeno que le faltaba recordó que estaba enfadado con sus dos amigos y compañeros. - Me debes un burroporro - Señaló a Saturnino, sentenciando el precio para ganarse su perdón y su amistad de nuevo.

Saturnino lo escaneo rápido, de arriba a abajo con una simple mirada, vio que el menor que estaba bajo su “cargo” no tenía herida alguna y se comenzó a reír por lo bajo para después hacerlo más abiertamente. El peliblanco está más que bien, algo sudado, pero bien al fin y al cabo. Alrededor de sus guantes y punteras habían algún que otro rastro de sangre, pero nada excesivo, producto de su breve pelea con los roedores.
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