Test your Migth (Pasado| Bai.)
#11
El borracho narizón lo estaba disfrutando demasiado. Ver las caras, ver las reacciones y lo más cínico no se detendría por nada. Asintiendo con total seriedad al ver la confusión en Bai y el intento de Heras por remediar la situación. Notó cómo la Birkaniana le hacía gestos con insistencia, que no se durmiera en los laureles en la borrachera y el como un excelente actor se tomó un eterno segundo en lo que llegaban las cervezas proporcionadas al tamaño sobredimensionado de los alados. — Heras, ella dice, dice que no está para que le tomen el pelo, si no vas a querer algo serio, que no es chica de cualquiera, Que no la vas a emborrachar con una cerveza y que te reta a intentarlo si así como vas a jugar. —


La verdad es que las cosas iban de mal a peor, cómo es posible que ella quisiera ahora ponerse así de malas. Al ver que por una ocasión quería ser bien portado y enmendar la situación, también quería su atención, pero las cosas se estaban retorciendo de una manera que se estaba saliendo de su control. El punto es que dudo en agarrar la jarra. Ella lo estaba retando, pero no parecía que estuviera coqueteando con él. Una mirada con atención como ella ponía sus ojos azules sobre él y no parecía una expresión coqueta. Debe ser una manera diferente de hacer el acercamiento o solo es que ella tenía una cara muy angelical. 


Me confundía y claramente mi cara podría verse entre una decepción y una desorientación al intercambiar mirada con los dos. Pero en eso el borracho supo cómo intervenir. — No tienes que hacerte películas, ella te aceptará el trago, es lo que dice, yo que tu aprovecharía esa luz verde, parece muy interesada en ti. — Puede ser que por eso ella pusiera tanto sus ojos sobre él, capaz si existía algún interés. 


Asentí como quien entiende el mensaje que ella me quiere dar, aunque es mucho muy confuso. — No es lo que busco Bai. pero a tu salud. — Claro, levanté la jarra de frente a ella para que se que estoy haciendo un brindis por la salud y compartir con ella, aunque tenía que admitir que estaba un poco complicado con todo aquello que tenía que me decía Scaterix. Ciertamente era una situación complicada, yo no podía comprometerme con una mujer que recién acababa de conocer, no iba con mi manera de ver la vida, pero podíamos compartir unas cervezas. 


En eso luego lo veía hablarle a ella con esa sonrisa de beodo y esa nariz roja que se le pone cuando bebe demasiada cerveza. Puedo contar las jarras que lleva y son cerca de media docena de jarras las que lleva.  En eso la tabernera nos indicó que la comida tardaría y que la música sería nuestro acompañante. Las cervezas fueron un trago refrescante que aclararía la mente y desmontará las inseguridades. 


OST


Claro cuando salió el esposo de la tabernera con su conjunto que comenzó a cantar y a tocar instrumentos mostró que en la Isla aún quedaban algunos bardos con talento para animar los ambientes llenos de gente y tragos. Claramente la cómida podría tardar un rato y el beber y conversar se nos quedaba cortos ya que la conversación oral no sería la mejor entre nosotros. Pero podríamos conversar de otra manera, había aprendido son Seraphine que cuando la conversación se pone dificil lo mejor es hablar un poco con el cuerpo. Ella era una excelente danzante que me había encontrado en mi vida de esclavitud y con quien había disfrutado una pieza en el pasado. 


— Gracias Seraphine, por tus recomendaciones en clases de baile. —


Eso lo dije para mi y claro, observé a Bai en un momento oportuno cuando la cerveza estaba acabada. y la tomé de la mano. Si bueno, en este punto mi atención sobre ella era complicada de quitarla de encima y tanto fue la sorpresa que ni Scaterix ni nadie podría esperarse lo que yo iba a hacer, pues era una especie de de imprudencia del momento. 


Claro, al ser una música con algo de ritmo me lleve a la mujer alada a un claro sin mesas, apartados de la barra, donde podíamos compartir un momento. Entonces tomé una postura y con el ritmo de la banda comencé a aplaudir y a dar pasos. Moví mis brazos y cadera tanto como me podía expresar, seductora, sugerente, haciendo de ella mi epicentro. Haciendo ver mi piel oscura y tersa, musculosa, dotada, y comenzaba a zapatear siguiendo lo más que me permitía el ritmo. Mis oídos y mis bailes no son expertos pero solo me expreso. Comienzo a aplaudir y a dar pasos uno y luego otro, mis plumas me acompañaron abriéndose y cerrando un poco conforme más pienso que necesito de su atención. 


Si nos vamos a esperar, no iba a ser el típico aburrido. Vamos a entretenernos mientras vamos pieza a pieza. Claro que mis pasos no venían por sí solos, buscaba hacer que ella me siguiera y compartiera mis pasos. No eran la gran cosa, pero podría enviarse el mensaje de que vamos pasar bien el rato. Era mucho más difícil hablar con ella que con Seraphine, pero era claro que su baile algo había mejorado y que ahora tendría la tranquilidad de no pisarla.
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#12
Sus primeros pasos fueron lentos, demasiado lentos, tan lentos que, incluso un glaciar de tamaño mediano en plena época de desove, habría considerado que Bai se estaba tomando las cosas con exagerada calma. Pero, en realidad, más que calma en su andar, se observaba rigidez.

Y es que sus pies, o mejor dicho, su cuerpo entero, se movía con desconfianza, dejando entrever que, si pudiera, cualquier momento sería bueno para hundirse en el suelo y no ser nunca más encontrada.

Y, en cierta forma, así lo deseaba.

Pues su dominio de la danza resultaba, por alguna cruel ley de la biología, inversamente proporcional a su racionalidad. Sin embargo, esto no le venía de nuevo. Ya lo había descubierto tiempo atrás, en Samba, cuando comprendió que su verdadero problema era sufrir de un exceso crónico de pensamiento cuyo resultado hubiera sido el mismo que el de obligar a sus movimientos a atravesar un exhaustivo control de aduanas en el lóbulo frontal de su cerebro, donde un funcionario gris y miserable revisara el visado de cada impulso antes de permitirle existir.

Y todo por ser incapaz de escuchar el ritmo...

Todo por su absurda y vacua manía de descomponer el compás o tratar de comprender la lógica exacta de algo que, por definición, se había inventado precisamente para suspender el uso de esta.

Mientras tanto, a su alrededor la gente pasaba de un lado a otro.

Así, entre cervezas goteantes y empujones, Bai terminó dejándose guiar hacia la pista de baile donde, finalmente, Bai le dio un pequeño tirón del brazo a Heras en cuanto ambos quedaron atrapados en el epicentro del lugar.

Negó con la cabeza.

—Yo no bailo… —murmuró.

Y casi al instante, como si los dioses hubieran decidido burlarse de ella, una espalda ajena chocó contra la suya, arrancándole un torpe traspié que contradijo sus palabras mucho mejor de lo que ella jamás hubiera imaginado.

De esta forma, estando justo frente a él, tres cosas ocurrieron en perfecta sincronía: la música comenzó a sonar; Heras se posicionó; Bai, adoptando la postura de animal desconcertado, se quedó completamente inmóvil, preguntándose qué hacer.

—Yo no...

Heras empezó a zapatear, golpeando con los pies el suelo con una armónica violencia que ella no poseía.

—De verdad que...

Cada impacto parecía arrancarle una respuesta al mismísimo suelo de madera, levantando el sucio polvo de los zapatos y botas.

—Yo...

A su alrededor, la masa humana reaccionaba de similar manera. Las botas chocaban contra el piso en una sucesión frenética de golpes secos; las mujeres danzaban, permitiendo que sus vestidos volaran, mientras el caos empezaba a adquirir un sentido sospechosamente geométrico.

Bai miró alrededor, a la masa sin cortesano refinamiento ni pulcritud y, para sorpresa suya, se sintió ajena a todo ello. Sin embargo, la taberna parecía haber desarrollado una mente colmena que deseaba atraparla. Así que, lentamente, el humo espeso de los fogones comenzó a mezclarse con el olor agrio de la cerveza derramada y el vaho de decenas de cuerpos agitándose demasiado cerca, creando una atmósfera tan densa que era imposible no respirar.

—Esta... —Poco a poco, el ambiente empezó a erosionar su forma de pensar. —Está bien —sentenció suspirando.

Así pues, tras un largo e histórico instante de parálisis analítica, Bai acabó dando un paso hacia adelante. Luego otro. Y otro más. Se acercó torpemente a Heras, intentando imitar el zapateo con movimientos que aún recordaban vagamente a un niño aprendiendo a caminar. Sonrió. Aquellos movimientos ya no nacían de la razón, sino de esa maravillosa, cálida y primitiva embriaguez que el universo utiliza para recordarnos que, después de todo, solo somos monos con ropa con la necesidad de socializar.
Bai Mudan
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#13
Funcionó, los aplausos, el zapateo, el ritmo que no solo van en las palmas van el grupo.. Es lo que me encanta de las tabernas, son una colmena, unos engranajes que comienzan a girar, unos más rápidos y más a tono, otros más lentos y cohibidos. La verdad es que Bai parecía un engrane con mucho oxido. No se soltaba y eso la verdad es que no era un problema. Yo aún estaba lejos de ser un buen danzante, pero lo importante es fluir con la música. Lo bueno es que ahora no tenemos que bailar explicitamente pegado a mi pareja así que no me preocupaba pisarla. 

Por una vez, pude leer a Bai. Me tomé el tiempo de verla, como estaba un poco reacia a dejarse mover y ver cómo poco a poco se rendía. Pero no era para fluir, era simular, como si tuviera un marionetista novato, negando en su idioma inentendible, pero su cuerpo cohibido hablaba. Buscaba que la juerga siguiera mientras ella buscaba quedarse congelada y que nadie la notara. Lo malo es que mides tres metros y no puedes escabullirte. Una mirada atenta, me había excedido un poco y lo que menos quería era que las miradas se pusieran sobre ella para humillaciones. Los borrachos, como los niños, son crueles, no siempre son malintencionados, pero no tienen tacto. 


Entonces las alas negras se abrieron mientras se movía siguiendo los zapateos. La verdad es que la música era buena, porque aunque se bailara bien o mal, no se notaba demasiado la diferencia, menos cuando hay otros bailarines que pueden ser de atención. Creo que el ambiente ayudó, la contagió o tal vez fue solo la cerveza que tardó en hacer efecto. Me hizo sonreír ver que iba agarrando la onda y que se soltaba. 


El ritual de la danza social duró lo necesario y por mucho que los músicos repiten una que otra estrofa lo cierto es que me sirvió un poco para ver una Bai algo desinhibida y tranquila. Mi mirada atenta al ligero brillo que emanaba y poco a poco soltaba su cuerpo a la armonía. Aun siendo dos novatos del baile, la cosa aquí no era la técnica o los detalles, si no disfrutar del momento y creo que desde un principio hasta el final quien saboreó cada instante hasta el final fui yo. 

Claro que le hice una reverencia, aunque no tengo ropa formal. Pero ella compartió la pieza conmigo y eso fue más que suficiente. Le extendí unos aplausos por que al final aunque ella dijera repetidas veces que no baila. impresionado de que se aclimatara y con unsa sonrisa que deja ver mi alegría. 

Claro despues que me llevé a Bai a la barra tuve que usar a mi traductor para llevarle un mensaje. — Bai, la final eres buena bailando, yo creo que deberías hacerlo más a menudo. — 

— Bai, Heras dice que el danzar de tus caderas y el brillo de tus ojos azules como el mar, y… emm… tus preciosas Alas han acelerado su corazón y que estaría encantado que le permitas cortejarte. — 

Ya en este punto Heras comenzaba a notar con sospecha que su intermediario quizá no estaba enviando su mensaje adecuadamente. Su mirada con sospecha de ese mensaje tan extraño, tan largo. ¿Será que Scatetrix le estaba tomando en burla como en otras veces?
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#14
No estaba segura de qué podía ser lo que, en aquel momento, aceleraba su pulso con la fuerza de un río bravo. Tal vez fuera el baile, tal vez fuera el alcohol o, quizás, fueran las palabras de Heras —aunque, siendo completamente sincera consigo misma, tampoco tenía claro si las que resonaban en su cabeza eran las que había pronunciado el lunarian o las que el borracho se había encargado de traducir y adornar.

Lo que sí estaba claro es que sus orejas parecían haberse incendiado con el esfuerzo físico y sus mejillas haber sido mordidas por el calor.

—Heras, yo... — comenzó a decir.
Mientrastanto, conforme hablaba, sus finos dedos se deslizaron entre su cabello para recogieron en una especie de coleta improvisada.
—No debes darme las gracias —, sentenció al tiempo que sonreía y echaba su cabello hacia un lado a fin de que su nuca refrescara.

En sus muecas se podía ver la tranquila sinceridad con la que hablaba, libre de cualquier falsa modestia. Porque, simple y llanamente, era verdad. No sentía que hubiera hecho nada merecedor de gratitud.

Y aunque sus palabras habían sido honestas, una parte de ella, gobernada quizás por la inhibición del alcohol, le hizo avanzar hacia él conquistando el espacio que había entre ambos. Después, con la cautela de un potrillo recién nacido, se inclino sobre él y colocó su mano sobre el hombro ajeno.

—Aún así, y aunque no me entiendas, gracias. 

Y, antes de que su razón pudiera alcanzarla y preguntarle qué estaba haciendo, depositó un suave beso sobre su mejilla.

Al apartarse de Heras para devolverle parte de su espacio personal, Bai creyó escuchar a su espalda un sonido extraño. Un sonido, un algo confuso a medio camino entre una carcajada y el desesperado intento de alguien por expulsar algo que había tomado el camino equivocado y que, al hacerlo, parecía toser tan fuerte como un gato al expulsar una bola de pelo.

Así que, confundida, frunció el ceño para luego volverse justo a tiempo para ver al erudito, amigo del lunarian, golpeándose el pecho con insistencia e inclinado hacia delante como si acabara de tragarse una piedra.

—¿Estás bien? —preguntó acercándose —. No te golpees. Eso suele empeorarlo.

A continuación, observó al hombre unos segundos más, tratando de determinar si necesitaba ayuda o si simplemente estaba atravesando alguna clase de crisis que escapaba por completo a su entendimiento y, tras decidir que sí la necesitaba, giró la cabeza en dirección a Heras.

—Heras... —lo llamó.

Y, una vez tuvo su atención, le señaló la cerveza. Luego, señaló la espuma y finalmente negó con la cabeza. Repitió el gesto. Cerveza, espuma y... añadió a este último gesto una pequeña mueca de desaprobación. 

Mientras tanto Scatterix carraspeaba y tosea tratando de decir la palabr agua.

Pero Bai siguió intentándolo a su manera pues, mientras el pelirrojo murmuraba mád que hablar, ella le lanzó un último gesto al lunarian que simulaba un recipiente que pronto se llevó a los labios. Un gesto un poco confuso a decir verdad pero uno que, en su estado, se traducía cómo:  «Dame algo sin burbujas.» O, siendo más concreta: «Agua estaría bien».
Bai Mudan
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#15
Entre la tos y las palabras de la Birkaniana distrajeron al hombre obeso. Su tos duró un poco más pero se buscó calmar siguiendo los consejos de la mujer al detener sus golpes en el pecho. — Gracias, eres muy dedicada.— Con un ademán asintiendo a sus palabras en lo que aclaraba su garganta. Las lágrimas de sus ojos salían contra su voluntad y él con delicadeza usaba sus dedos para quitar gotas que caían por sus mejillas algo rosadas de tanta bebida. 

Yo que observé un buen rato, pude leer ligeramente que ella es una buena persona, a pesar de no conocernos de nada especial estaba preocupada por otros, o tal vez no quería quedar incomunicada conmigo. Ambas cosas son buenas y sin importar cual de las dos es la verdadera razón me tranquiliza que ella esté allí. Yo lo habría dejado ahogarse hasta que vi que cayera al suelo.

Escuchar el nombre viniendo de ella, tenía ese acento que me hacía pensar que me estaban llamando de una tierra muy lejana donde los barcos no pueden llegar con facilidad. Luego de ver sus señas, el juego de mímica para comunicarse. Su negativa me hacía pensar que tal vez no estaba nada encantada. ¿Habría sido mi aliento de cerveza el que ahora me rechazaba? Bueno, viendolo desde otro punto de vista ella estaba por proponerme matrimonio según mi atragantado compañero junto a nosotros. Por mi cabeza cruza la idea de que tal vez ya no desea casarse conmigo y puede que sea culpa de mis pasos de baile. 

[Imagen: 3bmcvdd.png]

Con un ademán estaba más que claro, que entendía, al hacerle un pulgar arriba. Había entendido que yo me bebería toda la cerveza, para que no se perdiera, de igual manera me las iban a cobrar pues no es como que las pudieran devolver al barril. Eso podría dañar todo el contenido. Con un gesto tranquilo. — Yo me encargo, no te preocupes de eso.— Claro tras acabarme mi jarra beberme la de mi nueva amiga era mucho licor en poco tiempo. 


Tuve la clara necesidad de aclarar el asunto entre nosotros. Ya que la situación era un poco complicada. Le haría señas para que se acercara ya que el ruido de la música me obligaba a alzar más la voz. — ¿Dime, al final no, nos vamos a casar cierto? — Claro que intentaba aclarar todo, pero al terminar la frase el compañero entonces se comenzaron a escuchar muy fuertemente unas risas graves.

[Imagen: 2A5rVZs.png]

— ha HA  HA HA HA HA.  No puedo creer que realmente cayeras en esa, que egocéntrico que eres.— Risas como quien está por revelear un plan malvado por parte del compañero Asterix. El realmente parecía estar disfrutando la tentación. — Yo me inventé eso para ver como reaccionan, no mi intencion que tu te lo creyeras. Ninguno quiere casarse. Pero fue muy gracioso verlos tratar de no herir los sentimientos del otro. — Me dejó sorprendido al nivel que no podía imaginar la traición por parte de un amigo, pero la gracia de eso me hizo entender por qué lo hizo. Es un patán pero ahora me quedaba más tranquilo con su compañía. 


Me terminó por generar mucha risa la situación, ahora entendía un poco lo que pasaba por la cabeza de esta mujer alada, pensar que te consigues un hombre tan guapo como yo y que te ofrezca matrimonio. Ni bailar podía y estaba de los nervios. Sin lugar a dudas creo que la cosa iría para mejor pues le explicaría a la compañera en su lengua natal. 

La mesera se tardó demasiado en traer la comida y ni siquiera era la comida que había ordenado, pero por lo menos ya podíamos comer tranquilos. No me imaginaba que tan lejos podía llegar alguien por su propia diversión. Imaginalo, por eso siempre parecía que se iba a cuajar de la garganta, en retrospectiva era muy obvio pero jamas lo veía venir como víctimas que fuimos.

karma.
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