[Pasado] | Antes de ser quienes seríamos | Rackham Uker / Nyra Kuroshiro
#1
Era la primera vez que Ritsu y yo atracábamos por la Isla del Kárate. Habíamos llegado en un barco mercante un par de días antes, tal y como solemos hacer una vez cada varios meses, principalmente para no arraigarnos a ningún sitio concreto y poder vivir más en paz.
 
No nos había ido mal. Conseguimos ahorros suficientes para poder irnos y establecernos en algún lugar pequeño de esta nueva isla. Con lo básico sería suficiente, e incluso podría sobrarnos un poco… o habría sobrado, si a Ritsu no se le hubiera ocurrido hacerme un regalo en una de las paradas del barco mercante. Por mi décimosexto cumpleaños quiso regalarme por fin un arma de verdad: una wakizashi, una espada corta al estilo de una katana pero fácilmente utilizable con una mano. Cuando aprendiera a utilizarla de manera magistral, me dijo, entonces me compraría otra a juego. Por supuesto, respondí que sería yo quien se la pagaría con su propio sueldo, y él simplemente rió.
 
No voy a mentir: realmente me encantó el regalo. No era la primera espada de metal que tenía, pero sí era la primera en considerarse un arma “de verdad”, y lo bueno nunca sale barato. Sospechaba, además, que tenía bastante que ver con la conversación que había tenido con él semanas atrás sobre acabar formando parte de la Marina. Pero para eso aún quedaría bastante tiempo.
 
En aquel momento lo único importante era recuperar el dinero perdido y volver a conseguir beneficios con los que poder seguir desplazándonos en el futuro, y es por eso que no tardé en buscar trabajo en cuanto pusimos allí un pie. Por fortuna, la cocina siempre era algo seguro, pues en todas partes hay bares y tabernas y a menudo más de una agradece la presencia de unas manos extra.
 
Sin embargo, esta vez sería algo distinto, pues por primera vez mi trabajo estaría al servicio de unos niños. No pagaban mucho, pero como imaginé que justamente podría ser que tuvieran problemas para encontrar personal por esa misma razón, decidí aceptar con tal de ayudar. Solo serían unos meses, después de todo.
 
Llegué el día y lugar acordados al orfanato en cuestión. La persona que me abrió fue completamente amable y no tuvo problema en guiarme hasta la cocina. Me avisó de que enseguida llegaría el cocinero de siempre, así que asentí y aproveché los primeros minutos para ponerme uno de los delantales, lavarme concienzudamente las manos y comenzar a mirar uno a uno los muebles y cajones para asegurarme de que sabía dónde estaban instrumentos e ingredientes antes de empezar a trabajar.
 
En cuanto escuché unos pasos acercarse, dirigí una sonrisa hacia la puerta.
 
—Hola, ¿eres el cocinero habitual? —inquirí observando los cerúleos iris del joven, apenas algo mayor que yo, mientras cerraba el último cajón que había abierto—. Todavía no he encontrado el menú. ¿Tenéis uno o vais trabajando al día? —pregunté para poder actualizarme al tiempo que me acercaba a él—. Soy Nyra, por cierto. Encantada.
 
Aquellas últimas palabras fueron acompañadas de un gesto acercando a él mi mano a modo de saludo. Me esperaba cualquier cosa de los desconocidos, así que estaba preparada tanto para una respuesta amistosa como para un jefe estricto que “me pusiera en mi lugar” y se dedicara a dar órdenes. ¿Cuál me tocaría esta vez?
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#2
Suspiró, sus brazos se relajaron y su mano izquierda descendió hasta colocarse junto a su cadera, portando la katana que hace años lo acompaña. Su torso al descubierto se infló en cuanto volvió a tomar aire, su pecho descendió en cuanto liberó este mismo y comenzó a respirar controladamente. El sudor bajaba por su cuerpo, se notaba que había estado entrenando un par de horas, como lo hacía todos los días. Bien temprano en la mañana, para mantenerse en forma, antes de comenzar el trabajo.

Se dio una ducha, disfrutando del agua sobre su cuerpo agotado, dejando que sus músculos reciban el descanso que merecen, pues dentro de poco tendrían que ponerse a trabajar de nuevo. Tras el baño, se secó y observó el almanaque colgado en su habitación, le marcaba que faltaba poco para una fecha especial, así que debía pedir esos días de vacaciones pronto.

En menos de 20 minutos ya estaba saliendo de la habitación, llevando entre su brazo su abrigo marrón, que aún le quedaba algo grande, pese a la edad. No hacía calor, no había necesidad de usarlo, pero aún le costaba desprenderse de ese objeto tan valioso. Caminó con seguridad por los pasillos del lugar, muchos le dedicaron saludos y sonrisas que fueron devueltos con la misma intensidad, incluso los pequeños lo trataban bien, pues la diferencia entre sus edades no era tan grande. - Veo que mejoraste tu escritura, te felicito Will -. Fue lo que dijo cuando un niño se le acercó para mostrarle algo que escribió, con la caligrafía desastrosa de un niño que apenas aprendía a escribir. - No te olvides de agradecer a la maestra -. Desordenó el cabello del niño un poco, para luego dejarlo volver a jugar con el resto, y así poder seguir avanzando.

La cocina no tenía una puerta, por lo que podía escuchar desde afuera el sonido de alguien en el interior. Habían dicho que tendrían un cocinero nuevo, tal vez se trataba de esa persona. Por fin pudo asomarse tras la puerta, siendo recibido por saludos y preguntas antes de siquiera poder preguntar algo. - Nyra, un gusto -. El muchacho también extendió su mano, copiando y aceptando el gesto de la contraria. - Soy Rackham Uker, algunos me llaman Uker, otros Rack, puedes llamarme como mejor te guste -. No le gustaría que lo viera como una figura de autoridad y comenzara a usar palabras de ese estilo con él, pues no parecían tener edades tan diferentes. - Te ves joven, sorprendente ver a alguien como yo aquí -. Aunque él ya llevaba trabajando varios años en ese lugar, así que ingresó incluso con menos años encima.

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- Sobre el menú… -. Dejó sus cosas en una mesa de madera cercana, rodeada de sillas del mismo material, que había sido puesta ahí hace tiempo para tener un lugar de descanso para los trabajadores. - Pues, hace dos días hicimos platos con carne y pescado, antes de eso hicimos arroz acompañado de ensaladas -. Llevó la mano a su mentón mientras pensaba, mientras sus pasos lo llevaban a donde podría lavarse las manos. - Había pensado en hacer pastas, a menos que tengas otra idea en mente -. Sonrió hacia la mujer mientras sus manos volvían a ser bañadas por el liquido, tomándose su tiempo para lavarlas y secarlas. - Tal vez quieres demostrar tu platillo favorito, o el que te sale mejor, podemos hacerlo si quieres -.


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#3
—Uker, entonces. Creo que suena más elegante —sonreí alegremente un instante antes de que terminara el apretón de manos, sin poder evitar que mi cola se moviera ligeramente de un lado a otro al ver que realmente podríamos llevarnos bien.

Por supuesto, tampoco pude contener una suave risita al mencionar el tema de la edad.

—La verdad es que es que estoy contenta de haber conseguido el trabajo tan deprisa. ¡Pero no me subestimes por mi edad! —expuse con las manos orgullosamente apoyadas en la cintura—. Cuando te has criado con alguien que cocina fatal, al final tienes que aprender por pura supervivencia —reí de nuevo—. ¿Cuántos años tienes? Yo dieciséis.

En cuanto al menú, mis orejas se irguieron en cuanto fue mencionando platos, prestando toda mi atención. Parece ser que tienen bastante variedad, lo que va genial a niños que están aún en edad de crecimiento. La verdad es que ya había visto los ingredientes que había por la cocina y eran todos de bastante buena calidad; se notaba que no escatimaban en lo que estuviera directamente relacionado con su salud.

Por supuesto, mi sonrisa se amplió ante la oferta de que eligiera yo mi plato favorito o el que mejor se me diera cocinar. ¡Qué majo!

—No te preocupes, puedo apañarme con cualquier cosa, ¡y las pastas son una gran idea! —expresé con un pequeño saltito alzando levemente los talones al tiempo que juntaba las manos en una palmada silenciosa—. Puede ser una gran oportunidad para esconder en la salsa verduras que no suelan gustarles. Por ejemplo, podríamos usar una crema típica de zanahorias o calabaza y añadirle queso para que disimule el sabor al fundirlo. Aunque… —llevé entonces la zurda a la cadera y la diestra a la barbilla en un gesto pensativo— no sé si alguno será alérgico o intolerante a los productos lácteos… ¿Con qué alimentos deberíamos tener cuidado?
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#4
¿Elegante? Nunca había pensado que su nombre fuera algo elegante, a decir verdad era la primera vez que alguien no se sorprendía y quedaba extrañado al decírselo. - ¿Qué parte es elegante? -. Sonrió mientras le hablaba a la muchacha. No se reía de su comentario, sus palabras solo mostraban curiosidad genuina ante lo dicho. - Pensé que ibas a sorprenderte como los demás, tarda un poco antes de que se acostumbren a mi nombre y dejan de llamarme por mi apellido -. Eso era verdad, hasta su maestro y sus hijos lo habían llamado Rack durante todo el tiempo que vivió con ellos, cosa que se volvió una costumbre más que un desconocimiento total de su extraño nombre.

- Ya veo, así que por eso sabes cocinar -. Ya lo suponía sin siquiera haberla visto en acción, pero confiaba en que sus jefes contrataban a los más capacitados que pudieran encontrar. - Yo tengo 18, pero espero que esos dos años de diferencia no te lleven a llamarme de manera formal -. Al fin y al cabo, era la única chica de su edad por ese lugar, no vivía ahí como él, pero iban a tener que verse mucho. - Y tranquila, no voy a juzgarte por tu edad, yo entré a trabajar aquí con 15 años -. No elaboró en cómo era eso posible, no iba a fatigar a la muchacha con su historia en esos momentos.

Mientras la chica hablaba y hacía sus propuestas, el joven se acercó a una repisa y sacó de esta uno de los delantales bien doblados, colocándoselo y volviendo a acercarse a su nueva compañera mientras sus manos luchaban por atar el nudo a su espalda. - Veo que te preocupas por todo, eso es bueno -. Si, era bueno no tener que ser el único que piense en el menú por una vez. - Sobre alergias o esas cosas… Hay dos niños con alergia al maní, así que busco evitarlo siempre. Además, un encargado del edificio y otro de los niños son intolerantes a la lactosa, pero siempre les preparo algo aparte a ellos -. Se le notaba acostumbrado, algo ya pensado, asimilado. Tres años con la misma rutina día tras día lograban cosas así. - Por lo que tu idea de verduras en la salsa no es para nada mala. Podríamos preparar una salsa fileto, junto a unos fideos radiatori, a los niños les gusta que la pasta tenga formas extrañas -. Ese tipo de pasta no era extraña en si, pero era una forma que hace mucho esos pequeños no veían.

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- Bien, manos a la obra entonces -

Juntó las palmas de sus manos al decir esto, un gesto al que se había acostumbrado para concentrar la mente en una tarea. No tardaron en ponerse de acuerdo para dividir las cosas que hacer, Uker de igual manera se mantuvo atento a ella y a si necesitaba encontrar un instrumento o ingrediente específico en la cocina. La dejó trabajar, sin exponerle recetas o formas de hacer las cosas, quería que ella le aplicara su estilo y conocimientos.

Más de una hora y media había pasado cuando la atención del cocinero fue interrumpida por un grito desde afuera, junto a un claro sonido de pasos veloces acercándose. - UKEEEEEEEER -. La fuente del ruido no tardó en dejarse ver en la puerta de la cocina, deslizando sus pies al detenerse luego de estar corriendo. Una pequeña, no debía tener más de 14 o 13 años, revisó el lugar con su visión hasta dar con quien estaba buscando. - UKER -. No tardó en volver a correr, ahora en dirección al cocinero, saltando y cayendo entre los brazos abiertos de este, dándole un abrazo que fue igualmente devuelto por el pelinegro. - Buen día Akura, pero si sigues corriendo así las maestras van a volver a enojarse contigo -.

Pese a sus palabras, había calma en su voz, sonreía mientras volvía a dejar a la niña en el suelo y le desacomodaba el cabello como lo había hecho antes con el otro niño. - Las de limpieza dicen que estuviste practicando hoy, ¿Cuándo vas a enseñarme a usar una espada? -. Los ojos de la niña brillaban con emoción, como si su mayor sueño fuera aprender eso que pedía. - Ya te dije que no te enseñaré esas cosas, no necesitas saberlas -. Para desviar la atención de Akura de eso, se movió a un lado y dejó que ambas mujeres se vieran. - No seas irrespetuosa y saluda a la nueva cocinera -. La vista de la mas pequeña fue a parar a la mujer rubia, alzando su mano en un gesto más moderado que antes. - Hola, ¿Cómo te llamas? -. Claramente no tenía la misma confianza con la recién llegada que con el cocinero, pues esa efusividad no se encontró al momento de saludarla.
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#5
No pude evitar que mi cola se agitara cuando quiso saber más sobre mi observación respecto a nombre. ¡De verdad le interesaba!

—¡Pues todo! —exclamé con una sonrisa, respondiendo a su primera pregunta—. Piénsalo: «Rack», esa erre tan sonora, ese sonido ka del final… recuerda al ruido “crack”, y eso suena durooo, graaande y fuerteee, ¡como una roca! —expliqué alargando y haciendo más graves esas tres palabras antes de fingir que levantaba un gran pedrusco con ambas manos—. Y tú eres grande y fuerte, pero también simpático, así que no eres nada áspero, afilado o aburrido como una roca —reí con suavidad antes de pasar al nombre por el que me había preguntado de verdad—. En cambio, fíjate: Uker. Úuukeer —repetí lentamente haciendo una curva con el dedo, primero subiéndolo, luego bajando con la segunda vocal y volviendo a subir ligeramente con la última consonante—. ¿Ves? Aunque la ka y la erre están también, la erre ya no suena tan fuerte. Ese “er” casi suena a ronroneo… ¡como un gatito! —expuse colocando mis manos como las patas de un gato antes de reír de nuevo—. ¡Y los gatos son elegantes! Además, con todo eso, la ka ya no suena como algo rompiéndose, sino que estar entre dos vocales le da un toque mucho más suave y sofisticado. Peeero, ¡es un nombre corto! —gestualicé un momento acercando las palmas de las manos de forma paralela entre sí, como dos pareces que se acercasen—, ¡así que no suena pomposo! Y tú no eres para nada pomposo. ¡Te pega mucho más!

Pero también me divierte bastante que se extrañe de no haberme sorprendido y ni haberlo llamado por el apellido al menos un tiempo.

—Bueno, me diste a elegir, así que supongo que no te pone incómodo, ¡y justamente lo que has dicho es parte de la razón! —comenté sonriendo, enlazando mis manos en mi espalda—. La gente casi siempre espera a tener cercanía antes de empezar a llamar a alguien por su nombre… pero ¿y si funciona al revés también? Yo tengo la teoría de que, cuando llamas a alguien por su nombre, es más fácil que os volváis amigos. Por eso yo me he presentado como Nyra, aunque mi nombre completo sea Nyra Kuroshiro. ¿No es la misma razón por la que lo has hecho tú? —inquiero con curiosidad.

El tema no tardó en avanzar hacia el tema de cocinar, nuestra edad y… ¡¿comenzó a trabajar allí a los quince años?! Mis ojos se abrieron mucho ante la noticia. ¡Eso sí es sorprendente!

—Vaya, ¡y yo que pensaba que había entrado joven! ¿Y has seguido aquí desde entonces? Eso es increíble, yo en mi primer trabajo duré una semana —reí suave y brevemente al recordarlo—. ¡Y no te preocupes! Si tú no me juzgas y me ofreces la oportunidad de tratarte de forma cercana, no lo voy a desaprovechar. ¡Ya era hora de que me tocara un jefe que no fuera un estirado!

¡Pero habíamos venido a cocinar! Así que la conversación derivó inevitablemente al tema del menú, alergias e intolerancias, cosas a las que presté completa atención.

—¡Tomo nota! —asentí, mostrando toda mi atención y disciplina. Sin embargo, pronto salieron palabras que no conocía de nada—. Vaale… Eh… Bueno, no tengo ni idea de qué es eso de “salsa fileto” ni “fideos radiatori” —«¡Al final sí que va a ser algo pomposo!», reí internamente, procurando que no se me notara mucho en el rostro—, pero si me lo explicas, ¡seguro que puedo hacerlo! O quizás incluso los he hecho otras muchas veces y simplemente no sabía que se llamaban así —«¿De dónde habrá sacado esas palabras trabajando en un orfanato?».

Pero aquella pregunta interna se me olvidó pronto, porque la cocina es un arte que requiere preparación, disciplina y una atención constantes, y nada de eso podía quedar relegado. Sin embargo, la actividad se pausó a medias con la llegada de una chica unos poquitos años menor que yo. Mientras el joven la atendía, yo estaba atenta a la escena, pero en ningún momento dejé de echar miradas esporádicas ni a su preparación ni a la mía, asegurándome de que nada se pegara.

La verdad era que estaban muy monos juntos. ¡Pareciera que Uker fuera su hermano mayor! Y esa idea solo se reforzó más ante la petición de Akura, ante la que tuve que tratar de contener una sonrisita inevitable que procuré disimular centrándome aparentemente más en la salsa que estaba removiendo. ¡Así que a ambos les gustaban las espadas! Ya vi lógico que me requisaran la espada al entrar, pero ahora con esto tenía aún más sentido. Por otra parte, aunque entendía el razonamiento de Uker, ya que las armas son peligrosas, en realidad estaba más de acuerdo con la chica. Siempre he creído que saber defenderse es importante para cualquiera. Sí, sería ideal no tener que necesitarlo nunca, pero quizás habría menos víctimas si el número de indefensos disminuyera… Aunque, por supuesto, eso no era algo que fuera a confiarle a la joven.

En cuanto el moreno se apartó, mi mirada y mi sonrisa, ya sin contener, se cruzaron con las pupilas de la recién llegada.

—¡Hola, Akura! Yo me llamo Nyra —me presenté alegremente, saludando brevemente con la mano y sin dejar desatendido el cazo antes de abrir un poco más los ojos, revelando una idea que se me acababa de ocurrir—. ¡Oye! A lo mejor me puedes ayudar —comencé, tratando de contener una risita—. Como ves, yo soy una humink zorro, y me divierte ver qué animales podrían ser los humanos. Le comentaba a Uker que creo que él tiene el aire de un gato —comenté mirándolo de reojo un instante con bastante diversión, aunque ambos supiéramos que no era realmente eso lo que yo había dicho y que esto era solo una manera de distraerla del tema original—, ¡pero yo lo acabo de conocer! Tú sabes sobre él muchísimas más cosas que yo —devolví mi total atención a Akura—. Dime, ¿estás de acuerdo o crees que sería otro animal?
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#6
La mujer parecía tener sus buenas razones para lo que decía, incluso podía explicar sin problemas el porqué de una decisión tan básica como llamar a alguien por su nombre o su apellido. - Creo que es la primera vez que alguien dice todo eso -. La observó algo confundido, aunque entendía lo que le quería decir. - Pero veo que eres bastante animada, eso es genial aquí -. Alguien con esa actitud le caería muy bien a los niños, así que sería una gran ayuda para cuando le toque cuidarlos.

- ¿Una semana? Eso debe ser un nuevo record -. Sonreía mientras le hablaba, rebuscando cosas en cajones para preparar los instrumentos. - ¿No sabes lo que es? Pues… -. Sacó de un cajón más pequeño una hoja, llena de escritos, con la caligrafía del cocinero. - Esa es la receta y todo lo que lleva, creo que podrías hacerlo si la sigues -. Es más, estaba seguro de que la explicación en esa hoja era completamente comprensible para alguien que tampoco había cocinado en su vida (Si, lo había probado y demostrado) - Y los fideos radiatori son… estos de aquí -. Su dedo bailó frente a varias bolsas con diferentes tipos de pastas, de diferentes formas y tamaños, hasta encontrar la correcta. - Simplemente son estos, no tienen nada de especial -. Le pasó el paquete, mostrándole que se refería a un tipo de fideos con una forma extraña.

La llegada de Akura convirtió la conversación en algo más relajado, si es que era posible, y menos profesional. - Pero tengo que defenderme de alguna forma, ¿no? El mundo es peligroso -. Sus palabras, que podían sonar a una preocupación real por sí misma, venían acompañadas de una sonrisa que no dejaba lugar a pensar eso. - A penas pude lograr que me dejaran tener una espada de madera aquí, y esperas que me permitan entrenarte -. Si, no sonaba a la mejor de las ideas.

Con algunos meses más, podrían enseñarle a más niños y luego tendrían una epidemia de semi espadachines, cosa que no era buena.

La pregunta de la nueva cocinera dejó en duda a la más joven. Llevó su mano a su barbilla, se giró para contemplar a Uker con aire dubitativo, preguntando en su cabeza lo mismo que luego debería responder. - Un animal… -. Mientras tanto, el cocinero solo la observaba con una sonrisa en el rostro, esperando oír al menos algo no tan malo. - Él es claramente un gran oso -. Tras momentos de dudas, salió con una respuesta segura, mostrando orgullo de sus palabras con una mueca en su cara. - ¿Un oso? -. Uker fue claramente el más contrariado, pues no se hubiera esperado jamás una respuesta así. - Claro. Eres muy grande, pero a la vez muy tierno y abrazable -. El rostro de la muchacha giró para encontrarse con el de Nyra. - ¿No lo crees? -.

- Bien, fue una buena charla, pero Nyra y yo debemos cocinar -. Fue el joven quien retomó su papel de adulto responsable. - ¿Qué te parece si traes tus cosas y terminas ese dibujo del que me hablaste ayer? -. La muchacha de cabellos blancos asintió enérgicamente, saliendo de la cocina a toda velocidad. El muchacho la vio marchar y luego volvió a mirar a la otra cocinera. - Akura es la única niña que tiene permitido estar en la cocina mientras soy el cocinero principal -. Su sonrisa y el cariño por la muchacha eran evidentes. - Muchas veces la molestan, así que le permití estar por aquí siempre y cuando no toque las cosas de la cocina, por eso está esa mesa ahí -. Al hablar señaló con su pulgar la mesa y las sillas donde había colocado su abrigo y sus cosas anteriormente.


- Pero, tenemos trabajo que hacer -. Dio un par de palmadas y se dirigió a donde estaban todos los ingredientes que necesitaban para empezar a cocinar. Y así volvieron a poner sus manos a la obra, aclarando dudas que Nyra pudiera tener. Akura no tardó en volver, ahora con varias hojas e instrumentos de arte, se sentó en su mesa ya designada para ella y comenzó a dibujar como siempre, a veces girando su cabeza para ver al par de trabajadores. - ¿Vas bien con eso? -. Había dejado a la mujer a cargo de la salsa, que siguiera la receta puesta en esa hoja que le había dado antes. - Puedo ayudarte en algo si lo necesitas -. Se acercó a la rubia por si necesitaba ayuda.
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#7
―¡Genial! A mí me encantan los niños, así que seguro que me llevo bien con ellos~.

Era lo bueno de trabajar en un orfanato: luego podías ayudar con los niños en algunas cosas que pudieran hacer falta, como organizarles actividades, enseñarles cosas o animar alguna fiesta de cumpleaños, si la hubiera.

Continuamos hablando hasta que llegamos a la parte de la receta, y muy amablemente me enseña la receta. La cojo con cuidado y la observo con curiosidad, pero casi más útil me resultó ver los fideos. ¡Así que esos son los radiatori! Los había visto antes, pero no tenía ni idea de que se llamaban así. En cuanto a la salsa fileto, siguiendo la receta, no habría ningún problema con ella.

―Vaya, ¿has escrito tú la receta? ―inquiero con genuina curiosidad sin levantar la vista de esta―. Pocas he visto tan detalladas. ¡Se nota que tienes experiencia!

Akura llegó poco después, y mientras continuaba con la receta, escuché la conversación entre ambos sin querer meterme. Realmente yo compartía la visión de la chica, aunque también entendía la perspectiva de mi compañero.

Éste, por su parte, fue muy hábil desviando el interés de la chica hacia otra cuestión, y es que las novedades, como era yo en este caso, solían ser una muy buena baza para ello. Por supuesto, no tardé en darle un tema de conversación que giró en torno a lo único que sabía que teníamos en común: ¡Uker!

Por supuesto, dejé escapar un par de palmadas silenciosas en cuanto la chica dio su opinión. ¡Un gran oso! ¡Sí que le pega!

Sin embargo, no pude verbalizar mi apoyo a su observación, pues el joven no tardó en sacarla de allí con la excusa de traer material para dibujar, por lo que contuve una risita disimulada mientras volvía a mis quehaceres.

Pero… una vez se fue la chica, mi atención permaneció en la historia que el moreno me contó.

―Vaya… ―se me escapó decir, casi para mí misma, mientras preparaba el agua para la pasta―, a lo mejor es por eso que está empeñada en poder defenderse…

Es difícil sentir que eres vulnerable y no puedes defenderte… Quizás, incluso, eso despertara en ella sentimientos de querer proteger a otros para que no pasen por lo mismo. En cierta forma, eso me ocurre a mí también. «¿Por qué aprendiste a defenderte tú, Uker?».

Pero la pregunta murió antes de poder pronunciarse, pues éste cortó mi hilo de pensamiento, recordándome que había trabajo que hacer. Asiento sonriendo, lista para la acción, y de hecho quizás fue buena idea que no hiciera aquella pregunta, puesto que Akura tardó mucho menos de lo previsto. Mientras ella se asienta con sus útiles en la mesa, joven se asegura de que yo lo llevara todo bien. Quizás inesperadamente para él, una risita escapó de mis labios. ¡Qué preocupado está por todo!

―Sí, ¡tú tranquilo! Tu receta ya es maravillosa, así que no tendré el menor problema en seguirla. De hecho, ¡casi seguro que la tengo ya memorizada!

Y así era, en efecto. De hecho, como tengo tan buena memoria, ni siquiera me hizo falta casi volver a consultarla. ¡A Ritsu le encantaría cuando la hiciera un día en casa!

Para que la chica no se aburriera, decidí asegurarme de darle algo de conversación.

―Oye, Akura, ¿qué es lo que más te gusta dibujar? ―inquiero, mirándola de reojo―. ¿Y por qué te gusta tanto? ―Tras un par de segundos de duda, me atrevo a preguntar―. Oye, ¿te importaría enseñarme alguno de tus dibujos? ¡Tengo mucha curiosidad!
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#8
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El cocinero sonrió ante la respuesta de la mujer, sonrojándose apenas un poco ante el halago de su receta. - No es nada tan impresionante, en serio -. Con su mano hizo un gesto de negativa, moviéndola de un lado a otro. - Si no fuera entendible para la mayoría no sería una buena receta, a no ser que busque esconder un secreto de estado -. Rio ante su propio comentario. - Bueno, me quedo tranquilo entonces, vuelvo a mi espacio. No dudes en tomar un descanso si lo requieres -. Levantó su pulgar al decir esto, para luego caminar nuevamente hacia su lugar de trabajo, en donde volvió a volcar toda su concentración.

Tanto que no noto cuando la mink se acercó hacia la niña que había vuelto a la cocina.

Los ojos de Akura observaron a la muchacha con algo de temor, o tal vez era duda. Fue solo ante la pregunta que su mirada se desvió, primero hacia la hoja en la que estaba realizando trazos hace unos segundos, luego hacia el cocinero que tan enfocado estaba en su trabajo que no prestaba atención a las dos. - Me gusta dibujar a Uker -. Al decirlo, le apuntó con un dedo mientras miraba a la mujer frente a ella. - Pero todavía no me sale muy bien -. Su cara hizo un pequeño puchero, quejándose de su propia inexperiencia.

- Me gusta dibujar porque es relajante. Además, así no tengo que pedirles fotos ni nada a los demás, simplemente dibujo lo que me gusta y queda lindo -. Sonrió, de nuevo, ahora más emocionada, mientras rebuscaba entre las hojas y las desperdigaba con cuidado sobre la mesa, para mostrarlas a la rubia. En los papeles, dibujos de algunas cosas variadas, pero lo que resaltaba por su gran cantidad eran los dibujos de comida. - Estos son mis dibujos -. En su rostro, se formó una sonrisa de superioridad, orgullosa de su propio arte sin dudas. - Cuando Uker cocina algo rico, lo dibujo, así luego puedo pedirle de nuevo esa comida sin tener que pronunciar esos nombres complicados y largos que tienen -.

Y si, los dibujos no eran perfectos, pero estaba claro que se trataban de trazos que un niño de esas edad no podría conseguir por pura suerte. Había trabajo tras ellos, mucho esfuerzo y amor puesto en ese hobby que significaba tanto para ella.

- Yo… ¿podría preguntarte algo? -. De pronto, su expresión pasó de nuevo a una más tímida, jugando con sus propios dedos hasta que la mujer le respondiera. - ¿Podría… tocar tus orejas? -. Volvió a mirarla, ahora con mirada de perrito abandonado, juntando sus manos en una súplica disimulada. - Es que.. son tan tiernas. Deben ser muy blanditas -. Al decir esto, se levantó rápidamente y se paró sobre la silla, quedando un poco más alta que la mujer y acercando sus manos al cabello de esta, pero se detuvo y esperó a una confirmación. - ¿Puedo? -.
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#9
A muy duras penas contuve una risita ante la humildad de Uker. ¡Estaba tan mono cuando se sonrojaba! Por un momento iba a comentarle que entonces quizás demasiados secretos de Estado habían escapado a mis ojos ocultas en terribles recetas que me había encontrado durante mi vida, pero ya nos habíamos distraído bastante del trabajo, así que simplemente asentí ante su sugerencia de tomarme un descanso si lo necesitaba (cosa muy poco probable) y regresé a mis quehaceres.

Sin embargo, la llegada de Akura supuso una novedad de lo más interesante. Si ella no tenía muchos amigos, ¡quizás yo pudiera intentar serlo! Y el primer paso para intentar conseguirlo era preguntar por la que parecía su gran pasión: ¡la pintura! … O Uker. No pude evitar mirarla con genuino interés cuando dijo que le gusta dibujar a mi compañero.

―Ah, ¿sí~?

¿Será la típica admiración de una niña hacia su hermano mayor… o quizás uno de esos amores platónicos infantiles? Por suerte, ¡tenía tiempo de sobra para intentar averiguarlo! ¡Qué divertido!

―¡Tonterías! Estoy segura de que ya lo dibujas muy bien. Como mínimo, ¡muchísimo mejor de lo que lo haría yo! ―reí con suavidad al ritmo del movimiento de mi cola.

El olor de la comida iba llenando la habitación conforme pasaban los minutos, y mientras seguía con mis tareas supuse que, por lo que comentaba, para Akura dibujar debía ser el equivalente a cocinar para mí. Algo entretenido y relajante. ¡Y con su edad yo también tendía a preparar únicamente los platos que me salían bien! ¡Al final vamos a tener bastante en común!

―¡A ver, a ver! ―exclamé mientras bajaba levemente el fuego para que no se quemara nada mientras prestaba la mitad de mi atención a la niña―. Uuuh~, ¡son muy buenos, da hambre sólo de verlos! ¡Y los dibujos son un gran sistema para recordar muy bien los platos que has comido! ¿Te has planteado dibujar un menú de lo que vais comiendo a lo largo del día? ¡Podría ser muy divertido!

Pero, por supuesto, no iba a consentir que mi curiosidad fuera la única satisfecha el día de hoy. ¡Que quisiera saber algo de mí, era muy buena señal!

―¡Claro! Pregunta lo que quieras~.

¡Aaaaaaay! ¡Era tan mona cuando se ponía tímidaaaaaaaa!

Una risa cristalina escapó de mis labios sin que pudiera remediarlo.

―¡No te preocupes! Te prometo que no muerdo, ¡dime!
―¿Podría… tocar tus orejas?

Mi mirada se imantó a la de ella, ligeramente más abierta por la sorpresa, al tiempo que mis orejas se irguieron debido al interés. Apenas un segundo después, no me molesté en contener unas suaves carcajadas idénticas a las anteriores.

―¡Claro! Pero con una pequeñita condición ―expuse mientras iba poniendo en práctica el siguiente paso de la receta―. Me cuesta mucho mantener mi cabello limpio, especialmente por la zona de las orejas, que son bastante delicadas, pero si te lavas las manos con jabón y te las secas muy bien con una toalla o un paño limpio, te dejo tocarlas, ¿vale~? ―sonreí alegremente mientras me volvía hacia mi compañero, quien quizás no había escuchado la conversación―. Uker, ¿sabes dónde está el jabón y algún paño limpio para que Akura pueda lavarse las manos?
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#10
La niña esperó una respuesta, con ápice de temor y una muy clara ilusión por escuchar la respuesta de la cocinera, que intentaba ocultar con una expresión seria que no venía muy al caso. Acompañó a su nueva amiga hacia la zona donde ella estaba trabajando sin problemas, escuchando la condición. Al terminar de oírla, asintió de forma enérgica, también otorgando algo de esa energía infantil en su voz. - Claro, claro que lo haré -.

Uker había estado tan concentrado en su parte del trabajo, que no había oído la conversación entre las mujeres. Incluso si lo habían visto, solo se encontrarían con un hombre que murmuraba cosas para él mientras continuaba con su labor, al menos hasta que Akura expresó sus ganas de hacerle caso a la mink. Ahí giró la cabeza, encontrándose con la pregunta de su nueva compañera, sonriendo y apuntando con su pulgar a la zona donde lavaban los platos. Sonrió mientras la más joven se acercaba a lavarse las manos, con especial cuidado de no dejar pasar ni una zona de su piel para no molestar a la mujer que le estaba permitiendo tocar sus orejas.

Uker acarició su cabeza, la niña levantó la mirada y se encontró con la cálida sonrisa del cocinero. - ¿Te diviertes? -. La chica sonrió y asintió, con la seguridad que solo parecía tener junto al pelinegro. Ante la respuesta, Uker se relajó, dejando que ella siguiera lavando sus manos, tarea con la que estaba tardando más de lo esperado, pero en la que quería asegurarse de hacerlo bien.

Incluso se tomó su tiempo para secarse, pero en cuanto terminó se acercó por fin a la otra mujer. Le mostró las manos y dejó que sea ella quien juzgue si tenía permitido o no tocar sus orejas. - ¿Así está bien? -. De nuevo volvió a su actitud tímida, pero el brillo de su mirada mostraba su emoción por el momento.

Con su tarea completa, Uker también había procedido a lavarse las manos, y ahora se acercaba a ellas dos mientras secaba una de estas con un paño. Le ponía feliz ver que la niña tan solitaria que veía día tras día estaba haciendo una amiga por fin.

Aunque, también se trataba de otra trabajadora y no de un niño de su edad. ¿Qué podría hacer para solucionar eso?

- Uker -.

Un llamado llegó desde la puerta de la cocina, se trataba de una mujer adulta, que miraba al cocinero. - ¿Puedo robarte un momento? -. El muchacho asintió, dejando el paño de lado y acercándose a la puerta para hablar con la mujer, en un tono de voz más bajo y que ambos esperaban que no fuera escuchado por las otras dos en la sala. - ¿La nueva cocinera lo hace bien? -. Uker asintió y sonrió, intentando quitarle preocupaciones a la mujer. - Claro que sí, no se preocupe por eso -. La mujer también hizo lo propio y suspiró. - Bueno, si se llevan bien será muy bueno. ¿Akura está molestándolos? -.

Ahora el muchacho negó con la cabeza. - No, sabe que no es una molestia, ella sabe cuando puede y cuando no puede intervenir -. La recién llegada mostró algo de preocupación, pero echó un vistazo rápido al lugar, sobre todo a la niña. - Ella se pasa mucho tiempo aquí. Entiendo que no es tu trabajo, pero si eres el único al que escucha sería bueno que… -. Bajó el tono de voz para que esa parte sí que quede solo entre ellos dos. Uker no pudo hacer más que asentir y sonreír, la mujer le agradeció por su trabajo, al igual que a Nyra, para luego marcharse con prisa. El joven Rackham se giró, posó su mirada por unos momentos en Akura, pensativo, lo que hizo que ella agachara la mirada, oculta detrás de las piernas de Nyra desde la llegada de la otra mujer. Pensaba que había hecho algo mal o que iban a sacarla de ahí, él pudo notarlo, por lo que solo suspiró y se agachó para mirarla a los ojos. - ¿Qué me dices de cortar la fruta? Como te enseñé hace unos días -. Los ojos de la niña se alzaron y brillaron, podía leerse en su rostro una clara intención de gritar “¡¿En serio?!”, la cual fue respondida con un gesto positivo de la cabeza del muchacho.

La jovencita salió con prisa en dirección a la zona donde guardaban la fruta, mientras que Uker sonreía y se levantaba. Miró a Nyra y sonrió, esperando que la conversación con la mujer no le haya mermado los ánimos. - Bueno, ¿terminamos nuestro trabajo? -.
[Imagen: nxACuAB.png]
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