Tezca Norova
Fuerza
Resistencia
Destreza
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Agilidad
Reflejos
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Voluntad
C. de Haki
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Presión.
Eso fue lo que mi cerebro registró ante las palabras ajenas. Seguía en su cuarto, ahora sin el cigarrillo en la mano, pero con el amargo sabor en los labios por un minuto me pareció extremadamente asqueroso. No me preguntaba nada malo e incluso había compartido su historia: Quería regresarle la pregunta con ingenua curiosidad ¿Esa mierda se hacía? ¿Para qué? Pero no podía por la presión me estaba molestando en el oído. “Nunca le había dicho a nadie sobre Aleksei” Repetí en mi mente. Nadie tenía que saber de él. O de su cuerpo. O de como descubrí que no importa que tan horrible fuera la herida, las marcas nunca se quedarían en mi piel. O de como sabía cosas que no debería saber por su culpa… Porqué jamás tuve una pareja. No. No. No. ¿En eso iba a terminar?
“¿Le has recordado por algo que he hecho, quizás?”
Lo miré con horror, no, ese no podía ser el caso. Se parecían, no se parecían y por un segundo en lugar de ver a Jin… Lo vi a él. Ni puta mierda, le compartí demasiado, yo me voy. Esto no podía más. Si me quedaba un segundo… No, no. Era Jin. Pero aún así… Esto me había sobrepasado, sabía demasiado y solo tenía dos opciones: Irme, matarlo o matarme. —Mierda, esto está mal, tengo que irme, solo… entiéndeme ¿me entiendes? Esto está jodido. Está mal. —Me levanté de golpe mientras buscaba mi ropa, mierda no estaba aquí, estaba abajo.
Todo fue tan de prisa cuando estaba a media escalera, quitándome la camia del pijama como podía y casi tropezando mientras me retiraba los pantalones: Nunca había tenido que huir así, pero al parecer siempre hay una vez para todo ¿verdad? Finalmente encontré mi ropa en el sillón y me vestí tan rápido como si el esposo de mi amante estuviera en la puerta. Si Jin estaba hablando ni siquiera podía escucharlo. Tenía miedo que si lo miraba o escuchara. Me quedaría.
Dejando mis lentes atrás y completamente un desastre salí de su casa, todavía abrochándome con las manos temblorosas mientras esperaba no tropezarme en la calle ¿A dónde iba? Ni idea pero esperaba estar lo suficientemente lejos.
Por el rabillo del ojo me pareció notar algunas figuras que avanzaban en mi dirección contraria… ¿a estas horas de la noche? El pensamiento apenas se formó cuando algo más antiguo y visceral se activó en mi interior. Mi instinto no pudo evitar encenderse, tenso, afilado, como si alguien hubiera encendido una alarma silenciosa bajo mi piel. No era simple desconfianza: era esa certeza incómoda que se instala en el estómago antes de que la mente alcance a comprenderla.
Parecían peligro. Olían como peligro. No en un sentido literal, sino en esa forma casi animal de reconocer la amenaza: el aire más denso, los pasos demasiado coordinados, la ausencia de voces innecesarias. Algo en su presencia no encajaba con la calma nocturna, como una nota falsa en una melodía lenta. Seguí avanzando sin girar la cabeza, fingiendo normalidad, pero cada músculo estaba listo, atento, esperando el momento exacto en que la noche confirmara mis sospechas. Y el tiempo parecía ir un poco más lento.
Onizuka Jin
Fuerza
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C. de Haki
C. de Akuma
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Algo parecía no ir bien. No entendía qué, no entendía cómo. Solo algo no iba nada bien. —¿Tezc-…? — y solo lo vio levantarse, hablar incomprensiblemente. Se incorporó, tratando de frenarlo con el brazo, pero para entonces ya estaba corriendo escaleras abajo. —¡TEZCA! ¿QUÉ DIABLOS TE PASA?
—¡TEZCA!
¡¡BAM!!
¿Qué demonios? Todo estaba yendo bien hasta ese momento. ¿Qué diablos estaba pasando ahora? ¿Qué había hecho para huir así? —Mierda, me dijiste que te ibas a quedar a dormir… ¿Qué hay de mi maldito desayuno? — Porque se lo había imaginado, en una fantasía invisible. Maldijo por lo bajo, pateando lo primero que se encontró, que fue una pobre maceta que no tenía nada que ver. La había cagado, ¿Verdad? Sí, tuvo que cagarla. No debió haber preguntado por ese maldito Alek. Apretó los puños, furioso, ahora armando un desastre, deshaciendo por completo la cama, lanzando incluso el colchón contra la misma puerta del baño, jadeando. Su cuerpo temblaba, no de ira, sino frustración, impotencia, emociones que no comprendía lo estaban volviendo completamente loco. Sus ojos mostraron, por primera vez, ira. No por Tezca, sino por quien fuere ese maldito ser que se había atrevido a hacer a Tezca de ese modo. Fuera quien fuese ese tal Alek, se encargaría de encontrarlo. Cerró los ojos, tratando de respirar, sentándose en la madera que ahora estaba siendo su cama. Tenía que calmarse. No se había percatado hasta entonces de su propio temblor, la mano derecha le temblaba, producto del brote de ira que acababa de estallar en él.
Observó su propia mano, impotente, sin comprenderlo, con la palma abierta. Le sudaban las manos, más de lo que jamás recordaba que lo hicieron. Cerró el puño, lo mejor era fumar, tenía que calmarse, tenía que… Elevó su mano sobre su cabeza, apretando su propio cabello.
—¿Ha sido culpa mía?
¿Por qué sentía esta condenada frustración? ¿Esta condena tan intensa? Maldito fuera el momento que salió a preguntar por ese idiota. Solo debía… ¿Debía ir tras él? ¿O solo empeoraría las cosas? ¿Y si no volvía a verlo?
Pere-Pere-Pere.
El Den-Den Mushi sonó en alguna parte del dormitorio, el pobre caracol ahora debajo del colchón que él mismo había lanzado. Se puso en pie, omitiendo el sonido del caracol. No tenía humor, ni para un trabajo, ni para nada. Caminó hasta la mesita, usando el paquete de tabaco, sacando un cigarrillo, al momento que parecía que el Den-Den Mushi finalmente guardaba silencio… Tomó el cigarrillo entre sus dedos.
Pere-Pere-Pere.
Una, y otra, y otra vez. Maldito fuera el momento que se decidió a aceptar trabajar con el condenado clan. Seguro que tenía algo que ver con ellos. No tenía humor, no iba a contestar.
Pere-Pere-Pere.
Su mano derecha todavía ni había encendido el cigarrillo cuando volvió a sonar de nuevo. Lo puso frente a su rostro, con el deseo de que solo se callara de una condenada vez.
—No estoy de humor. Dejadme en paz… Ya basta…
Pere-Pere-Pere.
Apretó los dientes, ya agotado, apartando de un manotazo el colchón, tomando al fin el Den-Den Mushi.
—¿NO ENTENDÉIS QUE ESTOY OCUPADO?
—J-jefe… es el hombre del otro día. — Iba a colgar, no iba a mencionar cosas del trabajo, abrió los labios para dar una orden. —El señor Norova que contrató. Van tras él. Parece que dejaron una nota de que lo tienen. La banda rival… Nos mandó un mensaje para usted. Lo tienen. Dicen que lo acaban de capturar. — silencio. Solo silencio. Largo, contemplando el caracol. Nadie podía verlo, nadie excepto el propio caracol en ese momento. Parecía que solo había muerto desde su lado.
—¿Jefe?
Sus labios temblaban, sus ojos estaban completa y absolutamente dilatados. ¿Perder a Tezca? Apenas… había pasado poco tiempo desde que había salido. ¿Acaso sabían dónde estaba viviendo cuando llegó a Kárate? —¿Jefe? — No, no podía ser. Alguien, algún traidor. No podía ser el mismo… No por su culpa.
Pero era por su culpa.
No se dio cuenta de cuándo, solo se comenzó a vestir a toda prisa, sin siquiera mirar atrás, con el Den-Den Mushi en su mano. —BUSCADLO. AHORA. QUIERO QUE LO ENCONTRÉIS. ¡YA!
—S-sí jefe… — Se escucharon ruidos, a la vez que él mismo abandonaba la casa. ¿Dónde estaba? ¿Respondería al Den-Den Mushi si lo llamaba? Apenas hacía una hora que lo tenía con él, en la misma cama. No podía ser que… ¿Y si lo encontraba muerto, lleno de sangre?
TENÍA QUE ENCONTRARLO.
[***]
Porque sí, allí estaban. Un grupo organizado, perfectamente preparado. Habían seguido a Jin en los pocos días que llevaba en kárate, encontrándose con el propio Tezca entrando allí, todo el tiempo que estuvo dentro. Eso los hizo suponer varias ideas, entre ellas, una posible pareja. ¿Por qué? Porque Jin no dejaba entrar a ninguno de sus acompañantes nocturnos en su casa, jamás. Solo ese joven hombre. Por eso, en el momento que lo vieron salir, fue que comenzaron a ir tras él. Al inicio parecían unos pocos, luego solo estaban por todas partes; dentro de edificios, hablando desde Den-Den Mushis entre ellos, actualizando su situación. Aprovecharon para acorralarlo, hacerlo moverse incómodamente hasta donde debía ser, hasta donde ellos planeaban que fuera y, cuando todo estaba listo…
¡BANG!
Un disparo. No desde el frente, no desde la espalda. No, un francotirador perfectamente oculto, disparando directamente en una de las piernas de Tezca, buscando así reducir su movilización.
¡BANG!
Segundo disparo, ahora en el hombro, evitando que, en caso de estar armado, pudiera tomar su arma con las dos manos, solo que esta vez la bala vino desde otra dirección.
¡BANG!
En dirección a su espalda esta vez, buscando hacerlo caer. ¿Acertarían esas tres balas, o ninguna daría con ellas? Lo que sí era cierto era que ya habían informado a los hombres de Onizuka Jin. Aquel bastardo al que tanto habían intentado hacer caer. Sabían que había habido más de un encuentro entre esos dos, y eso no era solo casualidad, porque Jin nunca dejaba que fueran tan constantes.
Tezca Norova
Fuerza
Resistencia
Destreza
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Inteligencia
Voluntad
C. de Haki
C. de Akuma
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30-12-2025, 08:26 PM
(Última modificación: 30-12-2025, 08:29 PM por Tezca Norova.)
Ah, que hijos de puta.
Debí olérmelo, no, de hecho, lo hice, solo creí tontamente que no era en mi contra hasta que comenzaron a aparecer en las esquinas, haciéndome tomar caminos alternos hasta que terminé en una especie de terreno desolado con edificios alrededor mientras la muchedumbre iba creciendo. Rodeándome. Maldita sea ¿Por qué eran tantos?
¡BANG!
PLAF
Ese fue el primero y aunque mis reflejos eran rápidos tenía más cosas por las que preocuparme al estar rodeado. El disparo partió el aire. Un silencio ínfimo… y entonces el sonido sordo, asquerosamente cercano, cuando la bala encontró carne y la sangre salió, casi haciéndome caer. Dolía como el infierno y ahora me reducía la movilidad, mierda, tuve que detenerme mirando con precaución a mi alrededor, era ahora o nunca mientras-
¡BANG!
¡BANG!
THUK, THUK
Hubo otros dos impactos, uno que noté y otro que sentí, pero esta vez no hubo sangre, solo humo y pegotes de barro sin forma definida alrededor de las balas, todavía incrustadas superficialmente en la piel mientras sacaba mi tridente. Ellos tenían armas, pero tal vez no consideraron que yo también, aún así me encontraba en una gran desventaja, aún así sabía que tenía que actuar. Aunque mientras me acercaba para asestar un golpe al frente en diagonal de arriba hacia abajo, solo pude pensar en una sola persona. Ni siquiera en mí, que todavía podía sentir el dolor punzante en la pierna mientras me movía que solo iría empeorando. Jin. Tenía sentido, yo no era el objetivo. Rara vez me involucraba con organizaciones tan grandes y cuando lo hacía me aseguraba de que fueran cosas de una sola vez ya que esto podría pasar ¿me confundirían con él? No, no nos parecemos en nada ¿Entonces por qué mierda me están atacando?
Uno de los hombres se acercó, ya sea un distractor o un atacante cuerpo a cuerpo, tomé la lanza con ambas manos colocándola frente a mi mientras el hombre iba en mi contra, comenzamos a forcejear y aproveché el momento para hablar. —¿Qué mierda quieren? — Aprendí que, en esta línea de trabajo, en momentos tan críticos preguntar quiénes eran primero no es viable, lo mejor es satisfacer a ambas partes para terminar con el conflicto de una vez por todas. —A Onizuka Jin — Gruñó el hombre ante la fuerza que aplicaba, por lo que arriesgándome a lastimarme aún más me apoyé sobre la pierna adolorida, arrebatándole la lanza para clavársela en el cuello, la sangre ahora salpicando mi rostro mientras lo miraba con furia. Al menos sus palabras hacían que ahora todo tuviera más sentido.

—Maldita sea… Si los mato a todos, llamaré la atención de la marina ¿me entiendes? — Me quejé con cierta molestia, antes de limpiarme la sangre y sacar el tridente con fuerza del cuello del hombre, volviendo una vez más a limpiarme la sangre ¿Por qué sangraba tanto? Era molesto.
Claro. Podría lucirme y cobrar un poco más por esto ¿verdad? Que tonto estaba siendo, al final del día quien tendría que lidiar con las consecuencias y la marina era Jin y parecía estar mejor comunicado que yo.
Solo podía esperar que no viniera.
Ni siquiera escuché el ruido, solo sentí el impacto de otros dos disparos contra la pierna y la espalda, mientras apenas me lanzaba al segundo. Claramente no podría con todos, mucho menos con esta herida, necesitaba una salida y rápido.
Cambios en estadísticas
Vitalidad:
977
-
70
=
907
Energia:
1103
-
50
=
1053
Espiritu:
162
+
0
=
162
Onizuka Jin
Fuerza
Resistencia
Destreza
Precisión
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Reflejos
Inteligencia
Voluntad
C. de Haki
C. de Akuma
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Tenía que calmarse. Estando así solo podría empeorar las cosas. Si lo buscaban, quizás, solo quizás, seguía con vida. Sí. Sí, así era. Lo tendrían que intentar usar como cebo para atraerlo. ¿Y si solo habían mentido? No era casualidad de todos modos que poco después de que se fuera, en un estado vulnerable, no pudiera pelear. Todo le estaba volviendo loco. Respiró, ahora entrando en lo que ya conocían todos excepto el propio Tezca; el modo analítico. El Onizuka, el apellido que el clan le dio. Sus ojos se abrieron, ahora fríos como el hielo, dándose cuenta de que ni siquiera se había puesto la corbata. Solo llevaba su traje, gris y con camisa negra. No importaba tampoco. Tomó el Den-Den Mushi, con calma. Podría ser un riesgo, pero merecería la pena. Tenía qu-…
Pere-Pere-Pere.
El caracol sonó de nuevo. ¿Lo habían encontrado? Respondió sin pensar, a la espera de cualquiera de las palabras que pudieran darle indicaciones. Lo que fuera.
—Espero que le haya gustado la pequeña sorpresa que le hemos preparado de bienvenida, señor Onizuka.
El rostro de Jin dibujó absoluto odio. Sus cejas frunciéndose, sus ojos, más afilados que nunca, mirando a la nada. Sus pasos se volvieron más lentos. Reconocía esa voz. El clan Muritsugi. El condenado Clan que siempre parecía ir tras su poder desde que uno de los miembros abandonó el propio Onizuka. Unos traidores en potencia, algo que el propio Jin odiaba con toda su alma. —¿Sabe? Es una lástima lo del joven. Pensar que alguien como usted se iba a apegar a alguien. ¿Quién lo diría? Me encantaría ver qué cara pondría cuando lo vea en el puerto. — se escuchó la risita desde el caracol, una risita endiablada, cargada de ego.
—Si quiere que lo dejemos libre, entréguese, Onizuka, con lo que encontró en su pequeña infiltrac-...
Sin más, apagó el Den-Den Mushi, dejando con la palabra en la boca al individuo, sin responder con una sola palabra de sus propios labios. Sabía que si mostraba un ápice de preocupación, fuera a quien fuese, podrían llegar a poner más en peligro a Norova. No podía permitirse ese lujo, bajo ninguna circunstancia. Sin embargo, él mismo llamó a uno de sus propios hombres. —Reúne a todos los hombres ahora mismo en el puerto. Tienes diez minutos. Quien no aparezca, que se despida de su familia. Traedme también una katana. — No esperó respuesta, directamente colgó, yendo al puerto directamente. Por fortuna, allí había reunidos ya un gran número de sus hombres pero, por supuesto, era una trampa. Allí no se encontraba Tezca Norova. No. Lo que había era otra montaña de hombres de la banda rival, preparados para atacar, la mayoría armados hasta los dientes. Es más, los superaban en mayoría y, sin embargo, Jin no parecía preocupado por ello. Uno de los hombres le entregó la katana, que tomó sin decir una sola palabra, caminando hacia la ola de hombres que se podía apreciar frente a él. Algunos con bates, otros con katanas, otros con dagas y, otros, con pistolas. No se vio alterado, solo elevó su mano hasta el cuello de su camisa, acomodándola con una paciencia que asustaba.
—¿Dónde está Tezca Norova?
Uno de ellos se lanzó sobre él, atacando con un bate de madera. Jin no dudó, en un veloz y eficaz movimiento, no solo partió el bate en pedazos, también degolló al hombre, quien se sostuvo del cuello, con sonidos ahogados, cayendo de rodillas frente a él. Lo tomó del cuello de la camisa, sin ningún temor, ni reproche, mirándolo directamente. El terror estaba claro en el hombre, quien no podía hablar, moribundo.
—Si no me vais a responder, entonces solo os tengo que matar uno a uno hasta que alguien cante.
Algunos retrocedieron, otros comenzaron a lanzarse, creando de la nada una batalla entre los dos clanes. El propio Jin peleaba también, sin inmutarse, sin compasión, preguntando uno a uno, antes de acabar con sus vidas dónde se encontraba Tezca.
Lo iba a encontrar. No le importaba cómo o el qué.
[***]
—¿E-es un usuario de Akuma? — la sorpresa se mostró ante uno de los francotiradores. Sin embargo, sabía que una de las balas había impactado en el hombre, la sangre estaba allí. Además, la lluvia iba a dificultar el encuentro del propio Jin. Porque sí, ahora también llovía, dificultando el encuentro entre ambos hombres. Por supuesto, quien había atacado directamente a Tezca no estaba solo y, cuando murió, varios más comenzaron a rodearlo, sin verse amedrentados ante el akuma del hombre. Sabían que estaba herido, e iban a aprovechar esa ventaja a su favor.
El segundo tenía una daga, que elevó en cuanto lo vio acercarse, haciendo un movimiento recto ascendente directamente buscando el rostro de Tezca. A su vez, otros dos atrás; uno con una barra de metal, otro con una katana, ahora lanzándose a sus espaldas. El de la barra de metal de un salto, el otro con la katana al frente, buscando un apuñalamiento directo en un costado. Mientras tanto, el resto que había alrededor, lo mismo, con las miras de sus francotiradores preparados para un impacto en el instante que el akuma dejara de hacer efecto.
Tezca Norova
Fuerza
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C. de Haki
C. de Akuma
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31-12-2025, 05:15 AM
(Última modificación: 31-12-2025, 05:16 AM por Tezca Norova.)
Mi ahora estaba lloviendo. Qué puto deleite. Sentí las gotas sobre mi cabeza mientras el otro hombre yacía en el suelo agonizante, lo normal cuando te clavan un tridente en el pecho. Comenzaba a cansarme, mantener esta forma me consumía y los impactos no lo hacían mejor; probablemente ya estuviera muerto para este momento. Me aferraba a la lanza con fuerza, por supuesto que les ganaría, sin dudarlo, pero ¿Por qué me estaba cansando? ¿la herida? He peleado en peores condiciones. Mierda, sentí el filo de una katana rozándome mientras me movía a la izquierda intentando desviarlo. Siempre he sido hábil, pero esto era exagerado: Demasiada gente, demasiadas armas, dolor y fuerza de voluntad. El área se cerraba, dejándome menos espacio: Algunos parecían solo esperar ¿A qué? ¿A que me cansara? Mierda, tenía que avisarle a Jin pero dudaba que me dejaran hacer una llamada.
Mi cuerpo se movió por supervivencia: A quien atacaba y a quien no comenzaba a verse en una línea difusa, mientras continuaba moviéndome hacía atrás: Me superaban, por mucho, pero tengo algo que ellos no. La muerte me ama. Con una voluntad inhumana y la rabia de un animal enjaulado tomé la decisión de ir contra uno de los lados esperando abrirme camino, usando los filosos bordes de los cuchillos exteriores del tridente para hacerlo a un lado, sembrando muerte y destrucción como el caballo de Atila, ni siquiera esquivaba los ataques de los que venían atrás de mí, dudaba sentir algo en ese momento y ni siquiera me importaba.
Aproveché que había logrado hacerme un camino relativamente libre para correr con todas mis fuerzas, terminando por esconderme detrás de una construcción en mal estado, quitándome un pedazo de arcilla del costado para lanzarlo a unos metros y hacer que continuara arrastrándose, esperando que creara el suficiente ruido para distraerlos mientras sacaba mi den den mushi, esperando que sonara. —Van por ti, a 5 calles del Dojo del Okama Kenpo, voy a detenerlos, pero estoy herido ¿me… entiendes? Ve a… — Me quejé del dolor en la pierna, escuchando los pasos acercarse cuando

Sentí como el caracol se hacía añicos en mi mano, aturdiéndome por un momento mientras la bala se incrustaba en la pared detrás mío y entonces, algo mareado lo noté: Un puto francotirador. Carajo. Rápidamente me habían encontrado, comenzando a llenarse el área mientras yo me levantaba una vez más, dejando un rastro de arcilla sobre el mango del tridente, tomándolo nuevamente con fuerza mientras rápidamente cargaba contra el imbécil frente a mí. Si le había dicho a Jin que iba a detenerlos, cumpliría con mi trabajo de forma exitosa.
Onizuka Jin
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Una enorme cantidad de hombres, su Den-Den Mushi sonando una y otra vez. Posiblemente de su jefe, o a saber, el otro idiota que se atrevió a amenazarlo con Tezca. Una, y otra, y otra vez. A su vez, el caos se había formado, una guerra, una pelea entre la montaña de hombres. Su katana se deslizaba, veloz, eficaz, ante la montaña de hombres. Su rostro comenzando a mancharse de la sangre de sus enemigos, del mismo modo que su propia ropa. Ahora sostenía en su mano derecha a uno de los hombres, quien estaba ya muerto, mirando al frente, aunque nadie podía analizar bien su expresión.
—No me gusta repetirme. ¿Dónde está Tezca Norova?
Algunos hombres comenzaron a retroceder, viendo que se habían visto seriamente reducidos gracias a las habilidades del semi-líder Yakuza y sus hombres, incluso siendo superados en números. Las habilidades de Jin eran dignas de mención. Una velocidad increíble. Esta vez tomó del cuello a uno de ellos, quien trató de alejarse, sin percatarse de que, a sus espaldas, otro aprovechaba la distracción para apuñalarlo por la espalda.
—¿DÓNDE ESTÁ?
Los sentidos de Jin aumentaron, incluso bajo la lluvia, pudo percibir la presencia detrás de él, gracias a su sentido del oído podía escuchar los pasos, los movimientos que se acercaban peligrosamente a él y, en aduras penas un veloz movimiento, desvió a apenas milisegundos su rostro, en el mismo instante que vio justo a su lado una daga pasarle por el lado de la oreja.
No se vio amedrentado, por el contrario, lanzó al hombre que sujetaba tras él, impactándole directamente, desarmándolo, en el mismo momento que, otra vez, sonaba su Den-Den Mushi. Ya hartándose, usó su mano para responder, al instante que preparaba con la otra mano la katana para atacar —Ahora estoy ocu-…
—Van por ti, a 5 calles del Dojo del Okama Kenpo, voy a detenerlos, pero estoy herido ¿me… entiendes? Ve a… —
—¿Tezca…?
Pero nadie comunicaba. Solo escuchó un crujido desde el otro lado de la línea. Contempló, temblando, el mismo. —¿Tezca? — Trató de llamar de vuelta, sin éxito. No daba comunicación, el caracol solo observándolo sin comprender. Chasqueó la lengua, ahora molesto.
—Tsk… No tengo tiempo.
Mencionó que estaba herido, lo había escuchado, también dónde estaba. Ahora tenía que terminar rápido, quién sabe cuánto tiempo más le quedaría… El tiempo era oro y, sin embargo, no podía proseguir. De nuevo le barrían el paso. Estaba comenzando a impacientarse, sus ojos cargaban la impaciencia y la ira. No iba a permitirlo. Se lo había prometido… Que lo protegería.
—Fuera de mi camino.
Cerró los ojos, dejando escapar el aire a la vez que envainaba su katana. Se vio entonces rodeado, una montaña de hombres, creyendo que se había rendido y que, de un momento a otro, vieron que su propia persona había desaparecido. No, hubo un sonido. El sonido de la katana envainándose, justo tras ellos. Trataron de voltearse, pero en el momento que se escuchó el clic de la katana terminado de cerrarse, hubo un estallido. Cortes por todas partes, de los siete individuos que habían intentado ir a por él, mostrando por qué era tan veloz, por qué sus técnicas eran tan letales y por qué, hasta entonces, había logrado sobrevivir sin recibir un solo rasguño. Dio entonces una orden, clara, directa hacia sus hombres. —Ya no quedan muchos, que no quede ni uno en pie. — Porque iría solo. No le importaba cómo ni cuánto tiempo le llevara. La dorsal de su mano pasó por un lado de su rostro, jadeando, cansado. No le importaba, tenía que poner a Tezca a salvo fuera como fuere.
Porque iba a cumplir su palabra.
[***]
—Matadlo. No sirve de nada. No parece ser de interés para Onizuka. — la voz, la misma que había amenazado a Jin antes sobre Tezca, ahora hablaba desde el Den-Den Mushi de uno de los tiradores. Se había convencido, gracias a que el propio Jin había interrumpido su conversación sin más tras la amenaza, de que Tezca no era tan relevante, y por ello perdió interés y decidió no dejar testigos.
—Se nos dificulta un poco, jefe, parece usuario de Akuma. Pero lo mataremos. — Tras el visto bueno, fue que buscó con la mira al hombre. Había desaparecido el condenado, esa arcilla era molesta. Se guió bajo la sangre que se estaba borrando por la lluvia, moviendo la mira lentamente, hasta que volvió a dar con él. Pudo ver que se comunicaba desde el Den-Den Mushi. ¿Estaría llamando al Onizuka, o quizás a algún Marine para rescatarlo? No le importaba, solo disparó al caracol, a la vez que el segundo individuo trataba de arremeter contra él. —No pienso dejar que pidas ayuda. Eres hombre muerto. — apenas susurró esas palabras el francotirador, dando la orden de ahora ir a matar. No habría compasión hacia el rubio, ninguna. Volvió a usar la mira, en algún momento se le tenían que terminar las fuerzas y su Akuma sería inutilizable. Pudo escuchar pasos desde un lado. Pasos corriendo en una sola dirección, como si supieran a dónde ir. ¿Quién-…?
![[Imagen: PuCZzbv.png]](https://i.imgur.com/PuCZzbv.png)
Allí estaba, el mismo Jin, corriendo como alma que lleva al diablo. En algún momento se había desecho del abrigo lleno de la sangre de quienes mató en el puerto, uno de sus hombres se encargaría de eliminar las pruebas. No le importaba en ese momento. Sentía la lluvia, el cuerpo y el frío calarle los huesos y, sin embargo, no le importaba en lo absoluto. El francotirador, ahora temblando, vio venir un serio peligro y lo apuntó directamente, buscando con la mira acertar directamente en su cabeza. Sabía bien que, si no lo mataban, ninguno de ellos iba a sobrevivir. La mira, estaba perfecta, no parecía percatarse, no iba a hacerlo. El dedo fue directamente en el gatillo, en el instante que Jin podía ver solo agua. No había sangre, la lluvia, que estaba empeorando, volviéndose tormenta, solo había borrado todo rastro de cualquier presencia, incluso los sonidos se volvían ahora más confusos. —¡TEZC-….!
¡BANG!
La bala fue directa al cráneo de Jin, el disparo había sido perfectamente apuntado, el dedo en el gatillo. El hombre elevó su francotirador, suspirando con cierto alivio. Ahora no deberían quedar más que el Onizuka muerto o inconsciente como mínimo en el suelo. Eso debería ser, por supuesto, de no ser porque la katana de Jin había desviado la bala en el momento exacto, había escuchado el disparo, sus reflejos habían logrado hacerlo frenar a duras penas milisegundos del impacto y la katana ahora era la que salía el humo por el desvío de la bala. Él jadeaba, temblando, su propia mano temblaba, viendo lo cerca que había estado de haber bajado lo suficiente la guardia para recibir un disparo. ¿Cuántos habían? ¿Seguiría Tezca en pie? Sus ojos fueron al suelo, viendo pedazos de… Un momento, ¿Arcilla? ¿Por qué diablos había arcilla en el suelo? El temor y la preocupación se extendió de nuevo. ¿Un miembro rival con un usuario de Akuma, quizás? Mantuvo su mano apretada en la katana, ahora solo siguiendo el rastro que lo estaba llevando lentamente hasta el destino…
Cuando vio a dos hombres, frente a un Tezca desorientado. Uno de ellos todavía con la katana, otro con una maza. El odio se dibujó en su rostro, viendo la lanza que el propio Tezca poseía, viendo que parecían haber también restos de arcilla en él. Su rostro goteaba con la cantidad de agua de la lluvia, no iba a dejar a nadie vivo, a ninguno.
—Es a mí a quien estáis buscando.
Hizo un movimiento con su katana, en el instante que se escuchó un nuevo disparo que trataba de impactar de nuevo a Jin. Ahora, los tres francotiradores se centraban en el yakuza que acababa de llegar y, sin embargo, no fueron capaces de alcanzarlo cuando la katana pareció danzar en dos medios arcos, ambos diagonales, en movimientos expertos, contra los dos hombres que se encontraban frente al rubio. La sangre voló, el impacto fue directo pasando por el torso de ambos, quienes comenzaron a gritar de dolor. Ahora solo había ira en sus ojos, al instante que sacaba su daga de su bolsillo. Sus nudillos, ensangrentados y amoratados por los golpes que había dado sin freno en el puerto tratando de sacar la información que necesitaba antes de saber dónde estaba Tezca se veían claramente en el momento de retirar el arma.
—No sabéis con quién os habéis metido…
La daga asomó, afilada, hasta los hombres que comenzaron a retroceder por el dolor y, por supuesto, aquella voz que solo lo caracterizaba a él, la voz que creaba temor, miedo y gritaba en silencio que sus vidas estaban ante el mismísimo demonio frente a ellos. No iba a dejar a ninguno de ellos con vida. A ninguno. Los mataría lenta y dolorosamente. Cómo se atrevían. Quién se atrevía. El apuñalamiento fue insano. Uno, tras otro, tras otro. La sangre ahora manchándolo por todas partes, yendo directo a los rostros, el pecho. Incluso cuando ya estaban muertos no podía parar de apuñalar, solo jadeando, la locura había hecho perder su propia cordura, el lugar en el que estaba, y con quién estaba. De no ser por la lluvia, probablemente todo su cuerpo estaría siendo inundada por la sangre de sus víctimas y, sin embargo, no podía parar. Era incapaz.
Tezca pudo haber muerto. Todo por su culpa.
NO LO IBA A PERMITIR.
Tezca Norova
Fuerza
Resistencia
Destreza
Precisión
Agilidad
Reflejos
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La tormenta seguía cayendo con una insistencia casi cruel, como si quisiera borrar mis huellas, como si el mundo intentara convencerme de que era mejor desaparecer. Mis manos temblaban, no sabía si por el frío, por la adrenalina o por la frustración que se negaba a soltarme el pecho. Cada sonido se distorsionaba: el trueno, el agua, mis propios pasos torpes mezclándose con el recuerdo seco del disparo.
La lluvia, mis lentes empañados, la desorientación era la combinación perfecta para sentirme a la defensiva; No podía ver bien en la tormenta y el eco de la bala todavía resonaba en mi oído, provocando que me sintiera mareado aún así me aferré con el alma a esta existencia; No iba a morir aquí. No iba a morir sin ver a…
Ahí estaba o tal vez solo comenzaba a alucinar por el mareo, no, podía identificar esa figura con facilidad: se veía demasiado real y cuando me di cuenta sentí la cálida sangre de mis atacantes sobre la ropa, había sido tan rápido que en mi estado actual no podía registrar los movimientos del ajeno… Era Jin ¿verdad? Parecía un demonio, un espíritu o algo mucho peor. Los disparos se hacían presentes en el ambiente pero había perdido de vista al francotirador y comencé a reunir las piezas de arcilla, al final del día seguía siendo mi puto cuerpo, no lo podía dejar tirado. Mierda, la situación parecía calmarse pero respiraba con dificultad mientras buscaba a los francotiradores, Respiré hondo, limpié mis lentes con la manga temblorosa y seguí avanzando. Tal vez no veía con claridad, pero sabía una cosa con certeza: mientras pudiera dar un paso más, mientras el corazón insistiera en latir, esta historia aún no terminaba.
Solo bastó un par de pasos para que entre la lluvia pudiera encontrarme frente al hombre jadeante… y me quedé en shock mientras lo observaba. Parecía no estar del todo presente, dejando los cuerpos en masas deformes de sangre, huesos y órganos, irreconocibles. Ya estaban muertos, extremadamente muertos ¿Por qué seguía? No supe de dónde sacar voz, pero me acerqué aún más con cansancio en los ojos, mantener esta forma era difícil. — Tenemos que irnos, Jin, tenemos que irnos ya ¡Están muertos! ¿Me entiendes?— Grité desde el hartazgo, paranoico, tomándolo del bicep derecho para intentar quitarlo de su locura, jalándolo con toda la fuerza que tenía.
¡BANG!
Se escuchó en nuestra dirección desde el francotirador y por mero instinto, reacción puse mi mano sobre su cabeza, empujándolo con toda mi fuerza para que se tirara al suelo y colocándome detrás de él.
Thuk.
La bala impactó contra mi nuca, rompiendo la arcilla alrededor y provocando que lo soltara, mierda, eso había dolido: No salió sangre, por supuesto, pero no podía soportar tanto: “Es mi trabajo… No puedo dejar que le pase nada” Era verdad, pero en el fondo lo hacía porque quería hacerlo, no por cobrarle y eso era lo que más m daba miedo. Temblando volví a aferrarme a su espalda esperando cubrirlo lo más que pudiera, mientras algunos pedazos de la arcilla, blanda, caían de cuerpo. Esto era una mala noticia: Me estaba agotando, pero tenía que resistir.
No tenía otra opción.
—…Tenemos que irnos, ya, es mi puto trabajo asegurarme que estés a salvo. Si digo vámonos es vámonos, puta madre Jin.— Me quejé, comenzando a llevarlo con toda la fuerza que me quedaba detrás de una de las paredes del edifico destruido esperando que los francotiradores no pudieras alcanzarnos.
¡BANG, BANG!
Hubieron otros dos impactos mientras lo llevaba y uno logró alcanzarme en el brazo, extremadamente visible donde la arcilla casi rota se dejaba ver ¿Jin podía verlo? Esperaba que no se diera cuenta aunque lo más probable es que fuera la cosa más obvia, sobretodo cuando lucía menos… humano de esta forma. Me apoyé contra la pared, dejándome caer, cerrando los ojos exhuasto y adolorido, temblando y comenzando a quitarme los casquillos de la piel, donde solo quedaban fracturas.
Cambios en estadísticas
Vitalidad:
907
-
30
=
877
Energia:
1053
-
100
=
953
Espiritu:
162
+
0
=
162
Onizuka Jin
Fuerza
Resistencia
Destreza
Precisión
Agilidad
Reflejos
Inteligencia
Voluntad
C. de Haki
C. de Akuma
100
78
150
63
92
74
71
140
21
11
Estaba ciego, incluso había olvidado por completo la existencia de los tiradores que no hacía mucho por poco lo mataban. Sus ojos estaban desenfocados, sus manos solo apuñalando sin compasión, con los cuerpos ya inertes, solo moviéndose a cada golpe. Una, y otra, y otra vez. Al menos hasta que sintió el tacto de alguien sobre su bíceps. Entró en modo supervivencia, moviendo sus armas ahora directamente al rostro ajeno, con ambos filos preparados para apuñalar, solo frenando por haber escuchado su voz y, al fin, ver su rostro directamente. Los dos filos descendieron, jadeando. Su cuerpo todavía temblaba, su ropa estaba empapada, su rostro, todo su cuerpo, y podía verlo allí. El rostro de preocupación de Tezca, aquel al que habían osado amenazar… Y herido.
—Tezc-…
¡BANG!
De repente se vio en el suelo, escuchando el disparo. Su cuerpo tembló. Lo supo, habían disparado en su nuca. Está muerto… Lo han matado… Quedó en shock por algunos segundos, tratando de asimilarlo, sin darse cuenta de los pedazos que caían de su nuca. Eso era su cráneo. Lo era… ¿verdad? —Tezca… no… — Su mano ascendió, buscando su nuca, sin atreverse a mirar. Le costaba incluso respirar. ¿Por qué le dolía de ese modo? Apenas… apenas lo conocía y aún así, le dolía como el maldito infierno. Ni siquiera se dio cuenta de que todavía estaba respirando. Su mano fue a su nuca, sintiendo líquido, uno que él asumió que era sangre y, sin embargo, no era más que el agua de la lluvia…
Pero lo escuchó hablar. —¿Estás… vivo? — ¿Estaba soñando? Había sido un impacto directo en la nuca, en el cráneo, estaba seguro de ello. Se vio arrastrado, todavía asimilando toda la situación, tratando de pensar con claridad, sin éxito. Solo, una vez más, estaba siendo arrastrado hasta otro lado del edificio. Los disparos parecían lejanos, muy lejanos, mientras sus ojos solo podían ver al propio Tezca moviéndose. Y pudo comprenderlo.
Arcilla.
Era su cuerpo, venía de su cuerpo. El disparo que recibió ahora también en su brazo. —Hay que… tratarte. — No habló del Akuma, no era el momento. Tenía que ponerse serio y… aún así… Apretó los brazos hacia él, abrazándolo como si fuera lo único en el mundo. De hecho… ahora mismo sentía que lo era. Qué sensación más extraña. —Basta, o te desangrarás. Yo me encargo. — Se separó, ahora elevando su mano hacia la mejilla ajena, que ahora parecía estar resquebrajándose por la arcilla. El tacto era, cuanto menos, extraño, pero no le importaba. Era él, era Tezca, eso no se lo cambiaba nadie.
¡BANG!
Ahora disparaban de nuevo, habían visto dónde se habían dirigido, pero no a dónde estaban exactamente, era un farol, suficiente para que Jin pudiera despertarse del estado de letargo al que parecía estar. Sus ojos ahora se volvieron más serios, la adrenalina ascendiendo, volteándose en una sola dirección. No esperó, no pidió permiso, solo retiró su camisa, exponiendo su pecho por completo y rodeó su mano con la misma, golpeando una ventana por donde, sin más, tomó a Tezca y lo introdujo bruscamente, en el mismo instante que otro disparo casi acierta su pie derecho. Los habían encontrado, los francotiradores ahora se estaban moviendo, pero fue suficiente para que al menos conociera de dónde había venido uno. Doce balas. Eran francotiradores de precisión, doce balas, y recarga. Con eso podía darle tiempo a moverse.
Se introdujo al edificio, retirando todos los pedazos de cristal, aunque no quedaron en su camisa, y la rasgó sin más, tomándolo del brazo que mezclaba la arcilla y la sangre. Lo primero era extraer la bala, o sería peligroso. Para entonces había envainado la katana, pero no su daga, por ello lo observó a los ojos.
—Te dolerá un poco, pero me lo agradecerás.
Tomó la katana, entregándole el mango directamente a la boca. —Muérdelo para soportarlo mejor, así evitaremos ruidos. Estando dentro se verán obligados a tener que moverse otra vez y tenemos algo de tiempo. — No le dio tiempo a parar, posicionó su rodilla sobre el torso, inmovilizándolo. La daga, con sumo cuidado, penetró el agujero donde veía salir la sangre y rozó con el metal. Allí estaba, la condenada bala incrustada. Con su cuerpo de arcilla no había dejado salir la bala y, si lo mantenía dentro, podría ser peligroso. La pierna era otro caso, también tendría que tratarlo. Maldición, o lo hacía, o moriría Tezca desangrado, y es algo que no iba a permitirse. —Lo siento… — apenas lo murmuró, su mano ahora temblándole. ¿Por qué le fallaba? Nunca en su experiencia le había temblado la mano, menos el pulso. ¿POR QUÉ, MALDITA SEA? Era importante… Necesitaba salvarlo. Peleó internamente, mientras las gotas de la lluvia ahora goteaban por su rostro, enfocado en la herida. Lo sintió, al fin, allí. Respiró profundo, ahora sí, logrando extraer la bala con cuidado de no dañar el resto de su cuerpo.
Era culpa suya.
La bala finalmente fue retirada, e instantáneamente Jin apretó la herida. Con su otra mano elevó con cuidado el brazo y usó la mitad de su camisa para envolver la herida del brazo, apretándola con todas sus fuerzas para evitar el desangrado masivo. —Aguanta un poco más… Solo un poco más. ¿De acuerdo? — Su mano, ahora manchada de sangre, ahora acariciaba un lateral de su cabeza, con cuidado, su mirada buscaba ser tranquilizadora, pero era inevitable para él no mostrarse preocupado.
—Todo va a salir bien. Yo me encargo a partir de aquí.
Repitió el proceso con la pierna del hombre solo que, en este caso, usó la otra mitad de su camisa para envolver su herida, respirando con cierta dificultad. Cuando finalmente terminó, escuchó pasos. Los habían localizado. Sus cejas se fruncieron, mientras retomaba ahora su katana, cambiando aquello por un beso. Trató de sonreír, mostrarse confiado, como siempre, incluso si por dentro lo estaba matando la preocupación. Era mejor sonreírle para brindarle confianza, si es que aún seguía consciente.
—Todo va a salir bien, ¿de acuerdo? Descansa. No tienes que seguir.
Se puso en pie, ahora con la mirada firme. Su cuerpo temblaba, el frío que provocaba el agua lo hacía tiritar, pero su determinación estaba firme frente a lo que venía. Lo escuchó. El clic. Estaban quitando el seguro del arma. Gracias a eso, al menos, escuchó de dónde venía. Al menos uno de ellos. ¿Estarían los tres? No le importaba, ahora tenía una prioridad: salvar a Tezca. Alejarlo de cualquier peligro. Respiró hondo y, en un instante, apareció frente a la puerta, pateándola tan fuerte que la misma cedió. No era difícil, teniendo en cuenta que era un lugar abandonado, las bisagras estaban desgastadas, algo que el yakuza tuvo en cuenta en el momento que aplastaba al enemigo contra el suelo, en el mismo instante que el disparo resonaba en el interior. ¿Lo había hecho a tiempo? No se fijó, no le importó, tenía la adrenalina ascendiendo por las nubes. Pudo ver a los otros dos individuos y, sin dudar, elevó su katana y su daga, en forma de cruz. Sus ojos tenían un brillo cargado de amenaza, silenciosa, filosa, algo que hizo retroceder a los hombres y disparar sin pensar a la nada.
Pero no dieron a nada, solo el propio suelo. La katana partió la cara en dos de forma diagonal, el hombre solo tuvo tiempo a, ni siquiera sentirlo de hecho, solo su cuerpo cayó, cedió en el suelo hacia atrás y, en el momento del impacto, la mitad de su cabeza se desprendió, solo revelando parte del cerebro cortado y el cráneo hecho pedazos. El otro, sin embargo, había sido empalado por la daga, desde debajo del mentón, atravesado por completo. Sus ojos poco a poco se perdieron en el blanco cuando finalmente su cuerpo perdió fuerzas, el arma de fuego cayendo al suelo. Ahora quedaba el tercero, quien estaba apuntando a Jin tras la nuca. El hombre jadeaba, temblando, pero la boca del arma estaba directa tras la nuca del hombre.
—Levante las manos, Onizuka. No dude que dispararé si es necesario… — pese a todo, la voz del individuo temblaba de terror, su pulso temblaba. —Nosotros solo seguíamos órdenes. No tiene derecho a matarnos a todos. Acaba de matar a mi hermano allí. ¿Qué le voy a decir a su hija? ¿¡QUÉ!? — Apretó más la boca del arma, quitando el seguro del arma. Jin solo fue elevando sus manos lentamente. —¡MALDITO BASTARDO HIJO DE PUTA! ¡NO MERECES NI RESPIRAR!
Tezca Norova
Fuerza
Resistencia
Destreza
Precisión
Agilidad
Reflejos
Inteligencia
Voluntad
C. de Haki
C. de Akuma
53
49
49
31
77
118
65
54
0
122
31-12-2025, 11:57 PM
(Última modificación: 01-01-2026, 12:00 AM por Tezca Norova.)
Mordí la katana mirándolo con cierta anticipación: ya sabía lo que quería hacer, por supuesto, y estaba a punto de detenerlo cuando me inmovilizó. Ni siquiera pude hablar; abrí los ojos como platos al sentir el filo de la daga rozando mi piel. Iba a retirar la bala incrustada y dolía, por supuesto que sí. Clavé los dientes en el mango de la katana con una fuerza casi desesperada, la mandíbula rígida, el cuello tenso, mientras no dejaba de observarlo, como si apartar la mirada fuera a quebrarme.
El metal frío se hundió un poco más y el dolor llegó en oleadas sordas, densas, que me recorrieron la espalda y me hicieron temblar. Contuve el grito, tragándolo junto con el aire, dejando que se ahogara en mi pecho. El olor a sangre, humedad y sudor se mezclaba en el ambiente, pesado, nauseabundo, haciéndome sentir mucho peor, como si el mundo se hubiera reducido a ese instante y a esa herida.
Mis manos se cerraron en puños inútiles, las uñas marcando la piel, mientras cada movimiento suyo era una amenaza y una promesa a la vez. Sentí el tirón seco, brutal, y una punzada blanca me nubló la vista; por un segundo creí que iba a desmayarme. El sabor metálico inundó mi boca, la katana crujió bajo la presión de mis dientes, y aun así me mantuve allí, respirando a trompicones, aferrándome a su mirada como ancla, esperando que terminara… o que el dolor dejara de ser lo único que existía, el proceso se repitió en la que consideraba era la peor herida y solo pude cerrar los ojos sintiendo el dolor recorrer el cuerpo, hasta que finalmente terminó y sentí como retiraba la katana de mi boca mientras sonreía con cierto alivio. —No sabes tratar a un hombre con delicadeza ¿Te han dicho que tienes la mano pesada? —No esperaba respuesta de regreso en esta situación, ni sabría si la escucharía del todo, honestamente solo sentí el beso el cual ni siquiera pude corresponder y sus palabras ¿Descansar? Había enloquecido sin duda, todavía quedaban los francotiradores y no pensaba descansar mientras el se encargaba de todo.
Me incorporé buscando mi asta y avancé hacia la ventana rota, sintiendo cómo los cristales crujían y se clavaban bajo mis pies a cada paso. Esperaba los disparos, el estallido seco y repentino que anunciara que me habían visto, pero no hubo nada. Solo silencio. Jin tenía razón: lo más probable era que estuvieran cambiando de posición.
Entonces ocurrió.
Un ruido fuerte, sordo, que hizo vibrar el aire. ¿Era Jin?
Me acerqué con cautela y me asomé. Del otro lado, la puerta ya no estaba; solo quedaban restos astillados y un hueco oscuro que invitaba a avanzar. Inspiré hondo y di el primer paso. Uno. Dos. Algo o algunos habían caído.
El sonido fue suficiente para tensarme, pero fue la voz, grave, demasiado cerca, la que me detuvo en seco. El corazón se me subió a la garganta. Reaccioné por instinto, retrocediendo y pegándome al marco de la puerta, conteniendo la respiración, el cuerpo rígido, esperando no haber sido visto mientras el silencio volvía a cerrarse a mi alrededor.
Mierda.
Mal momento.
El francotirador parecía consumido por una mezcla espesa de rabia y terror, una furia temblorosa que lo mantenía en pie mientras apuntaba con obsesión a Jin. Hablaba sin parar, la voz rota, cargada de… palabras: su hermano, su sobrina… o al menos eso fue lo que logré rescatar entre frases, insultos y respiraciones irregulares. No me importaba. Para mí no era más que el monólogo de un villano triste de película barata, aferrado a la idea de la venganza como si eso pudiera darle sentido a lo que estaba a punto de hacer.
Aproveché cada segundo de su discurso. Mientras se perdía en su propia historia, maniobré mi lanza en silencio, ajustando el agarre, calculando la distancia. Cuando reaccionó ya era tarde.
El corte fue limpio.
Su brazo se separó del cuerpo y cayó inerte al suelo, todavía aferrado a la pistola, los dedos rígidos negándose a aceptar lo ocurrido. No le di tiempo a gritar. En un movimiento fluido avancé y clavé las puntas del tridente en su pecho, empujándolo con violencia contra la pared más cercana. El impacto resonó seco, definitivo, y su cuerpo quedó suspendido por un instante antes de quedar atrapado allí.
Lo miré directamente, sin rastro de compasión, solo un hartazgo profundo, cansado. La rabia que lo había sostenido comenzó a apagarse en sus ojos, reemplazada por una comprensión tardía. Para entonces ya no decía nada, pero yo quería que escuchara algo más antes de morir, provocado por la húmeda sangre ajena sobre mi rostro, voy a tener que hacerme una limpieza profunda después de esto, que asco. — Deberías pensar en que decirle a tu hermano cuando lo alcances en el infierno ¿me entiendes? — Me mantuve quieto, mirando como poco a poco iba muriendo mientras la sangre seguía derramándose y al asegurarme que estaba muerto, saqué la lanza de su cuerpo sintiendo la adrenalina recorrer mi cuerpo: No sentía nada más que el palpitar de mi corazón y la emoción de por fin haber tenido el puto tiempo de ver a alguien morir… no, de ver al hombre que había insultado a Jin morir.
Caminé al pelinegro con el rostro oscurecido y una discreta sonrisa placentera en el rostro para finalmente besarlo, finalmente corresponderlo antes de separarme. —Tenemos que irnos. Me aseguraré que estés a salvo y me iré así que si tienes una casa de seguridad es tu momento. —
Cambios en estadísticas
Vitalidad:
877
+
0
=
877
Energia:
953
-
50
=
903
Espiritu:
162
+
0
=
162
Onizuka Jin
Fuerza
Resistencia
Destreza
Precisión
Agilidad
Reflejos
Inteligencia
Voluntad
C. de Haki
C. de Akuma
100
78
150
63
92
74
71
140
21
11
Pudo escuchar sus pasos. Su afilado oído, incluso ante los gritos del hombre, quien retiraba el seguro del arma. Iba a matar, incluso cuando la orden no había sido esa. Era mejor así y, si lo escuchaba, distraerlo. Pese a haberle pedido descansar, ahora mismo debía admitir que estaba agradecido de que no se hubiera marchado, o a saber qué tan mal habría terminado. Quizás habría encontrado otro método para escaquearse, no era la primera vez que se encontraba en un peligro similar.
—Bien, bien, lo que tú digas, pero sabes bien que no soy el único aquí que mata gente.
—¡CÁLLATE PUTA ESCOR-…! — Fue entonces que el brazo se desprendió de su cuerpo. Jin se volteó, agachándose para retomar la daga, que era lo más cercano que había dejado caer ante el desarme y… no, no tuvo tiempo. Fue el propio Tezca quien terminó el trabajo. Lo pudo ver contra la pared, escuchar las palabras que dirigió a él.
El cuerpo cayó, inerte, muerto. Jin jadeaba, su cuerpo tiritaba por el frío y el agua de la lluvia. —Tezca… — elevó su mirada, buscando la ajena, pero estaba sombría, casi no parecía ser el mismo, ni siquiera con la sangre, ni con su mirada. Sin embargo, sintió su beso y lo correspondió, abrazándolo, al menos lo que duró antes de volver a abrir los ojos, elevando su mano derecha, acariciando su mejilla, limpiando los restos de sangre que habían quedado.
—Está bien. Tengo un lugar no lejos de aquí. Un médico te atenderá.
No podía correr riesgos. Sus dedos descendieron hasta la herida de su brazo. Con el negro de la camisa no se podía ver con claridad, pero sabía que todavía había sangre en él. Podía preguntarle sobre el Akuma, preguntarle sobre el motivo que lo llevó a desobedecerlo… Suplicarle que se quedara pero… Después de lo ocurrido… Su mano se separó, descendiendo la mirada, cerrando los ojos, dejándolo caer sobre su hombro. No quería verlo así de nuevo. No otra vez. No sabiendo que era completa y absolutamente su culpa. Sus brazos lo rodearon, apretándolo hacia sí, siempre con el cuidado de no dañarlo más de lo que aparentemente estaba.
—Creo que tienes razón.
Apenas emitió en un susurro aquellas palabras, incluso si eran bajas. —Lo mejor será… alejarte. No quiero verte así otra vez por mi culpa. No quiero que… — Sus labios temblaron, apretándose entre sí solo con la idea de que, de no haber llegado, no habría tenido que pasar por algo así nunca. La imagen de él, estando muerto, incluso si solo fue por un segundo, lo había destrozado por dentro. Aquella sensación de haberlo perdido cuando lo protegió, incluso si no era necesario. Si no fuera por ser un usuario de Akuma, esa bala habría atravesado su cráneo y ahora mismo no estaría con él. No deseaba alejarlo, no lo deseaba… Realmente fantaseaba con despertar junto a él, ver su sonrisa, su cabello, su cuerpo, sentirlo… Pero no con este riesgo. ¿Cómo no había tomado más en cuenta la advertencia que él mismo había dado?
Se separó, ahora con su rostro ensombrecido. Su cuerpo temblaba, ya no solo por el frío, también ante la frustración de que pudo haberlo perdido. No estaba… Un momento. ¿Por qué sentía su rostro más húmedo? ¿Por qué sentía ese dolor en el pecho? Tuvo que descender la mirada, cubriendo lo que estaba sintiendo, sin comprenderlo. Nunca había caído, nunca… ¿Qué era eso?
¿Lágrimas? No era posible. El nunca. Nunca…. No entendía. ¿Por qué dolía tanto? —Tenemos… Tenemos que irnos cuanto antes. Hay que… — eso, tratarlo. Elevó su brazo, temblando, sin atreverse a verlo directamente. Lo controló sorprendentemente rápido. —Hay que tratar tus heridas. Hay un lugar seguro, no muy lejos de aquí. — Inspiró hondo, elevando su rostro, ahora al fin retomando su propio ser. Era por el bien de ambos y, sobre todo, para el de él. No esperó permiso. Para cuando volvió a voltearse hacia él no había atisbo alguno de que hubiera habido lágrimas. De hecho, que estuviera todavía húmedo, lo ayudaba a que no fuera perceptible. —Déjame ayudarte.
¿Tenía realmente el derecho de siquiera tocarlo? ¿Después de que estuviera en semejante peligro? Pero estaba herido… No podía dejarlo así. Tomó su katana, guardándola en el cinturón que le correspondía, No esperó permiso, lo tomó, cargándolo sin aviso tras su espalda, evitando en todo momento que sus heridas fueran afectadas. —Agárrate bien. — porque iba a cargarlo hasta…
Emitió un quejido, de repente sintiéndolo. Sí, allí estaba. Una herida de bala, justo al lado de su abdomen. En el momento del disparo, al ser aquella puerta lanzada, sí había sido impactada una bala en él. Sintió, ahora que la adrenalina ascendía, el dolor del mismo, pero nada que no pudiera soportar, no bajo su aguante al menos. Fingió que todo estaba bien, no quería preocuparlo, si es que, claro, no lo había visto, porque tenía el torso totalmente expuesto y la sangre estaba brotando de uno de sus abdominales. Mordió su labio inferior, tratando de soportar el dolor.
Tenía que aguantar. Por Tezca.
Él estaba peor. Sus pasos comenzaron a avanzar, si hablaba, o intentaba bajar, se lo iba a impedir. Sus pasos iban acelerados, de vez en cuando apretando los dientes para evitar que de sus labios emitiera otro quejido de dolor. Finalmente alcanzó una casita, aparentemente una habitable, normal desde el exterior, y solo pateó la puerta, sin esperar.
—¿Qué demonios-…?
—Soy yo… Abre. Ya.
La voz de un hombre salía del interior, ruidos de pasos acelerados hasta la puerta principal, que se abrieron, revelando ahora a un joven con bata, un tatuaje a un lado de su frente y su rostro mostró sorpresa al verlo. —¿J-jefe? ¿Qué demonios ha pasado?
—No hay tiempo. Trátalo. Ahora. — su tono, autoritario, directo, fue contundente, sin darle oportunidad a pedir siquiera explicaciones, entrando sin hablar.
—Pero jefe, usted… — los ojos de Jin se voltearon hacia él, fulminándolo con la mirada.
—Trátalo. Ahora. Mismo.
El hombre tragó saliva, pero cerró la puerta. Ese tono de voz de nuevo, ese que hacía temblar a todos los que lo escuchaban. —Está bien. La camilla está donde siempre. — las palabras surgieron calmadas mientras abría una puerta corredera. Con cuidado, dejó a Tezca sobre ella, primero sentado, observándolo, sus dedos paseando por su rostro. Volvió a emitir un quejido de dolor, apretando los dientes.
—Estarás bien. Aquí estamos a salvo. No conoce nadie el lugar excepto los de mi clan.— Jadeaba a medida que hablaba, sin perder detalle del lienzo, ahora húmedo por la lluvia y con heridas, que tenía frente a sus ojos. Elevó su mano, acariciando su mejilla, ahora al fin, suspirando de alivio. —Todo estará bien, Tezca... Has hecho un gran trabajo. — No permitiría que volviera a pasar algo así, no podía permitirse semejante lujo. Escuchó carraspear al médico tras él y, sin más, ayudó a Tezca a tumbarse con el máximo cuidado posible.
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