[EVENTO LOCAL - MUSHOKU] Una jauría de perros II (Ashura y Rapax Gin)
#11
Cubierto en mi cúpula defensiva noté como algo apresaba mis manos y mis piernas oprimiéndome en esa posición e impidiendo mi movimiento. Sacudí levemente la cabeza tratando de abrir los ojos para que la sangre de los mismos dejase de importunarme, mientras escuchaba las palabras del demonio. No hacía falta ser el hombre más inteligente del mundo para saber que si aquel demonio me inmovilizaba estaba dispuesto a atacarme, así que aun sin saber por donde vendrían esos golpes contraje todo lo posible los músculos de mi cuerpo haciendo especial interés en mis extremidades para potenciar una posible defensa en caso de que el muy estúpido me atacase de frente — ¡Rhino Skin! — grite tras oír su frase, y lo siguiente que invadió en ambiente fue el crujir metálico de algo que se partía. Noté las piernas más ligeras, más livianas, libres de un peso extra que estaba acostumbrado a portar, y llegué a sentir el afilado y frío filo de las katanas pasando por mi piel sin llegar a causar daño... ¿había roto mis botas?. Apreté los dientes y fruncí el ceño molesto ¿cómo se atrevía a hacerlo?

Parpadeé varias veces hasta que noté como la sangre desaparecía o al menos se reducía y ya no me impedía ver, e hice toda la fuerza posible en las extremidades para tratar de liberarme del agarre que poco a poco sentía que iba a empezar a ceder. La fuerza del demonio Ashura nunca fue comparable a la mía por más que su capacidad de causar la muerte y guiar a la muerte fuera mayor que la propia destrucción que yo era capaz de generar. Mi fuerza era superior, y con esa fuerza iba a aplastarle. Daba igual que Patea-suelos se quebrase. Daba igual que Rompe-cráneos fuera destruido. Al final mi determinación no se doblegaría ante su maldad, y con mi determinación presente, aunque estuviera dañada y magullada, podría imponerme a él. Así, cuando pisasemos el suelo de nuevo, me alzaría sobre su cuerpo sin vida y volvería a ayudar a Quetzalli y Korg para salir de aquí. Escapar del infierno al que nos habían arrastrado. Volver a tomar las riendas de nuestro destino y ser libres al fin.
Con sólo un poco más de esfuerzo podría liberarme de su agarre y entonces acabaría con él, estando tan cerca que podía casi oler su hediendo aliento de muerte... sus posibilidades contra mi a tan poca distancia eran nulas.

El tiempo de Ashura el demonio llegaba a su fin.
La edad de Rapax el libertador plateado comenzaba.



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Vitalidad: 6744 + 0 = 6744
Energia: 3000 - 338 = 2662
Espiritu: 1401 - 87 = 1314
#12
El choque de mi espada rebotó contra sus botas que se destruyeron en añicos y mis otros dos golpes parecieron no perturbarlo.

Apreté con fuerza los dientes mientras jadeaba, me notaba cansado y hambriento.

- ¡UN POCO MÁS CHURRITA! ¡MÁXIMO ESFUERZO! -

Nicolás tenía razón.
Apreté los dientes y respiré mientras notaba al viento observarnos ahora parados sobre el suelo destruido por sus golpes. El humo escapó por los huecos de mis dientes y mis músculos se hincharon, noté como mi humo le apresaba más fuerte y hacía el agarre más insistente mucho más difícil de que se soltara . Mis manos recibieron un subidón mientras soltaban humo el cual sonó como una olla a presión y mientras recuperaba la postura de los tres golpes anteriores solté mi espada: La Daña Almirantes a la vez que seguía con la mano izquierda la postura de mi espada La Hoja Del Luto agarrándola ahora sí a con mis dos manos humeantes. El contacto de mi mano izquierda con su empuñadura hizo que el negro de su haki resplandeciera por un levemente con tonos morados. Todo estaba pasando muy rápido, Artur había muerto, Korg y Quetzalli estaban combatiendo y yo no podía seguir avanzado por uno de los que supondría que me ayudarían destruir el mundo se había despertado con dolor de cabeza y paranoia.

Mis ojos se fijaron en él que parpadeaba mientras recuperaba la vista, Siendo su ultima imagen mi mirada de decepción. Mi humo le apretó con más fuerza el agarre que le emitía como una metáfora de lo que había sido su vida hasta ahora, apresado por mi esencia, llevado a la oscuridad poco a poco, viéndose obligado a matar para sobrevivir hasta el final de sus días. Noté con mi haki su determinación, no había miedo en él y eso era lo que más me molestaba de todo. Que no entendiese que enfrentarse a mi conllevaba la muerte, que estar cerca de mí también lo hacía. Que mientras yo existiera no existiría salvación que mi existencia era el eco de la

- DECADENCIA -

Grité mientras notaba como todas mis energías impulsaban aquel golpe que surcó sus piernas de manera descendente dónde antes deberían estar sus perneras que ahora tintineaban mientras caían como lágrimas desde el cielo hasta el suelo. El aire se combó haciendo que su pelos plateados se arremolinasen tras el golpe y mis cabellos negros me azotaran contra la espalda con violencia.

El golpe sonó como un cañonazo e impactó de forma brutal contra él. Sin tregua ni descanso, ahora a mi merced golpeé de nuevo dos veces con mi espada en sus piernas que empezaban a sangrar de manera preocupante. En mi rostro no hubo disfrute, ni sonrisas maniacas. Esto no era algo que quisiera hacer, era algo a lo que me había visto obligado, pero el mundo una vez más me había demostrado que era un monstruo y nosotros sus simples crías y yo me estaba convirtiendo en la más peligrosa de todas ellas.


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Vitalidad: 4463 + 0 = 4463
Energia: 1759 - 1223 = 536
Espiritu: 2004 - 327 = 1677
#13
Tras aquel impacto que quebró mis hermosos Patea-suelos, el tiempo necesario para acumular un pulso sísmico en mi interior fue más que suficiente, y sin esperar ni ver, lo liberé, produciendo una sacudida en bruto a mi ex-capitán, si es que alguna vez se le pudo llamar así — ¡Epicentro! — grité, liberando el pulso desde todas mis extremidades, avanzando este en una esfera e impactando con el ataque que el demonio pretendía impactarme mientras gritaba otra de sus palabras macabras: Decadencia.

Por suerte pude guardar la energía para liberar Epicentro justo en ese momento, haciendo que el daño de su ataque se viese claramente reducido y, aun impactando en mis piernas desnudas haciendo que ese corte sí lo sintiese. Había notado la fuerza que había desempeñado en ese impacto y cómo Ashura estaba tratando de dar todo por el todo, tanto en la potencia creciente del agarre de su humo como en el propio impacto de su técnica. Sin haberla frenado con Epicentro las cosas habrían sido muy diferentes. Pero por suerte, estaba un paso por delante de él en esta batalla.

Dos tajos más continuaron el primer impacto, estos sin nombre, hasiéndome pensar que el demonio de humo estaba empezando a perder las fuerzas y las energías por momentos. Bajaba el ritmo después de un golpe al máximo, por lo que estaba débil y había jugado su mejor carta... y yo seguía vivo. Sonreí en mi guarda, comenzando a usar todas mis fuerzas para redirigirme — ¡¡Uooooogh!! — grité mientras haciendo fuerza con el abdomen aprovechaba mis piernas libres para variar mi posición llevándolas hacia atrás y volviéndome vertical de cara al suelo y no horizontal como estaba en mi caída. Estabamos cayendo, Ashura de espaldas al suelo y encarándome a mi, que tenía por delante mis puños cruzados frente al rostro y apretados contra él por el agarre de su humo, seguido por mi cuerpo completamente recto que me hacía descender en vertical dejándolo sólo expuestos los antebrazos al alcance de mi enemigo.

Sentí su agarre flaquear, sentí su fuerza reducirse y sentí la oportunidad de liberarme, así que haciendo gala de todas mis fuerzas me concentré sin variar la postura de mis brazos para liberarme de su agarre en cuanto tuviese oportunidad... Y como me liberase, su vida acabaría.



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Vitalidad: 6744 - 4718 = 2026
Energia: 2662 - 196 = 2466
Espiritu: 1314 - 87 = 1227
#14
Oh mierda.

- El plan de ataque total y mortal ha fallado churrita. Diagnóstico de la situación: estamos jodidos -

Suspiré con fuerza mientras veía a rapax girarse, mi agarre empezaba a fallar y mis fuerzas a flaquear. Lo había dado todo con ese golpe, nunca antes un combate me había cansado tanto… No me quedaban más opciones.

- ¿Todavía estamos a tiempo de rendirnos? -

Eso nunca. Moriría luchando. Moriría siguiendo mis objetivos. Moriría por mis sueños. Moriría porque ese era mi destino. Era el capitán y como tal tenía que ser el responsable de lo que pasaba allí.

Korg y Quetzalli iban a morir si no ganaba ese combate, no podía dejar que murieran más y tampoco quería matar a Rapax, ese no era mi deseo, mi deseo habría sido usarlo como una maza para derrumbar los cimientos del mundo.

Mi haki de armadura latió junto a mi pecho, como si quisiera ser un escudo para mi corazón que latía con fuerza y velocidad debido a los esfuerzos. Sentí al haki intentar defender mi cuerpo, el cual estaba exhausto pues estaba cansado, aunque mi espíritu todavía redoblaba con los ritmos del combate.

El humo de la columna de humo que me sostenía me acarició en la espalda, como si intentará darme fuerzas, como si quisiera ampararme un poco más, sujetarme en el cielo y no dejarme caer.

Había fallado en mi acometida y todo se había dado la vuelta contra mi. Deshice el humo del Duelo, pues ya no podía mantenerlo más.

Observé como Rapax se daba la vuelta mientras soltaba sonidos guturales como un cochino en el matadero, mis ataduras ahora estaban a punto de fallar, no sería difícil para él soltarse, estaba débil y no me quedaban más artimañas.

Yo, Ashura La Catástrofe, reconocido por el mundo como el Mata Heroes ¿iba a morir a manos de una persona que intentaba serlo?

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Vitalidad: 4463 + 0 = 4463
Energia: 536 - 12 = 524
Espiritu: 1677 - 277 = 1400
#15
Sentía que mi victoria estaba cerca. Conocía al demonio lo suficiente como para saber que hasta él tenía un límite, y que siempre peleaba como un loco dándolo todo. Su estrategia siempre era destruir con la máxima fuerza desde el primer momento, por lo que si defendías lo suficiente y aguantabas lo bastante, acabaría cansándose. Por eso creé a Patea-suelos y a Rompe-craneos con la forma que tenían, cubriendo lo máximo posible en la extremidad sin dificultar el movimiento. Por eso eran tan duros y pesados, para poder aguantar los impactos de aquel monstruo de ser necesario. Claro que también eran armas que utilizaba en mi beneficio, pero siempre tuvo esa intención detrás: prepararme. Prepararme para poder derrotarle. Prepararme para cuando tuviera que hacer lo que nadie más se atreve a hacer.

Su expresión había cambiado, ya no reía el muy fanfarrón, ya no vociferaba, y realmente parecía que entendía su limitación y su situación, si no fuera porque ese demonio de humo no comprendía nada que no fuera la destrucción. Quizá por eso lo entendía, pues esta era su destrucción.
Su agarre cesó por completo y mi cuerpo se vio liberado de la opresión de aquel humo maldito que salía de su cuerpo y se alzaba sobre la sangre de tantas víctimas y esa fue mi señal para contraatacar.


Había estado aguantando todo lo que tuviera que echarme y continuaba en pie así que ahora era mi turno — ¡¡VULTURE CLAW!! — le golpee con mi puño derecho en el rostro a una velocidad muy superior a la que estaba acostumbrado de mis ataques y a una distancia demasiado próxima como para que pudiera esquivarlo, un puñetazo normal sin el poder de mi Akuma no Mi para mayor sorpresa del oni. Un golpe que podría parecer simple pero buscaba la apertura de su guardia con ese primer impacto, haciendo que juntasen mis manos tras pegarle y las alsé por encima de mi cabeza dispuesto a acabarlo — ¡Rahahahahaha! ¡Hasta nunca demonio, te devuelvo al infierno del que nunca debiste salir, tu te lo buscaste-Gin! — tras acumular el poder de mi fruta del diablo en esa maza conjunta que eran ahora mis puños, los descendí directamente hacia su pecho sin necesidad de tocarle dada la cualidad de la vibración de mis impactos sísmicos propiciando el golpe más poderoso posible y lanzando su cuerpo a una mayor velocidad hacia el suelo que había visto el inicio de este enfrentamiento.

Yo descendí tras él, aterrizando al lado del cráter humeante que había dejado su cuerpo al impactar al piso y mientras el humo y el polvo se disipaban pude ver como aún seguía respirando pese a la derrota DIÁLOGO dije mientras pisaba su pecho y me preparaba para terminar lo que había empezado. El final de Ashura el mata-heroes sería silencioso y solitario, sólo presenciado por mi, y su recuerdo se desvanecería como el humo de su maldad. Entrechoqué mis puños satisfecho con el resultado de aquello, había terminado y aun tenía las fuerzas suficientes para escapar de aquí y ayudar a los muchachos. Había vencido al mal.



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Vitalidad: 2026 - 250 = 1776
Energia: 2466 - 375 = 2091
Espiritu: 1227 - 87 = 1140
#16
El agarre se soltó y el mundo se detuvo por un momento. El aire aguantó la respiración y el oleaje a mis espaldas se paralizó, susurrando con el estallar de las burbujas de la marea sobre mi muerte.

Mi cuerpo estaba cansado, pero mi humo me había sanado gastando uno de los botiquines que llevaba. El tiempo que había pasado haciendo daño me había enseñado los puntos débiles de la gente, el tiempo con Ben me había enseñado a tratar las heridas y aunque me gustase o no, ahora era un médico excelente. Pero esto nadie los sabría a parte de mi nunca.

Mi espíritu seguía sin nadie capaz de domarlo, por eso mi haki me permitió ver perfectamente que Rapax sabía que estaba acabado, que no podría hacer mucho más, casi se me escapó una carcajada pero no… No había ganado todavía. Su ataque era inminente. Mis lazos de humo se perdieron y lo liberaron como una bestia enjaulada y como tal, en cuanto vio la puerta de su celda abierta solo pudo hacer una cosa: atacar.

¡¡VULTURE CLAW!!

¡¡DOLOR!!

Grité mientras nuestras voces peleaban por nuestras vidas. Su puño derecho me impactó contra la mejilla mientras que yo golpee en su costado derecho por debajo del golpe aprovechando la apertura del mismo. Dolor... El motivo de mi vida, el golpe que había hecho avanzar mi camino, una palabra que Rapax odiaría... Esa misma palabra sería su fin. 

Observé a Rapax por encima de su golpe. Mientras mis corazón sintió pena… Otro hombre que había decidido seguirme acababa muerto…

Eaa había desaparecido, Ben también, Kenjo y Kazuya se esfumaron juntos.
Zarek había muerto junto a Gaeru, Artur y ahora sumaba uno más a la lista de muertos que habían pensado que seguirme era una de las mejores ideas.

La lista de muertes de mis aliados y enemigos solo aumentaba. La pena que arrastraba por el mundo seguía haciéndose bola y algún día me tragaría, pero quizá hoy no era ese día, o ahora no era ese momento.

Solo hay un Capitán para el grupo más peligroso del mundo. Solo yo puedo dirigir a los hombres que destruirán este planeta. Solo un demonio puede tener los pocos escrúpulos de traer el infierno a la tierra. Porque solo yo soy capaz de anteponer tantas vidas por mis sueños.
Solo Ashura odia Ashura, porque solo Ashura entiende a Ashura. Solo Ashura puede ser el capitán de los Piratas Mushoku.

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Cambios en estadísticas
Vitalidad: 4463 - 908 = 3555
Energia: 524 - 301 = 223
Espiritu: 1400 - 277 = 1123
#17
Sentí el impacto de mis nudillos a través de los Rompe-cráneos impactando en la cara del demonio. Sentí el sabor de la victoria, la determinación del que lucha por una causa justa y obtiene los resultados adecuados por su sacrificio. Sentí que tanto tiempo y tantos años siguiendo en silencio al mal encarnado llegaban a su fin por el peso de mis propias manos. Sentí como la voluntad del infierno se quebraba ante la resolución de los hombres buenos, guiados por mi puño, y sentí que el futuro de los piratas Mushoku, se distanciaba de la locura genocida que se había puesto frente y tras nuestros pies.
Sentí el crujir de sus huesos, ajenos al humo que lo protegía de la realidad, y sentí el final de este enfrentamiento.

El acero perforó mi costillar.

Sentí el impacto del frío acero atravesando mi carne y abriéndose paso por ella. Sentí como el metálico sabor de la sangre brotaba de mis labios, y cómo el sabor del metal de mi costado guiaba esta misma fuera de mi cuerpo. Sentí que todo este enfrentamiento no había servido para nada más que para perder una oportunidad por no estar lo suficientemente preparado. Sentí como la maldición que imperaba en aquel monstruo se reforjaba de entre sus pedazos quebrados, y la bondad quedaba reducida a una intención frágil y volátil. Sentí como su ambición lo había devorado todo, incluso a mi.

Escupí una buena cantidad de sangre.

Recordé a Maeve, su promesa, su sacrificio. A Eaa y su cercanía y amabilidad, el respeto por su camino. Recordé la noticia en la que vi la muerte de ese bastardo que nos arrebató a Maeve, a manos de Eaa y sentí que ese círculo se cerraba. Recordé a los Piratas del Infame Infortunio, mi primera tripulación y aunque breve, el único sitio en el que me sentí en paz  en casa. Recordé a todos mis compañeros, de allí y de aquí. Recordé cuando conocí a Quetzalli y a Gaeru, cómo nos encontramos en Sabaody, cómo les invité a formar parte de esto y protegerles lo mejor posible, cómo entrenábamos y luchábamos por mejorar juntos. Recordé como la ranita nos dejó injustamente tiempo después. Recordé las charlas con Quetzalli en cubierta y las noches charlando sobre el futuro. Recordé que yo le metí en esto y ahora, yo escapaba pero él quedaba atrás. Recordé la risa de Artur en el Niebla de Guerra y como temí porque las enseñanzas del demonio se lo llevasen,,, y recordé como hacía minutos antes dejé de sentir su haki. Recordé al doctor Ben Power y pensé, con esperanza, que ojalá hubiese logrado escapar y dejarnos atrás sin contratiempos ni problemas. Recordé a Korg manejando el navío y cómo lo encontramos en el lugar en el que acabamos con la señorita de pelo rojo de los marines. Pero esos recuerdos llegaban de forma desordenada y desorganizada.

Retiré mi mano del rostro del demonio y miré sus ojos.

Pensé que este poder me había elegido para lograr cosas grandes, para poder hacer la diferencia con los que estaban peor.
Pensé que ese poder me iba a llevar a un nivel diferente y que yo podría ser la piedra angular de un cambio, alguien que temieran los malvados y que esperasen los bondadosos... y no porque yo quisiese ser el héroe de nadie, si no porque sentía que un poder así, había caído en mis manos, a veces incapaces y a veces dudosas, para que no cayese en las manos de alguien peor y que se dedicase a sembrar el caos con él. Yo no era ningún santo, pero sabía que en mi, este poder había hecho el menor daño posible, y por él, yo había llegado hasta este punto.

La sangre brotaba de mi costado por el acero del demonio, y de las comisuras de mis labios manchando su rostro.

Me había equivocado. Me equivoqué cuando acepté seguir a este tipo sólo para escapar de aquella selva. Me equivoqué cuando maté a su compañero y no seguí atacándole a él. Me equivoqué cuando acepté asaltar aquel cuartel de la marina. Me equivoqué cuando convencí a Quetzalli y Gaeru de que entrasen en esta tripulación. Me equivoqué cuando no seguí los pasos de Ben de irme. Me equivoqué cuando acepté venir a este lugar. Y me equivoqué cuando decidí atacarle en este momento. Tenía que haberme hecho más fuerte. Tenía que haber esperado a atacarle cuando estuviera más débil por la batalla. Tendría que haber hecho tantas cosas, y no haber hecho tantas otras, que no tenía sentido pensar en todo ello.

Sonreí mirando su cara mientras mis ojos temblaban, mis párpados se cerraban

Intenté hablar. Intenté gritar para avisar a mis compañeros, pero las palabras no acudían a mis labios. Intenté aferrarme al presente, llevando mi mano hacia la conexión de su acero con mi piel, pero las fuerzas no acudían a mis músculos. Intenté mantenerme consciente, estar presente, resistir un poco más para al menos, llevármelo conmigo, pero la luz de mis ojos se apagaba.

Sentí, recordé, pensé, me lamenté, traté de resistir y finalmente lo entendí. Era el final. Ashura, el demonio, el mata héroes, la catástrofe... Ese asesino sin alma ni futuro, había ganado mi apuesta de todo o nada, y como ganador reclamaba su premio que era mi alma, justo o no. Y aunque sabía que tarde o temprano otro acabaría lo que yo había empezado, esperaba que él también encontrase su final en esta isla, con todas las fuerzas que me quedaban. El sonido del campo de batalla en los alrededores se eclipsaba por un zumbido sordo permanente que iba creciendo. La luz comenzaba a aumentar su brillo y a fundir las formas a su alrededor, haciéndome cerrar los ojos lentamente, con calma.

El abismo negro en mis párpados.
El tacto del metal en mi mano.
El sonido de mi corazón.
El sabor de la sangre.
El olor del humo.

Adios, muchachos.


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Cambios en estadísticas
Vitalidad: 1776 - 2900 = -1124
Energia: 2091 + 0 = 2091
Espiritu: 1140 + 0 = 1140
#18
Nuestros cuerpos cayeron desde 38 metros de altura. El viento sonó en mis orejas como un murmullo apagado, elevando mis pelos en la caída. El humo se perdió mientras descendía, dando paso a mis piernas mortales.

Caí primero.
Después Rapax.

Su cuerpo sonó roncó contra la tierra agrietada que su poder había dejado tras nuestro enfrentamiento.

- ¿QUÉ TE IBAS A COMER A QUIÉN? Hijo de puta. Nadie puede con mi churrita ¿me entiendes? - Nicolás estaba eufórico, juraría que le notaba la respiración agitada, como si estuviera cansado.
Espera… Ese era yo.

Rebusque entre mis ropajes hasta que dí con un trozo de carne curtida de la despensa del niebla. Era dura y áspera al tacto, tenía pelos del gorrino que había servido como incubadora de la comida. Me la metí en la boca con mi mano libre mientras caminaba un par de metros hacia mi espada “La Daña Almirantes”, que había caído junto a nosotros, a un metro del cuerpo de Rapax

- Si, lo sé - Le susurré, mientras la enfudaba y seguía mascando aquella carne del demonio. El arma estaba enfadada porque la había dejado caer, pero el cerdo curtido estaba rancio y bueno, no sabría explicarlo, una vez lo destroce con mi mandíbula tragué y sentí como mi estómago agradecía el bocado. Fue entonces cuando me giré, mi vista estaba un poco nublada, pero se enfocó en Rapax.
Su cuerpo yacía sin vida, sesgado por severos cortes, su cara ensangrentada, su torso chorreaba sangre y sus piernas también estaban completamente amoratados.

- ¿Sabes? - Dije mientras me acercaba a él y sacaba un kit de primeros auxilios para empezar a curarme - Yo nunca había querido esto - Saqué las vendas y me dejé caer a su lado sobre las rodillas. Deje mi espada “La hoja del luto” junto a nosotros  y con ambas manos libres empecé a untar las vendas con un ungüento, debería reducir la hinchazón de los dos golpes que me había soltado mientras ascendía - Siempre quise que destruyeras el mundo para mi - le miraba sentado sobre mis rodillas, mientras mi mano derecha rodeaba completamente con vendas mi antebrazo izquierdo - Siempre quise, que esa rabia acumulada la enfocaras contra el mundo… - Suspiré mientras apretaba con fuerza la venda y sentía el alivio que me producía - Yo no soy el enemigo… Soy una víctima - proseguí tras asegurarme de que el vendaje había quedado bien fijado y pasaba a hacer lo mismo con el otro antebrazo - Yo también soy un cachorro de este mundo. Yo también fui hijo… También pude ser padre - Elevé mi mirada al cielo aguantando las lagrimas y apretando los dientes  - Soy una consecuencia, Rapax… Una consecuencia del odio. Yo estoy destinado a equilibrar las cosas. Mi destino es reinar este mundo y hacer a todo sus seres sufran una vida miserable. Convertir esta tierra en un infierno para todos, dónde todos sufran como hemos sufrido nosotros. Solo así… Solo así todos seremos iguales - Apreté con fuerza el vendaje del antebrazo, casi tanto que por un momento dolió más que curó mientras bajaba la mirada para volver a ver su cuerpo sin vida - Al final esta ha sido tu elección, ¿no? Tú decidiste seguir a Eaa hasta esa isla desierta. Fuiste tú quien mató a Zarek. Fuiste tú quien se obligó a sí mismo a pagar por la vida que había arrebatado. Fuiste tú quien me ayudó a destruir aquella base de la marine. Fuiste tú quién me atacó. Yo solo soy la consecuencia de tus elecciones - Apoyé mi mano libre sobre su espalda y giré su cuerpo sin vida por completo - Conquistaras esta isla - dije mientras quitaba su guante derecho de sus manos inertes - Quieras o no - después le quité el izquierdo. Convertí ambas manos en humo y lo introduje en los guantes, que chirriaron cuando mis manos volvieron a tomar su forma, pues eran más grandes que las suyas, los cueros se expandieron y se hicieron más grandes y los pliegues entre los metales que lo conformaban se esparcieron dejando más espacio. Cuando a él le cubrían el antebrazo entero, a mi me subían hasta un poco por encima de las muñecas. Moví las muñecas y los guantes cedieron, permitiendo moverse con naturalidad a las mismas  - No puedo devolverte la vida, pero si puedo defender la de tus compañeros - Ahora con sus guantes enfundados, rebusque sobre su cuerpo sin vida, manchando con su sangre el azul de sus guantes, que sobre los lugares que se mojaron se tornaron de un color violeta oscuro. Saqué todo lo que tenía de valor, el dinero, otros botiquines y algún que otro comestible parecido al que me había comido que llevaba encima. Una vez terminé de saquearle me levanté. 

Utilicé uno de los botiquines que le acababa de sustraer para empezar a vendarme también toda la zona lumbar, recubriendo mis abdominales en el efecto, sujetando bien el lugar donde me había pegado el primer golpe traicionero. Y con Rapax a mi espalda levanté la vista hacia la ciudad que me esperaba. Extendí mi haki 150 metros, sentí a Quetzalli y Korg, parecían bien, la otra aura había desaparecido. Habían ganado.

- Observa desde el cielo cómo convierto la tierra en un infierno-gin - 
Me despedí de mi tripulante y empecé a caminar hacia mi destino.





resumen


ROBO, CURACIÓN Y RECUPERACIONES



revisión de inventario
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Cambios en estadísticas
Vitalidad: 3555 + 1700 = 5255
Energia: 223 + 576 = 799
Espiritu: 1123 + 241 = 1364
#19
MODERACIÓN DE COMBATE
Según la guía de Reputación 
Ashura Obtiene:
  • Calidad del rol: 2
  • Personaje: 2
  • Estrategia: 2
  • Rolear acorde a las guías: 2
  • Total: 8
     vs Rapax
  • Reputación conseguida: Matar a tu adversario = Su nivel x6 = 37 (Rapax) X 6 = 222
  • Mugiwaras conseguidos: (38 (Ashura) + 0 (Niveles que te saca tu rival)) X (4 (Puntuación/2) /1,5 = 101
  • Puntos de atributo conseguidos: 2 X 37 (Rapax) = 74

Todo figura en tu ficha.
Como añadido, ya tienes incrementados en tu inventario los objetos saqueados de Rapax.
Se te informa de que resta UN post de parte de Voz Seductora para terminar esta fase de la Proeza. Se posteará en las próximas horas.
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#20


Inimaginable sería el término a la hora de esperar lo acontecido en esta parte de Rocky Port. Algo que, a priori, simplemente iba a ser una incursión más de los temerarios Mushoku, se había convertido en un intercambio de golpes y acciones que hacían que los cimientos de lo establecido se tambaleasen con cada impacto, que cada verdad se viera comprometida y que cada revelación sacudiese el momento. El capitán de aquella vorágine de guerreros despiadados había sufrido un intento, guiado por la justicia, de sabotaje y motín. El poderoso Rapax Gin había tratado de aniquilar - y casi lo consigue - al siempre acompañado de la muerte Ashura, el Mata-Héroes.
 
El cuerpo del hombre que había tenido en sus manos el poder de destruir el mundo yacía en el suelo de Hachinosu, junto al que antes había sido su capitán y el hombre al que juró seguir. Quizá por miedo, quizá por oportunidad... quizá por equivocación. Ahora ambos cuerpos parecían descansar del intercambio al que se habían visto sometidos.
Ashura echaría en falta la compañía de su mejor aliado, Nicolás, la voz en su cabeza que él aseveraba al coco que siempre portaba, quien había caído de su cintura durante el intercambio de golpes con Rapax fruto de las ondas sísmicas de este y se había ido rebotando entre los escombros, haciendo que nuevamente, no estuviera presente en el momento en el que un usuario de fruta del diablo perdía la vida y volviendo a salvarse esta vez, por suerte, de convertirse en una Akuma no Mi.

Encontrar a Nicolás sería una de las tareas pendientes de Ashura, pero no la prioritaria, pues frente a él hordas y hordas de furiosos guerreros que habían contemplado su gesta y cómo había sobrevivido contra aquel titán telúrico, se mostraban completamente impactados e incrédulos ante la demostración de fuerza de aquel par, empezando a dudar de su certeza sobre la fuerza de los altos mandos de la tripulación de Shinju Kagayaku, su capitán. Si tan solo en el intercambio de golpes de dos cuerpos que ascendían y descendían en vertical durante unos minutos había hecho sacudirse el mundo así, y si Ashura había sido capaz de sobrevivir aquellos impactos que habían agrietado el suelo y sacudido la isla, matando por el camino a la persona que los producía... su lealtad empezaba a tambalearse.
El silencio se apoderó de ellos, y el caos pasó a ser la calma. Algunos huyeron, corrieron para replegarse en la calavera de la isla, presos ante la impresión de ver derribado a aquel coloso al que consideraban invencible, y otros simplemente permanecieron allí, perplejos, en silencio, observando la situación... y los que permanecieron presentes, lanzaron sus armas al suelo y se rindieron, arrodillándose frente al demonio de humo.



~Una hora después~

El ruido de la gente hablando y del caos organizado en la ciudad era evidente. Una parte de las hordas pertenecientes a los piratas Mittsuami se había replegado en la base central, la calavera de la isla, y otra parte se había rendido ante la aparición de los Mushoku y su demostración bélica sin parangón. Estaban rodeando los cuerpos de los que habían venido a imponer su fuerza, pero no de forma hostil, si no como el ejército que camina contigo, que permanece a tu lado, y que lucha junto a ti: Los Mushoku habían ganado un ejército y habían puesto de su parte a aproximadamente el treinta por ciento de las tropas restantes en este punto del conflicto.
Durante esta hora, nuestros protagonistas habían podido descansar, recuperarse, reunirse, asimilar lo aprendido y volverse más fuertes y desde luego habían terminado de granjearse la confianza y apoyo de aquellos maleantes: Hombres y mujeres que veían innecesario morir contra alguien que era capaz de derrotar a miembros del alto mando de Shinju. Hombres y mujeres que veían la oportunidad de unirse a ellos para, con esperanza de ayudar en su conquista traer consigo la oportunidad de un futuro mejor bajo otra bandera.
Y precisamente por esa determinación, por ese vuelco de la situación en la que optaron por bajar las armas y unirse al bando que consideraban con la oportunidad de vencer, fue realmente extraño lo que sucedió a continuación.

El cielo se ensombreció por completo durante cinco segundos. Una gigantesca mole de oscuridad privó la luz sobre la tierra y las costas del Rocky Port y los lugares aledaños, ocultando el sol sin piedad, y para cuando este volvió a brillar, los soldados y maleantes que desertaban de los Piratas Mittsuami comenzaron a mirar al cielo aterrados, encogidos y temblorosos. Una fuerte explosión de viento sacudió el lugar, siguiendo aquella sombra un par de segundos tarde, alzando el polvo y la tierra presentes y trayendo consigo un mal presagio, junto con el zumbido seco de un aleteo, pero tan tosco y ensordecedor que era imposible pensar que hubiera algo con la fuerza suficiente para batir sus alas de tal forma.

Los soldados comenzaron a dispersarse y a huir en todas direcciones, buscando salir del lugar.
Sabían que él había llegado.




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