[EVENTO CAMBIO ZONA] El camino para ser alguien; Parte 3 [ROYAL QUIVER]
#1
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Hubo quienes decidieron replegarse, bien por precaución, bien por preocupación, o bien por sus propias heridas o las de los suyos. Aquellos que decidieron emprender su camino de vuelta hacia sus navíos, podrían llegar a ellos después de cruzar los escombros de roca y barco que se entremezclaban sobre el mar, bañado por la pálida luz de la luna.

El Royal Quiver tenía el casco arañado, alguna vela rasgada, y astillas en diversas partes de los mástiles o las barandas, pero era operativo. Alguien con el suficiente manejo podría mover aquel barco sin dificultad, o al menos hacerlo hasta la primera isla del Grand Line, donde poder encontrar reemplazos, repuestos, reparaciones... o un sustituto. Las criaturas que habitaban en la bodega se liberaron y esperaban en la cubierta a sus tutores, sabiendo que tarde o temprano regresarían y al verse incapaces de alcanzarlos hasta ahora.

El crujir de la madera presagiaba que un fuerte movimiento podía provocar el desplazamiento del barco, y hacerlo, podría implicar que el barco se fracturase o partiese de alguna forma, así que no convenía hacer nada brusco si se quería mantener la integridad del navío. Que hubiera sobrevivido a aquella caída, sin nadie al timón y chocando contra los naufragios... ya había sido un milagro. Un milagro que dictaminaba que aquel barco aun tenía un cometido mayor que conseguir para las personas que lo abordaban. Un destino distinto.
Pero por el momento, parecía más conveniente esperar, al menos a la luz del día, para poder ver cómo sacar los barcos de ahí sin que se destruyesen.




Información

Orden de llegada

Tiempo de posteo
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#2
Atributos Personaje


El joven arquero se encuentra en movimiento desde la zona donde de no haber podido coordinarse bien con sus compañeros improvisados seguramente acabaría muerto, acabando con un agujero en su hombro que aún le duele, sobre todo después de haber estado lanzando flechas incluso después de la herida, forzando el brazo y el hombro para poder acabar con el enemigo y defender su vida y la de quienes, a sus ojos en el momento eran víctimas inocentes de un psicópata exhibicionista. Gran parte de los presentes se dirigen hacia la torre que se ve en dirección opuesta a la montaña, bien por querer saquear lo que pueda haber quedado de las personas que lo organizaron todo, siendo que el pelirrojo sospecha se trata de Tenryubitos por lo que dijo el tal Sakana por el final de su enfrentamiento. Con su arco colgado a su espalda y lo que le queda de flechas, el joven contramaestre se dirige directamente hacia las embarcaciones, en concreto su destino es el Royal Quiver, la goleta de su división para comprobar no solo que está todo en orden, sino para asegurarse de ver que Rasmussen pueda estar más tranquilo. El joven aprovecha sus años de moverse por ramas, zonas complejas y evitar trampas naturales como raíces elevadas, lianas caídas y mezcladas en la hierba y demás peligros inherentes a los bosques para poder moverse con suavidad y total tranquilidad por las rocas que lo llevan de regreso al barco.

Al llegar al Royal Quiver, lo mira con detenimiento viendo arañazos por el casco, alguna vela rasgada y astillas en algunos mástiles y barandas, pero parece que todavía está operacional, al menos parece que puede llegar hasta la primera isla del Grand Line a la que puedan ir una vez puedan salir de ese lugar. El joven sube a cubierta pensando en proponer a los suyos estar un tiempo en la primera isla en lo que van ahorrando para conseguir un nuevo barco, mejor preparado para las aguas que les esperan, siendo que la goleta cumplió con su misión principal, llevarlos hasta el Grand Line, sobreviviendo de manera impresionante a una caída sin nadie al timón debido a que todos los miembros de la división, incluido el navegante, salieron volando por la fuerza de la caída. Al subir al barco Bertram ve que su hipopótamo está en cubierta, seguramente habrá salido tras la caída, quedándose en el barco a la espera de que regresaran el arquero y compañía, por lo que el joven pelirrojo se acerca a su mascota y acaricia tras sus orejas mientras nota el crujir del barco, una señal de que es mejor evitar movimientos innecesarios y esperar no solo al amanecer, sino también al regreso de Stroud para poder mover el barco sin riesgo a que se rompa más o hunda.

Durante el camino el joven vio como la peliazul se alejaba realmente rápido de la zona de pelea, aún cargando al mink que les ayudó a tener una oportunidad contra ese pescado, siendo que el joven se pregunta quiénes eran y cómo se llamaban, pues acaba de salir de una situación de lo más delicada y peliaguda donde prácticamente todos sobrevivieron gracias a cubrirse las espaldas, pero ninguno sabe quiénes son los demás. El contramaestre Gaufrid se sienta al lado de Rasmussen y mira hacia la torre que se ve a lo lejos, pensando en cómo les irá al resto y qué estará ocurriendo allí.
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Cambios en estadísticas
Vitalidad: 1102 - 670 = 432
Energia: 994 + 0 = 994
Espiritu: 204 + 0 = 204
#3
Bertram se aventura en solitario a bordo de su navío, el Royal Quiver, mientras sus compañeros se disponen a encontrar la fuente del problema del evento que acaban de vivir. ¿Qué diablos habría pasado aqui?
Fuera lo que fuese, iba a tardar algo de tiempo en dar con sus compañeros y que estos le trasladasen la información, pero su guardia en su navío hacía que su sola presencia pudiera disuadir a algunos maleantes de querer abordar y usurpar su embarcación. Su labor consistía en revisan las bodegas, los mástiles, las velas y los aparejos, buscan daños en el casco y en la superficie del barco que puedan ser importantes... pero no encontraría nada que fuese extremadamente preocupante, por suerte.
Tras eso, si llevaba su mirada en derredor y hacia la formación rocosa en forma de torre buscando al resto de sus amigos, no llegaría a observar nada más que puntos en la distancia, y alguna luz tenue al amparo de la noche, teniendo que pararse a pensar en una idea de cómo moverse por aquí y proseguir con su viaje cargado de sueños y promesas.





Info
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#4
El joven arquero hizo una revisión profunda del barco, caminando con cuidado y observando atentamente todos los detalles del mismo, comprobando el nivel de los daños que habrá sufrido tras caer sin timonel ni nadie que lo gobierno a tal velocidad, siendo que todos sus tripulantes salieron volando por los aires hasta caer a esos cubículos artificiales donde tuvieron que pelear por salir con vida de allí. El joven arquero aún se encuentra adolorido por el agujero en su hombro y por los escombros que le cayeron encima, pero por lo demás se encuentra bastante bien y fuera de peligro real, así como Rasmussen que se encuentra a su lado en la cubierta totalmente tranquilo, inmóvil esperando el momento de seguir el viaje. Durante su inspección el joven tiene cuidado de caminar despacio, viendo que cada paso sea seguro y no provoque un desequilibrio en el barco que termine en un naufragio y la pérdida total del barco y lo que se encuentra en la bodega. El arquero investiga con cuidado buscando fallos básicos y que él pueda reconocer, no es carpintero pero sus ojos de artesano están entrenados para al menos reconocer indicios de fallos importantes o daños más severos, por lo que el pelirrojo camina lenta y suavemente por el barco, adentrándose en la bodega a comprobar si está todo en orden, y salvo las osas esparcidas por la fuerza del impacto y algunos daños leves, pero nada preocupante.

Una vez terminado con la bodega, el joven se encamina a cubierta, donde pasa la mano por las barandas, los mástiles y observa con detenimiento el estado de todos los elementos del barco, viendo algunas grietas no muy graves en un mástil menor, arañazos en las barandas y algunas velas rasgadas, pero nada de eso impediría que el barco pueda moverse una vez los demás regresen. Bertram al terminar la inspección se dirige al lado de su montura, posando su mirada en la lejanía donde se encuentra esa estructura rocosa con forma de torre, el lugar donde seguramente hayan ido los piratas a intentar robar los posibles tesoros que queden y los demás marines de la División 84, quiénes probablemente tenían en mente averiguar qué había provocado esta situación y de ser posible arrestar algún pirata. Sin embargo, entre la distancia y la oscuridad lo único que logra ver son puntos y alguna luz tenue que no se vería con un mínimo más de luz natural. Si fuera navegante tal vez se plantearía gobernar el barco solo y llevarlo a la zona de la torre a buscar a los demás, pero con su nulo conocimiento de navegación, su poca visión de lo que se encuentra más allá de las rocas que rodean el barco ahora mismo y el estado actual del barco es mejor esperar a que Stroud regrese y se encargue de la navegación.

El arquero podría perfectamente haber ido allí, pero al regresar al menos disuade algún maleante decida robarles el barco, del cual dependen para poder seguir viaje y buscando cumplir sus objetivos y metas. El contramaestre se acerca a proa y trata de ver si hay alguien cerca que pueda necesitar ayuda o pretenda atacarle, pero no tiene un campo de visión muy amplio, así que se concentra en lograr ver lo más lejos que puede al mismo tiempo que se mantiene atento a cualquier sonido sospechoso que escuche cerca, tomando su arco en mano para estar listo por si acaso algún loco quiere seguir peleando, pero por el momento el joven no percibe nada cerca.

-Espero los demás estén a salvo y puedan volver al barco, mientras iré mirando a ver si encuentro un camino seguro para mover el barco.-

Tras ese pensamiento el joven empieza a moverse por el barco, observando lo que lo rodea por si hay alguna zona que tenga un camino más seguro para avanzar, aunque no está seguro de que lo encontrará con tan poca luz.

Resumen

Nota
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#5
Atributos Personaje


Con cada paso, aleteo en mi caso, nos íbamos acercando cada vez más al barco marine que nos sacaría de ahí. Todavía no podíamos bajar la guardia, pues la cantidad de piratas que estaban presentes en los Cabos Gemelos era tal que, por mucho que confiaramos en nuestras habilidades, no saldríamos con vida si nos pillaban desprevenidos.

-¡Barcos a la vista! -Proclamé en voz lo suficientemente alta como para que Krysser y el marine se enterasen. -No parece haber nada raro, pero andad con mil ojos que el barco marine no es el único que se encuentra encallado y la costa está llena de piratas. -Alerté a mis dos felinos minks compañeros mientras aún mantenía el vuelo, a 5 metros del duro suelo y aprovechando la altura que ello me daba para, junto a mi prodigiosa vista, hacer la labor de vigía improvisado.

El final de aquella larga noche estaba cada vez más cerca y, pese a los esfuerzos de los tenryubitos por evitarlo con aquellos estúpidos juegos, Krysser y yo habíamos conseguido dejar atrás el South Blue y adentrarnos en el peligroso Grand Line. Podríamos haber hecho las cosas muy diferentes y habernos llevado la cabeza de varios piratas como premio, pero el destino había querido que todo ese sufrimiento se viese recompensado con el misterioso cofre que habían dejado atrás los tenryubitos y el que, afortunadamente, habíamos conseguido sacar de allí sin mayores problemas.

-No tiene mala pinta el barquito. Tendríais que darle una manita de pintura para esos arañazos que no queda muy bonitos que los marines tengan un barco en esas condiciones, eso si. -Varios minutos después de haber vislumbrado los encallados barcos y, afortunadamente sin ningún imprevisto en todo el trayecto, al fin pudimos llegar al gigantesco barco marine, el Royal Quiver. -Hola de nuevo, arquero. Uoyon parece que sólo ha sido el principio de nuestra aventura Fyofyofyo -Concluí con mi característica risa mientras paseaba por la cubierta del barco y viendo al pelirrojo arquero esperándonos allí a la escasa luz de la luna.
Pienso - Hablo
Off
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Cambios en estadísticas
Vitalidad: 932 - 311 = 621
Energia: 1096 - 185 = 911
Espiritu: 222 + 0 = 222
#6
Atributos Personaje


Moja emergió finalmente del laberinto de rocas y estructuras derruidas, y el aire húmedo y salobre de la noche lo recibió con una bocanada fría que le erizó el pelaje. A su alrededor, la oscuridad seguía apretando con fuerza, apenas rota por la tenue luz azulada de la luna reflejada en el mar y algunas lámparas de aceite que parpadeaban a lo lejos.

Frente a él, como una silueta firme recortada contra la negrura, flotaba el Royal Quiver. Las velas recogidas se mecían suavemente por el viento nocturno, y el casco del barco, oscurecido por la falta de luz, parecía aún más robusto y sólido. Las antorchas de cubierta proyectaban sombras largas y ondulantes, dando la impresión de que el barco respiraba en la penumbra.

Moja avanzó hacia la pasarela improvisada que Bertram había preparado horas antes. El agua golpeteaba contra los maderos con un ritmo calmo pero inquietante. Mientras subía, el crujido del tablón bajo su peso felino rompía el silencio de la noche.

-Contramaestre Bertram- dijo, con tono firme pese al cansancio. -Estos dos individuos…- se giró un poco, señalándolos con un gesto de la mano -…el mink tigre y el lunarian. Preguntan si podemos ayudarlos a salir de aquí. Quieren viajar con nosotros.-

La luz de la lámpara osciló sobre los recién llegados, revelando el brillo ámbar de los ojos del tigre y el extraño resplandor en las alas negras del lunarian. Bertram apretó los labios, evaluándolos con una mirada dura propia de alguien que ha visto demasiados problemas llegar solos.

Moja respiró hondo, dejándose envolver por el familiar olor del barco: madera húmeda, cuerda de cáñamo, sal, aceite y seguridad.

-Voy a revisar que todo esté en orden, contramaestre- dijo, su voz más relajada al estar nuevamente en territorio conocido.

Moja inhaló profundamente, dejando que el olor del mar y de la madera mojada llenara sus pulmones. Había vuelto a casa, a su terreno, a aquello que sí sabía controlar. Y aunque la noche seguía siendo una negrura espesa que parecía tragarse todo, para él no representaba un obstáculo; su visión felina reconocía cada forma, cada sombra, cada variación mínima en la superficie del barco.
 
Hizo un gesto al contramaestre Bertram para indicar que se ponía manos a la obra y se dirigió al primer punto crítico: las amarras y defensas. A pesar de las rocas y temblores previos, el Royal Quiver había resistido sorprendentemente bien… pero Moja sabía que confiarse era lo peor que podía hacer.
 
Se inclinó, palpó la cuerda principal, deslizó lentamente los dedos por las fibras. Notó zonas tensas, otras algo húmedas… pero ninguna estaba rota. Tiró con fuerza, tanteó la resistencia y asintió para sí mismo.
 
-Firme… aguanta bien- murmuró en voz baja.
 
Luego comprobó las defensas colgantes a lo largo del costado del barco. Las levantó, las tocó, analizó su peso. Revisó los nudos, repasó mentalmente si las habían ajustado después del impacto en el canal… y aunque estaban algo desplazadas, no había nada que no pudiera corregir de inmediato. Ajustó un par de ellas con movimientos rápidos y precisos, tirando de la cuerda con la fuerza de sus antebrazos felinos.
 
Después se dirigió hacia los mástiles.
 
La noche envolvía la estructura del Royal Quiver en un silencio inquietante, solo roto por el crujido de la madera y el lejano rumor del mar. Moja saltó con agilidad sobre una caja, luego sobre la barandilla, y apoyó una mano en el mástil mayor. Palpó la base, subió la mirada, inspeccionó la línea de los obenques. Uno de ellos vibraba con un sonido apenas perceptible, quizá un impacto reciente todavía asentándose. Moja chasqueó la lengua y tiró de la cuerda, estabilizando la tensión.
 
-Mejor- susurró.
 
Siguió inspeccionando las poleas, una por una, moviéndolas con la mano. Algunas rechinaban; necesitaban aceite. Mentalmente lo apuntó para más tarde. Luego abrió un pequeño cofre de cubierta y revisó las herramientas y repuestos: cuerdas enrolladas, ganchos, pedazos de madera de recambio. Todo estaba donde debía.
 
Cruzó hacia la proa con pasos silenciosos. Los faroles de aceite allí parpadeaban débilmente, proyectando sombras que se estiraban como dedos largos sobre la cubierta. Revisó el ancla, tocando el metal frío aún húmedo. Observó el mecanismo, giró la manivela, sintió el leve crujido que señalaba que aún funcionaba bien.
 
-Perfecto- dijo mientras sus orejas felinas giraban en distintas direcciones, pendientes de cualquier ruido extraño.
 
Pasó luego junto al mástil de trinquete, revisando los cabos relacionados con el foque. Algunos estaban mojados, pero ninguno deteriorado. Los tensó un poco, asegurándose de que, si Bertram daba alguna orden repentina, el barco respondería sin tardanza.
 
Tras recorrer la parte superior, descendió hacia el borde de la escotilla que daba acceso al interior del barco. La abrió lentamente, dejando que el olor acumulado dentro, aire salado, comida guardada, humedad de barriles, escapara hacia arriba. Bajó un par de escalones, echó un vistazo a los barriles de víveres, al almacenamiento de agua y al pequeño arsenal del Royal Quiver.
 
Todo estaba en orden. Todo seguía igual.
 
Y, de alguna forma, esa normalidad le devolvió un trozo de calma. Subió de nuevo a cubierta con un salto ágil, cerró la escotilla y miró alrededor. El Royal Quiver seguía en pie, entero, listo para moverse cuando hiciera falta. Moja enderezó la espalda, respiró hondo y volvió junto a Bertram. Listo para lo que viniera después.

Offroll
*Pienso*  -Hablo-  Narro
[Imagen: 5IZMHzN.jpeg]
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#7
Atributos Personaje


Krysser subió la improvisada pasarela detrás de Moja, sintiendo cómo el tablón se arqueaba bajo su peso. Cada paso hacía crujir la madera húmeda, y el olor a sal y cuerda mojada le devolvió una extraña sensación de calma. Al fin y al cabo un barco, fuese de quien fuese, siempre era mejor que un campo de muerte derrumbándose a su espalda.

Al poner pie en la cubierta del al parecer bautizado Royal Quiver, Krysser se irguió por completo, dejando que la luz temblorosa de las lámparas de aceite iluminara las vetas anaranjadas de su pelaje. El cofre seguía a su espalda, inmóvil, silencioso, pero pesando como un recordatorio constante de por qué habían luchado aquella noche. Aunque las amenazas de Fyodor no caían en saco roto, y los felinos sentidos agudos del mink estaban a flor de piel para detectar cualquier problema que se presentara.

Pero el único aroma del lugar parecía ser el del arquero pelirrojo que ya estaba allí, al cual Fyodor pareció reconocer de inmediato. El tigre, por su parte, únicamente asintió en señal de reconocimiento cuando sus miradas se cruzaron.

Krysser no apartó los ojos, aunque tampoco desafió. Solo aguantó la mirada con la serenidad calculada de alguien que ya había visto demasiadas cosas aquella noche.

-Hay que salir cuanto antes. Supongo que los demás marines de la torre eran vuestros compañeros... Deberíais avisarles para largarnos. -No esperó respuesta a su primera pregunta antes de formular su petición, sabía que el peligro podía ser inminente. Su curiosidad era, seguramente, incluso mayor a la de los propios marines. Pero no podían perder tiempo estando en aquella situación en buscar respuestas que les seguirían siendo esquivas. Habría tiempo para la búsqueda, así como para la venganza. 

-No sabemos demasiado de navegación. Pero podemos ayudar a remar, reparar o defender si hace falta. Somos cazadores. -La forma en que remarcó la última parte de su enunciado y su presentación como cazadores fue clara. Krysser era alguien sincero al reconocer sus carencias, pero también al presumir su valía. Si les atacaban, tenía por seguro que sería una buena ayuda, al igual que Fyodor. Y, completamente rodeado de piratas, era difícil imaginar que un marine le negara la colaboración a un cazador. 



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Cambios en estadísticas
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