El bramido que despierta la selva [Aventura T3][Presente Relativo]
#11
El silencio que sigue a las palabras de Zhang no es inmediato, sino que se estira como una cuerda húmeda entre los árboles, cargado del zumbido lejano de insectos que regresan poco a poco y del crujido lento de la selva reclamando el claro. Las dos figuras humanas se detienen a unos metros del monolito apagado, intercambiando una mirada rápida, cargada de significado compartido, mientras el viento arrastra hasta ellos el olor tenue de la nieve residual mezclado con barro caliente.

La mujer es la primera en reaccionar. Cierra su cuaderno con un golpe seco y lo guarda bajo el brazo, avanzando un par de pasos más, lo suficiente como para poder observar de cerca las grietas del monolito y los restos del collar dispersos por el suelo.

-¿Fea?- murmura, más para sí misma que para nadie. -Eso era un amplificador de resonancia ancestral. Una pieza única.-

Sus ojos recorren la base de la piedra con rapidez, buscando algo concreto, y durante un segundo su expresión cambia, pasando del análisis al desconcierto.

-Kael…- dice en voz baja. -Falta el núcleo.-

El hombre levanta la cabeza de inmediato, dejando de examinar un fragmento de hueso ennegrecido, y clava la mirada en el barro cercano, donde antes había rodado la “semilla” de piedra. Da un paso hacia adelante, luego otro, hasta detenerse justo frente a Zhang, observando sus pezuñas, la nieve que aún se disipa lentamente y el terreno removido.

Su sonrisa ladeada desaparece.

-Curioso- dice con tono tranquilo, demasiado tranquilo. -Hace unos segundos había aquí un catalizador del tamaño de un puño. Y ahora no.-

La mujer alza la vista hacia Zhang, entornando los ojos, evaluando su postura, su corpulencia y la forma en que se ha colocado, bloqueando sin disimulo el acceso al centro del claro.

-Ese fragmento contiene energía comprimida de la isla- añade ella, con voz firme. -Sin él, todo esto ha sido una pérdida de tiempo… y varios años de búsqueda.-

Kael suelta una carcajada corta, seca, y se lleva la mano al cinturón, donde cuelga una pistola vieja del Grand Line junto a un cuchillo de hoja curva.

-Escucha, amigo burro- dice, inclinando ligeramente la cabeza. -No sabemos qué eres, ni de dónde saliste, pero ese trozo de piedra no te pertenece. Es propiedad de nuestra expedición.-

Da otro paso al frente.

La mujer, mientras tanto, se desliza hacia un lado, separándose lentamente, buscando un ángulo abierto, con una mano ya apoyada en la culata del fusil de su espalda.

-Devuélvelo- continúa Kael, señalando el suelo con la punta de la bota. -Y nos iremos sin problemas. Little Garden ya es suficientemente desagradable como para añadir más violencia.-

El viento vuelve a soplar entre los árboles, levantando hojas húmedas que giran alrededor del claro, y el monolito muerto permanece inmóvil, testigo de la tensión creciente. Desde la distancia, un dinosaurio menor emite un llamado inseguro antes de alejarse, como si presintiera que algo está a punto de romperse.

La mujer aprieta los dientes.

-Si no coopera, Kael… nos retrasará semanas- dice sin apartar la mirada de Zhang. -Y sin el núcleo, no podemos reportar resultados.-

Kael asiente lentamente.

-Entonces lo tomamos por la fuerza.-

Con un movimiento brusco, desenfunda el arma, apuntando directamente al pecho del mink, mientras la mujer da un paso atrás para ganar espacio y comienza a levantar el fusil.

-Nada personal- añade él. -Negocios.-

La selva vuelve a contener el aliento.

Y en el centro del claro, entre barro, nieve dispersa y piedra ancestral rota, el motivo del combate queda claro: el fragmento del monolito es demasiado valioso para dejarlo marchar… incluso si para recuperarlo deben enfrentarse a un extraño mink burro que acaba de derribar a un rey de la isla.

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#12
—Hmmm... El silencio es un regalo que no todos saben apreciar, ¿no lo creen? —comenzó a decir Zhang, su voz suave, pero firme, como quien no tiene miedo—. Mi nombre es Zhang Guolao, mucho gusto. Y si, esa cosa es fea como un golpe en el culo, y mala como... — Prefirió no continuar, pero observo fijamente a la mujer con el arma, era mejor quedarse callado, le era imposible mentir.

El mink se mantuvo allí, como una muralla de pelos y ropa vieja, observando cómo la tensión se materializaba en el aire de aquella selva. Aquellos dos parecían ser un problema, y eso era lo que menos deseaba Zhang, parecían con prisa, y esa era una mala mezcla, inestable... peligrosa.

El señor "Kael" no se inmuto, y pronto comenzó a apuntarle al burro con su arma, Zhang soltó un soplido con su trompa, resignado por todo aquello, y la mujer, más "táctica", se alejo un poco para poder estar a tiro. Malditos niños...Pensó Zhang.

—¿Propiedad de su expedición? —musitó el viejo, su tono fue tan calmo como siempre. Sus pezuñas de burro se hundieron en la tierra mojada, el suelo brillaba sutilmente por el paso de su nieve, en ese vago intento por ocultar aquella "semilla". 

—Ese objeto que llaman "núcleo" ...  Valor de semanas, quizá años. Que perdida de tiempo... Estos niños de ahora—Zhang ladeó la cabeza, haciendo crujir su cuello—. El valor de esa  roca lo determinare yo. - Su único ojo parpadeó, pasando del hombre a la mujer, eran obstáculos en un camino que aquel burro preferiría no andar.

—Una semilla rara, es un recuerdo. Y yo, como el ermitaño, soy un coleccionista de recuerdos.— No iba a ponerse a jugar con esas personas, y de pronto, en el ambiente la tensión comenzaba a acumularse. —Joven Kael, que parece estar decidido a disparar... Querer tomar algo por la fuerza es algo tonto... Cuando no tienes forma de hacerlo... —

La nieve, que hasta ese momento había estado dormida, comenzó condensarse de nuevo en el aire, creando un diminuto velo entre el mink y los exploradores. La temperatura descendió. Único aviso.

—Little Garden es una isla en la que no pueden dar un paso en falso. Ustedes... — Zhang se mantuvo inmóvil. "El catalizador" no estaba a simple vista. Estaba... resguardado bajo capas de nieve y voluntad.

—Si no coopera, ¿dicen? Yo diría que, si aprietan ese gatillo, estarán creando una avalancha que no podrán registrar en sus cuadernitos de expedición.— Y tras decir estas palabras, Zhang abrió la boca y, exhaló con fuerza. Pero no fue aire lo que salió, sino una corriente blanca.

La niebla comenzó a flotar desde su posición, una cortina de nieve que se expandió en un radio de veinticinco metros, engullendo a Zhang, al monolito y borrando la línea de visión de aquellos intrusos. Para Zhang, a pesar de su mala visión, les observaba con claridad. El burro, comenzó a flotar, hasta quedar sobre aquel monolito, observando a los recién llegados desde la distancia.  Esos dos... Habían despertado algo en Zhang... Que llevaba dormido desde los cabos gemelos. 

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Zhang Guolao
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#13
La niebla se espesa en cuestión de segundos, transformándose en un manto blanco y silencioso que devora el claro, apagando los colores de la selva y reduciendo el mundo a sombras difusas y ecos distorsionados. Las copas de los árboles desaparecen primero, luego el monolito, después incluso el suelo cercano, hasta que para Kael y su compañera todo queda reducido a un espacio lechoso donde la profundidad deja de existir y cada sonido parece venir de todas partes a la vez.

-¡Mierda…!- escupe Kael entre dientes, girando sobre sí mismo mientras intenta localizar una silueta, cualquier referencia sólida. -¡Lan, no lo pierdas!-

La mujer ya ha levantado el fusil, apoyando la culata contra su hombro con un movimiento automático, entrenado, aunque sus ojos recorren la cortina blanca sin encontrar un contorno definido. La respiración se le vuelve visible en pequeñas nubes que se mezclan con la nieve suspendida.

Entonces, un movimiento vago atraviesa la niebla. No es una forma clara, solo una alteración del aire, una sombra más densa que el resto. Kael no espera confirmación. Aprieta el gatillo. El disparo rompe el silencio como un latigazo, el fogonazo ilumina la bruma durante una fracción de segundo, y la bala atraviesa la niebla silbando antes de perderse entre los árboles, arrancando corteza de un tronco lejano con un golpe seco. El eco rebota entre las ruinas y la selva, regresando deformado.

Lan dispara casi al mismo tiempo, luego otra vez, midiendo la altura, barriendo el espacio frente a ella con ráfagas cortas, intentando anticipar una posición que no logra fijar. Los proyectiles cortan la nieve suspendida, abriendo túneles efímeros en la bruma que se cierran al instante, como si el aire mismo se negara a ser desplazado. Kael avanza un paso, dispara de nuevo, apuntando más arriba esta vez, recordando vagamente que aquella criatura se había elevado. Nada. Solo hojas cayendo, ramas astilladas en la distancia y el sonido hueco de una bala rebotando contra piedra antigua.

-¡No veo nada!- gruñe, girando sobre su eje, sudor frío mezclándose con el rocío helado en su frente. -¡Está jugando con nosotros!-

Lan cambia de posición, desplazándose lateralmente, intentando crear un ángulo distinto, pero la niebla no ofrece referencias; cada paso podría ser hacia adelante o hacia un árbol, y cada disparo parece ir dirigido contra un fantasma. Aprieta el gatillo una vez más, apuntando al lugar desde donde cree haber oído un leve roce.

El proyectil pasa de largo, perdiéndose en la espesura. Desde dentro del velo blanco, ninguna respuesta inmediata llega. No hay contraataque. No hay rugido. Solo el murmullo constante de la nieve flotando y el crujido distante de la selva. Los disparos continúan durante unos segundos más, desesperados, mal dirigidos, rebotando contra rocas ocultas o enterrándose en tierra húmeda, hasta que los cargadores empiezan a sentirse peligrosamente ligeros y los brazos se tensan por la frustración.

Kael baja el arma apenas un centímetro, respirando con dificultad. Lan aprieta los labios. Ambos comprenden lo mismo al mismo tiempo. Han gastado munición. Han revelado sus posiciones. Y no han acertado ni un solo tiro. En algún punto por encima de ellos, invisible entre copos silenciosos y corrientes frías imposibles para Little Garden, el mink burro observa sin moverse, mientras la nieve sigue cayendo lenta, paciente, como si la isla entera hubiera decidido ponerse de su lado.

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#14
Era extraño cómo todo había tomado un rumbo tan distinto. Quizás era el destino, o simplemente la mala suerte del burro lo que lo había arrastrado hasta aquella zona profunda de la selva, donde la humedad se pegaba al pelaje.

—Hmmm... —se lamentó Zhang suavemente, mientras aquellas personas desesperadas rompían el silencio del lugar con sus armas—. Si no son capaces de usarlas con inteligencia, mejor que no las usen; podrían herir a alguien inocente. —Su voz era apenas un susurro que se perdía entre las hojas.

Zhang se encontraba a varios metros de altura, sostenido por la voluntad de su Akuma y aquella roca vieja. Desde ahí arriba, el mink observaba el espectáculo con una calma casi melancólica. Los ecos de los disparos de Kael y Lan aún parecían resonar en los troncos de los árboles lejanos, pero allí, en el corazón de su niebla, el único sonido era el de su propia respiración pausada. —Estos jóvenes confunden la furia con el propósito. — pensó.

La niebla blanca comenzaba a dispersarse en el aire cálido de la isla, y lo que hace unos instantes parecía un invierno eterno, ahora poco a poco retomaba su aspecto habitual de jungla sofocante. Zhang seguía sobre el monolito, observando a los dos desde su posición privilegiada.

Aquellos dos intrusos le habían arrojado su fuego a un fantasma, habían disparado al aire, y ahora, con los brazos temblorosos por el frío de su técnica y los cargadores ligeros, se daban de bruces con la verdad más elemental: no se puede luchar contra lo que no tiene forma. Sus balas habían sido como granos de arena lanzados contra un glaciar. El glaciar ni se inmutó, pero ahora ellos estaban desnudos ante el invierno.

Era tiempo de que el burro se moviera. Era el momento de darles otra lección a esos dos; a veces, uno solo aprende por las malas. —Ha llegado el momento de que la temperatura descienda otro par de grados. — Murmuro aquel viejo burro suavemente.

Sin previo aviso, la figura del mink en el aire se deshizo. Zhang liberó su forma de burro, renunciando a la solidez para abrazar el poder de su Logia. En un parpadeo, dejó de ser un anciano para convertirse en una masa torrencial de nieve densa, abarcando un frente de cinco metros de anchura. Una avalancha controlada cayendo del cielo.

Impulsado por el dominio total de su fruta, se lanzó en picado. Fue una carga frontal a máxima velocidad que descendió sobre la posición de los exploradores como un castigo divino; incluso aquel monolito negro, que destacaba oscuro entre tanta blancura, sufriría los efectos de su furia al descender.

Tras el impacto, el suelo de la selva se congeló instantáneamente, convirtiendo el barro y las raíces nudosas en una pista de hielo resbaladiza y traicionera. Kael y Lan, con los sentidos embotados y el equilibrio comprometido por el suelo helado, no tendrían oportunidad de mantenerse en pie. La masa de nieve los golpeó con la potencia de un tren marítimo, lanzándolos un par de metros hacia atrás contra el suelo helado. 

Incluso el monolito cercano gimió bajo la fuerza de la nieve. La piedra antigua, que ya estaba agrietada, se cubrió de una capa de escarcha tan violenta que la roca crujió, sonando como si estuviera tiritando de frío, haciendo que las grietas crecieran más y más.

Zhang no se detuvo a comprobar el daño. Aprovechando el impulso de su propia técnica y la confusión de sus oponentes derribados, la masa de nieve continuó su trayectoria. Se deslizó a gran velocidad entre los árboles gigantes, alejándose del claro y perdiéndose en la espesura de la jungla, llevándose consigo el frío, la niebla y el premio que aquellos dos habían buscado con tanta, y tan inútil, prisa.
O al menos, eso es lo que parecería, pues aquel burro si bien se perdió en medio de la jungla, opto por retomar su forma detrás de unas gigantescas hojas, a unos 15 metros de aquellas dos personas, Zhang se mantuvo quieto, en silencio, esperando curioso por la reacción de los jóvenes. 

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Zhang Guolao
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#15
El golpe llega envuelto en blanco. La avalancha cae desde lo alto como una pared viva, un torrente compacto de nieve y frío que aplasta el aire antes incluso de tocar el suelo, y cuando impacta contra la posición de los exploradores, el claro entero parece encogerse bajo la fuerza del descenso. El barro se solidifica en un instante, las raíces quedan atrapadas en una costra de hielo brillante y traicionera, y Kael y Lan son levantados del suelo como muñecos sin peso, arrastrados por la masa helada y lanzados varios metros hacia atrás, girando sobre sí mismos antes de estrellarse contra la superficie congelada con un sonido seco y hueco. Kael rueda primero, perdiendo el arma en el impacto, su cuerpo deslizándose sin control sobre la pista improvisada, hasta chocar contra un tronco caído que detiene su trayectoria de forma abrupta. Lan aterriza poco después, golpeando con el hombro y quedando de lado, jadeando, con el fusil escapando de sus manos y deslizándose lentamente hasta desaparecer entre la escarcha.

El claro queda cubierto por un silencio brutal, roto únicamente por el crujido del hielo expandiéndose y el gemido profundo del monolito, cuya superficie negra ahora está recubierta de una capa blanca que se agrieta como porcelana vieja. Kael intenta incorporarse. Apoya una mano en el suelo helado, pero esta resbala, y vuelve a caer de rodillas, maldiciendo entre dientes mientras trata de recuperar el aliento, sin darse cuenta de que la selva, apenas unos metros más allá del borde del claro, ha vuelto a moverse.

Primero es un temblor. Luego el sonido inconfundible de ramas gruesas partiéndose. El Tyrannosaurus rex emerge entre los árboles con una presencia que eclipsa cualquier resto de violencia anterior, su cuerpo masivo atravesando la cortina vegetal como si fuera papel húmedo, las escamas aún marcadas por la humedad del combate pasado, pero ahora libres del brillo enfermizo que antes las recorría. Sus pasos son firmes, pesados, deliberados, y cada uno de ellos hace vibrar el suelo congelado bajo sus patas.

Lan es la primera en verlo. Sus ojos se abren de par en par, y un grito ahogado se le queda atrapado en la garganta.

-Kael…- consigue murmurar, arrastrándose hacia atrás con torpeza, las manos patinando sobre el hielo.

Kael gira la cabeza justo a tiempo para encontrarse con la sombra enorme cayendo sobre él. No llega a levantarse. El Tyrannosaurus baja el cráneo con un movimiento rápido, preciso, y lo toma entre sus mandíbulas como si fuera una presa menor, levantándolo del suelo sin esfuerzo. Hay un instante suspendido, un breve crujido apagado, y luego el depredador alza la cabeza y engulle, cerrando la boca con un sonido húmedo y definitivo.

Todo ocurre en segundos. Lan observa la escena paralizada, el rostro pálido, el cuerpo temblando de frío y terror, mientras la sangre se mezcla con el hielo bajo sus botas. Cuando el dinosaurio vuelve a posar la mirada sobre el claro, ella reacciona por puro instinto, se pone en pie como puede y echa a correr hacia la selva, tropezando, resbalando, empujando ramas y hojas gigantes con manos torpes, perdiéndose entre los árboles mientras su voz rota queda atrás, maldiciendo al mink entre sollozos.

-¡Maldito seas…! ¡Maldito seas, burro de mierda…!-

Su figura desaparece pronto entre la vegetación cerrada, devorada por la jungla como si nunca hubiera estado allí.

El Tyrannosaurus permanece un momento más en el claro, respirando hondo, dejando escapar un resoplido caliente que empaña el aire frío, antes de girarse lentamente y regresar por donde vino, internándose de nuevo en Little Garden con pasos tranquilos, como un rey que ha recuperado su dominio.

El claro queda suspendido en una calma pesada después de la huida de Lan y la retirada del Tyrannosaurus, una quietud extraña donde el frío aún se aferra al suelo como una piel nueva, mientras el calor tropical intenta reclamar su territorio gota a gota, hoja a hoja. La escarcha comienza a resquebrajarse con pequeños chasquidos, formando líneas finas que recorren el barro congelado y las raíces expuestas, y el aire, todavía cargado con residuos de aquella energía ancestral, vibra con un murmullo apenas perceptible.

El monolito es el primero en ceder. La piedra antigua, ya debilitada por la grieta abierta durante el caos anterior, no soporta la combinación del frío extremo y la liberación abrupta de su núcleo. Desde su interior nace un crujido profundo, como el suspiro final de algo que ha sostenido demasiado peso durante demasiados siglos. La superficie negra se cubre de venas blanquecinas, y en cuestión de segundos esas líneas se multiplican, ramificándose como telarañas de hielo.

Luego llega el colapso. No es una explosión violenta, sino una rendición lenta y triste: los bordes del monolito se desmoronan primero, cayendo en fragmentos secos que se convierten en polvo antes incluso de tocar el suelo, seguidos por el cuerpo central de la piedra, que pierde cohesión y se derrumba sobre sí mismo, deshaciéndose en una nube gris oscura que el viento arrastra entre los helechos y los troncos cercanos. Los símbolos antiguos desaparecen sin ceremonia, borrados como escritura sobre arena mojada, hasta que en el lugar donde se alzaba el faro de destrucción solo queda un montículo irregular de polvo y grava inerte. La selva responde con un susurro colectivo, hojas agitándose suavemente, ramas acomodándose, como si la isla reconociera que una carga vieja acaba de ser retirada.

A cierta distancia, oculto entre las hojas gigantes, Zhang puede notar cómo la energía restante se apaga del todo. Dentro de su propio cuerpo, la “semilla” de piedra que había absorbido pierde el último vestigio de calor y luz. Aquello que antes palpitaba con un brillo tenue y antinatural ahora se vuelve opaco, pesado, reducido a un fragmento frío y silencioso, más parecido a una roca común que a un catalizador ancestral. El resplandor muere sin resistencia, apagándose como una brasa olvidada bajo la lluvia, y con él se disipa la última presión invisible que aún flotaba en el ambiente.

El frío comienza a retirarse lentamente del claro. El hielo del suelo se agrieta y se derrite en pequeños charcos, el vapor asciende en hilos delgados entre la vegetación, y los primeros insectos se atreven a romper el silencio con cantos tímidos. Little Garden vuelve a respirar con normalidad, reclamando lo que queda del desastre con su paciencia eterna.

Donde antes hubo un monolito cargado de poder, ahora solo queda polvo. Y donde hubo un núcleo brillante, ahora reposa un recuerdo apagado, guardado por un viejo mink burro que observa en silencio cómo la isla cierra otro capítulo de su historia primitiva.

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*Pienso*  -Hablo-  Narro
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#16
Las dos personas, se vieron envueltas en medio de aquella avalancha blanca, y fueron arrastradas por la furia invernal.
Zhang, desde las sombras, observó. Aquel ataque seria un recordatorio, para que aprendieran a respetaran a sus mayores. Pero, lo que fue cómico por unos instante, pronto cambio abruptamente. 

El crujido de las mandíbulas del T-rex sobre Kael, fue el clímax de aquella conversación. Zhang, se encontraba oculto, y curioso, no apartó la vista de aquella escena, y aunque no veía mas que sombras, entendió lo que estaba sucediendo de inmediato.

Aquel viejo pirata no sintió lástima, ni tampoco felicidad; solo un respeto profundo y silencioso que se le debe a la fuerza de la naturaleza... Kael había elegido luchar contra Little Garden, y aquella isla, le había respondido enseñándole sus dientes.


—La cadena alimenticia desayuna errores...Hmmm —murmuro aquel burro mirando hacia aquella escena de terror, mientras su pierna golpeaba el suelo terminando aquel movimiento involuntario, que le caracterizaba—. Y la selva nunca desperdicia nada. - Zhang, espero paciente, a que los pasos de aquel dinosaurio se desvanecieran en el aire... Y cuando el último temblor cesó... aquella mujer, desapareció muerta de terror entre la maleza, y solo hasta entonces, Zhang salió de su escondite.

Sus pasos pesados, fragmentaban aquella capa de escarcha fina que comenzaba a derretirse bajo el calor de Little Garden. Ahora aquel monolito, no era mas que un recuerdo vuelto ruinas en medio de una isla perdida, pocos recordarían lo que había pasado aquella tarde, pero aquel medico errante, recordaría la furia de sus pasos. 

Zhang caminó hasta donde el arma de Kael había caído. Era un instrumento de muerte... ajeno a la vida. Pero, con un suspiro, se agachó y la recogió. —Seria un desperdicio dejar que este metal se pierda en este lugar—murmuró el viejo burro, mientras guardaba el arma y recogía un par de objetos que habían quedado esparcidos en la huida y muerte de los "investigadores". Los recursos, al igual que los recuerdos, debían ser preservados.

Luego de esto Zhang movió sus manos a su pecho, donde logro sentir como aquella energía finalmente había desaparecía. Y así, su propio cuerpo expulso aquella roca que había decidido resguardar... Aquella semilla cayó en su mano grande y callosa. Ahora ya no brillaba; era pesada, opaca, una roca fría que parecía nada más y nada menos que eso. 

Aquel viejo, se encogió en hombros —Tanto ruido por una piedra dormida... —Zhang la observó por un instante, y luego la envolvió entre hojas verdes y gigantes, y la guardo con cuidado en el fondo de su mochila—. Tengo el lugar perfecto para ponerte. Necesitaba un pisapapeles. 

Aquel claro se encontraba maltratado. Sus raíces congeladas, la tierra herida, y el aire helado... era algo que él había causado. Se quitó el sombrero, y cerrando su ojo bueno hizo una pequeña reverencia hacia los árboles y la tierra que había lastimado para protegerse.

—Perdona el frío, vieja amiga —se lamento al viento, una disculpa sincera a la selva—. La escarcha se irá, y tus raíces se impondrán de nuevo. Gracias. 

El sol comenzaba a caer, tiñendo el cielo de naranjas, que contrastaban con la oscuridad de hace unos pocos minutos, así era la vida en Little Garden, perfecto para el día gélido que había provocado. Zhang caminó un poco, hasta que finalmente encontró la orilla, y a lo lejos, el Wu Wei se mecía tranquilo sobre aquel mar dorado. Zhang, continuo su camino, tenia una buena historia para contar esta noche. 


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Zhang Guolao
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Cambios en estadísticas
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Energia: 1074 + 28 = 1102
Espiritu: 354 + 0 = 354
#17
✓
Aventura TX: Completada

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