Un encuentro más (De miles contigo) [Pasado - Social - Gwen] [+18]
#1
22:30
Whiskey Peak
Centro de la ciudad
Hotel: "Una máscara blanca"

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-Qué fenómeno el Rosse de pagarnos toda la estadía del hotel hasta que zarpemos. Al menos así me pongo a buscar a Uker, Maki y Jensen en estos días.-

La llegada a Whiskey Peak había sido terriblemente accidentada no solamente por los sucesos tan increíblemente locos que habían tenido que vivir aquella pareja que parecía ser dividida y juntada por el destino caprichosamente una y otra vez, sino, por el estado tan maltratado en el que había quedado el navío de los Piratas del Cabaret, al igual que lo había quedado el cuerpo de un Owen que sufrió en demasía el castigo de un combate tortuoso. Por suerte para él, todo su equipo había sido extremadamente capaz para, aunque a las puertas del infierno como quedó, haber salido victoriosos mientras que aún estuviese recuperando su maltratado cuerpo -Han pasado varios días, pero todavía el cuerpo me duele horrores.- ¡PUMB!, el cuerpo del pelirrojo, inevitablemente, se desmayó en la enorme comodidad de aquella cabañita un poco más normal y utilizada para los viajeros como ellos. En el ojo derecho del pelirrojo yacía un parche que le mantenía temporalmente tuerto, pero la presión que sufrió su párpado en todo el combate de hace unos días atrás se lo sensibilizó lo suficiente para ser difícil de controlar la presión sanguínea saliente -Menos mal que no te busca nadie, Gwenchi, sino jamás podríamos haber accedido a una habitación.- Porque no sabía exactamente cómo lo iba a ser el resto, pero, objetivamente, su mujer favorita aún era un civil que no se encontraba en búsqueda y captura por ninguna fuerza de autoridad. Mientras que el pelirrojo, ciertamente, ya sí empezaba a encabezar listas de personas socialmente poco aceptadas.

Si bien había sido capaz de poder recuperarse progresivamente en aquel navío y sus heridas sanaban con velocidad, podía verse (Y sentirse al tacto) ciertos golpes, raspones, porrazos y moratones aún calientes en diversas partes de su cuerpo -Pero lo que más me alivia es que estés en una pieza, preciosa.- y, acomodándose en aquel colchón en el que compartirían la noche, quedó tumbado y colocándose una de las manos sobre su mejilla izquierda, observando la impresionante hermosura que ella conservaba de manera intacta -¿Cómo te has sentido allí? ¿Ha sido duro?- eran preguntas genuinas, llenas de complicidad, casi como las que haría un amigo más allá del pequeño detalle de estar terriblemente enamorado de ella -Había estado tan preocupado por ti, muchísimo. Casi...muero allí afuera.- sus ojos (Ahora uno solo), cuando querían mostrar preocupación o tristeza, le resultaban inevitables en perder el contacto visual, cosa que resultaba relativamente sencilla con la preciosa chica de ojos cerrados. Parte de sus ropas se habían maltrecho ligeramente allí y, aunque hizo mucho hincapié en limpiarlas (Principalmente las manchas de sangre) ciertas partes habían perdido sus costuras y dañado en general, dándole un aspecto un poco más maltrecho con su famosa chaqueta roja de un tono parecido al de su cabello. Se sentó, cruzándose de piernas, estirando un poco la cintura hacia adelante para capturar la muñeca de su mujer favorita y traerla hacia él, queriendo que se sienten frente a frente -Pero no moriré, Gwen. No voy a morir hasta verte cambiar este mundo. Eso que vivimos hoy,- no dudó en llevar la otra mano, capturándosela y envolviéndola en ambas de sí -son...parte de los males del mundo que debes cambiar.- la frustración le había invadido enormemente desde el Reino de Samba, ¿Y ahora? Mucho más.

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-Yo no tengo el poder para hacerlo, menos, no aún. Has quedado intacta al igual que ha ocurrido con Maki. Tócame, siente los cortes y heridas que tengo por todos lados, casi no la cuento.-

Tiró de ella un poquito más, dándole un pequeño jalón para traerla un poquitito más consigo -Necesito ser el más fuerte del mundo para verte llegar hasta el final, porque tú ya eres extremadamente fuerte solo con tus poderes y tu corazón.- y, estando delante de sí, estiró el cuello para besarle la punta de la nariz -Si pudiste cambiarme a mi, una causa perdida como yo, podrás hacerlo a gran escala.- porque, al menos, aquella habitación de cama matrimonial, ligeramente decorada en tonos marrones y solo iluminada por una buena cantidad de velas le harían sentir que, como mínimo, estarían juntos para reparar un mundo tan hostil.
-Hablo- , Narro , -Pienso-
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#2
—Sintió algo de culpa por lo que pasó — se encogió de hombros al escuchar las palabras de Owen. Sus manos se pasearon por la piel de sus brazos con suavidad, como si se masajeara la zona. No duele, pero la incomodidad la llevó a buscar confort — Deberías descansar primero, luego los buscas. Me dijeron que estabas más lastimado de lo que me dijiste — no le ha mentido, pero tampoco le ha dicho todo lo que debería.

No lo pudo culpar, porque de estar en el lado contrario, habría hecho lo mismo.

—¿Mucho? Podemos ir a donde el doctor para que te de algo — suele decirle doctor, aunque conoce su nombre. Nunca pensó que viajaría con el hombre que disparó a centímetros de distancia de su rostro, en una anécdota que a nadie le ha dicho — Aunque quizás está durmiendo, ya es tarde — pero ellos se han quedado más que los demás, como si el dormir fuese perder el tiempo juntos.

No dudó en contarle su viaje con la gente que la ha adoptado, las muchas cosas que ha aprendido, aunque no es suficiente ¡Más! Le gustaría conocer mucho más de todo el mundo.

—Yo… yo no he hecho nada — se encogió de hombros y dirigió su rostro a otro lado, como si quisiera esconder una mueca de descontento que no pudo contener más — Todo habría sido igual conmigo ahí o si no hubiese estado — no es bueno, tampoco parece malo. La gente habría caído ahí y el destino del enemigo sería el mismo, su aparición fue una anécdota mal contada, que tiene un regusto amargo.

—También estaba preocupada por ti — por todo en realidad, pero Owen no ha dejado de aparecer, incluso si no se encontraba presente. No supo a qué culpar, pero se encontró tantas razones que las aceptó todas con tal de calmar la intranquilidad que se sube por el cuerpo.

Se dejó llevar al sentir el agarre, moviéndose sobre la cama para quedar en donde él deseó. Separó los labios para hablar, pero no hay nada. No existe una palabra, porque lo único que puede dar son malas noticias y desilusión.

—Yo... no voy a cambiar nada

No es tristeza, sino resignación. Sonrió con suavidad, en un gesto que debería ser feliz, por no cargar con un peso que nunca quiso y que Owen le ha dado sin pedírselo, simplemente ¡Ahí está! — No sé cómo podría hacerlo. — con su mano libre calmó la ansiedad al pasarla sobre la tela de la superficie de la cama, hasta que finalmente se encontró prisionera, pero por voluntad propia. El calor de las manos de Owen calmaron ligeramente la ansiedad, pero no lo suficiente como para sentir que el problema ya no está  — Y tampoco tengo el poder para lograrlo.

La cercanía de ambos empujó a la calma un paso más, pero tampoco fue suficiente ¡Tampoco el gesto cariñoso! Como si nada de lo anterior pudiese quitar a la angustia, se apegó a él.

—No puedo.

¿No sería mejor decir que no quiere? Solo necesita dos palabras, no es mucho, pero eso sería mentir ¡Y a él! Por eso simplemente se apegó a él, su frente tocó la zona del cuello de su acompañante, escondiéndose de una mirada que no puede ver y un gesto que no podrá descifrar con los ojos.

— ¿Estás decepcionado?

Se aferró más a él y su cuerpo se enfrió con suavidad. No lo suficiente como para volverse un problema, pero sí para indicar que necesita una respuesta correcta.

—Mis poderes no sirven de nada, porque terminaría lastimando a otros — un suspiro salió de sus labios, es un aire frío que se choca ligeramente con el cuello de Owen — ¿Te duele el párpado? Sabes que puedo ayudarte para que la hinchazón baje — se soltó del agarre y subió su mano con cuidado, se paseó en un frío que no llega a lastimar. Siguió el torso, subiendo por el cuello, hasta llegar a su barbilla  — He aprendido muchas cosas cuando no estuviste, como el que puedo calmar un poco el dolor así — finalmente recorrió las mejillas, encontrándose con el parche. No hizo presión, simplemente permaneció ahí, esperando algún comentario de su parte.

—Quería verte

No dijo el por qué, porque de hacerlo, seguramente estaría toda la noche diciéndoselo.

—Te extrañé, no imaginas cuánto.

Ni cuando o cómo.
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#3
Owen no sabía con precisión a quién se refería con "doctor", pero, si ambos tenían la misma idea, Kiyoshi debía ser la respuesta -Con ese hay que tener cuidado que con dos copitas está revoleando vasos de cristal para todos lados.- Anecdótico, si, pero mientras lo decía sonreía con mucha complicidad, como si aquel recuerdo no le molestase en lo absoluto, sino, que pudiese ver una faceta oculta en alguien con una apariencia tan seria, directa y antipática en primera instancia.

— Todo habría sido igual conmigo ahí o si no hubiese estado —

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-¿Porqué...lo dices? Has salido entera de allí. No pude estar más feliz que así sea.-

Ella se veía muy agobiada, triste, incómoda por todo lo que habían transitado cada uno en lo particular. Owen ya estaba curadísimo de espanto; El mundo era hostil, desagradable, y tu vida podía correr peligro, incluso, sin que jamás fuese tu culpa en lo más mínimo. Gwen parecía sentirse desdichada, apagada, incapaz e impotente, incluso cuando el pelirrojo la creía, literalmente, un individuo con un potencial infinito. "No voy a cambiar nada" -Lo harás, tú puedes hacerlo.- contestó casi automáticamente, ni siquiera dándole pie a dudar, porque él ya no dudaba ni de las capacidades de ella ni de el corazón que ya no le pertenecía a él, sino, a ella. Sintió cómo la frente de la hermosísima mujer se pegó sobre su hombro, escondiéndose mientras continuaba en un lamento que el muchacho era completamente incapaz de comprender. En su cabeza no cabía la posibilidad de que la chica que durante meses demostró tener un poder capaz de "congelar a los malos". "No podía".

— ¿Estás decepcionado?

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-Enamorado de ti es lo que estoy.-

En cuanto comenzó a aferrarse a él, ese frío tan exageradamente reconocible apareció. A diferencia del resto de los mortales, Gwen, ahora, era capaz de poder transmitir sus estados de ansiedad, tristeza o miedo simple y llanamente con su presencia, generando un tacto palpable tan gélido como el de un hielo. Owen sonreía, con aquella tela que aún posaba sobre su ojo y cerraba el único visible, dejando en vista esos colmillos largos que tenía por naturaleza -Yo sé que podrás controlarlos, Gwen.- contestó casi automáticamente, porque parecía un ping-pong de inseguridades donde a cada respuesta negativa de parte de la mujer más hermosa frente a sus ojos, el pelirrojo, sin dudarlo, empujaba esa inseguridad hacia afuera, reforzándole lo especial que fue, es y será -Tus poderes de frío son solamente...- los escalofríos le detenían un poco, erizándole la piel de manera inevitable debido a su gran debilidad a este mientras las manos que tanto le encantaban se paseaban hacia un lado y hacia el otro -...una de t-tus grandes capacidades. Cuando te conocí, me cambiaste, y no te hizo falta ningún poder de nada.- y, sin poder dejar de verla ni un solo ápice de segundo, su propio calor corporal subía de tenerla delante, escuchando cómo era capaz de poder calmar los dolores con sus habilidades -Gwen.- la miró de arriba a abajo, comenzando a quitarse el parche que Kiyoshi le había colocado y que por seguridad le obligó a mantener, sin que hiciese demasiada falta.

—Te extrañé, no imaginas cuánto.

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-...-

Durante todo el viaje en el Crimson Stage, barco de la tripulación de los cabaret, Owen no había hecho mayores cosas con su mujer favorita más allá de simplemente reposar, esperar a llegar a tierra firme y que todos pudiesen ponerse a punto para recuperarse de las heridas. Pero él la extrañó tanto, pero tantísimo, que tenerla en el estadío que la tenía, y justo frente a él, le hizo sentir obligado emocionalmente a proceder: Se abalanzó hacia ella, besándola primero solo con los labios para que no se asuste con el impacto ni se sorprenda, cerrando sus ojos mientras se movilizaba hacia adelante -Gwen...yo...no te das...- cuando el pelirrojo deseaba a su mujer favorita le resultaba total y completamente incapaz no cegarse. Después de tantísimos nervios, tanta frustración, tanto desenfreno, tanto dolor, la pasión afloró en él de una forma tan explosiva como criminal -Una idea- se cortaba mientras se separaba de los besos y abría su boca, buscando la deseada y maravillosa de la mujer que amaba con locura -de lo que te necesité- comenzó a empujarla con su cuerpo, obligándola a que ella tuviese que ponerse de pie junto con él -todos estos días.- empezó a usar sus manos para empujarla mientras que, con su pecho, empujaba los de la muchachita, en señal de que cada vez más se aproximaban a la pared que ella tenía a su espalda y el muchacho a su frente, sin siquiera prestarle atención a ello por el deseo que le comía -Desde- prosiguió, ¡PUMB!, la espalda de la espectacular y bellísima chica de antifaz blanco dio con un poco de fuerza y generando un pequeño rebote -el Reino de Samba- y, pegado a ella, comenzó a besarle su cuello, un beso detrás del otro, mientras liberaba un mordisco en la clavícula de las ganas que le tenía hace semanas -que no puedo pensar en lo mucho que te extrañaba y deseo.-.

La pegó hacia la pared mientras que con su mano izquierda atrapó una de sus piernas. Tal vez era complicado con la ceguera de la muchachita el tener miedo de perder la estabilidad, pero el muchacho la trajo consigo para que, con ella, le capturase y sus cuerpos estuviesen aún más pegados que antes -Me moría de ganas de besarte,- fue hasta su labio inferior, tirándole de él con un apretón hasta que, como un elástico, volvió a su lugar original -de tenerte conmigo,- su mano derecha viajó hacia su extensa cabellera decorada, negra y de destellos morados, tirando de la misma hacia abajo con un poco de fuerza para descubrirle toda la garganta muchísimo más -y de comerte como siempre quiero.- en aquella postura, con sus ojos entre-cerrados, podía divisar cómo se marcaban los músculos del cuellito de su mujer favorita, pero más deseoso estaba de pegar ambas entre-piernas una con la otra, ejerciendo presión en la misma mientras podía sentirse cómo, naturalmente, movía la pelvis muy levemente hacia adelante y hacia atrás, jadeante, incapaz de aguantarse más de lo que ya se aguantó de tener a Gwen así -No pude olvidarme de nuestra última noche...- mientras le hablaba en un balbuceo, lo hacía con un pequeño caminito donde el viento caliente de su boca soplaba de forma débil de abajo hacia arriba, hasta querer llegar a esos labios carnosos y espectaculares de su amor -...y no paré de pensar en ella casi todos los días. No pude evitarlo.- le susurraba, generando un cosquilleo que podría ser mutuo debido a esa tenue vibración. Jadeaba, tenía sus orbes celeste brillante clavados en esos ojitos mientras que le ayudaba a quitarse el antifaz y las decoraciones que le rodeaban la cabeza, pudiendo escucharse el tintineo de las mismas al dar contra la madera del suelo -No puedo dejar de pensar en ti ni aunque me esfuerce. Me vuelves loco, y me encanta.- volvió a darle un beso, uno intenso, fuerte, uno que buscó que la nuca de la mujer golpease contra la pared con suavidad mientras su cuerpo la arrinconaba más y más, estimulándose con el movimiento de péndulo hacia arriba, y hacia abajo de su cintura, algo que ocurría por mero acto reflejo del deseo -¿Quieres que repitamos esa noche? ¿O crear una nueva?-.
-Hablo- , Narro , -Pienso-
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#4
Es un vértigo que no tuvo razón de ser, pero ahí se lo encontró, es ese cosquilleo que la habría hecho reír, pero no existen risas, solo una sensación de satisfacción. Recibió el gesto de amor, se dejó llevar, porque la espera ha sido larga, tanto como para que el sentirlo así una vez más le pareciera eterno.

Pensó que sería distinto, el empuje la obligó a posar sus manos en los hombros ajenos, como si fuese su manera de resistirse, cuando en realidad es aferrarse a quien más quiere de todo el resto. No hubo queja, simplemente avanzó atrás, esperando no chocar con algo atrás, hasta que finalmente apareció, entre las palabras de Owen llegó al final, entre ligeros jadeos y suspiros.

Escuchó sus palabras y se estremeció, porque sus declaraciones causaron lo mismo que los besos compartidos con anterioridad. Un calor que incrementa — Yo desde antes — desde que se separaron no dejó de pensar en él, en una necesidad que pensó que podría aminorar, pero la lejanía no hace más que empeorarlo más. — Desde que te fuiste. — sus palabras salieron con esfuerzo, pero logró decírselas entre suspiros al sentirlo sobre la piel, en gestos cariñosos que terminaron en un dolor que una vez más le gustó. Porque esto lo ha vivido antes.

Se sorprendió por el agarre, por eso es que se aferró más a él tanto que seguro puede sentir la punta de las uñas sobre una piel que se encontró en recuperación luego de pasar tantos males intentando llegar a otro mar  — Owen — lo llamó inicialmente, sintiendo el tirón, uno que la acomodó al gusto de su acompañante, no se quejó a pesar que debería, simplemente sintió un cosquilleo en el cuerpo que reconoció — Tampoco pude olvidarla — la ha recordado más de lo que se atrevió a declarar a sí misma o a los demás, aun así ¿Hasta cuándo podrá seguir engañándolos a todos? No es la persona que partió el viaje, no luego de todo lo ocurrido.

No dudó en separar los labios, esperando compartir el calor de ambos de otra manera más, después de todo la cercanía de sus cuerpos no le fue indiferente. Hubo una ansiedad de que suceda, de disfrutar del encuentro de ambos y sentirse completa, aun así, existió algo más. Un pensamiento que la hizo detenerse unos segundos — Espera — no suena a que esté asustada, sino que hay algo más que la vergüenza no dejó escapar con facilidad — La última vez tú… tú hiciste algo, yo, ya sabes, me gustaría intentarlo — se sintió ansiosa de declarar algo así, lo suficiente como para sentir el rostro arder con suavidad por la declaración.

No dejó tiempo a la espera o a una respuesta, simplemente lo besó una vez más, bajando sus manos. Una de ella liberó su pierna, regresándola al piso, mientras que la otra sostuvo la mejilla de él, para que no se escape, que el beso se extienda tanto que les haga falta el aire ¡Aunque seguro no irá a ningún lugar! Ese debe ser el sitio en que ambos quieren estar o eso deseó creer, en un confort que silenció el resto de problemas.

Cuando finalmente buscó recuperar el aliento lo empujó con suavidad, al sentirse atrapada entre él y la pared. La vergüenza no se fue, pero la ansiedad de escuchar el disfrute ajeno fue más, porque desde que ha escuchado sobre eso, no ha podido dejar de pensar en cómo será.

Sus manos primero se posaron en el torso ajeno y bajaron con suavidad tirando de parte de la ropa con cuidado, para encontrarse con un calor que conoce, pero no de esa manera. No dijo nada, simplemente avanzó con la punta de sus dedos desde el abdomen, despacio, hasta que se encontró con aquello que desprendió más calor que el resto del cuerpo. — Quería hacer esto hace mucho — es un deseo que no debería decir, tampoco sentir ¡No tiene sentido! Aun así se encontró la situación finalmente.

¿Debería detenerse? Se preguntó qué pensará de ella.

Su mano tomó el miembro ajeno con la mano, usando los dedos para hacer presión en algunas zonas. Fue lento inicialmente, como si temiese lastimarlo, aunque en realidad es el inicio de lo que vendrá.

—Quédate quieto —

Fue lo único que declaró, antes de continuar unos segundos, esperando escuchar alguna reacción. Aun así, no le pareció suficiente, seguramente por eso finalmente acercó su rostro a la zona, esperando que lo que venga sea mejor que lo anterior. Separó sus labios sobre la punta dejando caer saliva, esa que juntó desde que le ha pedido que no se mueva. La misma descendió, hasta finalmente mojar la zona — ¿Cómo... se siente? — fue una pregunta tímida que volvió a retomar el movimiento de su mano, aun así ésta vez se sumó la otra, sintiendo el calor y la forma. Sus ojos se abrieron y como siempre, lo observó sin verlo, en un gesto que es una mentira, pero que quiso que fuese cierto.

Fueron unos segundos hasta que abrió la boca y sintió el sabor, en una sensación extraña. Porque incluso si Owen no la está tocando, su cuerpo se estremeció al sentirlo cerca, en un cosquilleo que evidenció lo inevitable, el placer de tenerlo cerca.

No dudó en seguir con el movimiento de su mano, mientras su lengua se paseó por la punta, en un movimiento que inició suave, aun así no le pareció suficiente. El movimiento se intensificó, en un sonido que le pareció obsceno y que llenó el cuarto de ese calor que deseó revivir una vez más.

No debería querer todo esto con tanta ansiedad.

Aun así, quiso oírlo.
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#5
Parecía que la intensidad que el pelirrojo había mantenido de una forma tan bruta y directamente no solamente era correspondida, sino, que parecía indicar que la muchachita que tanto deseaba estaba en su misma sintonía; Había fantaseado con ella mil millones de veces en el Crimson Stage, en los camarotes o donde fuese, pero por el cariño y respeto que le tenía jamás siquiera había sugerido un ápice de aquello aunque se muriese de ganas. El día donde ambos decidieron realizar su intimidad más grande ella anunció amarle, algo que se escapó entre quejidos de puro placer. Desde ese instante, aquel recuerdo quedó absoluta y completamente grabado en la mente del muchacho y fue incapaz, durante semanas, de no darle vueltas o, siquiera, fantasear con repetir un mínimo ápice de la marabunta de emociones vividas entonces.

Su cuerpo clamaba por ella, tantísimo, que el calor invadió su cuerpo de una forma tan salvaje como espontánea. Los jadeos, un poco de sudor más intenso de lo normal, incluso, entre sus besos, un hilo de saliva, tenue, delicado, se quebraba y desaparecía cuando se separaban y él, con sus ojos repletos de lujuria, observaba la inmensa belleza de la mujer que eligió para siempre.

Ella, repentinamente, le detuvo.

— Espera —

-¿Está...todo bien?-

El rostro del pelirrojo se retorcía del gusto, al igual que todo lo que ocurría en su vientre e ingle.

— La última vez tú… tú hiciste algo, yo, ya sabes, me gustaría intentarlo —

-...qué quieres...intentar?-

Mientras preguntaba, la seguía besando, Gwen era irresistible para él, pero ella parecía tener otros planes mientras bajaba ambas manos. Ella es todo lo que hubiese querido, incluso, estaba muchísimo más hermosa de lo que lo había estado hace semanas, como si haberse abierto al mundo comenzase a cambiarla para bien, tal y como el pelirrojo habría imaginado que ocurriría. La veía sonrojarse, el muchacho mantenía los ojos entrecerrados, se la quería comer viva, no solamente era absolutamente preciosa, sino, que tenía un cuerpo tan escultural que parecía mentira -¿Estás...bien?- sus besos decían lo contrario, emanaban un calor impropio, porque ella era la viva representación del frío, el estimulo era gigantesco y podía notarse en aquello que quería liberarse de los pantalones del muchacho tan sobre-estimulado por el deseo. Ella le empujó, tomando una iniciativa que le sorprendió -¿G-Gwen?- incluso, haciéndole tartamudear por la impresionante sorpresa de sentir una mano que parecía tan suave pero peligrosa como una serpiente, viajando por su torso, tirando de su ropa y bajando hacia una zona que no hacía más que reclamar a la belleza que tenía justo frente a él, aún contra la pared aunque no tan pegada. La observó agacharse -...Gwen?- y todo su cuerpo se estremeció tanto, tantísimo, que en cuanto sintió cómo ella le tocaba justo en aquella zona erógena tan sensible -¡!- sus párpados se abriesen de par en par mientras, producto del sofoco, se quitaba toda su ropa de encima, arrojándola a un costado en un lanzamiento con la mano izquierda. Su rostro, perlado por el calor, irresistible por completo a la situación, ayudó a su mujer favorita a proseguir ante la enorme fantasía que no podía creer que ella pudiese cumplirle.

No demoró en bajar sus pantalones para que su miembro generase un rebote a modo de péndulo, producto de lo estimulado que estaba hacía ya minutos enteros, enloquecido por la mujer que tenía justo enfrente, rozándolo con la nariz -¡Gwen, y- pero ella le interrumpió automáticamente, el corazón del pelirrojo estaba palpitando con una intensidad y un desenfreno que no podía ni siquiera creer: "Quédate quieto", y él, obedeciendo ciegamente, aceptó. El cuerpo del muchacho comenzó a tensarse de una manera indescriptible solo con el aliento de la nariz de la muchachita que, usando su saliva, empezó a mojar cálidamente toda la parte más sensible de su sexo, justo sobre la punta -...hazlo, por favor.- uno de sus ojos se cerró, porque la tensión le estaba comiendo por completo, estremeciendo todo su cuerpo desnudo. Gradualmente empezó a utilizar la lengua, las manos, todo lo que ella imaginaba, buscaba imitarlo de aquella noche pero, digamos, en un sentido inverso. Owen estaba disfrutándolo tanto, pero tanto, que todo su cuerpo sintió un pequeño calambre y un calor tan enorme en su intimidad que le obligaron a intensificar el accionar de su mujer favorita -Gwen...no pares, por nada en el mundo.- porque estaba ocurriendo esa ceguera temporal que solo ella podía activar, una donde la muchachita que, ahora abría esos bellísimos ojos que tenía.

La maldición de ser incapaz de verse al espejo, ciertamente, era algo demoledor; Gwen era una mujer exageradamente hermosa y, sus ojos, aunque perdidos, eran casi tan hermosos como el completo de su rostro que, realizando movimientos intensos y sonoros, provocaron que la erección del muchacho se marcase hasta puntos críticos al igual que todo su cuerpo -¡Gwen!- y, tomándola de ambos lados de la cabeza, atrapándola y enredando ese cabello tan sedoso y hermoso que tenía, la capturó con suavidad para ayudarla, incluso más, con la hazaña de lo que estaba intentando: La empujó pero sin una fuerza excesiva, dirigiéndola, otra vez, ¡PAMB!, para pegarla contra la pared que tenía justo detrás. Comenzó a mover su pelvis con incluso más velocidad que los movimientos de la muchacha, generando aquel sonido lascivo, incluso, con más potencia, producto del aire que se escapaba entre los labios carnosos de la belleza de mujer y el miembro del pelirrojo. Su los ojos de la muchacha se tensaban al igual que su rostro, más aún sería el deleite en la expresión de un Owen completamente cegado por el deseo impresionante de querer, incluso, hacerla atragantarse con aquello, empujándolo más de lo posible o tolerable y provocándole pequeñas arcadas que podrían hacerla toser. Ver como su miembro aparecía y desaparecía de la boca de su amada le estaba provocando un estado de éxtasis tan gigantesco que hasta fruncía por completo todo su rostro.

No iba a finalizar con aquello en ese instante, no todavía, pero pasó el tiempo suficiente atragantando a su mujer favorita con aquello y, sin querer, recibiendo pequeños raspones de los dientes de la chica que acompasaba con la lengua que tanto amaba sin siquiera soltarla de la copa de la cabeza, pegándola contra la pared todo lo que podía. Aquello fue estímulo suficiente, demasiado -Ya...no aguanto más.- y no se refería a una eyaculación, sino, a sentirla por dentro: Llevó la mano izquierda que aún le sostenía la cabeza hacia la mano de la muchachita agachada, tirando de ella con un poco de fuerza para elevarla y colocarla de pie otra vez. La movía y dejaba de mover como si fuese su juguete, pero así como él era de ella, ella era de él -Necesito disfrutarte por dentro.- y, usando la mano derecha para girarla con fuerza de la cintura y sin siquiera aún desvestirla de la parte superior, elevó aquel vestidito que solía usar para bajar sus pantalones cortos y bragas, buscando que ella pegue ambas manos contra la pared y el muchacho se encontrase justo detrás de ella -Yo sí que quería hacer esto hace mucho.- su rostro estaba lascivo, tanto, su miembro palpitaba, como si estuviese próximo al clímax y él, solo para seguir explotando de gusto, se hubiese detenido adrede solo para seguir. Su mano derecha enredó la extensa y hermosa cabellera negra y moradita de su mujer favorita para, finalmente, tirar hacia atrás, buscando tirar de su nuca y pegarla a sí.

-¿Estás lista?- preguntó, casi por cortesía, porque explotaba en deseo por ella a unos niveles tan criminales que no los podía contener. No demoró demasiado en aproximar su miembro palpitante hacia el sexo de la mujer preciosa y de ojos morados que, introduciéndose poco a poco debido a la dilatación, parecía tener acceso relativamente fácil al estar lo suficientemente húmeda. La izquierda se posó en la nalga del mismo sentido de la preciosa chica, mientras que la derecha no pensaba soltarle de la cabellera, es más, tiraba con aún más fuerza. Realizó uno fuerte que se acompasó con una intensa embestida que tuvo, como objetivo, introducir la totalidad del miembro dentro de la espectacular mujer con la que, tarde o temprano, se casaría -Te amo con toda mi vida, Gwen.- porque, por muy loco de deseo que le volviese, ese deseo nacía simple y llanamente del bestial enamoramiento que sufría por la muchacha, diciéndole, aquello, justo a su oído en un susurro donde el sudor invadía por completo el cuerpo del chico. No necesitó aproximarse tanto a la oreja de la mujercita; Con aquel jalón de cabello la tenía como quería, incluso, sacudiéndole ese flequillito recto que la hacía ver mucho más hermosa -Y esta noche te voy a devorar peor que la otra vez.-.
-Hablo- , Narro , -Pienso-
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#6
La petición de Owen no le fue indiferente, el escucharlo de esa manera solo logró estremecer su cuerpo ligeramente, antes de continuar, esperando tomar más seguridad en la acción. Pensó que él podría aguantar, cuando lo sintió, las manos del muchacho la atraparon. No temió por el gesto, pero sí le pareció incómodo el choque con la pared, en un movimiento que la obligó a usar su mano para afirmarse del piso para continuar.

El sonido que produjo el roce al entrar y salir le provocó una vergüenza, pero no suficiente como para detenerla. Simplemente se afirmó de los costados de la cintura de él, sintiendo la incomodidad de tenerlo dentro. Su cuerpo se retorció y se obligó a no lastimarlo, aún así su garganta se tensó, en una molestia que incluso trajo lágrimas a sus ojos, en un reflejo que no pudo controlar.

Pero incluso entre tanta sensación que no le debería gustar, encontró una sensación que provocó cosquilleo en el cuerpo que provocó calor y humedad en su intimidad, una que palpó con suavidad con una de sus manos libres, calmando la necesidad de atención a la zona.

Sintió la saliva descender suavemente desde los labios a la barbilla, en una situación que dejó estar, en la espera de que Owen llegue al clímax. Pero no ocurrió, no se encontró con la situación, un tirón la levantó. No se quejó, pero sí limpió su rostro con el dorso de su mano libre — Me gustaría también — el estar conectados una vez más, es algo que ha pensado desde que ocurrió. — Te amo

Se le escapó una vez más, esas palabras que salieron antes de encontrarse frente a la pared — ¿Owen? — lo llamó inicialmente, porque el gesto fue inesperado. El no sentir su calor cerca le provocó una ansiedad que la obligó a arañar con suavidad la pared — Owen — lo volvió a llamar, como si le preguntara en dónde está. La respuesta llegó, con el tirón, uno que la apegó a él.

Incluso si hubo una pregunta, no la respondió, fue un gemido lo único que pudo responder, un balbuceo que pidió que acabe con el cosquilleo, que calme el cuerpo a pesar del desenfreno que vendrá. Un gemido fuerte salió al sentirlo dentro, mientras el tirón no la dejó moverse mucho más — También te amo. Mucho, no sabes cuánto — un jadeo suave inició con el movimiento, mientras su mano subió, en busca de encontrarse con el cuerpo de Owen. Se encontró con la nuca ajena y no dudó en subir hasta su cabello, aferrándose a él entre sonidos de satisfacción.

La ropa le pareció incómoda y el roce solo estimuló el cuerpo, mientras su interior se sintió lleno, en un ritmo que no pudo acallar. Se dejó llevar, subiendo la voz cada vez más, mientras su cuerpo se movió, intentando sentir más el calor de su acompañante. El choque de la piel provocó un sonido que reconoció, aun así no pensó que se encontraría en esa situación.

Demasiado indecorosa. Se encontró justo haciendo lo que jamás se imaginó, pero que en ese momento le pareció lo que el cuerpo pide y quiere. No quiso estar en ningún otro sitio, ni con otra persona. Ahí, sintiéndose completa con la persona que ha elegido para ella de todo el mundo.

Tiró del cabello por la intensidad del movimiento, mientras su rostro subió esperando encontrar el de él, en busca de un beso que se perdió en el frenesí de la situación. El calor de encontrar sus lenguas no fue suficiente, seguramente por eso lo mordió con suavidad, sin marcas o en busca de lastimar, aun así la incomodidad de la pose la regresó a su posición inicial  — No pares — La mano que se apoyó en la pared hizo presión sobre la superficie y los jadeos aumentaron en volumen, tanto que no pudo esconder los gemidos.

—Nos van a escuchar… a-  — Suena a que le preocupa, pero no suficiente como para detenerse o callarse más. Hubo una palabra que no salió, se ahogó en un gemido largo por la sensación, mientras el cuerpo aumentó en temperatura por el movimiento y la presión en un punto en su interior.

—A-amor.

Es la primera vez que se lo dice a alguien y esperó que sea la última.

Como todo con él.
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#7
El sofoco estaba rodeándole al pelirrojo, uno que estaba comenzando a nublarle la vista del placer de tener al amor de su vida, literalmente, culminando en la máxima representación del afecto y del fuego que ardía con una pasión brutal en su corazón. Owen soñó e imaginó mil millones de veces esta situación, pero el resultado real, ciertamente, era algo tan espectacular que no podía representarse correctamente ni en el pensamiento mejor estimulado.

Las embestidas en aquella posición le obligaron a comenzar a llevar su mano libre, la derecha, hacia el vestido ligeramente escotado y muy decorado de su mujer favorita. Ella era voluptuosa, bastante, pero sus ropas abombaban tanto su aspecto para no solamente darle una apariencia mucho más angelical, sino, tal vez, ¿Para poder eliminar cualquier tipo de pensamiento lascivo con respecto a su aspecto? Gwen era absolutamente despampanante. Sí, el pelirrojo estaba cegado por su amor por ella, pero ella, realmente, era una mujer de extrema belleza y con un cuerpo tan escultural que podría provocar a cualquiera. Así, mientras ella respondía a su declaración de amor, con mucho deseo, el muchacho tiró hacia abajo para poder liberar los pechos de la chica que, redondos y bastante marcados, empezaban a agitarse al compás de las embestidas. Allí, con un poco más de intensidad, ayudó a dejarla, ahora sí, completamente desnuda, haciendo que su vestidito adornado cayese casi por completo al suelo y, de la misma manera, ayudaba a que las mangas de este dejasen de apresarla. Con sus dos cuerpos completamente desnudos, ahora sí, podían jugar mejor.

Ella también buscaba tenerle más cerca, la expresión del pelirrojo mezclaba un placer inconmensurable en el que, de su entrepierna, brotaba una incomodidad y tenue calambre que tenía una explicación clarísima en su cabeza. La ayudó a que la boca de ambos pudiesen encontrarse y, en cuanto las lenguas, acompasadas, empezaron a bailar, un tenue mordisco de parte de su mujer favorita apareció, uno que parecía clamar por él tanto como él lo hacía por ella -Ojalá- se separaba mientras la volvía a besar -fueses comestible- y, aumentando la velocidad de las embestidas donde aquel sonido de aplauso tan característico y notable podía escucharse producto de aquel dulce golpeteo, elevó la cabellera de su mujer adorada para, pudiendo ver el completo de su nuca con pequeños bellos en el que comenzaba su cabellera y dominándola por el agarre de su mano izquierda al enredarlo con esa melena negra y morada, pasar su boca de largos colmillos para darle un fuerte apretón con los dientes, uno donde la punta de los mismos, más grandes de lo normal, clavándose justo en aquella zona tan extremadamente sensible del cuerpo -porque me muero por morderte a cada rato.-.

Pero ella...siempre tenía la palabra correcta, el elemento justo, aquello que podría "Triggerear" cosas en él que jamás nadie iba a poder ser capaz; Activarlo cuando haga falta, y desactivarlo cuando también. ¿Quién diría que, en el futuro, eso ocurriría no solamente de manera emocional, sino, literal? Ella gemía con intensidad, agudeza, al igual que él mientras apretaba los ojos, frunciendo el ceño por no solamente no ser capaz de parar, sino, por seguir aumentando la velocidad de aquello.

—Nos van a escuchar… a-amor.

-¿A...Am...amor?-

Su voz no se entrecortaba por los nervios, sino, por el deseo. La atrajo más a él, su corazón palpitaba en una mezcla de esfuerzo físico y un enamoramiento ciego, sintiendo el vértigo que le invadió en el centro del estómago al recibir un apodo cariñoso que le provocó un estremecimiento mezclado con sonrojo -Yo...seré tu amor...- fue peor, mucho peor, la fogosidad empezó a consumirle, cegarle, como solía pasar. Pegó la espalda de ella hacia su pecho, despegándola por completo de la pared y empezando a embestirla muchísimo peor de lo que ya lo estaba haciendo. Ella, como resultaba ser tan curvilínea y tener una parte trasera tan bien formada, la misma, rebotaba con gran intensidad, haciendo que las carnes se agitasen y vibrasen a un punto que resultaba ser excesivamente estimulante. Las palabras del chico eran dichas en una marabunta de besos y saliva que colgaba en un hilo que les conectaba, sin ser capaz de poder sacarle los ojos de encima aquellos perdidos pero exageradamente hermosos de la mujer -...pero tú eres el amor...de mi vida, Gwen.- se puso excesivamente peor, ahora, aquel sonoro choque de pieles sonaba y retumbaba en el completo de la habitación. Gemía, escucharla hacerlo le estaba haciendo reventar por dentro, como si en su cuerpo hubiesen micro-explosiones poco controladas al igual que lo hacía su entrepierna que estaba llegando a un punto de no retorno, sólida, firme, marcada y comenzando a hacerle retorcer -Seré lo que quieras.- volvía a besarla, se aferró a ella con el brazo derecho, dejándola sujeta a él.

La intensidad le superó por absoluto completo y, estando casi a punto de volver a reventar, se detuvo -Seré quien quieras que sea.- sacó su miembro dentro de ella, uno que palpitaba, convulsionaba, temblaba, como si hubiese estado a punto de finalizar con aquello, pero le estaba corrompiendo el deseo. Volvió a voltearla. Él la sacudía, movía, arrastraba, no podía. No es que fuese su juguete, es que Gwen era irresistible, era todo lo que jamás podría haber fantaseado en nadie y, sin siquiera decírselo o consultarle, utilizó la gran fuerza que había adquirido en sus diversos entrenamientos, combates e, incluso, hacía pocos días, para alzarla justo delante de él y abriéndola de piernas. Jadeaba sin parar, la tenía enfrente, viendo como sus pechos, relativamente grandes para su cuerpo delgado y un poco más frágil, caían hacia los lados -Me convertiré en todo lo que quieras...porque ya no me pertenezco.- y, realizando una salvaje embestida en la que buscó unir sus sexos una vez más, teniéndola completamente alzada y con ambos brazos sosteniéndole ambas piernas, la pegó a sí para, también, besarla, ayudándola a hacerlo. Luego de separar sus bocas, prosiguió embistiéndola con ella alzada, viendo como ese espectacular cuerpo, cabellera, senos y el completo de su belleza se sacudiese por el movimiento ascendente y descendente -Soy tuyo...y tu...mi amor...eres...mía.- y su voz, repleta en jadeos, seguía incansablemente, llegando al punto álgido de un placer indescriptible mientras tenía el cuerpo de su mujer favorita y haciendo que ese sonido de golpeteo, gemidos, gritos y fuertes respiraciones resonasen ya de manera bastante criminal. La impunidad que manejaban ellos o, al menos Owen, estaba comenzando a ser alevosa a estas alturas -Y...pase lo que pase...serás...siempre...el amor...de mi vida...Gwen.- no la dejaba de mirar, hablándole pegados frente a frente, mientras su sudor, incansablemente y ahora peor, rodeaba el completo de su rostro y cabellos, humedecidos por el placer -¿Quieres...ser...el amor...de mi vida?- porque ella jamás había dicho que le diese permiso de serlo; Prometerse ser marido y mujer, amarse, al menos en el concepto del muchacho, eran muy distintos a que sea "la mujer que le marcaría para siempre".

Y, aunque ella le diga que no, ella lo sería. Para siempre.
-Hablo- , Narro , -Pienso-
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#8
Solo ha sido una palabra, pero la misma salió como si no pudiera contenerla más, es una necesidad de expresar un título que no se lo ha dado a nadie más. Quiso que sea el primero y el último, en un capricho romántico que estremeció el cuerpo, más cuando lo correspondió. El escuchar que el título parece pertenecer, no calmó su interior, sino que lo revolvió más.

La cercanía de sus cuerpos y el sonido de la unión la obligó a levantar la voz, una que se silenció solo cuando encontró los labios de Owen. No se preguntó cuáles serán las consecuencias, simplemente se aferró más a él, en ese brazo que ha permanecido tomándole la nuca, como si el no poder tocarlo fuese el peor de los castigos, incluso si permanecen conectados. — Quiero que lo seas. Mi único amor — el primero y el último, aunque es una declaración que no midió las consecuencias, porque ¿Es lo que ocurrirá? Qué tan segura puede declarar eso, si no puede ver el futuro.

En realidad no le importó, simplemente disfrutó del momento, del ritmo y se quedó con la satisfacción de sentirlo dentro. De escuchar el disfrute de ambos, junto al calor que comparten.

—¿Qué haces?

Se soltó de él, en una queja ahogada que expresó por un segundo el descontento. Hizo un ademán de volver a reclamar, cuando el movimiento la acalló, porque en realidad esa nueva pose le gusta más, sobre todo porque sus manos finalmente pudieron alcanzarlo. Las encontró en la nuca de Owen y se tentó en acercarse en busca de probar los labios que tanto le gustan ¡Los únicos que ha sentido! Pero no necesitó más.

Cuando finalmente se volvieron a encontrar, su cuerpo reaccionó. Su espalda se arqueó ligeramente y un gemido salió, uno que se transformó en un jadeo. No se sintió capaz de pensar bien, de responder o de hacer algo más, aun así entre los sonidos de placer logró articular lo que tanto quiere — Lo soy, lo soy Owen — porque es la verdad, una que dijo cerca de su oído, entre gemidos suaves.

—No querría ser otra cosa —

Porque y si no son eso ¿Qué más queda? No pudo verse en otro puesto, en un egoísmo que solo aparece con él. No lo quiso dejar ir, por lo tanto lo ató a ella, en una promesa de amor que también la amarró junto a él ¡Qué más da!

Su cuerpo le avisó que está llegando al fin, es una sensación intensa que la obligó a moverse ligeramente inicialmente, para sentir el miembro de su acompañante en lo más profundo de su interior, hasta que todo termine para ambos. Sus piernas se cruzaron con suavidad en la espalda baja del pelirrojo, atrapándolo, mientras el resto del cuerpo se aferró a él también.

Una mordida en el hombro ajeno fue lo que ahogó el grito final, mientras sus manos apretaron la piel de él, en una tensión que apretó su interior unos segundos y provocó espasmos que no pudo controlar, expresando que ha llegado al clímax.

—Te amo, Owen.

Lo dijo una vez, y lo volvió a repetir en un tono más bajo, porque el cansancio la atacó. Uno que él también debe sentir, más con el cuerpo lastimado — ¿Podemos quedarnos un poco más así? — juntos, sintiendo la piel del otro, la respiración y el calor.

Un beso suave fue lo que vino después, uno que fue corto, aun así volvió encontrarse con los labios de él un montón de veces, porque los ha guardado en todo el viaje, para este momento.
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#9
Ese encuentro, tan íntimo como ansiado por el pelirrojo, estaba llegando al mismo punto álgido al que había llegado en su primera noche; Gwen no comprendería, jamás, lo muchísimo que el muchacho había fantaseado con volver a tener a la mujer de sus sueños entre sus manos, gozando de su compañía y, de forma un poco más salvaje, más animal, de la absoluta perfección de su cuerpo desnudo. Ella era tan hermosa, tan espectacular, tan escultural que ni imaginándosela veinte veces podría diseñar a una chica tan hermosa, delicada, perfecta y curvilínea como lo resultaba ser la muchacha. Sus ojos, abiertos ya casi por una petición propia del pelirrojo, pese a verse perdidos, eran abrumadoramente hermosos, violáceos, de un tono similar a las largas mechitas del mismo color que gozaba en esa larga cabellera negra que ahora rebotaba y se sacudía, una y otra vez, en esas embestidas que el chico no iba a ser, jamás, capaz de poder detener hasta explotar.

En el instante que ella aceptó su condición como "el amor de la vida de Owen", el corazón del chico, ya revolucionadísimo producto de la intensidad del momento, sufrió una sensación de vértigo que le sonrojó, aún más, en su inminente expresión repleta de deseo. "Lo soy, lo soy Owen", los ojos del muchacho se ampliaron, dejaron de estar envueltos en ese sufrimiento que estremece el cuerpo pero que también el instinto pide, mirándole fijamente en el rostro que parecía emitir luz propia, ahora, degenerado producto de lo que estaban haciendo. Ella, aferrándose más a él, atándose con sus piernas, provocó que la intensidad del chico aumentase incluso más, sintiendo un escalofrío que le erizó la piel como solo ella era capaz de hacer -Te voy a amar...hasta que me muera, Gwen.- su voz se entrecortaba, porque esa faceta de ella, también, le hacía explotar de amor. Ella era curiosa, aventurera, su ceguera jamás la limitó, al contrario: La impulsó a querer buscar algo que está mucho más allá de ella y que, pese a que se resiste, sabe que es su camino.

Y Owen, para siempre, la acompañaría y sería su escudo hasta que lo logre.

Así como aquella vez, comenzó a sentir cómo el cuerpo de la mujer que amaba comenzaba a arquearse, a tensarse, y a apretar en toda su zona erógena. Owen, también, sentía exactamente lo mismo hacía tiempo, resistiéndose ante el impulso de liberarse y permitir que esas embestidas, sonoras, repetitivas, al igual que el escuchar el agudo gemido de la muchachita y apretujar de la intimidad entrando y saliendo, estaba empezando a estrujar su cara ante la falta de resistencia que ya tenía -Gwen...estoy...a punto de...- le miraba, apretando sus manos que cargaban sus piernas para, ahora, empeorar aquello que estaba haciendo: Arqueó su espalda y la tiró un poco hacia atrás. Gracias a haber ganado bastante fuerza últimamente, la movió un poco hacia abajo, para atraparla de cada nalga y empezar a golpearla con una intensidad inusitada, dejando, solo por un poquito, dejar de "hacer el amor" para ir un pasito más allá; La extensa y ornamentada cabellera del amor de su vida cayó como una cascada que se sacudía en forma de péndulo producto de cómo había aumentado la fogosidad de la situación. Atrapándola de cada mejilla de su trasero, el cual era tan suave, delicado y abundante debido a que gozaba de muslos grandes, deseó que ese instante, entre los dos, jamás pudiese terminar, pero debía hacerlo...ya que resultaba intolerable la resistencia.

Ella decidió elevarse para morderle el cuello y poder sentirse cómo todo el interior de la chica se tensaba, endurecía y apretaba aún más su miembro, al igual que lo hacían sus piernas convulsas...y eso, fue el remate que lo hizo explotar -¡Gwen...voy...- y trayéndola más a él y con sus piernas comenzando a temblar cada vez más progresivamente, lo hizo, liberando todo aquello con lo que se vino resistiendo durante largos minutos para poder dejarlo todo dentro de ella, otra vez. Tal vez hacer algo así era peligroso, sabiendo las posibles consecuencias que acarraría, pero le resultó totalmente irresistible abrazarla a él mientras cerraba con fuerza sus ojos, fruncía el ceño y apretaba los dientes, en una convulsión que lo soltó todo de una buena vez.

—Te amo, Owen.

-Nunca jamás lo harás como lo hago yo...Gwen.-

Entre suspiros, la tenía justo frente a sus ojos, aún, sosteniéndola desde su parte posterior con firmeza y ella, como si él fuese un tronco, aferrada a él. Podía, el propio muchacho, sentir la calidez de todo aquello que había dejado en el interior de su mujer favorita, incluso, con alguna que otra sensación de que estaba volcándose, escapándose, para terminar escuchando el sonido de un goteo repentino, inestable, una serie de gotas individuales de lo que salió del cuerpo del muchacho para derramarse sobre el propio suelo. Sin soltarla ni un solo ápice de segundo y escuchándola pedir si "podían quedarse un rato más", el muchacho, sacando su miembro dentro del sexo del amor de su vida, se giró, aún desnudo (Al igual que ella) hacia la cama que yacía a muy pocos metros de ambos -Hasta que dejes de querer mi compañía, bombón.- y, generando un pequeño choquecito de frentes, comenzó a darle un pequeño beso de esquimal, dulce, tierno, sonriendo con esas mariposas en la barriga que solo ella podía provocarle. Hacia un lado y hacia el otro, para terminar sentándose, con el cuerpo de su futura esposa entre sus brazos, abrigándola con su persona (Así no le hiciese falta).

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-...lo siento si...me excedí. Te extrañaba demasiado. Casi...casi muero allí afuera, y pensar que podría estar contigo así otra vez es algo que jamás pensé que podría volver a ocurrir.-

En cuanto balbuceó aquello, su sonrojo se pronunció muchísimo más. Él no tendría ni un ápice de problema de decir algo así a cualquiera, ¿Al amor de su vida? Era algo que lo puso tan nervioso que se puso rojo por lo honesto -¡N-no pienses que...solo quería que esto pasase y nada más! ¡Yo...esque...- se puso tan rojo como su propio tono de cabello, apretando los labios y escondiendo la mirada lo más que pudo, sintiendo el intenso calor en su rostro -...joder...- porque le mataba incomodidad que ella pensase que solo la quería para intimar; La deseaba tanto, la amaba tanto y estaba tan enamorado que no sabía cómo físicamente poder transmitirle, aún más, el inmenso deseo que tenía porque ella fuese todo en su vida. Intentó cambiar de tema rápidamente por los nervios, como siempre, emocionalmente incapacitado producto de que Gwen era su máximo talón de Aquiles.

Y en el futuro, sería literalmente su debilidad, más que ahora.

Buscó mirarla, haciendo contacto visual en el rostro más hermoso que jamás había visto en su vida. Ella estaba un poco despeinada, desarreglada, aún, jadeante, y eso le enloqueció mucho más de amor. Así, un poquito más salvaje, un poquito más desatada, se veía hasta mucho más hermosa que en su apariencia más angelical y suave -Qué hermosa que eres.- se le escapó en un suspiro derretido, mientras su rostro, aún rojo, parecía deformarse por el enamoramiento. Llevó su mano izquierda hacia su rostro, comenzando a hacer "ese gesto": acariciarla con el pulgar con la mano en el mentón de la chica -Hemos hecho esto...sin protección...dos veces...- por más que Owen fuese un poco salvaje, era bastante consciente -...no te preocupa que...pueda terminar...en...ya sabes...- desviaba la mirada, estaba tan excesivamente nervioso. Solo ella le ponía así, solo ella le sacaba ese salvajismo innato, solo ella.

Solo ella.

Así funcionaba su cabeza desde que la conoció.

-...imagina que...- no completaba la frase, le retorcía la pena -...y si pasara?- ojalá que ella le hubiese comprendido -¿Serías...feliz?- porque si bien sería una preocupación gigantesca para él, él no sería quien debería cargar con ello, como mínimo, nueve meses. Llevó su mano hacia el pecho desnudo de su mujer favorita, desviando, ligeramente, sus senos, para sentir los latidos del corazón que ya se sabía de memoria su retumbar -No seré más imprudente y...nos cuidaremos más en el futuro. ¡Obvio! T-todo...- otra vez, se puso tan terriblemente rojo. ¿Ella? ¿Ella aceptaba ser "el amor de su vida"? ¿Su "amor"? No podía ser, tenía que estar soñando. Gwen era la mujer de sus fantasías más grandes, a veces, ni siquiera era capaz de creérselo -...si q-quieres que...jodeeeeeer...- su mano opuesta se fue hacia su rostro, su corazón latía como un fanático tonto -...repetirlo...alguna vez. Más. Ojalá que sí. Por favor.-.
-Hablo- , Narro , -Pienso-
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#10
Lo sintió terminar, en una satisfacción que inició en su mente y se traspasó al cuerpo, tanto como para estremecerse ligeramente. No dijo nada, simplemente se apegó a él, escuchando que él la ama más, como si fuese una competencia de no acabar, no le importó perder, si puede ganar mucho más con eso, por lo tanto solo se apegó más a él, sintiéndose dichosa de poder estar ahí.

Se dejó empujar con suavidad, hasta que finalmente se encontró en la cama una vez más, acomodada en los brazos de él. Un suspiro salió de sus labios, es uno enamorado y lleno de satisfacción, esos que le dedica a él cuando está en su mente — Está bien, Owen. También quería que ocurriese — su mano subió y se posó en la mejilla de él, acariciándola con lentitud, para asegurarse de no estropear el trabajo de alguien más, después de todo él ha terminado más lastimado que la mayoría.

No pudo evitar reírse de su balbuceo y explicación, se sintió enternecida por la aclaración, pareciéndole que está demás, aun así lo tomó como un regalo preciado, una muestra de preocupación de sus sentimientos — ¿Así que has pensado en eso? — lo molestó un poco, el tono indicó que es una broma y su sonrisa acompañó el sentimiento de que está bromeando con él.

—...Un poco — pero no lo suficiente como para hacer algo al respecto. Es una irresponsabilidad que la llegó a apegarse más a él — Pero no tanto como para no hacerlo — bajó finalmente su mano por el cansancio, se sintió agotada, pero no lo suficiente como para dormir. Quiso quedarse ahí con él, compartiendo todo el tiempo que le ha hecho falta, como si pudiera recuperar las horas de esa manera, cuando en realidad ya se han perdido en el mar.

La pregunta final le tomó por sorpresa, porque han hablado de eso con anterioridad. Aunque en realidad suena a que está preocupado — Lo sería, sí — sería feliz, pero con complicaciones. No le pareció el momento adecuado para ello ¡Si han estado en peligro antes! — Pero creo que mi viaje terminaría por un buen tiempo si eso pasa — su respiración se acompasó ligeramente, mientras su mano tomó la de él, esa que se ha posado en su pecho — ¿Te quedarías conmigo si eso ocurriese?

Es una pregunta curiosa, que buscó una respuesta. No hay otra, aun así ¿Qué tal si no le da la correcta? Supuso que sonreirá con suavidad y pretenderá que nada ocurrió, que en realidad puede esperar a su regreso, en un egoísmo que solo existe con él, seguramente por eso lo escondió, dentro ¡Tan al fondo que ni ella lo puede ver! Pero incluso si está tapado, sigue ahí, esperando estos momentos para salir.

—Repetirlo… — subió su rostro y besó con suavidad el cuello de él, avanzando con suavidad a la barbilla, sintiendo el tacto de la mano de Owen — ¿Te refieres a ahora? — su mano tomó la de él, esa que ha permanecido tocando su piel y la entrelazó con suavidad — Pensé que estarías agotado, tienes que cuidarte — seguramente no está entendiendo lo que se refiere, es en un futuro, pero su mente se preguntó si será pronto, tanto como sea posible para ambos — Pero si tu quieres… claro que podríamos, lo que más quería era estar contigo.

Todo el tiempo, cada vez que lo recuerda.

—Y al fin te tengo aquí conmigo.

Suena a alivio, porque lo es. Deseó estar ahí en su recuperación, saber como mejora.

—¿Crees que puedas seguir?

Se rió por lo bajo al decir algo así, no porque dude de él, sino porque parece un reto que no debería hacer, una travesura que seguro causará algo en él ¡Una treta! Que seguro trae consecuencias, pero unas que quiso ver.

—El Doctor me pidió que te cuidara, porque eres muy irresponsable contigo ¿Por qué me lo habrá dicho? ¿Será que has estado haciendo cosas, Owen? ¿Algo que me tengas que decir?

Fingió el no saber, aunque es obvio el por qué.
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