Red Jasper [Priv. Thrym] [Presente Relativo]
#1

Días después de la reunión de la tripulación

Piratas.

Asquerosos piratas.

¿Qué había hecho para terminar de nuevo en una tripulación que le pedía cosas que no estaban dentro de su profesión?

¿Qué karma estaba pagando?

Debió ser una persona terrible en alguna vida pasada, tal vez alguien que ayudó a crucificar a un santo o algo por el estilo, porque de otro modo, no podía entender cómo es que él, un simple y sencillo médico, siempre terminaba metido en las situaciones más sin sentidos.

¿Qué situación es esta en específico?

Simple: huir de un jabalí enfurecido.

¿Cómo fue que terminó ahí? Bueno, eso es lo que se narrará a continuación.

Todo empezó por ser un buen tripulante, por aceptar una tarea sencilla impuesta por su capitán: comprar comida, carne, específicamente. Nada demasiado complicado, aunque, considerando la cotidianidad de aquella orden y su total falta de atención, terminó anotándose la tarea en la palma de su mano, solo para que no se le olvidara en el camino. Sonrió satisfecho y salió del barco sin más demora.

¿El problema? Salió solo.

Comprar carne o algún animal al cual su cocinero pudiera destazar no suponía algo complejo, pero encontrar una carnicería o una granja sí que lo era.

¿Cuántas veces preguntó en la calle por direcciones? Varias…más de las que podía recordar. Menos mal que tenía la buena suerte de que tanto civiles como marines lo ayudaban de buena manera al ver en su rostro una mueca de total desconcierto y desubicación, pero ¿De qué servía la buena fe de esos nobles ciudadanos si al segundo las calles parecían moverse y las direcciones volvían a cambiar? Debía ser algún truco de aquella isla.

¿Y qué tiene que ver todo esto con un jabalí enfurecido? Paciencia y respeto, ya llegaremos allá.

Su falta de sentido de orientación lo llevó al límite del pueblo, a los arrozales, más allá de ellos se podían ver otras zonas, más casas, más personas ¿Por qué no intentar ir en aquella dirección? Algo en su mente le decía que no lo hiciera, algo estaba mal en ese lugar ni que decir de la tierra lodosa que podría terminar dañando sus zapatos, pero…tenía comida que comprar, además… ¿Le habían hablado de un gigante? No podía recordarlo bien, pero algo en relación a un gigante le dijeron, tal vez su capitán tenía el apetito de uno o que iba a saber él, apenas y podía recordar la presencia de alguien bastante alto en la tripulación, pero…podía ser su imaginación jugándole una mala broma ¿no? No era posible que viajaran con un gigante.

Se adentró entre los arrozales, siguiendo un caminito que parecía marcado por las personas que seguro trabajaban en el lugar y, entonces, escuchó un gruñido…un sonido para nada humano, uno que parecía no pertenecer al sitio.

Le ordenó a su cuerpo a detenerse en seco en medio de los arrozales. El sonido no cesaba y, por más que mirara a sus alrededores, no podía distinguir de donde venía, hasta que un movimiento entre la paja alta hizo que sus sentidos se alertaran.

¿Alguien lo seguía? Bueno, no exactamente.

Inclinó su cabeza hacia un lado cuando vio a la criatura de la que venía aquel gruñido. Eso…eso parecía comida, parecía un cerdo, un jabalí específicamente. ¿De dónde había salido? Pues, aparentemente, un hombre tenía una cría de estos animales en una casa cercana y este se le había escapado, aunque claro, no había manera de que el pelirosa supiera eso, así que la situación solo se le hizo…extraña.

 Bajó sus ojos para leer lo que había anotado en la palma de sus manos: Llevar carne. Sonrío, después de todo, la carne llegó a él por su cuenta y este jabalí en específico era bastante grande, del tamaño de un cerdo macho adulto muy bien alimentado, entonces… ¿Por qué no intentar atraparlo? Bueno, no tenía experiencia en cacería, pero seguro algo podría hacer para llevarlo consigo, tal vez noquearlo de una patada, pero…esos colmillos que sobresalían de su boca…ugh…no, le daban mala espina, como si intentar patearlo fuera a dejarlo con la pierna incapacitada. Idea descartada.

Así pasó pensando por unos segundos hasta que un bufido del animal y el sonido de una pezuña sobre el lodo lo hizo despertar de su ensueño. ¿Por qué se veía tan enojado? El pelirosa tragó saliva cuando entendió lo que pasaba y no pensó dos veces es darse la vuelta para empezar a caminar cuando entendió que aquel animal tenía la intención de empezar a correr.

—Debe ser una broma —. Escuchó los cascos de las pezuñas salpicando en el lodo y, de repente, la idea de caminar se le hizo inútil. Sus piernas aceleraron el paso hasta que dejó atrás los arrozales. No caminaba, no trotaba, corría…simple y llanamente, emprendió una carrera en la que su rival parecía pisarle los talones con demasiada facilidad.

—¿Qué no se cansa esa bestia? —Sus piernas empezaban a fallar cuando sintió el cambio del terreno, en menos tiempo de lo que pensó estuvo pisando arena y el mar se alzó frente a sus ojos, los cuales brillaron cuando se dio cuenta que cerca de él estaba el barco al que pertenecía. Sin querer había corrido de regreso con su gente…eso debía aliviarlo, aunque…aquel animal seguía tras sus pasos.

—¡Hey! —Gritó sin detener su carrera y, entonces, se dio cuenta que al lado del barco una figura enorme se erguía… ¿Qué? ¿Un gigante? ¿En serio viajaba con un gigante? ¡Oh! ¡Por supuesto que sí! ¿Cómo iba a olvidar eso? Después de todo, ahora que hacía memoria, le habían ordenado comprar mucha carne para poder alimentar al pelirrojo como era debido, pero ahora…ahora llegaba con las manos vacías y huyendo de un enorme jabalí que parecía tener algo en su contra.

—¡AYUDA! ¡GRANDOTE…DÉJAME SUBIR! ¡DÉJAME SUBIR AL BARCO! —No supo de dónde sacó fuerzas para acelerar un poco más, a pesar de que sentía que levantaba la arena con cada paso que daba y eso hacía que la piel de sus piernas picara y ardiera, pero eso era mejor que ser embestido por un jabalí furioso. —¡SÁLVAME DE ESA COSA!

Sin tener mucha más energía casi se dejó caer cuando estuvo cerca del grandote…moriría, sí…seguro que moriría embestido por los colmillos de un jabalí…eso no era para nada una muerte digna ni elegante, de hecho, era vergonzoso…y lo sería mucho más si un gigante lo contemplaba.
#2
Estaba sentado en la arena con las piernas estiradas como dos troncos, intentando ordenar mapas y cartas náuticas sobre mis rodillas, porque por si acaso, uno nunca sabe, quizás tuviera que tomar el timón en cuanto nos largáramos. Solo que había un problema: : esos papeles estaban pensados para manos pequeñas, de gente que no pasa de una altura normal. Cada hoja parecía un papelito ridículamente diminuto en mis manos; trataba de alisarlas y sólo podía moverlas un poco con la punta del meñique como si hiciera malabares.  Gruñí para mis adentros, mientras doblaba otra vez una carta que se me escapaba entre los dedos.

De pronto, el ruido llegó como una ola rompiendo mi tranquilidad: gritos cortos, agudos, y un paso que levantaba arena en una nube detrás. Al principio pensé que eran borrachos peleando, pero el tono de la voz no era de borracho; era de alguien que corre por su vida. Miré hacia el muelle y vi a Hyákinthos, el muchacho pelirrosa ese, corriendo a toda prisa, la cara desencajada de miedo, y detrás de él… un jabalí enorme, con los colmillos a la vista y el lodo volando a cada zancada. Por un segundo me quedé clavado; la escena parecía una de esas historias graciosas que terminan con un buen punchline. Pero aquello era real y olía a desastre.

Lo vi derrumbarse cerca de mis pies, sin fuerzas, y yo me incorporé despacio, porque, como dicta la costumbre: un gigante no se lanza como un meteorito sin antes calcular la distancia y no aplastar a nadie por accidente. Extendí la mano enorme con calma, sin dramatismos. Quería ofrecerle el agarre, un apoyo. Antes de que tuviera siquiera tiempo de tomar aire, el jabalí vino como si fuera un galeón sin timón y se estampó contra mi palma. 

 ¡PUM! 

El jabalí, pequeño frente a mi mano, quedó aturdido y tambaleante. No se espabiló para huir, intentó rodear mi mano como si yo fuera una roca en medio del camino, mareado por el golpe. Yo no iba a dejar que le partiera la pata a nadie, así que lo agarré con cuidado por la cola. Sí, por la cola: la agarré entre dos dedos como quien levanta una campanilla. El animal chilló, meneó las patas y por un segundo pensé en lo agradable que sería comérmelo entero, pero me contuve porque no es educación comerse nada crudo, uno nunca sabe donde pudo haber estado ese animal.

Lo alcé hasta la altura de mis ojos; sus ojos pequeños me miraban fieros pero confundidos, como un cachorro que no entiende la vida. Lo posé frente a Hyak, que yacía jadeando en la arena, con la lengua afuera y la ropa llena de barro. Le sonreí con esa sonrisa de abuelo que todo lo arregla con comida y palabras sabias. —Muchacho— Dije en tono tranquilo, aunque mi voz retumbó sobre la playa. —Agradezco las ganas que tienes de traer carne para la tripulación, y mira, lo conseguiste… pero no creo que este único jabalí sea suficiente para calmar mi hambre....—

Yo añadí sin perder la compostura. —Además, ¿Qué te hace pensar que me entusiasmaría que te expongas así por un pedazo de tocino?— Le solté, medio en broma, medio serio. —Ven, levántate. Yo lo llevo a la cocina; a este lo ataremos bien y lo llevamos al cocinero. Pero la próxima vez, muchacho, trae a la familia entera aunque sea.—

Mientras lo decía, apoyé el jabalí en la arena a mi lado, con cuidado de no aplastarlo, y miré alrededor para asegurarme de que no viniera nadie más a armar lío. Me incliné y le ofrecí a Hyak la mano para que se suba a esta, y cuando se puso en pie le "palmeé" la espalda, bah mas bien, en realidad le toque la espalda varias veces con mi meñique.

Por dentro sonaba mi estómago como un tambor: el incidente me había abierto el apetito.
#3
Cuan increíbles seres son los gigantes, pero esto no lo descubriría el médico enseguida.
 
Aun jadeando hizo un esfuerzo para ponerse en pie y alcanzar la mano que el pelirrojo colosal le extendía con amabilidad, pero sus piernas fallaron por el cansancio de la carrera que había pegado antes. A sus ojos, el gigante se movía en cámara lenta y fue por eso que su única reacción fue taparse la boca con ambas manos para ahogar un grito en el momento justo que escuchó el ruido seco de un pedazo de carne que golpea una pared.
 
El oleaje marino apenas disfrazó el chillido desesperado del animal que, para sorpresa del pelirosa, ahora que se obligaba a si mismo a mirar hacia arriba, el salvaje jabalí que antes lo perseguía ahora lucía como un pequeño ratón en manos del enorme pelirrojo…ya no se veía tan fiero ni siquiera podía llamarle peligroso o agresivo.
 
Perspectiva. Todo es cuestión de perspectiva.
 
—Increíble —. Sus palabras salieron entrecortadas, a fin de cuentas, aún luchaba por regular su respiración; sin embargo, a pesar del cansancio, la adrenalina empezó a bajar y su mente empezó a despejarse de la neblina que cubrió su cabeza durante la carrera por su vida. Fue consciente del sitio en donde estaba, del sudor de su frente y de la suciedad de su ropa, un detalle que lo hizo arrugar la nariz del asco, pero nada de tiempo tuvo para quejarse, pues cuando menos lo esperó, tenía al jabalí nuevamente frente a él.
 
—¡No, no, no! Aleja esa cosa de mi —. Retrocedió por inercia, aun sentado en la arena, pero al mirar hacia arriba y ver la bonachona sonrisa del gigante, su cuerpo se relajó, no del todo, pero lo suficiente para dar a entender que ya no se sentía en peligro.
 
—No, no…No te equivoques, no es que tuviera ganas de ir a hacer las compras…le dije al capitán que soy malo en estas cosas, pero fue una orden y eso no puedo rechazarlo…tsk —. Chasqueó la lengua al pensar en que cualquier otro miembro de la tripulación estaría más capacitado para este tipo de tareas, pero no…tenía que ser él el elegido.
 
—Créeme que tampoco siento entusiasmo alguno al ser perseguido por un jabalí…estoy muy viejo para estas cosas ¿Crees que exista un ser superior que en este momento se esté riendo de mi desgracia? —Cuando se levantó por fin de la arena, tal como el gigante le sugirió, se pudo notar su ceño fruncido y como su boca se movía soltando insultos inentendibles hasta para él mismo mientras que con sus manos intentaba quitarse la mayor cantidad de arena posible de encima. —¿Cómo es que un simple día de compras termina así? ¡Qué molestia! —Insistía mientras se limpiaba la arena.
 
Solo debía comprar carne ¿Sabes? Pero… ¿Puedes creer que no hay una sola carnicería en este pueblo? —Por supuesto que cualquiera que lo escuchara podría asumir que eso debía ser una gran mentira, pero para el médico sus palabras eran la verdad y nada más que la verdad, después de todo, en ningún momento vio alguna en las calles que recorrió. —Y… ¿De verdad puedo subir?
Desde su punto de vista, la mano que el gigante le ofrecía era como una gran plataforma… ¿Estaría seguro en las alturas? Bueno, ciertamente, era mejor que quedarse a un lado del jabalí medio moribundo que estaba recostado sobre la arena…Sí, al final la visión de aquella criatura que lo hizo poner a prueba su resistencia fue lo que terminó de convencer al médico de subir a la mano de Thrym.
 
—Espero que no te moleste la arena porque parezco un reloj de arena roto —dijo al mismo tiempo que subía a la palma del gigante a la vez que dejaba rastros de arena en la piel contraria. Suspiró, intentando ignorar la incomodidad que aquello suponía y, prefirió enfocarse en encontrar el equilibrio ideal para no resbalar desde lo alto, algo que le supuso menos tiempo del esperado.
 
Lo que no se esperó para nada, claro, fueron las “palmaditas” en su espalda, un gesto tan inesperado que lo hizo sostenerse bien de uno de los dedos del gigante para no perder ese equilibrio encontrado y no caer; sin embargo, luego de eso, por fin pudo tener una mejor visión de todo desde lo alto: la cubierta del barco desde afuera, el jabalí tirado en la arena y unos cuantos papeles regados sobre las piernas del gigante… ¿Qué eran? Desde su lugar apenas y podía distinguir algunas formas y dibujos que parecían darle señales de que eran mapas, pero no podía estar seguro de ello.
 
—¿Estudiabas? —Preguntó a la vez que señaló los papeles, aunque tal vez su voz fue opacada por el gran estruendo que escuchó desde el estómago del gigante y que lo hizo mirar hacia arriba…que extraño se sentía tener que ver siempre hacia el cielo para poder hablarle.
 
—¡Hey, Tomato! —No sabía su nombre, más bien no podía recordarlo, así que tuvo que improvisarle rápido un apodo que fue posible gracias a que el cabello y barbas rojizos le recordaron a los tomates de la cocina. —Si tienes hambre te puedo decir desde donde me persiguió ese puerco —. La misma mano que antes apuntó hacia los papeles ahora señalaba el lugar en donde estaba el jabalí.
 
—Solo déjame bajar para buscar una cuerda y atar al que ya tenemos —. Aunque parecía una petición, el hombre no esperó a que le respondieran. Caminó por la mano del gigante y dio un salto para llegar al barandal del barco. Tuvo que valerse, una vez más, de su equilibrio, para no caer y luego dio un salto más pequeño para llegar a cubierta.
 
A su alrededor había unas cuantas cajas y barriles. Nada que le fuera útil en ese momento, así que tuvo que caminar un poco más para dar con una soga que no era ni muy gruesa ni muy delgada, más bien era ideal para el tipo de tarea que tenía en mente…aunque ciertamente preferiría que el amarrar al animal tuviera que hacerlo otro, no por compasión, claro que no, si no porque no quería ganarse una patada de aquel ser o, peor aún, una cornada.
 
Casi estuvo tentado a llamar a alguien más de la tripulación, pero con un suspiro de cansancio se resignó a terminar la “cacería” que él mismo había empezado. Se echó la soga al hombro y volvió a saltar sobre la barandilla del barco para aterrizar después en la mano de Thrym y después, bajar a la arena…era increíble como el cuerpo del gigante parecía un circuito de obstáculos para él.
 
—¿Puedes sostenerlo? No quiero que se escape…no quiero ser perseguido de nuevo —. Esperó que el gigante lo ayudara para amarrar las patas del animal con un nudo que miró con satisfacción. De algo le había servido estar tanto tiempo en una tripulación cuando era más joven, al menos recordaba como atar un buen nudo.
 
—Bien… ¿Por qué no dejas al jabalí en la cubierta? Seguro la cocinera entenderá que será parte de la cena y ahora… ¿En qué estábamos? ¡Ah sí! Dijiste que la próxima vez trajera a toda la piara y pues, si tengo que ser sincero, este cerdo me persiguió por su cuenta, pero si él estaba ahí quiere decir que tal vez haya más como él —. Al menos en su mente eso tenía sentido si consideraba que el jabalí no parecía natural de la zona, quizá alguien tuviera una granja con más de esos. —Así que vamos hacia…
 
Meditó la dirección por unos segundos… ¿Por dónde se abrió camino para llegar al barco? Le parecía que de había llegado por la derecha, justo el lugar en donde estaban ahora, así que con confianza señaló hacia la misma dirección por la que vino —…Allá —. Era bastante raro que esta vez no se equivocara.
 
—El jabalí me empezó a perseguir cuando entré a los arrozales, tal vez puedas verlos mejor desde allá arriba, incluso...tal vez puedas ver si hay una granja con más jabalíes…podríamos robar cuantos sean necesarios para la cena —. Con más entusiasmo, porque la idea de cenar tan bien sirvió también para abrirle el apetito, volvió a subir a la mano de Thrym… ¿Por qué? Ya se había cansado lo suficiente, esta vez era mejor dejar que otro caminara por él.
#4
Para él había sido una bestia infernal, colmillos, furia y carrera desbocada. Para mí… era apenas un jabalí joven, nervioso, que ahora chillaba como ratón atrapado. Lo alcé un poco más, lo suficiente para que el pelirosa lo viera bien, y no pude evitar soltar una sonrisa tranquila, de esas que salen solas. No por burla, sino porque me pareció casi tierno verlo darse cuenta de que ya no corría peligro. Perspectiva, pensé. A veces el mundo solo es enorme hasta que alguien más grande se interpone.

Lo ayudé a incorporarse con dos dedos, con cuidado de no apretarlo de más, y asentí mientras se quejaba de las órdenes del capitán, del destino cruel y de los dioses riéndose de su desgracia. —Comprar carne no debería terminar así— Dije, rascándome la barba con el pulgar. —Pero si te sirve de consuelo, dudo que haya algún dios tratando de sabotearte... son dioses, creo que tendrían cosas mas importantes que hacer.—

Cuando dudó al ver mi mano ofrecida como plataforma, la bajé un poco más, firme, estable. —Es más segura que la arena… y que ese bicho.— Añadí, moviendo apenas al animal para dejarlo claro.

Sentí la arena cayendo de él apenas subió a mi palma, tal como dijo. Me hizo cosquillas en la piel, pero no me molestó. Lo acomodé con cuidado y le di unas palmadas suaves en la espalda con la yema de un dedo, sin medir del todo la fuerza. Cuando se agarró a uno de mis dedos para no perder el equilibrio, solté una risita baja.

Desde ahí arriba empezó a mirar mis mapas, desperdigados sobre mis piernas, y asentí cuando preguntó si estudiaba. —Algo así. Trato de que el mar no nos mate.— Respondí encogiéndome de hombros.  —Estoy evaluando la mejor ruta para ir hacia la siguiente isla pero no creo que este barcucho aguante el viaje.— Dije, señalando el barco detrás mío. Justo entonces mi estómago rugió con ganas, traicionero, y no pude evitar resoplar.

Lo dejé bajar sin problemas, observándolo saltar con cuidado hasta la cubierta y luego moverse entre cajas y barriles. Desde arriba, seguí cada uno de sus pasos, atento por si volvía a tropezar. Cuando regresó con la soga y me pidió que sostuviera al jabalí, afirmé con un movimiento firme y bajé al animal lo suficiente para que pudiera atarle las patas. El chillido se apagó pronto. —Bien hecho— Le dije, sincero. —Ese nudo no se va a soltar.—

Cuando sugirió dejarlo en la cubierta para la cocinera, asentí de inmediato y lo alcé con cuidado, depositándolo donde correspondía. Luego seguí su dedo cuando señaló la dirección por la que había venido. Arrozales. Jungla. Posible granja. Más jabalíes.
Miré hacia el interior de la isla, entornando los ojos. Desde mi altura podía distinguir manchas distintas entre el verde, líneas que no eran del todo naturales.

—Puede que tengas razón— Dije finalmente. —Desde acá arriba… algo hay. No veo con claridad pero creo que si..— Entrecerre los ojos tratando de afinar la vista. Bajé la mirada hacia él otra vez y estiré la mano, invitándolo a subir de nuevo. —Descansá. Esta vez camino yo. Si hay más de esos, mejor que me vean primero a mí.—
#5
“Estoy evaluando la mejor ruta para ir hacia la siguiente isla pero no creo que este barcucho aguante el viaje.”
 
Esas palabras estuvieron rondando en su distraída mente mientras se ocupaba de buscar las cuerdas, de atar al jabalí y de dar la orden para colocar al animal dentro del barco, de hecho, incluso cuando su apetito se abrió ante la idea de una buena cena, las palabras del gigante seguían rondando en su cabeza.
 
Pocas veces las palabras ajenas, que no tuvieras que ver con su profesión o sus negocios, lograban permanecer durante tanto tiempo en su psique, más aun considerando que había realizado varias tareas de por medio, pero la idea de ver al barco desfallecer en mitad de un viaje fue lo suficientemente preocupante para que las palabras se repitieran una y otra vez en su cerebro como campanadas en una iglesia.
 
Y es que, no era la persona más optimista del mundo y podía considerarse negativo en algunas ocasiones en las que su versión de la “realidad” resultaba demasiado cruda, pero, en esta ocasión, no quería ser el acompañante del ave de mal agüero, a fin de cuentas, desde su punto de vista, no encontraba que el barco estuviera en tan malas condiciones, aunque…
 
La mano del gigante bajando de nuevo para que él pudiera subir y viajar con más comodidad lo hizo regresar a la realidad. Su ánimo y su apetito volvieron a dominar al médico que, por unos pocos segundos, se perdió en sus pensamientos intentando descifrar que es lo que el barco tenía de mal…algo que pronto descubriría.
 
—Gracias, Tomato…viene bien no tener que caminar por un rato, ya merezco un buen descanso —. Con bastante ligereza y menos torpeza que la primera vez, dio un saltito que lo posicionó sobre la palma del gigante sobre la que caminó con más confianza que la primera vez, aunque volvió a sostenerse de uno de sus dedos por simple precaución, no deseaba caer desde más de… ¿Cuánto? ¿15 metros?
 
—Por cierto… ¿Por qué dices lo del barco? He viajado en barcos cuya madera es de menor calidad que esta y han soportado viajes en mares bastante fieros, no creo que este esté tan mal —. La primera vez que subió a la mano de Thrym vio el barco desde arriba, pero solo eso, lo vio, no lo analizó, no lo estudió, no hubo un escaneo visual para corroborar cualquier indicio negativo que pudiera tener la nave, pero ahora…
 
Volteó hacia el navío y su mirada dorada estudió la cubierta desde arriba, era distinto a verlo desde el puesto del vigía, muy distinto, la perspectiva cambiaba por completo y fue ahí donde lo entendió. Podía ser un buen barco para él, quizá para el resto de los tripulantes humanos, pero era imposible que lo fuera para el gigante, después de todo, desde ese lugar privilegiado en las alturas, por primera vez el barco le pareció diminuto, frágil, más como un bote que como un barco real.
 
—Ah…bueno, tal vez no sea necesario que respondas —. De repente sintió un mal sabor de boca, la idea de no tener un barco seguro en el cual moverse no le hacía gracia, había estado en suficientes naufragios como para tener que repetir uno y, no solo eso, la idea de no poder abandonar la isla en pocos meses también le ponía los nervios de punta…él nunca pasaba más de seis meses en un mismo lugar y los días avanzaban, si no encontraban algo más en lo que moverse…él se movería por su cuenta, a fin de cuentas, su seguridad estaba por encima de todo, aunque, antes debía ver otras opciones. 
—Tal vez podríamos comprar uno nuevo, eso no debería ser problema…es decir, si vendemos este barco podríamos tener el dinero suficiente para otro…incluso podríamos encontrar a un ingeniero que diseñe uno que responda a nuestras expectativas…por el dinero no hay problema —. Porque secuestrar a alguien que trabaje para ellos y luego desecharlo sería pan comido para él, no tendrían que pagar por los servicios, aunque quien sabe si el resto de su tripulación estaría de acuerdo con eso. —¿Qué dices? Podríamos hablarlo con el resto cuando regresemos…pero…tu recuérdamelo, a mi se me va a olvidar.
 
Se acomodó mejor en la mano, esta vez sentándose con las piernas cruzadas en posición de loto y mirando en dirección a los arrozales mientras agudizaba su vista para intentar visualizar las granjas más cercanas, llegando un momento en donde colocó una de sus manos como una visera sobre sus ojos, como si eso pudiera ayudarlo a ver mejor. Finalmente, terminó chasqueando la lengua y rindiéndose en su tarea de ver el panorama más amplio.
 
—¡Ah! Debí traer un catalejo o unos binoculares…sería más fácil encontrar la granja de jabalíes de ese modo…o una de cerdos, en su defecto, son la misma cosa —. No lo eran y lo sabía, pero carne era carne y con los minutos pasando el apetito que era solo mental en un inicio pasaba a convertirse en una sensación más real en su estómago. —Antes dijiste que veías algo…ahora que nos acercamos más… ¿No alcanzas a ver a esos mugrosos bichos? O a…escuchar… ¿Uh?
 
A pesar de la altura fue capaz de detectar un ruido que le pareció infernal y, bien, no era para menos, pues los chillidos de los animales hambrientos podrían compararse con las almas del averno y, además, eran suficiente para llamar su atención.
 
Se volvió a levantar y se sostuvo de uno de los dedos de Thrym para no caer ahora que estaba justo al borde de su mano y, desde ahí, pudo visualizar con más claridad las siluetas regordetas en el suelo de unas criaturitas corriendo de un lado para otro en un corral…de ahí venían los chillidos y de ahí venía aquel animal que antes lo metió en problemas, algo que sería evidente si tan solo pudiera notar como una de las maderas de la cerca estaba floja, un detalle que, como era de esperarse, no podía verse tan bien desde un puesto tan alto.
 
—¡Tomato! ¡Están allá! Y son muchos…desde aquí no alcanzo a contar cuantos hay, pero ¿Crees que sean suficiente para que todos comamos? Incluyéndote —. Lo que menos deseaba es que la persona encargada de la navegación pasara hambre, a fin de cuentas, nada bueno podía salir de un navegante hambriento, además…debía cuidar a quienes podían cuidarlo a él. Era un intercambio equivalente o al menos eso es lo que el médico creía.
#6
Bajé la mano otra vez con cuidado, despacio, como si estuviera apoyando una barca sobre aguas quietas. Sentí el peso leve del médico cuando volvió a subir, mucho más confiado que antes, y no pude evitar esbozar una sonrisa tranquila al verlo acomodarse entre mis dedos

—Descansá tranquilo— Le dije con voz grave pero calmada. —Después de correr así, cualquiera merece un respiro.—

Mientras hablaba, mis ojos no dejaban el barco. Desde arriba, incluso para mí, se veía… cansado. El casco tenía marcas recientes, la quilla había sufrido más de lo que me gustaría admitir y cada ola que lo mecía hacía crujir la madera con un quejido sordo. No era un sonido de muerte inmediata, pero sí uno que te avisa que el mar ya cobró su parte.

—Para ustedes aguanta— Acabé diciendo. —Para mí… apenas. Cada maniobra forzada, cada corriente fuerte, lo empuja un poco más cerca de partirse. Ni hablar de que no entramos todos...— Dije en clara alusión a mi tamaño.

Cuando mencionó la idea de comprar otro barco, solté un resoplido suave.
—Hablarlo no está mal— Admití. —Pero un barco nuevo lleva tiempo… y alguien que sepa hacerlo bien. Mientras tanto, este es nuestro hogar flotante, aunque se queje.—

Seguí su mirada hacia los arrozales. Desde mi altura, podía ver mucho más: el terreno se hundía levemente en ciertas zonas, señal de corrales improvisados, y entre las cañas distinguí movimientos bruscos, cuerpos regordetes chocando entre sí. El sonido llegó claro entonces: chillidos agudos, insistentes, casi irritantes. —Los oigo— Murmuré. —Y los veo.—

Incliné un poco el torso hacia adelante para tener mejor ángulo. A unos cientos de metros, más allá de una cerca mal ensamblada, había un corral amplio, con barro hasta los tobillos de los animales. Jabalíes, varios, más de los que podía contar de un vistazo rápido, corriendo y empujándose. La madera de una de las esquinas estaba suelta, rota a medias; no era raro que uno se hubiera escapado.

—Con eso comemos todos— Afirmé con seguridad. —Y me refiero a todos de verdad.— Ajusté un poco la posición de la mano para que el médico no perdiera el equilibrio y asentí despacio, ya calculando distancias, rutas y posibles problemas.

—Puedo llevarte hasta allí sin problemas pero ¿Crees poder manejarlo?— Lo mire levantando una ceja —Además, parece que esos jabalís son de alguien, están en una especie de corral así que seria como robarlos.... Nos podría meter en problemas, si nos atrapan, claro.—
#7
Sí, podía verlo, no necesitaba ser ingeniero ni carpintero para darse cuenta de lo obvio. Desde las alturas todo era más claro, las cosas tomaban una perspectiva distinta, si fuera más grande tal vez podía entenderlo y no, no era empatía comprender lo que el gigante pelirrojo le decía, era simple lógica. Su barco sería su casa flotante, el lugar que los debía proteger contra viento y marea, literalmente, si las maderas de este estaban en peligros, todos ellos lo estarían y, por eso, la frustración del gigante se convirtió en su frustración. No deseaba atravesar otro naufragio, ya tenía suficiente con dos.

—Algún día las quejas se transformarán en gritos, Tomato —Su voz sonó más seria de su habitual, dejando de lado ese desinterés tan habitual en él que era casi como una segunda piel. —Hablarlo con el resto es el primer paso para encontrar una solución, aunque sea temporal.

Y de ahí en adelante el tema murió, no porque no pudieran extenderse en ello, si no porque las preocupación del médico pasó de algo a largo plazo a algo inmediato. Así funcionaba su mente, saltaba de una idea a otra en cuestión de segundos, como un tren descarrilado que no se detenía por demasiado tiempo en ninguna estación.

Los arrozales ahora tenían su completa atención, no, no los arrozales exactamente, si no lo que podía encontrar en ellos, las granjas, los animales, la comida…sí, todo ello era sinónimo de comida…comida gratis, porque ¿En verdad pensarían en pagar un mísero berry cuando podían solo hurtar lo que desearan? Nadie tenía que enterarse…aunque comprendía que era difícil cuando un gigante de más de 20 metros era su compañero de “crímenes”.

—Por supuesto que comeremos todos ¿No es genial? Y creo que tendremos para varios días si sabemos racionarlos bien…tal vez podríamos pensar en hacer una pequeña granja en la playa —. Ni siquiera se preocupó por el hedor que pudiera suponer tener una granja de jabalíes cerca del barco, no porque no le importara, sino porque era algo que no podía sentir, su olfato era tan malo como su memoria. —Y si alguien viene a reclamar, podemos solo…deshacernos de ese alguien —. Remató con un tono de voz demasiado casual, como si hablara del clima. No es que fuera común en él hablar de esa manera tan despreocupada sobre sus métodos para no ser descubierto, pero, técnicamente, no dijo la forma en la que él, en específico, planeaba deshacerse de cualquiera que fuera a investigarlos solo por tener un poco de “comida” a la mano.

Cuando sintió que el gigante ajustó su mano para darle mejor movilidad, el médico se movió con más confianza sobre este, como si simplemente estuviera en un puente colgante o una plataforma sobre el mar. No lo hacía por querer comprobar nada ni por dárselas de arriesgado, solo lo hizo para tener una mejor vista de la granja y también, porque estaba acostumbrado a caminar por terrenos peligrosos y al desequilibrio de los barcos durante las tormentas en el mar, después de todo, por más que se las diera de chico elegante y fino, tenía un pasado pirata y aventurero que de vez en cuando salía a relucir, aunque no lo dijera en voz alta.

Aunque…todo tenía su límite ¿No?

—¿Manejarlo? —Parpadeó un par de veces al escuchar esa pregunta y esa misma confianza que mostró antes pasó a segundo plano cuando su cuerpo se tensó y sus manos se aferraron con más fuerza a los dedos del gigante, como si ahora si fuera consciente del peligro de estar a más de 20 metros de altura, pero…no…no era acrofóbico, era solo que esa pregunta le dio indicios de que el pelirrojo planeaba mandarlo a él con los jabalíes, algo que, definitivamente, no estaba en sus planes. —¡No, no, no! ¡Imposible! ¿Viste lo que casi me hace uno solo de esos? —Movió la cabeza de lado a lado varias veces, acentuando aún más su negativa.

—Creí que tu podrías traer unos cuantos jabalíes, después de todo, solo tendrías que acercarte y tomarlos, aunque…

Miró hacia abajo, dándose cuenta de un pequeño problema, no tendrían una manera para que los animales se quedaran quietos a menos que los aturdieran o los metieran en una bolsa bastante grande. El médico refunfuñó y se sentó en la mano, meditando desde su lugar las mejores opciones que tenían para conseguir la cena, aunque esa “meditación” se vio interrumpida más temprano que tarde.

—¿En verdad te preocupa que sean de alguien? —Miró con extrañeza al pelirrojo ¿Por qué le importaría? A fin de cuentas, son piratas…robar un par de jabalíes seguro que es de las cosas más inocentes que deben haber hecho, bueno, al menos…él…y es que, ahora que lo pensaba bien, no recordaba nunca haber cuestionado al gigante sobre su pasado, aunque, no habría mucho sentido en hacerlo cuando seguro se le olvidaría, pero no podía negar que ahora sí que tenía curiosidad. —¿No has tomado nada “prestado” antes? Si sabes a lo que me refiero —preguntó mientras apartaba su mirada del gigante para volver a mirar a la granja.

—No te preocupes, no tienen porque descubrirnos, aunque no lo parezca, soy sigiloso —habló en voz baja mientras achinaba sus ojos para estudiar más el panorama —Jmmm… ¿Sabes? De todos modos, si alguien nos viera, dudo que ese alguien quiera salir a pelear con un gigante. Te preocupas de más —. Se relajó, ahora tenía un plan más claro.

—Ya sé que hacer —. Volvió a levantarse, esta vez con más emoción que antes. —Acércame a la granja, buscaré alguna soga y sacos y tu…tu te asegurarás de darle un leve golpecito a los jabalíes…pero leve, muy leve, en serio…no quiero que los mates, que la cocinera se encargue de eso, así la carne estará más fresca. Cuando los hayas golpeado me acercaré para amarrarlos y… Si no encuentro sacos en donde quepan…creo que estarán bien en el bolsillo de tu camisa —. Se fijó en la ropa del gigante en específico en el bolsillo que mencionó y se encogió de hombros, parecía que la gran cantidad de tela era suficiente para albergar a más de uno de esos animales.

—¿Me sigues o aun te preocupa que nos atrapen? —Algo que tenía al pelirrosa sin cuidado. —Y si es así, no deberías, algo me dice que tenemos el tiempo contado en esta isla, pronto estaremos fuera de la jurisdicción de este lugar…entonces…¿Procedemos o quieres quedarte sin cena?
#8
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