Nuevamente nos encontramos y nuevamente soy portador de malas noticias, mi querido lector. Tras una larga vida, he visto todo lo que le ha pasado el pequeño Fyodor y sólo narro esta historia porque he sido contratado para hacerlo y únicamente la promesa que le hice a un ser muy querido me da fuerzas para continuar y narrar los horrores que están por llegar.
Podría relatar que el viaje de Fyodor en aquella embarcación fue breve y apacible, pero al hacerlo os mentiría. La bajeza moral de la tripulación comandada por Dragov era tal que, aún a día de hoy, sigo sintiendo náuseas al recordar lo que pasaron Fyodor y la veintena de niños que, junto a él, vivieron lo más parecido al infierno en la tierra. Pese a todo, Fyodor tuvo un pequeño golpe de suerte y fue el único afortunado que, debido a su monstruoso aspecto, cambiaba los abusos sexuales por más palizas y una tortura psicológica que le dejó varios traumas que le llevo años superar.
Como espero que entendáis, todo tiene un límite y tanto por mi salud mental como mi preocupación por el bienestar de la vuestra, no me permiten narrar los hechos acaecidos en aquel navío. Dicho lo cuál, saltaremos esos 5 meses en el interior de aquel navío y, al igual que ellos, atracaremos en uno de los puertos de Kutsukku, lugar en el que Fyodor empezaría a ver algo de luz en su vida... aunque tardaría unos años en llegar.
Capítulo 3: Nueva vida.
-Tiempo sin verte, Dragov-hebi. ¿Cómo ha ido la cosecha-hebi? - Una lúgubre voz surgió de las sombras, precediendo a un espigado hombre de ojos afilados, con el curtido rostro cubierto de cicatrices y con un brazo de metal oxidado que le daba un aspecto aún mas tenebroso.
-No me lo recuerdes, Drey. Llevo más de un año fuera de casa. - Respondió mientras le estrechaba la mano buena con la alegría y entusiasmo del que ha visto a un viejo amigo. - Sólo hemos perdido a 3 esclavos. Hacía tiempo que no veía una cosecha tan dura. - Continuó mientras se giraba hacia los niños, muertos en vida y sin ninguna emoción en sus ojos.
-No está nada mal-hebi. - Respondió mientras paseaba por delante del grupo de niños, observándolos sin que se le escapará ni un solo detalle para tratar de encontrar algún defecto por el que alguno le saliese más barato. -¿Qué le pasa a este-hebi? - Preguntó tras pararse enfrente de Fyodor, que llevaba una bolsa de lino ensangrentada tapándole la cabeza y con dos pequeños agujeros asimétricos a la altura de los ojos, los cuales seguían ocultos en la oscuridad de la bolsa.
-Ese ya está vendido. Lo de la bolsa es para no tener que verle la cara. - Dragov se acercó tranquilamente, haciendo crujir el suelo del embarcadero bajo sus pies debido al peso del martillo que portaba en su espalda. - Además, la pequeña rata voladora tiene algo que te pone los pelos de punta. Mira. - Concluyó antes de levantar la bolsa, revelando el rostro de Fyodor, hinchado y cubierto de sangre seca debido a las palizas recibidas, a un Drey que, al momento de verle, retrocedió instintivamente mientras se llevaba su mano buena a la cintura, agarrando firmemente su oxidado revólver pero sin llegar a desenfundarlo.
-¿De dónde mierda has sacado esa cosa-hebi? - Preguntó todavía algo alterado mientras se recomponía, sintiendo un escalofrío por toda su columna al mismo tiempo que veía como Dragov, el cual se estaba aguantando la risa, volvía a tapar el rostro de un Fyodor que no se había movido ni un centímetro.
-Era un esclavo en Roshwan, donde lo usaban para calentarse. No se que pacto diabólico harían allí para tener a semejante monstruo, pero me pagaron para que me lo llevara, así que no hice preguntas. - Mintió antes de agarrar a un niño más pequeño que Fyodor, situado a un par de metros. - Este de aquí no me sirve para nada. Puedes llevártelo y vendérselo a los de Landvik en Gear, que seguro que te lo cambian por una reparación en ese brazo. - Añadió mientras el niño, con la mirada perdida y una ostensible cojera, avanzaba hacia el espigado guardián del puerto.
- Perfecto, aunque quizá me divierto antes con él-hebi. Hace mucho que no tengo un esclavo y llevo semanas con esta chatarra pegada al cuerpo, puedo aguantar un par de días más-hebi. - Concluyó tras examinar de forma desagradable y minuciosa el cuerpo del niño, que seguía inmóvil y con la mirada perdida, al igual que el resto de pequeños esclavos que se habían puesto de nuevo en marcha tras un pequeño silbido por parte de Dragov.
-Haz lo que quieras. Si necesitas cualquier cosa Petrov está en el barco como mi segundo. A Yuri tuve que matarle cuando le pille vendiendo un esclavo a mis espaldas. - El brazo de Dragov se alzaba en el aire en señal de despedida, perdiéndose en la neblina nocturna mientras el pequeño grupo de esclavos le seguía, destino a los que serían sus nuevos hogares.
3 horas después sólo quedaban el viejo Dragov y Fyodor, que paseaban en silencio por las oscuras calles formadas por los restos de miles de barcos, sobre los que se alzaba ahora aquella isla que se había convertido en poco más que un vertedero de la maldad humana.
-Espera aquí. - Fue lo único que dijo Dragov antes de adentrarse en una edificación de 3 plantas de altura, parecida a una gran nave industrial abandonada.
El crujir de la madera y chatarra que conformaban ese casi abandonado puerto era lo único que se podía escuchar en esa apacible noche de luna llena. Dragov, un fornido anciano, con una barba y peinado cuidados al milímetro y vestido con un impoluto traje que contrastaba con el gigantesco martillo que llevaba colgado a la espalda, escoltaba el pequeño grupo de niños que, encadenados unos a otros, bajaban en fila y con la cabeza gacha del barco que había sido su prisión e infierno particular durante los últimos meses.
Minutos después, con Fyodor justo en el mismo lugar, salió Dragov acompañado de un hombre bajito, sin nada de pelo en su rostro, manchado de una especie de polvo negro por todo el cuerpo y con un implante ocular en su ojo derecho en el que destacaba una lente telescópica con la que estaba analizando al pequeño Fyodor.
-Nos vemos. - Se despidió, continuando recto y desapareciendo en la oscuridad de la noche junto a su martillo, silbando una característica melodía mientras dejaba al pequeño Fyodor con su nuevo amo, el cual no era mucho más alto que el joven lunarian y en esos momentos estaba agarrando firmemente del brazo a Fyodor, introduciéndole sin que este opusiera resistencia en la vieja nave y sin quitarle la bolsa de la cabeza.
-Dragov ya me ha dicho que puedes trabajar sin tener que quitarte esa bolsa. - Los pasos del pequeño hombre eran rápidos, lo que obligaba a Fyodor a acelerar el paso mientras se guiaba por su excelente vista para no tropezarse. - Únicamente se te permitirá quitarte la bolsa cuando vayas a comer y lo harás en una habitación apartado del resto. - Continuaba el dueño de aquella nave mientras seguía avanzando por el laberíntico edificio junto a un obediente Fyodor que no emitía sonido alguno. - Mañana te supervisaré y podrás cometer 3 fallos montando las balas. Al siguiente fallo no estaré ahí y te explotará en las manos. - Advirtió con tono severo antes de abrir con llave una última puerta, que daba a una pequeña habitación repleta de literas donde en esos momentos se encontraban durmiendo el resto de trabajadores que en realidad eran otros esclavos. - A las 6 de la mañana empezamos. - Concluyó antes de empujar a Fyodor al interior de la habitación y volver a cerrarla con llave, dejando al lunarian tirado en el sucio suelo, inmóvil mientras empezaba a asimilar todo lo que estaba pasando y que se había librado de Dragov y sus hombres, sintiéndose con ello el niño más afortunado del mundo en aquella nueva vida que le esperaba.
Puede que penséis que llamar afortunado a Fyodor es un insulto a la inteligencia. Ambos hemos visto como ha sido un esclavo desde el día que nació, sufriendo múltiples maltratos, tanto físicos como psicológicos, desde que tenía uso de razón. Pero todo ese camino le había llevado a un sitio que, si bien atemorizaría a cualquier niño de su edad, para Fyodor se convertiría en el desencadenante de una de sus mayores aficiones y en el paso previo a encontrar lo que sería su primer y auténtico hogar, con el cálido y genuino amor de una verdadera madre. Pero no adelantemos acontecimientos, querido lector, y disfrutemos del camino que llevará a Fyodor a ser alguien tan peculiar.
Podría relatar que el viaje de Fyodor en aquella embarcación fue breve y apacible, pero al hacerlo os mentiría. La bajeza moral de la tripulación comandada por Dragov era tal que, aún a día de hoy, sigo sintiendo náuseas al recordar lo que pasaron Fyodor y la veintena de niños que, junto a él, vivieron lo más parecido al infierno en la tierra. Pese a todo, Fyodor tuvo un pequeño golpe de suerte y fue el único afortunado que, debido a su monstruoso aspecto, cambiaba los abusos sexuales por más palizas y una tortura psicológica que le dejó varios traumas que le llevo años superar.
Como espero que entendáis, todo tiene un límite y tanto por mi salud mental como mi preocupación por el bienestar de la vuestra, no me permiten narrar los hechos acaecidos en aquel navío. Dicho lo cuál, saltaremos esos 5 meses en el interior de aquel navío y, al igual que ellos, atracaremos en uno de los puertos de Kutsukku, lugar en el que Fyodor empezaría a ver algo de luz en su vida... aunque tardaría unos años en llegar.
Capítulo 3: Nueva vida.
Año 4
-Tiempo sin verte, Dragov-hebi. ¿Cómo ha ido la cosecha-hebi? - Una lúgubre voz surgió de las sombras, precediendo a un espigado hombre de ojos afilados, con el curtido rostro cubierto de cicatrices y con un brazo de metal oxidado que le daba un aspecto aún mas tenebroso.
-No me lo recuerdes, Drey. Llevo más de un año fuera de casa. - Respondió mientras le estrechaba la mano buena con la alegría y entusiasmo del que ha visto a un viejo amigo. - Sólo hemos perdido a 3 esclavos. Hacía tiempo que no veía una cosecha tan dura. - Continuó mientras se giraba hacia los niños, muertos en vida y sin ninguna emoción en sus ojos.
-No está nada mal-hebi. - Respondió mientras paseaba por delante del grupo de niños, observándolos sin que se le escapará ni un solo detalle para tratar de encontrar algún defecto por el que alguno le saliese más barato. -¿Qué le pasa a este-hebi? - Preguntó tras pararse enfrente de Fyodor, que llevaba una bolsa de lino ensangrentada tapándole la cabeza y con dos pequeños agujeros asimétricos a la altura de los ojos, los cuales seguían ocultos en la oscuridad de la bolsa.
-Ese ya está vendido. Lo de la bolsa es para no tener que verle la cara. - Dragov se acercó tranquilamente, haciendo crujir el suelo del embarcadero bajo sus pies debido al peso del martillo que portaba en su espalda. - Además, la pequeña rata voladora tiene algo que te pone los pelos de punta. Mira. - Concluyó antes de levantar la bolsa, revelando el rostro de Fyodor, hinchado y cubierto de sangre seca debido a las palizas recibidas, a un Drey que, al momento de verle, retrocedió instintivamente mientras se llevaba su mano buena a la cintura, agarrando firmemente su oxidado revólver pero sin llegar a desenfundarlo.
-¿De dónde mierda has sacado esa cosa-hebi? - Preguntó todavía algo alterado mientras se recomponía, sintiendo un escalofrío por toda su columna al mismo tiempo que veía como Dragov, el cual se estaba aguantando la risa, volvía a tapar el rostro de un Fyodor que no se había movido ni un centímetro.
-Era un esclavo en Roshwan, donde lo usaban para calentarse. No se que pacto diabólico harían allí para tener a semejante monstruo, pero me pagaron para que me lo llevara, así que no hice preguntas. - Mintió antes de agarrar a un niño más pequeño que Fyodor, situado a un par de metros. - Este de aquí no me sirve para nada. Puedes llevártelo y vendérselo a los de Landvik en Gear, que seguro que te lo cambian por una reparación en ese brazo. - Añadió mientras el niño, con la mirada perdida y una ostensible cojera, avanzaba hacia el espigado guardián del puerto.
- Perfecto, aunque quizá me divierto antes con él-hebi. Hace mucho que no tengo un esclavo y llevo semanas con esta chatarra pegada al cuerpo, puedo aguantar un par de días más-hebi. - Concluyó tras examinar de forma desagradable y minuciosa el cuerpo del niño, que seguía inmóvil y con la mirada perdida, al igual que el resto de pequeños esclavos que se habían puesto de nuevo en marcha tras un pequeño silbido por parte de Dragov.
-Haz lo que quieras. Si necesitas cualquier cosa Petrov está en el barco como mi segundo. A Yuri tuve que matarle cuando le pille vendiendo un esclavo a mis espaldas. - El brazo de Dragov se alzaba en el aire en señal de despedida, perdiéndose en la neblina nocturna mientras el pequeño grupo de esclavos le seguía, destino a los que serían sus nuevos hogares.
3 horas después sólo quedaban el viejo Dragov y Fyodor, que paseaban en silencio por las oscuras calles formadas por los restos de miles de barcos, sobre los que se alzaba ahora aquella isla que se había convertido en poco más que un vertedero de la maldad humana.
-Espera aquí. - Fue lo único que dijo Dragov antes de adentrarse en una edificación de 3 plantas de altura, parecida a una gran nave industrial abandonada.
El crujir de la madera y chatarra que conformaban ese casi abandonado puerto era lo único que se podía escuchar en esa apacible noche de luna llena. Dragov, un fornido anciano, con una barba y peinado cuidados al milímetro y vestido con un impoluto traje que contrastaba con el gigantesco martillo que llevaba colgado a la espalda, escoltaba el pequeño grupo de niños que, encadenados unos a otros, bajaban en fila y con la cabeza gacha del barco que había sido su prisión e infierno particular durante los últimos meses.
Minutos después, con Fyodor justo en el mismo lugar, salió Dragov acompañado de un hombre bajito, sin nada de pelo en su rostro, manchado de una especie de polvo negro por todo el cuerpo y con un implante ocular en su ojo derecho en el que destacaba una lente telescópica con la que estaba analizando al pequeño Fyodor.
-Nos vemos. - Se despidió, continuando recto y desapareciendo en la oscuridad de la noche junto a su martillo, silbando una característica melodía mientras dejaba al pequeño Fyodor con su nuevo amo, el cual no era mucho más alto que el joven lunarian y en esos momentos estaba agarrando firmemente del brazo a Fyodor, introduciéndole sin que este opusiera resistencia en la vieja nave y sin quitarle la bolsa de la cabeza.
-Dragov ya me ha dicho que puedes trabajar sin tener que quitarte esa bolsa. - Los pasos del pequeño hombre eran rápidos, lo que obligaba a Fyodor a acelerar el paso mientras se guiaba por su excelente vista para no tropezarse. - Únicamente se te permitirá quitarte la bolsa cuando vayas a comer y lo harás en una habitación apartado del resto. - Continuaba el dueño de aquella nave mientras seguía avanzando por el laberíntico edificio junto a un obediente Fyodor que no emitía sonido alguno. - Mañana te supervisaré y podrás cometer 3 fallos montando las balas. Al siguiente fallo no estaré ahí y te explotará en las manos. - Advirtió con tono severo antes de abrir con llave una última puerta, que daba a una pequeña habitación repleta de literas donde en esos momentos se encontraban durmiendo el resto de trabajadores que en realidad eran otros esclavos. - A las 6 de la mañana empezamos. - Concluyó antes de empujar a Fyodor al interior de la habitación y volver a cerrarla con llave, dejando al lunarian tirado en el sucio suelo, inmóvil mientras empezaba a asimilar todo lo que estaba pasando y que se había librado de Dragov y sus hombres, sintiéndose con ello el niño más afortunado del mundo en aquella nueva vida que le esperaba.
Puede que penséis que llamar afortunado a Fyodor es un insulto a la inteligencia. Ambos hemos visto como ha sido un esclavo desde el día que nació, sufriendo múltiples maltratos, tanto físicos como psicológicos, desde que tenía uso de razón. Pero todo ese camino le había llevado a un sitio que, si bien atemorizaría a cualquier niño de su edad, para Fyodor se convertiría en el desencadenante de una de sus mayores aficiones y en el paso previo a encontrar lo que sería su primer y auténtico hogar, con el cálido y genuino amor de una verdadera madre. Pero no adelantemos acontecimientos, querido lector, y disfrutemos del camino que llevará a Fyodor a ser alguien tan peculiar.
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