[Pasado | Kyo] ¡Un primer super-electrizante compañero!
#1
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El cielo caliente de Isla Karate hoy parecía estar de acuerdo con el humor de Elara, que había sido bastante bueno y también bastante agradable. No había ni una sola nube, pero de vez en cuando, un pequeño chispazo azulado recorría la punta de sus dedos, desapareciendo entre sus alas blancas con un sonido seco. Zzap. Como si fuese un pequeño corto circuito.
 
— ¡Ay! ¡Nee~ ! —exclamó Elara, dándose un golpecito en la mano, le había dolido un poquito, pero solamente un poquito.

Todavía le costaba un poquito (mucho) controlar esa energía que le recorría el cuerpo desde que se comió aquella fruta tan rara, pero se sentía... ¡fuerte! Mucho más fuerte que cuando Owen la dejó aquí. Se había pasado semanas entrenando entre los dojos y los bosques, tratando de que sus rayos no terminaran quemando los árboles por accidente cada vez que se ponía nerviosa. Owen le había dicho que tenía que estar preparada para zarpar, y ella se lo había tomado muy en serio. Bueno, tan en serio como Elara podía tomarse algo sin terminar tropezando con una piedra, cosa que era lo más probable que pueda pasar.

Pero hoy no era un día de entrenamiento normal. Un soldado de la Armada, uno de esos chicos simpáticos de bajo rango que siempre le traían noticias, le había dicho que tenía que ir al puerto. ¡Un refuerzo! ¡Alguien que iba a trabajar con ella! ¡Iba a tener un amigo! ¡Finalmente no iba a ser la única revolucionaria! Eso le había hecho demasiado feliz.

[Imagen: nsFna5F.png]

— ¡Un compañero! ¡Nee~! ¡Voy a tener un compañero de misión! —iba gritando bajito mientras corría hacia los muelles. Estaba demasiado feliz por eso. Debido a que jamás pensó que tendría un compañerito. Eso la hacía feliz, obvio que sí.

Elara estaba tan emocionada que sus pies apenas tocaban el suelo. De hecho, por la emoción, sus pasos dejaban pequeñas marcas de quemaduras superficiales en la madera del puerto, pero ella estaba demasiado ocupada mirando al horizonte como para darse cuenta. Se acomodó el flequillo y estiró sus alas, que ahora se veían más brillantes, como si tuvieran electricidad estática acumulada entre las plumas. Era algo que ella aún no controlaba muy bien, pero que se estaba esforzando por que pueda resultar para bien.

Llegó al final del muelle, jadeando un poquito y con las mejillas encendidas. Se puso de puntitas, escaneando cada barco que se acercaba. ¿Cómo sería? ¿Sería alguien serio? ¿Alguien fuerte? ¿Alguien que no se asustara si de repente a ella le salía un rayo por la nariz al estornudar?

— ¡Aquí! ¡Por aquí! ¡Nee~ ! —empezó a agitar los brazos con fuerza en cuanto vio una silueta que no le resultaba familiar bajando de un pequeño navío.

Estaba tan nerviosa y feliz que una pequeña chispa saltó de su hombro y golpeó una caja de madera cercana, haciendo que soltara un poquito de humo. Elara se puso roja al instante y escondió las manos tras la espalda, tratando de poner su cara más "profesional" de revolucionaria experimentada, aunque por dentro solo quería saltar y preguntar mil cosas.

— ¡Bienvenido a Isla Karate! —gritó con una sonrisa de oreja a oreja. — ¡Soy Elara! ¡Tu nueva compañera! ¡Nee~ ! —estaba demasiado emocionada por lo que estaba pasando. ¡Y no era para menos! Debido a que, por fin…

No estaría solita.
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#2
No tenía de otra.

Desde que empezó su vida como revolucionario, Kyo no había tenido otra opción más que dedicarse a vivir según las expectativas que tenían sobre él. Aunque no quería, debía cumplir. Todo empezó por una mentira; una enorme mentira, y, ahora. No tenía de otra.

Por fortuna, ¿o desgracia? Le habrían asignado a ser compañero de una superior. No sabía mucho más allá de que era una joven promesa en la revolución, una pelirroja de nombre Elara Vangrim.

Ojalá fuese pechugona, pensó.

Cómo sea, una vez el navío llegará a la Isla Karate, Kyo no tuvo más opción de tomar su equipaje en una mochila que se montó sobre el hombro, descendiendo por la pasarela hacía la isla con su habitual serenidad, ajustándose sus lentes de sol con su mano libre al compás que desviaba ligeramente su atención por el puerto.

Mascaba chicle, desinteresado, haciendo pequeños globitos de goma de mascar que estallaban cada tanto en su caminar, hasta qué, obvio, escucharía una voz danzarina, demasiado alegre para él.

Una extrovertida chica pelirroja, con… ¿alas? Sí, podía ver un par de alas, estaba gritando, agitando los hombros, y claramente llamando la atención de todo el mundo; especialmente la de él.

Curioso.

Ladeó la cabeza, y, por un segundo, dejaría entrever una ligereza sonrisa mientras se aproximaría hacia está, deteniéndose justo a menos de un metro de la fémina, evaluando la situación de esa mujer que parecía tener exceso de energía.

—Vaya, ¿eres del comité de bienvenida? Jamás imaginé que enviarían a tal preciosidad para recibirme. Bromeó. Lo siento, lo siento. Por tu descripción, asumiré que te tratas de la mismísima Elara Vangrim, ¿o me equivocó? —diría con su tono invariable, con un deje de picardía en su voz.

Su expresión casi siempre era la misma; pícara. Como si tuviese segundas intenciones, pero sin que pudiese ser comprobado. —Hebiyama Kyo, a sus servicios. Debido a mi impecable formación en los cuarteles de la revolución, mi presencia aquí es vital para el apoyarla en sus futuras misiones; en resumen. Me enviaron para servirle. —mentiría, guiñándole un ojo.

Quería impresionarla.

No había motivo en específico para mentir. Solo, no sé, le gustaba sentirse importante.

No quería decirle que simplemente cómo no tenía demasiado que hacer, y en sencillez era un tanto inútil, le enviaron a ayudarle. No quería presentarse como un idiota; eso le dolería a su ego.

Como sea, daría un paso más hacia la fémina, permitiendo que su mirada le recorrería un poco. Nuevamente, el sonreír pícaro de Kyo se acentuaría ligeramente.

—Como sea, ”Nee-chan”... —utilizó dicho término para dirigirse a ella porque notó que la fémina repetía curiosamente dicha muletilla. —Dejaré de usar mi tremenda deducción para conocerte, ¿por qué no te presentas por ti misma, y me dices que tienes en mente? —ahora, como mínimo, quería intentar conocerla un poco mejor.
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#3
Elara sintió que el mundo se paraba un momento, se paraba totalmente cuando escuchó a Kyo llamarla "preciosidad". Se quedó quieta, muy quieta y con los ojos muy abiertos detrás de su flequillo. Nadie le había dicho algo así de forma tan directa, y menos un chico que se veía tan... tan interesante con sus lentes de sol y su chicle. Sintió que el calor le subía por el cuello de forma muy rápida y muy pesada, poniéndose roja, muy roja y muy colorada en un segundo. ¡Y eso le daba muchísima vergüenza! Pero no podía admitirlo, al menos no en tan voz alta. Es lo único que le importó, al menos a ella en estos momentos. Sentía que era una situación compleja, de algún modo.

Se puso muy nerviosa, se puso tan nerviosa que sus alas dieron un sacudón ruidoso y una pequeña chispa azul saltó de su codo, asustándola hasta a ella misma. Pero lo que más le impresionó fue lo que él dijo sobre que era "vital" para ayudarla. Elara se lo creyó todo, porque ella era muy buena y no pensaba que alguien pudiera mentir sobre algo así. ¿Acaso alguien mentiría con algo cómo eso? Esperó que no. Realmente. No quería tener problemas con eso.

— ¡A-ah! ¡Nee~! ¿Servirme? ¡Eso suena muy, muy importante! — exclamó ella moviendo las manos de forma muy rápida y muy torpe ante tal noticia. — Owen me dijo que vendría alguien, pero no sabía que eras un experto tan... tan increíble de los cuarteles. ¡Me dejas mucho más tranquila, nee~! — confesó con su honestidad de siempre, mirándolo con una admiración que le brillaba en los ojos verdes. ¡Estaba realmente sorprendida por eso! Así que no había nada malo de qué preocuparse. Es lo único que le importaba ahora mismo.

Cuando él se acercó ese paso extra, Elara sintió que le faltaba el aire. Sus sentidos aumentados no podían dejar de notar lo cerca que estaba y ese tono de voz tan pícaro que la hacía sentir como si fuera una simple jaleita. Y cuando la llamó "Nee-chan", ella soltó una risita nerviosa que sonó muy aguda y muy tonta, porque le hacía mucha gracia que usara su muletilla para ponerle un apodo.

— ¡Nee-chan! ¡Nee~! Me gusta, suena muy divertido. Pues... pues ya sabes mi nombre, soy Elara Vangrim. No soy tan importante como tú dices, solo soy una chica que intenta no quemar cosas cuando se emociona — dijo ella rascándose la mejilla, dejando que su mano rozara un poquito su cara para ocultar la vergüenza. — Y lo que tengo en mente... bueno... ¡tengo hambre! ¡Nee~! — soltó de repente, porque su estómago hizo un ruido un poco fuerte. Y eso le dio muchísima vergüenza.

Se tapó la boca rápido, muy avergonzada por haber dicho eso justo después de que él se presentara de forma tan elegante. Pero es que para Elara, la comida era la mejor forma de empezar una amistad. Y eso siempre había sido su meta. De algún modo.

— Quiero decir... que deberíamos ir a comer algo rico para celebrar que ya no estoy sola, nee~. Hay un sitio cerca que sirve un arroz muy bueno. ¡Y así me cuentas más de tus misiones súper importantes! — añadió con una sonrisa muy grande y muy sincera, mientras daba un saltito de alegría que hizo que sus alas se agitaran con suavidad detrás de ella.

Estaba muy feliz de tener a Kyo ahí, sentía que con alguien tan "experto" a su lado, las misiones en Isla Karate iban a ser mucho más fáciles y mucho más divertidas. No podía dejar de mirarlo, pensando en la suerte que tenía de que la Revolución le enviara a un compañero tan... tan "vital" y tan guapo.
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#4
Vaya, que curiosa.

Kyo mantendría la calma ante el pequeño nerviosismo que mostraba la fémina, quién desde ahora sería su nueva superior. Era evidente que la chica era una mina de oro para alguien con su talento; ingenua, poderosa y, a juzgar por cómo se ponía roja, extremadamente fácil de manipular.

Pero, una parte de él realmente creía que esa ingenuidad podría ser hasta divertida. Digo, ¿qué es lo peor que podría pasar? Por ahora, justo ahora, buscaría la forma de conocerla un poco más. Al menos para determinar qué tan factible sería continuar con su labor dentro de la revolución.

—Oh, oh. Tranquila. No hace falta que seas tan modesta, Elara. Hasta yo puedo notar que eres alguien muchísimo capaz de lo que crees. Inclusive por tu alitas puedo deducir que eres casi una ángel descendida del mismísimo cielo, ¿a qué si? —buscaba ganarse su aprobación, acomodándose los lentes morados para ocultar cualquier rastro de burla en su expresión.

No negaba que no le gustará demasiado ver cómo sacarle provecho a esa relación que estaba por formarse. En este punto, sí. Kyo deseaba ser capaz de seguir conociéndola un poco, un poquito más. —En los cuarteles se rumoreaba que me asignarían con alguien capaz de invocar tormentas con un estornudo, y veo que no exageraban en absoluto. —mentiría. Obviamente nadie le había dicho tal información de la electrizante Elara, pero, como era un total mentiroso, Kyo siempre debía buscar alguna forma de llamar la atención, ¿no?

Pobre de él. No sabía ser honesto.

En esa conversación, mientras Kyo se limitaba a analizar la presencia de la fémina, el rugido del estómago de está rompería momentáneamente el silencio, provocando que Kyo soltara una carcajada suave que no llegaba a ser una burla, sino más bien una notable expresión de gracia.

Sí, le hacía gracia.

—Un estómago ruidoso es la señal de buena salud, mi querida Nee-chan. Ya sabes lo que dicen, antes de planear algo siempre se debe tener la panza llena, ¿no crees? —comentaría con naturalidad, haciendo un gesto con la mano para invitarla a guiar el camino. Después de todo si podía comer gratis, entonces bien por él. —Acepto la invitación, por supuesto. Un hombre de mi posición no puede permitirse rechazar el banquete de bienvenida de una dama tan atenta y hermosa como usted. —guiñándole un ojo, prosiguió.

Mientras empezaban a caminar hacia el pueblo, Kyo sacaría una pequeña moneda de su bolsillo, jugueteando con ella entre sus dedos con una habilidad que delataba sus años en las calles.

Sin saber que le depararía el destino, quería creer que mantenerse al lado de Elara no haría más que traerle buenas fortunas. —Dime una cosa, antes de que lleguemos a ese manjar. ¿Hay más personas en el pequeño grupo de la revolución que estará bajo tu mando? —preguntaría, principalmente por la genuina curiosidad que sentía. —Ya sabes, tengo interés en saber que nos depara. —ni él sabía que tan difícil sería el seguir trabajando como revolucionario, pero, por ahora, Kyo prefería no pensar en ello.
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#5
Elara sintió que sus alas daban un pequeño brinco de pura felicidad cuando escuchó a Kyo compararla con un ángel. Nadie en la superficie le había dicho algo tan bonito y tan... tan poético, nee~. Se quedó mirando cómo él se acomodaba esos lentes morados, pensando que era el chico más elegante y más "experto" que había conocido en toda su vida. El rojo de sus mejillas no bajaba, al contrario, se ponía más intenso con cada palabra amable que salía de la boca de su nuevo compañero. ¡Estaba totalmente desarmada!

Le impresionó muchísimo saber que en los cuarteles hablaban de ella como alguien capaz de invocar tormentas con un estornudo.

— ¡A-ah! ¿En serio dicen eso de mí en los cuarteles? ¡Nee~! — exclamó ella con los ojos muy abiertos y una sonrisa llena de orgullo inocente. Dio un pequeño saltito mientras empezaban a caminar. — Pues... pues no suelo estornudar rayos, pero a veces cuando me emociono mucho sí que suelto algún chispazo sin querer. ¡Me alegra que me tengan en tan alta estima, nee~! — confesó con una sinceridad total, sin sospechar ni por un segundo que Kyo le estaba tomando el pelo de forma magistral.

Cuando él soltó esa carcajada suave por el ruido de su estómago, Elara se tapó la cara con las manos, dejando apenas un huequito para mirar esos lentes que tanto le gustaban. Se sentía muy avergonzada, pero la forma tan natural en la que él aceptó la invitación la dejó mucho más tranquila. ¡Era un caballero de los pies a la cabeza! O eso pensaba ella en su cabecita de pájaro.

— ¡Nee~! Tienes mucha razón, Kyo. Un estómago vacío no puede pensar en estrategias de combate ni en misiones secretas — rió ella de forma aguda, recuperando la confianza mientras guiaba el camino hacia el puesto de arroz. — Me hace mucha ilusión que aceptes mi banquete de bienvenida. ¡Prometo que el arroz de aquí es el mejor de toda la isla! — añadió con un brillo de entusiasmo en su mirada verde.

Caminaban juntos y ella no podía dejar de fijarse en cómo él jugueteaba con esa moneda. Le parecía alguien tan habilidoso y tan lleno de misterios que se sentía muy afortunada de ser su "Nee-chan". Sin embargo, cuando él preguntó por el resto del grupo y por su mando, Elara se puso un poquito seria, aunque sin perder la dulzura.

— Pues... por ahora solo somos nosotros dos aquí en la isla, nee~ — explicó ella rascándose la nuca con cierta timidez mientras cruzaban una calle concurrida. — Owen suele enviarme misiones sola porque dice que mi "potencial" es muy grande, pero yo creo que en realidad es porque soy un poco ruidosa. ¡Pero ahora que estás tú, somos un equipo de élite! — afirmó con una seguridad que casi daba ternura, convencida de que Kyo era el refuerzo vital que la Revolución le había prometido.

Se sentía tan cómoda a su lado que casi se olvida de que estaban en una zona llena de gente que podría ser enemiga. Para ella, Kyo era como un escudo inteligente y guapo que la iba a guiar en todo lo que necesitara aprender sobre ser una verdadera líder. ¡Qué suerte tenía de tener a un experto tan honesto con ella! O eso creía ella, nee~.
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