[EVENTO FASE] Los Juegos del Soberano
#21




♫♪♫♪
¡OH!, perdóname, Señor...
¡OH!, soy una buena chica...
Nunca le haría daño ni a una mosca, pero tengo muros que escalar.

¡OH!, perdóname, Señor...
¡OH!, un acorde menor...
Me pusiste en esta trampa,  pero tuve que arañar para escapar.






Las aventuras suelen llegar de las maneras más inesperadas y casi siempre vienen en bandejas de platas, algunas nacen de sueños puros que en su momento aguardaron solo un instante para aparecer latentes en el momento de tomar esa precisa decisión entre refugiarnos en la monotonía o de atrevernos a convertir en realidad quello que el corazón nos grita siempre en su agonía, y cuando llega el momento de tomar el valor, porque claro que llega... la solución es simple, tomas el timón del barco y con la frente en alto deberás desplegar las velas hacia ese horizonte.

Mi suerte siempre ha sido incierta desde que me hice a la mar, tras verme recorrer valles cuya cima parecían imposibles de alcanzar, pero… ¿acaso no valía la pena sentir esta felicidad sin haber atravesado primero la maldición que me condujo hasta ella?, sí, guardé todas mis incertidumbres en el silencio de mis noches, cuando la soledad proyectaba los recuerdos de mis manos manchadas por la sangre, por mis decisiones que jamás imaginé verme obligada a tomar, y mis promesas, mis juramentos, y todos mis credos, fueron arrebatados el mismo día en que no fui capaz de medir mi propia fuerza por proteger a quienes creí… debían ser protegidos. Y juro que nunca quise herirlos.

Sí, mi suerte siempre ha sido incierta pero tampoco podría decir que no me siento agradecida de haber recorrido ese camino, en cada viaje, en cada aprendizaje y aun en medio de mi infortunio… encontré personas tan sinceras como maravillosas, a todas ellas las llevo conmigo resguardadas en el corazón como pilares que me recuerdan quién soy, quién siempre he sido, todas ellas me impiden perder el rumbo, a cada una... incluso en las sombras de aquellos recuerdos lejanos, los aprecio como joyas preciosas en la esperanza de que el destino me conceda volver a encontrarlas algún día.

¡La resonancia llegó! ¡El eco llamó! Así se presentó… la canción ya había sido declarada.

Y yo debía… no, ¡Yo anhelaba!
formar parte de aquella sinfonía que el propio cielo había invitado a escuchar.

Días antes me había unido a un grupo de personas que, como yo, compartían un profundo amor por la música, eran artistas que buscaban hacer de sus oficios un estilo de vida, abriendo sus puertas a todo aquel que deseara recorrer ese mismo sendero. Fue una experiencia tan maravillosa como inesperada, a su lado descubrí la dicha de compartir nuestras melodías en pequeños recintos y caminos olvidados, sintiéndome por fin parte de algo más grande que sentimientos frágiles, sí… al fin la suerte parecía sonreírme.

Pero aquello no sería el final de mi suerte puesto que quien encabezaba aquella gira de artistas errantes había conseguido lo impensable, un pase que nos permitiría llegar a aquellas tierras que solo pueden recorrerse entre el cielo y las nubes.

Nos ofreceríamos como parte de una tripulación mercantil, primero como ayudantes y luego como un grupo de artistas dispuestos a agradar a los soberanos de Skypiea, los navíos eran identificados con las banderas de la flota Nozama, contaban con  salvoconductos aprobados por sus representantes, y con todo un pronóstico prometedor, Dona consiguió que nos aceptaran bajo aquella fachada, era colaborar en las labores del viaje a cambio de llegar a nuevas tierras donde podríamos ofrecer pequeños homenajes al gran evento que atraía a quienes soñaban con convertir de esa isla en la mayor de sus aventuras.

Pero claro…no todo era tan sencillo como parecía, había un pequeño inconveniente que no podíamos pasar por alto,  en aquella dotación no aceptaban piratas. Cuando creí que mi viaje terminaba antes de comenzar, Dona decidió transformar mi apariencia, no fue un cambio drástico como tal pero sí suficiente para volverme "irreconocible", me vistió con prendas de inspiración helénica adornadas con delicados accesorios dorados que descansaban sobre mi cuerpo y mi cabeza, y para ocultar parte de mi rostro más el inconfundible tono anaranjado de mi cabello, cubrió mi figura con finas telas de seda. Gracias a ello pasaría desapercibida. 

Dona y los demás habían decidido ayudarme, sabían que había una recompensa sobre mi cabeza y que muchos me consideraban un “peligro mortal” pero también habían escuchado mi historia, aun con todo eso, eligieron creer en mí y verme por quien realmente era… una violinista que desea conquistar el mundo con su propia melodía. 

Aquella joven de pelo azulado albergaba la esperanza de reencontrarse con su hermana, Mara, otra doncella profundamente enamorada del mundo artístico, nunca llegó  a decirme si su talento provenía de un instrumento o de alguna otra orientación del arte como el baile, actuación o pintura, aunque supongo que esa respuesta llegará a su debido tiempo pero no tengo dudas de que presenciar el reencuentro entre Mara y Dona será una experiencia tan conmovedora como inolvidable.

Tras días de preparación, ensayos y arduo trabajo, todos los navíos que portaban las credenciales e insignias de la flota aguardaban el momento más esperado, la increíble vertiente conocida como Knock Up Stream, la misma que era capaz de elevar embarcaciones hasta los cielos, y desde cada cubierta la expectación era casi palpable a simple vista, todos esperábamos presenciar aquel fenómeno que marcaría el inicio de una aventura irrepetible. Cuando la columna de agua emergió pronto hizo demostración de su violenta presión en todos los barcos que habían esperado a su aparición, y con la experiencia de haber atravesado antes una vertiente así, la mayoría se aferró a lo primero que estaba cerca para no ser arrojados por la borda, yo me sujeté del mástil más cercano mientras otros se mantenían firmes en la proa, decididos a contemplar de frente cómo el navío atravesaba las nubes, siguiendo el camino que el océano abría hacia un mundo que ninguno de nosotros conocía.

No sentía miedo de descubrir qué se ocultaba más allá de aquel vestíbulo de nubes negras, ni de la incesante sinfonía de los rayos que devoraba cualquier sonido que se atreviera a nacer, ni siquiera la melodía más hermosa que Amphitrite pudiera interpretar habría sido capaz de imponerse al torrencial estruendo de aquella tormenta que entonaban un coro de tenores celestiales mientras los huracanados vientos reclamaban el cielo como suyo, fue entonces cuando el velo que cubría mi rostro salió despedido por el vendaval y… con él también se fue mi amado sombrero.

Otra vez…

Pero nada de eso importó, en ese instante era libre… sin esconderme, sin cadenas, sin ataduras, me permití reír a todo pulmón mientras el viento me empapaba con gotas saladas, ahí estaba, ansiosa por descubrir lo que que había en los cielos.


Amphitrite Toca la Canción
[Imagen: miyoocheja.png]
Cita Diálogo / Habla / *Piensa*
[Imagen: file-000000008bfc822faef83e223001f3f5.png]
#22
Ah, las despedidas. Palabras al aire que se lleva el viento, podía observar desde la distancia como aquel rubio y su novia comenzaban a volverse puntos diminutos a la deriva ¿Debí avisarle al conejo que le echara una mano? Nah, un mahana puede solo, tal vez debí pedirle a Lucho foro que ayudara a ese viejo conejo. Mientras regresaba al interior del elegante barco con pasos pesado podía sentir el borde de la fotografía y el colgante en el bolsillo, punzante, tal vez había dejado Neur con demasiada prontitud: Barnaby me había dado mucha más información de la que alguna vez esperé obtener. Despedirse de una persona, de una isla era igual de pesado, uno nuca sabe si volverá o jamás diríamos adiós. Solo podía esperar que el mink viviera lo suficiente para cobrar su recompensa y aquel pirata, digo, aquel ahora esposo y civil viviera una vida feliz recogiendo caca de caballo o lo que le hiciera feliz.
 
 
Un nuevo día brillaba bajo el sol del Aloha Kai, error, un nuevo dia brillaba bajo el barco subcontratado por la gran empresa Nozama, transformando nuestra eterna gloria en un barco más: aquello era vomitivo ¿Saben del porte del Aloha Kai? Era deprimente tenerlo escondido para que aquellos perros no pudieran seguirnos el rastro, así como era deprimente esconder mi belleza, elegancia y buen vestir detrás de esta ropa. Debía repetirme mentalmente la forma de actuar que había optado para esta misión y poder pasar a la tierra en el cielo. Cerca de la relajante piscina, en el reflejo de esta podía observar el naranja uniforme, los lentes negros y la trenza que cerraba mi cabello, no lucía mal, podría usar un saco de papás y seguiría viéndome como un dios terrenal, sin embargo, la tela comenzaba a darme comezón.
 

Una simple sonrisa apenas visible asomaba mi rostro cuando los perros se acercaban demasiado, aunque terminaba frunciendo el ceño cuando pasaban en reacción, no importa a donde iba, esos marines aparecían como la plaga, simulé estar limpiando alrededor, acercándome cada vez más discretamente a las habitaciones para lograr cambiarme en cuestión de nada a un atuendo mínimamente respetable, ya el capitán lidiaría con el resto de esos.
 
Los tacones resonaban en aquel piso de madera mientras me acercaba a la pelirrosa, entre mis guantadas manos un Berry se movía con habilidad, lanzándolo y volviendo a caer contra mi palma, la sonrisa, ahora mucho menos hostil, en mi rostro permanecía con ligereza, aquella moneda finalmente desapareció entre mis puños.
 
¿Derecha o-
 
La voz del capitán y el imponente cielo oscureciéndose me hicieron reaccionar ¿Una tormenta? Fue poco después que el desastre comenzó: Las ráfagas de viento parecían increíblemente peligrosas, la lluvia aterrizaba con la furia de flechas y en medio de todo eso una melodía acompañaba en forma de anuncio, un presagio para nosotros quienes parecíamos movernos con el mar. La violencia podría hacer tambalear al más fuerte, sorprender al valiente y sin embargo ante el cruel rostro del peligro opté por tomar la mano que se me ofrecía.
 
Finalmente el publico al que intentaba captar con el acto de monedas había bajado de su vigía, sentí su cercanía apretando mi ser y al ser el soporte más cercano correspondí con la misma urgencia, ayudándola a afianzar la línea de vida mientras alzaba la mirada esperando, desde aquella distancia y entre las gotas de lluvia que amenazaban con bloquear mi vista, observar al resto de la tripulación. La mano de la pelirrosa se coló a mis bolsillos porque al parecer incluso entre la urgencia y el desastre los hábitos del ladrón siguen siendo hábitos, por suerte el bolsillo que planeaba husmear solo contaba con el berry con el que jugaba anteriormente.
 
La potencia de aquella corriente era bestial, sentía mi cuerpo casi comprimirse por la fuerza con la que subíamos mientras intentaba mantenerme pegado al barco por milagro, fue la seguridad de la mujer, las órdenes del capitán y la adrenalina lo que me hizo soltar una risa, tomando la línea de vida para poder acercarme aún más. —¡TODAVÍA NO VAS A HEREDAR! ¿ME ENTIENDES? ¡HOY GOBERNAMOS ESTA CORRIENTE! — Esa complicidad con la pelirrosa hacía todo más fácil, avanzando con esta con la dificultad del viento en nuestra contra, logrando colocar ambos pies contra la madera para jalar. —¡SI SÉ CUAL ES ESTRIBOR! ¡PARECES NUEVA! ¡DEJA AHÍ, DEL OTRO LADO! — Grité al notar que la mujer comenzaba a moverse del lado equivocado, tomando las cuerdas para, en un fuerte grito que sacaba la mayor cantidad de fuerza que tenía, mover las velas como el capitán había indicado.
 
Volteé apenas cuando la mujer comenzó a cantar, soltando una pequeña carcajada, la fiesta iba con Hanu Mahana, eso había sido un hecho desde el primer día de nuestra formación. —¡VELAS A ESTRIBOR, CAPITÁN! — Dejaba la garganta con la esperanza que pudieran escucharme en el caos, aferrándome a las velas con mi vida.
 
—¡A DONDE EL VIENTO NOS LLEVE! —
 
 
 
 
Contrato confidencial: Tezca Norova
#23
Kyodania, tiempo atrás...




Los tiempos tranquilos no hacen hombres débiles; los tiempos tranquilos hacen hombres que deben pensar para cuando los tiempos dejen de tener paz, pues la paz no es eterna, al menos no en este plano, no en este mundo. Dharma, el oriundo de Wano, el cruel espadachín, el cegador de vidas... sus historias eran muchas, los mitos y cuentos eran más. Catalogado como uno de los piratas más fríos y crueles, o el más malvado de todos ellos, le daba igual el nombre o la historia que otros pudieran pintar sobre él. Al final solo forjaba su camino conforme era necesario, conforme su mente y su espíritu le indicaban. Conveniente en la mayoría de las veces, pues era una persona inteligente, fría y sin sentimientos que pudieran ser catalogados como humanos. El tiempo de quietud en la isla de Kyodania había llegado a su fin y, con eso, daba inicio la promesa de algo más.

La curiosidad era lo que la mayoría de las veces movía al pelinegro, pues sabiendo que su destino estaba en algún punto del Nuevo Mundo y con base en sus investigaciones como erudito, entendía que había cosas ocultas alrededor de todo lo que alguien pudiera pensar o creer de manera común. Ahora la oportunidad de avanzar había llegado. Las maneras de enterarse habían sido varias, pero principalmente el periódico, convocando a quien quisiera probarse en competir en algún deporte. ¿Cuáles? Al menos Dharma no lo sabía, pero comprendía que era una buena oportunidad de llegar a ese lugar tan mítico, tanto como sus propias historias de malignidad que cuentan el periódico y la gente. Entendiendo esto y sabiéndose solo; tras la desaparición de su último nakama como miembro de los piratas Rakshasa, se vio en la posibilidad y obligación de por fin moverse en solitario. Ahora dependía más que nunca del propio universo y su magnánimo creador, el cual, como siempre, daba de una u otra forma las maneras para que él lograra continuar su epopeya personal.

Con el pasar de los últimos días había mucho ajetreo en algunos puntos de interés de Kyodania: recolectores de animales, pieles, carnes, diversas frutas y verduras; todo lo que pudiera habitar en esta isla desolada y a la vez llena de vida. Todo tenía una bandera, una señal, un símbolo que incluso parecían presumir. Nozama, la compañía de entregas y otras cosas que por ahora no le importaban mucho, pero que sin duda alguna le serviría para moverse con ellos. Entre balbuceos, un poco de extorsión y un par de asesinatos, Dharma logró tener la información necesaria para poder moverse con naturalidad como un empleado más de esta compañía.

La muerte de un par de trabajadores en una isla tan caótica como Kyodania era un daño colateral y nada más. Así era como Dharma conseguía inmiscuirse como un empleado más dentro de uno de los varios navíos que se encargaban de la recolección; por su parte, él llevaba frutas y verduras, un par de cajas llenas de estos alimentos, logrando entrar así sin mayor problema y comenzar su viaje. Aunque claramente su vestimenta por ahora era diferente, haciéndose con los ropajes de uno de los dos empleados finados. Las prendas le cubrían parte del rostro y también servían para pasar como uno más de los cientos de empleados que se paseaban entre los barcos. Parecía que poco o nada se conocían la mayoría, pues para este tipo de encargos solo necesitaban gente con la capacidad de cargar y que necesitara una paga.

Uniforme random de empleado de Nozama



Día 2 de Primavera del año 18
Cerca de la Knock Up Stream


El día prometido había llegado tras haberse embarcado como un empleado más de uno de los navíos bajo el contrato de la empresa de paquetería Nozama. Dharma había pasado desapercibido como uno más, sin dilema alguno, asomándose por ahora en la parte de los barandales del lado diestro del navío, recargado ahí sin más, mirando que el punto de inflexión para llegar a Skypea parecía acercarse. No es que él fuese experto en navegación, pero todos en el barco repartidor hablaban de este día como uno de los más importantes y cruciales. Menos mal todo corría a cargo de alguien más, pues la habilidad y calidad del navegante era algo que ya se tenía contemplado en un tipo de navío como este. Al fin y a cabo, no estarían dispuestos a fallar, y menos la gente de Nozama.

Uniforme con chaleco y gorra

Ahora el espadachín pasaba desapercibido, todo esto con el propósito de ahorrarse buenos inconvenientes y evitar peleas innecesarias, puesto que tenia toda la intención de llegar al solicitado y famoso evento que estaba por suceder. También sus armas debían pasar desapercibidas, con sus espadas ocultas como si fueran un par de banderas recubiertas de cintas negras, de las que se utilizan para seguir indicaciones de carga y descarga. Pasaba de lo más natural, más ahora que portaba una gorra de color negro y un chaleco que hacía el uniforme completo. El día comenzaba a avanzar en su itinerario; se encontraban en el punto de inflexión. Tras haber cruzado el punto de vigilancia por parte del Gobierno Mundial, ahora seguía la parte en la que llegarían a la isla del cielo, cosa que desconocía de manera total el pirata. Pero lo que podía entender es que, de alguna forma, el mismo mar los llevaría al cielo; no le parecía una idea tan descabellada si ya había pasado por cosas insólitas y tenía conocimiento de los poderes que existen en este mundo, poderes que incluso él puede poseer.

El lienzo celestial había cambiado a una tonalidad gris de forma un tanto brusca, demostrando que los fenómenos meteorológicos seguían una especie de lógica; al menos eso era lo que él podía analizar al respecto. Tras eso, podía verse cómo otra decena de barcos y demás navíos se aglomeraban en un amplio radio. El mar parecía más vivo que nunca. El agua comenzaba a golpear con más fuerza conforme se acercaba el tiempo límite, y el cielo en su estruendo demostró un acto único. Incluso parecía idílico, entre sonidos angelicales, por decirlo de alguna manera y sin querer crear un cliché. Dharma prestaba atención a lo que sucedía mientras la tormenta que se generaba seguía incrementando su fuerza y, tomado de la baranda del barco, ajustó sus manos con firmeza. No entraría a protegerse como muchos otros empleados: su curiosidad y deseo de ver algo diferente le mantuvieron ahí, acompañado de esa música celestial.

| Bro... |

Musitó, anticipando algo extraordinario, hablando para sí mismo, pues solo se tenía a él y a nadie más. Y comenzó a subir, como si fuesen lanzados por un gigante, por un dios, pero era solo el mar y la naturaleza demostrando su complejidad. Elevándose el navío donde el espadachín yacía y sujetándose con firmeza, su fuerza y resistencia le permitían mantenerse estable sin ningún agravio, mientras todo parecía oscurecerse más y más. La presión atmosférica, de igual forma, aumentaba por el cambio de velocidad y altitud.


OFF ROL:
| D e v i l s | N e v e r | C r y |
#24
Salir de Arabasta fue un puto infierno para el pelaje de Moja. El viento del desierto todavía soplaba con fuerza cuando soltaron las amarras del Royal Quiver, dejando una costra de polvo rojizo pegada a la resina fresca que el mink había usado para sellar las grietas del mástil mayor. No tuvo tiempo ni de limpiarse bien las garras; el Comandante Stroud ya tenía la vista puesta en las cartas náuticas y en ese maldito recorte de periódico arrugado que hablaba de un juego en los cielos. ¿Islas flotantes? Para un tipo que se guiaba por la escuadra, el cartabón y la lógica marcial de la academia, aquello sonaba a delirio de piratas borrachos. Pero Stroud mandaba, y la División 60 obedecía.

Los días de navegación hacia el punto de confluencia se convirtieron en una rutina de preparación silenciosa en las entrañas de la goleta. Mientras el timonel mantenía el rumbo con esa parsimonia suya tan desquiciante, Moja bajó a la bodega. Había que estibar la carga para lo que venía. Se pasó horas encajonando las herramientas de carpintería, asegurando los barriles de agua —esta vez revisando los cierres tres veces para no repetir lo del viaje anterior— y vigilando que el dichoso walkie blanco de Bertram estuviera en un rincón seguro. El bicho lo miraba con ojos saltones entre la penumbra de las cuadernas. Moja ni le habló, solo le palmeó el lomo con brusquedad antes de tensar las cuerdas que sujetaban las redes de contención. Si el barco iba a bailar, nada podía quedar suelto.

Y vaya si bailó.

Cuando llegaron a las coordenadas, el cielo ya no era cielo; era una losa de plomo que escupía un diluvio torrencial. El agua fría le empapó el pelaje negro en un segundo, apelmazándolo y haciéndole pesar el doble. Moja subió a cubierta justo cuando el mar empezaba a hacer cosas raras. No era oleaje normal. El agua borboteaba desde el fondo, caliente, soltando un vaho espeso que se mezclaba con la lluvia. Parecía una olla exprés a punto de reventar bajo la quilla vieja del Royal.

Entonces el Comandante dio el grito. «¡Asegurad cabos! ¡Desplegad velas!»

Moja no esperó a que Bertram terminara su discursito poético sobre las flechas y el destino. No había tiempo para literatura. Se lanzó hacia las cornamusas de babor, con las manos resbalando por la soga empapada que quemaba la piel al tensarse. El viento arreció de golpe, un aullido ensordecedor que casi tapa esa extraña música celestial que bajaba de las nubes. Justo cuando encajaba el cabo con un nudo marinero, el océano estalló.

Un monstruo de agua blanca se alzó hacia el infinito. La Knock Up Stream.

El impacto lateral casi lo manda de cabeza contra el trancanil. La goleta se inclinó hacia arriba en un ángulo absurdo, vertical, desafiando cualquier ley física que Moja hubiera estudiado. La madera del Royal Quiver protestó con un crujido seco, un gemido agudo que a Moja le dolió en el alma; sabía perfectamente qué cuadernas estaban sufriendo más por la presión. Con las uñas hincadas en la madera de la regala para no deslizarse hacia la popa, que ahora era el abismo, Moja usó toda la fuerza de sus piernas de mink para mantenerse pegado a la estructura. El agua le entraba a cubos por los ojos, cegándolo, pero a través de la cortina de espuma vio un barril salir despedido hacia la nada.

Sintió un nudo de pura rabia en el estómago. Agarró la base del mástil reparado con el brazo derecho, rodeándolo como si fuera su propia vida, mientras con la otra mano intentaba alcanzar una de las trincas que amenazaba con soltarse. Si el mástil cedía ahora, la División 60 no llegaría al cielo; se desintegraría en mil pedazos de madera astillada antes de tocar las nubes.

Información

*Pienso*  -Hablo-  Narro
[Imagen: 5IZMHzN.jpeg]
#25

Imperios, ambiciones, anhelos, objetivos y descarados robos. El corazón late desbocado en una mezcla de vibrantes emociones. ¿Nostalgia? ¿Tristeza? ¿Euforia? La diestra se alza en repetitivos movimientos que anticipan despedidas. Los lejanos gritos del pistolero amainan ante el vasto océano por el que navega el Aloha Kai; las lágrimas se hacen presente en el rostro de los más sensibles, las sonrisas en los más optimistas y la serenidad en aquellos que entienden el paso del tiempo. Todo principio tiene un fin, todo sueño puede mutar y todo recuerdo puede convertirse en impulso o freno.

Lucho foro queda atrás mas no su actitud desafiante, los momentos vividos y el relinchar de su corcel que de repente sobresalta a la amazona.



—¡¿Te le robaste el caballo?!

La incredulidad se convierte en una sonrisa de medio lado que termina por convertirse en una amplia carcajada. —FUFUFUFU ¡Si fuera Wyatt ya estaría buscando un bote para matarte, cariño! —En algún recobeco del barco, Cardan se estremece asustado por el porvenir o, quizá, por el pobre destino de Tocho Morocho.

¡Al menos no será la única mascota de la tripulación! Cardan no estará solo, claro que no, vivirá el desastre de los caprichos de Runin, las extravagantes decisiones de Ryota, el secretismo de Barald, la exageración de Yuuki y el narcisismo de Tezca; junto a su nuevo mejor amigo, un corcel negro que no sabe cómo tirarse al mar para escapar de las venideras aventuras. Nada que un buen viaje hacia el siguiente destino no solucione.

Y qué buen destino han elegido.


2 de Primavera del año 18


Uno en el que debe fingir portar la ropa más sosa que ha vestido en los últimos años. ¡Blusa naranja de botones cerrados! ¡Pantalón ancho del mismo tono! ¡Lentes cuadrados y aburridos, incluso lleva el cabello atado sin aditamentos llamativos! ¿La única manera de pasar el trago amargo de no poder verse al espejo sin espantarse de sí misma? Vino envuelto en una funda de papel marrón; como los ebrios descarriados, como aquellos que han perdido el rumbo de su vida. ¿Qué diría Cardan si pudiera verla en ese estado? Es evidente que la serpiente desgraciada buscaría burlarse en siseos extraños y movimientos anormales.

En buena hora que tanto él como el corcel se encuentran descansando en el interior de la bodega; sería extraño intentar pasar desapercibidos teniendo animales paseando por la cubierta, cómo no. Un sorbo de vino camuflado, un largo suspiro y un vistazo a sus compañeros antes de atragantarse con la bebida, si, no importa cuántas veces los vea, sigue intentando no carcajearse o burlarse por sus respectivas pintas.

—¿Vas a una pasarela de zoolander, cariño? —Cuestiona hacia Tezca en una mueca divertida, su madre solía decir esa frase y, aunque Runin no la entienda del todo, siempre le ha parecido graciosa. —¡Un minuto más y juro que tiraba a Yuuki del barco del puro coraje! —Menciona al ver a Ryota quitándose al fin el bigote, ni corta ni perezosa hace lo mismo; lanza el pantalón lejos para denotar un short bajo ellos, desata su cabello, sujeta una bandana en su frente, tira los lentes al mar y ata la blusa hasta sentirse cómoda.


—¿Cuándo será el día que busquemos diversión y nos encontremos con un clima soleado? —Quizá nunca, mas eso no le roba la sonrisa. Aún bajo las oscuras nubes que anuncian tormenta, sin importar la lluvia que cae sin arreciar o el trabajo que implica arriar las velas; Runin Kitay mantiene la expresión decidida y confiada que tanto la representa. ¿El cántico que envuelve a los navíos? ¿Los sorprendidos gestos y anonadadas miradas? ¿El peligro que se avecina?



—¡INCLUSO EL CIELO CLAMA POR NOSOTROS!

El grito evoca ímpetu, la mirada se eleva y sus manos se sostienen con fuerza de la madera, siguiendo las indicaciones de su capitán. El agitado pecho indica la irreverente risa que empieza a brotar desde el interior cuando la embarcación se eleva y los preocupados gritos de sus compañeros se alzan.

¿El bienestar de la tripulación? ¡Están en buenas manos! Ryota jamás los dejaría morir en el mar, Yuuki no permitiría que se ahoguen, Tezca los contagiaría con su osadía, Barald los protegería contra todo y ¿Runin? Ella confía ciegamente en sus amigos, tal como ellos confían en su fuerza para ayudar al navegante a que el barco los obedezca.

—¡Oh, cariño! ¡SIEMPRE ESTOY LISTA! —Exclama sin importar el vacío en su estómago ni el agua que empapa sus vestimentas. Relame sus labios saboreando la salinidad del mar; el ruido se vuelve ensordecedor entre la música y el embravecido océano, sus manos se sujetan con fuerza a la espera de la señal que lo cambiará todo. —Llévanos a nuestro nuevo destino, capitán. —Infla el pecho en una mezcla de excitación y orgullo. —¡LLÉVANOS A TRAVÉS DE LAS NUBES!

La voz de Ryota llena la corbeta. Las rápidas manos de la amazona despliegan las velas.



—¡A NUESTRA SIGUIENTE AVENTURA!


BOLSA DE ESTRELLITAS
[Imagen: MQT49Lq.png]
#26
Día 2 de Primavera del año 18

Hace días que surcamos el mar para conquistar los cielos. Un viaje legendario con el fin de participar y vencer en los Juegos de Zaratsuki, el soberano entre las nubes. Un evento mundialmente reconocido, donde se premian las habilidades en combate y la violencia. Un escaparate para el resto del planeta, donde se forjan las nuevas leyendas del mar. Y lo más importante de todo, aquello que los novatos no son capaces de valorar... Un salvoconducto seguro para acceder a Skypia, a sus recursos y a sus secretos más profundos. 

No ha sido fácil prepararse para llegar hasta aquí, pues no todo el mundo alcanza el Reino Celestial sin ser masacrado antes por sus guardianes. Ni siquiera nosotros, la tripulación más violenta y sanguinaria de la Gran Line, podemos cruzar las fronteras del horizonte sin permiso. No frente a la alianza entre Gobierno Mundial y los que custodian el cielo. Pero incluso la muralla más robusta tiene fracturas por las que puede ser derribada. Y el ingenio de los más astutos prevalece en la eternidad cuando colabora con los más fuertes.
Nuestros hombres, oriundos de Jaya, una isla reconocida por la piratería y el comercio procedente de todos los rincones del mundo, se han hecho con unas credenciales, velas y banderas de la archiconocida empresa de transportes Nozama. A cambio de cargar en nuestra bodega una pequeña cantidad de su mercancía, utilizamos su estandarte y autoridad para atravesar cualquier barrera que se nos interponga en la travesía.

Y así superamos el bloqueo. Ataviados con grandes telas que ocultan nuestro aspecto criminal, disfrazados como humildes marineros que cargan enromes cajas para abastecer al festival. Escudados tras un Veðrfölnir con los emblemas de un Rey del Inframundo. Todo está listo, con cada pieza del tablero ocupando su lugar. Es momento de alcanzar las nubes y saborear la gloria. Que tiemblen ante el rugido de guerra del Ragnarok.

Uve · ROW
El veðrfölnir atraviesa el diluvio torrencial como un presagio de muerte, oculto bajo la influencia de la organización Nozama. A su alrededor, decenas de barcos enemigos plagados de insignificantes rivales. Por un instante cruzo miradas con mi hermano. Ambos sonreímos. Ambos sabemos que no tienen nada que hacer frente a la grandeza Buccaneer. Decenas de sueños e historias que serán aplastados por nuestra furia.
Rodeados, a la espera de una señal para poder ascender más allá de la tormenta. Pero no nos quedamos de brazos cruzados, en silencio, esperando el milagro. Se acabaron las formalidades. Podemos ocultar la identidad, pero no renegar de nuestra verdadera naturaleza salvaje.
~~ROW~~
Rugen los piratas del Ragnarok al unísono, bajo las órdenes de su comandante, el Kaiju, que los crece con su discurso aguerrido.
~~TRUMM~~
Responden castigando la madera con lo que tienen a mano, chocando sus armas en un estallido metálico y, los más brutos, golpeando su pecho como un tambor.
~~ROW~~  ~~TRUMM~~  ~~ROW~~
Todos y cada uno de los miembros de la banda empiezan a sumarse en un estruendo ensordecedor orquestado y dirigido por Ubbe, que desafía al rayo y al trueno con una determinación absoluta. Yo procuro mantener el timón firme, a la espera de uno de los fenómenos de la naturaleza más extraños que existen. Este no tarda en llegar, en "Knock up Stream". 

Comienza el agua hervir en un área de cientos de metros de distancia. Así empieza siempre. Bajo la alerta del mar embravecido, como navegante y capitán doy la orden a toda velocidad. -¡¡Arriad las velas deprisa, cabrones. O saldréis volando, hijos de puta!!- varios de los hombres obedecen al instante. El resto, continúa siguiendo los ritmos de guerra marcados por el titán azabache.
Y entonces sucede. Una música celestial desciende desde más allá de la tormenta, nacida de la bruma. En respuesta, lanzo un grito barbárico advirtiendo al resto de que se preparen y se agarren a lo que puedan. Mi hermano, más insensato que yo, ensalza todavía más el cántico de guerra. No hay tiempo para más. El clamor angelical ensordece todo tipo de sonido cuando una columna infinita de agua emerge y nos catapulta con una fuerza descomunal.
El ascenso del Veðrfölnir

Me mantengo inalterable a los mandos de la nave, que acelera sin control y sin que pueda hacer nada al respecto. Aun así, la sensación de velocidad despierta en mi una felicidad dormida que jamás había sentido antes. Algo casi ancestral inherentes en todo aquel que tiene poco aprecio por la vida. 
Con un gesto mudo, pues el coro divino impide mantener una conversación de cualquier tipo, indico que vuelvan a extender las velas de Nozama para pillar impulso y poder surfear el torrente como si se tratara de un ola. Tal cual sucede. El barco desafía a la gravedad como si las leyes físicas no existieran para él, buscando alcanzar las nubes negras y chocar con ellas sin temor alguno.
Muchos Hijos del Ragnarok salen volando, salvándose de caer por sostenerse en el último momento a cuerdas y cabos sueltos. Los más avispados permanecen ocultos en la bodega y los camarotes. Ubbe me acompaña en cubierta, inamovible. Y yo... Yo me mantengo altivo y amenazante frente a la adversidad, mirando de tu a tu a la mismísima tormenta 
como a un enemigo más.

En efecto, cajita feliz
#27
Dia 2 de primavera, año 18

Varios días atrás salimos de Jaya con una misión; atravesar el cielo para llegar a las nubes. 
Se trataba de un viaje sin igual con la misión de participar en unos juegos competitivos con tal de contentar al soberano de Skypea. Era Zarutsuki, uno de los Shichibukai. Se trataba de un evento sin parangón donde los dos bucaneros pondrían a prueba sus habilidades, fiereza, y fuerza sin igual para ser los mejores de entre todos los participantes. 

Ser partícipes de tales gestas había sido idea del capitán. Sigurd. Tras enterarse en el periódico de que esto iba a suceder, movilizó a las tropas para poder ser parte de los barcos que llevarían cargas de Nozama al cielo. Nozama era un grupo mercantil que gestionaba Beff Jesus, uno de los señores del inframundo, aunque claro, Ubbe no tenía ni puta idea de nada de eso, y ni siquiera le importaba lo más mínimo. Solo agradecía que los hijos del Ragnarok hubieran podido conseguir esas ropas y telas para poder cubrirse tanto a ellos mismos como al barco, haciéndose pasar por simples marineros y trabajadores. En la bodega llevaban carga de Nozama para repartir una vez llegasen a Skypea, y esa iba a ser la excusa para poder participar en los juegos. 
El Veðrfölnir no era lo mismo con aquellas telas cubriendo los símbolos del Ragnarok, pero seguro que todo aquello valdría la pena una vez llegasen allá arriba. Ubbe estaba preparado para todo; ahora tenían un ejército que lideraban entre los dos. En Jaya no había encontrado siquiera un oponente digno de entretenerle en una pelea, y desde el encuentro con aquel tipo oscuro que se transformaba que no había podido probar un desafío en condiciones. Ubbe tenía hambre. Hambre de guerra. 


El veðrfölnir atravesó el diluvio torrencial como un presagio de muerte, oculto bajo la influencia de la organización Nozama. A su alrededor, decenas de barcos enemigos plagados de insignificantes rivales. Por un instante, Ubbe cruzó miradas con su hermano. Ambos sonrieron. Ambos estaban seguros de que ningún rival allí presente tenía nada que hacer frente a la grandeza Buccaneer. Decenas de sueños e historias que serían aplastados por su furia. Se encontraban rodeados, a la espera de una señal para poder ascender más allá de la tormenta. Pero no se quedaron de brazos cruzados, en silencio esperando el milagro. Se acabaron las formalidades. Podían quizá ocultar su identidad, pero no renegar de su verdadera naturaleza salvaje.

- ¡SEGUID EL RITMO DEL RAGNAROK, SONS OF JAYA, HOY ES EL DÍA EN QUE CONQUISTAREMOS LOS CIELOS!

Ubbe se golpeó el pecho con fuerza, empezando un ritmo que haría temblar hasta las nubes. 

Uve · ROW

¡ROW!

Rugieron los piratas del Ragnarok al unísono, bajo las órdenes de Ubbe.

¡TRUMM!

Respondían castigando la madera con lo que tenían a mano, chocando sus armas en un estallido metálico y, los más brutos, golpeando su pecho como un tambor imitando a su general. 

¡ROW! - ¡TRUMM! - ¡ROW!

Todos y cada uno de los miembros de la banda empezaron a sumarse en un estruendo ensordecedor orquestado y dirigido por Ubbe, que pretendía desafiar al rayo y al trueno con una determinación absoluta. Sigurd mantenía el timón firme, a la espera de uno de los fenómenos de la naturaleza más extraños que existen. Este no tardó en llegar, el Knock up Stream.

El agua empezó a hervir en un área de cientos de metros de distancia. Así empezaba siempre. Bajo la alerta del mar embravecido, el navegante y capitán dió la orden a toda velocidad de arriar las velas. 
Varios de los hombres obedecieron al instante, el resto, continuó siguiendo los ritmos de guerra marcados por Ubbe. 

Y entonces sucedió. Una música celestial descendió desde más allá de la tormenta, nacida de la bruma. En respuesta, Sigurd lanzó un grito barbárico advirtiendo al resto de que se preparasen y se aferrasen a lo que pudieran. Ubbe, más insensato que el capitán, ensalzó todavía más el cántico de guerra. No hubo tiempo para más. El clamor angelical ensordeció todo tipo de sonido cuando una columna infinita de agua surgió hacia arriba y les catapultó con una fuerza descomunal.

Veðrfölnir


La embestida fue brutal, tanto que el barco salió despedido hacia arriba y empezó a navegar por esa extraña y descomunal corriente. Ubbe no se aferró a nada, siguió él solo cantando y golpeándose el pecho desafiando la música celestial. 
-ROW- 
Algunos de los marineros toman la sabia decisión de esconderse en la bodega, huyendo de una posible caída al vacío. Otros valientes que se quedaron coreando la música con Ubbe salieron despedidos hacia el, siendo el buccaner, sin moverse del sitio el que los agarra en plena caída.
-ROW- ¡FIGHT THE POWER BABY!
Los soldados se acabaron escondiendo, y Ubbe sucumbió ante la canción celestial, dando esa batalla musical por perdida y sonriéndole al destino como si estuviera forjado solo para él, dejando que la melodía angelical le abrazase como al resto. 


INFO
[Imagen: ksMOGZu.png]
#28
Mizuki era una Gyojin tiburón tigre de dos metros treinta y cinco de altura, más que capaz de maniobrar entre las corrientes del Grand Line en tanto tuviera un barco en condiciones, el grupo conocido como Corriente Libre al que pertenecía tenía una confiable Carabela en el Ropecadenas, ya tenían todo lo necesario para desplazarse a la siguiente isla de aquella corriente, sin embargo la mujer rubia de ojos azules y esclerótica negra no podía evitar desear tener más información y prepararse para posibles imprevistos, así que una vez más fue a recolectar información a los muelles de la Isla Elíseo para mejorar las probabilidades de avanzar a través de las corrientes del Grand Line con tanta seguridad como le fuera posible.

Puede que estuvieran tan solo en la segunda isla de su corriente, sin embargo como navegante de “Corriente Libre” era la obligación de Mizuki teorizar y tratar de planear de la mejor forma posible como se desplazarían por las mareas del Grand Line con el Rompecadenas, normalmente su preocupación sería tener los víveres suficientes para llegar a la siguiente isla, el estado del barco o ver si podía obtener algún mapa que le ayudase a anticipar donde se ubicarían en la próxima isla a la que llegasen, sin embargo en la nuca de la Gyojin también estaba el problema de la flota de la Marina que habían dispuesto en las quintas islas del Grand Line para impedir que “indeseables” llegasen lejos a causar problemas en aquellos territorios, sin embargo al deambular investigando en los muelles de la isla Elíseo, obtendría la respuesta para ese último inconveniente gracias la empresa Nozama inesperadamente.

La organización del transporte mundial Nozama tenía un gran proyecto que les llevaría hasta la isla de Skypea, cruzando más allá del feroz bloqueo marítimo preparado por el gobierno mundial, con aquella información entre manos la mujer de ojos azules procuraría disfrazarse para tomar una identidad distinta de la revolucionaria que era y ofrecer los servicios de “Una carabela capitaneada por un Gyojin más que capaz” a un miembro de la empresa Nozama que al final de cuentas acabaría otorgando el salvoconducto y las velas haciendo que el navío pudiera recorrer las aguas como parte de la empresa Nozama hasta llegar a Skypea y entregar el cargamento correspondiente antes de esperar a la oportunidad adecuada para ejecutar otros planes en la mítica isla de los cielos.

Con el equipamiento listo y el navío disfrazado como una más de las embarcaciones pertenecientes a la gran corporación del magnate Beff Jezos, el viaje había sido uno pacifico o al menos tan pacifico como un viaje donde se debían desplazar guiados o acompañados de múltiples embarcaciones a través de Grand Line podía llegar a ser. Al menos una o dos veces por día la Navegante se podía dar el lujo de ver el estado de sus compañeros de tripulación, intentar velar por la salud de Kazan e intentar charlar con  Seraphine de algunas cosas básicas respecto a disfraces, como ponerse la peluca y que su cabello no le molestase, usar capa para disimular sus alas u otras ideas de las que la angelical revolucionaria pudiera beneficiarse una vez estuvieran en una situación que permitiese a otros individuos acercarse suficiente para identificarla.
-Voz femenina- ||-Voz masculina- ||-Piensa-
Código:
[b][color=purple]-Voz femenina-[/color][/b]
[b][color=darkred]-Voz masculina-[/color][/b]
[i][color=#38A0C2]-Piensa-[/color][/i]
#29


Los Juegos del Soberano - 2 de Primavera del año 18

¿Un viejo medio ciego navegando el Grand Line? Zhang había sido el chiste entre los marineros de Drum; nadie creía que un tuerto lograra domar aquel mar tormentoso para llegar a los cielos, pero allí estaban... Nada había podido con ellos. 

Pero no necesitaba un buen par de ojos para ello. A su edad, las corrientes y los cielos le habían curtido un sexto sentido... Que lo habían convertido en un viejo mañoso... Solo había que saber escuchar para entender el mundo, para llegar a cualquier lugar.

El Wu Wei crujía bajo sus pezuñas. Llevaban ya varias semanas en alta mar, habiendo sido contratados para transportar suministros hacia un evento insólito. Zhang alzó la vista hacia el cielo, observando la bandera de "Nozama" ondeando en el mástil.

¿Por qué estaban allí? El viejo burro soltó un soplido mientras maniobraba suavemente el timón. Estaban a punto de llegar y, como pudieron, los tres habían amarrado y almacenado la carga de la mejor forma posible. La habilidad de Mahou era muy útil en general, y evitaba que nos sobre esforzáramos. 

Silencio dio un salto hasta acomodarse en su hombro, y Zhang logró vislumbrar cómo el pequeño mono llevaba puesta una ridícula gorra de repartidor de la compañía Nozama... Estaban vestidos con una ropa diferente a la habitual, intentando de algún modo pasar desapercibido. Pero parecía que no hubiese sido necesario.

Como Erudito (No por chismoso), había escuchado un par de cosa de aquella flota y de como esa empresa trabajaba. Las malas lenguas, decían que pertenecía a un tal Beff Jezos, "era el dueño del transporte". Su nombre era uno de los mas sonados en el mundo.

Su nombre tenía un poder que ahora Zhang podía atestiguar con su único ojo. A pesar de los peligros que alvergaba el recibir extraños en otras tierras, los buques de la Marina pasaban de largo y parecían ignorarlos por completo al ver esa bandera, incluso parecían ser la "escolta". Todo era extrañamente sencillo.

—Hmmm, no cualquiera puede lograr algo como esto, calmar la "Justicia"... —dijo en voz tranquila a sus compañeras, a este paso esperaba que Bai le entendiese un poco, pero hablo en el idioma de la mujer —Los marinos están durmiendo, ¿Qué estarán tramando?. 

A Zhang no le gustaba colaborar con ese tipo de personas que asfixiaban el mundo, esas personas eran el opio de los mares, y no el que le gustaba al burro. Soltó un soplido, la vida algunas veces te obligaba a ensuciarte un poco las pezuñas... Sea lo que sea que estuviesen transportando, era su billete al cielo.

Luego de otro poco mas de trayecto, el cielo se tornó oscuro; habían llegado al punto exacto, justo a tiempo. Podía escucharse la tensión en el aire, el romper de las olas y el crujir de... ¿El Wu Wei soportaría la presión? Zhang se aferró con fuerza al timón, preparándose para el impacto.

El pelaje de Zhang se erizó, mientras el barco comenzaba a sacudirse violentamente... La primera en reaccionar fue Bai, quien alertó a la tripulación justo a tiempo. Zhang no podía permitirse distracciones; tenía que estar concentrado para que todos sobrevivieran.

Con su único ojo, el viejo burro logró captar cómo Bai se lanzaba rápidamente para atrapar a la pequeña Mahou antes de que aquel estallido que los lanzaria por los aires. Su capitana sabía perfectamente lo que hacía. El trabajo de Zhang, era llevar ese barco hasta las nubes.

—Hmmmm, ¡Agárrense fuerte, muchachas! ¡Hoy tomaremos el té en las nubes! —gritó, aunque manteniendo ese tono sereno y suave que lo caracterizaba.

El mar se levantó, creando una gigantesca columna de agua que arrastró a todos los barcos a su paso. Caer ahora era una sentencia de muerte. Y el tiempo pareció detenerse por unos instantes, donde incluso el sonido del silencio había desaparecido.

El velero se colocó en una posición vertical; las velas, sirvieron para darle un poco de estabilidad pero todo parecía salirse de control. ¿Era posible navegar un chorro de agua ascendente? El viejo burro, al menos, lo intentaría.

Zhang se aferró con toda su fuerza, y clavando sus pezuñas con firmeza se mantuvo allí. La rueda del timón intentaba girar salvajemente, amenazando con romper los brazos del burro, pero agradecía el poder de su fruta en situaciones como aquella.

Sintió a Silencio dentro de su ropa; a estas alturas, el pequeño mono ya parecía acostumbrado a todo tipo de locuras a su lado. El viejo burro resistió, manteniendo el Wu Wei en línea recta, apuntando directo hacia el cielo.

Y en ese instante, fue que noto que algo no cuadraba del todo,  el burro se vio inmerso en un sonido angelical. No era algo que Zhang hubiese escuchado antes. Aquella melodía comenzó a silenciarlo todo y a todos. Era hermoso... El canto lo hizo olvidar la tormenta por un instante, el mar los empujaba hacia aquel manto blanco. 

La bitácora del burro
Zhang Guolao
"El vacío no se mueve, pero lo contiene todo"
❄ La Calma del Vacío
฿ 226,000,000
?Nv.19 — Logia Yuki Yuki
#30
Entrenar, entrenar, entrenar…

Desde la partida de Dimitri y Hae-won hacía unos días, casi no había otra cosa que me mantuviera anclada al presente. No podía evitar acordarme de la conversación que tuve con Shin en aquella playa, y no quería caer en lo mismo que temía para él, pero era difícil sabiendo que soy la más débil del equipo y que estoy a mil años luz de Kael y de él. Más aún, cada vez que recordaba que cometí la estupidez de tomarme aquella esfera en el baile de máscaras de Le Chevalier y que necesité ayuda para evitar que me secuestraran. Entre Kutsukku y aquello, sumaban dos intentos de esclavizarme en tan sólo una estación…

¿Cómo voy a proteger a mis compañeros siendo el eslabón más débil? ¿Cómo voy a ser útil si no puedo garantizar defenderme ni a mí misma? Durante muchísimo tiempo había logrado no obsesionarme con ello y, salvo por las horas de trabajo y las prácticas culturales que me estuvo enseñando Shin, mantener unos entrenamientos intensos pero que no me consumieran. Sin embargo, el dolor de la ausencia de Dimitri y Hae-won se sumó a aquello, haciendo que en los últimos días mi sueño hubiera quedado alterado, pues en las noches aprendí a entrenar para ahogar el llanto antes de que naciera y así poder evitar tener razones por las que llorar en el futuro.

Sin embargo, cuando el sol salía, había una forma mucho más eficiente de anclarme al presente y hacerme sentir la parte más alegre de la vida.

Recapitulación de los hechos


El anuncio de una nueva aventura llenaba el futuro con un refrescante color. Nuevas posibilidades, nuevas oportunidades y una experiencia que recordar para el resto de nuestras vidas.

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Desde el primer día en que nos acercamos al barco de Nozama, ofrecí mi ayuda en todo lo que pude, no sólo aquel día, sino también durante el viaje. ¿Observar a quienes llegaran a la entrada de embarque para que nadie se colara? ¡Hecho! ¿Vigilar durante algunas noches en la cofia aprovechando mi buena visión nocturna? ¡Hecho! ¿Ayuda extra en la cocina? ¡Hecho! Cualquier cosa en la que se me pudiera necesitar, me ofrecía de inmediato.

Había visto a Shin de lejos de vez en cuando con los periódicos, pero yo ya los tenía memorizados, tanto sucesos como las caras de aquellos por quienes se ofrecía recompensa.

Por eso, en su lugar, en mis ratos libres pedía algo de espacio, marcaba una línea de seguridad y me dedicaba a practicar con mis nuevos bos delante de todo el mundo, a modo de exhibición. Ya había entrenado muchas veces en solitario, así que sabía hacerlo perfectamente sin necesidad de un combate simulado, ¡pero hacerlo delante de curiosos siempre animaba aún más!

Quizás muchos de ellos habían visto a Shin en el periódico y Kael ya parecía fuerte nada más verlo, pero de mí no sabían nada y no tengo una apariencia precisamente peligrosa. Por eso, esperaba que verme en acción aumentara un poquito su confianza en mí y se sintieran más a salvo. O, como mínimo, los distraería de sus obligaciones y jornada habitual.

Ayudar, aunque fuera animando a otros, resultaba terapéutico, sobre todo cuando necesitamos sentirnos útiles.

Y, esta vez, en esta misión…

… sí demostraría de lo que soy capaz.

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Con la excusa de vigilar que todo estuviera en orden, permanecí sentada sobre la verga de la vela más alta del mástil mayor desde que cruzamos el cordón militar del Gobierno Mundial. Con una mano en la madera y otra en el colgante de mis padres, y con la compañía de mi Mushi Mushi sobre el regazo, observo con atención todo a mi alrededor.

Las vistas desde allí resultan privilegiadas: barcos y barcos por todas partes, todos aventureros en busca del mismo objetivo. La emoción no hace más que agitarse en mi cola y en el pecho cuanto más se iban oscureciendo poco a poco los cielos al ir acercándonos al punto central.


La lluvia llega repentina, y yo no pude evitar mirar al cielo, tratando de distinguir algo entre aquellas nubes de perla y plata. Aun con buena visión cuando la luz no es la mejor, el cielo se mantiene tan misterioso como siempre. Con el rostro empapado, oculto mi colgante bajo la ropa, guardo a Carlos en mi mochilita y me agarro a una de las cuerdas para deslizarme hasta la cubierta en busca de mis compañeros.

Llego hasta ellos, junto a la barandilla, con las primeras notas de aquellos cánticos que, desde la tormenta, parecían cubrir el mismísimo mar. No puedo evitar asomarme, mirando desde más cerca que antes la ebullición del agua bajo la madera del barco. ¡Resultaba muchísimo más impresionante desde aquí que desde lo alto! ¡Y aumenta cada vez más su actividad conforme se intensificaba la música, como una cuenta atrás a punto de explotar!

Y, realmente… estalla.

Uno a uno, los barcos ascienden de un modo increíble hasta una altura imposible. Mis dedos cubren mis labios de inmediato, dejando únicamente visible la sorpresa de mis ojos. ¡Eso es infinitamente más impresionante que cualquiera de las atracciones que pudiera haber en Matsuri! De hecho, sólo se me ocurre una cosa que pueda ser comparable: el Reverse Mountain.

Ante la advertencia del albino, yo me agarro con un brazo a cada uno, sin querer separarme de ellos lo más mínimo durante el ascenso. Éramos un equipo, y lo seríamos hasta el final. Esta era una experiencia compartida que recordaríamos toda la vida.

En ese instante, las palabras de Shin no escapan a mi buen oído, y mi sonrisa se amplía al tiempo que me agarro un poquito más fuerte a su brazo, mostrándole mi apoyo.

Iba a decirle que me alegraba de tenerlo con nosotros, pero en su lugar un grito asustado escapa de mi pecho al alzarse el barco hasta terminar en carcajadas de pura adrenalina.

Una vez más, dirijo mis aguamarinas al cielo, alzándonos contra viento, tormenta y destino.

Kuroshiro
[Imagen: bskx3zy.jpeg]


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