Words like violence, break the silence. Come crashing in into my little world
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La noche había vaciado la playa de casi toda actividad y ahora se extendía frente a los que ahí patrullaban, oscura e interminable por el manto nocturno. El rumor de las olas era únicamente interrumpido por el sonido de sus propias botas hundiéndose en la arena al avanzar junto con su compañero de patrullaje nocturno mientras que, sobre sus cabezas, se extendía la luna clara como único farol en la oscuridad.
A su derecha, el mar le ofrecía ese espectáculo de noche que tanto le gustaba apreciar en silencio, con las olas humedeciendo suavemente la arena, mientras que en la dirección contraria se extendía una vegetación tupida bañada por ese manto nocturno que terminaba colindando con el camino hacia el pueblo.
Demasiado silencioso.
Demasiado tranquilo para lo que ella estaba dispuesta a admitir, como si supiera que desde el costado izquierdo era el flanco perfecto para que algo les saltara encima tomándolos por sorpresa.
– Es emocionante ¿no crees Nyssa? – Su compañero sonrió mientras el viento marino arrastraba consigo el aroma a sal y humedad, impregnándose sobre esos uniformes que buscaban unificar presencias y diluir individualidades pero que en Nyx, no conseguía volverla ordinaria. Quizás era la tela clara, aquella que abrazaba con demasiada facilidad la silueta firme de su cuerpo, intentado, sin suerte, suavizar las curvas marcadas que acompañaban cada uno de sus movimientos. O quizás era la forma que ella tenía de avanzar sin vacilar, esa seguridad orgullosa que contrastaba absolutamente con la emoción desbordante que reflejaba su compañero por esa misión, como si fuese un niño frente a un regalo que estuviese esperando hace demasiado tiempo atrás – Según Jona esta misión nos puede traer reconocimiento y también algo de fama – y la lampara de luz que cargaba en su mano derecha, se agitó a causa de su propia emoción. La Archeron volvió la mirada hacia Ryu en silencio, sus ojos, de ese azul profundo que parecían haber robado un trozo del mar, no reflejaron sorpresa alguna. Era complejo sorprenderse cuando alguien parecía empeñado en confirmar la impresión que ya se tenía de él.
Además, el día que Jona Andover hiciera algo por alguien más que no fuese el mismo, sería un milagro ¿Ryu lo tendría claro? – Creo que lo podrían nombrar Sargento ¿te imaginas nos elige para su división? –
"Prefiero bailar desnuda frente a una tripulación de piratas antes de compartir barco con ese hombre"
– Tienes en demasiada estima a alguien que podría venderte por una moneda menos de lo que vales – y ella notó como su compañero parpadeaba un par de veces, como si lo que Nyx acabara de pronunciar fuera la descripción más horrible sobre alguien que era totalmente lo contrario – No lo olvides, Ryu, cuando el tiburón sonríe enseña todos los dientes – dejó que el silencio se tensara entre ellos – Al menos, así sabes cuando va a morder – esa sería la última observación que le daría a su compañero de vigilia nocturna sobre Jona Andover, él tenía que formarse su propio criterio. O perecer en el intento.
Y ella…ella no estaba ahí para cuidar niños o levantar muertos.
Notó que el abría la boca para decir algo, en lo que ella supuso, era la defensa del benevolente Jona Andover, sin embargo, el reproche nunca llegó. Unos metros más delante de ellos una figura aparecía por el costado izquierdo entre esa vegetación; en un comienzo parecía desorientada y asustada, sin embargo, al observarlos, corrió hacia ellos de inmediato, como si ambos fueran la luz del faro de baterilla y la mujer que avanzaba asustada, el barco perdido – Oh ¡Por favor! ¡Por favor necesito ayuda! – movió los brazos para atraer la atención de ambos – Mi hijo… ¡mi hijo está atrapado! – había angustia en su voz y en la forma que su cuerpo se movía. Nyx estiró su mano para alcanzar a su compañero antes de que decidiera hacer algo que los comprometiera, pero él ya se había adelantado hacia la mujer para contenerla dejándola a ella un par de pasos más atrás, iluminando con esa lampara a la mujer.
A diferencia de Ryu que estaba consolando a la madre mientras le pedía que le explicase lo sucedido, la mirada de la Archeron recorría a la mujer que había nacido de la oscuridad para ir hacia ellos: su ropa no denotaba que hubiese estado en algún lugar complejo, no estaba rota, ni rasgada y parecía demasiado peinada para quien ha corrido entre la vegetación baja hacia la playa, sin embargo… – Esta cerca del camino hacia los arrozales, está atrapado y yo no tengo la fuerza necesaria para sacarlo ¡Por favor! ¡Por favor sálvenlo! ¡Él es todo lo que tengo! – Ryu asintió apenas vio las lágrimas de la mujer y se giró hacia Nyx, con una determinación que no admitiría otra realidad más que la oída – ¡Vamos Nyssa! ¡cada segundo cuenta! – la mujer lo abrazo agradeciéndole mientras se ponía en marcha de regreso y su compañero de guardia respondía sin vacilar.
La Archeron sostuvo la mirada de la mujer un momento más, simplemente algo no terminaba de encajar en ella. Podría ser que su ropa estaba demasiado compuesta para alguien que había estado cerca de los arrozales o quizás, la ausencia de arañazos de quien se ha enfrentado a la vegetación con rapidez y desesperación. Si se equivocaba, un niño podría estar en un peligro que lo acercaba cada vez más a la muerte y si tenía razón…
Inhalo una sola vez, antes de ponerse en marcha.
Se internaron en la vegetación, los dos primeros con urgencia, ella cerrando la marcha – Por aquí, por aquí – repetía la mujer que guiaba mientras Ryu avanzaba detrás de ella haciéndole preguntas sobre el niño, sobre cómo había quedado atrapado en ese lugar y la mujer parecía dar todos los detalles posibles mientras ella buscaba alertas potenciales en la oscuridad. Sin embargo, la vegetación a su alrededor no ayudaba a generar potenciales rutas de escape o a acallar esa incomodidad que sentía desde que comenzaron la vigilia nocturna con la misión de mantener el orden y la seguridad en la playa.
– Vaya …– dijo la mujer un par de metros frente a ella al detenerse – creo que… me he perdido – Sus cejas se arquearon sobre el mar de sus ojos, dibujando esa ligera expresión de desconcierto sobre su rostro de líneas finas y pecas dispersas. No era el contenido de las palabras, sino el tono…esa urgencia que acababa de desaparecer.
– Está bien – añadió Ryu, dando un paso hacia ella elevando el farol de luz, algo acababa de crujir entre la vegetación desde la izquierda. La figura se materializó ahí, luego otra más desde el frente, Nyx giró el rostro para encontrar al tercero desde su flanco derecho y en un segundo ya estaban rodeados.
El cuerpo de la Archeron se tensó, como siempre lo hacía cuando tenía que enfrentarse a algo…solo que esta vez ese algo los superaba en número – Atrápenlos – ordenó la voz a su espalda mientras la mujer sonreía y Nyxara, en vez de retroceder para tenerlos a todos en su campo visual, avanzo para intentar atajar a la mujer.
Era una maniobra arriesgada, lo correcto hubiese sido retroceder, tenerlos frente a si para ver sus movimientos e intenciones pero estaba segura, de que esa mujer podría explicarle a que estaba jugando. Escuchó un cuerpo caer, esperó que no fuera su compañero; la mujer al notar la intención de ella retrocedió de inmediato. Uno de los hombres la cubrió y antes de que Nyx pudo esquivarlo para lograr su cometido pero un golpe brutal le llegó en la nuca.
El mundo se inclinó a su alrededor.
Lo último que vio antes de caer hacia la oscuridad de su inconciencia, fue la sonrisa de satisfacción en el rostro de esa mujer que acababa de engañarlos.
– ¿Y si..? – la voz llegó difusa y lejana mientras el mundo parecía tambalearse a su alrededor – Olvídalo, por esta nos pagan – ¿Estaba flotando? – Eso da igual, no lo van a saber – Su cuerpo intento luchar por moverse, intento que sus brazos y sus piernas respondieran, pero… – No quiero problemas con la Jefa, si algo le pasa, ve tu a explicarle porque lo hiciste – cerro los ojos un par de veces, intentado de esa forma enfocar las penumbras. Una de las voces, chasqueó la lengua molesto – ¿Dónde la encerramos? –
La pregunta hizo que el vaivén se detuviese y solo ahí se dio cuenta que la estaban cargando – Con el otro tipo – sin embargo, no se movieron – ¿Qué? – Un silencio – ¿Lo amarraste? – Otro silencio – Claro que lo amarre, igual que a esta ¿me tomas por estúpido? – el movimiento regreso – ¿Qué crees que haga la jefa con él? – Nyx intentó mover los dedos, fue ahí donde sintió las cuerdas firmes sobre sus muñecas, atadas a su espalda – No lo sé y no me interesa, por ese, no nos pagan. Ese es solo un capricho de la jefa –
El vaivén se detuvo otra vez y el peso de cuerpo, que poco a poco iba recuperando sus sentidos, se cargó hacia adelante – Abre rápido, estar aquí abajo me da escalofríos – luego, fue lanzada al interior de lo que creyó era una celda.
Léeme
Vestimenta Nyx en Marine
Nyx Considerar que su identidad de Marine es Nyssa Vale y su cabello es de color negro cuando me de la vida cambio la imagen del color del pelo
La alcolemia es algo que no se debe tomar a la ligera. Yo me consideraba experto en ella, al vivir y crecer en un mundo donde sobrevivir al licor es un requisito indispensable. La prestidigitación para hacer creer a otros que estas acompañandolos en su momento de disfrute me tomó por sorpresa. Pero para que lo tengan en claro la situación ocurrió algo así:
Las canciones acompañadas de aquel piano de baja calidad. Sonaba limpio pero no tenía un porte elegante. Un chico lo toca repitiendo ciertas notas con rapidez y ritmo. Evocando a las personas a ponerse de pie de sus sillas, su talento destacaba a pesar de estar acompañado de otros músicos que casualmente estaban para dar ritmo con charrascas e instrumentos de viento o cuerdas. Pescadores y diversos hombres que trabajaban para hacer el bien de sus familias estaban despilfarrando su dinero en mujerzuelas e infidelidades.
Una canción entretenida, pero que no parece decir nada relevante. Una banda conformada por hombres prietos con un corte de cabello bien afeitado. Sinceramente no entendía como una canción que habla sobre Vacas pudo hacer que todos se pusieran de pie. Antes de que pudiéramos percatarnos incluso yo me había puesto de pie para darme un disfrute de una pieza. Bailando con una chica que era bastante alta, pero no me llegaba ni al pecho. Teniendo presente que mido más de dos metros estaba más que claro que eso era un cumplido. Me hizo soltar mi jarra un instante para moverme por la pista.
Algo extraño se sentía pues seguía el ritmo pero me sentía como un muñeco torpe para bailar. No estaba del todo seguro al hacerlo y en un momento como este lloraba porque las lecciones de bailes de Seraphine para mí eran fundamentales. Las risas fueron muchas, pues el ritmo escuchaba unas voces pero sin necesidad de prestar atención a lo que dicen. Tener que moverte como si estuvieras marchando siguiendo un compás enérgico. No sabías cuando una canción terminaba cuando cambia de letra y me daba mucha risa estar en este ambiente tan alegre y carente de profundidad emocional.
Una conversación sin propósito, Preguntarme cosas como si es mi primera vez bailando, o si alguna vez había salido con una chica isla centurea. Ese tipo de cosas que con la movida y fuerte de la música una sonrisa era la única respuesta habilitada. Yo solo dejandome fluir por el lugar sentía que era el bailarín que todos miraban entre risas, algunas ríen conmigo, otras de mi. No soy el payaso de nadie pero admito que la bebida me ha relajado mucho más de lo que esperaba. La pieza suena y suena hasta que siento que mis batatas comienzan a arder. Los musicos sin sentido pasaron a cantar de un perro que baila y yo no estoy seguro si habla de un Mink canino o si es de una mascota bailarina. Di un sorbo luego de llegar de bailar, pude notar que la sonrisa de la chica que me acompaña se cambiaba, se volvía seria, unos gestos de pidiendo gente acercarse.
Debe estar pidiendo ayuda para mi al verme mareado. No, no lo está haciendo pues lo último que recuerdo es que me pusieron una bolsa negra en la cabeza. Mi cuerpo se desplomó y perdí el sentido de ubicación. Aunque mi piel me hubiera mandado señales concretas del viaje que me hicieron no podía dar respuesta.
La resaca vino a mi de golpe ante una sensación de meneito. Meneito que era de mi “cama". Las camas voladoras siempre son un síntoma de la borrachera, pero yo no estaba en ninguna cama voladora, era otra cosa. Creo que me intoxicaron en el momento y la verdad el dolor de cabeza que siento no es más que otra consecuencia de mi falta de orientación de la alcolemia. quiero seguir acostado, el suelo es muy cómodo, pero siento que tiran de mi brazo múltiples veces.
Un olor me hizo sentir más relajado, había sentido un olor de humedad hace un rato, pero aun con los ojos cerrados sentí un olor muy rico. Acompañado de una sensación maderosa. Sería que esta gente no sabe con quién se están metiendo. Mi mano que no estaba siendo interactuada la llevé a mi cabeza y frente. Los sentí muy calientes, debo estar aun en una de las fases primarias de esto mismo que llamamos borrachera. Unas nauseas me hacen querer sentarme de golpe y notar a mi alrededor que hay son cosas ilegales.
— Mierda, ¿dónde estoy? —
Mi primera pregunta es muy concisa ya que mi cabeza me hacía razonar lento y hablo sin estar seguro de si eso es lo que quiere decir. Miro a mi alrededor y todo se ve doble, triple, borroso, brillante. Parpade, parpadeo, allí es cuando me doy cuenta, tras enfocar de que eres tu.
— Hola… tu no eres la chica de ayer, maldici… Si querías hacer estos juegos hubieras aceptado mi propuesta en la taberna.— Aclaré inseguro, de si yo he tenido una noche con la persona que me acompaña y entonces me percato de que hubo un robo y a quienes robaron fue a nosotros.
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Su cuerpo resintió el golpe apenas dio contra el piso de medio lado y el dolor en alguna parte se expandió obligándola a cerrar los ojos por un instante mientras contenía el aliento. El balanceo que percibía aun no lograba atribuirlo a una causa concreta ¿era consecuencia del golpe que acababa de darse o efectivamente el suelo mantenía un leve vaivén? Ese que parecía mecer el mundo entero y se mezclaba con el aire frío que escocía en sus pulmones.
Intento abrir los ojos, pero el esfuerzo le arrancó una punzada sorda desde la nuca, y la presión incomoda de las muñecas silenció la maldición que estuvo a punto de escapar de sus labios carmesí. Era un cuerpo quieto y silencioso en algún lado donde la habían lanzado; su pecho amplio subió y bajo en ese movimiento lento que delataba la inhalación, al momento que el flash de un recuerdo golpeaba su memoria: una sonrisa, una orden, sombras en la vegetación…la pulsación constante detrás de la cabeza al momento que sus ojos se enfrentaban a la oscuridad, le recordó porque estaba ahí.
Iba a arrancarle las uñas si llegaba a tener la oportunidad de quedarse sola con esa mujer.
Intento enfocar lo que fuese que tuviese por el frente en medio de la negrura sin embargo la voz de un hombre proveniente de su espalda preguntando lo que resultaba obvio, hizo que su cuerpo se tensara. Tenía que decidir y rápido, porque atada y aun intentando enfocar de manera correcta a causa del golpe, no podría hacer demasiado.
Decidió no moverse de inmediato, que la diera por dormida o muerta, no le importaba, ella necesitaba analizar antes de actuar y gracias a la verborrea del hombre que estaba ahí logró capturar dos palabras importantes: Mujer y Taberna.
– Dime que el golpe en la cabeza te está haciendo delirar – apretó los dientes mientras hacia el esfuerzo para incorporarse desde su posición acostada de medio lado; el peso lo llevó hacia sus piernas y la cadera, con el empuje de su hombro, lentamente, logró sentarse en el piso. Algunos mechones oscuros escaparon sobre sus facciones, suavizando por una fracción de tiempo, el dolor que cruzó en su rostro – Porque hablas demasiado para alguien que tampoco sabe dónde está – Trato de distinguir lo que le rodeaba, necesitaba entender su entorno con rapidez para reaccionar mientras el olor a sal y madera lograba penetrar en su nariz, incluso cuando esta se negaba a registrar todo tipo de olores – Ahórrate la osadía, no soy tu conquista de taberna, solo tu juicio está tan deplorable como nuestra situación actual –
Giró hacia la voz masculina que estaba a su espalda, la escasa luz que conseguía entrar entre la madera apenas alcanzaba para delinear el perfil de ese rostro de líneas finas y pecas dispersas, las que contrastaban con la frialdad orgullosa y calculada de su expresión.
Lo primero que logró distinguir entre la penumbra, no era un rostro ajeno, sino el tamaño de ese hombre, incluso sentado parecía ocupar mas espacio que una persona normal. La mirada de la Archeron cambió apenas en la oscuridad, no fue sorpresa ni inquietud sino calculo. Esa forma silenciosa que tenia de evaluar aquello que no comprendía antes de decidir si debía ignorarlo, soportarlo o entregarle mínima importancia.
Pero, lo que no lograba distinguir era mucho más importante que un rostro, las penumbras le impedían saber si ese hombre también estaba atado. No había escuchado el roce de algunas cadenas o la dureza de las cuerdas que ella misma llevaba contra sus manos a su espalda y en una situación como la que se encontraba, asumir era una forma particularmente estúpida y rápida de morir – ¿Te secuestraron o eres tan desafortunado para terminar aquí por voluntad propia? – Las vigas de madera cruzada hacia la penumbra… ¿los habían metido a una especie de celda? Eso daba igual, si no conseguía más información sobre la mujer y la taberna.
– Aprovechemos esa facilidad tuya para llenar los silencios ¿la mujer con la que estuviste en la taberna tenía el cabello castaño y los ojos verdes? – permitió que el silencio se asentara, aunque hubiese deseado distinguir por completo a la persona con la que compartía el espacio, no hubiese podido, la oscuridad del lugar solo le dejaba ver las penumbras a medida que su visión iba a adaptándose poco a poco.
– Esos eran los rasgos de la mujer responsable de que terminara aquí – ciertamente no compartía esa información por gusto, ella no confiaba en él.
No era personal, ella no confiaba en nadie.
Sin embargo, necesitaba saber si ambos habían sido atacados por la misma persona.
Léeme
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Nyx Considerar que su identidad de Marine es Nyssa Vale y su cabello es de color negro cuando me de la vida cambio la imagen del color del pelo
De la figura femenina vinieron palabras que no eran lo que esperaba. Algo mareado cerré los ojos con fuerza, sintiendo el mareo, es demasiado y me siento como estoy molesto por sus palabras. Que necesidad había de tratar mal a un borrachin, que necesidad había de pegarle en el orgullo a un hombre. Diablos tiene que ser una mujer muy herida, o que no ha estado en las manos de un buen amante de las mujeres. — Tienes la razón, de serlo implicaría que ha bajado mucho el sentido del gusto en las mujeres. — Defendí mi orgullo, no es por nada, quiero marcar distancia y siento que algo tira de mi brazo, se escucha metálico, como eslabones. Abro ligeramente los ojos y noto que en mi muñeca hay algo metálico.
—Ahg. Tsk… nunca me amarran a las bonitas. JAJAJA — Bromeó con la borrachera y con el hecho que parece que estamos aquí juntos. No me gustaba y mi rostro revelaba que no me gustaba lo que sucedía. Aunque me reí a carcajada por la propia broma, no tiene nada de bueno estar atado a la gente; que de buenas a primeras lo que hace es buscar herirte con palabras. Lo cierto es que no es de las personas que a pesar de estar en la misma desdicha no les basta, lo que necesitan es seguir hundiendote.
— Que pesada que eres. — Solté, sin tacto alguno. Mi mano libre fue a mi frente y me hice un masaje para que el mareo fuera llevadero. Necesitaba un medicamento para ello. Respiré profundamente una vez, dos veces, recogí mis piernas pensando en levantarme pero mi fuerza al momento no fue suficiente. — Si tanto quieres saber, era una mujer muy guapa y con mucha personalidad. Tienes que calmarte y dejar de presionar a alguien cuando tiene resaca. — Más claro no pude ser, no esperaba comprensión pero si que dejará de intentarlo por un momento. Mi mano sintió un tiro por parte de ella. No opuse fuerza pues por más que lo intentara ella no iba a poder moverme. No había conocido a la primera persona que pudiera moverlo, a estas alturas sus condiciones naturales de raza lo hacían más duro que el promedio conocido.
“Tómalo con calma” repetí una y otra vez en mi cabeza. Con la clara intención de sus palabras no pudieran afectarme. El autocontrol no era mi virtud y no quería ser el típico borracho ofendido. No funcionaba demasiado. —¿Por qué no mejor llenas tu el vació con buenas ideas para salir de aquí? Si salimos de aquí buscamos a quien te atacó y cobrazmos venganza. Pero no sigas de azarosa con investigar y buscarle la quinta pata al gato. — Fue mi propuesta sintiendo que el masaje en la frente funcionaba para aclarar un poco las ideas. Entonces abrí los ojos. Ella luce un uniforme y un cabello oscuro como la noche. Tiene toda la pinta de una marine. Normalmente reaccionaría retractándose de tratarla mal, pero vista nuestra posición estaba más que claro, ella no merecía que yo me retracte de nada. — Entonces así es estar tras las rejas. Que curioso, no debe ser algo que tú esperases. — Ya que nos vamos a molestar es mejor ya tomar cartas en el asunto. A nuestro alrededor habían otras cosas, pero no había más personas, al menos no aquí. Toqué nuestra jaula. Aplicando algo de fuerza notaba que sonaba como una puerta vieja, de las que se doblan pero no se rompen fácilmente. Minucioso el estudio me decía que claramente yo no tengo la fuerzas para romperlas, no sin el impulso suficiente, no sin ayuda. Miré de nuevo a la marine con la que me encerraban, no podía contar con ella para nada pues parecía ensimismada en hacer las cosas por su cuenta. Vaya inutilidad.
La observé, como pensaba, no quería ser un lastre y definitivamente no actuaría como ella. No iba a gastar mis fuerzas en que buscáramos todo por caminos separados. Debía apoyarme en ella, en buscar maneras de salir. Si, el trabajo en equipo es lo mejor para situaciones desventajosas. — Bueno, queramos o no, estamos juntos en esto. ¿No prefieres colaborar? Quizá si los convencemos de venir y abrir podríamos no estar aquí. O podemos contarnos sobre nuestras tristes vidas así comprender por que nos capturaron.— Opciones sencillas, fáciles de digerir. Mi brújula me decía que apunta hacia ella, que me bañara en manteca y aunque sus palabras pudieran herirme hacer que todo resbalara.
— No creo que vinieran por nosotros por nuestro físico. Tu luces bastante normalita, pero, a lo mejor tienes algo importante en ti. Digo, eres marina. seguramente saben algo de ti, familia marine, si eres una soldado importante sería bueno saberlo doña desconocida. Soy Heras, el gusto es tuyo.—
Queríendo jugar bajo sus reglas traté de aportar en su afan por descubrir quienes nos habían atacado. —¿O tal vez tienes compañeros que podrían venir por nosotros? a lo mejor eres la carnada.— Apunté por otro ángulo, igual y es extraño que una marine ande sola. Nunca andan solos.
karmas
Positivos: Bien Dotado. No aplicado Seductor. No aplicado Sintonía natural. Aplicado esperando con este obtener respuestas positivas de ella Guia. No aplicado Sentido aumentado de la vista. Peso pluma Valiente. Negativos: Cotilla. Quiere saber ella. Pacifista. No ha atacado. Desorganizado Fetichismo No aplicado. Desapercibido Don nadie Empobrecido
Fobia (aun no usado)
Friolero.(aun no usado)
Tic (aun no usado)
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A diferencia de lo que se esperaría, Nyxara Archeron ni siquiera enarcó una ceja. ¿Acaso…ese hombre…estaba intentando devolverle el acido de su lengua de plata…en base de su aspecto físico? Al parecer, ella había dado en algún punto sensible de aquel desconocido y él, creía que por poner en tela de juicio su apariencia, eso le causaría algo a ella.
Y esa osadia casi le arranca una sonrisa de sus dulces labios carmesí.
Ese borracho no tenía la menor idea con quien lo habían encerrado porque iba a necesitar mas que un ataque a su cara, en medio de la oscuridad, si quería regresarle el veneno. Y el sonido metálico cuando el movió su mano no pasó desapercibido para ella, ni siquiera el ligero tirón que amarraba sus propias muñecas ¿Acaso…?
Sentada frente a él y ahora que el mundo había dejado de inclinarse, trato de mover sus dedos hacia la cuerda que sostenía firmemente sus brazos tras su espalda intentando que él no lo notase.
“Mierda”
O lo que creía en un inicio que había sido una cuerda ahora se transformaba en una delgada línea de metal que afirmaba sus muñecas, eso solo reducía sus posibilidades de escape y si ella, a diferencia de él, tenía ambas manos amarradas tras la espalda dejándola más expuesta a lo que fuera que esas personas quisieran hacer con ella, o ellos.
Había ignorado todo el parloteo herido de aquel hombre sin una capacidad mínima para controlar su ingesta de alcohol, hasta que hizo algo útil. Si bien, la mirada de Nyx aún estaba acostumbrándose a la penumbra había conseguido vislumbrar, gracias a los atisbos de luz que se colaban en esa celda, como una de sus manos presionaba la madera del lugar y como está crujía bajo sus manos.
“Al menos es un músculo útil”
Y con eso podría trabajar.
– Tu sentido de la estética no me preocupa como tu capacidad para elegir bebidas, Heras – Giró ligeramente el cuello y unos de esos mechones oscuros cayeron sobre su rostro antes de fijar el mar de sus ojos sobre él, adoptando esa postura orgullosa y elegante que parecía llevar impresa en los huesos – Así que guárdate las deducciones para cuando tu cerebro deje de flotar en licor, por que tu opinión sobre mi aspecto me importa exactamente lo mismo que el piso húmedo sobre el que estas tirado – Su voz no se elevó, pero cada una de sus letras cayó entre ambos con la precisión fría del acero. No, no iba a darle tregua. Si el esperaba una mujer compasiva que esperara paciente que a él se le pasara la resaca por sus malas elecciones, mientras le hablaba bajito, suave y acariciaba su cabello, se había equivocado de tipo de criatura – No estamos aquí para compartir nuestras vidas, a mi ciertamente no me interesa la tuya y yo no vine a esta celda para buscar un confidente – marcó el límite de inmediato, no iba a permitirle cruzar a un terreno personal. No después de lo sucedido en Samba…
Ni a él, ni a ningún otro.
Ese era un límite que Nyxara Archeron, defendía con garras y dientes.
Y nadie que apreciara su auto preservación avanzaría de frente a su tormenta.
Esa sutil sonrisa glaciar se instaló en sus labios carmesí mientras alzaba la barbilla con ese orgullo de reina, gestos que seguramente el no podría distinguir a causa de la oscuridad que les rodeaba. Acomodo las piernas cruzándolas una sobre otra, mientras se centraba en el vaivén suave bajo sus pies, debía ser un barco, no podía haber otra opción; fue allí, cuando lentamente se inclinó hacia adelante, hacia él, lo suficiente para que la penumbra le permitiera ver la curvatura de su cuello y la firmeza de sus facciones finas, hasta que sus rodillas le sirvieron de ancla sobre la madera ligeramente húmeda – No quiero colaborar contigo – y clavó el mar de sus ojos hacia la mancha oscura donde creía que estaban los contrarios – No confió en ti – aquello no era personal y mucho menos tenía que ver con las estupideces de marines versus el mundo…
Ella no confiaba en nadie. Era así de sencillo.
Ocupo ese instante para tirar de sus muñecas hacia un costado, ahora que estaba mas cerca en la penumbra podría identificar si realmente a ambos los ataba la misma cadena o lo anterior solo había sido un producto del golpe que le habían dado en la cabeza. El tintineo de la cadena encontró un peso difícil de mover y por la línea de la cadena de plata se dio cuenta que se perdía hacia donde estaba el cuerpo de Heras.
– Pero no me queda otra opción – en la situación en la que estaban, no admitir algo como eso sería una ofensa a su propia inteligencia. Volvió a su posición anterior, a la distancia anterior sentada frente a él, ya había comprobado lo que necesitaba – Ellos piensan que estamos indefensos. Tu estas mareado y yo inconsciente – lentamente ladeo el rostro y la luz filtrada, que se proyectaba en ese espacio, ilumino parcialmente ese rostro de líneas suaves y pecas dispersas – Hagamos que sigan creyendo eso un par de minutos más – Y en el mar de sus ojos no había ningún tipo de calidez, solo la tenacidad férrea que aseguraba que saldrían de allí.
– Así que trágate el mareo y deja de lamentarte por la resaca, porque yo no tengo el menor interés en ser la enfermera de tu dolor de cabeza, Heras – ya no estaba jugando, lo necesitaba centrado y atento si querían salir de allí. No importaba realmente lo que el pensara de su rostro o su apariencia física, ninguno de los dos estaba allí para gustarle al otro – Y comienza a pensar como usaras esa fuerza para cuando la puerta se abra – Ella se aseguraría que esa puerta, donde los habían encerrado, se abriera.
Volvió a inclinarse hacia adelante, esta vez para colocar ambas piernas bajo de sí. Tardó solo un momento antes de intentar erguirse, pero la cadena que sostenía sus dos muñecas se clavó en su piel y la hizo apoyar una rodilla sobre el piso.
No solo estaba atada, estaba anclada a ese gigante inamovible.
Tensó la mandíbula y su mirada podría haber derretido el hierro. Él la había categorizado como una recluta ordinaria y ella había tratado con demasiados hombres vanidosos en su vida anterior, como para saber que esa combinación terminaría irremediablemente mal – Tienes que levantarte – exigió sintiendo la presión en sus muñecas al intentarlo únicamente ella sola – Si te quedas tirado como un fardo, jamás saldremos de aquí –
La verdad es que es una mujer muy difícil de llevar. Demasiado difícil de llevar, cómo un ser que no esta en sus cinco sentidos solo me puedo preguntar. ¿Ella necesita siempre tener la última palabra? Esto es demasiado pesado de llevar, demasiado complicado, mucho estoy luchando con ceder, pero es que ella necesita hacerlo insufrible. Necesita hacer saber su postura y que tiene el control, me pone de mal humor, me predispone a llevarle la contraria. Si todo tiene que hacerse a las malas entiendo que no la quieran venir a secuestrar. Es sensata, pero la verdad es que la manera de tratar a la única persona dispuesta a ayudarle es tan mala que no hay honestidad a la cual aplaudir. No es un animal al que le debo aplaudir que no lo hizo peor de lo que podría haberlo hecho. No hay complacencia alguna. Lo que si logró es mi atención, puesta en cada una de sus palabras, en su tono de voz, en su aspecto y cómo tiraba de la cadena. Una mirada cansada, fatigada se posó sobre ella. Sintiendo que las palabras no llegaban, pero si eran respondidas. Sintiendo como tiran de la cadena que va hasta él. Aun cuando ella tiene un extremo de la cadena y tirando de ella viendo que el otro extremo viene a mí, es tan testaruda como para imponerse. Tan sencillo que es usar un poco el razonamiento, pero decidiste no oír, lo excelente es que cuando se puso de rodillas me di una oportunidad de cobrar una pequeña pero tibia venganza. Tiré del extremo opuesto a ella. Sin aviso, sin colaboración alguna, no buscando romper la cadena, eso sería absurdo, necesitaríamos hacerle una cantidad de daño tal que se rompiera y dudaba mucho que ella tuviese acceso a tal fuerza. Por otra parte, yo si tenía acceso a más fuerza, no suficiente para hacerla quedar de plano en el suelo. Me acosté de lado, cómo un oso con pereza. Si había que despertar con el asunto del ponerse a trabajar. Con acracia, mis acciones solo las usé para que supiera que había como imponerse, que podría ponerme con ella hasta hacer salir de allí el eslabón que vinculaba nuestras cadenas con la jaula. — No tienes las fuerza suficiente para ser mi complemento de escape, que pereza cargar contigo, si no vas a medir tus palabras bien podemos averiguar que quieren hacer contigo, si traficarte o esclavizarte. — Señalé aprovechando la oportunidad para mis alas salieran de las sombras, gigantes, imponentes majestuosas, brillantes y negras. Abiertas lo suficiente para hacerlas de diferente entre nosotros. Era un háblale a la mano. No quería servirle, la verdad, no se lo había ganado. Yo ya había dejado de ser un sirviente de la vida nocturna y su tono, su actitud, me llevó a un punto donde mi brújula apuntaba hacia ella, pero no aceptaría ese viaje, no hasta verle fingir un cambio. Si, dando por hecho y perfilándola con un juicio prematuro de que ella no era de los que cambiaban. Mi excelente vista ahora ya puesta hacia otro lugar pudo notar que había movimiento. Si, movimiento que se acerca. La luz que ingresaba por la parte de debajo de aquella puerta cerrada estaba cambiando. Me hizo sentarme, recostar el peso de mi cuerpo sobre mi brazos y parte de mis piernas. De estar preparados para escapar, no, no lo estamos. Mis alas se cerraron inmediatamente y pateé el eslabón que nos anclaba a la jaula con fuerza. Ni se inmutó. Repetí mi acción par de veces más, con rabia, a duras penas y se giró y mi pie comenzó a doler. Ya no estaba firmemente anclado. Le miré directamente. — Ahí tienes. — Me dejé caer al suelo, como si estuviera dormido nuevamente. Esperando en lo que sonaba el cerrojo una y otra vez. Pronto la puerta comenzó a sonar de aquella bisagra. Inmediatamente era el momento más oportuno. Siendo claros no hubo mejor oportunidad para esto ya hacía ella con este momento solo constaría de las habilidades de aquella marine de cabello azabache. Cerré un ojo, y con el otro esperé paciente, siguiendo los pasos de quien venía con un candelabro alumbrando. El suelo, las diferentes cajas alrededor, actúa tranquilo y desde mi punto de vista no lo detallo bien, pero no sus pisadas a mi parecer no parecen las de un tipo pesado, pero que se puede esperar de alguien que acaba de despertar de una borrachera. No, yo le dejaría la acción a la compañera amiga de mandar y ordenar.