[Pasado] Calm After a Storm | [Privado] | [+18]
#21
¿Por qué? Ni siquiera él lo sabía, solo estaba contemplando los ojos de Tezca, finalmente parecía que al menos el ambiente se calmaba. Su cuerpo seguía temblando, lentamente disminuyendo la intensidad. Sus ojos se elevaron, buscándole con la mirada una vez más. Sus nudillos estaban heridos, pero no podría importarle menos.

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—Porque así escucho tu voz.

Y no solo en gemidos. No le importaba cómo fuera a ser. El vaho comenzaba a salir de entre sus labios, sus ojos se suavizaban lentamente, incluso cuando su mente todavía parecía ser caótico. Sus manos, pese al dolor y el temblor, una se mantenía en su miembro y, la otra, cruzaba los dedos de su única mano libre, colocándolo sobre su cabeza. Los jadeos se escuchaban desde sus labios, sus caderas se movían, su propia erección podía sentirse y percibirse desde el pantalón que cargaba. Ahora la condenada tela, pese a ser la única que llevaba encima, le resultaba hasta molesta.

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—Estoy cómodo, no te preocupes por eso…

Aún así, al sentir el movimiento de Tezca, él mismo se movió también, elevando sus rodillas sobre la mesa, volviendo a enfocarse en sus labios, besándolo intensamente. La respiración era agitada y, maldición, su erección dolía. Lo necesitaba dentro. Maldijo tener la protección en las habitaciones, no quería moverse, pero deseaba tanto penetrarlo que sentía que se iba a volver loco. Sus labios se separaron de los suyos, ahora descendiendo entre un beso y otro, lentamente, suavemente. Sintió la mano libre del contrario sobre su frente, sobre aquella marca que siempre cargaba, y desde hacía años. Lejos de alertarse, solo elevó su cuerpo, frenando a medio camino. Sus ojos se cerraron, agradecido por el tacto, agradecido porque en silencio no lo insultara.

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Poco a poco abrió sus ojos, incluso el movimiento de sus caderas había cesado. No estaba molesto, no estaba en estado de alerta, solo sus temblores comenzaban a disminuir. Sentía que, incluso con esa marca… lo aceptaba. Su respiración poco a poco comenzó a normalizarse, sus ojos se entreabrieron lentamente y separó la mano que sujetaba la suya, tomando la suya, acariciándola con cariño, cuidado, besándola incluso. —¿No te molesta…? — Ah… ¿por qué mierda era tan maravilloso en todos los aspectos? Sus ojos se volvieron de nuevo a sus ojos, reacomodando la mano de vuelta hacia la marca de su frente. Justamente a eso se refería cuando no quería que se alejara de él. Tomó de vuelta su otra mano, descendiéndola hasta su propia erección. —Ayúdame también…
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#22
Ya sabía que era una fibra demasiado sensible, pero aun así escucharlo me tomó por sorpresa. Sus palabras no eran dramáticas ni grandilocuentes; precisamente por eso dolían más. Lo observé con cuidado, casi conteniendo la respiración, como si un gesto brusco pudiera romper algo que ya estaba resquebrajado. No quería verlo así de vulnerable, mierda. Había una desnudez incómoda en su forma de hablar, en cómo evitaba mirarme mientras dejaba escapar aquello que llevaba tiempo guardado.


Me sentí más tranquilo al notar como su respiración se normalizaba, se tranquilizaba por supuesto y yo a su par, sonriendo ante el beso con ligereza mientras sentía como el calor se subía a mi rostro: Me sentía bien c por supuesto que lo hacía pero no podía evitar sentir una dicha cuando las acciones ajenas me hacían sentir como el único hombre en el mundo. — Te lo he dicho antes… Mi curiosidad por tu cicatriz no es hostil ¿Por qué me molestaría algo que es parte de ti? ¿Me entiendes? Solo me gustaría darle un nuevo significado en tu vida.— La amabilidad en esas palabras me sorprendía aunque las palabras en sí no lo hacían; parecían controladores, casi siempre parecían tal y ni siquiera podía retirar el tacto de mi mano en su piel y aún así había sido tan tonto.

Casi nunca me pasaba esto, por supuesto que no, siempre era el más ágil, más rápido, listo, pero había olvidado por completo tocarlo de regreso, como si necesitara una guía para complacerlo, que estupidez. Solo asentí con cierta vergüenza, colando mi mano en su pantalón para poder masturbarlo tortuosamente lento, un tanto incómodo por la dificultad que daba su pantalón, así que dejé de acariciar su frente por unos segundos para poder bajarlo y así aumentar el ritmo del vaivén. —Te necesito más cerca…— murmuré entre quejidos, arqueando ligeramente la espalda para utilizar mi mano libre y tomar su mano, besando suavemente sus nudillos, esperando que eso no le doliera.
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#23
—Solo me gustaría darle un nuevo significado en tu vida.

Sus ojos se abrieron de par en par, sus movimientos de repente frenaron, incluso el dolor que pudiera sentir en sus nudillos parecía haber desaparecido. No, no era eso. Era que todo el mundo se había parado ante las palabras que acababa de pronunciar el rubio. ¿Cuánto tiempo pasó? Ni siquiera él podía calcularlo, sus ojos solo se mantuvieron contraídos en dos pequeñísimos círculos, fijos en el contrario, por primera vez, sin palabras a las que responder.

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—…

Sintió una sacudida en su pecho, una punzada de dolor. ¿Era dolor? No lo parecía… una mezcla de alivio, felicidad, dolor, comprensión, todas las emociones se le estaban acumulando, creando latidos que podía sentir incluso desde su propia garganta. Su mentón comenzó a temblar, sus ojos parecían querer humedecerse. ¿Por qué lo trataba tan bien? ¿De dónde diantres había salido alguien como él? Solo lo convenció de algo: Pasara lo que pasase, no quería alejarse de él, no a menos que fuera para protegerlo, no a menos que fuera algo indispensable… No podía dejarlo ir.

Los ojos comenzaron a dilatarse, acercándose a él para besar, en esa ocasión, su frente. Respeto, ese era el simbolismo de dicho acto. Uno que se merecía y se había ganado. Apretó los dientes cuando sintió, al fin, la mano tocar directamente su erección por dentro de su pantalón, recordando al instante que lo había dejado a medias. Ah mierda… Sus caderas se movían por la tortura que le suponía su lentitud, mas no iba a quejarse. Trató de trazar con el movimiento de las mismas el vaivén en la medida de lo posible. Sus jadeos escaparon de sus labios, aprovechando la cercanía para volver a enfocarse en sus labios, besándolo con intensidad y hambruna. Incluso cuando sus pantalones fueron bajados, su propia erección se sacudió tras la liberación, como una pequeña contención que deseaba salir desde el inicio. El jadeo escapó de entre sus labios, cargado de placer. Su propia mano retomó también el vaivén y no pudo hacer más que pensar en lo bello que se apreciaba. Agradeció silenciosamente que aquella mesa fuera de tan alta calidad y se mantuviera firme incluso con ambos sobre ella.

Quizás habría habido quejido, pero sentir una vez sus labios en su mano lo calmó incluso más. Un gesto que parecía tan sencillo como cálido. Sus palabras eran claras, los movimientos de su mano, y la propia, ya gritaban lo que él también deseaba, incluso antes de que el rubio lo pronunciara. Deseaba penetrarlo, deseaba estar dentro de él con una intensidad como ninguna. Su otra mano descendió, terminando de desabrochar el pantalón, apartándolo, sus caderas seguían moviéndose, ansiosos, mientras sus labios se acercaban a su oído, entre jadeos.

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—Espero que no te importe… tengo los condones arriba.

Su voz temblaba por el placer, su cuerpo se contorsionaba. Abrió su mano, ahora liberando el miembro ajeno, buscando así unir los dos, mientras lo volvía a besar, pero sus labios descendieron lentamente hasta uno de los botones de su pecho, paseando su lengua en un inicio a su alrededor, luego descendió su otra mano, haciendo una cuidadosa intromisión en su entrada, utilizando su dedo corazón. Después de tanto tiempo, no quería dañarlo, por mucho que deseara entrar de golpe, por mucho que deseara tomarlo aunque le doliera, Tezca era demasiado valioso para algo así. 

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—Haaahh... Tezca...
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#24
¿Algo estaba mal? El hombre se había detenido, mirándome como si hubiera… no estaba seguro, pero me miraba, era ciertamente indescifrable mientras lo miraba de regreso en la quietud, respirando sonoramente mientras intentaba analizarlo ¿Pudo ser lo que dije? Hablé en crudo, sin más, no esperando reacción pero obteniendo una, hasta que sentí sus labios sobre mi frente y no pude hacer más que cerrar los ojos; aquel sentimiento cálido y extraño llenando mi ser, casi olvidando lo que realmente estaba haciendo, aún así mi mano, por simplemente similitud continuó con los movimiento pero mi cerebro no podía evitar sentirse más que nublado u en este preciso momento ni siquiera era por la excitación del momento, era algo más profundo, algo que estaba generando unas putas raíces que probablemente ni siquiera supiera arrancar, ni quisiera. No estaba acostumbrado a actos de ternura, casi quería abofetearlo por confundirme pero tampoco pude alzar la mano. Todo en esta situación era un gran hubiera y eso me frustraba.


Ante la cercanía y el detener de su mano, tomé ambos miembros con cierto temblor en la mano, moviéndolo mi tacto de forma rítmica, entrecerrando los ojos ante el sentimiento mientras intentaba formular palabras. — Creo que… hemos pasado ya por eso como para pensar que me importa ¿me entiendes?— El final de esa frase fue aguda mientras apretaba nuestras intimidades entrecerrando conjunto arqueando la espalda al sentir su húmeda lengua contra mi rosado botón, escuchando el ligero mover de la mesa ante el rápido movimiento, era mejor si no me movía mucho. — Insistes… tanto en esto.— No estaba seguro que fuera una queja pero parcialmente quería que sonara así, mientras intentaba omitir lo que su jodido tacto en mi interior me hacía sentir; solo quería que me rompiera. El hombre era más alto que yo, así que no alcanzaría a tocarlo de regreso, además que uno de mi manos estaba ocupada mientras la otra subía a su cuello, apretando su manzana con cierta fuerza; Neceistaba recuperar el control aunque realmente no lo tuviera, necesitaba sentirlo a mi merced porque el ya me tenía en la suya y yo no pierdo.
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#25
Su mandíbula se tensaba, el placer que le estaba generando ascendía a la vez que trataba de introducir un segundo dedo, moverlo en el interior. La explosión de emociones todavía peleaba en su interior, unas que seguía sin comprender, todo estaba siendo demasiado confuso, demasiado intenso. No, eso ya no era solo el sexo, era algo más, algo desconocido, algo que le oprimía el pecho con una intensidad que no recordaba previamente. Era cálido, doloroso, agradable, punzante... todo tan contradictorio como único. ¿Qué diantres estaba siendo esa maldita sensación? Solo... lo quería junto a él, era el único que parecía darle semejantes sensaciones. No quería huir de él, no quería alejarse de él. Tenía la clara convicción de que si lo apartaba de su vida... No sería lo mismo. ¿Podría siquiera vivir sin él? Algo que nunca antes había pensado con nadie más, algo tan íntimo, demasiado profundo. ¿Cómo alguien como él había alcanzado a ser tan profundo? ¿A llenarlo tanto en su interior? No le encontraba explicación, no lo comprendía. 

Sus dedos siguieron moviéndose, acelerándose, sus caderas se movían al ritmo que marcaban las manos ajenas, sus labios jugueteaban con sus botones, primero el de un pecho, luego el otro, procurando que ambos tuvieran la misma atención. Su mirada no se apartaba sin embargo del rostro ajeno. No había pedido nunca tener sexo sin protección con nadie y la primera vez fue con él... Maldición... Ahora solo lo deseaba de vuelta, tenerlo, poseerlo, marcarlo como suyo. Sí... Tezca era suyo. El recuerdo de la llegada aquella primera noche de los eventos lo volvió a cegar, mordiendo su pecho con firmeza, dejando una nueva marca de sus dientes en el mismo. No iba a permitir que nadie más lo poseyera, no de nuevo. 
Tezca era suyo.

No podía aguantarlo más, y más ante la confirmación del contrario. Retiró sus dedos con cierta urgencia, apartando sus manos, ahora sosteniendo las piernas por debajo de sus rodillas, elevando el cuerpo ajeno. El sudor recorría su frente, sus ojos cargados de emociones que ni él comprendía solo lo observaban desde su posición. Maldita sea... ¿cómo era posible ver semejante belleza y obra de arte frente a sus ojos? Sus temblores ahora no eran debidos al shock de su recuerdo, sino más bien la excitación, las emociones que se mezcaban entre sí mientras apartaba sus manos. 

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—No te atrevas a arrepentirte...  

El vaho salía de entre sus labios, el calor ascendía por todo su cuerpo, la emoción de volver a sentirlo después de tantísimo tiempo. Se había contenido por demasiado, alguien como él, que casi a diario tenía este tipo de emociones, y ahora solo lo deseaba. 

Su miembro se acercó a su entrada, la excitación incrementaba, su lengua jugueteando en el cuello ajeno. Se relamió, sintiendo entonces los dedos ajenos en su propio cuello. Elevó la mirada una vez más, momento en que sintió el apretón, la falta de aire, el dolor... Ah, mierda... Su erección se sacudió, ahora insistente, no esperó, no podía soportarlo más. Entró, trató de controlarse, ir despacio, lento... pero fue incapaz. Entró la mitad de una sola estocada, requiriendo de una voluntad demasiado elevada para no terminarlo todo de un solo golpe. Esperó, trató de hacerlo, en serio que lo interntó, pero su interior era tan cálido, su tacto único. Su cuerpo se adelantó, empujando un poco más, esta vez despacio. —Lo siento... No puedo... Lo siento... Te necesito... — Maldita sea, no podía mantener su mente serena. Tantas cosas, todo tan repentino, todo tan consistente. Sus labios se entreabrían de puro placer, su cuerpo se contraía, sus músculos se tensaban. 

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—Tezca... No dejes... que nadie más te haga esto... Nadie más que yo... 

La sola idea de imaginar que alguien más lo tomaba lo llenaba de furia. Era suyo, era solo suyo. Su Tezca, su... su querido Tezca. Maldita sea. Tomó ambos glúteos, apretándolos más hacia sí, buscando penetrarlo por completo.
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#26
No pude evitarlos gemidos y jadeos de placer que salían de mis labios cubriendo estos con la mano que anteriormente lo ahorcaba, mirándolo directamente con un rostro complaciente. Habían pasado algunos días pero no podía evitar sentirlo como si fuera la primera vez que estuviéramos juntos: su tacto estaba hirviendo sobre mi piel mientras sentía como despegaba mi cuerpo de la mesa, sentía que entre tanto me era incluso tardío reaccionar, aferrándome a la presencia ajena mientras continuaba estimulándome, mi pecho levantándose con rapidez, deteniendo mi respiración con una leve mueca de dolor cuando lo sentí en mi interior, pero había algo que no me gustaba del todo: sus disculpas, que se contuviera. Eso comenzaba a hacerme sentir un poco molesto. Sentí mi cuerpo estremecerse, mis piernas temblar y mi corazón latiendo con fuerza y esas palabras resonaban en mi cabeza, pero me impedía responderle. —¿Qué estas diciendo…? ¿Qué mierda te disculpas? Hablas demasiado para estar jodidamente caliente ¿me entiendes? — Me negaba a pensar en lo mucho que esas palabras aplicaban para mi situación.
 
No pude resistirlo más. Apoyé una mano en su pecho y lo empujé con fuerza hacia un costado mientras me acomodaba encima suyo; el golpe seco de su espalda contra la mesa resonó sordo en el aire, un ruido breve y contundente que me erizó la piel. La superficie tembló bajo nuestro peso, y por un instante todo pareció detenerse, como si el mundo hubiera contenido el aliento. Aun así, fui yo quien dejó escapar un quejido ahogado, no de dolor, sino de la tensión acumulada, de ese impulso irrefrenable que me recorría el cuerpo y me hacía sentir el impacto como propio, vibrando todavía en el pecho, lo seguía sintiendo en mi interior, llenándome por completo sin permitirme un ligero descanso por lo que iba a corresponderle igual.
 
 
Podía resolver mi mente, por supuesto, esto no era nuevo simplemente me negaba a sentirlo y con el mísero poder que ahora tenía sobre él, mirándolo debajo mío: Me sentía obsesionado. Solo podía observarlo mientras mis manos se deslizaban de regreso a su cuello, esta vez ambas, sin apretar, solamente posándolas mientras comenzaba a moverme, mordiendo mi labio inferior hasta hacerlo sangrar.
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#27
Las palabras parecían confundirlo y, una vez más, emitió un sonido de entre sus labios cuando sintió su espalda golpear la propia mesa. Casi parecía querer ceder ante la repentina agresividad. Los gemidos escaparon de entre los labios del pelinegro, ahora viéndose debajo de él. No podía hacer más que contemplar el cuerpo ajeno, con el brillante medallón en su cuello como único acompañante. ¿Cómo podía haber semejante perfección como un lienzo en forma de un solo hombre?

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—Tezc-... ¡Ahh!

Arqueó la espalda, sus ojos cegándose, su cuerpo contorsionándose ante el placer. Sus manos involuntariamente volvieron hacia el cuerpo ajeno. Trataba de contenerse, de no dañarlo, y allí estaba él ahora, prácticamente obligándolo a sentirlo todavía más. No podía, no bajo la explosión de emociones, que todavía lo mantenían confundido, aquel recuerdo que tanto le había destruído. Maldita fuera su afán de desearlo como lo hacía en ese mismo instante. No podía dejar de sentir su erección en el interior ajeno. Sus manos se aferraron a ambos lados de su cadera, con firmeza, sin cuidado, empujándolo hacia abajo con fuerza, moviendo sus caderas para penetrarlo incluso más si es que era posible. 

Los ojos se elevaron, sintiendo su mirada, percibiendo sus dedos sobre su propio cuello. Su cuerpo se tensaba ante las sensaciones. Incluso con el recuerdo de su madre, aquel odio incondicional e irracional, aquella sensación de sentirse tan insignificante se habían vuelto tan intensos, ahora no parecía estar lejano, como un vago recuerdo que se perdía en el tiempo. 

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—Tezca... 

No era capaz de abandonar su nombre de sus labios, sus movimientos, los mismos que hasta entonces había estado conteniendo, ahora se volvieron más bruscos, sin cuidado, entrando con fuerza en el interior del chico. Sus dientes se apretaban, sus ojos parecían perder la concentración. ¿Lo iba a estrangular? ¿Quizás lo iba a ahogar? No importaba, agregaba mayor placer a la situación, lo llenaba todavía más. Hubiera deseado una respuesta ante las palabras que había pronunciado, pero ahora parecía que incluso dicho pensamiento se desvanecía. 

Las uñas comenzaron a clavarse en su piel, sus manos temblaban, podía ver el rostro ajeno, su cuerpo perfecto, sin una sola cicatriz, tan limpio y tan... único. El nombre del contrario no dejaba de salir de entre sus labios. No se sintió diminuto como en el momento de su recuerdo, tampoco insultado al ver que Tezca buscaba tomar las riendas. No... ahora solo podía disfrutar del momento. Su tono grave no dejó de emitir gemidos, uno tras otro, su diestra ahora apartándose de su cadera, aprovechando que el contrario tenía que descender para alcanzar su cuello con ambas manos y, sin aviso alguno, inició una segunda ronda de masturbación, todo eso sin dejar de moverse violentamente en cada embestida, con movimientos que sus propias caderas acompañaban y la mano contraria.
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#28
Estaba cerca. Demasiado. Sentía el placer recorrer mis venas mientras cerraba el agarre de su cuello a la par de mis ojos, gimiendo ruidosamente mientras me movía erráticamente siento como necesitaba aún más al hombre, necesitaba verlo así que mi falta de visión fue muy breve, observando aquellos hermosos ojos azules enfocados en mi. —Jin… por favor… — Lo dejé al aire, inclinándome aún más para finalmente besarlo, aliviando ligeramente el agarre para que pudiera respirar, saboreé sus labios con cierta dedicación, gimiendo sobre estos hasta que tomé la decisión de separarme dejando un suave beso sobre su mejilla, recuperándome ligeramente para volver a mirarlo y entonces arquear al espalda al sentir como llegaba al orgasmo sin saber si me ruborizaba por la vergüenza de mirarlo directamente a los ojos o de estar a mi limite, ensuciando la mano del mayor mientras evitaba gemir tan fuerte lloriqueando ligeramente. —Carajo…— Me sentía patético.
 
Pero eso claramente no me detuvo. Quería llevar al contrario al límite por lo sin recuperarme del todo continué moviéndome, sintiendo como me penetraba una y otra vez sobreestimulandome, bajando mis manos a su pecho para sostenerme mejor, comenzaban a fallarme los músculos, de eso no había duda ¿Tal vez por no haber desayunado? Cerré los puños sobre su piel, mirándolo con súplica solicitando ayuda mientras notaba las rojizas marcas sobre su pecho, enfocándome en estas.
 
No iba a pedirle ayuda, tampoco es como que realmente fuera capaz de ello al ser lo único que salía de mis labios gemidos mientras su preguntaba resonaba en mi mente, fue difícil llegar a una conclusión, desesperado por la atención ajena pero no sabía por cuanto más podría continuar. —… Bien, si eso es lo que quieres me contendré ¿me… entiendes? — Finalmente respondí en un quejido, nunca había sido leal a nadie desde él, no había pensado en tener una sola pareja desde hace mucho tiempo, fue tan difícil decir eso y seria aún más difícil cumplirlo pero en verdad no quería perderlo.
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#29
Su interior lo estaba apretando de formas que no recordaba antes. O tal vez era que aún no se terminaba de acostumbrar... quizás incluso fuera que llevaba demasiado tiempo sin mantener el acto en sí con él, ¿o era la ausencia de protección? Podría ser la combinación de todo tal vez. No importaba, solo sabía que se sentía demasiado malditamente bien. Mordió su labio inferior, sus muslos estaban temblando a cada movimiento, su mano elevaba la velocidad de la masturbación. Pronto los ojos se volvieron en blanco debido a la estrangulación del rubio, el pico de placer ascendiendo.

El aire parecía regresarle al serle aflojado el apretón, siendo dicho gesto sustituído por el beso ajeno. Aún así, no deseó que cesara, ni que lo alejara. Sus caderas siguieron moviéndose frenéticamente, sin cesar en ningún momento. Se sentía complacido, lleno de él... Maldición... ¿Cómo no hacerlo? Cerró sus ojos, inundado en el placer, disfrutando de sus labios, abriendo los suyos propios para introducir su lengua. 

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Pronto sintió el cálido fluido del hombre sobre su cuerpo, incluso sobre parte de su rostro. No le molestó, por el contrario, que siguiera moviéndose era una delicia. Sus ojos se elevaban, cargándose del éxtasis. Sentía que se volvía loco, sus ojos se desenfocaban, perdiéndose lentamente en el blanco, elevándose.

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—Tezc-.... ¡Haah! S-sal... voy a... 

Apretó los dientes, estaba llegando al éxtasis, al clímax. Sus brazos se arañaron de nuevo a sus caderas, moviéndose hasta los glúteos ajenos, apretándolos hacia con fuerza, sus uñas marcándolo con fuerza. Arqueó la cabeza hacia atrás, no podía soportarlo más. 

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—¡TEZC-AA~!

No pudo evitarlo, del mismo modo que él, eyaculó también. No fue solo por el placer, también las palabras que al fin llegaron en forma de respuesta. Unas que él había deseado escuchar realmente, muy en el fondo. Sus muslos temblaban en forma de espasmos ante su eyaculación. Normalmente siempre se solía controlar, ¿qué diantres le pasaba ahora con él? No lograba comprenderlo. Esas sensaciones lo hacían perder por completo su propia lógica. Elevó su mano hasta encima de su cabeza, sin llegar a cubrir su cicatriz, poco a poco buscando la mirada del contrario. El rojo del placer estaba dibujado en su rostro, buscando con la mirada el rostro ajeno.

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—Maldición... Se sintió demasiado bien.

Respiraba agitado, tratando de recuperar el aliento, sin apartar la mirada del contrario. Elevó entonces la misma mano que tenía sobre su cabeza, yendo en dirección a su mejilla, acariciándola. —Escucha... No te fuerces si no es lo que quieres. — Sintió efectivamente que algo no encajaba y tampoco quería atarlo a algo que no deseaba. Lo acercó hacia sí, buscando recargar su peso sobre sí mismo, sentir su cuerpo piel con piel, pecho con pecho, cerrando los ojos. Ciertamente no sabía qué diablos había pasado con ese tal Alek, pero no quería que lo viera de nuevo así. ¿Quizás su amor por ese ex del que habló no se había desvanecido? Es más, ¿quién diantres era él para negarle tener esas emociones? Solo sabía que le dolía, pero también tenía claro que lo deseaba, fuera como fuere. —Lo único que realmente quiero es que... no te desaparezcas sin motivo. Incluso si algún día me odias, solo dímelo, y te dejaré ir. — Por mucho que le doliera, por mucho que después de aquello se llenara un vacío en su interior. —Pero me gusta tenerte así, Tezca. Incluso si algún día nos llegáramos a separar, no perdería contacto contigo. Te lo he dicho varias veces; soy un hombre de palabra.
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#30
Era encantador. Los sonidos desesperados que salían de los labios del más alto eran simplemente espléndidos, una melodía que me provocaba aún más excitación, placer. El solo escucharlo era una simple motivación para continuar con mi labor hasta que sentí un cálido líquido en mi interior, cada vez acostumbrándome mejor a esta sensación, entrecerrando ligeramente los ojos mientras soltaba un jadeo de extrañeza, no podía terminar de descifrar cuando disfrutaba aquello pero sabía que había valido lo suficiente al escuchar aquellas cansada palabras de sus labios y solo pude esbozar una ligera pero igualmente cansada sonrisa… En verdad, me gustaba verlo feliz.

Bajé la mirada a la mano que me acurrucaba, colocando la mía sobre la suya, presionándola contra mi mejilla, deteniéndome cuando volvió a hablar ¿Había escuchado bien? Al principio había preguntado de forma directa y supuse que quería una respuesta positiva, justo lo que le había otorgado ¿y ahora solo me decís que hiciera lo que quisiera? Me quedé en silencio, escuchando por completo lo que tenía que decir. —No voy a desaparecer… maldita sea, puedo comprometerme ¿me entiendes? Puedo hacerlo.— Gruñí con cierta molestia reemplazando mi semblante relajado y por el tono de mi voz parecía querer convencerme, podía hacerlo, por supuesto que podía ¿Qué tan difícil podría ser? Había hecho cosas mucho más difíciles con la facilidad de un dios. Podía hacer esto. Podía hacerlo feliz.

No lo hice salir de mi, manteniéndolo en esa posición mientras bajaba mi mano a acariciar su cicatriz, sonriéndole levemente todavía con las mejillas sonrosadas. — Ya te dije que lo haré, carajo.— Intenté ser amable pero me sentía avergonzado, sobretodo en esa situación, moviéndome ligeramente y provocando un suave quejido al sentirlo tan sensible en mi interior. — Necesiro un nuevo den den mushi, suelo viajar mucho así que al menos hay que mantenernos comunicados ¿me entiendes?— solté en un bufido, bajando a esconderme en su cuello, cerrando los ojos un tanto cansado. —…Ten mucho cuidado cuando no esté a tu lado, solo espero que eso no sea demasiado.— una parte de mi quería volver a moverse, hacerlo una vez más, no me sentía del todo satisfecho y tratándose del pelinegro dudaba que eso fuera posible.
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