[Pasado] Calm After a Storm | [Privado] | [+18]
#11
Pese a que las palabras habían salido producto de su timidez, no fue consciente del efecto que había causado en el contrario, ni mucho menos en los pensamientos. Como un inocente, solo lo dejó estar, al menos de momento, recuperándose un poco del efecto que había sido provocado en él, parpadeando, respirando agitado, todavía peleando internamente para no agarrarlo allí mismo. La respiración, algo agitada consecuencia del gesto todavía, fue siendo lentamente aliviado al tacto de su mejilla, sus ojos buscando su mirada de nuevo, descendiéndola.

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—No soy tan tonto para no saber que lo has hecho a propó-…. ¡Ahh!

Apretó los dientes. El dolor de sus dientes sobre su hombro lo hizo escapar un nuevo gemido. Lo sintió más fuerte que antes, su cuerpo tembló violentamente y sus ojos también se cerraron. Escuchaba sus palabras, quizás… Se sentían tan lejanas que a duras penas podía responder. Lo iba a agarrar…

Lo necesitaba.

Para cuando su cabeza se dio cuenta de dónde se encontraba, su espalda pegada al umbral de la puerta, mirando a la nada más absoluta, su cuerpo fue descendiendo lentamente. Su cuerpo tembló una vez sus glúteos finalmente alcanzaron el suelo. Jadeaba, ahora con sus brazos en alto, sobre sus rodillas, su rostro sobre los mismos, mirando lo que estaba siendo el pequeño-gran problema entre sus piernas. Estuvo a punto de agarrarlo allí mismo. Seguramente, de no ser por haberse ido antes, habría perdido completamente el control. Todo su cuerpo vibraba, respiraba. Tomó su tiempo para respirar, mordiendo su labio inferior, peleando internamente para mantener el control de sí mismo. Demasiado tiempo, había pasado demasiado tiempo sin poder aliviarse… Y se le estaba complicando como el infierno.

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—Maldita sea…

Trató de tomar respiraciones, calmarse como fuera posible. ¿Una ducha fría quizás serviría? Se iba a volver loco. Eso estaba siendo una maldita tortura. Necesitó por lo menos quince minutos antes de poder volver en sí y levantarse del suelo. Pasó la mano por encima de su rostro, solo tenía que ser fuerte y resistir un poco más la tentación. Lo había conseguido hasta entonces, solo un poco más… No podía ser que nada más recuperarse lo fuera a dañar. Respiró profundo, acercándose al dormitorio donde había dormido en los días previos, tomando su característica cajita de metal y sacando uno de sus cigarrillos. Lo necesitaba, desde luego que le hacía falta. El mechero encendió el cigarrillo, el humo, como bien mencionó Tezca, ahora parecía una chimenea saliendo de entre sus labios. Se tomó su tiempo, fumando por completo el cigarrillo, tratando de terminar de asentar correctamente sus impulsos. No planeaba hacerle daño.

[***]

Los pasos de Jin se escucharon por las escaleras. Pudo ver a Tezca desde allí, ya que la misma se encontraba a la vista de las mismas, en aquella casa enorme de dos plantas. ¿Qué estaría preparando? Al menos ahora estaba más calmado. Su mano se elevó hasta las marcas del cuello que hacía poco le había dado el hombre. Sentía aún la pulsación, el dolor al apretar, sensaciones que disfrutaba y seguramente no dejaría de disfrutar por mucho tiempo. Siguió descendiendo, caminando detrás del contrario, manteniendo ahora una distancia de seguridad. No era por rechazo, sino para evitar hacer cualquier locura innecesaria. —¿Qué te has decidido a cocinar, Tezca? — habló para hacer notar su presencia en caso de no haber sido visto o percibido, luego solo caminó a su lado izquierdo, con ambas manos en los bolsillos de su pantalón.
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#12
¿Me habría pasado? Nah. A ver que sabía por dónde atacarlo en esta ligera venganza (o berrinche) pero un par de mordidas no le hacen daño a nadie, marcas que se quitarían rápido y fin de la historia. Aunque no podía evitar que para ser un simple invitado en esta casa, había sido muy grosero al dejarlo hablando solo e irme con la excusa de cocinar. Lo bueno, es que sabía como recompensarlo.
Bueno, manos a la obra y aunque no solía cocinar una sonrisa se posó en mi rostro cuando recordé quien comería. Que tontería estaba pensando.
 
 
Justo llegó el pelignegro y lo observé de reojo, sonriendo ligeramente. —No te preocupes por nada, una delicatessen, te encantará ¿me entiendes? — Encendí la estufa y el sonido del gas llenó la cocina mientras la flama azul se encendía. Sin darme cuenta, empecé a cantar: una canción bastante “animada”, de esas que siempre aparecen cuando cocino y que el viejo solía canturrear cuando cocinaba tambien. Corté el pollo en trozos parejos, el cuchillo marcando un ritmo constante, y lo llevé al sartén; el aceite chisporroteó, acompañando mi voz.
“As above, so below, place your bets
Which way the head will roll
Made in your image we are at least
As twisted and mean as thee”"
Mientras el pollo se doraba, piqué cebolla y pimiento, disfrutando cómo el color y el olor iban cambiando el ambiente al agregar las diversas especias y azúcar que encontraba. Preparé la salsa agridulce con cuidado, equilibrando el dulce y el ácido, probando hasta que quedó justo como me gusta. Todo se mezcló en el sartén, burbujeando con calma, no pude evitar emocionarme sonriendo con fiereza. —¡Así se hace carajo! — antes de volver a la canción.

“'Fore your eyes, what a curious site
Your children have turned on you
And you say, you don't sleep well at night
Well, we'll take care of that for you”“'
 
Al apagar la estufa, mi canto también se desvaneció. Me quedé un momento ahí, respirando el aroma del pollo agridulce, satisfecha de haberlo cocinado a mi propio ritmo, pero había algo que me molestaba ¡No había terminado de cantar! Comencé a servir su plato, pero se me había ocurrido algo mucho más divertido ¿Qué tal si hacía comida y show?

“Belle Marie Antoinette
Love the pearls!
They'll make a great tourniquet
Never did as you should and you claim
It was all for our veryown Good”
Me acerqué al hombre con paso seguro, dejando que mi cuerpo se moviera con naturalidad, casi como si la música en mi cerebro ya marcara el camino. Con un gesto ágil y calculado, tomé una de sus manos, firme pero suave, y con la otra apoyé la mía sobre su hombro, acortando la distancia entre ambos. Le guiñé un ojo, divertido, invitándolo sin palabras, y comencé a marcar el ritmo, guiándolo al compás del baile, mientras intentaba guiarlo con la canción acapella, permitiendo que el movimiento hablara por nosotros mientras el mundo a nuestro alrededor parecía desvanecerse, o al menos ese era mi caso.

“'Twas a lie, a magnificent lie
Now, your subjects have turned on you
And you claim you had lots on your mind
Well, we'll take care of that for you”
La cocina se había convertido en una sala de baile y ni siquiera podía sentirme avergonzado mientras me detenía poco a poco, dejando de cantar, por supuesto; La canción no había terminado pero el pollo se iba a enfriar.
 
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#13
Le sorprendió el buen humor que cargaba, pese a que después de haberlo "castigado" había parecido algo molesto. Mejor, lo prefería de buen humor, y además odiaba la sensación o el hecho de discutir con él. Más allá de cuando terminó herido no había habido demasiados más. Verlo así lo calmó, incluso si el sueño era algo del que él mismo había carecido por algunos días. Cerró los ojos con calma, respirando con naturalidad.

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—Tengo ganas de ver qué harás.

No era mentira. Lo observó, sus brazos sobre la encimera, siempre procurando evitar interponerse en el trabajo del contrario. Cómo el olor pronto comenzó a elevarse desde la sartén hasta el aire de su alrededor. De repente sintió el hambre atacarlo, uno que ni él sabía que tenía. El olor era cuanto menos delicioso, no dudaba de que el sabor también podría ser del mismo nivel. Quién sabe, quizás estuviera equivocado, quizás no. Escuchar además su voz era, cuanto menos, curioso. Relajante incluso si buscaba algo más concreto y directo. No era necesario decirlo en voz baja.

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—No sabía que te gustaba cantar. Lo haces increíblemente bien.

Lo dijo con interés. Su voz era agradable, más de lo que pensaba que fuera a ser realmente. Le gustaba escucharlo, verlo con ese humor, verlo cocinar como si realmente olvidara todo lo que había ocurrido en aquellos días, incluso el claro desagrado de Hakes, el médico. Sus ojos fueron al plato, ahora en silencio. Uno corto. Los ojos de Jin se elevaron hasta el rubio, momento en que su canto prosiguió. No lo iba a frenar, no al menos hasta que lo sintió tomarlo de la mano y acercarlo. Un momento, ¿iba a bailar?

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—Tezca, yo no…

No sabía bailar, o al menos no lo había hecho antes. ¿Y si le pisaba los pies? ¿Y si le hacía daño? Maldita sea, hasta entonces no se había preocupado de ello, ni molestado. No le había interesado cortejar a nadie mediante el baile, y cómo se arrepintió en ese instante. Pero se le veía tan feliz y emocionado… No pudo evitarlo, dejarse llevar, solo por el ritmo de Tezca con su tono de voz, su cántico único y su voz que lo atrapaba. Instintivamente colocó su mano en la cintura ajena, ya que la cercanía no daba pie a otra cosa. Sus ojos se encontraban al ritmo del movimiento que el contrario marcaba, siempre procurando verse calmado, tranquilo, aunque en su interior estaba vibrando por el simple hecho de hacer algo mal. El tiempo no parecía correr, su voz y sus movimientos eran un momento extrañamente relajante, hasta que todo terminó. No de forma abrupta, más bien en un modo eficaz, elegante y único. Sus ojos miraban los de Tezca, el temblor de los nervios parecía cesar al fin, su mano elevándose hasta la mejilla ajena, sin apartar la mirada, sin dejar que se perdiera un solo detalle de su perfección. —Tendrás que enseñarme un poco más, y espero que hayas cocinado para ti también.
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#14
Oh.

Oh, había olvidado algo importante.
 
Eso era lo que provocaba vivir tanto tiempo en soledad: las porciones dejaban de tener sentido. Los hábitos se volvían mecánicos, pensados para una sola persona, y en ningún momento se me había cruzado por la mente que ya no éramos uno, sino dos. La idea llegó tarde, cuando ya no había marcha atrás, cuando todo estaba hecho.
 
Bueno, al final solo había cocinado para él. Me quedé observando el plato por un instante cuando lo solté y habló, con esa mezcla extraña de sorpresa y resignación. Yo no solía comer tan temprano de todos modos, así que no era realmente un problema… o al menos eso fue lo que me dije, mientras el peso silencioso de ese pequeño olvido se asentaba con más fuerza de la que esperaba. —No tengo hambre. — No admitiría mi error, finalmente soltándolo para recoger el plato y dejarlo cuidadosamente sobre la mesa con los cubiertos que había encontrado. —Dale, come, come, no te preocupes ¿me entiendes? Esta bien. De verdad no tengo hambre. — Regresé a lavar los trastes, mirando al hombre de reojo. — Si no te lo terminas no vuelvo a cocinarte. —
 
Al terminar de lavar los trastes, regresé para sentarme frente a él, apoyándome con cierta comodidad contra el respaldo de la silla. Lo observé unos segundos antes de hablar, como si evaluara algo invisible, y entonces solté el comentario sin el menor reparo. —Eres tan rígido como una silla… nunca bailaste, ¿verdad? No es ciencia, no te preocupes. Aunque me sorprende que seas tan bueno en la cama y tan malo con esto — dije con total naturalidad, casi distraído, como si estuviera señalando un detalle obvio del clima.
 
Era una verdad dicha sin malicia, directa y sin adornos. Mientras tanto, estiré la mano con descaro y le robé un pedazo de pollo de su plato, llevándolo a mis labios con una sonrisa despreocupada. Me acomodé mejor en la silla, satisfecho, como si la escena no tuviera nada de extraordinario, aunque en el fondo sabía que mis palabras, más que el hurto, probablemente habían tenido más peso del que aparentaban. — Por cierto… ¿Ya podemos hablar de eso? —  dije inclinándome para tocar la cicatriz, bajando a su mejilla, limpiando los restos de comida de sus labios: Me lo había estado guardando pero incluso yo tengo un límite.
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#15
Los ojos de Jin se entrecerraron, mirando fijamente al joven que ahora veía que mentía. ¿O quizás no lo hacía? Miró el plato, sus ojos enfocándose en el humo que mostraba que todavía estaba caliente y preparado para comer. Ciertamente todavía tenía una pinta excelente, pero sus ojos volvieron a Tezca, con una mirada acusatoria.

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—Se te olvidó, ¿verdad?

No iba a aceptar no compartirlo con él, como mínimo. En su caso no tenía problema ante la ausencia de alimentación. Miró con calma el plato, hasta que… —Si no te lo terminas no vuelvo a cocinarte. — Un tic en su ceja, sus ojos de nuevo entrecerrándose sin desviar la mirada del contrario.

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—Sabes que no es justo…

Aún así, sus ojos descendieron al plato. El aroma, mínimo, era delicioso. Comenzó a comer, con la idea de buscar alguna excusa para que el contrario también comiera. El primer bocado era, cuanto menos, muy disfrutable. Cocinaba bien, incluso cuando en su mente se había creado una idea de que no fuera a ser tan bueno, mayormente por haber sido sugestionado por el propio Tezca. Lo disfrutó, obvio no iba a decir dicho pensamiento en voz alta. —Prefiero que me cocines más a menudo, está delicioso. — Dejó de masticar por un momento, de nuevo, con el tic en sus cejas. Ah mierda, sí, ya sabía que lo hacía mal… Pero se sintió seriamente golpeado en el orgullo. Descendió el cubierto, terminando de masticar por un momento. Sus ojos dibujaron un puchero.

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—No he bailado nunca, deja de reírte de mí…

Al menos sí admitía que era malditamente bueno en la cama. Mierda, lo extrañaba tanto… Demasiado tiempo tratando de contenerse. Cerró los ojos, elevando su mano a un lateral de su frente. Suspiró largamente, hasta que escuchó su última pregunta. Sus ojos se elevaron. Iba a preguntar sobre qué era “eso”, hasta que sintió sus dedos sobre su cicatriz. Su calma se convirtió en un aire sombrío, sus ojos se desviaron a un lado. No quería alejarse de su tacto, pero el tema… Era demasiado complejo.

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—Como te dije, es algo que tengo desde niño.

Apenas pronunció las palabras en un murmuro. Sus labios se apretaron, en un silencio. Hacía años, muchos de eso, y aún así mantenía vivo aquel asqueroso recuerdo en su maldita cabeza. Sin embargo, estaba la parte de ese tal Alek, Tezca se había abierto a él, y por su culpa había terminado en serio peligro. Apretó el cubierto que tenía en su mano, firme, descargando con él la ira contenida al punto de partirlo con su propia fuerza. Incluso en semejante situación, una sonrisa lejana se dibujó en sus labios. No era de alivio, ni de felicidad, sino una sonrisa que distaba mucho de ser alegre.

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—Me… me lo hizo mi vieja cuando no llegaba a los diez años. Creo que ni a los ocho.

Soltó el cubierto, elevando la mirada. El sonido del mismo se escuchó sobre la mesa. No buscó la mirada de Tezca, no quería conocerla, no con esa parte tan humillante de sí mismo, Solo lo sujetó de la ropa, atrayéndolo hacia él. Mierda, ahora sí necesitaba olvidar esta mierda y, sin cigarrillos cerca, ya que estaban en la planta de arriba, y teniendo el alcohol lejos, su impulso fue besarlo. No le dio tiempo a respirar, solo lo atrajo hasta él, introdujo su propia lengua, sus ojos cerrándose para apegarlo firmemente a él. No importaba, lo que fuera para borrar ese recuerdo y que acababa de decírselo a alguien por primera vez en voz alta.
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#16
Ya sabía que era una fibra demasiado sensible, pero aun así escucharlo me tomó por sorpresa. Sus palabras no eran dramáticas ni grandilocuentes; precisamente por eso dolían más. Lo observé con cuidado, casi conteniendo la respiración, como si un gesto brusco pudiera romper algo que ya estaba resquebrajado. No quería verlo así de vulnerable, mierda. Había una desnudez incómoda en su forma de hablar, en cómo evitaba mirarme mientras dejaba escapar aquello que llevaba tiempo guardado.


No entendía su dolor; sería una mentira decir que sí. Yo no pasé por algo así, nunca crucé ese umbral, aunque en el fondo una parte de mí hubiera querido hacerlo solo para poder comprenderlo mejor. Y aun así, ahí estaba, en blanco, sin palabras útiles ni consuelos honestos. Solo me quedó el silencio, pesado pero atento, y la certeza de que a veces acompañar no significa entender, sino quedarse, aunque no se sepa cómo arreglar nada.

Odiaba no tener el control en esta situación, el control suficiente para consolarlo. Pero todos esos pensamientos fueron eliminados, por completo. En su desesperación me jaló de la camisa, escuchando el estruendo de mi muslo chocar contra la mesa, casi levantándola. Había dolido, un poco pero es que eso ni siquiera me había importado. — Jin…— intenté hablar entre el beso, siendo completamente interrumpido por su intromisión, cerrando los ojos mientras intentaba acercarse más, pero esa jodida mesa estorbaba.

Sin estar muy seguro de cómo, empujé ligeramente el plato al costado, sin importar si la comida terminaba desperdiciada o no u finalmente me subí a esta de rodillas, inclinándome para continuar besándolo, acercándolo mucho más a mi cuerpo mientras murmuraba entre sus labios. —Te dije… que te lo terminaras y solo lo dejaste a un lado ¿me entiendes?— No le dejé responder, separándome del beso para apoyarme en su hombro, temblando. —Mierda… lo siento…—
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#17
No lo dejó hablar, ni siquiera cuando escuchaba su nombre desde aquellos labios de los que parecía estar drenando toda la energía. No prestó siquiera atención al sonido del golpe del muslo de Tezca contra su mesa, no podía pensar en nada, solo aquel asqueroso recuerdo del que tanto había intentado escapar, viéndose tan insignificante de la nada. Sus labios temblaron cuando el contrario trató de regañarlo, pero sus ojos, pese a estar fijos en los azules del contrario, no estaban en ese mundo. Lo escuchaba claramente, la información la recibía, pero algo dentro de él estaba fuera de lugar.

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—Más tard-.

Sí, más tarde, había perdido completamente su apetito. Había sido interrumpido por el rubio, claramente él tampoco quería que hablara. Ambas de sus manos se posicionaron en los laterales del contrario, buscando de nuevo sus labios. Lo devoraba, los mordía sin compasión, siendo más agresivo que de costumbre.

Flashback


—Mierda… lo siento… — Las manos de Jin temblaban, volviendo en sí. Respiraba con dificultad, sus ojos buscaron de nuevo el contrario. Sí, eso ya no estaba, ahora solo existía Tezca, estaba a salvo. Maldita sea, estaba a salvo… Solo tenía que no pensar, solo tenía que… 

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Su respiración se mantenía agitada, nerviosa. No esperó, tampoco le dio oportunidad, solo usó su mano para arrancarle la parte superior de la ropa al rubio, sin darle oportunidad a siquiera desabrocharse. La ropa quedó completamente rasgada, exponiendo así su pecho y Jin solo se lanzó sobre su hombro, que en ese momento era lo que tenía más a mano. No hubo palabras, solo fue agresivo, sintió el sabor a sangre en sus labios. —Abrázame Tezca… Y no te atrevas a soltarme. — Ahora mismo, su calidez, su calor y él era todo lo que necesitaba, o quizás se volvería más loco. Sus labios siguieron descendiendo, dejando mordiscos por su clavícula, su pecho, su abdomen, para volver a elevar su rostro hasta sus labios, apretando su pelvis con la ajena, mostrando así la erección que su pantalón estaba conteniendo.
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#18
Sentir la sangre en los labios, aunque fuera la mía, nunca había sido desagradable. Era apenas notoria, un rastro tibio que me anclaba al momento, cuando apresé al más alto al sentir que temblaba. Ese temblor me recorrió como una descarga, y me sobresalté cuando noté que, con torpeza urgente, me arrancaba la ropa, como si el mundo se le estuviera acabando en las manos. En cualquier otra situación, con cualquier otra persona, aquello habría despertado mi furia, una reacción inmediata y cortante; pero no con él, nunca con él.
 
Había algo en su forma de perder el control que no era violenta, sino desesperada, casi honesta. Su respiración se mezclaba con la mía, irregular, y el aire parecía más denso entre nosotros, cargado de una confianza que no necesitaba palabras. Dejé que la cercanía se impusiera, que el roce borrara las dudas, porque en ese instante entendí que no se trataba de dominio ni de impulso ciego, sino de una rendición mutua. Y mientras el sabor metálico se desvanecía lentamente, supe que ese caos, extraño y preciso a la vez, era el único lugar donde no me sentía a la defensiva.
 
Tampoco le respondí, no lo creí necesario mientras el agudo dolor de las mordidas me invadía: Tal vez estaba actuando demasiado complaciente, oponiendo cero resistencias y si accionar, solo reaccionando con sonidos vocales a lo que me hacía sentir, pero es que incluso sobre esa mesa seguía buscando como reaccionar a su vulnerabilidad, como hacerlo sentir seguro una vez más pues es algo que nunca se me había ocurrido. El calor de su erección solo provocó en la mía, ruborizándome ligeramente mientras una de mis manos subía a su mejilla, sin corresponder al beso, solo retrocediendo ligeramente para poder observarlo.
 
 
Quería decir algo, pero ignoraba qué; estaba… ¿preocupado? Sí, eso parecía. La palabra se asentó con un peso extraño. Me dolía ligeramente la frente por el ceño fruncido mientras continuaba mirándolo a los ojos, como si en ellos pudiera encontrar la respuesta que mi cabeza se negaba a formular. No aparté la mirada. Ese silencio tenso se estiró entre nosotros, cargado de algo que no sabía nombrar pero que insistía en quedarse.
 
Sentí la incomodidad recorrerme despacio, no como un rechazo sino como una alerta suave, una punzada que nacía del cuidado. Me di cuenta de que estaba midiendo su respiración, la forma en que sus hombros subían y bajaban, buscando señales que confirmaran o desmintieran mi inquietud. Era absurdo, quizá, pero aun así no pude evitarlo. La preocupación no venía del miedo, sino de una cercanía demasiado real, demasiado presente.
 
Tragué saliva, el gesto mínimo, y dejé que la tensión se asentara en el cuerpo. Pensé en hablar, en romper el momento con cualquier frase trivial, pero algo me lo impidió. Tal vez era la certeza de que, si abría la boca, lo que saldría no sería una pregunta sino una confesión. Y no estaba listo para eso. Así que me quedé ahí, sosteniendo la mirada, permitiendo que el silencio dijera lo que yo todavía no sabía cómo poner en palabras.
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#19
Ser aprisionado por sus brazos no impedía que siguiera temblando y, sin embargo, sí parecía que el mismo parecía disminuir, aunque fuera de forma leve. Su respiración se mantenía agitada, sus manos se cerraron como puños, golpeando con tal fuerza la mesa desde los lados del rostro del contrario que dejaron una abolladura. No importaba, eso se podía reparar…

Ojalá pudiera decirse eso de sí mismo.

Sus gestos seguían manteniéndose agresivos, sus manos descendían ahora el pantalón del contrario, buscando sus gemidos, sus gritos, lo que fuera que pudiera hacerle sentir de nuevo que no era una cáscara llena de absoluta mierda. Odiaba esas palabras porque sentía que aquella a la que una vez llamó madre tenía razón. Solo tenía que demostrarse que no era así… Solo…

Sus ojos se elevaron, todavía con los puños apretados, no se dio cuenta de que incluso sus uñas, pese a ser cortas, estaban marcando sus palmas, pero aquella distracción no fue por eso, sino por la mano que se posaba en la misma. Jadeaba, sus ojos se encontraron entonces con esa expresión. Apretó su mandíbula. No… no quería que sintiera lástima por él, no quería verse todavía más pequeño de lo que era… No…

[Imagen: Izw7GrC.png]
—Di algo…

Lo que fuera, lo que sea necesario… Solo… quería que volviera a ser el propio Tezca. El que siempre parecía hacerle emocionar de formas inimaginables. Su mano, temblorosa, se elevó hacia la misma que lo acariciaba, cerrando los ojos. —Lo que sea está bien. Que soy débil, que soy estúpido… Insúltame si es necesario… Solo di algo… — no sabía cómo hacerlo hablar, quería escucharlo y, si no era a base de palabras, sería… a base de gemidos.

Lo necesitaba.

Sus caderas volvieron a moverse, su rostro descendió hacia su cuello, las zonas que había marcado con sus dientes, ahora pasando su lengua para limpiarle las manchas de sangre, las marcas que muy posiblemente iban a durar más tiempo del previsto. Descendió su zurda, introduciéndola en el interior de su pantalón, sosteniendo la posible erección del rubio y comenzó a mover la mano, de arriba abajo, en un vaivén veloz. Maldición… Su frente se juntó con la ajena, sin cesar el movimiento, buscando su mirada, con la convicción de desear que fuera el placer quien le daba la bienvenido. Él mismo lo dijo, y el propio Jin le respondió… Elevó su mano, buscando acariciar su mejilla.

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—También te aprecio… Lo recuerdas, ¿Verdad?

¿Por qué lo decía ahora de todos los momentos? No lo sabía, quizás la desesperación, quizás el momento, quizás un intento de que su mirada volviera hacia el Jin que siempre era para poder volver en sí. Su mano aceleró el movimiento de la masturbación, ahora cerrando sus ojos con el temor de lo que ocurriera.

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—Tezca...
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#20
No podía decir eso.

Aunque en su mayoría mentía a la par que decía la verdad, aunque me lo pidiera, simplemente no podía decírselo; menos en esta situación. ¿Qué era lo que el contrario quería? No, espera, eso sí lo sabía. Lo había sabido desde el principio, desde la forma en que evitaba mirarme directo, desde la tensión contenida en su voz. Simplemente no creía que eso fuera lo que debía hacer en ese momento. No era lo… adecuado.
 
 
—No… entiendo porque haría eso… Jin…— Pero las palabras se me antojaban huecas, ajenas, como si nunca hubiera tenido un lugar real en mi vida. Lo adecuado siempre había sido una excusa conveniente, una línea que otros trazaban y que yo aprendí a cruzar sin remordimientos. Pensé en todas las veces que callé cuando debía hablar, y en aquellas muchas más en las que hablé cuando el silencio habría sido misericordioso. Pensé en las consecuencias, en el peso de una verdad dicha a destiempo, en el daño que podía causar una honestidad mal colocada.
 
¿Cuándo he hecho lo adecuado?

Nunca cuando importaba. Mucho menos cuando no podía continuar con la frase que relataba. Sentí su movimiento, su humedad sobre mi cuello. La sensación era tanto que de inmediato gemí, sintiendo mi cuerpo estremecerse mientras me acercaba más a él, su fría mano contra mi intimidad la cual rápidamente tomó calor mientras me estimulaba, sintiendo su respiración sobre la mía. Sus palabras solo lograron que me sintiera aún más excitado, levantándome para poder seguir sentirlo con los labios entreabiertos. — Carajo, Jin… Estamos sobre la mesa… Tan siquiera estás… ¿me entiendes? — Pregunté intentando que las palabras salieron finalmente de mis labios, tomándolo de los hombros para intentar acercarlo aún más a mí, terminando por acostarme sobre la mesa, subiendo finalmente mi mano a su frente, acariciando nuevamente su frente, esa cicatriz, no debería, no sabía como reaccionaria, pero era tan hipnótico que no podía evitarlo.
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