[Aventura T4][P.A] Viejas notas, nuevos sonidos
#1
Día 70 de Otoño, Año 17

En Gran Línea todos tenían esperanzas, motivos, objetivos, sueños y deseos, algunos de ellos coincidían entre ellos, otros chocaban entre sí, había quienes buscaban la luz en un mar inconquistable y había quienes simplemente viajaban por la libertad que la brisa acompañada de las mareas hacía reverberar en sus almas. Toda clase de historias podían contarse, toda clase de aventuras realizarse, todos los sueños podían alcanzarse en la Gran Línea según lo que se decía, pero a veces la gente se movía por ella con un gran objetivo en mente o sin ninguno, simplemente disfrutando cada parte del viaje o viajando mientras en cada paso que daban se acercaban al gran final de sus propias historias.
 
Era un día frio de otoño en la gran isla de Matsuri, el viento estaba presente y las hojas habían caído ya de buena cantidad de los arboles mientras que otros se resistían, permaneciendo verdes sin importar la época del año y otros en lugar de perder su follaje habían cambiado de tonalidad sin desprenderse del mismo. El suelo adoquinado de la ciudad de Ran era golpeado en un ritmo natural solo para esa ciudad pero ajeno al mundo y a la razón, el ritmo de sus habitantes andado de un lado a otro, de sus turistas recorriendo y sus vientos carraspeando con las hojas sobre el mismo pavimento.
 
Las nubes eran silenciosas testigos de aquel día de otoño, la luz del sol estaba presente pero dubitativa, como un artista que teme entrar en pánico si toma el escenario pero que la gente no puede evitar buscar y admirar. En un día como aquel había un pequeño acto que se daría en una de las plazas de la ciudad, una función que serviría como calentamiento para uno de los festivales venideros, pues nunca era demasiado pronto para estar listo cuando en la isla de Matsuri de festivales se hablaba.
 
Un pequeño grupo de artistas tradicionales y extranjeros compartirían el escenario por turnos antes de descansar y partir de aquel lugar, un pequeño escenario temporal estaba siendo montado, trabajadores iban y venían siguiendo la armonía de una orquesta invisible guiada por el maestre de obra allí presente ordenando y señalando. Disfrutando de su tiempo un grupo media docena de personas platicaban tranquilamente sobre que melodías pensaban interpretar, sobre cuanto querían escuchar a los otros y vise versa mientras que los más enfocados o introvertidos de ambos grupos simplemente afinaban sus instrumentos en silencio, preparándose para ejercer su arte y demostrar porqué habían ganado el derecho de no solo se montase un escenario para ellos sino también para recibir una paga digna por lo que harían allí dentro de algún tiempo.
-Voz femenina- ||-Voz masculina- ||-Piensa-
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#2
Recuerdo que el otoño en Baterilla siempre venía de ventiscas más intensas y el follaje de los árboles se tenía de tonos terracota, no era un frío mortal, al fin y al cabo, seguía siendo una isla playera, pero, sí envolvía sus costas en una frescura constante. Ahora que me encuentro en Matsuri, comprendo que cada región vive las estaciones a su manera. Aquí todo es distinto, es hermoso, casi como una joya el presenciar estos paisajes florales que por la temporada actual comienzan a rendirse por la baja temperatura, adoptando colores marchitos y formas más frágiles mientras otros permanecen implacables, como si desafiaran las condiciones que no les favorecen. Entonces lo entendí, no importa la estación de los años, Matsuri siempre permanecerá en una eterna primavera.

El día invitaba a salir como si las aventuras aguardaran con paciencia a ser descubiertas, y para mí aquello era más que oportuno, puesto que no pertenezco a esta corriente lejos de mi amado Blues. Salí de mi hogar llevando conmigo mi violín azul, Amphitrite, junto con mi arco y mis flechas. Mi vestimenta era la de siempre, un vestido blanco sin mangas, holgado y ligero, acompañado de un sombrero de paja del mismo color del vestido, claramente este iba sobre mi cabeza cumpliendo con su función que no era solo para cubrirme del sol, que no era muy visible hoy, sino, para darme un perfil más bajo entre los habitantes y oficiales.

Mientras caminaba por la ciudad de Ran, entre campos florales y edificios con aire casi victoriano, poco a poco me adentré en una de las plazas de la isla, fue entonces cuando noté que algo estaba ocurriendo justo en ese momento. Había artistas por todas partes, rodeando el lugar con sus magníficos instrumentos, algunos en grupos, compartiendo melodías, y otros complementos solos, perdidos en su propia música o afinando sus instrumentos en la nota perfecta. Aquella imagen quedó impregnada en mi corazón, en mis ojos azules que surcaba la escena, primero me llenó de asombro, luego de una emoción calidad… y en un instante, de una profunda curiosidad.

En Matsuri los festivales, eventos y fiestas nunca faltaban, casi siempre a cada semana ya había indicios de festejos tanto grandes como privados, y hoy parece ser algo general al público. Un pequeño escenario estaba siendo montado por algunos hombres del oficio, quizás carpinteros de la zona. ¿Qué estaba pasando?, ¿Quizás algún concurso?, no quise quedarme con la intriga.

Avancé por la arboleda de un camino de hojas marrones y verdes, acercándome a los artistas que platicaban entre ellos, y cada vez que me acercaba pude entender que su conversación se trataba sobre una selección de melodías a interpretar.

—- Hola, buenos días… —- Murmuré tenuemente pero mi voz llegaría, a penas era medio metro de distancia lo que acortaba nuestro espacio personal, y claro, sonreí cortésmente hacía ellos. —- ¿Hay algún evento músical hoy?


Amphitrite Toca la Cancion
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Cita Diálogo / Habla / *Piensa*
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#3
El andar y llegar de una encantadora jovencita de cabellos fogosos vestida enteramente de blanco tardaría en llamar la atención de los artistas reunidos en aquella plaza y separados en aquellos grupos de artistas pues era una persona más que deambulaba por un espacio público, al menos hasta que una de las artistas notase que la chica desconocida de momento se acercaba directamente a ellos con un ritmo de andar cómodo y agradable de mirar como una nana que relaja a los pequeños y no tan pequeños pues siempre hay espacio en el corazón para una melodía grácil y relajante como aquella que se aproximaba.

Aunque una de las artistas estaba lista pues la había visto venir, el resto se sorprendieron al escuchar una voz inesperada saludando, no de mala manera sino como quien se avergüenza de haber estado demasiado distraído para atender a la cortesía de recibir a quien se aproxima, uno de los hombres del grupo sonrío ampliamente al escuchar la pregunta de la joven de ojos  cerúleos -Bienvenida ojou~san, has realizado una pregunta no tan obvio como pudiera parecer a simple vista, sería correcto responder con una simple afirmación, pero los sucesos en torno a lugar donde nos hallamos no son tan sencillos, pues también sería correcto decir que no se trata de un evento por sí mismo lo que se dará en está ocasión…- quien comenzó a hablar era un hombre de cabello completamente cano y barba pequeña a juego con un muy modesto bigote vestido en ropas tradicionales de Wano, hablaba con una cadencia constante pero rítmica por naturaleza y costumbre, hasta que la mano de la mujer que había visto primero la llegada de Miyori le dio un toque con el índice en el hombro, cortando la cascada de palabras.

-Con calma Hiruzen, vas a asustar a la signorina.- declaro una mujer de cabello castaño adornado por varias canas que hacían resaltar aún más el tono por lo general madera de su cabellera alborotada pero al mismo tiempo estilizada, una mujer de ojos con el color de un café suave -Sí, hay un evento, pero es una práctica para los participantes del próximo festival disfrazado de evento para la comunidad de este barrio de la ciudad.- explicó de forma concisa y directa la mujer que estaría en principio de sus cuarenta, para disgusto del expresivo Hiruzen que suspiró al ver que habían resumido de forma tan magra lo que podría haber sido una plática de un buen rato. -¿Le interesa el arte signorina?- preguntó amablemente la mujer de ojos café mientras veía de reojo el arco y estuche de instrumento que llevaba consigo Miyori.

imagenes de referencia
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#4
El grupo de intérpretes y talentosos artistas parecía inmerso en su destreza con los instrumentos y las conversaciones por lo que mi aparición y mi voz quizá fueron una flecha capaz de disipar aquella burbuja momentánea. Aun así, lograron sobreponerse rápidamente a la interrupción y pude sentir cómo me daban la bienvenida a su pequeño entorno social, aunque fuese solo por las circunstancias del momento.

Uno de ellos me sonrió con amabilidad, se trataba de un hombre ya entrado en años, la evidencia era su cabello níveo casi tan blanco como la nieve, estaba adornado con algunos reflejos grisáceos que parecían rastros de experiencia y el pasar de los años, pese a su apariencia madura y de antaños, irradiaba una energía desbordante, juventud aunque no lo fuera tanto. Su vestimenta era fresca, elegante y con aquel estilo tan característico de los wanos.

Sonreí al verlo tan lleno de vida y también por el cálido recibimiento de su parte. Mis ojos azules permanecieron clavados en él, atentos a cada una de sus palabras, a sus gestos y aquella tonalidad rítmica con la que intentaba explicarme algo que todavía no terminaba de comprender. Incluso cuando noté que no lograba llegar al punto, mi reacción fue ladear la cabeza en señal de confusión, aunque jamás dejé de prestarle atención.

Sin embargo, fue interrumpido por la cercanía de una hermosa mujer de cabellos castaños, atravesados aquí y por allá algunas canas que nacían entre sus mechones alborotados en ondas curvas. El color avellana de sus ojos solo aumentaba la belleza de aquella apariencia madura y encantadora, además de transmitir la seguridad de una mujer completamente dueña de sí misma.

Fue ella quien reveló el nombre del señor que intentaba explicarme sobre el evento, tomando su lugar para finalmente brindarme la información que necesitaba para satisfacer mi curiosidad. Mi mirada recorrió una vez más aquel florido parque donde llevaban a cabo el montaje del festival para la comunidad, claro… La mayoría de los artistas deseaban conmemorar el arte y el talento en esos tipos de celebraciones. Sonreí encantada y emocionada, siempre que se trataba de música, mi deseo y mi hambre de aprender crecían todavía más.

“Le interesa el arte, Signorina”

—-- Me encanta. —--- Fue mi respuesta casi inmediata, no lo pensé, no lo analicé, ni siquiera permití que hubiese un segundo de silencio, o dudas. —-- Es mi vida entera, mi mundo.

Devolví mi mirada a los ojos avellanos de aquella hermosa mujer solo para reflejar la confianza y seguridad con la que respondí a su pregunta casual, y mi mano derecha se aferró a la correa del estuche de mi violín.

—- No me imagino mi vida sin música. —- Sostuve con una sonrisa dulce que pocos después se convirtió en un gesto de búsqueda con la mirada hacia todas las direcciones, buscaba de alguien que estuviese solicitando registros o algo por el estilo —- ¿Y cómo me puedo inscribir?



Amphitrite Toca la Cancion
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#5
CAMBIO DE NARRADOR ACEPTADO.
DESDE AHORA ES YUUKI.
SEGUIR CON LA AVENTURA.
#6
La respuesta de Miyori hizo que la mujer sonriera deforma amplia y amable. Entre compañeros del gremio, cuando alguien quería unirse a una práctica era usualmente bienvenido y se le animaba a que se expresara siempre con el alma en las manos en forma de un instrumento de madera, de metal o de lo que fuera que hiciera melodías. La mujer se acercaría a Miyori y luego de sonreírle, le haría un gesto que parecía cargado de pena. Miró abajo y luego volvió la mirada a los ojos azules de la pirata.

—Desafortunadamente, la inscripción ya está llena. Pero viendo que quieres participar... —Miraría a Hiruzen y luego de obtener un permiso silencioso a través de un simple movimiento de cabeza del viejo, ella volvería a mirar a Miyori—. Puedes unirte a nosotros en el evento. ¡Podemos acompañarnos e incluso dar un espectáculo juntas! ¿Qué opinas?

El viejo Hiruzen sonreía mientras acomodaba nuevamente la faluta sobre sus labios, tomándola a dos manos y cerrando los ojos mientras se preparaba para retomar la práctica. La música sonaría inmediatamente tan pronto Hiruzen soplaba. La mujer miraría al viejo y parecía que quería decirle algo, pero al final simplemente suspiró con un gesto entretenido y dejó que sonara por un momento la melodía del viejo.



Cuando Hiruzen terminó, la mujer volvería a hablar.

—Venimos de una tierra... lejana... muy lejana. El mundo exterior es enorme, ¿Sabes? Pero por eso mismo hemos ido de isla en isla ganándonos el pan a través de lo mejor que sabemos hacer: Tocar música. Hiruzen es mi mejor amigo de toda la vida. Y mi nombre es Akane. ¿Cómo te llamas, signorina? ¿Cómo prefieres que te llamemos? Y más importante aún, ¿Qué instrumento tocas y qué buscas inspirar con tu música?

—Vas a atosigarla con preguntas, vieja loca. Aunque sí que sería pertinente que sepamos tu nombre, Ojou-san. Pues si hemos de evocar sentimientos y emociones ahora como trío de artistas, conocer tus intenciones es imperante.

Akane asentiría a lo que Hiruzen afirmaba y se mantendría a la espera de una respuesta de parte de Miyori.

La pelirroja podría notar que junto a Hiruzen hay un instrumento similar a una guitarra, o a un banjo. Tiene un cuello largo y solo tres cuerdas; quizás lo hubiera visto antes, o quizás no. Allí mismo también habría una cesta de mimbre que había sido acomodada para poder cargarse al hombro con dos orejas de tela acolchadas, y dentro de la cesta se veían diferentes cosas. Parecía ser donde la pareja guardaba sus cosas para su viaje. Sin embargo, lo que más llamaría la atención de Miyori sería una máscara rojiza con ojeras y forma de animal. Era un tanuki, claramente.

¿Se animaría Miyori a tocar junto con ellos? ¿Cómo respondería a las preguntas que le habían hecho? Quizás sería la primera vez en que la mujer de cabellera de fuego iba a poder interactuar con músicos tan peculiares como aquellos. Matsuri estaba llena de personas interesantes, y algo en el aura de estos dos, ya viejos, itinerantes decía que tenía mucho para contar. Y no solo en su música, sino que también sobre su historia y su viaje hasta aquella parte del Paraíso en el Grand Line.

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#7
Me abrumé por un instante al escuchar que las inscripciones para el evento ya estaban completas, sin darme cuenta mis dedos se aferraron con algo más de fuerza a la correa de mi violín en reacción a esa noticia aunque aquella breve inquietud se disipó en cuanto la hermosa dama me propuso unirme a ellos como parte de su grupo, fue solo entonces que el brillo regresó lentamente a mis ojos azules acompañada de una sonrisa incapaz de ocultar la emoción y felicidad que sentía… — ¿En verdad puedo? ¡Me encantaría! — exclamé con un tono vivaz, casi chillante, como una niña que no puede disimular sus emociones — ¡Sí, sería maravilloso estar con ustedes y también poder tocar alguna melodía junto a usted, bueno… con los dos! jejeje…

Y fue entonces que en medio de nuestra conversación, una melodía dulce se hizo presente haciendo que mi atención fuera capturada en el proceso, reconocí de inmediato aquel sonido, pertenecía a un instrumento de viento de la familia de las flautas, aquel amable señor, Hiruzen, demostraba una habilidad encantadora con aquel instrumento de madera, ejecutándolo con una destreza admirable entre ambas manos. Su interpretación tuvo el poder de volver el ambiente más ameno y sereno, envolviéndolo todo en una calma agradable, no pude evitar maravillarme ante su talento y mientras escuchaba… mi mente viajó a tiempos lejanos en mi isla natal, Baquella, recordando a mi difunto maestro el cual fue un artista devoto a los instrumentos de viento por lo que aquella melodía despertó recuerdos que guardaba con especial cariño, y fue por eso que mi corazón agradeció en silencio aquel regalo musical, por eso, cuando la última nota se desvaneció y quedara el silencio de su interpretación, aplaudí suavemente para él, no lo hice con la intención de llamar la atención de los demás, sino para que supiera que su interpretación había sido digna de elogio y que al menos para mí había logrado conmover algo muy profundo.

De pronto la doncella castaña comenzó a compartir un poco más acerca de ellos, mencionó que provenían de un lugar muy lejano, haciendo especial énfasis en lo distante que era, y aquello despertó mi curiosidad por un momento me pregunté si quizás ellos también habían estado en el ferry, si serían sobrevivientes de aquellos juegos macabros al igual que muchos otros que había conocido, sin embargo, lo que más captó mi atención fue descubrir que eran artistas que vivían de la música, no pude evitar sentir admiración ante ello pues era algo que yo también anhelaba alcanzar algún día, hasta ahora había logrado salir adelante gracias a pequeños trabajos y a las oportunidades que surgían al tocar en distintos establecimientos, pero soñaba con que la música se convirtiera en algo más que una ocupación pasajera, quería vivir de ella de verdad, me pregunto si sus aspiraciones habrían sido similares en algún momento.

También me pareció encantador saber que ambos se conocían desde hacía tanto tiempo, había algo cálido y especial en ello como un vínculo que pocas personas tienen la fortuna de conservar, me gustaría algún día tener una amistad así de inquebrantable. Ahora las preguntas de Akane comenzaron a llegar una tras otra, y yo deseaba responder a cada una de la mejor manera posible, incluso cuando Hiruzen le llamó la atención por bombardearme con tantas interrogantes de golpe, no pude evitar soltar una leve risa puesto que la escena había resultado extrañamente divertida, y por un instante, me sentí cómplice de su dinámica.

—- Es cierto, no me he presentado una disculpa… —- expresé primero por mi falta de modales mientras inclinaba mi cabeza un poco en señal de perdón —-- Mi nombre es Miyori Hoshino, pueden decirme solo Miyo si gustan, también vengo de muy lejos por lo que no soy de Matsuri — explicaba con paciencia tratando de no olvidarme de ninguna de las preguntas —-- Sé tocar varios instrumentos pero el que más domino es el violín, es lo que llevo conmigo justo en este momento, hmmm, ¿Que deseo inspirar con mi música?

—- Tal vez suene algo loco… —-- pause un momento mientras tocaba mi corazón y me envolví en los recuerdos de las veces que he tocado música, que he cantado y que he estudiado al respecto —-- Pero deseo siempre inspirar felicidad, la música es capaz de sanar cualquier herida, y eso es lo que más deseo hacer.

Tras eso mis ojos se posaron sobre un objeto que estaba junto a Hiruzen por lo que me acerqué admirada, se trataba de un instrumento de cuerda casi parecido a un banjo pero tenía tres cuerdas, ¿Qué clase de objeto músical es ese? —- Señor Hiruzen, ¿Ese es su instrumento?, se parece mucho a un banjo pero es diferente… ¿verdad?

También pude darme cuenta de otros objetos que ellos llevaban como la máscara de un animal en detalles rojos pero de momento mi mayor interés era saber un poco más sobre sus instrumentos y la clase de música que pueden hacer.



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#8
—Miyo-san. Un gusto conocerla. —Dijo Akane haciendo una pequeña reverencia, adelantándose a la respuesta de Hiruzen acerca de las preguntas que Miyori había hecho.

—¿La biwa? No. Ese es el instrumento de Akane. Es bastante buena. ¿Quieres oírla?

Akane soltó una pequeña risa y luego fue a tomar el instrumento mientras negaba con la cabeza y sonreía a la vez. Miyori notaría que los dos músicos parecían entenderse muy bien y cuando Akane tomó su posición, lo hizo justo al lado de Hiruzen. Le dio unos pequeños golpes con el codo y luego se acomodó el instrumento sobre el regazo luego de sentarse. Afinó un poco las cuerdas y de sus ropas sacó una pieza plana que se notaba que usaba para hacer que las cuerdas del instrumento produjeran sonido. Y mientras lo hacía, miraba directamente al instrumento, aunque hablaba con Miyori también en un tono bastante amable y calmado.

—Esta es la biwa. Similar al violín que tocas, también es un instrumento de cuerda. Aunque su sonido es más parecido al de un laúd o un banjo... pero si me preguntas a mi, una biwa suena como una biwa. Cada instrumento, incluso individualmente, está hecho para sonar de una forma específica. Vamos a tocar una pieza que hemos compuesto para las personas del mundo exterior. ¿Te animas a seguirnos con tu violín? Si lo haces, considérate dentro.

Hiruzen se rio y luego los dos empezaron a tocar luego de que Hiruzen fuera marcando el sonido con pequeños zapateos en el suelo. La melodía que sonaba era claramente más similar a la de las tabernas y puertos que Miyori pudo haber escuchado antes, pero tenía un tono claramente exótico y que no había escuchado antes. Había mucha acción por parte de Akane con la biwa, pero cuando Hiruzen entraba con su shakuhachi, la música tomaba fondo. Había momentos blancos que dejaban para que Miyori pudiera hacerse a la melodía y pudiera improvisar por su cuenta.


Y mientras los músicos se dedicaban a su improvisación, se habían dejado llevar lo suficiente como para que la gente que pasara por allí los empezara a escuchar. Poco a poco se fue haciendo una multitud que se paraba para oírlos y algunos incluso apoyaban con palmas y arengas al ritmo que los dos músicos de Wano habían empezado a poner. Miyori notaría muchas más oportunidades por parte de estos dos para que ella pudiera hacer aquello que había dicho que le encantaba hacer con su música, y era la mejor forma que tenían de darle un campo en su pequeña agrupación.

A veces Hiruzen o Akane hacían pausas cada uno para animar más al público y rato después, impresionaban cada uno con un solo para animar a la gente. Por supuesto, luego llegó el momento de Miyori para que dejara de ser solo parte del grupo y se pudiera lucir también con un gran solo mientras los otros dos solo mantenían un compás con sus instrumentos.

En la multitud, mientras tanto, no solo caras entretenidas se reunían. Se podían ver personas que parecían extrañas a los ojos de Miyori, pero nadie parecía prestarles especial atención, ni siquiera los dos músicos allí con ella. Incluso cuando esas personas, que eran alrededor de media docena, tenían vestiduras similares a las de Akana y Hiruzen. Podían ser extraños, pero tampoco parecían resaltar demasiado, incluso estaban entretenidos con la música y algunos de ellos movían la cabeza o bailaban de forma sutil. No podían ser peligrosos, ¿O sí? Si tan solo no llevaran las caras cubiertas por esos amplios sombreros de paja...

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#9
Biwa era el nombre de aquel instrumento de apariencia tan peculiar, no era un banjo, ni tampoco una guitarra, de hecho carecía del característico hueco que suelen tener muchos instrumentos de cuerda para amplificar su sonido, su estructura era distinta casi extraña a mis ojos, una caja cerrada atravesada por cuerdas que ocultaban un vacío en su interior, cuanto más lo observaba más curiosidad despertaba en mí, para mi sorpresa, aquel instrumentos pertenecía a la señorita Akane y en cuanto Hiruzen me preguntó si deseaba escucharla toca, asentí inmediato, sin concederme siquiera un instante para pensarlo, ¿cómo podría negarme?, claro que quería escucharla, después de todo necesitaba descubrir qué clase de melodías era capaz de producir un instrumento tan singular como ese.

La doncella de cabello castaño comenzó a explicarme algunos detalles sobre su instrumento mientras tomaba una especie de espátula que le permitía pulsar las cuerdas tendidas del Biwa, aquello me recordó al arco de un violín y por fin comprendí por qué había relacionado aquella comparación aunque las similitudes parecían terminar ahí, el sonido que producía era mucho más agudo pero a la vez postería una serenidad difícil de describir, una cualidad apacible que lo distinguía de cualquier otro instrumento que hubiese escuchado antes. —- Sí, considero que cada instrumento posee un sonido único e irrepetible también. — compartía por completo aquel pensamiento, resultaba gratificante encontrar personas capaces de apreciar la música de esa manera, entendiendo que cada instrumento posee una identidad propia, una voz que no puede ser reemplazada por ninguna otra, saber que tendría la oportunidad de escuchar una composición nacida de las manos de sus propios intérpretes me llenó de emoción, aquellos instrumentos, que apenas unos minutos atrás eran desconocido para mí y ahora se asemejaban a tesoros recién descubiertos. Una sonrisa entusiasta se dibujó en mi rostro mientras me preparaba para acompañarlos, abrí el estuche de Amphitrite y tomé el violín con cuidado justo cuando las primeras notas de su interpretación comenzaron a envolver el ambiente de aquel parque.

Ambos llevaban un ritmo complementario siendo Hiruzen quien predominaba al marcar el tempo hasta que la melodía tomó forma, aquella combinación del biwa junto a la flauta de bambú se convirtió en una hermosa pieza musical que me recordaba a las composiciones folclóricas del puerto aunque poseía una identidad propia que la diferenciaba por completo, nunca había escuchado algo semejante, no, y en los momentos en que aquellos instrumentos cedían el protagonismo, mi violín se encargaba de llenar los vacíos sin ensuciar ni alterar la sonata que estaban desarrollando, cuando el biwa y la flauta retomaban su presencia, me limitaba a deslizar el arco sobre las cuerdas para producir notas en una escala menor que acompañaban la melodía de forma sutil y complementaria. Me sentía envuelta en una experiencia que nunca imaginé que tendría el día de hoy.

No sé en qué momento se formó a nuestro alrededor una multitud de espectadores, claro que era más divertido cuando había personas apreciando tu música, cuando eran felices al escucharla pero ciertamente mi corazón y mi atención estaban fijos en aquella melodía nueva para mis oídos, era como si pudiera estudiarla con tan solo escucharla, me sentía feliz y cada vez que me daban la oportunidad de demostrar mis habilidades con el violín, lo hacía con una energía cargada de emoción. Este era mi mundo.

Mis ojos divisaron entre la multitud algunas personas con vestimentas tradicionales muy parecidas a las que la joven Akane y el señor Hiruzen llevaban, ¿serían de la misma región?, quizás el sonido de sus instrumentos les remontaba a la música de sus hogares lejanos, ¿también serían músicos como ellos?, con un rostro sonriente miré a Akane y le hice una señal con la cabeza para que viera hacia la dirección donde estaban estas personas mientras Hiruzen hacía su interpretación.

¿Serían amigos de ellos?


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#10
La música sigue atrapando a las personas y los seis que han atendido notan que han sido especialmente identificados por parte de Miyori, por lo que se empiezan a mirar entre ellos de manera más que sospechosa. Y Akane logra identificarlos también luego de que la pirata les avisara sobre su presencia en medio del público. Miyori podría notar que el gesto de Akane no fue especialmente de agrado al ver a aquellas personas, y luego de que ésta diera un pequeño golpe con el codo a Hiruzen, éste tampoco había hecho una buena cara. Quedaba más que claro que no eran buenas noticias. ¿Qué podría ocurrir? Bueno, la respuesta a eso se iba a responder casi que de inmediato.

La música de parte de los dos intérpretes del país de Wa se fue apagando lentamente. Y cuando ya no tocaban más, ambos miraron a Miyori y le sonrieron con un gesto de agradecimiento en sus rostros. La gente ahora los vitoreaba y algunos incluso empezaban a pedir que tocaran más.

—Miyo-san. Has estado espléndida. Lo que ocurrirá ahora puede que te meta en problemas, así que puedes irte ahora. Gracias por compartir tu talento. —Dijo Akane con un tono que sonaba definitivo.

Hiruzen pondría el sakuhachi justo en frente suyo después de limpiar la boquilla y después de eso sonreiría nuevamente, ahora con algo de amargura.

Entre la multitud, los hombres con los sombreros de paja avanzaron hasta llegar al frente y luego de eso formaron un perímetro que parecía engullir a los músicos. Y aunque Akane y Hiruzen habían dejado que Miyori se marchara, parecía que los extraños no tenían plan en dejar que ninguno de los tres se les fuera. Esto claramente molestó a Akane, quien puso la biwa a un lado y, desde su posición, sentada en el suelo, miró a los hombres extraños.

—La chica de cabellos rojos no tiene nada que ver. Déjenla que se marche. Es in-

—Silencio. Sabes bien lo que sucede y quiénes somos. De sobra está lo que tu nos quieras decir. Tenemos órdenes. Y las cumpliremos para ganar el regreso a nuestra tierra, con nuestras familias.

Dicho aquello, el que habló, que parecía ser el líder de aquellos seis, desenfundó una espada. No era una espada común que usara cualquier marinero. Era una propia de un espadachín dedicado, una katana. Y al ver el filo de ésta, la gente se escandalizó y se retiró de allí en tropel y a gritos. Acto seguido, los otros cinco también desenvainaron.

Akane y Hiruzen se miraron el uno al otro y luego asintieron. Ambos tomaron la cesta, cada uno con una mano y la lanzaron por los aires, dejando que todo lo que tenían allí guardado empezara a ser arrojado por todo el escenario, a Miyori le caerían encima algunas prendas de ropa.

Cuando la cesta logró tocar el suelo, estaban ahora Hiruzen y Akane armados con sus propias armas, Akane tenía dos espadas cortas, que funcionaban más bien como dagas, mientras que Hiruzen tenía en sus manos un kusarigama, un arma que era una hoz con una cadena.

—Que así sea. —Dijo en tono solemne Hiruzen.

—Daremos caras nuestras vidas. —Aseveró Akane, tomando guardia inmediatamente luego de su compañero.

Miyori, por su cuenta, estaría cubierta de telas y ropa, lo suficientemente pesadas como para tirarla al suelo cuando le cayeron encima, pero podía moverse. En el instante que todo aquello ocurrió, los dos músicos la habían cubierto para que pudiera planear su escape de allí. Y en parte, había funcionado, pues los seis espadachines estaban ahora concentrados en Hiruzen y Akane, quienes eran los que estaban armados y mostrando ser una amenaza directa.



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