[EVENTO LOCAL - MUSHOKU] Una jauría de perros III - Terror Alado
#41
Los gritos a mis espaldas de una turba que llegaba para pelear se mezclaron con los del oni frente a mi.
Raida descendió de golpe exhalando fuego e impactó sobre su presa con sus dos garras en llamas, clavándolo al suelo y disponiéndose a devorarlo abriendo sus alas de par en par.
El caos era general.

Aquel tipo, el tal Ashura había desviado mi estocada haciendo acopio de todo su esfuerzo y realizando una técnica para ello, y había decidido enlazar su defensa con un ataque parejo con la otra mano. Dos palabras distintas y dos movimientos distintos... pero mi haki me advertía de ese peligro. Palpitaba latente y pendiente de todo a mi alrededor a veinticinco metros, tanto del oni como del pegaso que se desplazaba un par de metros, y me zumbaba tras las orejas diciéndome que este recreo había durado demasiado.
Claro que amaba el combate y ser puesto a prueba, y mi condición como Buccaneer hacían prácticamente imposible que alguien pudiera doblegarme en un combate singular, pero si volvía lleno de heridas y al borde de la derrota a la calavera Haibu la impresión que daría en todos los que están bajo mi yugo es que sí se me podía vencer, así que tendría que terminar con esto ahora. Los hombres y mujeres que venían a mi espalda tenían unas intenciones claramente hostiles, algo que pude apreciar con mi haki... pero eran hostiles hacia mi.


Mi Busoshoku Haki se activó por todo mi cuerpo recubriendo este a una velocidad pasmosa a sus ojos... bueno, a su ojo, y dándome una textura metálica y dura, volviendo tanto mi piel como mi ropa y mi arma de un color negro como el petróleo y brillante en tonos violetas oscuros, y mientras su filo impactaba contra mi rostro sin inmutarme ni hacerme moverme lo más mínimo, alcé la mano derecha haciendo un movimiento seco hacia delante y usando el magnetismo en toda mi zona de control para arrancar de las manos las armas de los miserables que venían a ayudarme por la espalda, lanzándolas hacia la zona a la espalda del oni. Los disparos se desviaron ametrallando el suelo con el sonido y la celeridad que tiene una traca de petardos lanzada por un niño. Disparos que perforaban el suelo alrededor de los presentes, sin herirlos... no iba a dejar que me arrebatasen ese placer.
Una de las armas que salió volando en dirección a la espalda del oni fue un gran martillo a dos manos, que impactó de lleno en el pequeño tontatta, que creía que haber tenido la consideración de no rematarle le habría la puerta a no tomarse esto en serio y hacer el subnormal, faltando al respeto a mi piedad. El martillo lo sepultó por completo y lo enterró bajo su peso en el pavimento.
La palabra dichas por Ashura en ese momento, Desesperación, iban a cobrar sentido para él.

— Daisaigai — dije manteniendo mi mirada fijamente en Ashura tras su infructuoso y débil ataque, sintiendo como por mi flanco se aproximaba el enmascarado alado, y describiendo un arco lateral y ascendente con mi arma, me aproveché de mi capacidad de poder verle venir con mi Kenbunshoku, la velocidad que alcanzaba esgrimiendo esa espada, y la longitud de la misma, y corté con Kurozansai en dirección al brazo derecho del centauro mientras él bramaba unas palabras que no llegué a escuchar. Patético debilucho. Ni tan siquiera le miré... Sólo le sentí con mi Kenbunshoku y ataqué al lugar por el que sentía y sabía que se desplazaba hacia mi, cortándole a la altura de su brazo y provocándole tal impacto y daño que este perdía la consciencia en el acto así como su transformación y caía al suelo entre el demonio del humo y yo mismo, deslizándose algunos metros por el pavimento evidenciando su inconsciencia, algo que pude sentir con mi Kenbunshoku al notar cómo se apagaba su voz. Y en ningún momento quité mi único ojo de Ashura.
La caída del luchador enmascarado me produjo una sonrisa. Uno por uno los acompañantes de Ashura en esta aventura habían encontrado su fin a mis manos o por mis órdenes, y al final, sólo él quedaba frente a mi. Herido, cansado, desgastado, desangrándose y perdiendo poco a poco cada hálito de vida, cada pequeña mota de esperanza.

Sin dejar de mirarle, desactivando mi Busoshoku excepto en mi espada y reduciendo mi Kenbunshoku sólo a un metro para poder prestar atención sólo a su dolor, me erguí y lo miré con adrenalina y superioridad. Entonces mi ronca y áspera voz acarició sus oídos por última vez — Daikozui — y las virutas del entorno vibraron y se alzaron, comenzando a girar entorno a nosotros haciendo que las horas a mi espalda enmudecieran al saber donde estaban, contra quien cargaban, y lo que se habían atrevido a hacer.
Era el final para todos ellos, y aquel acto de rebeldía inspirados por el último hombre en pie frente a mi sólo sería otra muestra más de mi poder grabada en los libros de historia y en los relatos de la gente contando mis gestar y mi poder.
Podría observarlo morir lentamente por sus heridas. Podría rematarlo. Podría llamar a Raida para que acabase con él... Y aunque fuese fuerte, lo era demasiado como para valorar someterlo y hacerlo uno de mis subordinados. Esa clase de hombres no entiende de sumisión... lo sé bien. Yo soy como él.

Alcé mi espada por encima de mi cabeza, apuntando con el filo hacia él.
— Es hora de que tus sueños, se conviertan en pesadillas-uhm —

Los Piratas Mushoku habían sido derrotados.
Ashura, el "Mata Héroes", moriría hoy a manos de Shinju Kagayaku, "La Catástrofe".




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Energia: 1647 + 1606 = 3253
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#42
Todas las personas que se habían armado de valor para atacar a Shinju y acabar con su reino de opresión y brutalidad, sintieron más pronto que tarde el arrepentimiento de haberlo hecho. Con el sonido de los disparos, una fuerza invisible arrancó todas las armas de sus manos y las hizo volar en la dirección en la que ellos se encaminaban, quedando todos desarmados. Los disparos sembraron el suelo como un reguero de lluvia, alzando levemente algo de polvo, y la carrera de la inmensidad de todos aquellos valientes se detuvo, pues en un parpadeo observaron como el hombre-caballo estaba en un lateral, y al siguiente instante yacía tirado en el suelo frente a los dos espadachines que combatían, deslizándose por la tierra un par de metros convertido en un hombre, al mismo tiempo que la espada del Capitán Shinju describía un arco de sangre donde antes se encontraba el cuadrúpedo. Había acabado con él con un sólo tajo de su espada, y las esperanzas para todos se perdían con ese movimiento.

Al fondo, a lo lejos, un grito de Raida mientras abría las alas de par en par sosteniendo una presa en el suelo presagiaba la victoria del Shichibukai frente a la de los invasores, y con una ligera vibración y el crepitar de algunos relámpagos púrpura por toda la zona, una nube dispersa y amplia de virutas de hierro se alzó y comenzó a girar.
Las caras de terror de los presentes no tardaron en aparecer, observando aquella cúpula de virutas de acero que tan mal presagio portaba para cualquiera que ya hubiese visto alguna vez lo que hacía. El final era irremediable, y completamente abatidos, algunos caían de rodillas o se dejaban caer sobre sus traseros, otros trataban de retroceder por instinto algún paso, y los hubo quienes tragaron saliva y colocaron las manos en posición de rezar. Todo estaba perdido.

Entonces, cuando Shinju alzaba la espada por encima de su cabeza y apuntaba con su filo a Ashura, unos relámpagos azules invadieron el grupo de hombres y mujeres, y una centella blanca se separó de ellos lanzándose contra el Shichibukai, emitiendo un gruñido poderoso que retumbó en toda la costa como un trueno.



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#43
~Unas horas antes~

Por más que apretase aquel muñón no dejaba de sangrar. Necesitaba cirugía para cerrarlo, no vendas y apósitos suministrados por estos matones de tres al cuarto. Y digamos que tener la isla bajo asedio no ayudaba mucho a conseguir una buena atención médica. Pero un rayo de esperanza vino a verme cuando uno de los soldados que tantas veces había visto vagando por ahí y haciendo sus maldades vino a abrir las puertas de mi celda.
Estábamos bajo ataque y era nuestra oportunidad.
Otros tantos prisioneros estaban siendo liberados y parecía que una parte del ejército de los piratas Mittsuami se habían revelado contra el gran Shichibukai, dándose la casualidad en este momento de que podíamos luchar para vivir un día más.
Hablaron de provisionarse, de encontrar suministros y un grupo me hizo señas para ir con ellos, adentrándose en un edificio grande. Dentro, y como si no fuera evidente señalaron mi mal aspecto y me otorgaron medicinas, ya que pudimos obtener algunos útiles médicos y distintos calmantes... así que el momento del Doctor Power para brillar había llegado.
Me costó bastante hacerlo con una sola mano debido a mi reciente amputación, y tener un solo ojo tampoco ayudaba mucho, pero mezclando un poco de esto, con un poco de lo de mi bolsillo, con un poco más de aquello, y con una pizca de esto que si pregunta la Marina no sé que hace en mi bolsillo, lancé un buen escupitajo en la venda y aquellos cataplasmas perfectos para cerrar mis hemorragias y calmar mi dolor estaban preparados.
Y entonces lo oí.
Los Mushoku eran los que estaban atacando la isla.

—

~En la actualidad~

El grupo de la resistencia rebelde que se había formado y se había decidido a luchar, unas cuatrocientas personas entre soldados y prisioneros, estábamos listos para lanzarnos a por la victoria o la muerte. Miré en dirección a donde estaban peleando Ashura y los demás... mis compañeros. Mis amigos. Los únicos que me habían aceptado y me habían querido como era. No podía huir.
Durante nuestra estancia en el Nuevo Mundo decidí aventurarme para mejorar mi posición como médico. Aprendí y mejoré en mi oficio, descubrí muchas cosas nuevas y me sentía con la capacidad de poder aportar a mi tripulación el médico que necesitaban, pero cuando estaba de regreso con ellos acabé cayendo en una isla que fue atacada por los piratas Mittsuami, sufriendo ese asedio y, aunque luché, perdí la mano y el ojo y caí derrotado. Fui trasladado como esclavo a esta isla donde había pasado estos últimos días, y el resto era historia.

Ahora, como traídos por la mano del destino, mis compañeros los Mushoku estaban ahí.
Sólo veía a Ashura y a Quetzalli de pie combatiendo contra ese monstruo... y yo sabía mejor que nadie que su poder no tenía parangón. Era, realmente, la muerte hecha un humano de carne y hueso. No podrían vencer en condiciones normales, y yo lo sabía. Aunque quisiera creer en la fuerza de mis compañeros y en particular en mi capitán, Ashura, al que idolatraba como a ninguno, sabía que Shinju Kagayaku era un nivel diferente, un escalón demasiado grande que superar.
Olfateé el aire, sin éxito, sin rastro de los demás.

Entonces las palabras del grupo en el que estaba cobraron fuerza y los pies comenzaron a caminar solos. El plan era sencillo y suicida: lanzarnos todos a por Shinju con la esperanza de al menos distraer su atención y hacer que sus contrincantes tuvieran la posibilidad de vencerle, por remota que esta fuera. Y cargando con el peso de los que se encaminan hacia su final, gritamos corriendo hacia él, yo con la mano desnuda y mis nuevos e improvisados compañeros de armas cargando toda serie de espadas, martillos, hachas, dagas y diversas armas metálicas.
La salva de disparos provocó el principio del fin, haciendo que el Shichibukai nos arrebatase las armas y la esperanza con un simple gesto con la mano, consiguiendo que todos los que cargaban hacia él se detuvieran y perdieran esa esperanza a solo una decena de metros de él.
Después Quetzalli cayó al suelo sin su forma de pegaso, herido y sangrando, y aquel tipo se colocaba en posición para ensartar y rematar a Ashura, el hombre al que había jurado lealtad, y unas virutas de metal empezaron a danzar y a elevarse a nuestro alrededor. Una visión nada esperanzada que amenazaba con un final horrible para todos. Pero no mientras yo estuviera aquí. No si yo tenía algo más que decir... y lo tenía: Power y adelante.


Ellos no tenían nada que hacer, pero yo si. No necesitaba armas para pelear. Me había enfrentado a un fénix y a un hombre capaz de controlar la gravedad. Había viajado con alguien capaz de fragmentar la tierra y hacer terremotos. Con un tontatta capaz de abatir tigres. Con un birkaniano que surcaba los cielos sin ser visto. Con dos jóvenes espadachines que no tenían miedo a nada ni a nadie. Y con el hombre capaz de matar a un héroe y caminar sobre sus cenizas para proclamar el renacer de un nuevo mundo. Un mundo en el que la libertad no tendría precio, ni amos, ni vasallos. Yo sólo necesitaba una oportunidad y mi propio cuerpo. Yo era mi propia arma.
Apreté mi único puño y las chispas y los relámpagos de la técnica del linaje de mis ancestros, el electro, empezó a sembrar mi cuerpo y a erizar mi pelaje blanco lleno de suciedad y sangre. La corbata y los jirones de mi camisa se agitaron con el retumbar de aquellos rayos, zumbando como una pequeña tormenta entorno a mi, y saltando con toda la fuerza y la velocidad que me era posible me lancé bramando y rugiendo contra aquel calvo con la barba trenzada.
Desaparecí de la vista y el contacto de los soldados y los prisioneros que me acompañaban y me precipité como una centella, nunca mejor dicho, contra aquel hombre, puño en ristre, para dar la oportunidad necesaria.

— ¡POR LOS MUSHOKU! —

Me planté en su espalda en un suspiro, en paralelo al suelo gracias al impulso de mi salto y con mi diestra por encima y por detrás de mi cabeza, con los dedos índice y meñique extendidos. El tiempo se suspendió para mi. Los relámpagos azules de mi electro chocaban y se freían con los relámpagos morados de su extraña habilidad. Mi pelaje se mecía acariciado por las virutas de metal y el viento fruto de la potencia de mi desplazamiento, y lancé el puñetazo más fuerte que pude de la forma más rápida que fui capaz a aquel hombre de espaldas. No me importaba el honor, nunca lo había hecho. No me importaban los principios, nunca los había tenido. Y no me importaban las consecuencias. Nunca las había temido.
Pero los Mushoku... los Mushoku lo eran todo para mi.
Por un momento y como si de un espejismo se tratase, junto a mí alzado en el aire y con aquellos relámpagos azules azotando todo mi pelaje... aparecieron flotando en el aire seis figuras más. A mi izquierda, Rapax apretaba los dientes y cargaba uno de sus poderosos puñetazos envueltos en esas esferas azules que hacían retumbar la tierra. A mi derecha, el psicótico de Zarek preparaba uno de sus puñetazos recubiertos de su blanco mochi mientras sacaba la lengua en una mueca desencajada. Al lado de Rapax, aquella semioni con el cabello rojo y la media cáscara de huevo recubriendo su cintura, con su gato Mandarina sobre su cabeza... Eaa, también se disponía a soltar un puñetazo. Al lado de Zarek, con la espada por delante y gritando de emoción estaba Artur preparado para asestar una estocada directa. Al lado de Eaa, el pequeño Gaeru trataba de realizar el mismo movimiento que Artur, con sus ojos saltones y su boca abierta con su lengua de rana al viento... y tras todos nosotros, una mujer preciosa y con el cabello largo y negro tendía una de sus manos hacia delante tratando de darle impulso a Ashura mientras sujetaba un bebé contra su pecho con la otra. Una mujer que lloraba de felicidad al verlo, y que en sus ojos mostraba el amor más puro que se puede sentir por otra persona. Y juntos, gritamos todos con una misma voz. Mi voz.

— ¡¡¡ BIIIIG  NOROOOO  PUUUUUUNCH !!! —

Golpeé emitiendo la onda Noroma más potente que recordaba hasta el momento. Todos los espíritus que me acompañaban me ayudaron con el golpe, permitiéndome sacar lo mejor de mi, gritando conmigo, golpeando conmigo. Ayudándome para salvar a mis amigos. Sus amigos. Nuestra familia.
El grito que emití me rajó la garganta e hizo que la sangre brotase de mi hocico mientras las ondas púrpuras y circulares de mi habilidad salieron de mis dedos al tiempo que estos se enterraba en la zona de la espalda visible de aquel tipo que no estaba oculta por aquella enorme calabaza, impactando aquel poderoso puñetazo con todo mi ser y mi valor, paralizando su cuerpo tras el impacto.

La trayectoria de mi salto me llevó a pasar volando por encima de él tras el impacto y caer rebozando mi cuerpo y derrapando dos metros por detrás de mi capitán, viendo su espalda desde mi posición y encarando a aquel Shichibukai petrificado. La visión de los espíritus de aquellos que nos acompañaron en el camino y cayeron, sonreían aun en su pose del golpe, ralentizados por la causalidad y parecían esperar el movimiento del Demonio del Humo. Cargué mis pulmones con todo el aire que pude y cerrando mi único ojo derramando una amarga lágrima, grité de nuevo
—  ¡ ¡ ¡  ACABA  CON  ÉL  ! ! !  —
—  ¡¡¡¡¡¡ AAAASHUUUUURAAAAAAAA !!!!!!  —



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Vitalidad: 7283 - 6915 = 368
Energia: 6641 - 6541 = 100
Espiritu: 1763 - 1560 = 203
#44
Leyenda (Guía de color)


- Madre del amor hermoso, sí que se está resistiendo la verdad - dije, mientras continuaba tratando de pelar aquella mandarina. Se notaba que no estaba en la plenitud de mis facultades, porque de ser así ya me habría comido esta pieza de fruta y la siguiente, o tal vez dos dependiendo del tamaño. Ashura seguía gritando, lo que hizo que el el enmascarado gritara también. No podría ver lo que pasaba, pero era imposible que no pudiera reconocer esa aterciopelada y varonil voz. No como la de Ashura, que sonaba como si el humo que utilizaba constantemente proviniera de los poderes de la fruta del tabaco.

De pronto, se volvió a hacer de noche. No era ni medio normal. Se me había hecho de noche la increíble cantidad de tres veces, TRES, y acababa de ser la hora de comer. Me quejaría, sin duda, pero estaba demasiado ocupado como para buscar a quien quiera que llevara la oficina de turismo de Hachinosu para pedirle una hoja de reclamaciones.



En algún lugar de la mente del mejor tirador entre el selecto grupo de tontattas que han manejado el Niebla de Guerra...

- Ya vale Larch, te he dicho que no te me pongas encima que pesas mucho - me quejé, mientras intentaba sin éxito hacer que aquel peludo y adorable animal se levantara. Larch era todo un glotón, y además siempre se quedaba por ahí sentado o tumbado, así que pesaba notablemente más que el resto de sus hermanos. A pesar de mis intentos, el pequeño Larch no parecía estar muy por la labor de moverse, pues se podía escuchar en sus ladridos lo mucho que parecía divertirse con ello - Vosotros también no, Wren y Plover. ¿No veis que si no me puedo mover no puedo ir a prepararos la comida?

Seguía intentando por múltiples maneras librarme de aquella situación, pero no tenía pinta de que fuera a cambiar en un largo tiempo, o por lo menos no para mejor


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Cambios en estadísticas
Vitalidad: 121 - 150 = -29
Energia: 5295 + 0 = 5295
Espiritu: 835 + 0 = 835
#45
Recibi un katanazo, antes de que el hombre calvo y de las trenzas recibiera mi ataque, a pesar de mi velocidad endemoniada el tipo habia sido capaz de reaccionar, era un mounstro, un verdadero demonio. Todo se torno negro y perdi la conciencia, solo uno de nosotros, quedaba en pie... Ashura, yo habia hecho cuanto pude y cuanto estuvo a mi alcance para ayudarle a conquistar la isla, ahora solo debia confiar en el.
Volvi a retomar la visión, pero esta vez no estaba en aquella roca que intentabamos conquistar, sino que estaba frente a un cuadrilatero de lucha libre y veia a 2 hombres entrenar, uno con una mascara identica a la mia, con alas negras y una llama en su espalda, el otro un caballero tambien enorme, su cara parecia una mascara, pero ya sabia yo que ese era su verdadero rostro... Eran mi padre Yohualli y Umaga su compañero, sonrei al verles, ambos repararón en mi y me extendieron una mano cada uno, cuando las tome, la imagen volvio a cambiar.
Estaba en un camerino, junto a mi padre y a Umaga, ambos me miraban y me decían que me preparará, que yo debia salir si las cosas se ponian dificiles, yo asenti sonriente y ambos me dieron una palmada en los hombros, al salir del camerino.
Me encontraba detras de una cortina, que daba al cuadrilatero, viendo atentamente la pelea del Equipo Oro y Plata, contra los Enterradores, estos ultimos estaban abrumando a Umaga, era una pelea sin reglas, por lo que todo estaba permitido, Cain el compañero de Abel, sacó un silla y se la estampo en la cabeza a Umaga, quien cayo inconciente y yo supe que era mi momento, sali despedido por la rampa que conducia hacia el cuadrilatero y de un salto, le clave un puñetazo a Cain, quien cayo desmayado, Abel presa del panico intento atacarme, pero mi padre lo intercepto, golpeandolo en la espalda para que este cayera entre la primera y segunda cuerda, la posición excelente para ejecutar un 619 DUAL. Cosa que hicimos juntos. 

Abel se desmayo, el referee conto hasta 10 y nos proclamamos victoriosos, ayudamos a Umaga a Levantarse, quien me subio en sus hombros, mientras todo el mundo enloquecia, lo habiamos logrado.

La imagen cambio y me vi rodeado de mis seres queridos, mi padre, umaga que era como mi tio y mi madre, todos sonrientes y comprendi que quizas esa seria mi vida, si las cosas se fueran dado de otra manera, no pude evitar llorar, sin embargo, otras personas aprecieron delante de mi, Gaeru, Rapax, Ashura, El Doctor Power, Artur, Oxxy, ellos tambien eran importantes, ellos tambien eran mis seres queridos, asi que no debia arrepentirme.

La oscuridad volvio a nublarlo todo...

Resumen
Recibo tu ataque y caigo inconciente.


Belico


Inventario

[Imagen: d4qfcoi.png]
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Cambios en estadísticas
Vitalidad: 3535 - 4086 = -551
Energia: 4352 + 0 = 4352
Espiritu: 691 + 0 = 691
#46
Leyenda


Estaba corriendo hacía el edificio, lo más rápido que daban mis piernas, sin parar a mirar hacía atrás, donde escuchaba bastante ruido pero no quería perder tiempo ninguno, cuando de repente note, en primer lugar, un fuerte calor en la espalda y luego dos fuertes golpes que además de hacerme daño me empujaba contra el suelo. "Que coño-don..." Me dije mientras iba contra el suelo.
                                                                                                                                                                                  

Cuando abrí los ojos, me tope con un gran cielo azul, con su sol resplandeciendo a lo lejos, el cielo estaba totalmente despejado, como nunca lo había visto, no había nada en él, excepto la gran estrella solar. Me incorporé apoyando las manos a mis costados, al apoyarlas noté algo raro, como si estuviese encima de una colchoneta o colchón esponjoso. Lo que provoco que mi vista y atención se fuera directa hacía el suelo donde había estado tumbado y ahora me encontraba sentado, esté era blanco y como he dicho antes esponjoso, me daba la sensación que me sonaba pero ahora no recordaba. Sin darle más importancia me puse en pie y observe todo a mi alrededor. 

Mi alrededor estaba totalmente desértico, solo veía esa superficie blanca, que cubría por completo la distancia a la que podía llegar a ver. Mientras observaba esto, pude darme cuenta que aquella superficie parecía del color y textura de las nubes que acostumbraba a ver desde tierra. - ¿Acaso no me encontraré en una de esas famosos islas del cielo-don? - Me pregunté en voz alta mientras golpeaba la superficie suavemente con la planta del pie. 

De repente, el suelo se hundió bajo mis pies y caí dentro de una especie de sustancia viscosa y fresca, esta era de color trasparente y al principio me dio la sensación de que no podía respirar, pero después de una breve agonía me doy cuenta que no me estoy ahogando, que puedo respirar dentro de esa especie de sustancia, también puedo moverme por ella, pero lo peor de todo... - ¡¿Que coño hago desnudo-don? ¿Dónde narices esta mi ropa-don?! - Grité al darme cuenta que únicamente llevaba puestos mis calzoncillos, empecé a mirar hacía todos lados buscando mi ropa, pero no pude ver nada de nada.

[align=justify]De golpe algo empieza a brillar bajo mis pies, llamando mi atención. - Parece que hay algo o alguien hay abajo-don ¿Puede que sea mi ropa-don? - Me digo mientras empiezo a moverme, como haría si me encontrase dentro del agua y quisiera bucear hacía abajo, paso un montón de rato bajando y la luz sigue estando a la misma distancia, pero no me rindo y sigo bajando, ahora que me fijo bien, la luz parece venir de una especie de objeto, similar al tamaño de una fruta algo más grande de lo normal.

Resumen


Daño y gastos


Karmas Relevantes



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Vitalidad: 996 - 1100 = -104
Energia: 2443 + 0 = 2443
Espiritu: 420 + 0 = 420
#47
Mi espada silbó contra el rostro de aquel hombre, chirriando con el característico sonido del metal contra el metal. Mi golpe se precipitó hacia abajo, mis hombros estaban cansados, levanté la guardia con la velocidad que pude permitirme, pero sentía que mis espadas pesaban como dos planetas. Con mi haki, mi ojo y mi espíritu pendiente a su siguiente movimiento me recompuse como pude. Por encima de mí, una lluvia de enseres metálicos se precipitó, cayendo estruendosamente a mi espalda, como si el mundo se estuviera acabando.

Volvió a pronunciarse mientras nuestras miradas se cruzaban y conectaban, apreté las espadas con fuerza mientras jadeaba moviéndolas sin querer con los movimientos de mi respiración, con la guardia aparentemente baja, en una postura en la que nunca antes me había visto.  Sabía lo que iba a pasar, aunque mi haki me permitirse entender los movimientos, mis manos sabían que no estaban a su altura, así que lo único que pude hacer por Quetzalli fue seguir manteniendo la mirada de aquel hombre mientras el cuerpo de mi tripulante rasgaba la grava y levantaba polvo cayendo entre nosotros completamente inconsciente. Cuando Quetzalli cayó, Shinju me profirió una sonrisa evidenciando la realidad: todos habían caído y yo sería el siguiente. 

Las virutas volvieron a elevarse cerrando los rayos de luz y chispeando con pequeños rayos violetas que estallaban a nuestro alrededor bajo su mando. La oscuridad y el tintineo del metal volvieron a invadir el ambiente como un zumbido, sin que pudiera hacer nada para evitarlo, nuevamente.
Pero yo seguía en pie, manteniendo la mirada con aquel terrible hombre y mientras un solo Mushoku siguiera consciente todavía no habíamos perdido.

No fui capaz de entender que paso a su espalda, para mi toda esa gente que se abalanzaba sobre nosotros solo era un girón de colores opacada por el negro metálico que nos rodeaba volando con lentitud a nuestro alrededor.

Mientras él alzaba su espada, yo abrí ambos brazos de par en par tirando hacia atrás de ellos abriendo mi postura por completo y mostrándole completamente mi pecho desprotegido.
Este golpe sería el último, tanto para él como para mí.

— Es hora de que tus sueños, se conviertan en pesadillas-uhm  —

— Siempre lo han sido — contesté completamente preparado para recibir el impacto que acabaría con mi vida y con suerte a darle a él el que acabase con las suya…

Mis sueños siempre habían sido pesadillas. Porque una vez soñé con el mar y la vida me dio a Lily. Porque una vez soñé con una vida con Lily y la vida me la arrebató. Porque una vez soñé con conquistar el mundo y Shinju me lo impidió. Porque mis sueños siempre habían sido las pesadillas que me atormentaban a solas, eran mis frustraciones y mis miedos camufladas con la grandeza de lo esperado. Una vez más mi egoísmo y egocentrismo había acabado con todo lo que amaba, con todo lo que había soñado con construir y había matado a la gente que se acercaba a mi paso. Una vez más me había quedado solo, porque era un monstruo. 

soundtrack


Un grito rompió el silencio de la expectación. Una voz que casi había olvidado. Un recuerdo de una promesa que dejé atrás. Un rayo de esperanza que se coló entre el metal de la cúpula que me tragaba por completo.

Mi ojo se desvió por un momento de él, no porque quisiera, si no por el impulso de reaccionar ante lo conocido.

- ¿BEN?  - La pregunta se me escapó en un suspiro, mientras mi ojo se abría por completo ante la imagen que procesaba.

Pero no era solo Ben, también estaban Zarek, Rapax, Artur, Gaeru, Eaa y… Lily. Todos juntos lanzándose al ataque mientras sus voces resonaban en mi cabeza junto con la de Ben.

Ben salió despedido a mi espalda mientras todos los demás se quedaron allí parados, junto a Shinju. La habilidad del doctor lo había dejado completamente clavado, por un momento pensé que yo mismo también lo estaba, pues mi cuerpo se quedó por completo petrificado ante la visión. Todo lo que había perdido junto al hombre que iba a acabar de arrebatármelo todo.

Mis manos y mi corazón dudaron. Pero nuevamente el grito de Ben me empujó hacia delante, no podía frenarme, no podía parar. No ahora, porque como él había dicho “tenía que acabar con él”

Me había costado años entenderlo, pero por fin lo conseguí. 6 largos años habían pasado desde la muerte de Lily y desde entonces el mundo solo había sido gris, solo había pena y la había esparcido a mi paso, deambulando por el planeta como un ser errático y caótico. No me había dado cuenta que todos ellos, que todos los que habían viajado a mi lado, me habían estado ayudando a superar su pérdida, que mi misión suicida contra el mundo no había sido más que un burdo telón para tapar mi tristeza por haber perdido al amor de mi vida. El día que desenterré a la “Hoja del Luto” enterré el corazón que Lily me había enseñado que tenía o por lo menos, que podía tener. Porque el trauma que me dejó su pérdida me colapso, nunca entendí porque el mundo me había dado algo tan hermoso para arrebatármelo y con el tiempo mi pena se convirtió en ira, y las preguntas que me hice no apuntaban a ninguna respuesta, solo buscaban culpables. Y en esa búsqueda incansable había llenado el vacío con muertes, unas encima de otras, todas se amontonaban sobre la suya, buscando sepultarla y olvidarla, buscando olvidar que un día fui realmente feliz. Pero lo más importante era que por fin había entendido que todos ellos, todos los que habían aparecido en mi vida, para bien o para mal, me habían enseñado a entender y compartir mi

- ¡DOLOR! -

Una lágrima escapó de mi ojo mientras cerraba la postura que antes había abierto para recibir el ataque que acabaría con mi vida. Las dos espadas se lanzaron chocando contra las virutas metálicas que empezaron a arremolinarse al paso de sus filos por la inercia de mi golpe, haciendo que el aire se enrareciera con motivos púrpuras chispeantes. Los cortes impactaron contra su pecho, la Escultora de marfil clavando su punta tímidamente sobre la carne y sus ropas, mientras que la Hoja del Luto rasgó por completo todo a su paso por su tamaño. Los dos cortes al unísono crearon una gran x en su pecho.

Cuando terminé el golpe solté con un aspaviento de mi mano la espada de Gaeru, que se clavó en el suelo al lado de Quetzalli y agarré a Shinju por el cuello con mi mano izquierda mientras su espada seguía elevada por encima de nosotros, atrasé el brazo derecho y cargué mi espada con una estocada. El hielo empezó a volver a chispear sobre ella, formándose y rompiéndose sobre su filo: las puertas del inframundo estaban abiertas.

- ¡YO! - Grité mientras mientras clavaba mi ojo en el suyo con furia - ¡SOY ASHURA! ¡CAPITÁN DE LOS PEORES PIRATAS QUE HAN VISTO ESTOS MARES Y ME CONVERTIRÉ EN EL GENERAL QUE ENCABEZARÁ EL MAYOR EJÉRCITO CONOCIDO SOBRE ESTA TIERRA! - acerqué mi espada al pecho de Shinju y clavé levemente la punta de la misma sobre la herida que la hoja del luto había creado. El hielo de su hoja empezó a expandirse sobre la sangre congelando y coagulando la zona donde tocaba mi filo su cuerpo - ¡¡¡ Y DESDE HOY HASTA EL DÍA EN QUE MUERA - Grité mientras clavaba la espada, atravesando por completo su pecho y corazón acabando con la vida de Shinju Kagayaku “La catástrofe”. Me paré un último momento a mirar su cara mientras el filo de mi hoja absorbía su vida. Apreté los dientes con fuerza resoplando, agarré con más fuerza con mi mano izquierda su pescuezo, buscando partirle por completo el cuello y desde esa postura le miré con rabia. Quizá en otra vida Shinju y yo podríamos haber sido amigos, quizá aquel hombre y yo podríamos haber compartido muchas cosas, quizá… Pero esta historia no era así. Esta historia era muy diferente, y delante de Ben, el único que seguía a mi lado desde que partimos bajo el sol de Kyodainagrité con más fuerza aún para que todos los presentes me escuchasen -

—  DECLARO LA ISLA DE HACHINOSU:
TERRITORIO MUSHOKU !!! —



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Espiritu: 750 - 247 = 503
#48
El filo de mi espada estaba dispuesto en la posición perfecta para descender sobre el cuello de aquel pirata, Ashura, como una aguja atraviesa el cuero para zurcirlo. El ambiente enmudeció sólo siendo interrumpido por el tintineo de las esquirlas de metal que flotaban en el aire, chocando entre si. Un campanilleo suave, casi gentil, que hasta ahora no se había apreciado debido a los escándalos y ruidos del combate. Gritos, tanto aquí como en el resto de la isla, y el rechinar del estallido de armas chocando entres si. Pero ahora sólo el silencio y la calma, unos segundos gloriosos. Los relámpagos púrpura de mi habilidad azotaban y agitaban aquella cúpula de partículas de hierro flotantes y daba la sensación de que estuviésemos dentro de una nube negra de tormenta. Una catástrofe.

Los tres acompañantes del pequeño oni frente a mi yacían en el suelo derrotados y se sumaban a los dos que habían comenzado "ausentes" en este encuentro. Cinco a uno, comparándolos con Ugama. Era un buen resultado igualmente, y pronto serían seis a uno. Lamentaba profundamente no haber podido reemplazar a Ugama por nadie decente de entre ellos, con un espíritu que doblegar, pero acabaría encontrando a alguien capaz más pronto que tarde. Lo importante era redefinir y afianzar de nuevo mi posición, pues esta victoria generaría una noticia que sin duda nos llevaría a un paso más allá en la fama y el temor colectivo. Al final todo eran ventajas.

Frente a mi, aquel derrotado guerrero respirando con dificultad asumía la derrota en su postura, y respondía a mi comentario diciéndome que sus sueños siempre habían sido pesadillas. Sonreí sólo con la parte derecha del labio, levantando la ceja y abriendo mi único ojo. Mi pupila temblaba inquieta pasando por todo su cuerpo, valorando su era un truco o no. Pero no lo era, había sucedido lo que tenía que suceder: Yo había ganado. Era el resultado esperado, aunque con un par de inconvenientes más de lo esperado.

— Al final, Ashura... has resultado no ser nadie — dije haciendo algo de burla a su nombre, como últimas palabras antes de ensartarlo, y entonces un grito a mi espalda resonó causando que por un instante me distrajese. Fue sólo un instante. Un segundo en el que creí que alguno de sus subordinados me había tendido una trampa. Los revisé a todos derrotados en el suelo. ¿Sería el tontatta?.
No pude saberlo, no llegué a reaccionar, pues cuando intenté girar sobre mi mismo sentí como mi cuerpo entero quedaba bloqueado... no, ralentizado al máximo. El mundo a mi alrededor se movía pero ¿por qué yo no era capaz de reaccionar?
Sentí un golpe leve en la espalda, y después vi como un oso polar enorme y ensangrentado pasaba por encima de mi cabeza volando. ¿Qué era eso? No, mejor ¿quién era ese? ¿Desde cuando tenía que preocuparme por otro enemigos más? Y sobre todo ¿qué me había hecho?
Mi experiencia era suficiente como para decirme que era el poder de una akuma no mi, pero no sabía ni cual ni qué hacía, ni cómo contrarrestarla. ¿Era una parálisis temporal? Tenía que tener un truco. Tenía que pensar rápido para conseguir averiguarlo y librarme de aquello. ¿Y si no era temporal? Podía ser una fruta de esas con condiciones extrañas, pero todas esas tienen truco... ¡Raida! ¡Podía llamar a Raida y que me sacase de aquí! Pero... no podía hablar... era imposible mover cualquier parte del cuerpo para mi aunque, notase que se desplazaban muy, muy lentamente.
¿Acaso estos pusilánimes habían tenido que recibir la ayuda de este externo milagrosamente en el último momento para que no los matase a todos ellos?

El oso aterrizó en el suelo golpeándose y gritó, enalteció a Ashura confirmándome que se conocían, y Ashura respondió gritando uno de sus extraños y raros comandos para nombrar sus golpes más fuertes, golpeándome con ese movimiento doble cruzando sus filos en mi pecho.
Y no sentí nada. Sus filos había pasado por mi cuerpo, pero no me habían dañado en absoluto. ¿Había fallado? Ashura tiró una espada al suelo y me agarró para clavar el filo de la otra que portaba y aunque vi la espada hundirse y desaparecer en mi pecho, no sentí nada. ¿Por qué no sentía nada? Ni una gota de dolor, ni un escozor, ni un problema por menor que fuera.
Sus palabras y su egomania resonaban en mi cara, su saliva llegó a salpicarme incluso y su único ojo miraba directamente al mío. Era un reflejo mal proporcionado.

Entonces sentí al mismo tiempo presión en la espalda, cortes en el pecho, la punzada de su estocada, el frio helador proveniente del mismo infierno sembrando mi cuerpo y su mano girando bruscamente desde mi nuca. Todo el dolor acudió de golpe, todo el daño se sintió al mismo tiempo y todo aquel impacto de consecución de acciones se esparció por mi sembrando una cantidad de impacto colosal — ¡¡Puaaghghr!! — escupí sangre por la boca al tiempo que estallaban los cortes de mi pecho bañando en mi sangre al oni que había frente a mi. El crack del cuello sonó como una palmada en una bóveda y caí de rodillas mientras las esquirlas de hierro caían todas al suelo al unísono sembrando el campo de un gris negruzco metálico, tapando los cuerpos de los caídos y haciendo que Raida mirase en mi posición. Pudo observarme arrodillado con la espada de mi rival atravesada en mi pecho, del que empezaba a brotar una flor de hielo lentamente.
Un lirio completamente blanco.

No sabía qué había pasado, pero aquel oso había hecho algo que había paralizado el tiempo y mis sentidos anulando todo el daño y las sensaciones por un tiempo y haciendo que todas volvieran a sentirse al mismo tiempo después. Había sido completamente determinante y en el momento más crítico, pues un minuto más tarde Ashura yacería decapitado por mi.
Su grito proclamando que esta isla era su territorio heló mi sangre. Intenté moverme para levantarme y hacer que se tragase sus palabras, pero era imposible. Mi cuerpo no reaccionaba. La sangre brotaba de mi pecho a mi conciencia se apagaba. Las fuerzas me abandonaban. El frío inundaba mi cuerpo a medida que aquella flor de hielo se expandía más. Mis dedos se a

¿Así se sentía la derrota?

¿Cómo era posible que este fuera el final? Yo debía convertirme en Yonko.
Debía ascender entre ellos para ser el más fuerte y acabar reclamando el título de Rey de los Piratas que mi padre no pudo obtener. Debía superarle y volverme la leyenda más grande jamás contada. Debía alcanzar el punto más alto del mundo y gobernarlo con mi voluntad y deseo por encima de todo y de todos. Pero entonces, ¿por qué? ¿Por qué mis fuerzas me abandonaban? ¿Por qué sólo tenía la energía para bramar una última palabra?. Yo, el gran Shinju Kagayaku "La Catástrofe", Capitán de los temidos piratas Mittsuami, miembro del Ouka Shichibukai, dueño de Hachinosu la isla paraíso de los piratas, y heredero del demoníaco linaje de los Kagayaku... derrotado por un pelele sin nombre.

— ¡ ¡  R A I D A  ! ! —

El grito resonó por toda la zona maltrecha del puerto mientras agarraba con fuerza a Kurozansai y al instante que lo hice, mi enorme montura voladora se lanzó en picado a por mi volando a ras de suelo con la precisión de un halcón, dispuesta a placar y destruir a todo el que se pusiera por delante de su trayectoria y, agarrándome con sus zarpas en un último abrazo gentil, graznó con crudeza de forma desgarradora y se lanzó hacia el cielo con tres batidas de alas de forma poderosa, desapareciendo entre las nubes y abriendo un claro entre ellas que arrojó luz al presente.
Escuchaba el zumbido de sus alas mientras mi ojo se cerraba.
Un último vuelo juntos.




Resumen

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Vitalidad: 5497 - 7840 = -2343
Energia: 3253 + 0 = 3253
Espiritu: 990 + 0 = 990
#49
Todas mis heridas volvieron a abrirse cuando impacté contra el suelo, a tiempo de ver los relámpagos del Electro chisporrotear y parpadear, desapareciendo paulatinamente hasta dejar de brillar. Mi ataque había surtido efecto y Ashura estaba aplicando aquel dolor que sólo él sabía ejecutar sobre el cruento enemigo que nos había despachado con tanta brutalidad hasta ahora. Mis compañeros yacían en el suelo derrotados o quizá muertos, así como tantos otros que no era capaz de ver. Desconocía que había pasado con ellos, su estado, su situación o incluso si seguían formando parte de los Mushoku. No sabía si habían conseguido siquiera llegar hasta esta isla o algo había pasado por el camino, como conmigo. No sabía si habían muerto antes o durante esta invasión armada. Pero sabía que mientras ese hombre siguiera de pie, volverían a formarse y reforjarse.

Desde mi posición tumbado en el suelo pude ver cómo aquel Shichibukai recibía una suerte de machetazos ponzoñosos de parte de nuestro capitán, y encontraba su final a manos del mismo, cayendo al suelo de rodillas haciendo que las virutas de metal del aire cayesen sobre todo y todos y nos cubrieran temporalmente. Me sacudí con mi mano lo que había sobre mi cabeza y con un grito del calvo vi pasar aquella ave infernal de un lado a otro del campo de batalla y llevárselo consigo, centrando mi atención en Ashura y en la gravedad de sus heridas.


— ¡Capitán! — grité, poniéndome en pie a duras penas y acercándome los pocos metros que me separaban de él, sacando los cataplasmas de mi bolsillo y poniéndoselos directamente sobre el lado afectado del rostro — Bahahahacof cof — reí y empecé a toser aun manteniendo mi mano apretando los cataplasmas contra el hemisferio derecho de su cara — Parece que tu ambición se está cumpliendo, aunque te ha dejado más feo que antes — sonreí amargamente clavando mi ojo en el suyo, flaqueando mi postura un paso a la derecha, temblando — Tienes que parar la hemorragia de ese ojo... en mis bolsillos llevo conmigo medicina suficiente como para estabilizarte — le dije en un tono de voz cada vez más bajo — Úsala para sobrevivir y haz que alguien salve a los demás... me parece... — solté los cataplasmas ya adheridos a su rostro y me apoyé en su hombro — ...me parece... que os vais a tener que buscar... otro médico — sonreí amargamente flaqueando mis piernas y cayendo de rodillas llevando conmigo por mi peso a la misma posición a mi capitán.
Entonces su espada cayó el cielo y se clavó a nuestro lado, mi izquierda y su derecha, aun humeando un poco de hielo.

— Me atraparon... no sé los meses que han pasado. Perdí toda esperanza de reencontraros... y de seguir con vida — le confesé a mi capitán mientras una lágrima empezaba a brotar de mi ojo, seguida de otras tantas idénticas — Me habría gustado seguir esta aventura — mi mano se cerró y se apretó contra sus ropajes — A veces cerraba los ojos e imaginaba... imaginaba que estábamos todos en el Niebla de Guerra... bebiendo y zarpando hacia otro destino — agaché la cabeza tosiendo algo de sangre y los temblores sacudieron mi cuerpo. La pérdida de sangre era demasiado profusa como para poder estabilizarme o salvarme en ese momento. Para mi era tarde, pero no para Ashura. Él tenía que seguir — Y cuando escuché vuestro nombre en la isla... pensé que ya había muerto — Él tenía que llegar al final del castillo en las nubes al que estaba subiendo por aquella montaña de cadáveres. Él tenía que cumplir con ese destino, aunque tuviese que sacrificarlo todo.

Volví a mirarle, con los ojos completamente llenos de lágrimas, sabiendo que esto era el final y era una despedida
— Te habría seguido, mi capitán..... mi hermano....... Mi rey —
Apoyé mi cabeza contra su pecho y exhalé el último hálito de vida que me quedaba.
Entregando mi vida por los Mushoku. Por mi familia.
Por Ashura. Por mi hermano.

Power, y adelante.




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Cambios en estadísticas
Vitalidad: 368 - 1000 = -632
Energia: 100 + 0 = 100
Espiritu: 203 + 0 = 203
#50
Una fuerte brisa y polvareda fruto del despegue de Raida, que gritaba en la distancia el dolor de la pérdida de su amo, sacudieron el pavimento y levantaron el polvo del mismo y las virutas de hierro del área en el que estaban los supervivientes, agitando la ropa y los cabellos de los presentes. El zarandeo del ave hizo que la espada del capitán de los Mushoku cayese del cuerpo de Shinju y se precipitase hacia abajo, clavándose a sólo un metro de Ashura y del valiente Ben Power. El filo de la espada humeaba dada la baja temperatura de la misma y reflejaba en su filo la escena de los dos viejos compañeros, que estaban de rodillas uno frente al otro.
El claro en las nubes que había creado Raida en su ascenso propiciaba una tenue luz cálida sobre ellos, y el mísmo círculo del mismo diámetro se había creado en las esquirlas de metal del suelo, debido a la potencia de las alas de aquella bestia, haciendo parecer que un cilindro de luz estaba adueñándose de la escena de despedida de los dos primeros Mushoku.

No había silencio. Alrededor todo era gritos, jaleo, escándalos y cientos de hombres y mujeres luchando entre si, huyendo o reagrupándose. Muchos se marchaban en sus barcos, cargando consigo cajas de víveres y suministros con carnes, pescados, frutas, verduras, telas, metales, dinero, tesoros varios... el fin de Shinju era la oportunidad para escapar y vivir una nueva vida. Otros lo tomaban como el final de un líder y la oportunidad de establecer uno nuevo, no reconociendo a Ashura y los Mushoku pese a las palabras del capitán de estos. Y otros tantos, los que estaban ahí - y a quienes cada vez se les sumaba más gente - observaban el final del que había sido una de las calamidades de la historia reciente, y quienes habían sido los que habían acabado con él.
Reconocían que el conjunto de los Mushoku había logrado imponerse al tirano Shichibukai, y ahora, era mejor estar a sus órdenes que jugar a ser piratas y que la Marina acabase con ellos en alto mar. Era mejor servir a un nuevo señor, porque este era imposible que fuera peor que Shinju Kagayaku.




Ben Power expiraba su último aliento mientras chocaba su frente en el pecho de su capitán.
Años atrás, en la isla de Kyodaina, en el Grand Line, ese oni y ese mink, junto con un birkaniano llamado Zarek, se juntaron como grupo formando los Mushoku, tratando de escapar de ese lugar y comenzar una leyenda. Rapax llegó después, al igual que Korg y Artur, tras ellos Gaeru y Quetzalli fueron los últimos miembros de la banda. Los Mushoku crecieron en el Grand Line como un nombre poderoso y temido, y sus poderes eran dignos de ello. Ashura reunió bajo su bandera a poderosos personajes con poderosas habilidades de las frutas del diablo... pero lo perdió todo.
Zarek murió antes de comenzar esa aventura, Gaeru cayó en batalla, y Rapax y Artur perdían la vida hoy, así como Ben Power. Cinco miembros a las espaldas en el camino de los Mushoku, cinco cadáveres que alzaban a Ashura encima de los demás, y no por su mano, si no por sus decisiones, dejándole ahora sólo con la compañía de Korg y Quetzalli como únicos amigos. Si es que podían llamarse amigos.
¿Acaso el oni no dudaría en sacrificarlos llegado el momento? ¿No sería capaz de mirar hacia otro lado con su muerte cuando esta sucediese, solo para poder seguir avanzando? ¿Eso es lo que se hacía con los amigos?

Ahora tenían el territorio ansiado, uno que les había costado tres vidas, pero ¿merecía la pena?
¿Qué haría ahora Ashura, debilitado, herido y marcado para siempre sin su ojo derecho, con sólo dos amigos a su lado?



Los hombres y mujeres que habían cargado junto con Ben Power caminaron y rodearon a Ashura y Ben, mientras otros tantos se esparcían por el terreno recuperando sus armas y con ellas encontrando a Korg, también rescatando a Quetzalli,  y incluso al ajeno a esta banda, Bartolomeow. Todos formaron un círculo alrededor de Ashura y entonces los que estaban más cerca de él comenzaron a arrodillarse, siguiendo este ejemplo todos los círculos concéntricos a este, acabando por terminar todos de rodillas ante el nuevo soberano de Hachinosu, cargando con los cuerpos de sus compañeros y los participantes en esta batalla y poniéndolos a salvo.
El principio de una nueva era, que era fotografiada por uno de los que pasaban de largo hacia los barcos del puerto, acababa de ver la luz en este día, en esta isla.

Los Mushoku, capitaneados por Ashura "el Mata Héroes", habían derrotado a Shinju Kagayaku y la tripulación de Mittsuami.




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