[Aventura T2 - Presente Absoluto] - "Piel Azul" Glatus
#41
Alzeid comenzó a avanzar por aquellos raíles sin ningún problema aparente. Afortunadamente, el camino a seguir era completamente recto, sin ningún tipo de altibajo salvo por algunos tramos que se encontraban en peor estado, por lo que continuar hasta donde el sonido metálico comenzaba era bastante sencillo. A pesar de la oscuridad que reinaba en aquel lugar, pues no había ningún candelabro que lo iluminase, el oído de Alzeid le permitía seguir la vagoneta con total exactitud a pesar de la escasa visión que poseía. Si a esto le sumamos la llanura del recorrido, podemos deducir que estaba saliendo mucho mejor de lo planeado y de lo esperado. Aunque durante este pequeño trayecto centró sus sentidos en no perderse en aquella oscuridad, el joven andrógino sí que logró perderse en sus pensamientos. Las reflexiones sobre el alma eran cada vez mayores y las personas que lo rodeaban parecían no entender nunca a qué se refería, así que vamos a dejar un par de cosas claras. Alzeid no es capaz de ver realmente las almas de las personas, pero sí que parece detectar alrededor de ellas una especie de aura, un color que los acompaña, aunque seguramente ésto sea algo sugestionado por su propia creencia y determinación a querer ver realmente esas almas. Así, durante este paseo que se estaba dando sobre un par de patines, no podía dejar de pensar... - ¿Quizá debería crear mi propia religión? Ganaría mucho dinero si lo sé aprovechar. - Discutía consigo mismo. - Y eso me permitiría hacer que todas las personas comprendan la importancia que tienen las almas. La dualidad que existe en nosotros. La necesidad de cuidar las vasijas que las guardan y protegen... Nuestros cuerpos. - Continuaba exponiendo, como si estuviese realizando una ponencia frente a miles de personas. Aunque tan sólo estaba hablando con la pared. Literalmente. - Mmm... - Suspiró. - ¿La religión de las almas no es algo pobre y poco fashion? Nada llamativo. Tengo que darle un par de... vueltas... - Redujo su tono de voz, aunque nunca variaba demasiado y siempre hablaba de la misma manera, puesto que el sonido que producido por la vagoneta era cada vez más débil, siendo esto un indicativo de que estaba reduciendo su velocidad. O eso pensaba Alzeid. - ¿Llegamos...? - Se preguntaba, mientras erguía su cuerpo un poco más para ver si podía ver algo. Al fondo había luz, o algo más de claridad por lo menos. Aprovechó esto para darle otra patada a la vagoneta e intentar llamar la atención de las personas que pudiesen estar en el lugar. Esto provocaría mucho más ruido del que hasta ahora había hecho, aunque los canarios no habían cesado en sus intentos por detener aquel medio de transporte con sus cánticos. 
 
Y, a lo lejos pero mucho más cerca de lo que creía, había luz. El camino desembocaba en una sala mucho más amplia en la que se encontraba la vagoneta restante, completamente cargada de material de valor. ¿Estaban trabajando para extraer material de valor? Alzeid no se lo podía creer. Aún sumergido en la oscuridad del camino que lo había llegado a aquel lugar, examinaba la situación aunque no podía ver con total claridad lo que estaba sucediendo. Desde donde se encontraba, podía avistar una serie de sacos repletos de material, aunque no podía deducir qué era, y a personas trabajando con maquinaria que tampoco conocía, pero que no había duda de que era la causante del incesante sonido metálico que había estado escuchando hasta ese momento. Eran ellos. A falta de poder avistar todo lo que estaba sucediendo, Alzeid no pudo identificar a ninguna personaje que encajase con la descripción de Glatus, el hombre que estaban buscando, cuya información había podido leer en los informes que le había robado a Daryl sigilosamente. De la conversación que estaban manteniendo, Alzeid había deducido un par de cosas: que estaban ahí trabajando, que la chica que había realizado el disparo y cuyo nombre era Aimi era la vice-capitana y que existía la posibilidad de que estuviesen esperando por Sadine. Era la chica que había acabado con su propia vida y por cuya muerte tenía que castigar a Glatus. Aunque Alzeid no había recordado su nombre, al escucharlo comenzó a recordar cómo su compañero, aquel sin sentido del ridículo, llamaba por ella con una voz bastante tímida y de tono bajo. Alzeid tenía que aprovechar esa oportunidad para recabar información sobre dónde estaba Glatus y cumplir con el objetivo de su misión. El canino de los agentes no podía llevarse la gloria. Tampoco era capaz de salvar ningún alma cuando la suya estaba hecha pedazos. 
 
Alzeid dedujo, de lo que pudo escuchar, que la mejor manera de entrar en escena no era una ofensiva, pues perdería toda posibilidad de obtener información. Así que optó por el camuflaje, por el engaño y la seducción. Soltó su melena, dejando caer algunos mechones por sus hombros y por el pecho, y comenzó a andar lentamente, saliendo poco a poco de aquella oscuridad y levantando levemente su vestido. Los bajos que había realizado en él después de la batalla con Sadine, ya que su sangre lo había manchado, hizo que el vestido fuese más corto de lo que originalmente era, dejando al descubierto gran parte de sus piernas. - ¿Estás esperando por Sadine? Entonces debes de ser Aimi, ¿no? - Preguntó, con una sonrisa en el rostro mientras entraba en el lugar. - Me dijo que estarías por aquí trabajando, como siempre. Y que eras la más lista del grupo y con la que podría hacer negocios más interesantes. - Se mordió el labio. - ¿Estaba en lo cierto? - Preguntó, despreocupado, mientras jugaba con los mechones que caían sobre su hombro derecho. - Tengo bastante dinero y me gustaría seguir haciendo más. - Susurró mientras sacaba un fajo de billetes de su bolsillo y le daba un beso. - ¿Me podéis ofrecer algo tú o Glatus? - Esto era importante, ¿dónde estaba su objetivo? Alzeid esperaba que Aimi le pudiese dar alguna respuesta. Si no era el caso... tendría que acabar con ella. 
 
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#42
Irina parecía segura, le dijo a la gigante que lo mejor que le podía pasar era que fuera con ella. La verdad es que se sentía muy cómoda con su nueva compañera y eso que no estaba nada acostumbrada a la compañía, siempre había estado sola. Jude se encaminaba hacia el interior de la gruta tras la afirmativa respuesta de la pelirroja. Aunque no debía, estaba impaciente por ver que les deparaba el destino al final de aquel pasaje. Anduvieron en silencio hasta que éste fue roto por la agente que que se había puesto al mando del comando. Comenzó a organizar la estrategia con la premisa de que si se encontraban con Glatus deberían actuar con cautela. Alegó que Jude no podría pasar desapercibida (razón no le faltaba), pero que su tamaño era perfecto para bloquear la posible huida de quienes se encontraran. Le guiñó un ojo. La gigante se ruborizó por primera vez en su vida, no sabía que era esa sensación pero le gustó sentirse útil, nunca había trabajado en equipo y no le estaba resultando tan desagradable como hubiera imaginado. Después le sugirió a la pelirroja que, por su buena apariencia, podría seducir a los enemigos mientras ella los degollaba, respondiéndole ella que podía hacer ambas cosas a la vez, que no sería la primera vez. Jude puso cara agria al escuchar la conversación, le provocaba asco imaginar la situación, ella jamás sería capaz de seducir a un hombre, le repugnaban. "Menos mal que lo mío es evitar que se escapen." Irinia les hizo saber que Glatus era un manipulador nato, tenían que estar alerta y no dejarse embaucar. Si se escapaba culparía a las otras dos de ello. La gigante asintió girando la cabeza hacia su compañera.

Tras un rato descendiendo por aquel túnel lleno de curvas, divisaron lo que parecía el acceso a una cámara más amplia. La mina era un lugar bastante tranquilo sin muchos indicios de vida allí, pero un rastro apareció para alertar a la gigante de que no llegaban a una habitación vacía. Si, se intuían muebles desde la distancia, pero había alguien ahí. Un olor fuerte y característico, perfume masculino. Jude se paró a escasos metros de la entrada, analizando aquel aroma, mientras Irina le pasaba por su izquierda sin detener el paso hacia aquella estancia frente a ellas, con la determinación de una buena líder. Entraron para ver con más claridad una serie de mesas con sus respectivas sillas, iluminado con pocos focos, parecía una cantina que los trabajadores podían utilizar para descansar y comer algo. Al fondo, sentado sobre una caja, una sombra que no tardó en levantarse al verlas entrar. Al ser desvelado por la luz, se podía ver un hombre entrado en el ecuador de su vida, su piel azul grisácea puso alerta a la novata agente de nueve metros y pico de altura, tenía que ser el capitán que buscaban. 

Demostró ser un hombre frívolo al hablar con tanta normalidad de la posibilidad de que sus subordinados podrían haber sido aniquilados por las tres jóvenes. Aplaudió su hazaña mientras se acercaba a ellas a paso tranquilo, para finalizar con una oferta que Jude jamás aceptaría. De echo la enfureció bastante, pero estaba madurando a pasos agigantados (jeje) y se calmó antes de que Irinia la mirara y le señalara al suelo, justo enfrente de la puerta. La novata iba a dejar aparcado su instinto asesino para centrarse en que esa misión fuera un éxito. No quería hacer el ridículo frente a agentes más experimentadas.

Irina comenzó un discurso entonces que empezaba presentándose y explicando que llevaba semanas tras la pista su pista. Menos mal que Jude se lo estaba tomando en serio, ese tipo había podido eludir a una bestia como ella durante bastante tiempo. Confirmó después que habían terminado con las vidas de su lacayos y que eran tres contra uno. Siguió demostrando sus altas capacidades y arrinconando al capitán pirata verbalmente, sabía que no era fortuito el encuentro en aquella estancia, que un tipo como el nunca se expondría sin una salida. Finalmente le dijo que no se iban a unir a él, Jude sonrió, pero que estaba abierta a negociar. Ahí cambió la expresión de la gigante. "¿Negociar con un asqueroso pirata? ¿Qué estará tramando esta chica?" 

Irina les dijo a sus compañeras que se sentaran, parecía que comenzaba la negociación. Jude, un tanto intrigada, se sentó con las piernas cruzadas en el suelo, frente a la puerta, recogiendo a Lucy en su espalda. Respiró hondo y se limitó a esperar el siguiente movimiento de la estrategia de su compañera. Nunca había sentido respeto por nadie hasta que apareció ella en su vida, no sabía exactamente por que, pero confiaba ciegamente en Irina. 


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#43
Situación de Alzeid

Quién se iba a esperar que de detrás de aquella vagoneta iba a salir un o una pibón peliazul. Los cinco piratas situados a dos metros del infiltrado o infiltrada Alzeid, que inicialmente pegaron un brinco del susto, seguidamente recorrieron sus miradas de arriba hacia abajo mientras babeaban como los perros que eran. Ese figurín, esas piernas interminables, su pálida piel, llena de cicatrices, y la forma en la que coqueteaba con su pelo, la hacían toda un femme fatale o un casanova. Tenía locamente perdidos a los cinco piratas más cercanos de él y a los otros cinco más lejanos, que se aproximaban hacia el agente, embobados, como si de polillas dirigiéndose hacia la luz se trataran, hasta que se pararon junto a sus otros compañeros.

Sin embargo, Aimi, con su pistola aún en mano, se mantenía tranquila y, sobretodo, escéptica sobre el comportamiento del intruso o intrusa.- Este andrógino no sólo conoce mi nombre, sino también el de Sadine, ¿eh? - Sin duda, la vicecapitana de los piratas Aoihada estaba alerta. De repente, esbozó una sonrisa totalmente genuina.- Así que te manda esta Sadine, ¿no? GRIHAHA - Hizo una pequeña pausa, donde se llevó la punta de su pistola a su barbilla.- Y quieres que te ofrezcamos algo, ¿no? - Sin dejar que respondiera el peliazul, apartó la punta de su pistola y la dirigió hacia el agente, al mismo tiempo que apretaba el gatillo, disparándole en su hombro derecho.- ¿Qué te parece una bala entre ceja y ceja? GRIHAHA - Preguntó como si estuviera respondiendo a su anterior pregunta. Aún con una sonrisa en su cara, empezó a girar su cabeza hacia los lados, a modo de negación, hasta que paró y volvió a dirigir su mirada al agente.- Buen intento en engañarme, ¡ha estado muy bien! pero Sadine jamás se referiría a mi como "la más lista del grupo", GRIHAHA.- Los diez esbirros, que salieron del embrujo de Alzeid, sacaron sus espadas, apuntándolas hacia el agente, mientras que Aimi seguía apuntándole con su pistola.- Ahora, más te vale decirme quién eres y qué has hecho con Sadine o te vuelo los sesos, GRIHAHAHA. 


Situación de Daryl

La melancolía de Hund se vio interrumpida por una voz masculina, que no era capaz de reconocer, procedente de su espalda. Al girarse, observó al hombretón, igual de imponente que se gran espada, cubierto de sangre, que se erguía frente a él.- ¡Sacre bleu! - Se llevó las manos a la cabeza. El grandullón fue directo, indicándole que la sangre que tenía en su cuerpo pertenecía a los ahora cadáveres de sus compañeros de su entrada, amenazándole con acompañarles al otro barrio si no le decía el paradero de su capitán. Hund comenzó a parpadear, pero no como lo haría una persona normal, sino de manera arrítmica, cerrando primero los párpados de su ojo izquierdo seguidos del derecho. Como si el espadachín no exisitiera, Hund se dio media vuelta, hasta llegar a la orilla del lago, momento en el que se agachó y extendió sus manos hasta introducirlas en el agua. Seguidamente empezó a lavarse la cara, parecía que la noticia de las muertes de sus compañeros lo habían dejado tan en shock que necesitaba una dosis de agua fría para espabilarse. Tras tres segundos lavándose la cara, se levantó y volvió a dirigirse hacia el intruso, hasta que se quedó a unos 10 metros de él. Sus manos y cara goteaban del agua que recién había usado para limpiarse. En ese momento, se detuvo y se llevó su diestra a su bigote derecho, comenzando a acariciárselo.- Magvin está mejog muegtó... A monsieur Hund le paguecía una abegación para les yeux.- Retiró su diestra del bigote y dejó caer su mano, cerrando fuertemente su puño. Su expresión se tornó en una llena de irritación y enojo.- Pego madame Sadine, ¡mon dieu! ¡Ega una madame espléndida y hegmosa! .- Estaba furioso y ciego de ira, tan ciego como para obviar el pequeño detalle de que, aquel sujeto le había dicho que, él solito, se cargó a sus dos compañeros. Sus grandes y afilados colmillos pedían sangre y justicia por la chica.- MONSIEUR HUND NO TE PEGDONAGÁ, ¡PEPÁGATE A MOGIG, BASTAGDÓ! - Entonces, usando aún las gotas de agua que poseía en sus manos, hizo un veloz movimiento con su brazo derecho, como si de una pelota estuviera lanzando pero, en vez de la bola, un veloz y pequeño proyectil acuoso se dirigían hacia su oponente. Ese asesino de mujeres no iba a escapar de allí con vida.


Situación de Irina, Ikirami y Jude

Una atractiva mujer pelirroja, otra deslumbrante semigigante y una criatura, parecida a un ajolote antropomórfico, fueron los que se interpusieron ante, la aparente única salida que tenía Glatus en aquella sala. Esta última, que parecía tomar el rol de líder de ese pequeño grupo, fue directa al grano. Se llamaba Irina, Irina Volkov, y declaró que llevaba ya tiempo tras su pista, sin éxito hasta ese mismo día, confirmándole, no sólo la muerte de sus subordinados, sino también la obvia superioridad numérica que tenían las mujeres frente al pirata. Glatus estaba completamente atento y cautivado al discurso de la chica, por sus palabras estaba claro que no se trataba de una marine, ella al menos debía ser una agente del gobierno. La pelirroja de su izquierda también podría serlo... La única que no le cuadraba era la semigigante, ya que con ese tamaño, era complicado realizar actos de sigilo. Glatus no podía parar de emitir esa sonrisa de calma, como si todo lo tuviera controlado, mientras seguía escuchando, fascinado, a Irina, la cuál, finalizó, antes de mandar a sentar a sus compañeras, sentenciando que no se unirían a él, pero que si estarían dispuestas a escuchar su oferta y propuesta. La sonrisa plasmada en su cara se transformó en una imponente carcajada.- GWAHAHAHAHA, interesante, hija, eres muy interesante, tienes toda mi atención.- Vio como su compañera pelirroja se sentó a tres metros a la izquierda de ella, y, la semigigante, justo enfrente de la entrada a la sala. Salir por allí no era opción. Fuertemente, agarró con su siniestra una mesa que quedaba justo a su derecha y, con suma facilidad, la desplazó hasta quedar enfrente de él, entre las mujeres y él. Seguidamente, cogió una silla, y la puso de forma que quedaría sentado mirando frente a frente al grupo y dando la espalda a la pared donde estaba ubicada la caja con el Den Den Mushi encima. Apoyando los codos en la mesa, entrelazó los dedos de sus manos y dejo caer su barbilla en la superficie de sus manos.- Eres agente del gobierno, ¿verdad, hija? - Habló totalmente sin tapujos, arqueando su ceja derecha, no necesitaba saberlo, pero quería confirmarlo para saber con quien trataba.- Eso explicaría, la cantidad de información que tienes sobre mi, la marina no suele indagar tanto en este tipo de trámites... Son más de actuar. - Hizo una pequeña pausa, en la que separó sus manos y cerró los ojos, mientras ladeaba su cabeza.- Bueno, con toda mi biografía delictiva en tus manos, me ahorras trabajo para explicarte...- Volvió a cruzar sus manos y a apoyar su barbilla en ellas.- ¿Sabes, hija? Aunque el tráfico de armas, drogas y blanqueo de berries sea un negocio que de bastante dinero, hemos llegado a un punto en el que necesitamos ampliar nuestros horizontes...- Se levantó de la silla y, confiado, les dio la vuelta.- He de suponer que también estás al tanto de las noticias, ¿verdad? El incidente de los Cabos Gemelos... Por mucho que me fastidie... - Apretó fuertemente su puño derecho.- Ese Finn, se había montado un buen negocio, aunque no supo extenderse y prever todas las fallas que podían ocasionarle su plan... - Ladeó su cabeza, a modo de negación.- Una verdadera lástima lo que le ocurrió... - Se giró bruscamente, encarando de nuevo a las tres mujeres, y golpeó, fuertemente la mesa con la palma de su diestra.- Pero eso se acabó, a partir de ahora, yo, seré el que ocupara la vacante que ha dejado ese lunático como traficante de esclavos en los Cabos Gemelos. - Extendió ambos brazos hacia los lados.- Con las piedras preciosas que recojamos de la mina, junto a los esclavos que tomemos en pueblo Tara, de camino al barco civil que tomamos, podremos comprar, sólo a poderosos mercenarios, sino también peces gordos de la marina, e incluso miembros de los bajos fondos, ¡es un plan impecable! GWAHAHAHAHA - Volvió a dejar caer todo el peso de su cuerpo en sus manos, apoyadas en la mesa.- Es una verdadera lástima que no os queráis unir a mi, pero si me ayudáis en esto, prometo cederos un jugoso porcentaje de nuestros beneficios, ¿qué decís?.
RESUMEN DEL TURNO

ACLARACIÓN OFF-ROL PARA IKIRAMI

INFO BÉLICA

PERSONAJES


INFO DEL NARRADOR
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#44
Atributos Personaje


¿Cuánto podría aguantar un personaje como Jude sin actuar? mediar un plan intentando encajar las personalidades de los demás no era sencillo, sobre todo si eran muy diferentes entre sí. De todos modos la gigante aceptó de buen grado (aparente) la orden de Irina. Al igual que la marine. Increible, pero podrían sacar partido de la situación si así seguía la cosa. Galtus era un tipo con contactos, con muchos contactos, no solo lo “atraparían” de forma poco ortodoxa, es más, le sacarían mucho más. Con lo que no contó especialmente (que también lo hizo) fue con la ambición desmedida del hombre. Mencionó los Cabos Gemelos y al famoso esclavista Finn. Sintió un repelús extraño al escuchar que la llamara hija. Cerró los ojos medio segundo mientras hablaba y al abrirlos ya estaba relajada. ¿Ceder? Irina no cedía, por muy poco que le gustara lo que estuviera escuchando. Sobre todo lo de llamarla hija. — Me sorprenden tres cosas, Glatus "piel azul". — Irina dejó caer su diestra sobre la mesa, más grande de lo normal al estar en su forma híbrida. — La primera … — Le miró directamente a los ojos. — Supones bien al deducir que estoy enterada de los acontecimientos que suceden en el mundo. Pero te confundes si piensas que aceptaré un porcentaje de todo lo que puedas sacar. Incluso diré, que me has ofendido. —  Recogió la extremidad. ¿Un porcentaje de lo que saque? claramente Irina había subestimado la autoestima del hombre. No negociaba como si estuviera desesperado. Dato importante.  — La segunda ... — Escondió ambas manos bajo la mesa. — Los cabos gemelos han sido un dolor de cabeza para los marines, como casi todo ... —  Ladeó el rostro hacia Ikirami. Nunca era mal momento para tirarles un poco de mierda, porque realmente los solía considerar inferiores en muchos aspectos a los marines. — Que si Derya y los revolucionarios, los Alas negras ... Finn. Tendría que haber esperado que querías ascender en tus negocios, colocarte en la pirámide de la basura. — Irina sonrió, tétricamente. Realmente no sabía como hacerlo de forma fluida.

— Los piratas Sticky nunca han tenido visión de futuro, pero tú si la tienes. Tendrías que pensar en algo más grande que en amaestrar humanos. ¿Conoces el casino Ranara Club? está en el Grand Line. — Bajó la sonrisa. —  Claro que lo conoces, todos los de tu calaña venderían a su madre por hacerse con un pedazo del pastel. Hasta el idiota de Finn lo habría dejado todo. —  Levantó nuevamente la diestra, colocándola sobre la mesa. Estaba muy juguetona con las manos. — ¿Un pedacito? — Insinuó. No dijo nada más. — Olvídate de todo lo que estás haciendo. Pasa unos meses en prisión, al salir, tendrás tu nuevo negocio. —  Tiró la oferta. Dejar todo acto delictivo, pasar meses en prisión y después, cuando saliera, tuviera por contrato un pedazo de uno de los negocios más lucrativos del Grand Line. ¿Lo cierto? Irina no podría ofrecerle tal acuerdo, si podía ofrecerle estar en prisión, no dos meses, serían años, pero eso era un dato que si no lo mencionaba, no existía. En realidad, no le estaba mintiendo, del todo. —  Y la tercera. Si aceptas, el tiempo que estés en prisión serás visitado cada cierto tiempo y declararás todo lo que sepas de la escoria con la que tratas. — Irina dejó de hablar y se levantó.

— Creo que es el mejor trato que puedo ofrecerte, ya que el que me has ofrecido tú me ha parecido un insulto a mi inteligencia. — Se apartó ligeramente para que Glatus pudiera ver a Jude de frente. —  También te puedo lanzar a mi gigante, que te arranque los brazos y después, volver a intentar negociar. —  El cuerpo de Irina fue cambiando de aspecto, volviendo a su forma humana. —  Siempre hay tiempo para negociar. Pero no olvides con quién estás negociando. Glatus. Piel azul. — Terminó acentuando el apodo del criminal con una intención clara. Irina se apartó hacia un costado, miró hacia Jude y hubo un ligero silencio de un par de segundos. Al mínimo rechazo, si Jude saltaba, poco le quedaba por hacer al miserable pirata. 

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#45
Atributos Personaje


El lugar, la luz, el ambiente, el sonido, todo ameritaba una buena batalla. El espadachín ensangrentado observaba a su oponente con el ceño fruncido, los músculos tensos y cierto recelo. Después de decir unas palabras que no entendió, se giró de nuevo hacia el lago estrellado, buscando el agua con sus manos para echársela sobre el rostro. Parecía que la noticia de que sus compañeros habían pasado a mejor vida le había afectado, bien, era lo que Daryl esperaba, minar su moral para aprovecharse de la situación. Quizás, si estaba lo suficientemente asustado, compartiría con él la ubicación de Glatus. Daryl esperó con paciencia hasta que el gyojin terminó de aclararse la cara y volvió hacia él, avanzando hasta quedar a diez metros de distancia. Comenzó a hablar. Había palabras que el espadachín no terminaba de entender, ¿qué idioma era ese? No era solo el idioma, también el acento... como si tuviera algo metido en la boca que no le dejara vocalizar correctamente. Pudo captar que lo que más le había afectado era la muerte de la mujer. Una pena que en el fondo no fuera él el que la hubiera matado. El gyojin gritó, y Daryl sonrió, no de forma sutil como acostumbraba normalmente, sino enseñando los dientes, sus afilados colmillos como si de un canino se tratase.

Con un movimiento de manos que Daryl no fue capaz de ver, Hund le había lanzado una gota de agua. De normal sería algo insignificante, pero aquello no fue un movimiento común, era lo que se denominaba como karate gyojin. Sí, pelear cerca del agua sería una piedra en el zapato para un usuario de fruta como él, pero no le importaba lo más mínimo. La gota, que se sintió más como si fuera una bala, impactó sobre su pecho, perforando su camiseta y su piel. El dolor fue intenso aunque duró un instante, o al menos Daryl no lo sintió demasiado, quizás fruto de la adrenalina que empezaba a recorrer sus músculos. Ahora le tocaba a él. — Haré que me digas donde está tu jefe, aunque tenga que torturarte por el camino. — Su voz era profunda, grave, tétrica incluso. La amenaza era clara.

Aún les separaba demasiada distancia, y contaba con que el gyojin sería más rápido que él, así que planeo una estrategia. Alzó la única mano con la que contaba hacia delante, ésta sujetaba su espada, sin embargo apoyó la hoja encima de su hombro para liberar la palma de su mano, extendiendo los dedos. De su piel comenzaron a emanar pequeñas esporas violetas que fueron extendiéndose por la cueva subterránea. La humedad del aire facilitaba la expansión de las mismas y su capacidad para reproducirse, por lo que el lugar no podía ser mejor para darle uso a su fruta. Inmediatamente después, comenzó a correr hacia delante, agarrando bien su espada que descansaba encima del hombro derecho. La intención sería provocarle un tajo en diagonal, desde el hombro izquierdo del gyojin hasta su costado derecho.



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#46
“Sospechoso…” pensó Ikirami mientras al revisar la habitación había visto unas marcas extrañas marcas en la tierra junto a la caja que sostenía el Den den mushi. Sin duda, algo había pasado ahí. ¿Se trataría como sospechaba de una posible ruta de huida? Desde esa distancia no podía estar segura, pero no iba a dejarlo pasar sin más.

El maldito pirata rio alabando el discurso de Irina. Después movió una mesa para colocarla entre ellas y el hombre, justo en el medio de donde se habían colocado ambas. Cogió una silla y se sentó en el centro. De esta forma, Glatus estaba a escasos dos metros de ellas en diagonal, con la mesa separándolos, en el lado derecho de la sala. Ikirami apoyó el vaso que había cogido sobre la mesa, jugando inocentemente con él cuando el hombre mencionó algo que casi la saca de su papel. Afirmó casi sin ninguna duda que Irina se trataba de una agente del gobierno, añadiendo además que la marina no actuaría así. Siendo sinceros, Ikirami tenía claro hacía rato que el grupo al que acompañaba no era de Marines. Sin embargo, nunca había escuchado hablar de agentes del Gobierno como tal. Sí que había algunos rumores de personas que trabajaban directamente para el gobierno de forma encubierta, pero era la primera vez en su vida que escuchaba hablar a alguien de ello de forma seria. Bajó la mano por debajo de la mesa, apoyándola en su pierna y cerró el puño con fuerza controlando así el nerviosismo que comenzaba a aflorar en ella.

“¿En qué demonios me he metido? - se preguntó- Si no voy con cuidado podría traerme muchos problemas.” Era tan solo una soldado raso, apenas llevaba unos meses siendo oficialmente una Marine. Además, casi todo lo que había hecho hasta el momento era papeleo y limpieza de la base. ¿Podía su ambición haber arruinado su futuro al precipitarse? Sí, era una posibilidad. Pero también era una oportunidad. Si la misión salía bien, tal vez sus superiores le concediesen un ascenso.

Paralelamente, Glatus continuó con su discurso ininterrumpido. Al parecer, las actividades ilegales que llevaba a cabo ya no le satisfacían, era un hombre ambicioso. Y entonces, habló del incidente de los Cabos Gemelos. Ella había leído algo sobre el tema en el periódico, pero no sabía más que la información oficial sobre ello. Mencionó a un tal Finn, por lo que decía supuso que se refería a otro pirata y que había recibido su merecido. Glatus admiraba su trabajo y consideraba una lástima lo que sucedió, pero ahora iba a retomar su lugar como… traficante de esclavos.
El puño que presionaba bajo la mesa, el cual había relajado un poco con su determinación renovada, ahora lo apretaba con tanta fuerza que las uñas se le clavaban en la palma haciéndole herida y sangrando ligeramente. Gracias eso pudo contener la rabia lo suficiente para no lanzarse a matar a ese hombre en ese mismo instante. Después, añadió que si le ayudaban les cedería una parte de lo que sacase.


Miró a su compañera, con la rabia ardiendo en su interior tan fuerte que sentía que apenas podía respirar. “Dile que no hay negociación. Este energúmeno no puede salir de aquí con vida. No podemos permitirlo. Por favor, deja que lo mate” suplicó Ikirami. En vano, pues era solo un pensamiento e Irina no era capaz de leer su mente. Por un instante, pensó que la cosa saldría como quería. Irina declaró que se sentía ofendida por su oferta. Hizo una pulla hacia los Marines y la miró un momento. Pero continuó diciéndole que podía aspirar a algo más grande que “amaestrar” humanos. Dijo algo del casino Ranara, y ofrecerle un trato para darle una parte si iba a la cárcel sin resistirse y les proporcionaba información.

“Estás fingiendo, ¿verdad? No puedes estar hablando en serio de dejar a un monstruo como este vivo, en libertad tras poco tiempo y además premiarle. No, no puede ser. ¿No?” La confianza que había depositado en la agente se esfumaba poco a poco, incluso había vuelto a su forma normal. Pero estaban en una clara ventaja. Irina, Jude y ella contra solo él. Después de lo que había dicho estaba claro que había que matarlo. No había otra opción. Cualquier otra significaría permitir que ese hijo de puta maldito pudiese seguir respirando y haciendo el mal, acabando con vidas. No, no podían.

Pero estaba acorralada. Si Jude era también agente del gobierno y así es como trabajaban, ella no podía hacerles frente como si nada. Si se lanzaba a por él y ellas la enfrentaban, el rastrero malnacido podía incluso aprovechar para escapar. Sin embargo, si Glatus rechazaba la propuesta, no les quedaría otra opción que atacarlo. Pasó unos segundos sopesando lo que podía hacer. Podía decir algo que forzase a Glatus a rechazar la oferta, pero Irina sabría que lo había hecho a propósito y tomar represalias después. Estaba entre la espada y la pared. O se arriesgaba a que el despreciable quedase con vida y arruinase la vida de personas o a que su propio futuro se desplomase. Las vidas de otros o la suya propia. Una vez llegado a ese punto, las dudas se desvanecieron.

Se levantó poco a poco y rodeó la mesa hasta situarse a lado de Glatus, a apenas un metro de él. Se apoyó con la mano herida en la mesa y miró fijamente a los ojos del monstruo esbozando una sonrisa maquiavélica.

-Ya lo ves. Unos meses, unos años… Solo tendrías que aguantar ese tiempo para obtener tu recompensa. Una mayor de lo que esperabas, seguro. -dijo a la vez que levantaba ligeramente la cabeza y lo miraba altivamente- Sin embargo, me pregunto si tu cuerpecito aguantaría ese tiempo allí. Un hombre tan atractivo como tú, en un lugar como Impel Down podría ser visto como un tierno bizcochito. -hizo énfasis en el nombre del lugar, esperando que la mala fama del lugar le borrase cualquier intención de aceptar el trato- Está claro que un Pirata de tu nivel no podría ir a ningún otro lugar que no fuese ese, no por nada te has ganado el interés del propio Gobierno. No tiene muy buena fama, lo sé. Pero luego te podría esperar algo suculento. Si es que sobrevives, claro.

Sabía que Irina no se refería a Impel Down cuando sugirió la oferta de la cárcel. Pero también sabía que nadie en su sano juicio aceptaría jamás ser enviado a un pozo de la desesperación como aquel durante meses o incluso años. Era la última baza que le quedaba antes de comenzar el conflicto ella misma. Y aprovechó su sed de sangre para esbozar una de las sonrisas más venenosas que jamás había mostrado y dirigirla directamente a Glatus. Si el hombre hacía cualquier movimiento para escapar o atacar, estaba preparada para impedírselo.

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#47
La estrategia de Alzeid estaba funcionando. O eso creía. Un grupo de cinco trabajadores cercano a él se quedó completamente paralizado con su presencia, como si hubiesen visto a un fantasma o la cosa más hermosa de toda su vida. Los que estaban ubicados más lejos comenzaron a acercarse, en un ejercicio de incredulidad, para comprobar si lo que estaban presenciando era o no era real. Formaron una especie de fila uniforme y circular a su alrededor y sus miradas recorrieron cada centímetro del cuerpo del joven andrógino, desarrollando en este un sentimiento de superioridad pero también de desagrado debido a las miradas lascivas a las que estaba siendo expuesto. Pero había venido a jugar y a obtener información, así que no podía parar aquella escenografía por sentimientos tan nimios como el desagrado. - Vaya, vaya, qué público más atento. - Susurraba mientras se acercaba al grupo de trabajadores, todavía jugando con los mechones de cabello que caían sobre su hombro derecho. Hasta ese momento, Alzeid estaba completamente seguro de que su estrategia estaba causando los efectos esperados, pero no todo iba a ser tan sencillo. Cometió un error brutal, que seguramente podría haberse subsanado si pensase más en las acciones, pero que él no había considerado tan relevante. Aparentemente, Aimi y Sadine no parecían llevarse especialmente bien, por lo que era difícil que se refiriese a ella como la más lista del grupo. Lo cierto es que no era demasiado inteligente si no era capaz de interpretar o entender las frases figuradas como la que Alzeid había dicho, pero eso ahora no importaba, pues parecía que el 'embrujo' llegaba a su fin. El grupo de trabajadores comenzó a observar a Aimi, su jefa, y en sus rostros podía comprobarse cómo la lascivia desaparecía para dejar paso a la incertidumbre.
 
De pronto, un estruendo. Un ruido provocado por un dispado que impactó y rozó el hombro derecho de Alzeid, completamente descubierto por el vestido que estaba llevando. Una hilera de sangre comenzó a descender por su brazo, por el interior del vestido, pero el agente no emitió ningún tipo de quejido. Al contrario, sonrió. - Está bien, está bien. Veo que la más lista del grupo no eres. - Pasó el dedo índice de su mano derecha por la herida, para después lamerlo. Le escocía, pero era soportable. - Lo cierto es que tu estridente risa, tu apariencia tan grotesca y tu evidente falta de modales me indican un par de cosas. - Movió su dedo índice por sus labios y los pintó con los restos de sangre que todavía quedaban. - Es una lástima. Podrías haber disimulado y engañarme para alterar la fealdad de tu alma. Es salvaje. Nunca había visto algo tan horrendo. - Estaba cabreado. - No necesita salvación. Quien necesita salvarse es este mundo de un alma como la tuya. Esto me encanta... El primer sacrificio para el Dios de la religión que estoy creando... - Bajó la cabeza, cogió su katana y realizó un corte circular, girando sobre sí mismo, dejando completamente inconscientes a los subordinadas de la pirata. - Yo... - Él sería su propio Dios. El salvador de las almas. Lamió la katana y con una patada lanzó al aire uno de los cuerpos de los trabajadores que ya habían fallecido hacia Aimi. Tras esto, Alzeid comenzó a correr hacia Aimi, recortando la distancia que los separaba y preparando su próximo ataque. Del reverso de la palma de sus manos brotó un filo de larga extensión y de forma horizontal, haciendo parecer que Alzeid portaba ahora tres espadas. De esta manera, y corriendo hacia Aimi, el agente realizó un tajo vertical que debiera impactar en el brazo derecha de la pirata, de arriba abajo. Un triple golpe dirigido a destrozar por completo su alma. - Sadine, Sadine... - Murmuraba, mientras ejecutaba el ataque, en un intento por desmoralizar a su enemiga.
 
Resumen

Karmas

Akuma

Bélico
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#48
Atributos Personaje


El pirata elogió a Irina antes de coger una mesa y situarla entre él y ellas, tomó también una silla y se sentó. Soltó un largo discurso explicando su plan y les ofreció un porcentaje de los beneficios si colaboraban dejándole vía libre para ello. "Que te lo has creído piratucho, en cuanto me dejen te abro en canal con mis manos." Jude tenía unas ganas enormes de terminar con la existencia de Glatus, y más después de explicar lo que pretendía hacer. No había terminado de entender cual era su plan, todo eso de los Cabos Gemelos y un tal Finn, pero jamás permitiría que un pirata se saliera con la suya.

Entonces la agente del CP comenzó su réplica. Se sentía ofendida por las minucias que les ofrecía. Ella también conocía lo acontecido en los Cabos Gemelos, debía haber pasado algo gordo, pero la gigante andaba perdida con ese tema. Irina le propuso un plan mejor, sacar tajada de un casino, pero primero tendría que pasar una temporada a la sombra. Jude suponía que le estaba manipulando para que no ofreciera resistencia y poder capturarlo sin esfuerzo, pero la idea de dejar con vida a aquel mal nacido no le gustaba. Eran tres contra uno, era una pelea relativamente fácil, a no ser que el pirata tuviera ases en la manga. Aún así, la gigante estaba confiadísima en que no les podía durar ni dos asaltos. La agente ajolote puntualizó que si cedía debería dar información a cambio durante su estancia en prisión. Jude entonces comprendió la razón por la que debían mantenerlo con vida, no era su especialidad ni mucho menos, pero tenía sentido. ¿Por qué limitarse a acabar con la vida de un pirata mindundi pudiendo ir a por peces más gordos? Aún así ella tenía sed de sangre. Tendría que controlarse y esperar a que el desgraciado intentara escapar o atacarlas, para que no quedara más remedio que partirle las costillas.

Irina volvió a su forma humana antes de terminar su discurso diciéndole a Glatus que era lo mejor que le podía ofrecer, era eso o soltar la correa de la gigante para que le arrancara los brazos antes de seguir con la negociación. A Jude seguía sin hacerle gracia lo de parlamentar, pero lo de amputar miembros dibujó una sonrisa en su rostro. Un gesto que el pirata pudo ver, pues la agente, ahora en su forma natural de nuevo, se apartó para que así fuera. 

La pelirroja parecía algo agitada y se levantó para acercarse hasta la mesa que separaba ambos bandos, situándose en el del enemigo a apenas un metros de éste. Ahí le espetó que su única salida era la cárcel, pero desde otro punto de vista, como intentando presionarlo para que no escogiera esa opción. Los mese que había prometido la agente del CP podían ser años y su estancia allí no sería un camino de rosas. Contradecía la estrategia de Irina, seguramente porque ella también quería vapulear al delincuente. La gigante estaba dividida. Por una parte podía comprender la intención de la del pelo naranja de usar al pirata como cebo para pescar a grandes presas, mientras que la opción de la pelirroja de matarlo ahí mismo era la que más le complacería a corto plazo. Ambos caminos llegaban al éxito en la misión, pero, ¿Cuál terminarían por recorrer? Jude decidió esperar, comenzaba a llevarse bien con la paciencia. Tampoco iba a abrir la boca esta vez, no sabía callar cuando empezaba. Bueno, eso pensaba ella. Aún le quedaba para mejorar del todo su autocontrol.

- A ver bastardo. ¿Cárcel o cantar sin brazos? No tenemos toda la puta noche para perderla contigo. ¡Diablos! Espero que escojas la opción B. Conozco mil maneras para hacer hablar a tipejos como tú y se me están ocurriendo otras tantas que me gustaría probar ahora mismo. Si no te decides pronto lo haré yo por ti, asqueroso pirata. - Tened paciencia, algún día Jude será más dócil. ¿A quien quiero engañar...?


Resumen

Karmas
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#49
Situación de Alzeid

Aimi estaba tranquila, sosegada, calmada, a pesar del desconocido intruso que había irrumpido en la sala de trabajo, seguía sonriendo como si todo estuviera bien. La bala que había impactado en su hombro había formado una pequeña hilera de sangre que descendía por su cuerpo. Al mismo tiempo que se pasaba su dedo por la herida y se lamía la sangre como un maníaco, empezó a ¿insultar a Aimi?.- Vaya, pensé que había sido lo suficientemente claro....- Dijo en voz baja, después de que el peliazul le increpara su falta de modales. Y razón no le faltaba, Aimi era una maleducada, y por eso mismo, aún con su sonrisa dibujada en su cara, al mismo tiempo que el andrógino seguía hablando y hablando. Con una pistola en cada mano, hizo un disparo, primero con la pistola de su diestra hacia el hombro izquierdo de su enemigo para, en cuestión de milésimas de segundo y con una puntería barbárica, realizar un disparo con su otra pistola que impactaría en la retaguardia de la primera bala, dándole a esta más velocidad y potencia.- Y-Shot- Susurró al mismo tiempo que la bala impactaba en su objetivo.- Habla que te habla y habla que te habla...GRIHAHA.- Decía con sorna y con cara de burla, obviamente, con el propósito de molestar a su oponente, sin dejar de apuntarle con sus pistolas.- No me hagas repetírtelo de nuevo, GRIHAHA ¿quién eres y quién te manda? - Levantó su brazo izquierdo entonces, con su arma, aún, en mano, era una señal a sus esbirros para que no atacaran, todavía.  

Situación de Daryl

La bala acuática del gyojin piraña impactó de lleno en el fornido hombre, rasgándole su camiseta y su piel. Sin embargo, a pesar de la herida y el dolor que le acababa de provocar, el espadachín se mantuvo firme y, tras amenazarle con que le torturaría hasta que le llevara hasta su jefe, extendió la palma de su mano y, de ella, empezaron a propagarse rápidamente múltiples esporas, hasta un alcance de 16 metros. Hund no tuvo tiempo de reaccionar, viéndose envuelto en aquel baile de esporas.-¿PEGO QUÉ ES ESTÓ? ¡MON DIEU! ¿UN USUAGUIO DE AKUMA NO MI? - El mero contacto de aquellos nocivos polvos con la piel del pirata provocaba una reacción que hacía perder su sensibilidad.- ¡MAGDITA SEÁ! MONSIEUR HUND NO PUEDE MOVEGSE TRÉS BIEN... - Gritaba completamente frustrado el gyojin al mismo tiempo que rascaba la piel y tosía por la inhalación de esporas. Debía alejarse lo antes posible del fungido área de efecto. Al mismo tiempo que el espadachín se dirigía hacia él, la piraña antropomórfica se alejó, lentamente, cinco metros, quedando a cinco metros de la orilla del lago. La agonía que sentía el gyojin tras estar expuesto a aquellos polvos no le permitieron retroceder más... Ni la agonía ni el imponente agente, que, tras aproximarse lo suficiente, le asestó un tajo descendente con el filo de su espada, que iría desde el hombro izquierdo hasta su costado derecho.- GYAAAAAAAAAAAAA .- Gritó completamente de dolor, hacia el techo de la caverna, mientras sus ojos se volvían blancos (bueno, amarillos en su caso). Aprovechando que tenía la boca abierta por el grito, intentó hincar sus fauces en el bíceps de su brazo derecho. Con suerte para el gyojin, conseguiría dejarle manco de ambos brazos.

Situación de Irina, Ikirami y Jude

La que parecía tomar el papel de líder del grupo, el anfibio antropomórfico, denegó, ofendida, la oferta de Glatus de aceptar un porcentaje del pirata. Aún así, como era habitual en el traficante, permaneció sosegado, y escuchó atentamente todo lo que tenía que decirle Irina. Lo cierto era que, tanto su oratoria como su tono invariable y carisma le tenían completamente cautivado, se podría decir que le recordaba a él. Tras mencionar algunos nombres conocidos del incidente de los Cabos, la agente del gobierno alabó en cierta manera la visión de futuro de Glatus, mencionando el tan codiciado por todos Ranara Club. Glatus se paseó su mano derecha a través de su cabellera, repeinándoselo. Si bien hacerse con el control del Casino, era apoderarse de una red de dinero, tráfico e información sin igual, también es cierto que la moneda de cambio que le ofrecía Irina, era nada más y nada menos que entregarse a la marina. ¿Unos meses en prisión? Aunque aquello fuera verdad, cosa que lo dudaba, Glatus no tenía tiempo para eso.

Seguidamente, mientras Irina deshacía su transformación, resultando en una mujer bella, a la par que intimidante, amenazaba con total tranquilidad al pirata con mandar a la semigigante a por él para arrancarle los brazos. Aparentemente, la situación para Glatus no era, ni mucho menos, la más favorable y, sin embargo, ahí seguía, conservando su característica calma. La otra pelirroja, que estaba sentada a la izquierda, en diagonal, al capitán pirata, entonces, se levantó y se puso a un metro de distancia de Glatus, mientras apoyaba su mano en la mesa. Con cierta hostilidad, empezó a intentar meterle miedo con lo poco que aguantaría alguien como él en la inexpugnable prisión, Impel Down. Desde luego, a él le daba igual lo que le dijera, pero lo que si le llamó la atención fue como, a diferencia de la agente Irina, aquella chiquilla no tenía ningún afán de negociación. Parecía como si fuera por libre y no estuviera bajo el mando de la agente. Había tres opciones, o era una estrategia perfectamente elucubrada con anterioridad, o no habían trabajado con anterioridad o, incluso, cabía la posibilidad de que se estuviera dando un caso de insubordinación. Para rematar, la titánica mujer, como si se estuviera aguantando las ganas de partir cada uno de sus huesos con sus gigantescas manos, estalló y gritó al pirata para que se decidiera pronto. Nuevamente, ese tipo de acciones no surtían ningún efecto en el capitán. Desde luego que parecía que allí, la única con cabeza era la mujer de penetrante mirada.

Fuera como fuere, Glatus debía sacar provecho de esa situación. Fijó su mirada en Irina, la cual se había apartado parcialmente para dejar al descubierto a Jude del campo de visión de Glatus y empezó a reír a carcajadas.- GWAHAHAHA, eres una chica excepcional, hija....- Señaló con su mirada, entonces, a la otra pelirroja.- ... Pero aún eres joven y te faltan dotes de liderazgo, deberías cuidar a quién escoges de subordinado.- Volvió a posar su mirada en la líder de la operación, cruzándose además de brazos.- En cuanto a la oferta, lo siento hija, pero no dispongo de tanto tiempo para estar entre rejas, quién sabe cuánto...- Extendió sus brazos hacia los lados, con cuidado de no darle a la pelirroja mientras los abría. El potencial que tenía la chica le había impresionado de sobremanera.-Puedo ofrecerte un 50% de los beneficios que saquemos, mi protección, además de mi tutela, hija.- Subió su mano derecha, hasta agarrar el mango de la vara que llevaba a su espalda.- Es mi última oferta, hija.- El pirata, realmente consideraba y esperaba que, alguien como Irina, escogiera trabajar junto a él, si no, estaba mentalizado para luchar contra todos los presentes.


RESUMEN DEL TURNO

INFO BÉLICA



PERSONAJES


INFO DEL NARRADOR
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#50
Atributos Personaje


Las esporas producidas por su mano se expandieron por aquella zona del lago con rapidez, rodeando por completo a su oponente. Daryl sabía que tenía que usar todas las ventajas que pudiera en aquel combate, no se quitaba de la cabeza el hecho de que había un lago gigante de agua perfecto para un gyojin como lo era él. El poder de su fruta podía suplir era carencia, al menos de momento, siempre que le diera el uso adecuado. Hund retrocedió, al mismo tiempo que Daryl avanzaba, sin embargo logró alcanzarle gracias a que el gyojin se veía afectado por aquel ambiente venenoso que entumecía los músculos. La hoja de la larga espada cortó tal y como Daryl había previsto, realizando un tajo en diagonal sobre el torso de la piraña. La hoja metálica de su espada se cubrió con una ligera capa carmesí que resplandecía con la luz anaranjada de la estancia.

Pero la cosa no quedó ahí, pues en una especie de acto reflejo por parte del pirata, dirigió su mandíbula hacia el único brazo de Daryl. Aquellos largos y afiladísimos dientes de piraña se clavaron en la piel del agente, en su carne, haciéndose paso a través de sus grandes músculos. Un quejido salió de la boca del espadachín, una mezcla de dolor y emoción. Ser herido en combate era una de sus costumbres, y aquella batalla no sería la excepción, es algo que en parte deseaba. Usó su fuerza para librarse de las fauces del hombre pez, tirando de su brazo hacia atrás, además de propinarle una fuerte patada para empujar el cuerpo del contrario hacia atrás. Miró su brazo por un momento, unas largas heridas se extendían por su bíceps, resultado de haber arrastrado los dientes del gyojin hacia fuera. Los cortes comenzaron a sangrar rápidamente, bañando su brazo. Apretó los músculos de su bíceps, provocando que una salpicadura sobresaliera de entre toda la sangre. Sí, solo tenía un brazo, pero gracias a eso era más fuerte que el brazo de cualquier otra persona que contase con ambas extremidades. Había entrenado a conciencia para ello, no iba a ceder así como así.

— ¿Está rica mi sangre? — Le preguntó, observando su boca carmesí. — La de tu amiguita estaba deliciosa. — Se relamió los labios para después esbozar una sonrisa, mostrando aquellos puntiagudos colmillos. Usó la palma de su mano para seguir extendiendo esporas, su plan sería cubrir la mayor parte posible del área, no dejar que su oponente respirara aire limpio ni por un momento.



Resumen

Info Belica
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