La música que nos une [Pasado][Privado]
#11
El pasado, agridulce, comenzaba a desvanecerse quedando detrás de lo que auguraba un futuro lleno de dicha, música y lo que prometía ser, desde ahora, acompañado. Cill no estaba dispuesto a dejar pasar la oportunidad de compartir sus sueños con quien llenaría de música, esa que tanto le alegraba sienpre, bajo ningún concepto. Entre sutiles risas le sonreía a Miyori mientras la observaba, observaba su reacción y le alegraba a la vez que le aliviaba saber que de ahora en más estaría acompañado por una persona que daba luz, pues eso transmitía con su alegría y música, y al verla, no solo eso, sino que en sus ojos podía ver la mirada de alguien puro, que todavía confiaba en el lado dulce de la vida, quizás no por ignorancia o quizás sí, pero le reconfortaba contar con ese optimismo a su lado.

La idea de finalmente empezar a darle forma a su sueño, que durmió por tanto tiempo lo inundaba de una profunda sensación de calma, como si estuviera en una mañana fresca tirado en el campo, bajo el sol, arropado por el olor de la hierba y la brisa en un contraste generado por la sombra de algún tupido follaje de árbol resguardandolo… Esa era la sensación de calma y gusto que sentía en ese momento. Claro por su mente desfilaban pensamientos contradictorios, como si realmente quería arrancar a aquella joven de una vida tranquila para sumergirla a su mundo, pero se disipaba al ver el azul de los ojos de ésta, combinando con su violín y comprender que era necesaria.

Cill no le había mentido, conocía sus limitaciones, sabía que también había una inmensidad incalculable de mundo por descubrir, y, era algo volado, pero sabía navegar, sabía sobrevivir, y sabía que es lo que quería, y quizás no tenía muchas respuestas, pero su espíritu ardía y se podía ver en sus palabras, su risa, su sonrisa, determinación. No había dudas, no había miedos, había ansias, había emoción.

Rió un tanto avergonzado ante su halago, no estaba acostumbrado a esas cosas, solo sonrió amablemente mientras rascaba su nuca. — Lo maravilloso, está delante Miyori, esperando que lo descubramos — le respondió sonriente con un vivo brillo en los ojos. El pelinegro sintió un tanto de ternura ante la preocupación de ella, aunque no sintió necesidad de responder al miedo de decepcionarlo, cualquiera tan atrevido para acompañarlo en cumplir su sueño, jamás, podría considerar que lo defraudó, por lo que solo asintió levemente con su rostro regalando una sutil sonrisa mientras rascó apenas la punta de su nariz con el índice.

Una de sus cejas apenas y por poco se notó como se arqueó al escucharla decir que conocerían juntos el mundo, no por incredulidad, sino en complicidad, como quien es sorprendido para bien. Aunque luego echó a reír de lo más profundo de su ser ante sus preguntas.

— ¿Gloria y aventura? — preguntó entre risas. — Todos quieren gloria… Pelean por gloria, matan, mueren por ella… Nah — finalizó riendo — Quiero algo más que gloria, Miyori… — le dijo acercándose a ella frente a frente y mirándola fijamente a los ojos, con fuego en sus orbes cobrizas. — Quiero ver que hay más allá, y cuando algún día llegue… Ver que hay luego de eso… — Le confesó su deseo ajeno a la ambición riéndose. — El cielo es hermoso… Y me pregunto como se verá en cada rincón, además se lo prometí a alguien — dijo sin dar más detalles de su promesa. — Además mentiría si digo que no amo el mar — continuó ahora riendo nuevamente a carcajadas y sacudió suavemente los cabellos de ella sobre la parte de arriba de su cabeza.

Afiló su mirada, achinó sus ojos, examinando los de ella analizando un instante mientras lo hacía con cara de poker y súbitamente le sonrió. — ¡Vamos! — espetó tomándola de la mano y llevándola con él casi sin dar opción. La sujeto fuerte lo más cerca que pudo de sí mismo y dió un fuerte salto hacia el techo de la glorieta, que eran unos cuatro metros, cuidando hasta el más mínimo detalle para que sea un movimiento rápido, suave y gracil ayudándola y cuidando que tal como fue su suerte, fuera la de ella.

Allí arriba, de pie, ambos podrían ver la inmensidad de la plaza, e incluso más allá, donde el cielo se funde a una en el horizonte con el fin del terreno donde la vista logra distinguir. Las luces, la gente, la gran cantidad de gente yendo y viniendo… Los que viven bien, algunos maleantes que se podían ver también… Gente adinerada, gente en necesidad… Gente feliz, gente triste… Se veía en un lado dicha y alegría, buena iluminación y ambiente jovial, por otro, podía verse desidia, angustia, zonas oscuras y abandonadas, era un hermoso y profundo contraste totalmente invisible al ojo desinteresado, y alli estaban ellos arriba de esa glorieta, viendo todo aquello, bajo la luz de las estrellas que ya habían dado bienvenida a la noche pero ésta, tímida y perezosa muy lentamente iba haciendo acto de presencia…

— ¿Qué es ser pirata ?— preguntó retoricamente a ella sin mirarla, no perdiendo de vista aquella panorámica. En su mente había tanto por responder, tantas aristas, tantos claroscuros, tanta oscuridad, tanta maldad, sangre, crimen, dolor por explicar… Miró sus manos un instante bajando su mirada, para alzar su vista al cielo y suspirar mientras dibujaba una sonrisa de lo más profundo de su ser. — Muchos dirán criminales, o ladrones, asesinos quizás… Bárbaros… Yo te digo ser libres, completamente libres — finalizó volteando a verla sonriendo en aquella última sentencia. — No es ir contra el mundo, es ir a favor de quienes somos… No todo lo bueno es bueno, ni todo lo malo es malo — intentaba explicar, mientras hizo una pausa para prender un cigarro y darle una buena pitada. — Asi como ves toda esta gente, vivir sin preocupación y haciendo lo que se les dijo alguna vez que hicieran, quizás de un día para el otro, ya no existan… ¿Habrán sido realmente libres? ¿Habrán vivido una vida que los deje sin arrepentimientos? — le preguntó aún sin mirarla, quizás en parte recordando días del East Blue, y todo lo sucedido hasta llegar a ese techo con ella… — Hay gente buena… También hay gente muy mala…— prosiguió para pausar por una pitada. — Pero el mundo es un lugar grandioso, y no voy a permitir que nadie me diga como vivir mi vida, ni a mi ni a nadie, y pienso disfrutar de conocer éste mundo en el proceso — finalizó volteando a verla mientras lo decía y echar a reír.
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#12
Ante mi pregunta sobre alcanzar la gloria y la aventura, Cill rió como si una chispa se hubiera encendido de inmediato. Me encantaba escucharlo reír de esa manera, su risa me hacia sentir ligera y suspendida en un instante compartido de alegría.

Sus ambiciones eran más que simples deseos de gloria, y su cercanía despertó en mí una curiosidad imposible de ignorar. Se acercó más de lo que había planeado hacerlo, y cuando su frente rozó con la mía, mi corazón vibró desesperado, casi doloroso, como una cosquilla imposible de contener.

Mi mano derecha se levantó instintivamente y descansó sobre su pecho, sobre su corazón, quería sentir, aunque fuera un instante, si lo que él compartía conmigo era tan real como lo que yo sentía en este momento queriendo evidenciar tal gesto con el ritmo de sus látidos. Inmersión desconocida.

No me aparté, porque no había motivo para hacerlo. Me atraía más el brillo de sus ojos cobrizos, que parecían querer capturar toda la curiosidad de los míos. Su amor por la aventura me fascinaba, era algo que le sentaba perfectamente, y lo hacía aún más admirable.

Reí al contacto de su mano sobre mi cabeza y también por el toque ligero de sus palabras. — Si, tienes razón, el mar es hermoso y algo misterioso, pero vale la pena recorrerlo.

Lo miré de nuevo con cierta sonrisa, estaba satisfecha con su respuesta, pero para mi sorpresa me tope con una expresión un tanto gélida o mejor dicho calculadora de su parte. — ¿Sucede algo?.

Mi mano que reposaba sobre su pecho, fue tomada con rapidez, como si no me permitiera negarme ni escapar. Atrajo mi cuerpo por completo, casi de manera chocante, y no tuve más opción que sostenerme como pude. Cerré los ojos al sentir que mis pies ya no tocaban el suelo. No grité, aunque un escalofrío de miedo ante lo desconocido recorrió todo mi ser.

Al volver a sentir el piso bajo mis pies, abrí los ojos con cierta cautela. Sabía que ya no estábamos en el mismo lugar, pero ahí estaban esas hermosas luces que adornaban el entorno, aunque ahora las veía desde otra perspectiva. Todo había cambiado de lugar, solo que ahora los miraba desde arriba, sobre el techado de aquella caseta músical.

Inspeccioné el panorama con curiosidad, notando cada detalle desde mi nueva posición, y al mirar a Cill, descubrí que mi mano derecha seguía aferrada instintivamente a la manga de su saco, como si soltarlo en este momento fuera imposible.

Eramos los dos, lejos de la realidad y la vez… parte de ella.

Escuché atentamente su explicación sobre la vida de piratas, y cada palabra, cada gesto, se fue quedando en mí. El escenario parecía pintar la obra completa, y de repente comprendí lo que significaba formar parte de una tripulación. Ahora entendía, más que nunca, por que Cill no iba tras la gloria, al final, no sería más que una ambición vacía. Y me alegraba que su ideal fuera así.

Solté su manga, permitiéndole encender su cigarrillo, mientras yo daba un paso adelante para observar con más detalles ambas caras de la moneda, luego levanté la mirada hacia el horizonte, donde parece que se podría encontrar otras verdades y nuevos caminos.

*Un mundo grandioso…* Pensé en su última frase, yo no conocía nada del mundo pero él parecía verlo de una manera distinta a la mía, y aún así se permitía decir que vivir era una dicha. Mi mirada no podía sostener la suya, había algo dentro de mí, procesando, y pasaron varios minutos de silencio, lo suficiente como para que Cill casi se sintiera obligado a disculparse por confundirme, aunque no era ese el caso.

— Bien… —- Dije con cautela, había una idea, si que la había, o mejor dicho… una condición. —- En mi camino no pienso robar, ni matar, ni tampoco hacer cosas que estén mal. —- Aquella realidad, frente a mis ojos, me mostraba la injusticia y la ignorancia en la que algunos vivían. 

Miré a Cill de nuevo, no estaba lejos, no mentiré, tenía miedo de caer, pero decidí caminar por ese terreno.  De nuevo me acerqué en señal de mando, o al menos eso indicaba mi sonrisa

 — Y también me gustaría ser como la iglesia…. —- Mi mano izquierda se alzó hacia su boca con toda la intención de arrebatarle el cigarrillo encendido. Quizás mi familia eran fumadores natos, pero siempre estuve en contra, y ahora que tengo toda la libertad de defender mis creencias, empezaría por mi…¿capitán?.

— Para corregir lo que se tenga que corregir. —- Ahora era yo la que se reía completamente, jovial y decidida. —- Espero que no te incómode, pero seré una Pirata Buena.
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Cita Diálogo / Habla / *Piensa*
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#13
El cielo comenzaba a mostrarse un poco más oscuro al correr de los minutos, casi de manera imperceptible, allí donde el pelinegro y la violinista. La brisa los acompañaba en aquel panorama dando un fresco soplo que podía revitalizar a cualquiera, incluso las más cargadas almas. En las alturas, más y más estrellas comenzaban a mostrarse regalando un impertinente brillo con atrevimiento, anunciando su llegada. Frente a ellos a sus pies, colgaban todas las lámparas que iluminaban la plaza en aquel festejo mientras las risas hacían eco junto al murmullo cálido de los presentes en un segundo plano.

Era un momento inesperado, pero oportuno, el joven pirata, no solía planear mucho sus decisiones o movimientos en el día a día, y prefería entregarle al destino el crédito de lo que sucedía, o a la misma suerte, en su capricho y azar, terminar dando los resultados que tienen que ser. No había planeado tal encuentro con la pelinaranja, pero allí estaban, hablando del mundo, de los sueños, del cielo, del mar, de la libertad…

Ella se veía una persona totalmente diferente a él, con una vida por demás ajena a todo lo que Cill conocía, sin embargo no podía ignorar el sentirse identificado con ella. Quizás no era la experiencia y lo vivido sino ese fuego ardiente que nunca se apaga en el interior de ambos, que les llamaba pacientemente a adentrarse a llegar donde nadie más lo hizo.

En ese momento se sentía pleno, no había nada que le sacase aquel relajo, aquella plenitud… El silencio primó unos minutos cargando el ambiente de una sensación más profunda pero no por ello incómoda o seria. Cill se sentía tranquilo y relajado, observando el cielo, hasta donde sus ojos no podían distinguir lo que veían, imaginando todo aquel inmenso y vasto mundo por conocer, los mares por navegar, las historias por conocer… Vivir esa libertad ingobernable donde nadie volvería a poner en jaque aquello en que creía y sus convicciones, podrían arrebatarle la vida, pero no su libertad, y era esa determinación la que llenaba de oxígeno su pecho trayendo aire fresco en su vida, y permitiéndole disfrutar como pocos.

Observaba a Miyori, como ella en su mente procesaba seguramente las palabras del azabache, y sacaba sus propias conclusiones, sus propios acuerdos, sus propias determinaciones, y, eso algo que le agradaba, todas las respuestas venían luego de previamente haber hecho primeramente preguntas… Cuestionarse… ¿Quién diría que un acto tan simple cómo no conformarse con lo que se nos impone, nos indica, o nos quiere enseñar totalitariamente, traería consigo verdades, nuevas convicciones?

Las cobrizas orbes del pirata saltaban de la músico a los astros, de los astros a la músico, mientras sonreía amplia y profundamente. Disfrutaba su cigarro y las palabras de ella inevitablemente le hicieron echar a reír a carcajadas, unas cargadas de vida, de ligereza, de color y brillo. Le gustaba su ideal, aunque sabía que no era tan sencillo, pero lo distante de la realidad (al menos para su forma de ver el mundo) no le quitaba lo bello.

Cill sabía tristemente que eran ideales inverosímiles, la vida de quien elige lanzarse al mar, buscar algo más allá de lo que vemos, perseguir la libertad real para alcanzarla para enseñarla… Es un camino duro, incierto, donde muchas veces el resultado no es acompañado del relato… La realidad siempre había mostrado que donde dos voluntades chocasen con distintos ideales, una siempre sería la malvada en el relato ajeno… Uno siempre verá con buenos ojos sus creencias mientras que del otro lado también, y al final, a veces sería inevitable no llegar a ensuciarse las manos…

Su mente procesaba aquella postal, su propia reflexión, la profundidad de aquellos celestes ojos, y todo a una velocidad donde ni él se daba cuenta. Y casi como acto súbito, volvió en si a un plano mucho más terrenal al ver como ella le quitaba el cigarro. En primera instancia se asombró, observándola a cejas alzadas y un gesto de sorpresa, para luego sonreírle tiernamente habiendo quizás encontrado las palabras correctas.

—Todos son buenos en su propia historia, y héroes en la de quien les rodea— le dijo apartando la mirada de sus ojos para observar la muchedumbre de gente disfrutando de la feria. —Y siempre seremos el malo en la historia de quien vaya en contra de lo que creemos o elegimos— continuó con paciencia rascando suavemente su propia nuca un instante durante la sentencia. —¡oooe! Ojalá fuera tan fácil como agrupar la gente en buenos y malos— afirmó riéndose para suavemente volver a su tono apacible. —La libertad… El ser libre… Es para todos, no hay nadie que no debiera serlo… Aunque algunos usan esa libertad acompañada de ambiciones que inevitablemente perjudican, lastiman, o acaban co. la libertad, sueños, o vida de los demás…— le dijo profundizando poco a poco tornándose un tono casi nostálgico al final mientras elevó su rostro al cielo.

Suspiró y se quedó un instante con sus ojos cerrados. En su mente desfilaban recuerdos, recuerdos de una tierra muy lejana, de donde provenía. Se entremezclaban alegres memorias, como también gritos, fuego, el olor de la sangre… Volvió a suspirar y la observó. —La libertad real comienza con la idea, la visión, el sueño…— le dijo con seguridad pero en un tono inocente y alegre acompañado de una sonrisa —Pero se construye con fuerza, con determinación y espíritu… Y cuando se construye, se defiende.— prosiguió para echar a reír. —Pero tranquila, nunca dejaré que hagas algo que tengas que reprocharte a ti misma… Hehehe— le dijo para reír entre dientes mientras le sonreía.

Sacó nuevamente un cigarro, lo encendió y dió una buena pitada para expulsar el humo hacia arriba y dejar que este se pierda en su vuelo a las alturas. —Pero tu libertad termina donde comienza la mía, no me quites mi cigarro de la boca— espetó con una mueca de ofendido, aunque en broma y riendo luego.

—Si ya eres pirata y perteneces a mi tripulación yo digo que deberíamos brindar ¿No te parece?— le preguntó a modo de invitación a la cual no pensaba tener un no como respuesta, ya que era más que pregunta, una orden de su nuevo capitán.
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#14
El asombro se reflejaba en sus ojos cobrizos, encendido por una sonrisa tan dulce como el significado que guardaba. Y cuando su mirada se perdió entre la multitud efímera de aquel festival, volví a escucharle, como si sus palabras llegaran con una explicación que evidentemente necesitaba escuchar.

Tal vez tenía razón… cada alma se rige como heroína de su propia historia, pero, ¿hasta dónde puede sostenerse esa verdad?, existen actos que, aún envueltos en razones, no logran desprenderse de su sombra de culpabilidad, como tomar la vida de alguien que anhela vivir o que simplemente es inocente por completo de una ambición ajena. 

O simplemente depende del cristal con que se mire, incluso mis palabras, que para algunos podrían ser apenas un chiste mal contado, para mí, llevan la gravedad de una verdad que considero absoluta. Hacer el bien sin importar los medios que conllevan alcanzarlo.

— Supongo que tienes razón… — murmuré, casi para mí misma, recordando una ley tan simple como esa. — ¿El libre albedrío?

Cill me mostraba un mundo fuera de lo que estaba acostumbrada a ver, y claro, quizás es egoísta de mi parte tratar de enderezar el hierro cuando lo mejor es dejar que se moldee a su conveniencia. Miré el cigarro que hace unos minutos le arrebaté mientras lo escuchaba decir que nunca me hará hacer cosas que vayan en contra de mis ideales. Asentí con la cabeza junto con una sonrisa leve… — Gracias.

—- Es más bien… respetar los límites ajenos, ¿no es así? — Mencioné en voz baja pero siempre en un tono que pudiese alcanzarlo. — pero dime… ¿qué pasaría si en este instante, por decisión propia, estuvieras bebiendo veneno?

Extendí la mano, devolviéndole el cigarro que le había arrebatado, sosteniéndolo apenas entre los dedos como si también cargará con una decisión del cuál no cedería. —- ¿No justificaría eso mi intromisión? – añadí, con la mirada fija en esos cobrizos llenos de vida. —- El impulso de salvarte… incluso si no lo pides, si no lo quieres, aún si tienes la libertad de hacerte daño porque así lo quieres… ¿No sería válido que desee romper esos límites por tu bien?

—- Porque si llega el momento en que la vida de alguien penda de un hilo… — Sonreí dulce tras mis palabras. — No voy a dudar en ponerle fin a esa libertad de la cuál dices no puedo tocar.

—- Debo advertir… —- Dije ahora con cierta pena escondida, pues considero que no soy muy buena bajo los efectos del alcohol. —- Que no soy una gran bebedora, pero… supongo que puedo acompañarte, claro.

—- Por cierto, ¿Cómo se llama la tripulación?
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#15
La charla era amena, y por demás interesante además. El tiempo con ella, a pesar de poco conocerla, era por alguna forma de decirlo, por demás de agradable para el azabache. Incluso cuando sus vivencias y por ende su forma de ver las cosas, podían resultar distintas en tantas cosas, sin embargo, no podía negar sentirse cómodo con ella, le agradaba, y estaba decidido a viajar con ella hasta donde los mapas no tenían nombre, y más aún.

La sonrisa en Cill estaba instalada, y permitió que ella se explayase, claro, tenía un punto solido y claro, Cill lo comprendía, aunque pensaba que también la vida no era tan simple, y sabía que lo que ella tenía como visión, era algo casi utópico… Sin embargo, amaba pensar la idea de que alguien con ese corazón estuviera cerca suyo, recordando que la vida tiene mucha más bondad de la que el cree. Mientras fumaba su cigarro, iba suavemente asintiendo a sus palabras, sin intención de interrumpirla o querer contraargumentar. Amaba escuchar tal pureza, en cierto modo, le recordaba tiempos mejores, donde la vida era simple, y la maldad era un temor lejano, casi entre rumores, y claro, dentro suyo un ferviente deseo de defender esa visión que no creía posible, crecía efervescentemente. Aunque no la creyera realista, la creía hermosa.

Echó a reir dulcemente descansando sus ojos sobre los de ella. —Si ese día llega, deberías darme un coscorrón para recordarme que clase de gente somos Miyori— le dijo sonriente mientras estiraba suavemente con dulzura uno de los cachetes de la pelinaranja. —Jamás aventaría contra ti, ni alguno de los nuestros, siquiera de gente inocente, y espero que puedas ser tu quien me frene de hacerlo si hiciera falta, confío en ti, sabes… Eres como luz— le confesó con una suave sonrisa dejando descansar sus ojos bajo sus párpados un momento y suspirar. —A veces salvarme significará ir en mi contra, aunque yo no quiera, pero yo serétu capitán no tu dueño, y tu mi conpañera fiel, no una empleada, y no esperaría otra cosa de tu parte, que poder ser lo que yo no soy— le dije apartando mi mirada a un costado y dejabdo caer la ceniza de mi cigarro a un lado. —Tu, especificamente te veo, y eres lo que jamás podré ser…— Pero no todo es malo como parece… —Yo pelearé con mi vida por la verdadera libertad, nuestra, y de cada uno— le confesé en tono suave y honesto tras una sonrisa. —Pero tu eres un sol, tu música es alegría, y no se podría vivir plenamente y defendiendo esa libertad solo peleando, yo puedo quitar cadenas de los corazones, tu Miyori, les puedes dar significado, y no hay mayor poder que ese— confesó con una sutil y profunda sonrisa mientras le acarició el cabello a la violinista. —No imagino cumplir mi sueño si no está allí a mi lado la mejor músico de los mares— finalicé volviendo a fundir mis ojos en los suyos y reir suavemente.

—Aún así…— continué luego de una pausa y tomando un tono un poco más serio —Hay gente que con su fuerza, cree que puede imponer lo que ellos creen ser libertad, a costa de los otros, y a veces. algún día, será enfrentarse sin poder evitarlo, una lucha cruel donde a veces defender esa verdadera libertad implique neutralizar a aquel cuyo peligro desee robar la de otros…— espeté un tanto pensativo y melancólico. —Pero confío en que eres genial, y a veces algunos golpes, y ser iluminados por la luz más pura puede traer los cambios que solo la fuerza jamás podrías, tu serás quien nos salve— le dije riendo mientras acerque mi rostro al suyo para descansar mi frente sobre la suya. —Eres especial y algún día lo entenderás— finalizó para acariciar los cabellos sobre la cabeza de ella y alejarse nuevamente.

Tomó el cigarro que ella le dió y olvidando que tenía uno en sus labios, sin darse cuenta, lo puso alli también, teniendo en su boca dos cigarros apuntando cada uno hacia afuera. La pregunta que Miyori le hizo claro, le dejó pensando, nunca le interesó eso de títulos y nombres… Pero era pirata, y tendrían que navegar bajo un estandarte… Tras pensarlo un momento, echó a reír a carcajadas volteando de lleno hacia ella alzando los brazos como quien enseña la inmensidad de algo.

—Smokey pirates… Piratas smokey me gusta, que no?— le pregunto alegre y contento a su nueva compañía. Mientras retiraba uno de los cigarros de su boca y lo alzó al cielo frente a ellos, y veía como el humo se pedía en su vuelo a la altura ambiciosamente queriendo alcanzar el firmamento. —Seamos como el humo, busquemos siempre fluir, hacia más allá de lo que conocemos, Miyori, ¿te gusta?— pregunte volviendo a verle cara a cara con una sonrisa a dientes descubiertos. —Y luego podemos ir a brindar, por un nuevo comienzo para ambos eh hehehe— finalizó Blinton riendo inocentemente entre dientes con cara de niño en su cumpleaños
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#16
Tras mis palabras, Cill respondió con una risa baja, suave… de esas que parecen quedarse un momento en el aire antes de desvanecerse. Cuando volvió a mirarme, sus ojos tenían un brillo distinto, casi cómplice o como si guardara una idea por desarrollar. Entonces dijo que me daba el permiso para golpearlo si alguna vez ponía su vida en juego, y no pude evitar reír, la idea era absurda… yo, haciéndole daño a él, no lo creo posible. No encajaba en ninguna imagen proyectada donde pudiese hacerle algún tipo de golpe, pero aun así, si era por protegerlo… quizás me vería obligada, claro que lo haría.

Con una cercanía que ya empezaba a sentirse natural, llevó su mano hasta mi rostro y tiró suavemente de mi mejilla, el gesto fue ligero, casi juguetón, pero dejó un cosquilleo que no desapareció cuando apartó la mano y la posó sobre mi cabeza. No me moví, simplemente quise quedarme justo ahí y escuchar su voz cambiar de tono, se volvió más firme, más sincera, me habló de sus límites, de lo que jamás haría, de su rechazo a dañar inocentes y de su deseo de proteger a quienes algún día estarían a su lado, y me aseguró que esperaba que yo fuera ese ancla que siempre lo guíe o lo haga retornar al buen camino.

Sentí cómo algo dentro de mí se estremecía conforme a sus palabras, no era una carga, era confianza, era elegir quedarse incluso cuando todo lo demás pudiera perderse, sonreí incapaz de ocultarlo. — Me gustaría algún día serlo… —- murmuré casi como si confesara un secreto—- y también… ser alguien de quien puedas sentirte orgulloso —- mi sueño seguía ahí, intacto, llegar a ser una gran músico, vivir de la música, compartir escenarios, mares y risas, pero ahora… ese futuro tenía su presencia dibujada en él, y no me molestaba, al contrario, creo que lo convierte en el primero en ocupar un asiento en la tarima de mi vida, después de mi familia claro.

Por un instante dudé, pensé en lo que significaba todo aquello, en las decisiones que podrían venir, en los momentos donde elegir no sería tan sencillo… ¿y si algún día me toca escoger entre una vida y la otra?, la idea llegó incluso a abrumar mi pecho, pero entonces él estaba ahí, cerca, haciéndolo todo más fácil sin siquiera intentarlo. Se inclinó un poco más, acortando la distancia entre los dos, y no retrocedí, no quise hacerlo. Su frente descansó contra la mía, y en esa tranquilidad comprendí su advertencia pero a la vez me hizo entender que aunque el camino fuese un alambrado de púas, en algún momento, simplemente puede convertirse en un sendero de rosas.

—-- ¿Smokey Pirates? —- susurré, aunque una pequeña risa se escapó entre mis palabras, alzando una ceja y mirándolo con una mezcla de incredulidad y diversión. No podía evitar imaginarlo rodeado de humo cuál chimenea, con esa actitud despreocupada, incluso con dos cigarrillos en la boca y esa sonrisa tan suya, y la imagen frente a mis ojos me hizo reír a más no poder… — Estaba a punto de negarme… — admití, bajando un poco la voz, como si el momento se volviera más íntimo. —- Pero…me  gusta.

Alcé la mirada hacia el cielo, siguiendo el rastro de humo que se deshacía lentamente en la noche hasta desaparecer por completo, y cuando volví a mirarlo… la luz parecía haberlo elegido a él. —- Me encanta el significado. —- La brisa pasó entre nosotros, suave, casi cómplice del peso de mis palabras, mezclándose con el murmullo de la gente, las luces cálidas y el aroma persistente del tabaco, sin pensarlo demasiado, lo abracé otra vez, esta vez quedándome un poco más, sintiendo. — Gracias.

— Entonces… —- dije cerca de él tras unos minutos, sin soltarlo del todo…— ¿a dónde vamos ahora? —- me separé apenas lo suficiente para encontrar su mirada, aún con una sonrisa que se quedó toda la noche.

Siendo Smokey, Piratas, Nakamas… o simplemente, un Navegante y una Violinista comenzando una aventura, juntos.
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#17
Aquel encuentro había sido casi obra del destino, agradable, ameno, cercano y por sobre todo importante. Suponía el comienzo de algo que Cill esperaba, no tuviera fin. Sus sueños eran grandes, infantiles quizás, pero grandes. Y en Miyori encontraba todo lo que quería para que le acompañe, además luego de escucharla no se imaginaba viajar a ningún lado sin disfrutar su musica.

Su sonrisa acompañaba cada palabra de la pelinaranja. Jamás se apartó de ella, no le incomodaba si a veces se estaban invadiendo, si a veces tomaban su distancia, más aún, reía ante sus palabras, sin lugar a dudas, las cosas que Cill planteaban eran por lejos algo alineado a algo ordinario o normal, pero jamás quiso tal cosa. No pudo evitar la emoción ante la positiva de ella y abrazarla.

—No se diga más, entonces está todo dicho Miyori, debemos ir a brindar!— le dijo emocionadamente.

La tomó de su mano, y así como en un principio salto junto a ella para enseñarle su visión esta vez la ayudó a bajar y la llevó de la mano serpeando entre la gente buscando un puesto en específico, ni lujoso, ni lleno de gente, ni nada del estilo. Uno tranquilo, casi de autoservicio, donde sirvió dos tazos de sake, y bebiendo juntos entre tazo y tazo, rieron por horas, soñaron de un futuro por conocer, y escucharon canciones en sus corazones jamás entonadas.

Era el comienzo de algo nuevo, donde esperaba juntos, Cill poder enseñarle la visión que tenía del mundo, lo que significaba la libertad para él, y porque quería conocer el mundo, su sueño, y como pelearía ante cada injusticia y libertad de cada ser. Y obvio, dar cuerpo y alma hasta no ver cumplir el sueño de su nueva compañera que le llenaba de alegría y verla ser el mejor músico del mundo. Cill sabía que el con fuerza podía romper cualquier cadena, pero Miyori… Miyori con su música podría liberar al corazón más oprimido, y esa, era la mayor apuesta de Cill, decidir jugarlo todo por ella, resolución a la que llegó mientras bebían juntos y la observaba sonriendo entre risas, hasta que solo ellos dos eran quienes quedaron de todo el tumulto de gente que iba y venía, despidiendose entre risas, con la promesa de volverse a ver
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