[Aventura T4][P.A] Viejas notas, nuevos sonidos
#11
El ambiente de ensueño pronto se vio comprometido por un cambio inesperado cuando ambos identificaron a las personas que al parecer eran sus conocidos, de Akane y Hiruzen. Me quedé algo perpleja por sus reacciones aunque la música continuaba fluyendo con la misma dulzura de antes, tuve la sensación de que sus corazones y pensamientos ya no estaban allí acompañando aquella hermosa melodía que habíamos creado juntos. Sus miradas se desviaban de vez en cuando hacia los recién llegados como si una preocupación hubiera comenzado a darse paso entre las notas de la canción, por mi parte mantuve las manos sobre el instrumento permitiendo que la melodía siguiera su curso pero no pude evitar observarlos con curiosidad. La música ya no era el centro de atención.

Al desvanecerse la última nota ambos me dedicaron una mirada de agradecimiento antes de despedirse con una clara advertencia de que me indicaban no involucrarme en lo que estaba por ocurrir. Los observé ahora a la expectativa de aquellos desconocidos, ¿se trataba de una disputa?, ¿algún problema del que intentaban mantenerme alejada?, no lo sabía pero algo me decía que aquellos recién llegados no traían buenas noticias.

El grupo de hombres con sombreros de paja avanzó entre la multitud que aguardaba por más interpretaciones, sin embargo, en lugar de dispersarse comenzaron a posicionarse de una manera que prácticamente nos dejó acorralados. El ambiente se volvió hostil en cuestión de segundos, guardé silencio en mi ansiedad mientras observaba el actuar de Akane y Hiruzen que intentaban sacarme de esa situación. Por fragmentos de la conversación comprendí que existía un trasfondo entre ellos, una historia previa de la que no tenía la más mínima idea pero que claramente era la causa de aquella tensión de hostilidad.

El sonido de las espadas al ser desenvainadas resonó en el aire con un timbre frío y metálico, una advertencia tan clara como una declaración de guerra, la forma de aquellas hojas me resultaba familiar, me recordaban a las armas que alguna vez portaron mis antiguos nakamas, eran katanas con el mismo tipo de revestimiento y sabía perfectamente lo letales que podían llegar a ser cuando entraban en combate. Solo hicieron falta unos segundos para que la multitud desapareciera como una capa de humo, los murmullos se transformaron en gritos y la curiosidad dio paso al miedo mientras las personas huían en todas direcciones para alejarse de lo que parecía ser una pelea inminente.

Todo aquello me dejaba completamente confundida, no comprendía qué estaba ocurriendo ni por qué todos actuaban de aquella manera, intenté seguir la situación con la mirada, buscando alguna explicación entre los rostros presentes pero de pronto mi visión quedó cubierta por un par de telas que cayeron sobre mí, tomada por sorpresa terminé enredándome con ellas. Perdí el equilibrio casi de inmediato y tras un torpe tropiezo acabé ahora en el suelo, sentada, tratando de apartar aquella maraña de tela mientras intentaba pensar en que podría hacer en este momento.

Luché por liberarme de aquellas prendas hasta quedar completamente libre, al alzar la vista me encontré con una escena que jamás habría imaginado, Hiruzen y Akane no solo eran diestros en la música también eran maestros de las armas de filo, frente a los hombres que los habían emboscado, Akane empuñaba un par de dagas cortas mientras que Hiruzen blandían una extraña hoz unida a una cadena, por un momento me quedé inmóvil, sorprendida al descubrir aquella faceta de ambos.

Me levanté de inmediato al comprender que no era momento de ahogarme en dudas sino de brindarles apoyo, no después de haber compartido un momento tan especial a través de la música. Tomé mi arco y coloqué dos flechas sobre el entallado de madera antes de posicionarme detrás de Akane y Hiruzen, lista para actuar. —- Permítanme ayudarles, ellos son más pero sí surge una oportunidad puedo alcanzarlos con mis flechas y de esta manera podremos irnos.



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#12
—¡Tonta! ¡Debiste irte!

—¡¿Porqué nos insultas de esta manera?! ¡Tenemos derecho a elegir cómo luchar!

Los dos miraron a Miyori con claro desagrado. Se sentían insultados más por las acciones de la pirata que por los enemigos que, claramente, los superaban en número. Podría ser alguna costumbre de la tierra de la que venían. O a lo mejor era la forma que tenían para declarar que no tenían nada que ver con ella para que los enemigos que estaban al frente no se desquitaran con la joven también. Estaban bastante molestos y Miyori notaría que Akane le dedicaba una mirada especial de odio, una que Miyori no habría notado sino en aquellos que se habían parado frente a ella con intenciones de dañarla.

Hiruzen, por su parte, la miraba con decepción y tristeza. Al notar que Akane ardía en rencor, trató de hacerla reaccionar, ya que parecía olvidar la amenaza que representaban aquellos espadachines también.

—Akane. No te distraigas. El enemigo real está en frente.

Esto hizo que la mujer de cabellos castaños volteara la cabeza con fiereza a los espadachines. El choque de voluntades era fuerte y se sentía que la tensión escalaba a niveles peligrosos. Y es que se podía prever que iban a combatir, eso era obvio; pero lo que no se podía prever era la magnitud de la batalla. Se sentía que tanto Hiruzen como Akane eran, individualmente, más fuertes que los espadachines. Pero en aquella ocnfiguración de pelea, cualquier cosa podría ocurrir. Y eso, precisamente, es lo que hacía que la escena fuera tan cortante como el acero que aquellos guerreros del país de Wa portaban.

Entonces, fue cuando uno de los espadachines habló. Y lo que dijo sería cruel.

—Podemos ignorar que los hemos visto. Pero van a tener que acabar con ella. —Dijo el hombre mientras apuntaba a Miyori con la punta de su espada—. Denme su cabeza y diremos que a ustedes se los tragó el mar luego de que esta mujer quisiera ayudarlos. Su cabeza será la evidencia para nuestro patrón. Nos iremos y los dejaremos en paz.

Uno de los espadachines quiso protestar, pues parecía que ese no era el trato original, pero los otros lo detuvieron y sileciaron. No hubo más que decir. El plan parecía estar bien. Bien que mal, había rumores sobre la pirata de cabellos anaranjados y podría creerse lo que se estaba contando.

Pero lo que estaban proponiendo también era una falta de honor terrible. Incluso para los mismos espadachines... se podía ver lo cruel y terrible que era el líder de aquél grupo de vigilantes. Hiruzen negaría con la cabeza hacia Akane, advirtiendo que era una mala idea. Pero Akane se sentía ofendida. Bastante. Y fue ésta la que se giró para quedar frente a la pirata. Sus ojos se llenaban de lágrimas, pues le dolía lo que estaba haciendo.

—Eres inocente en este incordio, Miyo-san. Pero tu no sabes lo que Hiruzen y yo hemos vivido. Tu no sabes lo que estos ojos, ya viejos, han visto. Y no sabes lo mucho que nos ha costado llegar hasta aquí. Hemos perdido mucho. Y solo tuvimos una gran victoria: Nuestra libertad. La libertad de vivir a nuestras anchas y sin deberle a nadie. Y ahora que esto ocurre, tu apareces y vienes a crearnos deuda... contigo, además. Nos has insultado. ¿Acaso somos tan miserables como para no defendernos por nuestra cuenta?

Parecía más bien querer justificarse y no sentir culpa por lo que iba a hacer. Pero asímismo hablaba con el corazón herido. Después de todo, Akane y Hiruzen eran guerreros consagrados. Sus batallas eran solo de ellos. Y que alguien más quisiera cambiar eso, aunque estuvieran fuera de su tierra, era una gran ofensa para aquella mujer que empuñabana las dagas.

—Tomaré tu cabeza.

Dijo entonces Akane y suspiró.

Hiruzen enredó su codo con el de Akane y la miró de manera severa, luego señaló a los espadachines con la mirada, suplicándole silenciosamente que considerara mejor a sus objetivos. Y aquél conflicto causó que los espadachines se soltaran a reír. Parecía que se divertían viendo aquella discordia en el improvisado grupo.

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#13
Palabras de rechazo fue lo único que recibí por parte de Hiruzen y Akane, ninguno de los dos aprobaba que me mantuviera involucrada en aquel conflicto de amenaza, para ellos mi presencia e incluso mi deseo de ayudar resultaban casi un insulto a sus voluntades, ahora la señorita Akane me observaba con un desagrado tan profundo que rozaba entre el odio y aquella actitud hizo que comenzara a cuestionar mis propias acciones, me desconcertaba por completo ese cambio en sus personalidad pero aun así ya había tomado una decisión y soy demasiada terca como para echarme atrás.

Fue entonces cuando los espadachines que hasta ese momento tenían la intención de ejecutar a Hiruzen y Akane, tomaron la palabra para proponer una tregua sin embargo aquella tregua tenía una condición que consistía en entregar mi cabeza como prueba de su lealtad. La declaración no me sorprendió puesto que de algún modo ya me sentía parte de aquella situación y comprendía que mi presencia había alterado el curso de los acontecimientos para Hiruzen y Akane, no obstante… cuando vi que las espadas se alzaban en mi dirección, di un paso atrás pero lo que realmente me desconcertó fue descubrir que no serían los espadachines quienes ejecutarían el acto sino los dos músicos que apenas unos minutos antes habían intentado defenderme, instintivamente retrocedí un par de metros más, aferrando con fuerza el arco y las flechas que sostenía entre mis manos.

Akane se giró hacia mí con los ojos inundados de lágrimas atrapada entre el dilema de no querer hacerlo y la rabia que le provocaba verme involucrada, pero no le permití acercarse puesto que alcé mi arco para apuntar dos flechas preparadas frente a ella, observándola con cautela mientras permanecía atenta a cualquiera de sus movimientos, me hablaba con palabras cargadas de un sentimiento corrosivo del cuál quería ella justificarse diciendo que la libertad que tanto les había costado conseguir y qué todos los sacrificios realizados para alcanzarla ahora estaban en el peligro inminente de perderlo, y todo…según ella, sería por mi culpa. Por un instante la duda se abrió paso en mi mente cual saeta de luz, ¿realmente era yo la responsable de poner en peligro aquello por lo que habían luchado durante tanto tiempo? .

“¿Acaso somos tan miserables cómo para no defendernos por nuestra cuenta?” Escupió Akane en su última declaración para seguidamente pronunciar aquellas palabras que más temía escuchar de ella, el tener que aceptar la condición de aquellos ruines espadachines que ahora les exigía a ambos tomar mi cabeza, pero Hiruzen intentó detener a la señorita de pelos castaños con firmeza y severidad, tratando de hacerla entra en razón, y a pesar de eso, no pude evitar comprender el actuar de la señorita Akane, ella estaba librando una batalla interna entre sus propios ideales y la realidad de que una simple desconocida como yo la hubiera colocado entre el fuego y la braza, obligándola a elegir entre sus convicciones y todo aquello que había luchado proteger. Mantuve mi posición defensiva con el arco tensado y las flechas apuntando hacia quien ahora quería degollarme, lo hacía puesto era quien se encontraba más cerca y dispuesta a atacar, aun así, con un escenario como ese… nunca logré verla como una enemiga, no después de todo lo que habíamos compartido.

—- ¿Creen que me quedo por lástima? —- cuestioné con voz firme, ayudar no siempre es por pena hacia otras personas, es porque existe un sentimiento de cariño y preocupación de por medio. —-- Me han juzgado mal… no me quedé para que ustedes me deban algo, ni para convertirme en la salvadora de sus cabezas… me quedé porque dos personas a las que respeto y admiro están en peligro. —--- Mis dedos se tensaron sobre mi arco como si quisiera empeñar mi determinación sobre el mismo.

—- Hablan de orgullo y de libertad como si fueran cosas que solo ustedes dos pudiesen sentir… ¡Yo también tengo mi orgullo!, ¡Y mi orgullo no me permite dar media vuelta cuando sé que puedo ser de ayuda!.. huir mientras unos buenos colegas se juegan la vida por salvar mi pellejo sería una vergüenza que tendría que cargar para siempre…. —- Negué con la cabeza ante esa mínima idea, sé que son fuertes, se nota que son diestros en combate.

—--- Si después de esto quieren decir que no me deben nada…  y que cada uno siga su camino resentido con el otro, me parece justo…. pero no me pidan que los abandone para proteger su orgullo, porque entonces estaría traicionando el mío.



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#14
—Entonces, la suerte está echada. —Sentenció Akane con severidad.

Para la mujer guerrera del país de Wa, su orgullo como guerrera era su código de vida. Y pese a que detestaba tener que enfrentar a alguien a quien pudo llegar a considerar una amiga muy querida en otras circunstancias y si el destino se lo hubiera permitido, debía de hacerlo para poder ocntinuar viviendo bajo sus propias reglas y con la libertad que había luchado para conseguir para ella y para Hiruzen.

Con sus dos dagas, se lanzó entonces al ataque directamente contra Miyori. Empuñaba la daga de la mano derecha con el filo apuntando desde el pulgar en un agarre convencional, mientras que la mano izquierda empuñaba la daga con el arma apuntando desde el filo de su palma en un agarre inverso. Estos agarres tenían una razón. Y es que el ataque de Akane fue giratorio. Cuando estuvo al alcance cuerpo a cuerpo, giró completamente, dañando a quien fuera a quien tuviera a su alrededor a la altura del pecho con la daga de la mano derecha. Y justo luego de ese giro, vendría un segundo giro que haría lo mismo pero con la mano izquierda y a la altura de la cintura.

Y aunque parecía que ambos giros iban con la misma capacidad de daño, en realidad el segundo sería menos potente que el primero. Quizás por cuestiones de momento, del agarre mismo o hasta de la técnica empleada por Akane. Como fuera, fue un ataque rápido y con el objetivo de dañar directamente a Miyori, quien recibiría los dos impactos, uno después del otro. No se había contenido, pero tampoco iría como una salvaje luego de aquello. Así que pausaría y simplemente reasumiría su guardia.

-Apariencia de Akane-

—Miyo-san. No te odio. Pero en el momento en que pensaste decidir por tu cuenta sobre mi propia decisión, te convertiste en mi enemiga.

Hiruzen se veía conflictuado. Sin saber exactamente qué responder. Y esto era debido a que él también era un guerrero, y quizás era suficientemente viejo como para poder aceptar la ayuda de alguien más; pero comprendía exactamente el corazón de Akane y, en respeto a su espíritu de guerrero, no podía hacer nada más por ninguna de las dos. Mantenía sus armas, eso sí, firmes en sus manos. Y a la vez que prestaba atención a la batalla entre las dos mujeres, también mantenía la mirada en los espadachines que los habían cercado. Sabía que a diferencia de él mismo y de Akane, estos no tenían honor de guerreros y podrían atacar a traición. Sin embargo, parte de él esperaba que este ataque a traición hiciera reaccionar a su amiga de la infancia, quien parecía empecinada en encontrar en Miyori un objeto de redención al costo de la cabeza de ésta misma.

Los espadachines, por su parte, se mantenían inmóviles. Tenían las espadas descubiertas y posaban en guardia, teniendo un pie adelante y otro atrás, mientras que el mango de la espada reposaba a la altura de la cintura en una posición natural. Las puntas de las katanas estaban dirigidas hacia arriba en un ángulo de unos treinta a cuarenta y cinco grados, justo en una posición de academia. Quienes fueran aquellos sujetos, se notaba que no eran unos neófitos... cosa que Hiruzen consideraba peligrosa.

—Akane. Si tu corazón te dice que tu enemigo es la Ojou-san que nos ha acompañado de manera amable, haz lo que tu corazón dicte. Pero espero que puedas luchar con la misma energía y ánimo contra estos caballeros cuando hayas terminado. No aceptaré una excusa de derrota afirmando que te agotaste peleando con alguien que solo nos desea el bienestar. Incluso cuando no podamos entender sus razones.

Las palabras del viejo fueron bastantes. No había hablado tanto antes. Pero ahora más que nunca, Akane lucía conflictuada. Incluso el agarre sobre sus armas parecía flaquear. Pero luego de cerrar los ojos, se volvió firme una vez más.

—No habrá excusas, Hiruzen. Porque ellos cumplirán su palabra si realmente son de donde dicen ser.

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#15
“Entonces, la suerte está echada”

Aquellas palabras fueron su veredicto final y por un instante quise decir algo más, quería encontrar una forma de poder hacerla entender mis razones para que no me viese como una enemiga pero no hubo tiempo para más conversaciones, ahora Akane se lanzó en pos de mí hacia adelante con una determinación de guerrera, su decisión era la convicción de sus ideales intachables, sus movimientos eran rápidos, precisos y de cierta manera elegantes en la madera en cómo los ejecutaba con la mejor de sus técnicas era el fruto de años de disciplina, quizás por eso una parte de mí seguía negándose a verla como una enemiga puesto que sentía admiración y por tanto debía de alguna manera evitar enfrentarme a muerte con ella.

El primer giro llegó como una ráfaga metálica pero tuve suficiente rango para poder liberar exactamente cuatro flechas de mi arco para emplear los ataques a cuatro sitios de su cuerpo, una flecha por cada extremidad, sus dos brazos, sus dos piernas, y aunque sabía que el impacto no sería suficiente para romper su convicción sus dos ataques hicieron su daño sobre mi cuerpo, en el pecho y la cadera, opté por lo más coherente que fue retroceder más tras aquel dolor de mis heridas que ahora manchaban la tela blanca de mi vestido, al menos otros cuatro metros de distancia sin dejar de sostener mi arco y municiones, no quería para nada esta situación. Sonreí amablemente hacia ella en lo mantenía mi postura defensiva… —- ¿Realmente soy su enemiga, Akane? —- cuestioné puesto que a pesar de aquella determinación con la que blandió sus dagas en contra de mí, también sentí dudas sobre la misma.

Antes de que Akane pudiese responder o considerar la pregunta con la que llamaba a que reflexionará, Hiruzen le hablaba ahora con cierta palabras de advertencia a lo que noté la discordia de sentimientos y emociones en la habilidosa guerrera de las dagas, lo dije antes, nunca consideré a Akane y a Hiruzen mis enemigos, lo único que deseaba era poder acompañarlos en esta situación como ellos me dejaron acompañarlos en aquella pequeña demostración de nuestros talentos, un escenario compartido entre tres forasteros.


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Energia: 2063 - 143 = 1920
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#16
Miyori no solo había soltado flechas sobre Akane con gran precisión. Sino que sus palabras empezaban a hacerla dudar aún más. La sonrisa que la violinista le dejaba ver era suficiente como para que Akane sintiera que se rechazaba a sí misma por lo que estaba haciendo. Pero por más que eso sucedía, Miyori tampoco daba su brazo a torcer y se mantenía aún desafiante y firme en sus convicciones. Y por supuesto, esto también hacía que Akane volviera a ganar el respeto que tenía por ella antes, solo que ya no solo como música, sino como una guerrera.

Se quitaría las flechas con un movimiento brusco de sus dagas y luego lanzaría un grito de desafío a la arquera. No eraa un grito con palabras, no. Era un grito gutural y primitivo. Así sin más. Y tras de ello, saltó adelante con las dagas listas mientras cruzaba los brazos rápidamente y los abría para cortar nuevamente a Miyori en un ataque con forma de "X". Y aunque bien podía atacar al arco que sostenía la mujer, no la iba a dejar sin sus armas.

El ataque fue dirigido nuevamente a Miyori, a su humanidad. Y puede que hubiese actuado como si las flechas que había recibido antes no hubieran significado nada, pero la verdad era que dolía. Y si las ropas blancas de la violinista de Baterilla estaban ahora teñidas con su sangre, las ropas de Akane también dejaban ver la marca carmesí inequívoca de la sangre. Pero aún con el dolor, la guerrera del país de Wa continuaba de pie.

Podría decirse que todos tenían sus ojos listos en aquellas dos. Pero sería faltar a la verdad. Pues mientras parecía que el duelo entre aquellas dos iba a prolongarse, quizás por sus voluntades, los espadachines que los cercaban empezaban a cansarse de ello; y es que les había parecido divertido al comienzo. Pero ya no.

—¿Es en serio, Akane? ¿De verdad estás luchando con todo lo que tienes? Me parece que nos quieres engañar. Muchachos, mátenlos a los tr-

Pero no lograría terminar de decir lo que había ordenado, pues Hiruzen lanzaba la cadena al cuello del hombre y rápidamente lo envolvía, halando inmediatamente después y rompiendo la espina del desgraciado y causando su muerte justo después con un ataque de su kusarigama directamente en el pecho. Los otros cinco, sorprendidos, se lanzaron entonces al ataque. Tras Miyori y Akane se lanzaron cuatro de los seis espadachines, mientras que el restante se quedó con Hiruzen, evitando que el viejo pudiera ayudar a las otras dos.

Los espadachines tomarían posición a unos tres metros de Akane antes de que esta se lanzara al ataque contra Miyori, y a una distancia apenas mayor a la de Miyori y Akane como tal. De esta manera, pretendían primero ocuparse de la mujer guerrera del país de Wa y luego de la pirata de cabellera anaranjada, aunque no alcanzaron a impedir el ataque de la guerrera.

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#17
La voluntad de Akane estaba flaqueando de verdad, y mi arco se estaba volviendo un arma dificil de sostener, no porque estuviese pesado o porque me sintiera cansada de apuntarle con el arma, simplemente ya no quería hacerle daño a pesar de sus dagas no reparaban en abrir la carne de mi piel y de mi ropa. Sus intenciones no eran sinceras y supongo que parte de las palabras de Hiruzen la hicieron reflexionar respecto a su postura. Dos ataques más me alcanzaron y cerré los ojos ante el dolor que estos ejercían, haciéndome aguantar el crujir de mis dientes ante el ardor.

Estaba a punto de retroceder para lanzar nuevamente otros dos proyectiles pero en su lugar la voz de aquel “líder” se hizo notar para cuestionar las acciones de la señorita de wano, se mofaban de darse cuenta que ella estaba montando una fachada, de querer engañarlos, pero al sentir aquellas heridas sabía que nada de lo que hacía era fingido, simplemente  tenía un conflicto eterno como yo también lo tenía al propiciar ataques no letales.

El espadachín no logró terminar sus palabras porque finalmente tomó la rienda de la situación y demostrar que no debían tomarlo como un anciano empobrecido y sin fuerza, tuvo suficiente coraje para determinar su posición frente a ellos, un leal compañero del cuál no dejaría que nadie insultara las convicciones de su compañera y colega. Ahora la pelea había sido declarada y los cinco espadachines sobrantes tomaron sus postura de combate, siendo cuatro hombres los que cruzaron el umbral de vigilancia de Hiruzen para posicionarse a tres metros de Akane casi como un acecho hacia ella, pero yo tenía un buen rango para poder efectuar la defensiva, ¿Me dejaría Akane poder ayudarla?

Suspiré ahora cansada de las malas intenciones de estos hombres que arruinaron tan hermoso evento, ¿Acaso no estábamos celebrando la música?, sin decirle nada a Akane, levanté mi arco nuevamente pero esta vez ya no apuntaba hacia la doncella de las dagas, ahora lo hacía en contra de aquellos caballeros de espadas, lancé desmedidamente una secuencia de varias flechas en su dirección para apuntar a sus manos, hombros y piernas, como una lluvia de flechas para cada uno pero sin el acto consecuente de matarlos.



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Cambios en estadísticas
Vitalidad: 1043 - 100 = 943
Energia: 1920 - 687 = 1233
Espiritu: 243 + 0 = 243
#18
Los hombres iban a avanzar, pero no esperaban ser acribillados por Miyori. Las flechas fueron a caer en cada uno de los enemigos en puntos específicos, que si bien no eran letales, el daño del proyectil y la incrustación del mismo en la carne hacían imposible que pudieran sostener una espada en la mano con efectividad. En otras palabras, Miyorí había cercenado los tendones de los brazos de los cuatro espadachines; esos hombres nunca más volverían a luchar... o a trabajar... pero seguirían con vida, quizás para llevar consigo el tormento de haber fallado a su palabra en un duelo por honor.

Mientras tanto, Hiruzen estaría batiéndose en un duelo uno a uno contra el espadachín que estaba frente a sí. Parecía ser un hombre bastante diestro y el choque de los metales hacía que los oídos de todos allí se resintieran. Iban igualados el anciano y el extraño. Y aunque se notaba que Hiruzen estaba dando todo de sí, se le notaba el cansancio. El peso de la edad hacía mella sobre aquél guerrero, quien daba la impresión de haber sido mucho más que solo un músico itinerante en el pasado. Y asimismo, el guerrero que se batía con él, no era precisamente un matón cualquiera, pues tenía movimientos elegantes con su hoja y cada paso que daba tenía peso; se notaba que habái dos nobles venidos a menos luchando por sus vidas en ese instante.

Volviendo a Miyori y Akane, la segunda fue a ver a los espadachines que había desarmado Miyori. Estando así de heridos, Akane miraría a la arquera y soltaría una de las dagas, pasando a arrodillarse en su lugar y luego miraría a Hiruzen en medio de su combate. Se mantuvo en silencio unos instantes y luego se logró escuchar el lamento de la mujer, quien lloraba a la vez que hablaba.

—Sálvalo... —Dijo primero en un murmullo, sin embargo alzó la voz—. ¡SALVALO! ¡MIYORI!

Tras aquél grito, Miyori vería a Akane girarse para verla con un rostro empapado de lágrimas y con la mirada pesada de arrepentimiento. Sostenía una sola daga en una mano y la empuñaba con fuerza. Y aunque había estado dando una apariencia de fuerte y resuelta durante el combate que tenía con la mujer de cabellos anaranjados, ahora se veía lo débil y desgastada que estaba. Apenas podía estar en sus rodillas.

—¡SALVA A HIRUZEN! ¡ÉL NO PUEDE MORIR! ¡TE LO SUPLICO!

El grito hizo que el anciano se distrajera por un momento. —¡AKANE! VET- —Quiso mirar en dirección de su compañera. Y su contrincante, inclemente, no perdonó aquél error. Con un tajo inverso y ascendente, logró cortar a Hiruzen desde su abdomen hasta el pecho. La sangre que salpicaría de la herida bañaría al espadachín, quien luego sacudiría la hoja en el aire, salpicando el suelo y limpiando el exceso del carmesí líquido en el arma.

Hiruzen caería sobre su espalda, soltando su arma y quedando fuera de combate. Incapaz de poder determinarse si había muerto o si seguía con vida, Miyori y Akane solo podían observar. Aunque la mujer guerrera del país de Wa no podría soportar lo que sus ojos veían. Soltó un grito de desesperación y, haciendo acopio de sus fuerzas, se levantó y saltó contra el espadachín, quien la evadió fácilmente y logró cortarla a lo largo de su abdomen, solo que en una forma horizontal. Más sangre sería derramada en aquél puesto de la Ciudad de Ran.

Pero Akane no quedaría inconsciente aún. Herida y sangrante, se arrastró hasta Hiruzen, buscando cerrar la herida de su amigo antes que la propia. Y mientras esto pasaba, el espadachín restante avanzaría hacia Miyori, mirando de forma fugaz a sus aliados, aún vivos.

—Quedas tu... —Dijo con un tono frío. Frío y cortante. Era severo. Como si supiera lo que iba a pasar. Estaba aún a quince metros de Miyori cuando dijo estas palabras.

—¿Porqué proteges a un genocida y a su cómplice? —Preguntó dejando ver algo de rabia en sus palabras.

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#19
Pude mantener a línea las intenciones de aquellos hombres que habían decidido atentar contra nuestras vidas, mis flechas fueron asertivas y ninguna dio lugar a qué hubiese una pronta recuperación, y con la fuerza que ejercí en mis proyectiles quizás… sean capaces de volver a blandir una espada.

Mis manos temblaban sobre el arco tras dejar ir un suspiro de relajación, mi cuerpo comenzaba a sentir los estragos de la pelea, el dolor de las heridas, y pensé que quizás todo estaba controlado pero mi atención estuvo más en la situación que nos rodeaba que fuera mis posibilidades no pensé que Hiruzen fuese a flaquear pese a su experiencia, me preocupé al verlo soportar el impacto de las espadas enemigas que la imposición de su propia fuerza. Fue entonces que escuché murmurante las palabras de Akane que suplicaban por mi ayudo, lo pidió una vez y a la segunda alzó la voz con desespero por lo que me tensé de nuevo entrando en el choque de ideas. No esperaba verla con un rostro empapado de lágrimas y aflicción sumado el cargo de arrepentimiento por haber sucumbido a su orgullo en lugar de acompañar la pelea junto a su compañero.

Apunté el arco de nuevo pero esta vez a los que tenían acorralado a Hiruzen, estaba a punto de lanzar mis flechas cuando Akane gritaba por última vez que salvara a Hiruzen pero el cambio de escenario fue tan repentino que ya un severo ataque dio contra el cuerpo de aquel Wano que intentó retenerlos lo más que pudo sus fuerzas y que por su edad le ha cobrado el infortunio. —--¡NO!—- grité sorprendida viendo como el amable señor caía tendido en el suelo con una herida grave en su torso, me quedé helada ante el desangro que comenzó a manchar el suelo, di unos cuantos pasos hacia adelante, unos seis metros a decir verdad, para detenerme ante el movimiento de acción de Akane.

Akane ahora se enfrentó en impulso, siendo tan ágil como podía pero en ese momento no había más que hacer porque ahora el espadachín con gran habilidad hizo que las intenciones de Akane se vieran irracionales y por eso muy predecibles terminando ahora con una herida igual que las de su colega, y aunque ahora herida su prioridad se convirtió en aflicción por querer detener la sangre de Hiruzen en lugar del de ella.

“Quedas tu” dijo en tono ambiguo aquel verdugo que no le importaba tener a un lado aquellas dos personas que pendían de un hilo sus vidas, y fue entonces que cuestionó mis acciones con una información que me sorprendió tanto que mis sentidos flaquearon ante el bombardeo de emociones. ¿Ellos eran genocidas?, pero parecen ser buenas personas, parecen ser dos amables artistas que me dieron una cálida bienvenida a tocar junto a ellos las mejores de nuestras melodías.

—-- No me interesa conocer su pasado… —- Dije mientras apuntaba mi arco de nuevo, mis manos temblaban al mismo tiempo que gruesas lágrimas caían por mis mejillas ante el desconcierto de mis emociones, no sabía que pensar ahora. —-- No me interesa en lo más mínimo… —- Lo cierto es que sentía que me estaba mintiendo al no querer dejar ir aquella fachada con la que los había conocido pero deseo creer con todas mis fuerzas que son las personas que llegué a conocer como talentosos músicos.

—-- ¡La venganza solo trae más desgracia! —- Aunque lo dije en voz alta, aunque hablaba con él, realmente… ¿A quién iban dirigidas mis palabras?, solo sé que en ese momento disparé con consecuencia dos flechas que iban directo hacia los dos últimos espadachines, a quien me recriminaba por involucrarme y al último que solo era expectante pero estaba ahí como cómplice, a ambos les disparé en las manos para que de alguna manera, nunca más… volvieran a tener la capacidad de tomar una herramienta noble para fines ruines.



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Cambios en estadísticas
Vitalidad: 943 + 0 = 943
Energia: 1233 - 42 = 1191
Espiritu: 243 + 0 = 243
#20
Las flechas de Miyori volaron por el aire y una de ellas dio en uno de los espadachines que se había levantado recién. Esta vez el impacto sería letal debido al movimiento del hombre, quien había trastabillado. Mientras tanto, el otro espadachín, el que había derrotado a Hiruzen y a Akane, lograría desviar la flecha con su espada haciendo un movimiento rápido del brazo y demostrando unos reflejos bastante altos. El hombre se quitaría el sombrero de paja y dejaría ver su rostro ante la pirata.

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—¿Venganza? —Soltaría con cierto tono de incredulidad.

—Es evidente que no conoces lo que ha sucedido y el porqué estamos aquí. Así que, viendo que eres la víctima de estos dos, te lo diré, a ver si dejas de ser una necia, ingenua e incompetente.

Se movió con impunidad hacia donde una moribunda Akane buscaba aún cerrar las heridas del anciano, quien estaba ya muerto. El anciano yacía sobre su espalda y con los ojos vidriosos. Era seguro que lo último que vio fue el cielo. El espadachín miraría allí también por un segundo y suspiraría. Parecía que sentía un poco de empatía por el hombre a quien acababa de asesinar.

Luego de esa pausa, agarró a Akane del cabello y la levantó a la fuerza. Débil y herida como estaba, no pudo resistirse en lo absoluto. Aunque sí que se quejaba del dolor que esto le causaba.

—Esta mujer fue la segunda al mando del comandante Mori Hiruzen. Ambos fueron oficiales corruptos que pusieron en deshonra a mi benefactor, alguien que me dio techo, comida y educación cuando fui el único sobreviviente de una "purga" que estos dos comandaron. Yo, Rikimaru, fui exiliado junto a los hombres a quienes has herido y matado. Pero se nos ofreció la posibilidad de volver a casa si traíamos la cabeza de estos dos. ¿Te parece venganza? Es justicia, niña.

Giró la cabeza de Akane para que éste pudiera verla a los ojos. Pero seguiría hablando con Miyori. Se notaba que había bastante dolor en sus palabras, aunque conservaba un tono frío.

—Pero tu los defiendes porque sí, y no te atreves a preguntarnos quiénes somos. Ya tengo lo que quería. He perdido a dos amigos y no arriesgaré a más de los míos por una pirata de poca monta. Vete. Los asuntos del país de Wa no son de tu incumbencia. ¿No te dijo eso mismo esta mujer, con quien preferiste pelearte? Vete ahora. Y vive una vida plena. Tan solo recuerda que todo lo que haces tiene consecuencias.

Dicho aquello, el hombre guardó silencio y Akane simplemente asintió. Parecía que podían entenderse sin siquiera hablarse.

El hombre soltó a la guerrero herida y ésta se sentaría en el suelo, adolorida, pero descubriendo el cuello ante Rikimaru, quien levantaría la espada con ambas manos y luego ejecutaría un corte limpio, separando la cabeza de Akane de su cuerpo en un instante. No prestaría mucha más atención a la pirata de cabellos anaranjados; en todo caso, se notaba que había una diferencia abismal entre ellos dos. Repetiría el proceso con el anciano y luego acomodaría ambos cuerpos, dejándolos en una posición de descanso.

Ya con ambas cabezas, hablaría en un idioma que Miyori no podría reconocer, parecía una especie de código más que un idioma. Y los heridos que había dejado la arquera se fueron poniendo de pie como pudieron, llevándose consigo a los dos caídos de su propio bando y dejando a la pirata sola con lo que antes fueron los músicos que habían invitado a Miyori a tocar con ella, además de darle pocas respuestas y muchas preguntas.

El viento soplaría en aquél lugar, ahora desierto. Los hombres del país de Wa se habrían ido y del equipaje Akane había pateado antes para distraer a los espadachines, algo del desorden era soplado también. Una hoja de papel iría a dar frente a Miyori con un poema, escrito por alguno de los dos músicos:

"Un paisaje donde el camino a casa se ha perdido
El atardecer está al revés...
Está bien llorar, al menos por ahora
Tengo que hacer la tarea e irme a dormir..."

Viejas notas, nuevos sonidos
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✎ (❁ᴗ͈ˬᴗ͈) ༉‧ ♡*.✧ Cronología ༺♥༻❀༺♥༻


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